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Petra siempre supo que aquel amante la traicionaría, y por más caricias que le regalase, por más que consintiera que lamiese sus labios, nublase su vista o por más generosa que fuera permitiendo incluso que se introdujese en su cuerpo él la terminaría haciendo daño, abandonando o, peor aún, asesinando.
Maldito tabaco.
Desde su infancia Andrés siempre tuvo un comportamiento raro. No hablaba, ni corría, ni jugaba con el resto de los niños. Él solamente hacía rectángulos.
Con el paso del tiempo Andrés fue “madurando” y “perfeccionando” sus dibujos realizándolos con diferentes materiales y colores.
Y,…fue tal fue la perfección que alcanzó diseñándolos que logró introducirse en ellos y desaparecer.
Pequeñas cascadas repetidas invadían la fachada del flamante edificio oscureciendo los ladrillos rojizos.
Paqui y Juanin se habían pasado más de dos años llenando huchas ajenas con su sudor e ilusiones.
Pero los momentos agrios parecían haberse quedado atrás. Nada les importaba en esos instantes, había concluido el tiempo de espera y había llegado el más anhelado, ese con él que soñaban todas las noches.
A las 11 ¡Al fin!, -a las 11 en punto- les harían entrega de las llaves del pisito que les abriría las puertas a la independencia. Y, a partir de ese instante podrían iniciar y programar su vida.
Y, allí en medio de una pequeña tribuna improvisada se encontraba, entre otros, el Sr. Arquitecto con su reluciente traje, sacando pecho de su trabajo, sonriente, siempre un peldaño más alto que el resto de los ciudadanos, divisando el nutrido grupo de entusiastas jóvenes, y no tan jóvenes, que se agolpaban en la sala a la espera del inicio del protocolo.
Estaban también presentes todas las autoridades de la zona, y sus fotógrafos, y la prensa local y los curiosos y...
Por orden alfabético les fueron llamando: Abad García Antonio, Barba Pérez Mª. Antonia … hasta que les llegó su turno.
A Paqui, la menor de cinco hermanos, la única soltera que quedaba en la familia, antes de escuchar su nombre ya se le habían llenado los ojos de lágrimas , le temblaba la voz , le sudaban las manos.
Y, cuando pronunciaron su nombre, Paqui con emoción extendió el brazo derecho en busca de su pequeño tesoro.
Casi de inmediato tras conseguir su trozo de preciado metal, Paqui y Juanin se dirigieron a tomar posesión de su pequeño pisito.
Incrédulos aún, tardaron en acertar a introducir la llave, comprobaron bien que la dorada letra que presidía la puerta se correspondía con la que les habían asignado. Después, suave y mansamente apretaron el pequeño metal. Momentos después la puerta se abrió y tuvieron acceso a su quimera.
Previamente se abrazaron, besaron... y ambos absorbieron un pedazo de aquel nuevo oxigeno, luego lentamente, saboreando la estancia paseando, con los ojos abiertos, muy abiertos y levantaban persianas y abrían grifos… y abrazados partieron a celebrarlo al bar de al lado.
A la mañana siguiente, ya mucho más tranquilos, conscientes de que eran poseedores de la tranquilla que daba acceso a su piso se introdujeron de nuevo en él. Los constructores les habían dado unos días para comprobar si habían observado algún desperfecto.
Con pocas ganas, tomaron un papelillo y un bolígrafo y comenzaron a examinar y anotar las posibles averías que, sin duda, encontrarían en su vivienda.
¡Mira, aquí el parquet está levantado!, Apunta, apunta –dijo Paqui- y este grifo no funciona, pues aquí la pintura está sucia, y la ventana de la habitación de matrimonio no cierra, en el comedor hay unas pequeñas goteras, y en … así fueron revisando todas las partes de la vivienda.
Tras varias horas en las que Paqui y Juanin, cruzaban sonrisas y miradas cómplices dieron por concluida la inspección de su guarida, y abandonaron con precipitación su visita dirigiéndose posteriormente a la empresa constructora que tan buen trabajo había realizado y tan buena organización había demostrado a la hora de pasar sus facturas todos los meses. ¡Siempre el día 1 de cada mes!
Al llegar a la oficina contemplaron que estaba prácticamente vacía ¡Es lógico! –dijo, Juanin-. Después de tanto esfuerzo, de tanta celebración se habrán tomado unos días de descanso.
Pasada una semana regresaron a la oficina entregaron su lista y pasaron a una pequeña salita donde les recibió amablemente
Una Srta. Que dijo ser aparejadora, quién se puso a su disposición para intentar solucionar las deficiencias que habían observado.
-Buenos días, me han pasado la lista que Uds. nos han facilitado con los desperfectos de su vivienda.
¡Vaya han tenido suerte!, Satisfechos ¡eh!. Al fin tienen Uds. Su pisito.
Bueno veamos, esas deficiencias que Uds. han observado:
Parquet levantado,
- bueno eso realmente no es problema siempre podrán poner Uds. una alfombra en la zona que consideren dañada, es la mejor y más fácil solución, créanme, si levantamos ahora el parquet se les llenará todo toda la casa de polvo, suciedad y, además, si les pusieran una parte nueva, nada les aseguraría que no se volviesen a cometer nuevos desperfectos o que durante su instalación, se dañasen otros elementos u observasen diferencias con el ya instalado. En cualquier caso, y basándome en mis años de experiencia, yo les recomendaría, colocar una alfombra tapando la zona dañada.
El grifo del cuarto de baño no funciona:
Bueno, pero el resto del piso si tiene agua ¡no!, nos pregunto, siempre alegremente, o, al menos el grifo de la cocina si marcha ¡no! y el del bidé… pues ya está, si Uds. Precisan agua siempre la pueden tomar de otros puntos de su preciosa casa. Después de todo, lo único que podríamos conseguir ahora al intentar reparar las cañerías sería producir una filtración en el piso de inferior cuyos desperfectos tendrían que abonar Uds. Y … supongo que ese no es su deseo. Empezar mal con sus vecinos y tenerles que pagar las obras que ellos tengan es muy mala señal, y no sería bueno para nadie. ¡Verdad!. De todas formas tomo nota de problemilla y si encontramos un fontanero se lo enviaré, aunque no es fácil, se lo puedo asegurar
La pintura de la habitación esta sucia y desconchada.
- Este tema ya lo hemos resuelto en otras viviendas, desde luego no se soluciona volviendo a pintarles la habitación, eso les ensuciaría la habitación, yo les recomiendo que pongan un cuadro, una fotografía o mejor aún, algún tapiz que les tape esa pequeña mancha y ese desconchón, de todas formas tomo nota para llamar la atención a los albañiles. ¡Esto no se puede repetir!.
La ventana del comedor no cierra: ¡Como que la ventana del comedor no cierra! esta ventana está diseñada para evitar posibles intoxicaciones por fugas de gas, por lo que no se puede cerrar, además, ayuda a la ventilación de la vivienda, créanme es muy útil y hemos descubierto que es mejor tenerla siempre abierta. Además, así no tienen la preocupación de que la cerradura se les pueda estropear.
En definitiva, si quieren les podemos cambiar la ventana por una fija o incluso tapiarla pero es mucho mejor dejarla como está actualmente.
- ¿Que se oyen mucho todas las voces y conversaciones de los vecinos?
Su vivienda forma parte de un nuevo y revolucionario programa de convivencia y con este sistema tratamos de favorecer la confraternización en comunidad y la solución de problemas en grupo.
- ¡Ah!, pequeñas goteras en el techo!,
No lo digo por Uds. No Sr. pero me molesta este tipo de reclamación y, me ha llama la atención que no tengan en cuenta que ha llovido, y me ha parecido –no se ofendan- una falta de sensibilidad y de respeto, por su parte hacia el magnifico trabajo que han realizado nuestros obreros. Mira, que culparnos a nosotros de las goteras! ¡Si, ha llovido!.
En fin, perdonen que no pueda dedicarles más tiempo pero tengo que irme a una reunión urgente a la que ya llego con más de una hora de retraso y en la que me esperan otras personas que, como Uds. necesitan de nuestra colaboración. Ahora por favor, pasen por la secretaría de nuestra oficina donde podrán abonar la factura por su amable consulta, que como saben es de sólo 60€. Que disfruten del día y del piso.
Tras estas extensas y profesionales explicaciones los buenos de Paqui y Juanin, salieron de la oficina un poco confundidos y culpándose mutuamente de su ignorancia.
Después de todo, que egoístas somos –se decían- si con un poco de imaginación podíamos solucionar los pequeños problemas que habíamos encontrado, y bien pensado podríamos ahorrar agua colocando unos tiestecitos con los que podríamos recoger la lluvia que goteaba en su comedor, y utilizarla posteriormente en el lavabo. Todo un ahorro, si es que estas empresas modernas están en todo ¡Cuanta ignorancia tenemos!. Que fácil resulta solucionar todos los problemas. Es sólo cuestión de lógica.
A ntes de que lo exponga algún eminente científico norteamericano en una de las prestigiosas Universidades o de que lo publique una de las cientos de revistas científicas, mucho antes de que se le conceda -con toda justicia- las máximas condecoraciones y se le otorgue la credibilidad y el mérito que sus estudios y teorías merecen sería conveniente que conociesen la verdad sobre sus tesis.
Sepan todos Uds. que la teoría expuesta no es nueva y que esa hipótesis que, sin duda, transformará el mundo y las relaciones entre los individuos y el medio ya la había manifestado hace ya algunos años, un señor de Cuenca, de nombre Carolo.
Bien es cierto que el Sr. Carolo, para confirmar sus averiguaciones y ratificar sus investigaciones se había valido de un instrumento un tanto artesanal y diferente al utilizado un instrumento creado por él mismo consistente en una potente lente de aumento, partiendo de cristales extraídos del culo de una gaseosa.
Y, valiéndose de este y otros mecanismos igualmente poderosos y modernos el Sr. de la Ciudad Encantada, gran observador como era había logrado descubrir que en la piel de los seres humanos podía encontrarse una serie de diminutos numeritos –imperceptibles a nuestra visión- mediante la cual podía descifrarse la edad de caducidad del organismo humano.
Y, como si de un youghourt se tratase, el Sr. de Cuenca comprobó, primero en sus ovejas, más tarde en diversas vecinos del pueblo, Tía María, el Eustaquio, El Isidoro,…que su tesis se cumplía inexorablemente.
Quizás fuera coincidencia pero tras exponer sus averiguaciones en el pequeño bar del Manolo en el que provocó las sonrisas y burlas entre los allí presentes, -menos en un extraño desconocido-, nunca más se supo de Carolo, el Sr. de Cuenca.
Hay quién dice que se volvió loco tratando de buscar, y no se sabe si encontrar, su propia fecha de caducidad. También corre el rumor de que fue secuestrado por unos Sres. de la capital todos vestidos de gris que pertenecían a una rara empresa de nombre indescifrable, quienes temerosos ellos de los daños económicos y sicológicos que podría causar el descubrimiento de Carolo en determinadas industrias se apresuraron a enterrar sus hallazgos.
Sea como fuere, lo cierto es que en el pueblo constatan diariamente que la Ley de Carolo se cumple inexorablemente y que todo el mundo se muere cuando le corresponde.
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