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Agenda: destacados

Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009
Agenda

RELATOS CORTOS

Juan Oliver

juanglot@hotmail.com


EXHORTACIÓN DE LAS PALABRAS

Mis propias palabras me ensombrecen, me catapultan a un purgatorio enigmático que se llama improvisación. Juego con nombres extraordinarios, con valores desconocidos, y con un decadente ingenio que florece en el estomago. Mi pensar no vaga en un círculo sino en una gran hoguera maldita, enmudezco en esta inquietante tranquilidad. Mis perseguidores no tienen rostro, sepultados en la niebla de lo incognoscible, errantes y místicos, me acechan con sus camaleónicos delirios. Vigiladme en la penumbra cuando un incomprensible augurio crezca dentro de mí, asesinad a mi sueño con el puñal sagrado. Vosotras palabras sois la exhortación de lo pasajero, groseras viajeras del tiempo, cuadros borrosos y obscenos que se convierten en carne, buscadme si queréis encontrarme en la raquítica desnudez de mi inexistente camino. El alma respira lentamente, el hambre se apodera de las disonancias de la canción de la vida, y el patíbulo enfermo se esboza en la lejanía como un niño inmaduro y malvado. ¡Mira la escalera! Se extiende hasta el infinito y la sarna la acompaña sigilosamente. ¡Palabras invisibles y enfermas!, ¿ cual es el destino de vuestro agonizante imperio?. Maestras de la nada, discípulas del dolor y de la muerte, ¿ donde vive vuestro dios?. No tenéis ningún reino, ni ningún mundo inteligible en el que descansar, porque la locura es vuestro precepto metafísico más sagrado. No tenéis estaciones, ni tiempo, ni eternidad, os multiplicáis como las hormigas y corréis en nuestro pensamiento con vuestras patas peludas y repugnantes. No existe ningún hueco para la nostalgia o la imaginación, el dolor cabalga en vosotras a pasos agigantados. Despertadme cuando este muerto, no os olvidéis de mi, podéis alimentaros de mi sombra enlutada. La inspiración nace y muere en vuestro río congelado, sabia contradicción que arroja a la serenidad al más desnudo de los vacíos. Vosotras sois la duda que emerge de las profundidades de la tierra, el instinto más arcaico de la naturaleza se reencarna en nuestros fríos labios. La naturaleza tiembla en su sueño sagrado, y vosotras sois las poetisas de la sarna. ¡ mira la escalera! ¿ ha encontrado ya la fundamentación de la vida en sus perpetuas inclinaciones y desviaciones?, ¿ el elixir del espíritu?, ¿ la fantasmagórica necesidad que fluye incesantemente en un ahogo sublime y decadente?. La vida es un agujero inmenso, y vosotras sois el opaco espejo que la cubre incesantemente. Más allá de este agujero esta la nada, pero el espíritu tan solo puede percibir una fuente de agua insípida; las contradicciones y las abismales dudas hace mucho tiempo que se extraviaron por el camino. No sois un objeto que se pueda apoderar la sensación, porque vuestro oficio vital es viajar hasta el infinito. Antes que el oído os pueda escuchar, un numero indefinido de metamorfosis sagradas han tenido lugar en vuestro reino vacío. Si la vida es una canción, vosotras sois sus notas y acordes y el sonido es la manifestación del vacío. Sois una indecorosa llama que sale de nuestros labios y morís en el aire, porque vuestro decadente arte consiste en vivir y en morir en el desalmado palpitar de un instinto vacuo y errante. ¿Quienes son los perseguidores? Criaturas construidas en el aire, que lanzan puñales y flores a todo aquel que pueda verlas y sentirlas. Estáis construidas con la privacidad y lo gregario, con lo moral y lo inmoral, y en la hora desnuda lo mezcláis todo en una caótica sensación. Sois la fuente a partir de la cual emana el lenguaje para algunos, y el instinto indomesticable de las matemáticas para otros, pero en realidad no sois más que una falsa apariencia de repetición, unas tijeras que recortan la realidad a su imagen y semejanza, ya que la luz del mundo es de una frecuencia inaprensible. Utilizar las palabras es como intentar comunicarse con aquello que nos transciende, ya que esto existe y no existe a un mismo tiempo. Es como sintonizar un canal de radio que tan solo tiene una remota posibilidad de escucharse. La frecuencia constantemente cambia de código, porque la vida cambia de lenguaje constantemente. Aquello que se quiere comunicar, es un mensaje que siempre llega pero que siempre es rechazado, porque encuentra muchísimos obstáculos para llegar a palpar el absoluto, pero ninguno en volver. Las palabras en un sentido estricto no son solamente el instrumento más eficiente de la oratoria, sino que son como una flecha dirigida hacía el templo de lo absoluto y que muere sin poder clavarse en sus espesos muros, en el mismo momento del impacto, porque es un choque contra la más poderosa de las barreras:” el vacío”. No son solamente un infructuoso intento de comunicación, sino un deseo encarcelado que tan solo la apariencia consigue liberarlo de su celda. Las palabras son a un mismo tiempo tan profundas como superficiales por esta razón no se pueden representar en ninguna gráfica, porque el absoluto esta mucho más lejos de las matemáticas. Son como un túnel que nunca se acaba de cruzar, porque la oscuridad nebulosa es el patrón de su medida. El tren sería el cuerpo, que viajaría a una velocidad vertiginosa en lo trascendente, pero que nunca podría divisar en el horizonte el menor atisbo de luz. Las palabras nunca se quedan encadenadas en ninguna situación particular, porque son los peregrinos de una conciencia anónima que nunca puede descansar en ningún apeadero. Las palabras son como las infinitas espinas de la flor multicolor de la vida, que hundida en estériles tierras, tiene la imposible tarea de ascender mucho más allá de cualquier galaxia y cualquier sensación. Las palabras se mezclan muy fácilmente con la sarna, porque la mayor parte de ellas provienen de los abismos de la tierra, tan solo una pequeña parte de ellas tienen ascendencia etérea. No son un lugar, tampoco son ninguna emoción, solamente son el sordo eco que se escucha detrás del velo secreto de la existencia. El espíritu tienen inclinación natural a mezclarse con las distintas figuras, representaciones e imágenes que tengan ascendencia etérea, pero las palabras son como el bloque de cemento de la cabeza de dios. Las palabras son gratuitas, porque se mezclan sigilosamente con los acontecimientos, porque no provienen de ningún pozo, sino de una confusa promesa que fue pronunciada por misteriosas entidades que nunca podrán llegar a la categoría de ser. No vienen de la interioridad sino de la exterioridad por esta razón son tan gruesos sus muros y sus borrosas cabalas. De cara al infinito y con el semblante acongojado por una incomprensible angustia que se manifiesta en forma de brisa, me pregunto: - “ la verdad. ¿ que es la verdad?. Las palabras son vacío y lleno a un mismo tiempo, necesitamos de esos dos contradictorios principios irreconocibles para que el discurso pueda emerger. El vacío proviene de la identidad desnuda y viaja hasta los labios con mucha facilidad, lo lleno son los vestidos de este ser sin forma ni principio alguno. En un sentido propio las palabras no son nada porque no han nacido a partir de una esencia sino de una paradoja irresoluta. Las palabras no se cansan, se reproducen sin cesar como moscas, son las turbias copias de un modelo que no existe. Las palabras no existen, porque el concepto que designan no es nada en si mismo, pero debido a una falaz ilusión del espíritu, identificamos como real, aquello que no es más que una conjetura que ni siquiera se puede pronunciar. No provienen de ninguna ciencia, sino de un reino poético que nunca tiene ninguna morada, es un peregrino que tiene los días contados, que encuentra su condena en todos los lugares que visita, pero que siempre escapa milagrosamente del silencio, para no cesar de morir en los colores y el ruido. No son más que un ruido ininteligible para algunos, y un símbolo abstracto para otros, pero en realidad no son más que una de las muchas interpretaciones del único latido del corazón del mundo. No son más que una confusa sombra del absoluto que nos confunde con sus insignes destellos y sus necias oscuridades. Si analizamos la palabra con tesón descubrimos que la moral y la nada se han apropiado de ella, pero no a modo de fronteras, ya que se trata de una luz miscelánea con apariencia de pureza. En fin, las palabras son el puente entre la nada y el todo, el perpetuo viaje de la realidad hasta la apariencia.

REFLEXIONES DE TRISTEZA Y SOLEDAD

No me hablan desde arriba ni desde abajo, pero un exaltado instinto se ha apoderado de la armonía de mi alma. ¿Quien es el dios?, ¿Cual es la promesa?, cuando se pronuncia un juramento desde lo alto de la montaña no existen ni culpables ni inocentes, solamente un tibio espasmo de luz que se convierte en el guardián del alma.

He olvidado, he traicionado, he banalizado lo que llegó a sostener el mundo. ¿Donde se reencarna ese ser prófugo?. Mi sombra se escapa lentamente de mi cuerpo con un rubor inusitado, en una ceremonia abstracta y endemoniada. Quiere sepultarse bajo tierra, porque sabe que los rayos del sol no querrán fundirse en su maldad. ¿Desde cuando el diablo te ha enseñado a robarte a ti mismo tu propio ser?. El diablo enseñando sus fauces negras al abismo de la noche respondió sin inmutarse en mi lugar: - “No existe ningún ser, solamente una eterna huida”.

En cierto momento fatídico en que la vida me deslumbraba por dentro con toda su bondad y toda su mezquindad, le pregunté como si fuese una artista que ha concluido felizmente su obra: - “Ahora que al fin somos amantes puedes decirme cuál es tu nombre”. La vida se indignó de mi osadía, se quitó su mascara multicolor, mostrándome su rostro enlutado de muerte y podredumbre, y desde sus ojos tan obscenos como crípticos, me dijo desde su desconocido altar:”Los secretos nunca se rebelan, solamente crecen como flores mortuorias en el jardín sagrado de las paradojas”.

Una llamada no necesita del lenguaje. Solamente es el aliento malgastado que devoramos incansablemente, un recelo que conduce su propio cadáver hasta la atalaya mas sombría del mundo, pero que no puede y tampoco quiere llegar. Lo sagrado no se pronuncia ni con los labios, ni con la voluntad, simplemente con lo que acontece.

El sinsentido no es una vulgar palabra a quien todo el mundo da la espalda con mayor o menor suerte. Es el arma más poderosa del ser humano y con ella se erigen los edificios más voluptuosos del conocimiento y del deseo.

El mundo esta en obras. La voluntad esta en obras. La sensibilidad esta en obras. La transformación pálida y sedienta nunca tiene permiso para descansar, solamente para idolatrar.

Los vengadores del vacío pasean sus locuras por la calle. ¿ quién gritará más fuerte?, ¿quién tendrá derecho a catar de lo sagrado?, ¿ quién podrá hacer juegos de malabarismo con todo lo que puede percibir?. Aquel que se convierta simultáneamente en perseguidor y perseguido de el halo de vida que quiere conquistar, y se despierte cuanto antes en la era en que un espeso laberinto de pensamientos gobernará al mundo con sus contradicciones y su sabia ciencia. Porque todos los caminos tienen que tener un baricentro por muy borroso que pueda parecer a primera vista. Todavía no ha llegado ese momento, las locuras son demasiado solitarias…

Un hombre merodeaba por un panteón. En aquella cruz en donde todas las cruces se encuentran, pudo ver una calavera que todavía no se había enterrado, muy cerca de una cripta. Cogió la calavera con sus arrugadas manos y le hizó una pregunta retórica: “¿de que esta hecho el mundo?”. la calavera no dijo nada, y la expresión de su semblante era absolutamente inerte. No obstante sintió que sus manos estaban muy frías, la calavera se congelaba paulatinamente, una extraña energía ultramundana acariciaba sus manos de un modo obsceno. La calavera estaba tan fría, que tuvo que lanzarla violentamente al suelo, porque sus manos ya no resistían aquel frío de ultratumba. Poco después el hombre meditó silenciosamente y reflexionando en sus adentros se dijo a si mismo: - “el mundo es demasiado frío como para querer preguntarle nada”.

El secreto A le dijo al secreto B: - “¿Cuántos escalones te quedan para poder purgar tu pena?, ¿ hasta donde asciende la escalera en donde has decidido viajar para desprenderte de la pesadez de tu ser?”. El secreto B que no era tan pretencioso ni fantasioso le respondió al secreto A:- “Yo tan solo espero que algún día se me sequen los ojos, como el sol lo hace con el desierto, para poder reflejar un mundo en que ni la felicidad ni la infelicidad me puedan dar caza jamás”.

LA SOCIEDAD DEL FUTURO

Constantemente estamos comunicados, de hecho no existe ninguna hora en que esta sociedad sobrecargada de datos inútiles y demás filigranas capitalistas, no cese de poner puntos sobre sus abstractas y mezquinas ies. Las bases de datos que crecen masivamente en el disco duro de un programa políticamente anónimo y sistemáticamente destructivo es el subproducto inevitable de nuestra sociedad de hoy en día. Las profesiones, las titulaciones académicas, las relaciones interpersonales, las creencias religiosas, la renta per capita, el consumo, los hábitos sexuales, las orientaciones políticas, ya no son controladas por la voluntad de los ciudadanos sino por los sencillos designios de un ordenador, muy fácil de manejar hasta por el más ignorante de los usuarios, cuyos archivos en cualquier momento se pueden sobresaturar, debido a la desidia y a la perversa acumulación de datos personales sin ningún valor. Nuestra intención, sin querer ahondar en preámbulos que todo el mundo conoce, pero que a un mismo tiempo nadie tiene intención, ni espacio vital para meditar, es narrar las vivencias del joven Herminio en un día cotidiano. Vive con sus padres, rondando la treintena sin ningún compromiso sentimental serio, y profundamente inmerso en la vacuidad de una rutina cruel y desgarradora. Hace dos meses que esta de excedencia de su cargo como analista de sistemas lúdicos ( una carrera de nueva generación que se estudia por Internet y que todavía no ha podido ser homologada), que tarda 1 año en estudiarse. Una persona puede convertirse en un encuestador profesional por Internet, y hacer estadísticas sobre el comportamiento lúdico de determinados círculos sociales, para llevar a cabo un solvente estudio de mercado. por motivos que ahora no vienen al caso, pero que procederé a relatar de un modo somero , el joven Herminio tuvo que pedir la excedencia de su vacante laboral.. De hecho, su móvil es su compañero más fiel. Siempre duerme con él, Melinda como él lo llama, es la única compañera de cama que siempre le ha sido fiel. Es un móvil de nueva generación destinado a sustituir los caprichos innecesarios de una convencional mascota doméstica. ha sido programado para proteger de su soledad a los eremitas cibernéticos y demás víctimas de la tecnología. Los 806 han tenido que dejar de ofrecer sus servicios, desde que se patentó este novedoso producto, que substituye con eficacia el aislamiento existencial de un sistema que ya no es capaz de dar un mísero mendrugo de pan a nadie. Melinda es un programa con capacidad de imitar la voz de todas las llamadas que tenga registradas y de improvisar situaciones reales para entretenimiento del usuario. Cuando suena un determinado tono significa que es una llamada virtual creada por el mismo sistema informático, y cuando suena otro tono significa que es una llamada real. También suele recibir llamadas de la propia Melinda, una atractiva mujer ejercitada en psicología, el rol de un personaje que fácilmente supo diseñar Herminio consultando el sencillo manual de instrucciones del móvil. De hecho hace muchos días que ya no siente ninguna curiosidad, pues sus padres pagaron a profesionales para desintoxicar a su hijo de una enfermedad de nueva generación. Pero pronto aparecerá en el mercado un diseño más innovador y se tendrá que buscar una nueva vacuna psicológica, y el gabinete de astrónomos y psicólogos compinchado y hermanado con su operador de acceso correspondiente, tendrá que innovar nuevas soluciones y buscar nuevos problemas. Hace un mes que desactivo las funciones del móvil que no eran necesarias por prescripción médica, sus padres que tienen la patria potestad de su hijo a pesar de su avanzada edad, hubieron de tramitar muchas gestiones burocráticas, y contratar a muchas compañías de desintoxicación que circulan por la red( unas verdaderas y otras fraudulentas) para que su hijo dejara de esnifar por el móvil. Se celebró un juicio sumarísimo por Internet( debido a que en la actualidad los tribunales están sobresaturados ya que debido a la constante afluencia de datos existen infinidad de estafas, y consiguientemente infinidad de litigios). Todo el mundo se convierte en demandante y en demandado debido a que es tan fácil delinquir como ser víctima de estafa. De hecho es imposible que en el periodo de un mes nadie tenga ninguna causa pendiente con la justicia ya sea como imputado, como testigo, como presunto culpable, o como demandante. Existen tantas asociaciones en la red vinculadas con temas juridicos o con adicciones vanguardistas, como gotas de agua tiene el mar. Pero cada vez la tecnología y el adiestramiento de los funcionarios es más eficiente, y los casos se resuelven más rápidamente. Sin embargo, interviene mucho el azar y es posible ir a la carcel 3 años por el simple hecho de recibir un mensaje de correo electrónico equivocado, o quedar inmune y ser propietario cibernético de 50 asociaciones ilegitimas que circulan por la red. Hecho finalmente a grosso modo un balance de la sociedad contemporánea procedamos a narrar lo que le aconteció al joven Herminio en un día cotidiano. Eran las 3 de la madrugada, estaba tumbado en la cama, releyendo los motivos sanitarios y la adecuada manera de exponerlos, con la finalidad de resaltar la precariedad de su salud mental, que le aconsejaba un programa de derecho laboral que había descargado de Internet( de hecho no era muy eficiente porque era gratuito pero algunas de las premisas eran correctas y en raras ocasiones habían conseguido vencer a los abogados más sanguinarios de las empresas más explotadoras), porque quería pedir dos meses más de baja. Se quedo dormido, porque su mente ya no podía procesar tanta inmundicia. Poco después cuando estaba a punto de dormirse, sonó el móvil. De hecho si no te compras un móvil caro, no dejas de recibir llamadas basura, de centrales que hacen llamas automáticas al azar; mensajes grabados en donde se intenta hacer propaganda subliminal de toda clase de productos esperpénticos y que no tienen otra utilidad que hacer perder la paciencia al más insensato de los compradores. Tras abrir bruscamente los ojos, y reaccionar con un mecánico entusiasmo, procedió a contestar con la voz velada y entrecortada por el desconcierto. Desconocía el número, al no tratarse de ninguna de sus trasnochadas amistades, imagino que se trataba de una llamada basura, que había podido violar el complejo y caro sistema de privacidad que tenía instalado en su móvil. De hecho no era ninguna voz grabada, era una grosera operadora que respondía a sus todavía inconscientes preguntas y respuestas desde el otro lado de la línea. En primera instancia preguntó: ¿ quien es?. La operadora se presentó: - “ te llamó del departamento de recursos humanos de la empresa ibex tutorial resources futuros horizontes carne fresca 2065, somos una empresa que se dedica a investigar las inclinaciones sexuales de los individuos qp567, y tras echar una ojeada a tu currículo y a varios datos de varias empresas que te contrataron con anterioridad creemos que tu perfil podría ser el adecuado para ocupar una vacante laboral. El primer paso para poder acceder a ese puesto sería pasar una entrevista telefónica. ¿ estarías dispuesto a responder a mis preguntas con sinceridad?”. (Información suplementaria para que el lector pueda entender ciertos tecnicismos y terminología contemporánea: “1.no existe privacidad de datos en la empresa porque esta censura tan solo es un contratiempo a la hora de proceder a la contratación del personal, ya que agiliza el proceso en la base de datos que se dedica a buscar al personal adecuado bajo la supervisión de los funcionarios de recursos humanos. De esta manera se beneficia la empresa y el empleado, la empresa porque contrata a quien verdaderamente necesita y el empleado porque no se le hace firmar un contrato innecesariamente si al cabo de dos días se le tiene que despedir porque su perfil no es el adecuado. Esta es la política de empresa respaldada por el derecho laboral vigente”.” 2. para poder vender un producto se debe vulnerar la intimidad del cliente a ultranza, porque de esta manera el cliente muestra aquello que desea verdaderamente y la empresa se lo vende. Las expectativas de ambas partes nunca pueden quedar defraudadas. El ámbito sexual no es un tabú por que es una necesidad demasiado apremiante en toda persona, independientemente de su edad, cultura o status social”.3. los individuos se clasifican en distintos códigos de barras, según los distintos estudios de mercado y los presupuestos éticos y económicos de las distintas empresas. Todo individuo cuando accede a la página web de la empresa tiene interés en saber que tipo de cliente es, y que tipo de producto solicita y es susceptible de requerir. Existe una página web, en que cualquier individuo puede averiguar los distintos códigos según los cuales es definido en las correspondientes empresas. En este caso particular qp1567 según la terminología de la empresa ibex significa: hombre soltero, en paro, heterosexual, coeficiente intelectual de 93, con propensión a la depresión, con gusto por la moda de vanguardia, con una elevada sensibilidad, de creencia religiosa indeterminada e impredecible, con una popularidad del 13%. De hecho todos los individuos pueden descargarse programas que buscan datos por Internet y que pueden elaborar estadísticas y datos con una fidelidad y una precisión muy semejante a lo expuesto en el anterior ejemplo. Pero los estudios de mercado cada vez exigen mayor precisión y los programas necesitan renovarse constantemente. es muy probable que un programa muy innovador sea anticuado al cabo de 5 meses. De hecho el departamento de recursos humanos se ha hecho indispensable en cualquier empresa por muy pequeña que esta sea, y los datos de cualquier persona viajan a una velocidad de vértigo por la red. Es posible que una cámara que funciona por GPS, con capacidad de analizar las emociones biológicas mas elementales de los individuos, situada en puntos estratégicos en donde suele concurrir la gente, no deje de bombardear con todo aquello extraño y útil que capte, a las bases de datos de las distintas empresas y que coticen muy alto en el mercado. Hace unos años era ilegal pero debido a su utilidad, y a las impredecibles explosiones económicas que produce se ha convertido en el único medio que garantice la justa competitividad entre las empresas, para evitar otros métodos más crueles. Pero prosigamos tras este breve paréntesis en la conversación telefónica entre Herminio y la operadora de recursos humanos de la empresa ibex. El joven Herminio colgó el teléfono porque sabia que no era una precaria entrevista laboral, sino una precaria estrategia comercial para poder venderle cualquier producto. Al día siguiente se quedó en la cama esperando la llamada de amigos reales, pero desgraciadamente no llamó ninguno, porque todos ya tienen estrechos vínculos de fraternidad con sus respectivos amigos virtuales, que son más perfectos porque no son de carne y hueso. Podrá encontrar un trabajo por muy desequilibrado que este su ánimo porque el mercado se ha adaptado a las nuevas necesidades espirituales de la juventud envilecida por valores estériles. Hecho el perfil de esta sociedad, habremos de plantear una cuestión como epilogo de esta breve disertación: -“ ¿ esta sociedad no se acerca peligrosamente en el día a día que vivimos?”.

EL ALCALDE

El alcalde estaba con los ánimos muy excitados porque había de pronunciar un discurso delante de una multitud sedienta y descontrolada. Desde su augusta ventana podía protegerse de la carne enloquecida y vil pero no de aquel griterío incesante. Los insultos y los vituperios se derramaban como el agua de una catarata, hacía que temblase por momentos la frívola arquitectura rural de aquel ayuntamiento. El sol estaba álgido y parecía un dios rencoroso que quemaba la piel y los sentimientos de todo aquel gentío decadente. Detrás de aquella puerta en forma de arco, y con barrotes altos y puntiagudos, había varios policías armados que aplacaban el instinto despiadado de aquellos asaltantes. El alcalde se secaba las gotas de sudor constantemente con un pañuelo rojo, parecía que el sol tan solo le alumbrase a él. Estaba en posesión de la palabra, y la verdad le acosaba de frente, mientras el sol le mordía sin cesar. Padecía de un terrible dolor de cabeza y tenía los ojos irritados, pero en ningún momento podía bajar la guardia, tenía que analizar la psicología de aquellos exaltados para poder prevenir sus improvisadas reacciones. Sabía que estaba arriba del todo, pero escuchaba aquellas espeluznantes voces desde un abismo, temeroso y desolador. Su aparición no fue la de un inocente gobernante, sino la de un villano a juicio de todos aquellos que estaban expectantes ante su inminente discurso. Apenas podía ver los rostros de aquellos que debían escucharle y aquello le causaba un notorio desconcierto. Sin embargo el público enfurecido podía reconocer desde la distancia sus marchitas facciones y sus inexpresivas gesticulaciones, que se mantenían tranquilas en su estudiada prudencia. Sin lugar a dudas, no se trataba de ninguna perspectiva en particular sino de una vacuidad revoltosa que en cualquier momento podía estallar. Aquellos manifestantes de todas las condiciones y edades, parecía que fuesen las picaduras de una manzana podrida, ciertamente el sano espíritu cívico y todos los robustos valores provincianos habían quedado proscritos. Parecían la sombra de un sueño que nunca debería haber existido, que envenenado y despierto se abalanzaba contra las resquebrajaduras de aquel viejo edificio. Entre los manifestantes y el alcalde había un patio asfaltado y lleno de inmundicia y polvo por doquier. En los dos extremos de la ventana delimitaban dos cipreses que se alzaban como dos celosos guardianes del secreto y las conspiraciones. Rodeaban al alcalde dos funcionarios, pues en sus ocasionales apariciones públicas nunca deseaba estar solo, aquellos dos brazos ejecutores de la justicia eran su único consuelo en situaciones desesperadas como aquella. En sus manos temblorosas, disecadas y cansadas, sostenía el discurso que su secretario había escrito. Tras echarle un rápido vistazo comprendió que aquella no eran la oratoria y los sentimientos que deseaba escuchar la plebe. Tras cavilar unos instantes en la más perdida e incomprensible de las meditaciones, bajo el más insoportable murmullo y terribles ideas dispersas y narcotizadas, decidió improvisar aquello que debía de comunicar. No quería convertirse en el reflejo de una autoridad incompetente, de un sucio maniquí que ha sido manipulado por instancias más elevadas. A pesar de que aquellas gentes estaban muy lejos, y que no había modo humano de recibir alguna agresión, sentía como si hubiese de hablar con una pistola apuntándole al cuello. Los abucheos eran constantes, y las injurias y las calumnias se propagaban como los rayos de sol en el desierto. El retrato de aquellos asaltantes no podía ser más explícito: - “tenían los ojos que parecía que iban a salirse de sus orbitas, ninguno de ellos había dormido en dos o tres días debido a la constante preocupación que acechaba a aquellos aldeanos, vestidos muy desaliñadamente como si se paseasen por su casa en horas intempestivas en vez de acudir a una formal audiencia pública, con el semblante preso de una inusitada violencia. Ninguno de ellos empuñaba un arma, porque en caso contrario abrían dado orden de abrir juego a discreción, pero todos llevaban alguna. Se notaba en sus frívolos ojos nublados, en sus labios temblorosos y pronunciando toda clase de improperios, en sus gestos sesgados y sin armonía ni concierto alguno. La ira de aquellos aldeanos era como una canción desafinada, todos intentaban seguir los preceptos de aquella colectividad, pero no había valores en común, tan solo ideas sanguinarias, locuras cotidianas para todas las medidas y todos los credos. Nadie sabía contra quien se habían de enfrentar, nadie podía ponerse de acuerdo en cuales eran las pautas de conducta adecuada”. Todos estaban expectantes ante aquello que tenía que comunicar su excelentísimo alcalde. De pronto, cuando parecía que había podido ordenar sus imprecisas ideas y se disponía a articular un coherente pero poco juicioso discurso, se escucharon las campanas de la catedral que enmudecieron sus primeras palabras incomprensibles. Tras el desconcierto inicial y palabras aisladas que se escuchaban por todos los lugares en donde concurría el vulgo, se produjo un momentáneo silencio que dio la confianza necesaria al alcalde para proceder en su ardua labor. Los fantasmales rayos de sol le alumbraban solo a él, como si fuese un profeta sin prestigio que necesita de la divinidad de aquel astro, para que sus palabras fuesen comprensibles. Tras mirar el documento con detalle y comprobar que no había nada digno de mención, emitió el siguiente discurso, con la inexistente esperanza de calmar al gentío: - “Como cada año, nos reunimos para hablar de algo que a todo el mundo incumbe, que es estrictamente necesario para la prosperidad de nuestro amado pueblo. Me refiero queridos conciudadanos a una tradición anclada en nuestros corazones, que ha ayudado con el peso de los años a mantenernos unidos para poder afrontar todo tipo de adversidades. Mi administración y yo somos conscientes que debido a la desidia absolutamente injustificada de un determinado colectivo de funcionarios, la administración pública ha sufrido un duro revés y como consecuencia de ello ha amenazado seriamente a la economía de nuestro ilustre pueblo. No obstante cuando el pueblo esta desunido por motivos internos, siempre es necesario reaccionar contra este percance con la mayor eficiencia posible. Siempre nos hemos caracterizado por ser un pueblo que cada año rinde tributo a la justicia, ejecutando al azar y con previo sorteo a uno de los criminales que están encarcelados. Solamente forman parte del sorteo los criminales de sangre, y aquellos que hayan sido condenados a cadena perpetúa. Cualquier recluso que cumpla con estos dos prerrequisitos es digno de formar parte de mi justiciera lista. El espectáculo y la justicia siempre deben ir unidos, en tiempos de guerra y en tiempos de paz. El sorteo es público, como ya sabéis y con vuestro consentimiento voy a proceder a su ejecución. Si me prometéis que estaréis tranquilos os juro que seréis testigos del más solemne de los espectáculos. En cambio si continuáis armando alboroto, la tradición será llevada a cabo en la clandestinidad. ¿Cual es vuestra respuesta ilustres conciudadanos?”. El grito fue unánime, como si procediera de unos mismos pulmones, de una sola lengua y de unos solos labios: - “Queremos tu cabeza servida en una bandeja”. Aquel tumulto obedecía a un ciego instinto colectivo, el alcalde lo sabía e intentaba por todos los medios que sus menguadas mentalidades se sometiesen a la legalidad vigente. Haciendo caso omiso de aquella grotesca amenaza intentó despertar su instinto asesino por otras vías: -“ aquí tengo la lista que ha elaborado meticulosamente el alcaide. Mis guardas dejaran pasar a un representante vuestro, y él hará los honores al ser la mano inocente. Como cada año el castigo es la horca, y no la pospondré hasta mañana como otros años, porque veo que vuestra sed de justicia (digna de admiración) es mucho más fervorosa que otros años. Queridos conciudadanos olvidaos de los problemas administrativos por un día, y dejad que los juegos, la diversión y la justicia arrinconen a las preocupaciones. Acordaos que es un trance por el que tenemos que pasar nosotros y no vosotros. Elegid vosotros a la mano inocente y se procederá al ansiado sorteo.” Aquellas retorcidas mentes que ignoraban cual era el curso natural de sus emociones, se dejaron seducir por las atractivas palabras del alcalde. Decidieron que su representante fuese un hombre anciano que meses antes había sido elegido por sorteo. Los guardias conteniendo al tumulto con muchos rifles, dejaron las rejas medio abiertas para que pudiese colarse aquel hombre. Afortunadamente ninguno entre los presentes tuvo la osadía de incitar a los demás a un oportuno alzamiento, ya fuese por temor de sus vidas o por compasión a la mucha sangre que podía derramarse. Los guardas escoltaron a través de unos augustos pasillos a aquel anciano, hasta llegar a la ventana desde donde se asomaba el alcalde. Aquel hombre con el ceño fruncido, con largas barbas desaliñadas y calvo, permaneció en silencio hasta que el alcalde lo interrogó: - “¿quieres hacer el honor de sacar la papeleta?”. El anciano le respondió sin inmutarse ante el asombro del resto de los presentes: - ¿me haces esa pregunta porque tu temor te ha incitado a hacerla o porque crees que es verdaderamente justo lo que vamos a hacer?”. Su mirada era penetrante, como si el recuerdo de un sueño mágico estuviese despierto en él. Los funcionarios que lo rodeaban cuchicheaban en secreto las más oscuras de las confabulaciones, porque sentían pánico de que aquel hombre misterioso pudiese escucharlos. Cuando llego un jarrón con papeletas en las que figuraban los nombres de los presos, el alcalde alzó el brazo y la multitud lo aclamó con fervor. De pronto aquel extraño efecto óptico del sol, que nadie había prestado atención en los preámbulos de aquella macabra ceremonia se hizo mucho más intenso. Todos los asistentes estaban consternados, al contemplar como una etérea masa de fuego levitaba muy cerca de la ventana cegando al alcalde y a todos los funcionarios. Aquellos extraordinarios acontecimientos lejos de despertar una incipiente curiosidad intelectual, o una histeria colectiva descontrolada, tan solo despertó el instinto asesino de aquel pueblo maldito. Aquella etérea masa de fuego dijo como si fuese un espectador que se ha mezclado entre el público: - “ alcalde, puedes ordenar al representante del pueblo que saque la correspondiente papeleta”. El alcalde temblando por el frío espiritual que le causaba aquella intrusa llama de la moral y la decencia, hizo un gesto apenas inteligible al anciano y este sacó la papeleta. Sorprendentemente el nombre que había escrito era el nombre del alcalde y lo leyó en voz alta mientras lo enseñaba a los funcionarios. El público enloqueció de placer. El alcalde no supo mantenerse en pie, debido a la tórrida presión que le causaba el averiguar, o como mínimo intuir el peso de la soga en su cuello. El anciano llamó a aquella llama y le dijo: - “ llévame hasta el sol porque aquí no se respira ni la sabiduría ni la justicia, tan solo puedo intuir el nauseabundo olor de la muerte y la enfermedad en todo lo que vivo y todo lo que experimento”. La llama absorbió la esencia de aquel hombre, y convirtiéndose en una luz potente y luminosa llego al sol en milésimas de segundo. El alcalde fue ahorcado al día siguiente, pero aquella oscura tradición siguió perpetuándose año tras año y siglo tras siglo en el demacrado espíritu de aquel hostil gentío.

CAMBIAR DE OPINIÓN

La pregunta A quería entablar una seria discusión con el problema B, y si la situación lo requiriese un turbio altercado. La pregunta A estaba dentro del mundo y el problema B estaba fuera. la pregunta A sentía una profunda repulsa por el problema B, pero no quería deshacerse tan solo de él, sino que además pretendía crearlo a imagen y semejanza del más despiadado de sus enemigos. La pregunta A tenía todo a su favor para desterrar al problema B más allá de las nebulosas fronteras de la realidad, pero tenía un mezquino atractivo, un deseo que se marchitaba solo nacer, una presencia que dotaba de un singular don prohibido desde su misma inexistencia a la pregunta A. El problema B era de naturaleza muy dispar, no podría germinar en el intelecto de la pregunta A, era un rotundo fracaso premeditado, pero no era la coherencia lo que se buscaba, sino crear una torpe necesidad, un delirio mutilado que conocía un terrible secreto. La pregunta A no sentía ningún compromiso ni ningún afecto, pero no estamos hablando de razones ni de sentimientos, sino de acontecimientos que surgen porque si. La pregunta A no estaba en ninguna cárcel, ni estaba coaccionada, pero un sutil capricho de su libertad, le obligaba a tomar esta drástica decisión. El problema B todavía ignoraba los confusos planes de la pregunta A, pero si se miraba fijamente el cielo podría intuirse de algún modo la existencia de una burda mentira de algún lejano oráculo. La pregunta A no tiene palabras para expresarse, porque no las necesita, su mundo es demasiado sencillo y demasiado críptico a un mismo tiempo. La pregunta A era una grotesca y desdibujada rubrica en el fondo puro del sinsentido, era un documento para algunos, y la extravagante imaginación de un psicópata para otros. El problema B era el contenido formal del documento que todavía no había sido redactado por nadie, ni tampoco se conocían sus directrices en sus rasgos más esenciales. La firma quería encontrar un sentido a su existencia, pero el problema B no le quería poner las cartas sobre la mesa. De hecho los papeles estaban mojados, y probablemente nunca nadie podría escribir nada, pero no hay nada que la imaginación malherida no pueda escribir. El camino que lleva la pregunta A hasta al problema B esta lleno de dificultades imperceptibles pero no por ello tremendamente peligrosas. El problema B todavía no vive en ningún mundo, pero la pregunta A ya lo esta creando en la más tenebrosa de las islas. Quiere que el problema B se vengue con armas que no son de este mundo, porque no quiere defenderse contra sus futuros ataques, quiere que su sublime irracionalidad le otorgue una horrenda aura en forma de calavera. El problema B todavía no tiene que atender estos menesteres, pero la pregunta A desea una extraña penitencia, y requiere que el contenido vacío de aquello que ha firmado sea lo más riguroso en la medida de lo posible. ¿Porque la pregunta A es una firma? Porque no es una pregunta que se dice abiertamente sin pudor, sino algo que esta encerrado en una caja hermética pero que se reencarna de un modo misterioso en la realidad constantemente. Lo que todo el mundo sabe pero nadie acierta a adivinar. La pregunta A sabe que tiene que buscar el problema A y la solución A, pero los desestima porque odia aquellas meditaciones que pertenecen a su misma familia. De hecho no sabe nada acerca de la solución B, pero por alguna oscura razón, busca su prometeico horizonte en el problema B. de hecho su existencia no se reduce a nada más ni a nada menos que a ser una torpe rúbrica en unos papeles mojados. En otros términos una ofrenda a un dios enfermo que se llama ansiedad. El problema B esta mucho más enfermo que la pregunta A, por eso el camino esta lleno de invisibles maldiciones. En ningún momento se persigue al entendimiento, tampoco se huye de él, solamente se le deja pasar, ni se le atraca ni se le idolatra. No existe huida, tan solo un íntimo acercamiento en la esfera de lo inescrutable. Nadie dice: “soy yo”. Tampoco:”yo soy como él”. Solamente se dice:” soy lo que busco y eso que busco raramente lo puede percibir”. La pregunta A puede reducirse a un momento o a una eternidad, y por eso a veces busca a un momento en concreto y a veces busca a toda una eternidad. A veces la precisión es un pecado si se esta buscando el problema B. ¿Donde esta ese documento en que ninguna de las partes contratantes ha podido determinar ninguna de las cláusulas, a tenor de una firma confusa y errante? Vaga en el recuerdo de un dios olvidadizo y traicionero. ¿Podríamos decir que esa misteriosa firma es una decisión escurridiza que en ningún momento fue transparente, y que cada vez tiene que escarbar más hondo en la tierra para ocultarse de su incomprensible crimen? Ciertamente, y debido a su incorregible carácter ocultista nunca podemos averiguar cuales son sus planes, y consiguientemente nunca podemos socorrerle en casos de extrema necesidad. De este modo el problema B es a un mismo tiempo: algo que ha existido desde siempre, algo que en cualquier momento puede existir pero nunca existirá. El problema B esta repleto de brumas y de un poder ciego y cruel, a la pregunta A le atrajo su magnética naturaleza al azar, pero todas estas consideraciones no son más que un fruto podrido y amargo de la paranoia. La pregunta A tiene la inquietante facultad de transmitir una reposada serenidad al vacío, por esta razón puede crear a partir de la nada, en cualquier momento de inspiración al problema B. De repente, en cualquier momento en que nuestra sensibilidad vacua no ofrece ninguna resistencia a lo que acontece, es cuando se producen los trueques más infames y más sublimes de nuestra existencia. La pregunta A adquiere rasgos firmes y de carácter escultórico a través de la rúbrica. El problema B, nace como un tirano y como un libertador de arcaicas costumbres a la vez. Las cláusulas han asentado sus principios, en un mundo en que ni siquiera el sujeto responsable de estas deliberaciones vacías es capaz de comprender. El mismo sujeto desconoce que él mismo es un actor secundario de él mismo. La pregunta A ha desaparecido en la triste y necesaria evolución del lenguaje. En su lugar tan solo queda la pregunta B. ni siquiera puede verse la firma en el contrato, porque ya no es necesario el consentimiento ficticio o real del contratante. La pregunta A ha quedado absolutamente desterrada, sabía que aquello que estaba buscando había de matarla necesariamente, nunca tuvo la más remota posibilidad de conocer a su verdugo, pero la pena no fue excesivamente severa porque nunca pudo distinguir la sensación o la ausencia de sensación. El problema B alberga en su seno las mismas disfuncionalidades que su antepasado lingüístico más cercano, pero quiere evolucionar apenas ha visto la tenue luz de la vida. Ahora esta buscando la solución C. la solución C no esta al alcance del problema B, al menos de un modo inmediato. Ya no es suficiente con ser capaz de desarrollar una frívola intuición, la meta no es tan sencilla y autocomplaciente, como en el paso anterior de la genealogía de las decisiones. El problema B siente un despiadado amor hacía si mismo, por esta razón su imperio no es tan fácil de destruir. En esta ocasión ya no es un contrato lo que esta en juego, sino una amarga mirada a un mañana dormido y enfermo. La solución C es una aparente contradicción y el problema B es una aparente verdad. El problema B a diferencia de su antecesor es mucho más autoritario y reaccionario, y no cede ante la imaginación y los buenos sentimientos. La solución C es demasiado oscura, y el problema B es demasiado luminoso. No existe aparente comunicabilidad entre ambos mundos, porque no es el azar lo que los ha de unir, sino una meditación pesada y penitente. El problema B no tiene ninguna intención de encontrar a la solución C, tan solo la benignidad del camino, le arrastra muy lentamente hacía ella. En ocasiones el problema B tiene un amago de voluntad positiva, pero no es más que un burdo espejismo, tan solo es el fluir del camino. Esa mirada no es fácil de encontrar aunque se este sumamente atento, porque la solución C no se esconde en ningún oscuro paraje de la realidad, sino en la interioridad del problema B. El problema B no viaja, esta sentado, mirando fijamente una lúgubre fuente de hambre que no cesa de causarle un dolor insaciable. El mañana lo espera en sus ojos, en sus palabras vacías, en sus tristes quehaceres. La solución C no es ninguna isla, sino una sucesión de estados mentales en que se repite en una misma frecuencia, una verdad ordenada y metódica. El problema B odia el orden y aquello que busca por naturaleza, y sobrevuela su desierto con desesperación y angustia. No se comunica consigo mismo, solamente con lo que le pasa, una turbia dignidad que le da alas para pasearse sin complejos en las más sombrías callejuelas de su desgarrador mundo. La solución C no es más que el poder del destino, y el problema B la busca en sus desahuciadas entrañas. En ningún momento se puede saber que esta más cerca o que esta más lejos, ni el significado del problema B ni de la solución C. del mismo modo que en la rama anterior de la genealogía de las decisiones, el problema B muere sin apenas percatarse. Quien reina el nebuloso reino del pensamiento es la solución C. Poco después en la siguiente etapa el pensamiento evolucionará hasta la pregunta D, después hasta el problema E, posteriormente hasta la solución f y así sucesivamente ad infinitum. De hecho el pensamiento es como un árbol genealógico. No olvidemos que todo árbol para crecer necesita de raíces, y esas raíces provienen de una tierra en que se mezcla constantemente la realidad y la irrealidad. Existe un momento en que el árbol muere por distintas causas. En ocasiones se debe a que las tierras están demasiado nutridas con el abono de la realidad y en ocasiones con el de la irrealidad. Existe un momento en que el equilibrio se corrompe por exigencias que nadie es capaz de comprender. No existe pensamiento que no deba su desarrollo a la armonía de tan irreconciliables estadios de la realidad. Pasar de una rama a otra rama nunca es sencillo porque los cambios frustran muchos cambios y a un mismo tiempo muestran nuevas expectativas. El pensamiento es una ficción que necesita renovarse constantemente, que necesita de nuestra atención y cuidado. ¿Cuando llegamos a la copa del árbol? Cuando las fuerzas de la ficción son tan poderosas como las de la realidad.

BARAJA LA CARTAS

-“Baraja las cartas, artista de la muerte. No las cuentes, tampoco pienses, el mundo y sus absurdas reglas son para ti”. Una araña corretea siniestramente por la mesa, caen gotas del techo, parece que se hace de día pero aquella ventana de madera podrida esta cerrada, las locuras de la noche todavía están vivas en la penumbra de aquel barracón. –“ no hagas montones, deja que tus manos temblorosas piensen por ti. Ya nadie se acuerda de la última apuesta, pero ten en cuenta que cuando se apuesta entre borrachos siempre gana aquel que cierra los ojos más tarde”. Parece que las sombras de las botellas deambulan por el techo como una noria. El borracho más sensible y poético incluso recuerda la primera vez que fue a la feria cuando aún era un rapaz. El humo de los cigarros apenas se puede ver en aquella iluminación enrarecida por la depravación. Es el misticismo del juego absurdo, los números sagrados que vienen y vuelven en las hondas lagunas de su memoria. Al repartir las cartas salen hormigas de los ases, pero ya nadie hace caso de las advertencias del dios pitagórico, las convulsiones causadas por el alcohol son demasiado agudas, los gritos incontrolados han dejado paso a los espasmos silenciosos. –“ las profecías se cumplen a paso agigantado, la belleza del caos y las rudas costumbres han dejado una visible huella en vuestros enigmáticos ojos. Al primero que se duerma le cortaremos un dedo con este cuchillo oxidado. No os esforcéis en querer enseñarme las cartas porque apenas puedo ver nada, cantad lo que tengáis, no confío en vosotros ni en mi desdichada suerte, porque no puedo ver vuestras cartas, ni siquiera puedo ver las mías. Creo que el alcohol estaba adulterado. De todas formas os confieso que tengo 4 ases porque antes marque las cartas, pero ahora no recuerdo como lo hice”. Otra ronda de whisky, ya no se distingue las copas que se usaron como cenicero y las que no. Los ojos del que sirve parecen como los de una mosca de oro, moribunda que revolotea silenciosamente cerca del inmundo grifo de la cocina que nadie se ha acordado todavía de cerrar. Uno de los jugadores de largas barbas y que huele a estercolero, se deshace el nudo de la corbata como puede, y hace un galante gesto con su sombrero de paja, a una sirena que parece que se ahoga en una botella de vino. Todos recitan lo que tienen: “ no hay nadie que tenga menos de 4 ases”. Dado que todos han hecho trampas nadie discute con nadie, porque sabe que si alguien intenta perturbar los ánimos del resto de jugadores, se le rajará la cara con algunos de los cristales rotos que hay en el suelo. Un jugador se levanta porque tiene que ir a vomitar al lavabo. Camino de la tapa del water, puede ver una espectral aparición en el espejo del aseo. Se trata del alma de alguna grotesca sacerdotisa del sexo, que con su babosa cara, sus distorsionadas facciones, y un poco de pus en la mejilla derecha le dice en voz baja para que nadie pueda oírla: - “si quieres acostarte esta noche conmigo tendrás que ganar esta partida. Apuéstalo todo al as, es la única manera de ganar. Este es el oráculo de la salamandra”. Tras vomitar con cierta rabia incontrolada y esfuerzo, volvió a la sala de juego con alguna infundada esperanza de alzarse con la victoria. Poco después cuando volvieron a barajarse las cartas y a servirse otra ronda, uno de los asistentes dijo: - “ ¿ alguien sabe cuanto ha ganado y cuanto ha perdido?”. La respuesta fue unánime: - “ todos habían ganado”. Pero todavía quedaban algunas reglas de etiqueta que no podían sortearse en modo alguno. Los números eran místicos y aquel que había sentido como una araña le salía de la boca, era el ganador y se llevaba todas las ganancias. De hecho esa araña según la antigua mitología de aquel barrio marginal, era la reencarnación misma del dios del juego. Todos llamaron a ese dios de común acuerdo, en aquella secta de bebedores y jugadores, practametón. Uno de los miembros de la secta vio como una araña enorme intentaba escalar su copa de vino. Se indignó ante la osadía de aquel insecto, y cogiendo la botella que tenía más a mano, la estampó contra la mesa, con una furia que haría gracia a unos y pánico a otros. La botella se rompió en mil pedazos y algunos creyeron que la araña había gritado, poco antes de expirar, recitando un numero sagrado, el secreto más bien guardado de aquella institución ilegitima. De hecho creyó que la araña había salido de la boca de su compañero de la derecha, y aquello le produjo un sentimiento de envidia, que no se podría subsanar, ni con el vino de la cosecha más cara. Aquella incidencia tendría la más temible de las consecuencias. Todos los demás miembros de aquella organización espiritual, se levantaron bruscamente de sus mesas y cada uno le dio una puñalada en un sitio distinto. El asaltado apenas pudo oponer resistencia. De hecho la acusación de deicida cósmico se castigaba con la muerte, sin necesidad de juicio secreto, ni de ninguna otra artimaña ejemplarizante. El castigo era instantáneo, no había posibilidad alguna de redención, los números se mezclaban de tal modo en las almas de los miembros de la secta, de un modo tan preciso y coordinado, que sus acciones eran calculadas con una precisión magistral. El instinto crecía en ellos como un volcán mágico, y todos los elementos de la naturaleza se confabulaban contra el agresor. Su muerte era inminente. Tras deshacerse de los sucios despojos de aquel cadáver, dejándolo apartado en el rincón más sombrío de aquella sala, prosiguieron con su partida. De hecho la muerte de un hereje, tan solo era un estadio de la realidad que había que superar, una telaraña de números que acababa por resolverse, el necesario orden del cosmos que pasaba a la acción. Cuando se sirvió una nueva ronda, aquel que barajaba las cartas, se dijo a sus adentros, aunque en voz alta para que pudiera escucharlo aquel triste auditorio de borrachos: - “un artista de la muerte, debe de barajar la cartas como si estas fueran la nauseabunda sarna del pensamiento crítico. Un buen jugador no necesita contar las cartas, las siente dentro de si. Como si fuesen una autopista infernal que lo puede conducir hasta el satélite de algún planeta desconocido. Las cartas son la fuente del azar, cada carta es una gota, cada jugada es un suculento chorro de agua cristalina”. Tras hacer esta rigurosa observación protocolaria, un hondo suspiro infectado de alcohol salió de sus labios. Todos los jugadores miraban escrupulosamente sus cartas, las veían sumamente borrosas y apenas podían distinguir unas de otras. Intentaban hacer en vano los más absurdos cálculos. Se encomendaban en vano a la araña sagrada para que los socorriese, para que les otorgase alguna sensual intuición, el modo adecuado de hacer la jugada correspondiente y ganar. De hecho aquella sociedad secreta no tenía ningún líder, tomaban las decisiones más apremiantes con la ayuda de cabalas y de números extraordinariamente complejos que encontraban en las proporciones de la naturaleza. Algunas ratas correteaban por las paredes, y muchos jugadores distraídos contaban las ratas en vez de sus cartas. Cuando llego el momento de hacer sus respectivas apuestas y de descubrir sus cartas, uno de los jugadores hizo una singular proposición: - “¿Por qué no interrogamos a nuestro dios para averiguar mediante su sabiduría divina cual de nosotros merece ser afortunado en esta jugada?”. Uno de ellos dijo: - “ ¡ creo que me esta acariciando la planta de mis pies!”. Otro de ellos dijo: - ¡ creo que se esta ahogando en una botella de vino debemos socorrerle!. Otro individuo aseguro: - ¡ esta velando por la muerte de nuestro compañero, esta caminando lentamente alrededor de su cuerpo, en un antiguo ritual para que su viaje hacía lo desconocido sea más halagador de lo que un principio parecía ser!. Finalmente aquel que estaba a punto de desmayarse debido a un coma etílico dijo:- ¡ no se ha movido de encima de la mesa, mirad como nos observa a todos con esa prudencia mística!. Parecía ser que la última categórica afirmación era aquella que se adecuaba más a su tosco e insensible entendimiento. Le hicieron un círculo sagrado con botellas de muchos licores. Cada una de las botellas tenía una letra. La araña tenía que ir de botella a botella para responder a sus preguntas. De hecho no era un ritual para comunicarse con otros mundos, porque su dios estaba vivo en este, los números nunca mueren y siempre están presentes en éste. La primera pregunta fue la más comprometedora para todos: - ¿ quien de nosotros morirá antes de que acabe la noche?. La araña entro en trance, y sus patas se tiñeron de plata y su cabeza de rubí. Emitía un destello tan intenso, que por primera vez en aquella larga noche todos los jugadores pudieron verse claramente las caras. La araña paso por las botellas en el orden más desalentador posible: - “todos”. Todos lloraron amargamente en la medida de sus fuerzas, no tanto porque morirían, sino porque su dios a quien tanto habían idolatrado los había castigado. Aquel era el justo castigo, por haberla intentado asesinar anteriormente. De hecho se había reencarnado y su venganza mística tenía un sólido fundamento. Por primera vez en toda la noche dejaron de escucharse sus ininteligibles quejas, y tan solo se podía percibir el grifo de la cocina que había estado abierto toda la noche sin que nadie fuese consciente. La araña voló en aquella penumbra tan abismal, cegando con su destello de luciérnaga maldita los ojos de aquellos depravados. Se posó en una estantería en donde se guardaban libros de ocultismo, e impuso la macabra penitencia a sus fieles, con una voz que no parecía humana sino divina: - “ voy a prender fuego al sagrado licor, esta templo se derrumbara con la llama de mi justa ira, apilad todas las botellas que aún no os habéis bebido y haced uso de cualquier mechero que tengáis a mano. La armonía cósmica ya no necesita de vuestros servicios. Moriréis abrasados por las llamas. Todos nuestros secretos quedaran a salvo en este lugar inexplicable de misterio e incomprensión”. Los fieles obedecieron las ordenes de su señor y al cabo de pocos segundos eran pasto de las llamas. Al día siguiente la policía no encontró ningún rastro ni ninguna pista, que pudiera informarles acerca de aquel suicidio colectivo. Todos los libros, todos sus números sagrados, todos los artículos sagrados de la secta, quedaron absolutamente carbonizados. No será necesario mencionar que todos los cadáveres quedaron absolutamente irreconocibles para el forense. Todo había quedado reducido a miseria y a cenizas. Sin embargo había un detalle inexplicable que nadie había podido explicar: - ¿ como es posible que en los polvorientos suelos en donde se almacenaban todos los escombros hubiese quedado estampada en el suelo, una obra de arte producto del azar, que ni el más trasnochado de los artistas hubiese podido hacer en sus noches de mayor delirio? Una araña inmensa. No pudieron borrar su abominable estigma a pesar de desalojar todos los escombros y de barrer toda aquella ceniza humana. Estas son las pocas crónicas que disponemos de la secta ocultista más misteriosa y espeluznante que se haya conocido jamás: practametón. La mayor parte de sus creencias, rituales y costumbres permanecen ocultos. Pero sería necesario investigar más en beneficio de la sociedad, porque: ¿acaso sabían cuando se acabaría el mundo?, ¿ cual sería el destino de los números y de la impredecible armonía cósmica?. Nadie lo sabe, si alguna vez deciden investigar exhaustivamente acerca de esta lúgubre materia, vayan al descampado en donde se encuentran los pocos restos de aquella casa maldita. Ninguna empresa inmobiliaria ha decidido construir en aquel terreno porque el temible rumor acerca de lo poco que se sabe que ocurrió aquella larga noche, hace que tiemble la conciencia de todos los ciudadanos. Todavía en el suelo puede verse la sacrosanta estampa de una araña carbonizada en el suelo. Pasen la noche y si es oportuna la siguiente cuestión formúlenla sin rubor alguno: ¿ cual es el rito iniciativo para conocer tu naturaleza divina?

VIDA A MEDIAS

“Nací por casualidad, ese es el mayor de mis talentos y la más triste de mis ensoñaciones”. Esta celebre sentencia no dejaba de recitarla constantemente Heleodoro, mientras busca en el armario trastero, algo que sabe que no va a encontrar; pero es demasiado obstinado incluso en aquello que carece de la más remota esperanza. Heleodoro es un singular cruce entre hombre e ilusión. A veces existe y a veces no, pero lamentablemente nunca es consciente de ello. En incontables ocasiones desaparece espontáneamente durante el transcurso de nuestras conversaciones, él sabe que puede ocurrir en cualquier momento, por eso siempre habla con mucha elocuencia y matizando con rotundidad sus puntos de vista. Sus apariciones no tienen ningún vínculo causal, como tampoco sus prolongadas ausencias. No obstante, esta atado a mis vivencias con férreas cadenas. Es un personaje que no tiene ningún trasfondo ni ninguna interioridad, porque su existencia tan solo depende del más ciego azar. Siempre que lo veo lo reconozco, aunque no son los confusos rasgos de su fisonomía los que lo delatan, tan solo su inseparable condición de efímero, de triste viajero del tiempo. Intentaré describirlo, aunque no en sus rasgos más esenciales, porque eso sería una tarea interminable, ya que su escurridizo ser no se rige por los cánones de la lógica, sino que se manifiesta a partir de sensaciones inexplicables. Tan solo puedo narrar con cierto rigor cuando lo conocí, porque el resto de apariciones o bien carecen completamente de sentido o son tan vacuas que mi débil memoria no puede asociarlas en modo alguno. Me encontraba en un rascacielos, y mientras miraba hacía abajo, escuché un grito, como si alguien se estuviese precipitando al vacío. Eché un rápido vistazo a mí alrededor, pero no pude ver absolutamente a nadie. Era el eco de la nada, la sombra negra de la vida que jugaba con mis temores. Era una ahogada voz que resonó en mi interior, las débiles palpitaciones de una quimera que paulatinamente se mezclaba de un modo misterioso con mis sensaciones y pensamientos. Mientras el desconcierto crecía en mí, noté como una mano invisible me palpaba la espalda. Me gire, y contemple por primera vez a Heleodoro. Llevaba una gabardina, gafas gruesas y una cara descompuesta de dolor. Su primera reacción al ser consciente de que existía y que se podía comunicar, fue preguntarme: - “¿tiene algún sentido decir que era yo, aquel que se precipitaba al vacío?”. Sin inmutarme le respondí que esa pregunta le pertenecía a él pero no a mí. Existen ciertas fantasías y ciertos héroes que nacen a partir de una explosión de esplendor, pero su caso fue completamente contrapuesto. Nació cuando el vacío se estaba ahogando, como la mayor parte de los actores secundarios. Posteriormente me dió la espalda avergonzado, e irritado consigo mismo, y se desvaneció instantáneamente como si hubiera recibido un tremendo hachazo de realidad. Me quedé absortó mirando las lejanas calles, que parecían los vestigios de una olvidada historia, intentando encontrar un sentido a la inquietud de aquel personaje vago e incomprensible. Después he sido testigo de su errática presencia en indefinidas ocasiones. A veces lo veo deambular por las calles desde mi ventana, parece que esta buscando algo pero nunca puede encontrarlo, se queda sentado en un banco y hace intempestivas preguntas a los transeúntes, algunos no pueden verlo, y los que pueden verlo no comprenden lo que dice y lo esquivan con suma facilidad. A veces me interrumpe mientras estoy leyendo, o cavilando acerca de enigmas, se sienta en el mullido sofá, y entrecruzando las piernas, me interroga con frialdad. Siempre adivina lo que estoy pensando, parece la jaula de mis palabras, las turbias fronteras entre el sueño y la incomprensión. Me hace retroceder, me arrincona en su palacio congelado, me lleva hasta allí con sus inexistentes fuegos de artificio, creo que es un gran orador. Nada le avisa que puede desvanecerse en cualquier momento, pero habitualmente como toda sombría sensación ocasional, sabe desguarecer al alma de todos sus refugios. En ocasiones me despierta y me recrimina mi injustificado descanso recordándome que en cualquier momento puedo dejar de percibir el mundo, me habla desde la perspectiva de un espejismo que esta acostumbrado a morir. Me quitaba las sábanas, y el magnetismo de sus borrosas manos y su irreconocible voz, ahondaban en los primeros tristes esbozos de mi vigilia. Sentía que mi cuerpo estaba aplastado en la cama, como si fuese una estatua de acero, hundida en una miserable nadería. Cuando estoy ocupado en mis quehaceres, siempre me reprende mi ineptitud. A medida que sus acusaciones son más consistentes y rebuscadas, sus ojos van perdiendo cada vez más brillo, como si la inexistencia me sedujese con su insípido perfume. Como si el espejo de la vida desapareciese. No es un simple efecto óptico, o un rebuscado gesto teatral, es un abominable velo, una voz disfrazada que viene de todos los lugares pero a un mismo tiempo no proviene de ninguno. Paradójicamente sus artimañas dialécticas ganan en sutileza, cuando no pretenden expresar nada con un sentido preciso, o expresándolo con mayor nitidez cuando llega a la nada desde todos los términos positivos y negativos que utiliza, o sea; desde todos los extremos. El sentido se funde en sus labios, como si fuese la misma vacuidad de la vida que fluye en todos sus inoportunos comentarios. No existe ningún intervalo de tiempo desde el cual pueda predecir su próxima aparición, porque sus reencarnaciones no buscan ningún estadio de la realidad, no es un ser que este sustentado por ningún impulso anímico. Su personalidad es muy inestable, porque es un ser ficticio que ha sido dotado de una innata capacidad, para desenvolverse con soltura en situaciones que han de extinguirse de un modo inminente. No tiene sentido decir que siempre deja asuntos pendientes, porque al tratarse de una entidad espontánea no tiene ningún proyecto vital delimitado por estrictas fronteras. A medida que habla su mirada desaparece en el vacío, como si fuese un espectro que funciona con baterías, y el mismo poder de sus palabras hiciese que consumiese más energía espectral de lo necesario. En mi humilde opinión podría afirmar que es demasiado real para considerarse un ser ficticio y demasiado ficticio para ser considerado un ser real. A veces ahorra el aliento, pero a pesar de sus esfuerzos su aparición es demasiado fugaz, y en ocasiones esta surtido de pasiones y tarda mucho en desvanecerse. Heleodoro es muy flemático pero no puede disimularlo aunque lo intente, sus nebulosos ojos le delatan constantemente. una de las pocas preocupaciones que se ha encargado de transmitirme, es su temor a envejecer. Yo siempre le respondo que como vive a veces sí y a veces no, su alma hiberna constantemente, y por esta razón su desaparición definitiva aún no puede avistarse en el horizonte. Solemos comer juntos, finge que le gusta aquello que cocino, pero sé a ciencia cierta que no tiene paladar y que no puede catar mis manjares. Es un fumador compulsivo, pero no siente el humo, le gusta mucho verlo levitar en el aire. Cuando aparece por un prolongado periodo de tiempo y esta consciente dos o tres días seguidos nunca puede dormirse, padece de insomnio porque no conoce otro sueño que el de la muerte. Siempre me pregunta: - “ ¿me ves bien?”. Yo siempre le respondo por cortesía que sí, porque si le digo que me resulta irreal siente una honda tribulación, y no cesa de perjurar y entrar en un amargo estado de éxtasis marginal. Veo sus facciones muy indefinidas, apenas puedo escuchar su voz entrecortada. Cuando no puedo entender sus preguntas siempre improviso algo para que no se enoje, pero cuando su voz no me resulta audible se siente muy desdichado. Tras todo lo expuesto supongo que pensaran que he perdido la cordura, y que Heleodoro es un amargo subproducto de mi locura. Pero no es mi percepción la que deben ustedes juzgar, sino las complicadísimas razones metafísicas de su existencia, así como su fugacidad, y su perpetúo reencuentro con la nada. No se trata de ninguna creencia, tan solo es un hecho borroso e incomprensible como el fluir del tiempo. Heleodoro es un milagro para algunos y una absurda carga para otros. ¿ es alguien real o alguien irreal?. De hecho no es ni lo uno ni lo otro, tan solo una incomprensible mezcla de las dos. No podemos encasillarlo dentro de la iconografía popular como un fantasma, porque no tuvo ninguna vida pasada, tan solo es algo que apareció un día sin motivo aparente y no ha cesado de incordiar a todo el vecindario desde entonces. No hay nadie que pueda intuir su próxima reencarnación, porque su realidad o subrealidad están muy lejos de este mundo. Tal y como apuntaba en los inicios de mi exposición, heleodoro buscaba algo en el armario trastero. Por un momento creyó que si usaba mi vestimenta sería más real, y podría prolongar sus apariciones. Intenté convencerlo en vano de la absurdidad de su razonamiento, pero intentó encontrar la prenda que fuese más singular para que su honda apariencia pudiese hacer de él un auténtico individuo. Su gabardina característica le quedaba como anillo al dedo, pero él buscaba otro retrato alternativo. Entonces no se atrevió a rebelarme su temible secreto: todas las prendas que revolvía en el armario eran una copia idéntica de su gabardina. Su mirada nunca podía expresar nada, y aquello le causaba un tremendo complejo, el mundo se hundía dentro de él, como el aire dentro del espacio. Las palabras pasaban dentro de él, pero no las sentía, de la misma manera que las leyes físicas actúan en el mundo. Tenía la apariencia de ser un hombre joven, pero no era la juventud lo que buscaba, tenía la eternidad grabada en una abominable hoguera. A veces podía verse en los espejos y a veces no, dependiendo del grado de realidad en que se manifestase en aquellos precisos instantes. El hecho de poder verse reflejado en el espejo nunca dependía de su voluntad, porque del mismo modo que no podemos elegir el hecho de existir, tampoco podemos elegir el hecho de no existir. Siempre suelo preguntarle que siente cuando desaparece: -“normalmente dice que no ha sentido nada, que ha navegado en una ausencia infinita. Muchas veces me relata ingeniosas invenciones para justificar sus prolongadas ausencias, pero yo sé positivamente que miente porque necesita fingir que existe cuando no existe para poder sentirse vivo cuando lo esta”. Al ser tan contingente no esta dotado de un sentido de la moralidad similar al nuestro, aunque se asemeja en muchos casos, pero hemos de ser comprensivos ya que la dimensión de su existencia además de ser incomprensible para nuestro limitado intelecto, tiene muchas carencias obvias de las cuales somos perfectamente conscientes. Cuando vuelve de sus “viajes” no recuerda quien es, pues su constante renacer es una batalla para reafirmar su identidad. Tiene infinidad de lagunas en su memoria, pero muchas no pueden volver a emerger, porque simplemente ya no existen. Odia la naturaleza humana, porque no puede asemejarse a ella, pero es el único eslabón perdido con el que puede soñar. En sus arrebatos de histerismo me suele preguntar: - “¿ te recuerdo a un perro?, ¿ te recuerdo a un caballo?, ¿ te recuerdo a un planeta?, ¿ te recuerdo a un dios?”. Una respuesta sincera sería: - “eres una burda imitación de un ser humano”, pero eso sería demasiado cruel. De hecho no puede recibir ningún tratamiento psicológico, porque su naturaleza es muy dispar y cambiante, y no tiene paralelismos con la psicología moderna. Hace poco, me llevé una sorpresa muy desagradable. Tras abrir la puerta de mi casa, entró a un horrendo monstruo tumbado en el sofá. Tenía el cuerpo de un perro y la cabeza de un hombre. Estaba llorando amargamente, por desgracia pudo ver su imagen reflejada en el espejo. Todas las esperanzas de encontrarse a sí mismo se habían esfumado. El trasfondo irracional de su naturaleza, parecía que quería alejarlo de su condición humana. Intenté darle ánimos, mostrándole que se trataba de algo pasajero, que de la misma manera que ahora tenía patas de perro, mañana podría tener un cuerpo sólido e inalienable. Desafortunadamente desapareció antes de que pudiera comprender el significado de mis palabras. Su siguiente aparición fue mucho más tenebrosa. En esta ocasión tenía cabeza de perro y cuerpo de pájaro. Apenas se podía comunicar. Tan solo podía ladrar como un perro apaleado, mientras revoloteaba torpemente por el techo, como si alguien le estuviese persiguiendo. Paulatinamente el devenir de su naturaleza se fue corrompiendo cada vez más, y aunque continuaba siendo inestable las formas de su expresión cada vez eran más denigrantes. La posibilidad de comunicación cada vez era más remota, pero a un mismo tiempo los síntomas de su padecimiento cada vez eran más agudos. En la última vez en que pude apreciar algo de su ancestral naturaleza humana, fue cuando tenía la cara de gusano y el cuerpo de roca. Se intentaba agitar por el suelo, pero la roca que tenía por tronco le pesaba demasiado y no se podía mover. Sorprendentemente y contra toda naturaleza su nómada naturaleza se estancó en una piedra. Llegó un momento en que sus señales de vida se desvanecieron por completo y deje de sentir lastima por él. El egoísmo del olvido me visitó y finalmente acabe pensando: - “verdaderamente nunca ha sido un auténtico ser humano”.

EL TRIBUNAL DE LAS FREGONAS

La casualidad y otras causas de índole diversa, me condujeron de un modo premeditado por parte de elementos psíquicos de difícil comprensión, a someterme a las implacables leyes del tribunal de la fregona. Resulta escandaloso, tener que acatar unos preceptos que me alienan, que me someten a odiosas críticas sin indulgencia alguna. Quisiera ser invisible, desvanecerme entre la hostilidad, que todas mis apetencias se desarraigaran de la vida. Desearía que la torpe legislación del cuarto trastero me eximiera de mis culpas, aborrezco tanto ocultismo, tantos secretos que no pueden confesarse, tanta maldad y perversidad que levita en el aire enrarecido del cuarto trastero. El tribunal esta compuesto esencialmente por fregonas, que descansando en sus respectivos cubos y alimentados espiritualmente de la higiene moral de la lejía, dictan sus decretos desde la olvidada penumbra del cuarto trastero. Algún día conquistarán la ciudad, transformados en viles guerreros, en siniestros despojos de nuestra imaginación extasiada. El palo les servirá como arma, también el mocho pues lo impregnaran con residuos tóxicos. Saldrán de su escondrijo sin hacer ruido, y antes de que cante el gallo, la plaga de fregonas, empezará a desfilar por las aceras mientras ellas mismas tararearan un himno triunfal. Agredirán indiscriminadamente a los transeúntes, su misma irracionalidad les otorgará una extraña existencia, un sórdido motivo para vivir. Su mismo instinto colectivo, puede hacerlos extraordinariamente poderosos, porque no valoran el sufrimiento individual, sino las incomprensibles ordenes que han sido dadas de arriba. Se mezclaran entre el gentío, y crecerán de un modo proporcionado a como lo hace una tribu de insectos. Procrearan en sus respectivos cubos, tendrán una reproducción asexual, y dentro de esa lejía profiláctica, se engendrarán las nuevas generaciones de fregonas. Los embriones de fregona, tendrán la misma memoria genética que sus antecesores, y cuando haya crecido lo suficiente, asesinaran a las personas con sus golpes y su veneno tóxico. No existirá ninguna fregona que pretenda gobernar sobre las otras, porque son una sola mentalidad, disponen de un evolucionado panteísmo social. Es una sola conciencia repartida en infinidad de lugares. No obstante sus meticulosas estrategias militares están muy bien trabadas. Saben que fregonas deben de custodiar los cubos en donde se gestan los embriones, saben cuales de ellas deben de pasar a la acción. Cuando una fregona esta vieja, debe de ir al cementerio de fregonas, pero no existen piadosas ceremonias funerarias, ni arrepentimiento, ni dolor, porque no tiene cabida en una sociedad perfecta como es la de las fregonas. Sin embargo, todavía son una sociedad demasiado primitiva, permanecen ocultas en mi cuarto trastero, porque saben que la genética ha de evolucionar en su especie hasta convertirla en una raza perfecta. Ellas tendrán la supremacía, pero de momento no son nada más que meros utensilios domésticos que han adquirido los primeros rasgos de autonomía. Han empezado a reproducirse pero eso sí, muy lentamente, y además tienen tenebrosos poderes psíquicos. Hace un año compré una fregona y ya son diez. Es una raza que esta destinada a gobernar la economía y las leyes humanas, pero de momento tan solo han sido capaces de dominarme a mi. Yo soy una microsociedad, pero analizan meticulosamente todos mis influjos sociales para poder procesar más información, y disponer de más datos para actuar en consecuencia. Se comunican conmigo telepáticamente, y a partir de mi lenguaje han podido crear otros mucho más perfectos. Dominan mi voluntad, y me obligan a sintetizar químicamente en un laboratorio la lejía que ellas necesitan para pensar y para reproducirse. La voz que escucho en mis adentros me perturba, y me obliga a guardar silencio. Tengo los labios sellados y no puedo comunicar a mis congéneres la turbia amenaza que se cierne sobre ellos. Castigan mi ineptitud, y si algún día no logro traer la lejía que necesitan, o desvío mis pensamientos hacía derroteros que se alejen de las necesidades de su especie, me obligan a acudir al cuarto trastero y me sentencian a varios garrotazos de fregona, dependiendo de la severidad de mi falta. Yo soy su único intermediario con el mundo, y mediante mi alienado pensamiento pueden averiguar que es aquello que acontece, y como deben utilizar esa información para aniquilar a la humanidad cuando sea propicio. En el cuarto trastero no cesan de discutir, porque todavía no son una sociedad perfecta, ya que su mente todavía no se ha fusionado en una sola. Sus intereses viajan por un esperpéntico laberinto, y aquella de las fregonas que llegue al final del sendero, se convertirá en el automatismo puro de las siguientes generaciones. Estoy conectado psíquicamente a ellas, y puedo percibir a cada momento, cuales son sus planes. Su conciencia es como una máquina. En ella están conectados muchos cables, y cada uno de estos cables es una fuente diferente de alimentación, un modo distinto de concebir el mundo. Para que la máquina esté dotada de mayor perfección debe de procesar toda la información desde un único punto de alimentación. Entonces la máquina de su conciencia se convertirá en un organismo espiritual, en un infalible arquitecto político que diseñará los más eficientes planes bélicos. Su alma esta dividida y por esta razón sus leyes son cambiantes. Aunque parezca mentira en el cuarto trastero de mi hogar es aquel lugar en donde se esta forjando el destino. Ya no puedo sentir ningún temor a excepción de sus implacables decisiones punitivas, porque mi autonomía se ha desvanecido por completo, las fregonas han absorbido toda mi personalidad, para preservar los intereses de su organización espiritual. Yo no soy más que el más deleznable de sus súbditos y a un mismo tiempo, el único instrumento del que disponen para garantizar su porvenir. Esta mañana me han llamado, mientras estaba tramitando algunas gestiones en la oficina en donde trabajo. Al parecer había olvidado que tenía que traerles lejía de mayor calidad, porque si están secas, sufren un malestar análogo a nuestra hambre. Las fregonas todavía distan mucho de convertirse en un solo individuo, para poder constituirse como una sociedad inexpugnable. Lo único que las une es su conciencia de raza, es un sentimiento patriótico mucho más elevado que ninguna de las historias de nuestras civilizaciones, sin embargo ya se han cometido tres asesinatos. La historia de la raza de fregonas en ocasiones se ha escrito con sangre. Algunas fregonas tenían un gen defectuoso que les hacía exaltar su individualidad, o bien tendían a hacer el bien a individuos que no eran de su misma prole. No era necesario ningún juicio, todas las fregonas arremetían contra aquella que era defectuosa y la molían a palos. Partían en varios trozos el palo de la fregona y yo siempre era el encargado de enterrar sus lúgubres restos en el jardín. Era una batalla encarnizada, pero como todas estaban hechas del mismo material, era lógico que siete fregonas pudieran contra una. Todas las fregonas arrinconaban en el reducido espacio del cuarto trastero a la culpable. Mientras tres o cuatro fregonas erguidas sostenían a la agredida en el suelo, las otras aprovechaban su inmovilidad para partirla en varios pedazos. Aquellas fregonas que intentaban defenderse demostraban que tenían cierta autonomía y las que no demostraban tener un cierto arraigo con aquel panteísmo social. En ocasiones la condena no era debido a una infidelidad de pensamiento sino a alguna tara física o psíquica del orden que fuese. A mí siempre me han tratado como un extranjero a pesar de que se hospedan en mi casa, y siempre que viene algún visitante aparentan que son seres inanimados, para no levantar sospechas. Entre ellas suelen comunicarse con el pensamiento, pero cuando la disputa tiene cierta intensidad, dan golpes contra la pared o contra el suelo en un secreto código que no he sido capaz de desencriptar nunca. Tras abrir la puerta carcomida, me senté en una silla, a la espera de que se pronunciara sentencia. Las fregonas me rodeaban en un siniestro círculo. El olor a lejía era insoportable, al parecer se había producido un altercado en mi ausencia, pues aquel charco que no se había lavado era un incontrovertible testigo. A pesar de que nuestra conexión psíquica es infalible, cuando la ira aumenta en dosis incontroladas se produce un misterioso fenómeno, gracias al cual nuestra perpetua comunicación se ve interrumpida. De hecho, existen algunos desarreglos en la evolución, pues no todas las fregonas tienen el mismo comportamiento, ni cumplen con las mismas funciones. Supuestamente la aparente diversidad colectiva, tan solo es una estrategia de la especie, para que en un futuro unas fregonas cumplan con una tarea, y otras fregonas cumplan con otras. La homogeneidad es la única estrategia sensata que puede emplear la especie. Existen algunas fregonas que levitan en el aire, y después se caen, como si estuviesen aprendiendo a volar, supuestamente su función en la futura sociedad perfecta será la de filósofos o ideólogos. Existen algunas fregonas que vuelan constantemente y nada las puede empujar hasta el suelo, como si la gravedad no existiera para ellas, supuestamente su función en una sociedad del futuro sea la de políticos. Existen algunas fregonas que caminan arrastrándose mediante el mocho. Son la mayoría de ellas y en una sociedad futura desempeñaran el cargo de ciudadanos vulgares. Existen algunas fregonas que no pueden moverse, y que no se diferencian en nada de una fregona común. Estas fregonas están completamente locas y probablemente la raza acabará con ellas mediante la selección natural. No puedo apreciar nunca una jerarquía entre ellas, es una sociedad tan desarrollada, que las diferencias más sutiles a pesar de ser muy relevantes, apenas pueden apreciarse. Una de las fregonas que lamía tristemente el suelo como si quisiese limpiarlo me dijo: - “supongo que eres consciente de los motivos que te han conducido nuevamente ante nuestra presencia”. Yo respondí humildemente y en la medida de mis posibilidades: - “no he hecho lo suficiente para servir a vuestra organización espiritual”. Una fregona que levitaba por los aires, y que se burlaba de mi de un modo sarcástico pasándome el mocho chorreando por el pelo me dijo: - “existir se ha convertido en un delito para ti porque conoces todos nuestros secretos. Debes ser exterminado por el bien de nuestra comunidad”. De pronto sentí mucho calor, que me asfixiaba, aquel nauseabundo olor ya no era connatural a mí. Varias fregonas se dedicaron a cerrar las persianas del cuarto trastero y a apagar la luz, para que mi ejecución tuviese lugar en la más absoluta penumbra. Probablemente me molerían a palos como solían hacer con el resto de sus congéneres. Me resultaba irritante morir en el olvido después de haber servido durante tanto tiempo con tanto interés las necesidades de aquella comunidad. Cuando se hubo cumplido con el protocolo de rigor, pude sentir dentro de mí los más incontrolados y apagados golpes, el más despiadado silencio. Aquella ejecución era narcótica, ni siquiera podía ver con claridad el rostro de mis verdugos. Aquella confabulación irracional era demasiado inquietante. Aquellos instrumentos de tortura que disponían de autonomía propia, me causaban una mezquina disfuncionalidad en mi modo momentáneo de percibir el mundo. Era un dolor apagado, como si sintiera que al desconectarme de aquel inmenso ente psíquico desaparecieran todos mis recuerdos y toda mi vida anterior instantáneamente. No intenté evadirme de mis agresores, porque sabía que no existían del mismo modo, que tampoco podía existir mi dolor. Aquellas fregonas eran un ejército demasiado poderoso, como un animal esquizofrénico que ha surgido de la nada, y que es capaz de llevar a cabo la más siniestra de las torturas. Mi condena no era ni objetiva, ni subjetiva, simplemente era una sensación angustiosa sin ningún posible paralelismo con la realidad. De pronto, cesaron los golpes, cuando prácticamente estaba inconsciente, pues un bebe fregona acababa de nacer de un cubo y pregunto a sus mayores las razones de aquella hostilidad despiadada. Todas las fregonas continuaban vigilándome en su sacrosanto círculo. El bebe fregona dijo: - “¿ porque asesináis a este hombre en la penumbra?. No hay ningún asesino, ningún traidor, que merezca semejante castigo. Todas las ejecuciones deben de hacerse a la luz del día. La luz es la fuente del bien y del mal y no debe de haber ninguna justicia que huya de su sabiduría”. Los mayores quisieron complacer los desorbitados caprichos del bebe fregona y fueron a abrir la ventana. Aproveché aquel momento de distracción( pues nuestra unión psíquica había llegado a su fin, y no podían dominarme de otro modo que no fuera mediante la fuerza), para correr hasta la puerta, abrirla y cerrarla detrás de mí. Las fregonas clamaban justicia, y no cesaban de aporrear la puerta. A pesar de que tenía todo el cuerpo hecho añicos, intenté elaborar un ingenioso plan para deshacerme de aquellas fregonas malditas. Pronto derrumbarían la puerta y se abalanzarían contra mí. Por otro lado no tenía fuerzas para huir, porque eran muchas fregonas y en cualquier momento podrían darme caza, no podía esconderme en ningún lugar, aquellas fregonas eran demasiado astutas. Además estaba en juego el destino de la humanidad, porque si aquellas fregonas evolucionaban genéticamente, cada vez se volverían más inteligentes, y su instinto colectivo sintetizaría en una sola mente virtual todos los intereses de la especie, algo de lo que no es capaz la raza humana. La única solución era prender fuego al cuarto trastero, no me importaba asesinar al bebe fregona, a pesar de su reducida edad, la supremacía del planeta tierra estaba en juego. Cogí muchos periódicos viejos, y tras hacerlos arder, los tiré por un agujero que había en la puerta, debido a los incesantes golpes de las fregonas. Los gritos de las fregonas eran espeluznantes, intentaban refugiarse en los cubos repletos de lejía para resguardarse del incendio, pero debido a que solo cabían unas pocas, la misma batalla por poder entrar les impedía acceder en el interior. No tenían ninguna consideración por el bebe fregona, y este murió devorado por las llamas poco tiempo después. Debido a que era un palo todavía muy corto, las llamas no tardaron en destruirlo por completo, además la gloriosa herencia genética de sus antepasados más inmediatos todavía no había tenido tiempo de manifestarse en él. Miraba aquel espectáculo dantesco de un modo sombrío. Ya no estaba bajo el influjo mediático del poder psíquico de aquellas fregonas. Las fregonas morían lentamente aunque de un modo firme e irrevocable. Se arrastraban por el suelo intentando respirar en vano, otras se colgaban del techo pero las llamas no tardaron en alcanzarlas. Aquella oscura conciencia colectiva tenía las horas contadas. Poco después dejé de oir gritos, todas aquellas fregonas malditas habían muerto carbonizadas. En parte me sentí responsable por la desaparición de aquella raza tan perfecta de fregonas, pero en parte comprendí que estaba en juego la supremacía de la humanidad. Al tirar a la basura los palos de aquellas fregonas carbonizadas, observé ante mi sorpresa y tristeza que tenía alguna analogía con la naturaleza humana. De los palos de la fregona se empezaban a bifurcar algo muy parecido a nuestras extremidades. Tal vez las generaciones futuras hubieran tenido un organismo muy similar al humano. El mocho acabaría seguramente por ser la cabeza. Sentí mucha pena por la muerte del bebe fregona y le di sepultura en un lugar apartado, no quería que descansará en el vertedero junto al resto de criminales. El agua de la lejía la tiré por el w.c y ante mi sorpresa mayúscula descubrí que se estaban gestando algunos embriones de fregona, pero tiré de la cadena sin reparo porque sabía que antes de la moral y la ciencia, nos hemos de enfrentar al inalienable valor de la perpetuidad de la especie.

QUÉ ES EL ALMA

- “¿que es el alma?”- pregunto el buitre extendiendo sus regias alas desde el acantilado maldito. Su pregunta era como un cuchillo que rasgaba impúdicamente el telón del cielo, liberando al hambre de su cautiverio estelar. La tarde entre gemidos de viento infame, convertida en la anacoreta que ningún peregrino ha encontrado jamás, respondió desde las amargas lágrimas plateadas del sol: - “tu sobrevuelo carroñero en las peñas solitarias de una lejana isla”. El buitre, a pesar de que era un insigne artista del luto, no conocía aquel paradero desconocido. Quería emprender aquel infatigable viaje, pero las olas con el conjuro de su música escultórica, le disuadían de su exacerbado proyecto vital. Una tormenta se avecinaba, su instinto de muerte se despertaba en el dolo de la bruma, había de convertirse en el guardián de aquel acantilado, no podía viajar a donde el viento le tentaba. Parecía el secreto ojo de la tarde, el guardián de aquel acantilado en donde la tenebrosa música del mar va a morir. El buitre quería encontrar el alma, en su vuelo sangriento y satánico, pero aquel apeadero de sueños imposibles lo tenía preso. Cada ola era como el espíritu de un difunto penitente que le susurraba al oído: - “quédate aquí a cobijar nuestras almas, tú eres aquel que custodia el misterioso puente en donde se unen la eternidad del dolor y las inquietantes promesas del presente”. Cuando el buitre volaba, percibía su libertad en sus erráticos ojos, el revolotear de sus alas era una extraña fuente de ceniza, todos sus sueños mágicos se convertían en la ceniza que no ha sido sepultada en campo santo. Pero estaba atrapado, como si hubiese de convertirse en el guardián entre el doloroso sueño mortal y la penumbra de una noche eterna. El alma del mundo vive en sus catatónicos ojos, porque él es el viajante de una ficción que esta condenada a no encontrarse jamás a sí misma. Aquel acantilado era una secreta puerta de un desconocido templo, la noche eterna había elegido al buitre como su guardián. El buitre angustiado en sus adentros se volvió a preguntar: - “¿que es el alma?”. El moribundo sol le respondió mientras se ahogaba lentamente en el mar: - “una pesada claustrofobia, una vigilia tristemente lúcida, un mundo inmenso sostenido por dos o tres palabras mezquinas”. Las olas eran una hueste de difuntos legionarios de extintos ejércitos que le respondían desde su marchito presente: - “ no te preocupes por el alma repugnante buitre, cuenta los infinitos estallidos en el acantilado, la muerte es como una amarga sinfonía mientras el tiempo se estremece, cada uno de nosotras somos una nota de la balada maldita de la muerte”. El buitre movía agónico e impávido su regio plumaje, quería encontrar el alma en aquella isla secreta, pero su condena consistía en convertirse en el pérfido vigilante de aquel acantilado. El viento helado como un cadáver volvió a susurrarle al oído: - “la bahía de aquella isla secreta aguarda la única de las libertades que tu taciturno semblante carroñero puede otorgarle: la de tu vuelo sagrado, en una ceremonia nupcial con la muerte”. El buitre quería sumergirse en su sueño negro viajando por el mundo, en la búsqueda de aquella isla maldita, pues viajar a la isla significaba una muerte en que el mundo se agranda por momentos, y quedarse en aquel acantilado significaba una muerte en que todo se empequeñecía por momentos, debido a la constante escisión interior del presente. De hecho tan solo se puede comprender el alma en una muerte en la que todo se hace más grande, un agujero letal, que crece a ritmo vertiginoso, desdibujando paulatinamente en unas dimensiones imposibles todo el mundo existente. En cambio una muerte en la cual todo empequeñece es como un agujero que cada vez es más pequeño y que absorbe progresivamente todo lo que existe. Como si fuesen dos dimensiones que existen simultáneamente en una misma realidad, el viento evocando aquella isla y las olas su claustrofóbica muerte dijeron al unísono: - “nosotras somos el alma”. El buitre estaba desconcertado, su augusto viaje alrededor de la vida y la muerte no había hecho más que empezar. El sol que estaba a punto de ahogarse en el mar, en sus delirios de naufrago ansioso le dijo: - “viaja hasta la isla prohibida, la noche mi hermana bastarda y de la muerte, te protegerá en su velo púrpura, no te quedes en este duelo en el que no has sido invitado aunque las olas así te lo aseguren”. Aquel acantilado que lo tenía secuestrado, era un extraño pedestal, en donde el buitre era el rey de un sueño nauseabundo, en donde colores de vida y de muerte se mezclaban en un cuadro obsceno. Por un lado pensaba que necesitaba unas cadenas para no poder escapar de su insaciable y mortificante destino, su aura carroñera era tan inmensa que podía viajar hasta la muerte más lejana y regresar acto seguido. Aquel buitre era el guardián de la muerte, de las profecías exabruptos y calamitosas que se ven reflejadas en sus míseros ojos.

REDENCIÓN TEMBLOROSA

Me la encontré perdida en una pesada bruma de ideas dispersas. No era una mujer convencional, aunque hubiese jurado que no se esconde, no podía verla por razones ajenas a mi comprensión. Era mucho más que una burda abstracción, o un aparatoso juego de ilusionismo, era el siniestro baricentro en donde muchas emociones inquietantes encuentran su fantasmagórico vínculo. Si las emociones fuesen figuras geométricas que se entrecruzan entre sí, en infinitas dimensiones y estadios de realidad que nadie puede concebir, ella sería simultáneamente la vida y la destrucción de todas ellas. Esa mujer es el agujero negro de todos mis recuerdos, aquella que dicta de un modo impreciso y enigmático la dimensión moral de mi vida. Es la maestra del instante y del sinsentido, el originario caos haciendo deleznables acrobacias en lo más hondo de mi psiqué. No tiene ninguna razón para existir en las opacas lagunas de mi alma, pero no puedo contradecirle en nada porque nunca puedo comprender hacía donde apunta la flecha del sinsentido. Siempre me vigila, y aunque no puede comprender nada de lo que hago, siempre sabe lo que estoy haciendo. Sé que aquella mujer es el eslabón perdido entre la vida y yo, pero es un peldaño vacío, no hay ninguna escalera que pueda acceder a él. Es como una palabra muerta navegando en la oscuridad, aquello que el destino se comió con sus fauces negras. Es como una flor maldita sin raíces en la tierra, una caravana enlutada que desfila en el ocaso de un sueño sin dueño. Su lenguaje es como plumas encantadas que desaparecen en el aire, aquello que no pertenece a ninguna edad ni a ninguna época, pero que se mezcla intempestivamente en todas ellas. Es la inspiración del viento helado, su improvisado peregrinaje en la más calamitosa de las noches. Ella no es más que una llamada, pero una llamada que nunca dice nada, escondida en la música y la poesía, de vez en cuando extiende sus afiladas garras y visito míseros simulacros de anticuados mundos. Es un despertar en el que nunca se pueden abrir los ojos, tan solo se puede mirar en los adentros del espíritu y preguntarse en voz baja: ¿cual es el velo mágico que se esconde en el firmamento poético? No se ve nada en el espejo cotidiano, porque su reino esta detrás de él, allá donde todas las palabras y sentimientos son vanos. Desgraciadamente donde no existe verdad ni mentira, tampoco puede existir justicia, por esta razón tan solo puede haber preguntas pero nunca respuestas. Pero es en el complejo entramado de todas esas insidiosas confabulaciones donde nace el dolor positivo, una lúgubre inspiración en donde el arte nace espontáneamente del vacío. Ella es como un libro escondido en una recóndita biblioteca ocultista, de vez en cuando se arrancan algunas páginas por obra de un desconocido genio y cuando duermo escucho los versos sagrados de la nostalgia. Pero ese libro tiene infinitas páginas, y por muchas veces que conquiste el mundo, siempre le quedaran páginas y tormentos que narrar. Ella es como el primer átomo que existió, por este motivo todos mis pensamientos siempre se mezclan con el dolor originario. Es la caravana que me lleva al infierno en secreto, en un incomprensible rapto. Los sentimientos ganan o pierden cuando juegan a los dados, pero nunca ganan por verdades o pierden por mentiras, porque no es eso lo que esta en juego. El dolor enterrado es la críptica lágrima de la tierra, y de ella vuelven a brotar todas las plantas y todos los árboles, pero esa vegetación esta envenenada, porque necesariamente el dolor siempre se reencarna en el dolor. El otro día miré la desorbitante hondura de mi abismo, el siniestro pozo de mi alma, en donde se escuchan de vez en cuando, las máximas más desgarradoras y las promesas más inquietantes. El pozo siempre tiene hambre y esta enfermo, desde sus profundidades puede escuchar el eco de voces perdidas en el tiempo. Desde allí puedo escuchar tu escuálida voz, y la mayor parte de las veces nunca puedo comprender lo que dices, y las veces que puedo entender aquello que pretendes rebelarme desde la lejanía, un delirio convulso y decrépito se apodera de todo mí ser. Habitualmente tan solo escucho lamentos y pesares que aunque no provengan de ti, llevan el inconfundible sello de tu voz. Sin embargo esta monotonía resultó alterada cuando una llamada desde lo desconocido me reveló: - “háblame, tengo el poder de condenarte para siempre o para liberarte de tus pesadas cadenas”. Nunca me he enfrentado directamente a tu recuerdo, tan solo he escuchado pasivamente todo aquello que pretendías decirme desde tu triste exilio. Sin embargo, un aura maldita renació desde las cenizas de la muerte y la vida, y te respondí desde mucho más lejos; desde una trascendencia más aniquiladora, desde donde te podía con anterioridad: -“ el poder que te concede la libertad para condenarme o para indultarme no proviene de ti, sino de un mundo borroso y onírico que ya ha retirado su pesada bruma hacía otros derroteros, la noche de los tiempos ya no vive en mi. El poder viene de mucho más arriba de lo que pudieras concebir jamás.

 

 





        
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