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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Jesús Antonio Castro Cisneros
conde_bressac@hotmail.com

 

LA SOMBRA

I

Aún lo recuerdo como si hubiera sido ayer. El recuerdo de esa noche siempre lo he tenido presente, no me deja dormir. Después de esa terrible experiencia, mi vida ha dejado de tener sentido. La noche me cobija, la luna me acompaña; mientras la muerte me coquetea.

Aquél día, habíamos pasado toda la tarde en el bosque a solas. Pasamos mucho tiempo buscando un buen lugar. Habremos caminado por horas, no habíamos comido ni bebido, pero nada nos importaba, nadie nos molestaba. Habíamos huido del ruido del populacho, estábamos lejos. Desde hace tiempo anhelaba compartir todo mi ser con ella. Todas mis noches, todos mis días, en todos los momentos: mi único pensamiento eran sus brazos, y mi único deseo su boca. Sus labios eran una copa de pasión, y solo debía beber de ellos para que me olvidara de mi alma. Sus ojos irrumpieron en mi soledad, su mirada se convirtió en mi paz, se convirtió en mi única luz.

Por fin pudimos ver una pequeña cueva al final del camino, justo a los pies de una montaña. Estaba cubierta por las hojas caídas de los árboles. Fuimos muy afortunados, justo después de que entramos comenzó a nevar; pronto el bosque se vistió de blanco, y el frío azotaba nuestros cuerpos. Con algunos troncos que pudimos encontrar cerca, hicimos una fogata; que fue muy difícil mantenerla encendida por el aire frío que entraba de afuera.

Nos sentamos cerca del fuego, aquél momento fue muy intenso. Alexa tomó tímidamente mi mano. Me lanzó una mirada con aquellos bellos ojos negros llenos de vida, una mirada que hizo a todo mi cuerpo estremecerse. La abracé con todas mis fuerzas, como si fuera la última vez que pudiera hacerlo. Pude sentir a su corazón latir al mismo compás del mío. Ella paso su mano tiernamente por mi cabello, a lo que respondí con un dulce beso. En ese momento, todo lo exterior dejó de existir: el frío, la noche, el peligro; el mundo se hizo pequeño, ahora solo nosotros dos existíamos; y en ése momento descubrí lo que la palabra amor significa. La pasión desbordaba de nuestros cuerpos y, a cada beso, a cada roce, nuestras mentes se perdían más y más.

No tengo noción del tiempo, no se cuanto habíamos pasado ahí. Horas, tal vez días. Eso ya no me importaba, pues mi ser estaba completo al fin, Alexa y yo nos convertimos en uno. Sé que jamás volveré a vivir algo así, sin importar lo duro que lo intente. Ese día, disfrutamos como nunca lo habíamos hecho antes, y no nos hacía falta nada mas.

II

Cuando aquél momento de felicidad terminó, nos recostamos tranquilamente frente a la fogata para descansar, y nos quedamos dormidos por un rato.

Por fin despertamos y pisamos la tierra de nuevo, salimos del paraíso en el que habíamos estado, y nos disponíamos a regresar a casa. Miramos hacia afuera de la cueva, y era de noche. La nieve había subido varios centímetros, por lo que era difícil ver y caminar. La senda por la que habíamos llegado estaba borrada y no se podía ver nada. Además, la oscuridad propia de aquél momento del día hacía muy difícil el regreso; así que decidimos esperar hasta el alba para poder salir.

Cuando estoy al lado de Alexa, el tiempo pasa fugazmente. Estábamos sentados frente a los restos de la fogata, abrazados. Nos dijimos muchas cosas sin usar ninguna palabra. Cada momento nos conocíamos mejor. Mi mano izquierda sujetaba su mano derecha; eso bastaba para que el frío dejara de existir. Según yo, pasaron muchas horas, el hambre y la sed comenzaban su tormento, y el sol no nos ofrecía sus favores.

Ella recargó su cabeza suavemente en mi hombro y se quedó dormida. Nunca antes la había visto así, pero su semblante lleno de ternura, provocó que una lágrima se me saliera de la felicidad. Es una mujer muy hermosa y con rasgos angelicales, no podía entender el por qué un simple mortal como yo era favorecido con una gracia así. Entonces, la nieve dejó de caer, y el cielo se podía ver más claramente. Podíamos ver claramente las estrellas, la luna, y algunas pocas nubes. No conozco la clase de animales que habitaban en el bosque, pero de repente se dejaban oír los cantos de los grillos, como si estuviesen compartiendo algún secreto.

Después de un rato, Alexa despertó. - Creo que oí un ruido – me dijo con su linda voz. Cuando salí a revisar que no hubiera algo peligroso, pude ver unas huellas. No podía distinguir si eran de animal o si eran de humano; comencé a buscar a la fuente de éstas, y a lo lejos pude ver lo que parecía una persona, que no pude distinguir bien por la oscuridad, solo noté que era alta, delgada y usaba ropas gruesas. Caminaba muy rápidamente; no estábamos seguros de quien se trataba, pero decidimos seguir las pisadas, eran la única oportunidad que vimos en ese momento para salir de ahí, pues la noche parecía eterna. La tome de la mano y nos dejamos guiar por aquellas marcas.

Aquella persona caminaba muy rápidamente, y pronto le perdimos de vista, apretamos el paso y caminábamos cada vez mas veloz.

III

Caminamos por aquella senda oscura en el bosque. Era una tenebrosa noche de luna llena. Los lobos aullaban, los búhos ululabany las hienas parecían burlarse de nosotros, no sabíamos lo que nos esperaba. La neblina era muy espesa, y difícilmente podíamos ver mas allá de nuestras narices. Nuestros pasos resonaban por todo el lugar, y muchas veces tuvimos la sensación de que alguien nos seguía. Pero, en ese instante, todos los males eran superables, puescaminaba al lado de mi amada.

Aquellas huellas parecían no tener fin. Nunca olvidaré un arbusto que tenía una forma humana, sus ramas parecían unos brazos levantados hacia arriba, mientras que el tronco simulaba un cuerpo sumergido en la agonía, parecía que estuviera gritando; tenía como dos metros de altura. Por alguna razón, siento que lo vi en repetidas ocasiones, pero aunque parecía ser el mismo arbusto, la figura humana convaleciente se hacía cada vez mas marcada, cada vez parecía que el dolor lo dominaba mas. Varias veces creí ver a una persona, pero siempre nos encontramos con ese árbol. Probablemente caminábamos en círculos, o tal vez eran distintos árboles, no lo puedo saber.

De pronto, encontramos una división en nuestra ruta, las huellas se dividieron en dos. Era imposible, pues habíamos seguido un par de pisadas, y ahora eran dos pares, como si aquél ente se hubiera divido. No sabíamos en donde estábamos. El miedo nos comenzó a abordar a ambos. No importaba hacia donde dirigiéramos la mirada, no podíamos reconocer el lugar en donde nos encontrábamos, la luna se convirtió en nuestra única guía. Estábamos ya muy cansados, así que nos recargamos en un árbol para recuperar energías.

Cuando recobramos el aliento, Alexa decidió tomar el camino de la derecha; Apenas habíamos comenzado a avanzar cuando escuchamos un grito de dolor muy fuerte detrás de nosotros. El grito era constante, y cada vez se hacia mas agudo. No se podía entender lo que decía, pero si se alcanzaba a distinguir que se trataba de una voz humana. Inútilmente, buscamos la fuente de aquel sonido, sin éxito alguno. Al estudiar un momento aquél sonido, Alexa me pidió que buscáramos a esa persona. Yo no quería hacerlo y deseaba continuar con mi camino, pero no pude negarme a ella. Estaba seguro de que no encontraríamos nada.

Poco a poco, comprendimos que aquel grito suplicaba por auxilio. Corríamos desesperadamente para encontrar al suplicante, pues el sonido era muy molesto para los oídos, además de que era muy preocupante, no sabíamos en que peligros se encontraba aquella persona. De pronto me pareció ver a alguien, y me acerque en compañía de Alexa. Cuando alcanzamos aquella silueta, descubrí que se trataba del arbusto que mencioné antes. No puedo explicar por que, perocuando lo toqué, el grito de auxilio desapareció. No se si era el mismo miedo que sentí, pero estoy seguro de que una de las ramas del arbusto se movió y toco mi brazo. Sea como fuere, salimos corriendo de ese lugar.

- Tal vez solo fue nuestra imaginación – le repetía a Alexa, quien estaba muy intranquila y asustada. –No, ese era un grito real, estoy segura – Ella insistía. La abrazaba y ella rechinaba los dientes. Cuando el sosiego nos alcanzó, decidimos continuar nuestro camino.

IV

Cuando por fin volvimos a encontrar la senda, nos llevamos una gran sorpresa: aquellas huellas que se dividía en dos, ahora se dividía en tres. No sabíamos que hacer, la desesperación se apoderó de nosotros, comenzábamos a creer que ese lugar se volvería nuestra tumba.

Mientras decidíamos que camino tomar, alcanzamos a ver un brillo resplandeciente en medio de la oscuridad. Se trataba de algún felino que se nos acercaba. No se podía distinguir de que se trataba exactamente, solo se veían los ojos amenazantes en la distancia. Buscando un apoyo mas que ofreciéndolo, tome fuertemente la mano de Alexa, y nos quedamos inmóviles.

Aquel momento me pareció una eternidad. Hasta que por fin, la mirada felina desapareció súbitamente. Alexa no aguanto la situación, y se desmayó. Yo estaba muy cansado como para llevarla a cuestas el resto del camino, así que decidí buscar un lugar cercano seguro para pasar la noche. Había pasado mucho tiempo ya, y estaba seguro de que pronto el sol nos iluminaría.

Después de caminar un rato cargándola, encontré una pequeña cueva donde decidí descansar y tratar de reanimar a Alexa. Después de varios intentos fallidos, caí dormido por la fatiga.

De pronto escuche un gruñido, y salté asustado. Lo primero que hice fue ver por Alexa, pero seguía desmayada, así que no podía salir corriendo del lugar, debía protegerla. Pronto, alcancé a ver aquellos ojos felinos de nuevo, pero ésta vez mas cerca, a unos pocos centímetros de distancia, estábamos frente a frente.

No pude reconocer a la bestia a la que me enfrentaba. Era algo que jamás había visto antes. Tenia poco mas de un metro y medio de altura, los ojos rojos y parecía no tener patas, no flotaba, sino que era una sombra que había tomado forma, una sombra que se levantaba del suelo; Sólo era una masa oscura. No podía ver donde comenzaban su cuerpo, no tenía orejas y me olfateaba, como si estuviera buscando algo sobre mí.

Tome una piedra para defenderme, era lo único que estaba a la mano. Cuando la lancé, la roca solo lo atravesó como si nada estuviese allí. Sudaba frío, entendía el peligro en el que me encontraba.

La silueta se desvaneció de repente, parecía como si el suelo se la hubiera tragado; pero la tranquilidad no me duro mucho. Ahora escuchaba los gruñidos detrás de mi. No tuve el valor de voltear para corroborar que estuviera allí, y mucho menos para enfrentarlo. Estaba petrificado, no podía mover ningún músculo.

Súbitamente, mi mirada se tornó nublada, y sentí un intenso dolor en el estómago, que pronto se expandió por todo mi cuerpo, escupí sangre y sentía que mi corazón se detenía. Cuando baje la mirada, pude ver algo inaudito, pero que ya me esperaba, algo sobresalía de mi vientre: aquel ente había atravesado mi cuerpo con su garra. La bestia retiró rápidamente aquél órgano con el que me empalaba, y el dolor se volvió inmenso, indescriptible. La sangre corría por todos lados, y todo lo que veía tenía un tinte oscuro, todo se veía rojo. Di un grito con las fuerzas que me quedaban. Primero caí de rodillas, y después caí al suelo.

Ya no sabía si estaba vivo o muerto, mis sentidos se bloquearon. No me preocupaba mi dolor, sino el dolor que el animal le podría generar a Alexa. No me preocupaba la muerte, me dolía el hecho de que no volvería a ver a mi amada. Pronto pude sentir una mano en mi cabeza, una mano cálida y gratificante. Abrí los ojos, Alexa cuidaba de mi; había tenido una pesadilla.

Alexa estaba muy preocupada, pues según ella yo había dormido ya un día entero, y la noche apenas había caído de nuevo. Pero algo estaba a nuestro favor, el nivel de la nieve había bajado.

Ahora ya era inútil siquiera buscar las huellas o a la persona de la noche anterior, así que decidimos salir caminando a nuestra suerte. Ya había pasado mucho tiempo así que era menester regresar a nuestros hogares, seguramente nuestras familias estaban ya muy preocupadas.

Mientras avanzábamos sin dirección alguna, el sentimiento de soledad se fue haciendo mas grande, no importa hacía donde miráramos, o hacia donde corriéramos, no podíamos encontrar a nadie. Alexa grito un par de veces, pero el eco era el único que respondía. El frío, la luna y las sombras eran nuestros únicos compañeros.

Después de un rato en aquella desolada caminata, nos encontramos con algo muy extraño: Un arco se encontraba delante de nosotros. Era muy alto, como 5 metros de altura; pero era muy angosto, lo suficiente para que apenas una persona pudiera pasar. Lo rodeamos, tenía aproximadamente 10 metros de profundidad, pero nada mas nos pareció extraño. Alexa, jugando, paso a través del arco, y cuando salió solo me dijo que estaba muy oscuro adentro.

Ya no le dimos importancia y seguimos por nuestro camino. Habremos caminado un kilómetro sin encontrar nada más, pero poco a poco el nivel de la nieve se había hecho menor, y pronto llegamos a una parte en la que no parecía haber nevado, estaba seca y poco a poco el frío era menor.

La luna brillaba en todo su esplendor, su luz era hermosa y nos alumbraba bastante bien. Era una noche estrellada, teníamos una hermosa vista del cielo nocturno. Tome a Alexa de la mano y caminábamos despacio, disfrutando de aquel espectáculo, a pesar de que estábamos perdidos.

Después de un rato, llegamos a una parte nueva del bosque; parecía una barrera puesta por la naturaleza: los árboles eran muy altos y estaban demasiado cerca uno del otro, era totalmente imposible pasar. La sombra que proyectaban era muy tenebrosa, parecía que los árboles se peleaban, y utilizaban todas sus ramificaciones para defenderse. Aquella vista nos dio mucho miedo.

Le propuse a Alexa regresar, pero era inútil. No sabíamos donde estábamos en ese momento, y no sabíamos donde habíamos estado antes. Decidimos rodear aquella barrera, y tal vez encontraríamos una senda para poder continuar.

Mientras caminábamos alrededor de los árboles, sentíamos muchas miradas, como si alguien nos espiara. Buscamos muchas veces su fuente, pero sin éxito alguno. La caminata fue larga, pues no encontrábamos nada diferente, todos los troncos estaban plantados simétricamente, parecía que no avanzábamos y solo movíamos los pies. En un par de ocasiones intentamos regresar, pero el resultado era el mismo, parecía que no avanzábamos en lo absoluto.

VI

Después de largo tiempo, por fin hallamos algo diferente: una réplica exacta de aquél arco que habíamos visto antes, pero ésta vez no podíamos ver que era lo que se encontraba al otro lado, los árboles lo impedían. No me gustaba la idea, pero no quedaba otra más que cruzar y ver que es lo que nos esperaba del otro lado.

Alexa tomo la iniciativa, me tomó de la mano fuertemente y nos metimos en aquél arco. Estaba totalmente oscuro adentro, además de estrecho. Pero éste arco era mas profundo que el anterior, mas que arco era un túnel.

No tengo idea del material con el que estaba hecho el túnel, por fuera parecía de piedra, pero por dentro, al tocar las paredes, se podía sentir una textura pegajosa, orgánica, era algo asqueroso.

Después de algunos minutos, Alexa soltó mi mano, pero no fue voluntario. Alguien parecía habérmela arrebatado. No escuche ningún quejido ni otro sonido, solo nos separamos. Comencé a gritar su nombre, pero no obtuve ninguna respuesta. Cada vez la llamaba con más fuerza, pero nunca me contestó.

En ése momento, me desplome por completo. Lo único que tenía en éste mundo era ella, y la acababa de perder por una razón desconocida. Corría, gritaba, la buscaba desesperadamente, pero nunca obtuve una respuesta, mi corazón estaba agitado, latía tan fuerte que creía que en cualquier momento iba a explotar. La razón de mi ser se había terminado. ¿Por qué no me llevaron a mí? ¿Por qué tenía que haberle pasado a ella? ¿Por qué me pasa esto a mi? ¿Adónde está? ¿Quién me la quito? ¿Está bien? ¿Está viva? Estas y otras miles de preguntas rondaban en mi cabeza en ese momento.

Escuché un sonido detrás de mi, y cuando volteé me lleve una sorpresa: la entrada estaba a unos pasos de mí, lo que significa que no había caminado, que no había avanzado nada. Regrese para comprobarlo, y en efecto, estaba en la entrada de ese lugar. Busqué inútilmente el otro lado, volví a entrar y corrí con todas mis fuerzas, pero siempre que volteaba, la entrada estaba a unos pasos atrás.

No se cuántas veces lo intenté, entraba y avanzaba, pero nunca vi ninguna salida, nunca me aleje de la entrada.

Exhausto, triste, preocupado... todos los malos sentimientos abordaron mi corazón. No sabía hacia donde ir, no tenía nadie que me pudiera ayudar; la situación en la que me encontraba era ilógica. Deseaba con todo mi ser que esto fuera una pesadilla... una horrible pesadilla. Pero no lo era, me mordí una mano y me dolió mucho, estaba despierto.

Tomé el rosario que traía colgado en el cuello, y me puse a rezar todo lo que pude. Yo siempre he sido una buena persona, amo a mi prójimo, nunca he robado ni matado, respeto por sobre todo a mis padres. No soy ningún pecador. ¿Por qué me haces esto Dios mío, por qué? Ella es una buena persona, ¿por que nos ganamos tu castigo? Le rezaba y le cantaba a Dios con toda mi alma, buscando un refugio en él. Pasaba el tiempo y no mejoraba nada. ¿Acaso Dios se ha olvidado de mi? ¿Tiene otras cosas mas importantes que hacer? No, tal vez aquél loco tiene razón, tal vez Dios ha muerto.

VII

Por fin el sol salió, ahora ya podía ver todo mas claramente. Pero la luz del día no cambiaba mi suerte, no podía atravesar aquél arco. El cansancio, el hambre y la sed se terminaron, por que la desesperación se hacía mas grande cada vez.

Cuando por fin me di por vencido, decidí tratar de regresar a casa yo solo, para buscar ayuda. Tal vez si talaba los árboles podría pasar, para así poder buscar a Alexa, poder recuperarla.

En mi camino de regreso vi aquél arco, al que vimos por primera vez. Traté de ignorarlo pero no pude, sentía algo muy extraño. Cuando pase cerca de él, algo en su interior llamaba mi atención. No lo puedo explicar, pero yo sabía que algo pasaba dentro. Para saciar mi duda, decidí entrar en él, tal vez me ayudaría a entender lo que le paso a Alexa.

Cuando entré, el miedo me hizo su víctima de nuevo, después de algunos pasos, podía ver una luz a lo lejos. Caminaba, corría; pero no podía acercarme al final. Cuando dirigí la mirada hacia atrás, la entrada parecía igual de lejos. Ya no sabía si seguir o regresar, solo cerré los ojos y corría con todas mis fuerzas. Después de mucho tiempo, por fin la luz de enfrente se hacía mas cercana, y por fin llegué al final.

En el momento que salí había dos personas sentadas, una en cada lado del final del arco. Usaban la misma ropa, aquella ropa gruesa que alcancé a ver en las afueras de la cueva donde pase la primera noche con Alexa. No puedo decir si era de noche o de día, había un techo de ramas. Los árboles eran muy altos y sus ramas se entrelazaban. Eran más altas que el arco, pero a la vez parecía que era una extensión. Estaba muy oscuro. Cuando quise ver el rostro de aquellas personas, solo pude ver sus ojos; sobresaltado me di cuenta de que se trataba de aquellos ojos felinos de color rojo.

Cuando traté de hablar con ellos, no me contestaban, solo me escuchaban. Después de que pregunte por mi amada, ambos, al mismo tiempo, me hicieron una señal con la mano, indicándome hacía donde me tenía que dirigir. No sabía si obedecerlos o no, pero ya no había marcha atrás, sé que si hubiera intentado regresar no lo hubiera logrado.

Aquella senda me pareció horrible. Los árboles creaban una sombra muy tenebrosa, parecía como si me estuvieran cuidando. Llegué a una parte donde era menos tupida la flora, y alcancé a ver la luna, ya era de noche otra vez. Camine mucho tiempo, realmente no sabía hacía donde iba. Miraba a mi alrededor pero solo veía inmensos troncos, hojas caídas y sombras grotescas.

A lo lejos alcancé a ver las luces de lo que parecía ser una fogata. Alegre, con una tremenda esperanza de encontrar allí a Alexa, me apresure a aquél lugar. Sin embargo, antes de llegar, otros dos tipos de ropas gruesas me sujetaron por atrás. Me pusieron un pañuelo en la boca y me amarraron pies y manos, no podía moverme ni podía hablar, estaba totalmente a sus pies.

Me llevaron acuestas por un momento, y me aventaron al suelo violentamente. Me golpeé fuertemente la cabeza; pero el dolor se me olvidó cuando vi a Alexa a lo lejos. Intentaba levantarme pero aquellos tipos me lo impedían. Pronto me ataron al tronco de un árbol y me dejaron solo, de frente a Alexa.

VIII

Cuando examine a detalle frente al escenario al que me encontraba, mis sentidos no me daban crédito a lo que veía. Me encontraba en lo que parecía ser un ritual, o peor aún, a un sacrificio.

Creo que me encontraba en otro mundo, en otra dimensión. Nada de lo que veía era normal, ni siquiera imaginable. En la parte alta, había una especie de trono, en donde había un ente muy parecido al de mi pesadilla: parecía ser sólo una sombra, tenía los ojos rojos y parecía etéreo, parecía que no se podía tocar. Tenía una apariencia humanoide, y al igual que la criatura de mis sueños, parecía que era una sombra que tomaba vida, no tenía pies; parecía que tenía solo una extremidad inferior que nacía del suelo.

En la parte baja, había un mecanismo muy extraño, que en el momento no quise analizar, puesto que, en ése momento, otra cosa llamaba mi atención: alrededor del mecanismo había danzantes. Eran seis, pero no eras humanos, no eran animales y tampoco sombras. Se trataba de árboles. Árboles que tenían aquella forma agonizante, que parecían personas sufriendo el más intenso dolor. Sus ramas parecían manos y sus raíces sus pies. Todos bailaban al mismo compás. Buscaba su rostro pero no hallé ninguno, no parecían tener partes humanas, eran solo troncos. Cuando se movían hacían ruidos que no puedo describir, solo se alcanzaba a notar que aquél baile no lo hacían alegres, como si todos esperaran lo peor.

A la izquierda de los singulares bailarines, había un grupo de cinco personas con ropas gruesas, cuatro de ellos tocaban instrumentos raros, instrumentos que nunca había visto. Hacían un ruido muy peculiar. La música que tocaban era fúnebre, muy triste. El instrumento que más me llamó la atención era una especie de tambor, que al pasar la mano por el provocaba un ruido aterrador, como un trueno en los días de tormentas más intensas, un ruido que entraba en mis entrañas y que me hacía estremecer. Todos los que tocaban instrumentos también hacían las veces de coro, y cantaban con una voz terrible, monstruosa. No podía entender lo que cantaban. El quinto integrante de semejante banda musical era quien lidereaba el canto, a veces lo hacía solo y a veces el coro. El coro cantaba algo extraño, No tengo idea de lo que significaba, solo sé que sonaba horrible:

Thgisni nevae atsah liev shtaed zevarta

zuleht em dnel legne krad!

Después de ver todos esos entes y de asimilar lo que veía, dirigí la mirada a Alexa. En la parte superior del mecanismo había un asta de madera, donde ella estaba atada. Pude ver sus inútiles esfuerzos por zafarse pero no lo lograba. Yo también era víctima de lo mismo, y tampoco me podía mover, solo nos quedaba ver lo que pasa.

IX

Después de aproximadamente una hora de danzar, los músicos cambiaron su ritmo por uno aún más estruendoso, mas monstruoso. Los bailarines se detuvieron súbitamente y detuvieron su baile. Aquella figura humana agonizante presente en todos ellos, se hizo mas marcada. Entonces, la sombra del trono se puso de pié, y miro a todos los danzantes. Su mirada era amenazante, temible. Por fin, señaló a uno de ellos. Todos los demás lo “voltearon a ver” fijamente, no puedo explicar como o por que noté eso, pero lo hacían con lástima, a la vez que con alivio. Después de una seña de la sombra, todos se acercaron al árbol elegido y lo ataron, para después ponerlo en el piso. Entonces, la criatura que dirigía a los músicos sacó un machete, se acercó al arbusto y comenzó a golpearlo brutalmente. Primero arrancó sus raíces, luego sus ramas; y después, el tronco cilíndrico resultante, lo partió en dos. Mientras eso ocurría, se escuchaban gritos de dolor, un grito que Alexa y yo ya habíamos escuchado antes, en el bosque. El grito de dolor combinado con los golpes constantes del machete era muy intenso. A pesar de que no me lo hacían a mí, sentía un gran dolor en lo mas profundo de mi alma por aquello que estaba presenciando.

Acto seguido, aquellos dos trozos mas grandes de madera los colocaron junto al trono, uno de cada lado. El semblante amenazador de aquella sombra se modificó, y ahora parecía muy alegre, feliz de aquel acto aterrador que acababa de cometer, en complicidad con los que parecían ser sus súbditos.

Todos miraban a aquél ente, temerosos. Entonces aquella sombra redujo su tamaño, hasta que se convirtió en una mancha en el suelo. Se acercó a uno de los troncos, y éste se desvaneció en el suelo, parecía que se lo había tragado. Después repitió lo mismo con la otra mitad del tronco. Los tipos con ropas gruesas solo dirigían su mirada al suelo, mientras que los bailarines se ocultaban unos detrás de otros, tratando de no mirar la escena.

“La sombra” retorno su forma original, aunque se veía un poco mas grande, y retomó sus asiento en el trono. Mirando con soslayo a su alrededor, señaló a Alexa –que estaba igual de impactada que yo – y ella intentaba gritar, pero no podía, a ella también le habían atado un pañuelo a la boca. No estaba solo impactada, ahora también estaba asustada.

Los danzantes de acercaron a Alexa y la bajaron del asta y la desnudaron, después la colocaron en aquél mecanismo que señalé al inicio. No le había puesto mucha atención, pero cuando entendí lo que intentaban hacer, me volví loco por ayudarla.

Cada danzante que sobraba, tomo una soga, que estaban cerca de los músicos. Se acercaron a Alexa y cada uno tomo una extremidad, y el último tomo la cabeza. Los músicos regresaron a su música monstruosa; mientras los árboles ataban una soga a cada parte del cuerpo de Alexa. Los dos de abajo ataban cada uno una pierna, los otros dos ataban cada uno un brazo, y el último la ataba del cuello. Todos lo hacían al mismo tiempo.

Entonces cada danzante ató el otro extremo de la soga a unos pequeños tubos que estaban a los extremos del mecanismo, que en total eran cinco, formando una especie de estrella.

Cuando todos terminaron de atarla, uno de ellos se acercó a quitarle el trapo que tenía en la boca, y Alexa comenzó a gritar como jamás lo hubiera imaginado, ella estaba muy asustada, ya temía lo que le harían aquellas abominaciones de la naturaleza. En su desesperación, Alexa movió la cabeza y me vio atado en el tronco; lo cual no le tranquilizaba, sino que la horrorizaba más. – Mi amor, ¡sálvame, sálvame! – gritaba.La desesperación llegó a su máximo, sentí una enorme impotencia, no podía moverme ni ayudar a mi amada.

Los danzantes iniciaron un nuevo baile, ésta vez mas tranquilos que el anterior. Daban vueltas alrededor del mecanismo, y los músicos tocaban cada vez más rápido, y cantaban mas fuertemente. Entonces, alcancé a ver una manivela que estaba muy cerca de un engrane enorme. Después de cada aumento en la velocidad de la música, el danzante más cercano daba una vuelta a la manivela, a lo que seguía un grito de dolor de Alexa. Entonces me quedo más claro lo que harían con Alexa, aquél giro a la manivela provocaba que los tubos se alejaran más, apretando el nudo de las sogas, haciéndolas cada vez mas tensas.

Los músicos tocaban y cantaban más rápido, y cada vez apretaban más las sogas, daban giros a la manivela. A lo lejos pude ver que los brazos y piernas de Alexa se ponían moradas, y comenzaba a sangrar mucho. La soga del cuello era la que más me preocupaba, pues ella respiraba con mucha dificultad. Comenzaba a temer lo peor.

Cuando volvieron a girar la manivela, Alexa gritó por última vez. - ¡Sálvame, por favor! – fue lo último que dijo. Después de eso, su agonía termino. Ahora estaba muerta.

Cuando eso paso, mi corazón sintió lo peor. Jamás me había sentido tan mal. Mis lágrimas no tenían fin, acababa de ver la peor escena de mi vida. Trataba y trataba soltarme, pero nunca lo logré. Me hubiera gustado en ese momento morir con ella.

Pero a esos desgraciados no les importo que estaba muerta. Ellos seguían tocando más rápido, a lo que seguía una vuelta de la manivela. No se cuantas vueltas habían dado ya, pero las sogas ya se veían demasiado ajustadas.

Entonces todos se callaron, y los danzantes se detuvieron. Todos miraban al sujeto que tocaba lo que parecía un tambor. Con todas sus fuerzas lo golpeó, y un estruendo terrible llenó todo el lugar. Uno de los danzantes se acercó a la manivela, y la giro. Y la giro. Después de tres vueltas más, intentaba dar una cuarta, pero ya no podía más, estaba muy apretado. Entonces los demás se acercaron, y le ayudaron a dar la última vuelta.

Cuando lo lograron ocurrió algo que no quiero recordar. No sé por que yo no morí en ese momento. La importancia y la desesperación en sus máximas no alcanzan a describir lo que yo sentía. Si, después de ese último tirón, los brazos, piernas y la cabeza de Alexa se desprendieron de su cuerpo. En el mecanismo solo quedó su tronco. La sangre estaba en todos lados, inclusive un poco llegó a mi rostro. Llorando por aquella escena tan cruel, no daba crédito a lo que estaba pasando, mi peor pesadilla no se acerca en lo mas mínimo a esto.

Los árboles tomaron cada uno una extremidad, y las colocaron al lado del trono de “la sombra”. Aquél ente soltó una carcajada satánica, mientras yo me sentía morir. Entonces se empezó a cambiar de tamaño, se hizo una mancha en el suelo...

X

Ya no aguanté la última escena, ya sabía lo que pasaría. Caí desmayado irremediablemente, o tal vez me dio un paro cardiaco, no lo sé. Cuando desperté de nuevo, me encontraba en un hospital. Mi madre estaba a mi lado, y mis hermanos me miraban alegrados, pues por fin había despertado. Entonces pregunté – ¡Alexa! ¡Dónde está Alexa! – mi familia puso una cara que no me gusto. – Hijo – me contestó mi madre – te encontraron tirado en las afueras del bosque y te trajeron aquí. No sabemos nada de ella, no se le ha visto. Su familia está muy preocupada también - .

En ese momento no quise aceptarlo, pero yo sabía muy bien lo que había pasado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bysousk®

Conde_bressac@hotmail.com

 

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