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Agenda: destacados

Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009
Agenda

RELATOS CORTOS

Juan Oliver

juanglot@hotmail.com


¿QUÉ ES UNA BARRERA?

¿Qué es una barrera? Es una apariencia que pesa, un riguroso protocolo ceremonial, mediante el cual nos alejamos de un determinado estímulo, ya sea por repulsión o por necesidad. Las barreras nacieron con nosotros, para intentar ocultar la negatividad inherente en todo lo que existe. Son senderos impracticables, como si intentáramos escalar una cumbre de muy difícil acceso sin los utensilios propios del montañista. De hecho no conocemos el camino, y solemos caminar a ciegas en la penumbra mientras lo recorremos. Aunque la autentica duda no reside en conocer los pormenores de nuestro viaje, sino en saber que verdaderamente existe. El único hecho indudable es que sabemos que estamos buscando algo, pero ni siquiera sabemos el que o porque. Las barreras más profundas no nacen con la costumbre, la sociedad, las experiencias personales, las distintas culturas o los distintos modos de vida, porque no se pueden objetivizar en ningún valor, ni en ninguna creencia, porque son demasiado inmanentes al mundo. Las barreras no se pueden ver, tan solo se puede hablar de ellas en voz baja, y señalando tímidamente el horizonte. Aunque debido a confusas vivencias, podamos creer que nos hemos adentrado en su anhelado reino, tan solo se trata de un craso error, porque nadie puede ver que se esconde detrás del mundo y de todo lo que vivimos y todo lo que pensamos. Pesan mucho y son capaces de desviar a nuestros pensamientos hasta las tierras más mezquinas o hasta las más sublimes. Son puertas que dan acceso al trasfondo de cada ser, pero en realidad nunca nadie las ha podido ver. Si alguien fuera capaz de encontrar ese secreto místico tan bien guardado, nunca podría entrar. Se quedaría con el oído pegado a la puerta, y la mayor parte del tiempo no escucharía nada, y tal vez si fuese muy paciente y esperase muchos años, podría escuchar algún ruido. Lo más probable es que se tratase de un ruido inanime, como el sonido de un mueble, un jarrón que se ha caído al suelo, las ventanas que se abren y se cierran por una corriente de aire, pero nada de interés. Es posible que fuese una voz, que incluso se pareciese a una voz humana, pero sería de naturaleza indescifrable e indefinible. Si se quisiese esperar toda una vida detrás de esa puerta, tal vez, podría escucharse un discurso coherente o una explicación racional, pero se trataría tan solo de una burda mentira. Las barreras no se han construido con las palabras (aunque estas las evocan de un modo ilusorio y sofístico), ni con el lenguaje corporal (aunque este sea indiscutiblemente más objetivo que el primero), sino a partir de una difusa masa etérea que se expande en todo lo que existe, y que es la encargada de tejer minuciosamente el destino y todos sus entresijos. Las barreras son el cruel espejo de la negatividad inherente de cada ser, esconden recelosamente con bellas apariencias, el trasfondo de una realidad aniquiladora y abismal. Detrás de cada ser se oculta el vacío, y este es uno de los motivos por lo que aquello que esta más allá de las barreras sea impronunciable e intraducible a ninguna lengua. El último nivel metafísico al cual se reduce toda barrera es el vacío. Una mirada, un gesto extraño e intempestivo, una palabra contradictoria que no encaja con el resto del discurso, todas estas eventualidades son sospechosas de ser unos fervorosos sirvientes de la barrera. La barrera se mueve en espiral y converge en situaciones de la vida que aparentemente están muy alejadas entre sí (conjurar un silencioso maleficio cuando nos despertamos y algo que nos acontece unos días después de un modo inexplicable). Aunque esta espiral no deje de dar vueltas sobre sí misma, remite a una nebulosa e incomprensible intencionalidad única. En realidad, esta barrera es energía pura, desnuda por dentro y por fuera. Diariamente asimilamos confusamente todo el complejo aparato burocrático y simbólico que nos rodea. Estos símbolos dan una identidad falsa a nuestra conciencia, pero aunque nuestro trasfondo más íntimo reconoce estas idealizaciones como falaces, estamos obligados a seguir sus exigencias hasta la saciedad. La barrera es multicolor, porque nuestro entendimiento es capaz de analizarla desde muy diferentes perspectivas y enfoques, pero si se derritiese la pintura, o peor aún, si se derrumbase la barrera, el mundo que representamos se nos convertiría en un inmenso agujero negro, que hundiría nuestro ser inexorablemente hasta el vacío. La espiritualidad esta construida a partir de la nada, por esta razón nuestra corporalidad ha aprendido a somatizar procesos psíquicos que tienen lugar en un mundo desolado. Allí es donde un día se construyo la barrera, y por esta razón es inalcanzable. A veces creemos erróneamente que la barrera tiene piernas y que da pasos más cerca o más lejos de nosotros, pero no es su misma esencialidad la que se imprime en nuestro pensamiento, sino un efluvio de esta energía universal, de esta negatividad universal, que lo envuelve todo. La barrera no debe estudiarse a nivel individual, porque la sustancia del mundo es un gran espejo opaco que no cesa de soñar en su apariencia. No existe un tercer hombre, tan solo dos miradas desafiantes que luchan entre sí, y que ignoran que ambas miradas están mirando al mismo hombre. La barrera es un sueño nebuloso que se reencarna en nuestra carne y en nuestros sentidos, y todo lo que vemos y sentimos, no es nada más que el residuo de una espiritualidad mediocre y enferma. La barrera oculta la enfermedad de la vida, porque la vida necesita estar enferma sin morir, cuando quiere morir derrumba a la barrera. ¿Porque la barrera insiste tanto en ocultar el vacío?, ¿tanto dolor nos ha de producir una visión en la que no hay nada?, ciertamente sí porque detrás de la negatividad absoluta que lo envuelve todo esta la muerte. La barrera tiene hambre, por eso siempre se le lanza comida, del mismo modo que si tirasemos un bocadillo al otro lado de un muro. Cuando la espiritualidad cae irremisiblemente hacía un abismo, la barrera no cesa de crecer, y cada vez es más difícil que le pueda llegar comida. Llega un momento en que la barrera llega hasta el cielo, entonces ya no es de este mundo, tan solo un borroso recuerdo de lo que ha dejado atrás. Los escándalos que se suceden espontáneamente, y sin orden ni criterio alguno detrás de sus fronteras, cada vez son mayores, y por esta razón no puede cesar de crecer. Pero hay un momento en que los muros explotan, y se depositan sus sedimentos a lo largo y a lo ancho de todo el planeta. Es entonces, cuando la enfermedad del mundo se escapa de nosotros, y vemos en todos los lugares a los que acudimos, todas las conspiraciones que se han evadido de nuestro ser. PEro cuando la barrera esta enferma, es cuando opone más resistencia, o sea cuando nos alejamos más de alguien. Las barreras pueden ser más o menos altas, según las conveniencias sociales, pero aquello que protegen en un sentido estricto, no pueden desvelarlo jamás. Las barreras son altas o bajas, dependiendo de si es mucho o poco, lo que tienen que ocultar, pero aquello que deben de proteger, nunca saldrá a la luz, ni a los sentidos, ni a la razón. La barrera no es material, aunque el cuerpo constantemente la reencarne, sino que es en esencia espiritualidad pura. Cuanto más pura es la espiritualidad, más cerca esta de la nada, y por consiguiente, mayor fuerza psíquica fluctúa sin cesar, hasta destinos insospechados. Todas nuestras palabras son cómplices de los designios de la barrera en mayor o menor medida, según naveguen en un campo psíquico que sea más interior pero a un mismo tiempo más superficial. O sea aquello que se encuentra más lejos pero a un mismo tiempo es más cercano a nosotros mismos. Por ejemplo un sentimiento muy elevado (que tiene su borrosa correspondencia en unas determinadas palabras), es profundo en el sentido preexistente a su manifestación(o sea antes de que encontremos palabras para expresarlo), y superficial o inmediatista cuando hemos podido dar forma, nombre o lugar a tal convicción u/o necesidad. De hecho el puente que une a ambas partes de nuestra psiqué es quimérico, y la barrera siempre acude a nuestro auxilio, porque siempre teme que aquello que procede de nuestra espiritualidad pura pueda ser mancillado por nuestros labios. Todo aquello que decimos procede de esa negatividad absoluta inherente a nuestro ser, y la barrera se sitúa entre medio del vacío y las palabras, para terciar de mediadora en un asunto de capital importancia. Pero como he dicho antes, esa barrera, no es solamente individual, tampoco colectiva, sino que es inherente a la negatividad absoluta presente en todo lo que existe. Por ejemplo una piedra, en si misma, también participa de esa negatividad porque forma parte del mundo, y en la idea de mundo es donde habita ese espejo opaco y enfermo que lo envuelve todo con mayor fuerza, y donde esa energía es más vivida. La idea de mundo, en un cierto sentido, no es tan abstracta como se piensa, tan solo es una proyección simbólica de nuestra yo, el no yo entendido en un sentido absoluto. Y no es en el yo donde se encuentra la negatividad absoluta sino en el no yo. La barrera procede del no-yo, y como si fuese un barco que leva sus anclas en un puerto, perpetuamente se esconde en nuestra mente acechándonos a cada instante. La barrera siempre esta despierta, y no nos abandona cuando dormimos, tan solo cuando dejamos de ser conscientes de la existencia de nuestro espíritu. La barrera nunca cambia, tan solo se adapta a la necesidad de otros tiempos, y aunque seamos incapaces de reconocerla con la más eminente de las introspecciones, es debido a que ha cambiado de nombre por conveniencia, diríamos que la barrera ha puesto otra barrera detrás de su propia barrera. Por esta razón, cuando creemos que compartimos los mismos valores que una persona, cuando creemos que lo sabemos todo de ella, cuando no existen secretos entre nosotros, cuando gozamos de una amistad inseparable... tan solo son apariencias... en realidad tan solo son circunstancias fortuitas las que nos unen, la barrera se vuelve vulnerable por conveniencia, pero nunca se derrumba, porque es imposible destruir completamente la individualidad de una persona, la barrera puede dormirse cuando las cosas van bien, pero nunca morir, porque la barrera solo muere en el mismo instante en que la persona lo hace. En cualquier momento la barrera se puede despertar, y volverse más poderosa que nunca arrastrando sueños y promesas donde crea más oportuno. La barrera propiamente dicha es inexpugnable. Algunos identifican la barrera como una máscara, pero es mucho más que eso, es prácticamente la persona en sí misma porque detrás de todos los atributos que el mundo le da a la persona, no queda absolutamente nada, porque la desnudez de una persona tan solo es una presupuesto ético que utiliza la razón, pero propiamente no es nada. El mundo es una enfermedad que aspira a la eternidad, pasando por infinitas metamorfosis del dolor y la desolación, la persona imita precariamente estos estados existenciales. En un cierto sentido el mundo y la persona son lo mismo, del mismo modo que un dedo mío y yo mismo somos lo mismo. En mi dedo se encuentra todo mi ser, del mismo modo a que en mi ser se encuentra todo el mundo. La barrera es inmanente al mundo, y de un modo análogo al ser humano, pasa por los mismos estadios de negación y sufrimiento. La barrera es capaz de dormir con un ojo abierto y siempre nos esta vigilando. Cuando las cosas funcionan por sí solas se va detrás del mundo, y su gran escenario a meditar, pero cuando existen incongruencias, vuelve al mundo, extendiendo su implacable látigo por doquier, siendo prodiga en muerte y dolor. No somos en esencia, nada más que un sueño detrás de un sueño, y la barrera se sitúa en la frontera entre un sueño y otro. La barrera en esencia no es nada, pero a ella le debemos toda la historia de la humanidad, haya sido buena para unos y mala para otros. Es curioso que un ente que no es nada en sí mismo, guarde en su interioridad vacía todos los secretos y todas las desdichas de la humanidad. Cuando observo a una persona, con la mirada vacía, en lo que respecta a mis intenciones de aproximarme a ella, odio la esencia a partir de la cual están hechas todas las cosas.

LOS LÍMITES DEL DOLOR

Hay ciertos momentos, en que la vida se abre como una flor enlutada, saludando a una fría mañana, en un jardín de calvarios y pesadumbre. La interrogación radical emerge de una profundidad pálida y opaca, no hay senderos, ni guías, tan solo sensaciones confusas e indescriptibles. El caos se despierta guiñándonos tercamente el ojo, y vemos su imagen multiplicada en mil espejos, mientras estos se rompen simultáneamente. La letra del libro que escribimos cada día se vuelve paulatinamente más borrosa e ininteligible y llena de metáforas turbulentas e insaciables. La enfermedad explota silenciosamente en nuestro interior, con llamas frías e invisibles. Ya no nos persiguen las contradicciones porque ya nos han atrapado. El viento ya no es el mensajero de los dioses, porque ya no confiamos en acontecimientos fortuitos, porque una jaula inmensa ha atrapado al mundo. El dolor ya no proviene de hechos puntuales, porque ya es una obra etérea, que saluda a la eternidad desde el cielo. El mundo te ha convertido en su prisionero para que te conviertas en un testimonio privilegiado de su decrepita desnudez y de su ancestral maldad. Ya no son ojos los que miran sino imágenes inmóviles e indefensas cautivas en el pasado. Ya no son oídos los que escuchan, sino una canción distorsionada y esquelética que persigue a la eternidad sin temor a perderse. Ya no son las manos las que tocan, sino una débil y apasionada caricia al vacío. Las palabras salen de nuestros labios, como veneno congelado, como la brisa de una noche sepulcral. El silencio se hunde cada vez más, como si excavásemos muy hondo en la tierra. La noche te saluda con cordial entusiasmo, y el día se limita a mostrarte sus sombras de invierno. No has perdido un día, ni siquiera una hora, ni un miserable segundo, porque te has convertido en un singular artista, cuyo inédito oficio consiste en tragar segundos, sin poder vomitar siquiera uno. Porque el sufrimiento es como un caballo negro, que te acecha en la niebla y que en cualquier momento puede embestir. Las borrosas melancolías te buscan por doquier, y no puedes darles la limosna que te piden, con sus manos arrugadas y empobrecidas. Tienes que pedir constantemente permiso a dios y al demonio para respirar, pero ninguno te lo quiere conceder en ninguna de sus formas. La noche se alarga como una quimera imposible y aunque ha perdido toda su fama, es lo único que existe en el mundo. Tus pisadas en tu senda son invisibles, haces un alto demasiado largo en el camino y piensas: nada en el norte, nada en el sur, nada en el este, nada en el oeste. En la tempestad implacable de la desesperación piensas que tienes que hacer preguntas. Le pregunte a mi reloj y hablándome con el mecánico sonido de sus agujas me dijo:" en apariencia me muevo, pero no lo estoy haciendo ni por ti, ni por nadie, yo soy el único que conoce el terrible secreto: - no hay mañana". Mire a una silla, porque no tiene alma, y me podría dar una respuesta imparcial y me contestó: "mucho antes de lo que tu te crees, tu no serás el que te sientas en mi, sino que yo seré porque tu te sientas en mi". Cansado de tanta obstinación, le pregunte a unos ojos relampagueantes y ávidos de futuro y me respondieron: - "busca allá donde yo no miro, porque todo lo que he mirado ya esta conquistado". El alma enmudecía, vestida de luto y de mezquinos homenajes a una interioridad que ya no existe. Le pregunte al cielo vacío y mientras este temblaba en sus adentros por sus inconfesables secretos me respondió: "a mi no me preguntes nada, la tierra lo sabe todo". Mi alma cada vez se volvía mas mustia, y decidió interrogar al mar, que ha visto surcar en sus aguas a muchas soledades, y a muchos vecinos de un horizonte que cada vez se volvía más críptico: - "a mi no me preguntes nada porque yo no veo pasar a la vida sino a la eternidad, y por esta razón no puedo entender tus sombrías preguntas". Mi alma ardía en el altar de la incomprensión, y desnuda y pálida bailaba al ritmo de la macabra música ceremonial de una religión proscrita. Le pregunté a la sombra de un árbol, aquel árbol que mora desde que me quede quieto en aquellos inhóspitos parajes:- " he visto pasar a muchas estaciones, pero nunca ninguna me ha dicho más que la otra, soy su convicto, y a un mismo tiempo soy su apasionado amante". En mi inagotable escrutinio, mientras mi alma ahondaba cada vez más en su demencial tormenta interior, decidió preguntarle a la luna a lo que esta respondió: - "yo ya tengo muchos amantes, no me puedes preguntar nada sobre la pasión, el enamoramiento, sus verdades y mentiras que no conozca ya. Pero como no puedo acariciar nada que no pueda comprender a ti no puedo explicarte nada". Espere pacientemente hasta el alba, y cuando las primeras claras del día brotaron del inmaculado sueño del sol le formule la pregunta, y este me respondió con sus áureos rayos: - "yo no soy nada más que el trasfondo de una interioridad inmutable y serena, yo no sé nada de poesía, tan solo de sus perjuicios y sus infames mentiras. Era una búsqueda infatigable, nadie podía dar respuesta a la pregunta: ¿cuales son los límites del dolor, en que lejana estrella brilla su sagrado conocimiento? Aguarde hasta la noche, e interrogue al azar a una de las infinitas estrellas que alumbran en el firmamento: - "¿eres acaso tu, aquella que guarda en su interioridad el mancillado dolor de la humanidad?". Ni siquiera se digno en responder, parecía que estuviese esperando a algo o a alguien, pero no se podía precisar su naturaleza. Tras cavilar meticulosamente y corroborar que nadie tenía una respuesta a mi pregunta, decidí darme por vencido. Sin embargo la filosofía resucito en mis entrañas, cuando decidí preguntar a la sarna, a lo que ella me respondió con solemnidad y pulcritud: - "deja que baile tu inspiración, deja que viaje hasta los primeros principios de la realidad, sin avergonzarse de las tierras que pisa. Que nada entorpezca su camino, solamente tiene que fluir y levitar con melancolía sin pretender adueñarse de ninguna casa, de ninguna habitación, ni de ninguna silla. Tu inspiración no debe quedarse anclada en ningún puerto, deja que viaje.

EL HAMBRE GLOBALIZADA

El vacío tiembla en una conciencia sesgada y egoísta. Ha llegado la época de los ayunadores y de las enfermedades incomprensibles. Ojo avizor, porque el hambre ya no es un mal que se deba subsanar, sino que es una necesidad imperturbable y de ininteligibles horizontes. Todos querrán participar de una huelga indefinida, nadie sabe cual es el veneno que se debe de extirpar, ni cual es el motivo de tan desgarrador sacrificio. Con un altavoz se convocara a todos los ciudadanos para que salgan de sus casas. Se les pedirá que se sienten en la acera, hasta nueva orden no podrán comer alimento alguno. Expuestos a la intemperie, y a las conspiradoras miradas del resto del mundo, ya no obedecen a la autoridad, sino a un instinto que cada vez ahonda más en la realidad, y a un mismo tiempo es más insensato. No se miran los unos a los otros, ni siquiera escuchan la pastoral voz que los incita a mantenerse firmes en su deber como personas. Se dejan arrastrar por una agonía y unos temores sin fundamento alguno, mucho más allá de sus vidas, mucho más allá de sus conciencias. Todavía se desconocen las causas por las cuales se ruega a todo el pueblo que ayune, tan solo tienen una esperanza infundada de que las averiguaran cuando estén absolutamente sumergidos en el decrepito espíritu del hambre. Se ha abandonado en el cuarto trastero a todos los juicios, a todas las experiencias, incluso a todas las emociones de la índole que sean. No se trata de un pronunciamiento, ni de un destino que hallan forjado unos pocos mandatarios, porque nos hallamos ante una guerra contemporánea de desgraciada actualidad: la del silencio contra el silencio. Las calles se han convertido en un mosaico humano, y todos hacinados en un colorido homogéneo y carnoso, ahondan en una individualidad que no existe, y que para mas INRI no fue robada jamás. En las guerras ancestrales se necesitaba artillería, se necesitan tanques, aviones que lanzasen bombas, soldados que matasen y violasen con absoluta impunidad. Esta metodología bélica ha quedado atrás porque ahora las guerras solo se combaten con el hambre y el silencio. Aquel que habla desde el altavoz, exige calma y paciencia, pero los peatones presos de aquella pesadilla colectiva lejos de mostrar el menor síntoma de insumisión, van mucho más allá de lo que se les pide y exige. Cuando el borroso individuo que les habla desde aquel camión blindado les concede una tregua, y les pide que vuelvan a sus casas para hacer una pausa en aquella interminable guerra de hambre, la mayor parte del gentío se queda mudo e inmovilizado, y hacen oídos sordos a los disuasorios argumentos de la autoridad. Prosiguen infatigablemente, y dejan que el silencio y el hambre ahonde en sus entrañas. Ignoran sus huesos, su carne y su sangre, y obedecen ciegamente a aquel mandato indeterminado, que les pide que no tengan reparos en caminar aquella nebulosa senda de privaciones y tribulaciones. No pueden discernir la naturaleza de su condena, son incapaces de señalar el futuro en el calendario, porque ya no existe el tiempo, sino una dimensión psíquica, en donde todo esta ya tan determinado de antemano que no merece llamarse como tal. No pueden pensar con claridad, por el simple hecho que no lo necesitan. Si lo necesitasen se suprimirían sus pensamientos del contexto social, y si no fuese posible, se les ejecutaría con discreción. El sufrimiento invisible e incomunicable, se ha convertido en el imperceptible trasfondo de todo lo que existe. La gente compite entre si, para demostrar que son auténticos amantes del hambre. La gente ya no se casa con personas físicas sino con el hambre. El hambre se ha convertido en el dios de un estadio existencial que todos anhelan e invocan sin cesar. A veces se organizan certámenes literarios entre todos los ayunadores allí presentes. La composición poética que gana más adeptos entre los asistentes se convierte en la premiada. Idolatran el nombre del ganador y este tiene derecho a convertirse en el amante oficial del hambre. Todos anhelan en secreto estar en posesión de tal honor. De todas formas no es muy frecuente contemplar a ayunadores exaltados por su insondable pasión. Suelen permanecer irritables, porque nunca están de acuerdo consigo mismos, lo único que tienen por cierto, es que no pueden defraudar las expectativas que un dios llamado hambre les exige. Sienten autentico pavor ante el paso del tiempo, aunque a pesar de esta circunstancia nunca suelen meditar al respecto. Pueden mirar al cielo, pueden mirar a las otras personas, pero un tabú que no pueden profanar bajo ningún concepto es el de mirarse a si mismos. Están absortos en una pasión que no conoce de vulgares limitaciones mundanas, y nada los puede distraer de su religiosidad cotidiana. Si en cualquier momento se miraran objetivamente al espejo y se preguntasen: -¿quien soy yo? Un mar de dudas desolaría su conciencia, porque no han nacido para servirse a si mismos, ni siquiera a los demás, tan solo a una entidad opaca y difusa en el panorama social que se llama hambre. Los sonares se escuchan en el barrio, todos se pensarían que están alertando a la población acerca de un bombardeo o de una invasión de un pueblo vecino. En realidad tan solo se trata de una llamada anónima, que no tiene absolutamente nada que ver con los intereses del estado, en los que se recluta a todos los ciudadanos (que son unos guerreros del silencio), para que inicien una huelga de hambre. Se les ha educado con el hambre, y no es un hecho fortuito, sino un instinto natural que ha sido adiestrado desde la infancia con suma exquisitez. Las gentes por las calles nunca dejaran de ayunar, porque no deben de despertarse de ningún sueño, la realidad opaca en la que han nacido es su único salvoconducto y su único mandato. Los camiones nunca dejaran de pregonar la invisible desdicha de la humanidad, y aunque no hicieran su macabra ruta por los barrios, todas las personas en sus casas seguirían esa máxima incomprensible que hace ayunar a todos. Ayunar ya no es ningún arte en especial, porque esta demasiado anclado en los huesos y en las carnes. Ya no se pueden diagnosticar las enfermedades porque existe un síntoma que une a todas las voces y a todas las ideologías:" el hambre".

El PASOTA

Tras tomar unas cuantas copas en el bar de enfrente, Evaristo y Damián, decidieron acabar de trasnochar en casa del primero. Aquella noche hacia mucho frío, y las calles estaban solitarias. Como si todos los juerguistas hubieran tomado la sabia decisión de volver mucho antes que ellos. Durante el camino de vuelta a casa, surgió repentinamente el temido tema de conversación. Evaristo adivinando en la trémula y atormentada expresión de su amigo, que iba mucho mas allá de lo que hubiera podido beber aquella noche, que su preocupación le causaba invisibles y angustiosas puñaladas en el estomago, intento calmar su zozobrante animo: - “ no tengas miedo, seguro que no le habrá pasado nada. Cristóbal es muy raro pero también es muy cumplidor, y puedes confiar en que volverá puntualmente para pagar la mensualidad del piso”. Damián pálido de ira, inesperadamente y ante la desconcertante mirada de su amigo, dio una histérica patada a la primera farola que encontró, mientras Evaristo se aparto unos pasos, para no convertirse en diana de la lucha contra los elementos que estaba llevando a cabo Damián. Como si aquel arrogante gesto de desesperación inmortalizada no hubiese sido suficiente, empezó a gritar como si quisiese que todos los vecinos se despertasen para escuchar sus enfermizas y justificadas inquietudes: - “tiene que haberle pasado algo. No se ha llevado su cartera, ni tampoco su ropa. Si hubiese querido abandonarme sin pagar el alquiler, no tendría ningún sentido que se fuese sin dinero. No ha llamado, y aunque es una persona muy lunática y reservada, nunca se ha ido de viaje sin informarme con antelación. Nunca me ha explicado con quien esta y que es lo que hace, pero no tiene ningún sentido que se haya marchado sin avisar a su familia. Su madre me ha llamado infinidad de veces, de día y de noche, para preguntarme si ya ha vuelto su hijo. Ayer me contó que fueron a comisaría para denunciar su desaparición. En la oficina donde trabaja nadie le ha visto el pelo, y probablemente ya lo habrán despedido. No se puede haber fugado, porque nunca se ha quejado de nadie, y no esta contento ni descontento de su vida, simplemente la deja pasar. Nunca ha utilizado métodos expeditivos para llamar la atención y en esta ocasión no creo que se trate de una excepción. No puede haber desaparecido sin dejar rastro, es una persona demasiado transparente y cualquiera puede averiguar sus planes aunque no lo conozca con solo mirarle fijamente a sus ojos infantiles y saltarines”. Evaristo al observar que las belicosas acciones de su compañero habían desaparecido por completo, y que se encontraba arrodillado en el suelo, rendido por la desesperación y el cansancio, le dijo mirándole fijamente a la cara: - “se que es muy difícil mirar hacia otro lado, porque ni siquiera yo puedo encontrar una explicación convincente, y ya han pasado dos semanas y no hay rastro de el. Pero tampoco conocemos a nadie que lo conozca, y no podemos investigar, ni indagar en ninguna parte, a menos que no empecemos a preguntar al azar por las calles. No podemos hacer nada, solamente esperar. Su familia ya ha puesto la denuncia, y aunque la policía incluso sepa menos que nosotros, hemos de tener paciencia, porque estoy seguro que pronto aparecerá por arte de magia”. A Damián le pesaba mucho la cabeza, y el beber de aquel modo tan irresponsable no le había ayudado a olvidar, sino a obsesionarse mucho más, y a tener los pensamientos dispersos y caóticos, intentando recordar algunas crípticas citas que Cristóbal solía recitar con frecuencia. Tras llegar a la puerta, decidieron coger el ascensor aunque vivieran en el segundo piso, porque las piernas y la cabeza sentían un hediondo e inexpugnable dolor. Cual fue su sorpresa, que mientras intentaban recordar cual era la llave del llavero, intentando encajar en la cerradura, cuatro o cinco llaves en una operación interminable de cerrajero borracho, oyeron ruidos en el interior del apartamento. Parecía que alguien había encendido la televisión, y a los dos el corazón les dio un brinco pensando que debía de tratarse de Cristóbal. Pero poco antes de cruzar el umbral de la puerta, tras haber encontrado la llave correcta, Evaristo tuvo un ataque de lucidez y tras reprimir el ímpetu de Damián le dijo: - “¿estas seguro de que se trata de Cristóbal? Acuérdate que dejo sus llaves también aquí, en el recibidor, y que nadie mas puede abrir la puerta a menos que no la hayan forzado, o que haya abierto el casero a alguien, y como no esta forzada, ese alguien no debe de ser otro, que…” Damián interrumpió bruscamente con un grito desgarrador de esperanza y dijo: - “Cristóbal”. Entraron en el salón de estar, y encontraron a Cristóbal rígido como la columna de un templo y sereno en el sofá, mirando la televisión con los ojos de búho soñoliento. Ni siquiera se dio la vuelta para saludar a sus compañeros. No daba la impresión de estar preocupado, tampoco estaba en actitud meditativa, a primera vista parecía irreconocible, como si no se hubiese percatado de que ya no estaba solo en el apartamento, o que hubiese desaparecido dos semanas sin avisar a nadie de su prolongada ausencia. Tras dejar pasar escasos segundos a la espera de que reaccionase o de que diese alguna explicación aunque fuese somera, Damián intentando solventar cuanto antes aquella situación absurda y delirante, intento encender el cirio del silencio y le dijo con calma, aunque por el tono y la pronunciación de sus palabras se notaba que hacia un esfuerzo humano por contenerse: - “¿se puede saber donde has estado dos semanas sin dar señales de vida? ¿Sabes que tu madre me ha llamado centenares de veces con lágrimas en los ojos para preguntar donde estaba su hijo? ¿Sabes que ayer me llego una carta que no me atreví a abrir porque es tuya pero que estoy seguro que dice que estas despedido?”. Cristóbal ignoraba por completo las desalentadoras noticias de su amigo, y ni siquiera se digno a darse la vuelta, como si su mirada fuese un cristal que no reflejaba nada, asustaba a cualquiera que lo viese. Parecía que no tenia nada que decir, pero lo que le iba a venir encima iba a tener consecuencias catastróficas. No sabia que era peor si el disgusto que había dado a su familia, o su despido en un trabajo que en uno o dos meses lo iban a hacer fijo, después de trabajar varios años en trabajos varios de una misma empresa. Miraba fijamente la televisión, absorto en la nada. Sus labios y las facciones de su rostro, parecían enmudecidos y congelados, como si hubiesen aterrizado por accidente en una tierra antártica desconocida, que no se asemeja ni por asomo a su cotidianidad. Las voces que salían del televisor, parecían unánimes vibraciones, como una ventana que se abre y se cierra por el viento, como una cuchara que remueve el azúcar en el café, como un microondas que gira mientras se calientan los alimentos… estaba absorto en estas nimiedades, y muchas otras que nadie seria capaz de describir. Aunque  las voces de sus amigos le llegasen de tan cerca, parecía que llegasen de muy lejos, o que incluso no pudiera oírlas. Tras una breve pausa Evaristo procedió con el interrogatorio, mirándole frente a frente, aunque todavía sin atreverse a sentarse. No le esquivaba con la vista porque le impedía ver la televisión, y a un mismo tiempo tampoco se esforzaba en mirarle directamente a la cara. Podía decirse con franqueza que ni siquiera la televisión era importante para el en aquellos momentos tan delicados. Evaristo tras recuperar el aliento perdido en aquellos momentos de sórdida e incomprensible incertidumbre le dijo: -¿se puede saber que es lo que te esta pasando por la cabeza? ¿Es que ni siquiera te has dado cuenta que hemos llegado?, ¿estas bajo los efectos de alguna droga o quieres tomarnos el pelo? Te puedo asegurar que si se trata de lo segundo ya puedes estarte largando de aquí, porque Damián ha pagado la mensualidad del piso por ti, y no le ha pedido dinero a tu madre a pesar de que hace dos meses que esta en el paro, respetándola por su amarga preocupación. Si no estas dispuesto a decirnos nada, será mejor que te vayas, porque después de lo mal que lo hemos pasado por tu culpa, no es justo que nos trates con tanta desvergüenza y descaro, y además no quieres darnos ninguna explicación, será mejor que te vayas”. Cristóbal, como si estuviese escuchando el zumbido de una mosca enferma de muerte que no cesa de revolotear alrededor de el, o un mueble que repentinamente ha cobrado vida y no cesara de golpear con sus patas contra el suelo en un estruendo mezquino y denigrante, levantándose repentinamente del sofá y sorteando a sus compañeros, como si fueran obstáculos de un sueño claustrofóbico, dando pasos bailarines de borracho esquizofrénico, hasta llegar a la mesa donde guardaba la cartera. Se saco unos billetes y el dejo en la mesa, y dijo en tono de desprecio en una aburrida ceremonia, de clausura de aquella tórrida noche: - “aquí tienes lo que te debo. Metete en tus asuntos”. Aunque sus palabras fuesen tan ofensivas e incisivas simultáneamente, ya podía ser considerado como un éxito que hubiese abierto la boca. Con el mando apago el televisor, y mientras sus amigos lo miraban atónitos sentados en la mesa del comedor, apago las luces y se tumbo en el sofá, con los ojos abiertos y risueños de una macabra esperanza, como si quisiese dormir en breve, pero tampoco ignorar por completo lo que estaba pasando. Sus amigos decidieron no incordiarlo y no le pidieron ni de forma activa, ni de forma pasiva, que volviera a encender las luces, ni tampoco lo hicieron ellos mismos. Si no los quería ver, al menos continuaba abierto a que pudiera escucharlos. Damián mucho mas calmado que minutos atrás, sin intención alguna de catar el nebuloso néctar de sus pensamientos, pero al menos con la pretensión de saber de modo incierto y reservándose las confidencialidades, cuales eran las ignotas tierras que exploraba, le pregunto: - “no tienes porque contarnos que es lo que has hecho, porque lo has hecho, con quien has estado, ni nada que pueda resultarte perturbador confesar. Con que nos digas cuales son tus planes a partir de ahora, tenemos suficiente”. El sueño estaba a punto de vencerlo, y aunque no había oído por completo todo lo que le había dicho su amigo, si que entendió el mensaje en su esencialidad y le respondió: - “he venido a ayunar”. Parecía ser que no se trataba de una de las habituales excentricidades de su amigo. Su voz resonaba en las paredes como un eco que no viene de ningún lugar, como una fuente de dolor que no tiene raíces en ninguna de las instituciones posibles de la realidad. Damián levantándose silenciosamente de la silla para que su amigo no pudiera oírle, empezó a dar vueltas ininterrumpidamente alrededor de aquella mesa, con dos candelabros apagados a la esperanza y prosiguió con el interrogatorio observando los gestos de Evaristo que legitimaban o desaprobaban aquello que estaba a punto de decir: - “estamos hartos de tus misticidades arrogantes y tus delirios de megalomanía. No se quien te ha inspirado para cometer esas insensateces, pero puedo asegurarte que no han de ayudarte en nada.¿ no pensaras vivir de tus cuentos ascéticos?. Nadie va a pagarte para que ayunes y no recibirás nada a cambio. Hemos venido a este mundo a sobrevivir y no a hundirnos lentamente en él. ¿ y bien amigo cual es tu respuesta?”. Cristóbal situado entre la opaca frontera de la vigilia y el sueño respondió: - “tormentas resplandecientes e inmaculadas me asistan en mi orgíastica senda de austeridad. Aquel que me conozca sabe que mi zapato y mi estomago son dos mundos dualistas y a un mismo tiempo irreconciliables”. Damián y evaristo ignorando que aquella abstinencia mundana había ahondado tanto en sus entrañas de pájaro malherido, y que ya no soñaba despegar hacía el corazón mustió del mañana le dijeron al instante, poseídos por el instinto de la atalaya hacía la cual todos los mortales miraban :- “ no obedezcas a lo que te dicen de arriba, por ley todos obedecemos a lo que nos viene de abajo. El camino es largo e insufrible y nadie esta dispuesto a hacer el camino solo. Cuando nadie recorre un camino, ese camino cesa de existir. Por mucho que lo busques, nunca lo encontrarás puedes creerme”. Como Cristóbal era extraordinariamente escéptico estaba seguro que podía encontrarlo. No era necesario que utilizase los pies, no hacía falta que lo imaginase, simplemente tenía que sentirlo con su invisible y reverencial dolor. Damián se despidió amistosamente de Evaristo y se fue a su casa, al observar que todos sus consejos eran inútiles, ya que Cristóbal dormía. Yacía como si lo estuviesen transportando en una carretilla por las inquietantes calles, en un improvisado tumulto de gentes escurridizas que huye de la miseria y la desolación. Sueño profundo, sueño de hambriento, sueño de un cielo que nunca ha existido, de unas pisadas que nunca han de quedar grabadas en el suelo. Damián fue a la cocina a prepararse un café, porque aquella noche necesariamente tenía que ser larga, a pesar de que los primeros rayos áureos se derramaban en la ventana, como una inquietante promesa. Cuando Damián se despertó al mediodía, encontró a Cristóbal sentado en la mesa, con la mirada distraída perdida en los muros y el techo. Sin que le diera tiempo a decir nada, Cristóbal dijo un rotundo: - “me voy”, y cuando sus pasos se acercaban lentamente hacía la puerta debido al insomnio y la hambruna, su compañero de piso volvió a interrogarle con la solemnidad acostumbrada: - “¿es que no piensas llamar a tu madre?,¿ tendré que hacerlo yo por ti?, ¿ no te parece un poco absurda esta situación?”. A Cristóbal no le parecía ni absurda, ni habitual, era la que era sin paliativos de ninguna índole. Tras escuchar un fuerte portazo, no se sabía si debido a la ira, o debido al aburrimiento, aunque más bien se trataba de lo segundo, Damián tuvo tiempo de hacer una insulsa aunque escandalosa advertencia: - “ no me obligues a hablar mal de ti a tu madre”. Pero su amigo devoraba las escaleras, devoraba el tiempo, como un pájaro malhechor que surca los cielos sin compasión. Los peldaños eran mucho más invisibles que en la mecánica cotidianidad. Nadie podría decir si se trataba de un necio aquel que había bajado las escaleras huyendo de todo aquello que le rodeaba, o de un hombre de cristal en donde no se puede reflejar nada, ni interior ni exteriormente. No tenía dinero en los bolsillos, no tenía problemas porque sonaban a hueco, en definitiva se había convertido espontáneamente en un personaje unidimensional. Sin saber adonde ir, pero a un mismo tiempo con la dogmática idea impresa en su firmamento intelectual y en su semblante, de que había que moverse como una hormiga que espera recuperar su instinto en cualquier momento. Caminaba las calles como si fuesen la silenciosa sombra de su vida, el sol brillaba con fuerza, como si aquel fuese el día elegido, pero solamente podía sentir su insípido y doloroso calor. No buscaba nada, todo eran señales dormidas, y nada parecía poder despertarlas de su letargo. Tras cruzar unas cuantas calles, y perderse en un mapa que sus emociones ni siquiera se habían esforzado por trazar, cuando estaba a punto de cruzar el semáforo, se encontró con una antigua conocida. Trabajo hace muchos años con ella, en una misma oficina, pero apenas habían intercambiado palabra ya fuese porque nunca habían trabajado en documentos comunes, o porque siempre entraban y salían a diferente hora. Tenían la costumbre de saludarse ocasionalmente, y los temas de conversación eran las típicas quejas acerca del salario o de aquel burocrático horario infernal. Cuando ambos concluyeron sus respectivos contratos y se encontraban casualmente por la calle, no se saludaban porque lo único de lo que podían hablar se había desvanecido en el olvido. No obstante, por razones de un extraño mecanismo gestual en que las manos y las ordenes del cerebro no estaban muy bien compenetrados, ambos obedeciendo a un instinto al azar, estaban obligados sin ninguno de ellos quererlo, a una entrevista para rememorar viejos tiempos. Ambos se miraban con desprecio, pero lo disimulaban muy bien. No tenían ningún motivo para despreciarse, y en estos casos quien desprecia más al otro, se convierte en el vencedor de una batalla inexistente. Era un odio libre, administrado en sus arterias en fuertes dosis, era una sustancia invulnerable a cualquier análisis, y con efectos impredecibles en cualquier momento de la evocación. Un compuesto químico inocuo, que como apenas tiene efectos en el modo de comportarse de cada uno( eso sí de un modo visible y nítido). Un odio libre que tiene libertad absoluta en este mundo, porque nunca ha de encontrar el modo de expresarse y manifestarse. Cristóbal miraba a Dolores como si fuese un muñeco que ha adquirido accidentalmente el don de la vida y viceversa. Dolores le preguntó si tenía un compromiso cercano y como Cristóbal no tuvo ninguna oferta que pudiera distraerlo respondió que no, en un abominable día de dudas dispersas y demasiado monótonas. Fueron al bar de la esquina, con la esperanza de que la entrevista fuese corta. No había muchos temas de los que hablar, el repertorio de preguntas y respuestas habituales no era muy extenso. Pero a veces y de un modo absurdo y enigmático, las conversaciones más vacuas son las que más se alargan, porque de algún modo, son estas las que corresponden más a la realidad. Tal vez sea esta la razón de que muchas personas mantengan amistades anónimas e ilusorias porque cuando no hay nada de que hablar, paradójicamente es cuando se esta más tranquilo. Buscar un conflicto, para deshacerse de un hipócrita que te odia tanto como a ti, resulta muy aburrido, y se combate el aburrimiento con el aburrimiento. Durante el camino al bar surgieron las preguntas: - “ ¿que haces?,¿ que es de tu vida?, ¿ que es lo que quieres hacer?, ¿ que viste ayer en la tele?, ¿ te enteraste del último atentado terrorista?. Las respuestas aunque pueden variar según la situación y la conveniencia, son tan categoriales y universales como las preguntas: - “estoy trabajando, voy haciendo, mejorar en lo posible, un programa muy cutre parece mentira que lleve tantos años en pantalla, si, desde luego son unos asesinos” ( respuestas en el mismo orden que las preguntas, aunque son tan universales que las tres primeras preguntas pueden encajar en las tres primeras respuestas). Se sentaron en una mesa que estaba vacía y sucia, y ambos intentaron invitar al otro, pero nadie lo consiguió porque en un cierto sentido, no había ningún motivo ni cortés, ni mucho menos desinteresado para invitar a nadie. Un secreto, un personaje, una historia.

SENTENCIAS

Mira la guerra cara a cara. Como si fuese el nectar sagrado de una endiablada noche ceremonial. Las campanas doblan por la muerte en tu corazon marchito. Nadie ha llamado, nadie contesta, porque ese soy yo, ese es mi sueño.

La apuesta es fuerte, pero a la luna no le importa si ganas o pierdes. Ella conoce mi  secreto, paseandose en el cielo como una acróbata de sueños imposibles, me recuerda lo lejos que estoy de ella, lo lejos que estoy de ti.

Acariciando con recelo al mundo, te emborrachas con un regalo que no es para ti.

Cuando te enfades quitale el yugo a la imaginacion, camina en las tinieblas sin pudor alguno, vende tu libertad a lo imprevisible, ya no eres el rapsoda de antiguos dioses, el semáforo esta en verde, cruza ahora mismo porque nadie te ve…

Si escribes para dios nunca olvides de dejar señales en los margenes de la hoja para que el diablo pueda entenderte.

Con una mano juega con la vida, con la otra aguanta la muerte que viene por Detrás. Nadie se peleara con nadie, porque cada mano cumple con la tarea que le has asignado. El problema sera serio cuando tengas que utilizar las dos manos, para lo que ya sabemos…

Copia lo que te diga. Copia lo que te diga. Lo estas haciendo bien. Lo estas haciendo bien. ¿ que finalidad tiene lo que estamos haciendo?. ¿ que finalidad tiene lo que estamos haciendo?.

Suelta a los perros cuando yo te lo ordene. la inspiración se ha detenido en la estacion de tren llamada melancolia. No, todavía es pronto, proporcionale un banco y deja que duerma toda la noche al raso. No quiere irse y tiene teñidos los ojos del suave nectar del vacio. No, todavía es pronto, esta vez dale unas mantas para que no pase frio.  No solo no quiere irse, sino que se quiere quedar para siempre, y ha prometido que la estacion de tren es su unica casa de la que nunca deberia haber salido. No, todavía es pronto, dale comida para que no pase hambre. No quiere irse, quiere quedarse para siempre, y ademas pide que todo el mundo lo escuche. No, todavía es pronto, construyele una casa y una inmensa biblioteca para que pueda aprender su ciencia. No quiere irse, quiere quedarse para siempre, y todas las estaciones de tren tienen la misma biblioteca, los mismos libros y las mismas enseñanzas. Ha llegado el momento de que sueltes a los perros.

Una sola palabra puede definir el mundo. Todos los peregrinos del mapa con infinitas dimensiones de la realidad se congregaron en un mismo punto. Fue solo un espejismo colectivo. El mundo esta cansado de definirse a si mismo.

Una metáfora irresponsable y un deseo anhelante iban cogidos de la mano. La metáfora brillaba, iba vestida de gala, y el deseo la miraba fascinado. ¿ quien creeis que perecera antes lo que admira o lo admirado? Lo que admira obviamente.

¿ que es lo que quieres? No responder nunca a esta pregunta.

Vives para la muerte y mueres para la vida. Pero yo hago otra propuesta. Deja que el silencio hable y que aquello que hable permanezca en silencio, entonces no quedara ni vida ni muerte, solamente lo que es.

Prometeo ha decidido peregrinar desde una roca del caucaso a las puertas del ikea . su sacrificio hoy en dia es inútil porque solo le queda fuego al capitalismo pero no a nuestras almas.

el camino pedio permiso al caminante para desaparecer. El caminante tan solo le puso una objeción: - desaparece cuando me halla perdido por completo en ti.

No quiero salir de ti porque no puedo entrar, el ocaso de una relacion sentimental, a veces puede convertirse en una eterna noche de peros( puede añadirse una r si se prefiere).

En una estancia de lujo  habia dos espejos. Uno estaba tapado con una manta y el otro reflejaba de un modo diafano pormenorizadamente todos los detalles de la sala. El espejo ciego le dijo al espejo vidente: - “te envidio porque todo el mundo puede saber lo que se oculta a sus espaldas cuando te mira”. El espejo vidente le respondio al ciego: - tu eres el unico sabio, y el unico que tiene interioridad, porque verdaderamente no se puede enseñar nada del mundo sin aparentar ser un degenerado”.

El viento se dirigia hacia el sur, los pensamientos lo hacian en direccion al norte. ¿ algun dia se encontraran por el camino?. O mejor dicho ¿ algun dia se enteraran de que la tragedia los ha unido irrevocablemente a compartir un mismo destino?

Despiertame cuando quieras ir a dormirte. Solo entonces podre ser feliz soñando.

Avisto un loco a la derecha. Avisto un loco a la izquierda. Yo estoy en el centro. Los dos me llaman y no se a quien tengo que escuchar. Uno quiere construir un mundo, el otro quiere construir otro. Yo no quiero construir ninguno, cuando se cansen de gritar ire a buscar las cenizas de lo que nunca existio.

La noche fluye lentamente y con una paciencia que asusta. El dia fluye muy rapidamente y al azar. ¿ a quien escucharas poeta depresivo?

La inspiración anda suelta en tus ojos flematicos e inexpresivos, es muy difícil encontrar el regalo, pero se le han quitado las cadenas a la locura, y mis labios frios y sarnosos habran de parir un volcan de lava, lleno de mentiras y verdades, fundidas en una mistica esencia.

¿ quien eres tu? Te pregunto mientras me miras con indiferencia. ¿ quien eres tu? Te pregunto mientras tus palabras me entierran en vida. ¿ quien eres tu? Te pregunto cuando miras hacia al otro lado. ¿ quien soy yo? Me pregunto cuando has desaparecido.

Un sabio le pregunto a un ignorante: - “te cambio mi vigilia por tu sueño”. A lo que el ignorante le respondio: - “pero si estoy despierto”. En fin, la vida es tan relativa y nigromante en algunos aspectos, y tan manifiestamente injusta en otros…

Un conspirador le dijo a un cordero recientemente degollado: - “has padecido la justa condena de los que no se enteran de lo que esta pasando o no quieren enterarse”. La cabeza del cordero le respondio: - “ tampoco tu te has enterado de que eres tu quien tendria que estar en mi lugar y nadie te critica por eso”.

Un atomo logico le dijo a un atomo poetico: - “yo soy el fundamento de todo lo que tu dices, yo soy mas viejo que el mundo, y no puedes decirme nada que yo no sepa”. A lo que el atomo poetico le respondio: - no importa que seas mas viejo que el mundo, porque yo vivo en las estrellas, porque todo aquello que digo va mucho mas alla del mundo, y a un mismo tiempo se adentra mucho mas alla de lo que pudieras hacer tu.

¿Escuchas lo que te digo? No porque tan solo existe un unico testimonio. ¿ y quien es ese testimonio sino eres tu mismo? Aquel que habla y aquel que escucha momentáneamente se convierten en la misma persona.

Una letra. Quiero mas. Una silaba. Quiero mas. Una palabra. Quiero mas. Un discurso. Quiero mas. Una verdad. Quiero mas. La verdad. No, detente ahí.

cuando estes cansado de todo haz un sencillo experimento. Coge un juego de domino, no mejor coge cinco juegos de domino. Dispon todas las fichas para que cuando caiga una, caigan todas a la vez. En linea recta apreciaras mucho mejor el efecto. ¿ de verdad que aquello que te atormenta puede simbolizarse con una sola pieza?, ¿ vale verdaderamente la pena de que caigan todas?.

Por una mirada inofensiva, el cielo azul y soleado. Por una mirada que busca una guerra en un lejano horizonte, dos solitarias nubes que surquen tranquilamente el firmamento. Por una mirada que busque ambiguamente un mañana, muchas nubes deben de tapar al sol y su sabiduría eterna. Por una mirada salvaje que invoque un desconcertante presente, el sueño etereo debe vestirse de gala y con un tupido y grisaceo manto de nubes. Por una mirada que exige que el tiempo se desgarre en mil pedazos, un concierto de rayos y truenos en honor a una promesa que bombea en las arterias del mundo con un temblor y un panico inusitados. Por un beso, lluvia, nieve, granizo, lluvia acida y todo lo que haga falta para aniquilar el mundo.

Erase una vez un camino… erase una vez un sueño… erase una vez un sueño pegado a unos zapatos…

Si quieres que el mundo sepa que es lo que quieres olvidate de pensar, habla en voz baja.. Si quieres que el mundo sepa como eres, olvidate de los murmullos ininteligibles, grita como un poseido. Si quieres que el mundo sepa quien eres, olvidate de gritar, canta. Y, ahora, ¿ que es lo que te queda de ti?

Yo no te encuentro sino que te busco. Tu no me buscas sino que me encuentras. ¿ quien busca y quien encuentra a quien?  Absolutamente nadie.

Si te apetece jugar con la nada, y no sabes donde vive, no te preocupes yo te la presentare. Abre la boca, esta entre la boca y el paladar.

Quien quiera vivir sin odio, que de mil veces la vuelta al mundo, y al comprobar que todo ha cambiado en cada una de sus idas y vueltas, comprendera el sinsentido.

ME DEJASTE

Me dejaste. Una sonrisa triste se esconde a mis espaldas, disfrazada de aire, pintada de cielo. La esperanza como un suspiro ahogado en el tiempo me mira atónita desde el firmamento. Todas las mentiras como monos bailarines, no cesan de danzar al ritmo de mi desgracia, ridiculizando el ridículo, ridiculizando la vida. Desgracia de la mentira o mentira de la desgracia, en un espectáculo opaco y bochornoso, en el que nadie puede ver lo que esta pasando, el sol y la luna deben de continuar bailando en el cielo, porque no tienen tiempo de llorar.

A veces el tiempo estalla en nuestra cabeza, y no podemos recoger los desperdicios nunca mas. Son cristales rotos, que esparcidos por el suelo reflejan vidas pasadas. Son los únicos testimonios de un accidente, que nadie pudo ver o que quizás nadie pueda entender jamás.

Erase una vez la nada, anclada en el puerto de la nostalgia. La busque en el muelle, mirando el nombre de todos los barcos. No la pude encontrar porque ella me encontró a mi. No somos nosotros quienes creamos a partir de la nada, sino que es la nada la que crea a partir de nosotros.

“¿que es el amor?” le preguntaron unas embravecidas olas a un cielo argentado . El cielo no respondió, meditando la respuesta, mientras la espuma de las olas se derramaba como un cáliz maldito. La olas crecían al ritmo de un coloso vendaval, y como no desconocían la finitud de su naturaleza, le volvieron a interrogar: - “ ¿ es aquella isla que recordará nuestra fervorosa pasión y en donde reposará nuestra agrietada alma para siempre?”. El cielo se abrió mezclando el espacio y el tiempo en una salvaje esencia, y desde aquel surco insondable pudo escucharse: - “es un eterno naufragio”.

¿ quien eres tu? Te pregunto mientras la luna se refleja en tus ojos de gata enferma. No respondes, un aliento desesperado se ha apoderado de la grácil alma de la princesa de la noche. ¿ quien eres tu? Te pregunto mientras los tristes despojos de la fortuna han dejado de acariciar tus mejillas blancas como la mañana. No respondes, una sonrisa tibia como un fuego medio apagado busca tímidamente la sombra de mis zapatos. ¿quien eres tu? Te pregunto mientras tus labios fríos como plutón y sellados como una inescrutable caverna, hablan vagamente deshaciendo sus palabras en el aire. No respondes, un aura que seca toda mi realidad y que la inunda de sensuales espejismos, brilla con fuerza en tus cabellos limpios y en tu tez desnuda de maquiavélicas impurezas. ¿ quien eres tu? Te pregunto mientras unos acompasados relámpagos bailan en el cielo al ritmo de mi incertidumbre. No respondes, has impregnado el vacío con un perfume caro, de anhelada alquimia. ¿ quien eres tu? Te pregunto mientras muchas estrellas bajan del cielo, hasta posarse sobre tu cabeza, formando una corona mágica, para nombrarte reina de la noche. No respondes, un resplandor misterioso y de desconocido rumbo se ha quedado preso en tu mirada. ¿quien eres tu? Te pregunto mientras mis manos temblorosas intentan acariciar al rostro del odio y del desprecio, y que no deja de hundirme en un pestilente abismo. No respondes, parece que la noche se ha quedado a vivir en tu corazón, pues siento como fluye la oscuridad dentro de mí. ¿ quien eres tu? Te pregunto mientras noto que desapareces entre mis manos y que tu cuerpo se metamorfosea en vapor sacrílego: -“ un mal recuerdo”. Me respondes desde una estrella lejana y que nunca más volverá a brillar en el firmamento.

El bien no es indivisible como el ser, sino que puede dividirse en dos mitades: el egoísmo y la imaginación. Todo el mundo lo ignora, pero no hay nadie que no lo tenga en cuenta.

A veces me gustaría ser una mota de polvo, para aterrizar con maldad y justa soberbia, en los ojos de aquellos para los que la vida y la muerte, no son nada más que un entretenido pasatiempo. El mundo esta desnudo en nosotros, aprovechémoslo cuanto podamos. Desde la ceguera se puede ver mucho que desde una visión corrompida y vendida a sucios intereses. Porque desde la ceguera el mundo se aprecia tal y como es: - “una incógnita que no puede ser hipotecada a ninguna política, ni a ningún sueño malgastado en la historia y en nuestra claustrofóbica cotidianidad”.

Soy un polizón de la locura. ¿ hay alguien que no lo sea?. Todos viajamos en el mismo barco, pero todos ocupamos distintos camarotes y nos ocultamos en distintos lugares de cubierta. El anonimato es esencial en nuestra sociedad de consumo, con transparencias pero a un mismo tiempo absolutamente opaco. El barco navega sin rumbo fijo porque los vientos tienen el loable oficio de que toda la sociedad navegue a la deriva, en un mar eterno que no tiene islas. En cambio algunos tienen el degradante oficio de querer conducir el barco hacia supuestos destinos ética y estéticamente estudiados.

Un deseo se perdió en un laberinto de maldades. El único error de aquel pobre extraviado consistía en que ignoraba que todos los senderos se bifurcaban y que llegaban a una única salida: el hastío.

EL OCASO DEL ESPEJO Y OTRAS MEDITACIONES

-“el amor no es un camino” me dijo un espejo que reflejaba tu imagen, temblorosa y navegando en la oscuridad, en aquella noche en que los perros del diablo no pueden dormir. Yo no le respondí, deje que aquel augurio distorsionado cabalgara en la luna como un jinete cansado y malherido. Orgía de nauseabundo dolor, manos que tocan el ocaso de un sueño, y allí estas tu desnudando la vida y sus dolorosas promesas, desde tu oráculo ancestral. No te muevas, no grites, porque desde el altar de la vida y la muerte puedo escuchar como si fuese un extasiado gemido del viento: - “el amor habla con los delirios de una tormenta que no se recuerda cuando empezó y que nunca terminara”. No era un retrato lo que miraban mis ojos sino un sueño que se derretía dentro de mi en muchos colores y poemas crípticos. Me hablabas hundida en la noche de aquel espejo sangriento y aniquilador: - “el amor es una fuente que ya se seco desde el primer día que nacimos”. Quería liberarte de aquellos cristales en donde se respira el triste susurro de un aura desierta y esquelética, que sobrevuela sin compasión el valle de una noche eterna. No podía, mis ojos miraban desde otro mundo, desde una cárcel desde cuyos muros no llega el aliento desesperanzador de las desnudas entrañas de la vida. poco después, pude escuchar como susurrabas desde la infranqueable barrera ininteligible que nos separaba: “ el amor se viste con los harapos de la noche, y hundido en la vergüenza y la nostalgia espera el día”. No llegaba hasta ti, ni siquiera creo que fueses consciente que yo escuchaba un eco que se perdía en la nostalgia y el olvido. Sin que tuviese tiempo de reaccionar, hundido en los macabros latidos de aquel conjuro, empecé a notar como aquel espejo empezaba a rasgarse por si mismo. Tu rostro se difuminaba en un vacío que no debía de haber existido nunca, y mientras aquel espejo maldito se partía en mil pedazos pude escuchar: - “ el amor nunca se libera tan solo es un sórdido viaje en la nostalgia que no tiene fin”. Tu alma se había liberado de aquel espejo. Ya nunca más podría volver a contemplar tu rostro. Dentro de mi tan solo me quedaban infinidad de cristales que nunca más podría volver a reunir.

Si la vida fuese un rompecabezas sería demasiado sencilla, el problema es que los pedazos están perdidos en infinidad de lugares desconocidos para nosotros. O tal vez esos pedazos ni siquiera existan…

La vida es un juego, pero no se trata de ganar o perder, sino de resistir hasta el final. ¿ que importancia puede tener si ganas o pierdes, si el juego acaba?.

Pensar no es un riguroso cálculo, ni una estricta disciplina. Tampoco debe de convertirse en una metódica y exhaustiva recitación de todas las circunstancias que nos rodean. El pensar es en si un arte, invisible, que debido a su resplandor que proviene del infinito, es capaz de distinguirse por su belleza a todas las demás artes. Quitándole las riendas que determinados prejuicios colectivos han puesto sin ningún tipo de pudor, debemos dejar que ese caballo negro galope sin descanso y hasta que le falte el aliento, en la espesa jungla de la existencia.

Una fotografía le dijo a la misma persona retratada en el presente: - “si pudiera salir de donde estoy, sería un auténtico estorbo para ti, porque además tendrías que cuidar de mi. ¿para que quieres los problemas que has dejado atrás?, o mejor dicho, ¿ para que me quieres si tu sabes mucho más que yo acerca del futuro?”. El yo presente, en un mecánico y estudiado gesto, le dio la espalda a la fotografía, y emitiendo una sarcástica sonrisa pensó en sus adentros: - “verdaderamente, nadie sabe nada de nada”.

Una hormiga coja que correteaba con indecisión cerca de la sombra de mi zapato, pensó en su desconcierto: - “si me refugio en la sombra de un problema, ¿que voy a hacer cuando el problema llegue?”. Poco después siguió correteando despreocupada por las baldosas de mi casa, cuan amenaza se había olvidado, cuan libertad que nunca había sido coaccionada.

Un muro de una calle que delimitaba con una mansión abandonada, y un muro de la otra acera que delimitaba con una casa habitada por vecinos pobres empezaron a rebatirse mutuamente en una interminable discusión acerca de cual de ellos era más importante. El de la mansión abandonada le dijo: - “yo soy más importante porque escondo los vestigios de una riqueza inconmensurable”. El otro muro le respondió: - “ yo soy más importante porque escondo la vida que aunque pobre sigue existiendo”. Menuda discusión más absurda, el oficio vital de los muros es ocultar el vacío.

Un señora que se llamaba peligro, le dijo a un señor que se llamaba socorro: - “¿ que significa para ti un día?. El señor socorro tardo un día en contestar, pero como la señora peligro apenas disponía de tiempo, se fue y ni siquiera se digno en escuchar la respuesta del señor socorro. Esta vida se divide en peligros y socorros, pero desafortunadamente los socorros son los más desgraciados de todos. Los peligros siempre se quedan con los sueños de los socorros aunque estos ni siquiera puedan sentirlos. Desgraciadamente los socorros siempre se quedaran injustamente castigados sin sus peligros porque tienen que pensar.

MEDITACIONES VARIAS

¡Vienen las ratas! Tu insípida mirada que desciende hasta el tumor más recóndito de la vida las ha invocado. No sabes con quien hablas, no sabes a quien esperas, sentado en el banco de un parque, aburrido y triste, los pilares del mundo zozobran impúdicamente,  mientras un vino rasposo acaricia cruelmente tu paladar. Vienen de todas partes, y se olfatean mezquinamente las unas a las otras, dando vueltas alrededor de tu banco, sin percibir su instinto, como si tu borrachera catártica las desorientase por completo. Se atropellan entre si sin cesar, no saben lo que están buscando. Muchas ratas pestilentes han nacido de tu botella de vino vacía, han nacido de un sueño de opulencia extinguido en tu enfermizo respirar. ¡Vienen las ratas!, corretean por el suelo comiéndose la buena y la mala hierba, porque deben de alimentarse de sombrías pasiones antes de ir a saquear la ciudad. Quisieras levantarte del banco tambaleándote como un ocioso pordiosero, para aplastarlas sin piedad, pero tus piernas tiemblan sin apenas poder sentirlas. Las ratas hablan en una lengua extinta, la lengua de los borrachos y la frívola noche, el viento se come sus palabras, porque no se puede escuchar nada con claridad si proviene de los abismos de una pesadilla nauseabunda. Quisieras domesticarlas con tu irónico silbido, pero todas están muy gordas y además son muy perezosas, tan solo pueden alimentarse de tus delirios egoístas. Están muy hambrientas y no tienen ningún sentimiento porque han nacido del amargado aroma de un vino barato, de una botella que ya nunca mas podrá darte todo el placer y todo el dolor que necesitas. No puedes contarlas a todas, y muchas generaciones de roedores viejos sangrando la demencia de una implacable ansiedad, amontonados en el suelo como cadáveres sucios y malolientes,  aguardan exhaustos para despertarse de un sueño que nunca existió. Sin apenas ser consciente de que has podido abrir los ojos, una repulsiva vomitera te despierta. Has enterrado a las ratas en algún lugar vago de tu dolorida conciencia. Ha llegado el día, ha llegado la vida, ha llegado el dolor.

Si alguien me preguntase que significado tiene la vida, yo le respondería: - “cierra los ojos y húndete dentro de ti mismo, abandonando a su vez todo aquello que deseas y amas. Cuando estés seguro de que nadie te vendrá a buscar, busca todas las armas que están escondidas en tus turbulentas emociones y aniquila a tu enemigo sin piedad. Podrás hacerlo con facilidad porque es tan invisible e inexistente como lo eres tú.

El sol mintió cuando dijo que todo la verdad emana de el. La vida es un conflicto de intereses, y tan solo puede ganar aquel que el sol alumbra con mayor nitidez. Porque no se trata de la luz en si, sino de aquel que persigue a la luz.

Una meta abandonada en el camino, sin nadie que estuviese dispuesto a cruzarla, solitaria y desamparada pensó perdida en la espesa jungla de su desesperación: -“¿verdaderamente existo?”. En esta vida todo esta pintado a medias, por eso pueden existir sueños y aspiraciones que solo existan a medias.

El señor roma estaba colgado de los pies en su habitación, y hacia mucho tiempo que sentía un vértigo insoportable. Hacia mucho tiempo que vivía del revés, y la gravedad era mucho más rigurosa con el que con el resto de los mortales. Sentía calambres punzantes en la cabeza, y convivía con una extraña armonía con ellos, debido a un impulso creador que hacia que levitase en otros mundos. En esta vida, todos estamos viendo lo mismo, el único problema existente reside en la simetría. La señora amor solía reírse de el, cuando entraba en su habitación, y era tan frívola que lo miraba como si fuese un mueble que esta mal colocado, como si fuese una mesa en que las patas están arriba, como una silla en que las patas están arriba, como un cuadro colgado del revés. Aquella postura era absurda, y habitualmente le solía decir: - “¿quieres que te desate para poder ver la vida como la vemos todos?”. El señor roma que cada vez tenia la visión mas borrosa y confusa, miraba el mundo como se le antojaba, y en un arrebato de éxtasis le respondió: - “vete de aquí, no me estas mirando a mi, solamente aquello que nace en la costumbre, se incuba en el pensamiento, y sale vestido de un ave repugnante y maliciosa a través de tus labios llenos de telarañas”

La vida es una carrera en que nadie llega a la meta. Todos se quedan a una distancia mayor o menor del punto de llegada. Pero en un cierto sentido todos llegan. La sombra de los muertos, siempre se alarga lo suficiente como para llegar a la línea de meta.

Cuando estés cansado de todo, abre los ojos y mira fijamente al mundo como si fuese una guerra entre estatuas inmóviles. No prestes atención en aquello sobre lo que conspiran, porque solo se escucha el viento y el lejano resplandor de las estrellas.

La sombra del nunca aplasta sin compasión el horizonte. No viene de ningún cuerpo, ni de ningún deseo, por esta razón es tan inexpugnable. No se puede jugar con ella, ni tampoco comunicarnos con ella. Es como una torre que engulle todo el presente y el futuro en sus celdas donde existen todas las torturas, a veces es un pájaro negro que surca el cielo gris, y a veces un adivino que se apodera de nuestra lengua, como si fuese un gusano que se desliza torpemente en el infierno.

Erase una vez un avión que no podía despegar. Quería llegar hasta el sol antes de que se hiciese de día. Quería abrir el mañana ante los extasiados ojos del mundo. curioso profeta que bombea en nuestra sangre y que cree haber encontrado un altar que no es de este mundo. El avión desconocía que más allá del tiempo y su medida tan solo existe una nostalgia imperecedera.

El miedo estaba atado en un poste de tortura, mientras la nostalgia cada día pasaba como un verdugo enviado por los dioses. Era un perro enfermo con el cuerpo lleno de manchas y de borbotones, y aullaba a las estrellas más miserables que pudiese encontrar en el firmamento. El miedo anticipándose al deseo de los dioses le dijo: - “los lunes muérdeme en los pies para que no pueda huir y para que me enfrente a mi condena con valentía. Los martes muérdeme en las manos para que no pueda escribir mis memorias y para que nadie pueda saber el calvario por el que estoy pasando. Los miércoles muérdeme en las orejas para que no pueda escuchar nada del mundo, porque tan solo debo prestar atención a mi condena. Los jueves arañame los ojos para que pierda el sentido de la vista, porque yo no he nacido para ver sino para imaginar. Los viernes muérdeme en el estomago porque yo no quiero comer las impurezas que este mundo me ha proporcionado. Los sábados muérdeme hasta llegar al corazón, y el domingo sácamelo para que todo el mundo pueda ver mi vergüenza y animadversión hacía todo lo que existe.

Un pájaro libre que merodeaba por el mercado, vio casualmente a otro de su misma especie que estaba enjaulado en un mostrador. Al verle triste quiso consolarle y le dijo: - “no te preocupes el mundo es demasiado grande y no puede caber en mi corazón. En realidad me das envidia porque al estar encerrado puedes tener muy pocas penas y muy pocos dolores”. El pájaro enjaulado guiñándole el ojo con soberbia le respondió: - “ el desierto nunca es lo suficientemente grande ni pequeño, puedes creerme, la soledad no entiende de espacio vital.

LEVANTAMIENTO

El rey crisantemo esperaba pacientemente el amanecer desde su regio trono. No había podido dormir aquella noche, un extraño presentimiento le acechaba constantemente. Había ordenado a sus sirvientes que evacuaran el salón porque necesitaba meditar con serenidad acerca de los asuntos del reino. La puerta estaba sellada y tres centinelas hacían guardia, pues ningún ministro de la corte podía importunar a su majestad en su deliberación. Miraba fijamente un baldón que lo obsesionaba colgado en los espesos muros de aquella estancia, junto a dos antorchas que ardían al ritmo de las conspiraciones y las traiciones, y que otorgaban una oracular iluminación. En aquel grabado habían dos serpientes que se enroscaban mutuamente, haciendo un sólido nudo en una espada resplandeciente. Representaba una antigua alianza bélica con un pueblo vecino, que todavía permanecía firme. En la mesa todavía quedaban los restos de la cena que compartió con sus consejeros la noche anterior, pues no dejo que sus lacayos la limpiaran, al sentir un ardoroso deseo en su pecho de permanecer en soledad. Se rumoreaba en boca de sus ministros más fieles, que estaba a punto de estallar un levantamiento. Hacía mucho tiempo que intentaba complacer a todos los nobles por igual, pero nunca podía repartir las tierras a gusto de todos. Temía por su vida, porque respiraba la traición por doquier, y siempre requería de losa servicios del catador real para comprobar que el vino o la comida no estuviesen envenenados. La noche le había dejado exhausto y un sudor frío se paseaba lentamente en sus calamitosas entrañas. Poco antes de que las primeras claras del día inundasen los cristales, de una tibia y temerosa luz, decidió subirse a la mesa para poder mirar con mayor detenimiento aquel baldón. En un extremo de aquel salón había una armadura negra con espinas en el yelmo, y en el otro una estatua de piedra de un caballo que parecía que pudiese cobrar vida en cualquier momento, con los ojos centelleantes y escultóricos. Sentía desde aquellos espesos muros claustrofóbicos, que el inerte sueño inmóvil de aquel baldón le transmitiese una extraña aura negra y maldita. El embrujo de aquellas serpientes venenosas parecía que paralizasen sus pensamientos, y que lo sumergiesen lentamente en un sueño enlutado. Decidió olvidar momentáneamente aquellas preocupaciones cabalísticas y se sirvió una copa de vino, mientras miraba el rosáceo cielo. Todo su mundo estaba aprisionado en el seno de aquella inquietante obsesión. A pesar de que sentía que el cielo estaba sereno, una extraña preocupación que no era de este mundo, le ocasionaba un invisible malestar, que apenas era perceptible en sus inexpresivas facciones. Cuando volvió a su trono para intentar dormir, aunque solo fuesen unos cuantos minutos, escuchó un incomprensible estruendo. Ante su sorpresa cuando volvió a echar un vistazo al baldón, observó que las serpientes habían desaparecido, y que en su lugar quedaba tan solo la espada con el filo manchado de sangre como si las serpientes hubiesen hecho un terrible esfuerzo por liberarse. Aquellas serpientes malditas tal vez se hubiesen escapado para propagar una ola de fuego negro en donde ardería la guerra y la enfermedad. Un sudor congelado se derramaba de su arrugada frente, al comprobar que aquellas serpientes estaban reptando por las paredes como si buscasen algo con una obsesión sanguinaria. El suelo temblaba, y escuchaba voces de otros tiempos apagadas, pero que podía escuchar en su interior como el estruendo de un tambor. Eran voces confusas, que se esparcían en un laberinto profano. Aquel alboroto pareció que no atrajo la atención de ninguno de sus sirvientes, pues podía escuchar los mudos pasos de los guardias detrás de aquella puerta. Poco después una de las serpientes empezó a reptar por el suelo hasta acercarse hasta el trono en donde el rey crisantemo estaba sentado. No osó gritar porque sabía que aquellas serpientes encantadas podían morderle si pedía auxilio. Al contemplarla de más cerca observó que tenía manchas negras, y varias heridas abiertas en las cuales se derramaba una sangre roja y negra. Parecía que aquella serpiente estaba enferma, como si padeciese de la peste o el cólera. Era una serpiente muy robusta y a pesar de aquella enfermedad mortal era muy ágil y escurridiza. La otra serpiente se le acercó poco a poco por detrás. Parecía que estaba sana, pero la primera de ellas era la que tenía la voz cantante. Pues sus miradas agresivas hacían retroceder constantemente a la otra. La serpiente enferma sacando su inmensa lengua ensangrentada le dijo al rey: - “ venimos en nombre de la hambruna y la enfermedad. El mundo se retuerce como una rata moribunda, todas las verdades y todas las mentiras, todos los secretos más ocultos están a punto de salir a la luz. La penumbra ha despertado al mundo de su sueño apacible, la verdad esta a punto de despertarse en el valle de lágrimas que la vio nacer. El mundo esta a punto de convertirse en una inmensa llama negra, en donde arderá todo el dolor y todas sus conspiraciones inútiles”. El rey que no salía de su asombro sentía unas convulsiones salvajes, como si le estuviesen apuñalando a traición. La serpiente sana e inocente, dejo que la serpiente enferma se la comiese cruda y no opuso resistencia. Gritaba con una voz ahogada que llegaba hasta un misterioso abismo, pero no había testigos de aquel asesinato, tan solo era el tiempo que se movía de una forma grotesca y espeluznante. Tras cometer aquel asesinato despiadado la serpiente enferma le dijo al rey que apenas podía oponer resistencia: -“ la verdad se ha despertado, llevaba muchos años durmiendo pero la vida es un juramento sanguinario que tarde o temprano cumple con su promesa. La negatividad inherente en todo lo que existe, ha adquirido conciencia de si mismo, ya no quedan refugios ni metáforas, de aquí a poco asistirás al principio y al fin de todos los tiempos. La enfermedad será el movimiento mismo del mundo, ya no existe ni culpabilidad ni inocencia, sino el fluir del dolor. El dolor es un artista que nunca ha sido lo suficientemente valorado, porque todos los grandes artistas crean a partir de la nada, y como es sabido el dolor es el único artista que crea a partir de la nada”. El rey que no se atrevía a decir nada, porque sabía que no estaba hablando ni con dios ni con el diablo, sino con el mundo mismo, enmudeció mientras observó estupefacto como todos sus deseos se ahogaban en un mar desconocido y mítico. Intentó decir algo razonable, pero no podía porque ya no existía nada razonable, tan solo una luz negra y opiácea que se había apoderado del mundo. Poco después la serpiente enferma le dijo: -“recuerda siempre que los ojos son los únicos que pueden ver aquello que existe”. Cuando volvió a abrir los ojos tras haberse sumergido en lo más hondo de aquel letargo fatal , ya no vio a la serpiente. Había vuelto al baldón, pero ahora solo quedaba ella protegiendo la espada del dolor, la espada de la vida. Intentó relajarse y se sirvió otro vaso de vino, pensó que tan solo se trataba de un augurio desagradable, de un delirio metafísico que necesitaba ser pronunciado para que no volviese a ser escuchado nunca más. Durante aquellos misteriosos acontecimientos sentía como si el tiempo se hubiese parado, como si fuese un vomito necesario de la vida, para purgarse de todos sus males, con la finalidad de que pudiesen existir nuevas y exuberantes formas. De pronto sintió que aporreaban la puerta. Se extraño mucho porque había dado órdenes expresas a sus sirvientes para que sus reflexiones no fuesen perturbadas bajo ningún concepto. Se abrieron las puertas repentinamente, lo primero que vio fue la expresión de disgusto y temor de sus guardias, dándole a entender que una fuerza de causa mayor les había obligado a desobedecerle. Su ministro que le inspiraba más confianza, le dijo con un tono de voz tajante: - “señor, tendremos que convocar a todos los nobles en una reunión de carácter urgente. Necesitamos planear meticulosamente una estrategia bélica para salir victoriosos en esta empresa”. El rey indignado por la actitud de su ministro le dijo mirándole fijamente a los ojos en una expresión en la que se entremezclaba el desprecio y el pánico: - “ no quiero causar un levantamiento”. El ministro escoltado por los guardias, dio algunos pasos hasta llegar al trono en donde moraba al rey, y le dijo a modo de confesión vergonzosa y ultrajante: - “majestad, ya hay un levantamiento”.


RECURSOS HUMANOS

Los individuos ordinarios y sin valores, o mejor dicho aquellos que no están acostumbrados a trascender con sentimientos y palabras su experiencia cotidiana, pueden ser un instrumento muy útil para servir los intereses de las esferas más altas. Tienen aspiraciones vacías pero a pesar de este nimio detalle son capaces de crearse un espacio vital muy grande, apropiándose en condición de isofructuarios permanentes del territorio social que les ha sido concedido para extorsionar y aniquilar con impunidad. Son los falsos guardianes del horizonte, pero parece ser que nadie los relevará nunca. Les quieren hacer creer mediante una educación basada en la ineptitud y la ineficacia, que pueden transmitir ese modelo pedagógico, en una realidad unidimensional en que todos los conflictos no son más que el subproducto inevitable de sus grotescos proyectos. No son más que capataces, actores secundarios sedientos de protagonismo, que apropiándose de los más viles esloganes de la sociedad y enmudeciendo los más nobles, crían con arrogancia malvas en la oficina. No es el espíritu humano y sus leyes lo que les sustenta, sino una burocracia nauseabunda y mutilada que les da alas para ascender a los rincones más íntimos de las personas. Recursos humanos es la fuerza del capital elevado al cuadrado. Son personas acostumbradas a ejercer un poder que no es suyo, que saben jugar muy bien al juego de la mezquindad. No ocupan su puesto de trabajo por mera necesidad como lo podría hacer un barrendero, un vendedor ambulante, o la más triste de las prostitutas. Quieren satisfacer una necia ambición que se pasea por sus enfermizas entrañas, y que les exige situarse en un plano social muy elevado a costa del sufrimiento de los demás y su animadversión hacía la existencia cotidiana. No son aquellos que sufren sino aquellos que hacen sufrir. Su fracaso personal lo enmascaran habitando una torre que ni siquiera es de su propiedad y desde donde disparan sin cesar a todo ser que muestre los menores síntomas de vida. en sus entrevistas y en sus malévolos juegos de azar, trazan meticulosamente los planes diseñados por la empresa, y los ponen a la práctica sin rubor alguno. Son personas con una pésima educación, con mediocres conocimientos del mundo y todo lo que les rodea, pero lo único que les satisface es ocultar este desconocimiento, ejerciendo un poder que este mismo desconocimiento les ha otorgado. Tratan a las personas como si fuesen estropajos y se complacen en limpiar su oficina de sucios expedientes, mediante estos estropajos. No temen que los señalen por la calle, porque son ellos los dueños de la vergüenza y no aquellos que la padecen. No saben el significado que tiene un perfil, pero ellos son la máquina que retratan a las personas en las más incomodas posturas y formulando las más estúpidas cuestiones. Tienen la mirada fija, porque parte de su trabajo( o mejor dicho todo su trabajo) consiste en analizar las emociones humanas y jugar con ellas, como si fuesen bases de datos en un ordenador. Para ellos las emociones no son más que un desfiladero de hormigas que se pasean con temor por el suelo, y que las pisotean con una doble intención: servir a los desorbitados intereses de la empresa, y su ambición personal de escalar incesantemente. Los derechos son papel mojado, archivos en un ordenador que cualquier virus puede destruir, informaciones contradictorias que circulan de un sitio a otro. Tienen el infame hábito de tratar a las personas como si fuesen un billete que vuela, ellos son los encargados de soplar para que vaya a la caja fuerte de la empresa. Ellos no saben que también son billetes, y que en cualquier momento pueden volar hacía donde la empresa le comunique. La empresa les ha enseñado: -“Nosotros los directivos tenemos la condición humana, a vosotros apenas os queda un eslabón para llegar, si queréis llegar a la meta tenéis que borrar la personalidad de todos aquellos que quieran ser personas como nosotros. El concepto de persona es una categoría y esa categoría nos pertenece”. Son funcionarios sin creatividad, acostumbrados a obedecer y del fruto de esa obediencia obtienen la humillación gratuita, porque cuando no se tiene el dinero que uno cree merecer, la humillación de las personas es el único paraíso alternativo del que pueden disponer. No tienen visión de futuro, porque tienen prohibido pensar, porque paradójicamente el hecho de no pensar es aquello que les otorga tanto poder. Con su mirada fija, revoltosa y delirante a un mismo tiempo, preguntan: - “ ¿ que puedes aportar a la empresa?”. El sujeto interpelado suele tener que improvisar, porque no se trata de decir nada metafísico, ni siquiera nada coherente, solamente de tener una cierta capacidad de reacción. No se trata nunca de encontrar una solución a un problema, sino de evadirse de él como se pueda. Porque su oficio vital consiste esencialmente en crear problemas a las personas, y ellos desde la otra cara de la moneda responden con arrogancia y simpleza: - “¿que puede importarme a mi la solución de ese enigma?”. Son criminales que estudian con detenimiento su sonrisa en el espejo cada día antes de ir a trabajar, les gusta ensayar la traición, porque saben que su sonrisa abismal se cotiza muy alto en el mercado. No cesan de crear juegos de palabras inútiles, pero lo peor de todo es que no es su conciencia la que deben de callar, sino el inoportuno nerviosismo de aquellos que no han sido seleccionados para ocupar la vacante en el mercado. Su vida no es más que un mercado, ellos exponen sus productos al mejor postor, como antiguamente los esclavos eran subastados en la plaza pública. En sus entrevistas no hacen más que repetir lo que sus mediocres estudios o sus superiores inmediatos les han enseñado, pero a menudo les gusta trascender groseramente esos límites con el arma de su odio. El insulto o el desprecio lo han aprendido a manejar con tanto entusiasmo, que durante el transcurso de las entrevistas ni siquiera son conscientes de lo que ellos mismos declaran o interrogan. Las personas son un producto que se debe de pulir en el ámbito laboral, esta es su premisa y su modus vivendi. Como a los burros se les debe de poner una venda en los ojos para que no se coman la hierba. Se les debe de vender su trabajo a sus clientes como si fuese un producto, porque la persona y el trabajo son un producto, por esta razón no se debe de hacer distinción entre persona y trabajo. Seguramente si alguno de estos detestables criminales leyera estas líneas, no se reconocería a si mismo, porque tiene tan interiorizadas ciertas verdades, que todo lo que hable de ellas desde la perspectiva que sea le resultará profundamente banal. Cuando la moralidad no la ostentan los poderes públicos o ciertas instituciones que tienen raíces en todo el mundo, sino que se queda en un poder privado y anónimo, esta clase de sanguijuelas se crían en el ámbito social sin que exista ninguna autoridad moral en el exterior o en el interior de las personas que impida este repugnante crecimiento. La moral no se convertido en nada más que un producto que se intercambia en el mercado, y los de recursos humanos son una de las instituciones más sanguinarias, que crían a la carne y después la llevan al matadero. Es sorprendente que las personas digan que son unos canallas porque no han conseguido trabajo y no han conseguido integrarse en la espesa jungla laboral. Porque no existen afortunados o desafortunados en su irrisorio escrutinio tan solo perdedores. Su creencia no es un sobrevuelo, no es un acompasado canto que guía sus vidas, sino que es un irritante juego en que conocen sus normas pero ignoran su significado. Se alejan cada día más de la verdad en la que viven, pero no lo hacen a través de los pasos o mediante conspiradores sueños, sino mediante la palidez de un vacío, de una invisible enfermedad que intentan contagiar cada día a sus entrevistados. Sorprende ver la crueldad y la ineficacia mezquina de sus métodos de selección de personal. Ofreceré los esbozos de una realidad que se vive incesantemente en el hueco corazón de la burocracia. Se forma un corro de sillas y en el centro se encuentra el sagrado sacerdote de recursos humanos. Es el juez de la vergüenza y de la denigración. Quiere que todos se peleen, porque todo el mundo sabe que no esta en juego el incubamiento de un producto en una fábrica, en aquellos precisos instantes. Hace la pregunta: - “Ahora quiero que me digáis todos porque merecéis este puesto de trabajo”. Esta en juego el prestigio de la empresa, la dignidad de la indignidad. Esto complace al juez de la guerra, porque por un momento se cree que es dios y que todos los mortales han de guerrear entre ellos por su justa salvación. Todos dicen nimiedades, pero no son las nimiedades las que el sacerdote de recursos humanos escucha, sino el deslucido espectáculo de unas personas que son capaces de vaciar su personalidad por unos instantes, para atender las necesidades de unas burdas exigencias. A ello suele seguir “una prueba psicotécnica”, llamado eufemísticamente trucando los términos de un modo malicioso, porque en realidad se trata de un grosero test de personalidad que han diseñado unos mezquinos psicólogos que probablemente saben menos de las personas y sus necesidades reales que los propios testados. El único trasfondo real de estas pruebas es comprobar hasta que punto las personas son capaces de arrodillarse a una situación, que la mayor parte de las personas opina que es muy superior a ellas mismas. Todos los entrevistados expertos conocen el destino de estos mezquinos cuestionarios y quien los supervisa: un departamento de estadística. La persona queda encerrada en su propia jaula, porque esta es la más eficiente de las prisiones, los de recursos humanos no lo desconocen y actúan en consecuencia. Han sido adiestrados en laboratorios para estudiar la miseria humana, y les gusta jugar con la claridad y la oscuridad. La claridad es el dinero que podrían ganar y la oscuridad es lo que aquella persona va a perder en un hurto silencioso sin que tenga tiempo para reflexionar para ello. Son ratas que se pasean sigilosamente por las cloacas, y olvidando que ellas mismas lo sean infectan de insecticida los más lúgubres estadios de pensamiento en donde vaga de vez en cuando el ser humano. No tienen el alma lo suficientemente vigorosa, porque no han nacido para ser testimonio del conocimiento, sino para ocultarlo y en el peor de los casos impregnarlo del más abominable de los perfumes. Estan limpios porque tienen vedado el pensamiento, porque han sido adiestrados para vivir conforme a los dictados de un malicioso instinto. Son instinto puro, instinto descomunal, instinto negro que no ha emergido hasta la esfera de la vida humana para crear, sino para colapsar todo el pensamiento y reconstruirlo conforme a máximas autodestructivas. Han sido educados en un matadero, y han ascendido hasta convertirse en los capataces del mismo, pero en su instrucción se les olvido mencionarles que ellos mismos también eran animales y que podían ser degollados en cualquier momento. Son los peores vengadores del vacío que existen, porque entre todas las profesiones liberales que existen la suya es la más denigrante. El trabajo se apodera de ellos, o mejor dicho el producto humano, puesto que sin banales eufemismos en eso consiste su trabajo. Su esfuerzo esta orientado a explotar las debilidades que la subjetividad moderna ha creado en sus indefensas víctimas. Se dedican a plantar cada día, la más estéril de las cosechas, a silenciar la polémica, a llamar a las personas a sus casas sin ningún criterio y a pedirles que desnuden su personalidad a cambio de un capricho estúpido. Son productos de fábrica, del marketing y de insulsos vanguardismos, que pretenden que su poder eche raíces en la sociedad. Son los maestros del eufemismo y del olvido, los que crean los sueños y las falsas promesas. Son ciudadanos desconocidos y anónimos, de los pocos que no pueden vanagloriarse de su profesión, porque para ser sincero considerar a la persona como un producto no es ninguna profesión, tan solo una mezcla que no se puede mezclar en ninguna tradición ni en ninguna corriente literaria. ¿ esos humildes siervos de la humillación gratuita son aquellos que han de darnos el pan?. Sinceramente no.

 

 





        
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