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  Guías culturales

LAS MÁSCARAS EN EL QUIJOTE, O LOS DISFRACES DE LA INTELIGENCIA
Una valoración de la locura del saber

Jesús Humberto Florencia Zaldívar

Parafraseando los momentos comunes del Quijote, digamos que la presentación de un libro siempre será una lucha contra los molinos monstruosos, llámense éstos Precios-impuestos, libros fatuos (porque no todo lo que se edita es valioso ni inteligente), o clérigos necios que condenan al libro a causa de sus propias ignorancias.

Aunque este es un año de celebraciones por la aparición de la novela ejemplar (o paradigma) de la literatura hispanoamericana, es preciso aclarar que Luis Quintana no pretende publicitarse por este hecho. Las máscaras en el Quijote es el resultado de su aventura personal que decidió emprender hace ya varios años.

Como todos sabemos, son muchos los libros que componen la estructura y los contenidos de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, por lo que no cabe duda de que esto es motivador o inspirador para narradores y críticos.

Por lo que, permítanme adelantarles algunos datos del responsable de un nuevo libro provocador de locuras. Luis Quintana Tejera, además de ser un trashumante, lo que le ha permitido escuchar y estudiar las expresiones culturales de diferentes regiones, esto es, se ha lanzado a recorrer su propia Mancha, se altera a sí mismo los sentidos a causa de la lectura, y como buen lector, el trabajo intelectual lo ha llevado a estudiar la obra de Cervantes.

Experiencias y libros han conducido a Luis hacia la crítica literaria, aspectos de la filosofía, de la creación de poemas y cuentos, y por lo tanto, él mismo se ha colocado una de las diferentes máscaras quijotescas propuestas en su libro para plantearnos un mundo alterno al que ya se conoce.

Algunos dirían, ¿por qué estudiar o escribir acerca de un libro muchas veces estudiado, otras tantas citado, con infinidad de reproducciones literarias, teatrales y cinematográficas? Y por qué no. ¿Acaso no se ha dicho todo? Pues tampoco. Como dije anteriormente, se trata de un libro prototipo que nos permite explorar a cada uno en sus locuras o desequilibrios individuales.

Empecemos por decir que una feria de libro es un trastorno colectivo. Pero, ¿qué es lo que motiva a la fiesta del papel impreso? Luis entiende que, al igual que el Quijote, el libro es un trastornador de los mundos ajenos, que provoca a los instintos y, por ello, cada libro celebra la utopía de recomponer el mundo.

Las máscaras en el Quijote no es un libro para eruditos, tampoco para especialistas en el tema, pero ello no significa que no traspase el patio de las lecturas comunes; este libro también es propositivo.

Junto con las autoridades que nos permiten hablar de ellos, como el mismo Cervantes, y de teóricos como Joaquín Casalduero, Kayser, Unamuno, entre otros, Luis Quintana propone un acercamiento al Quijote con dedicatoria para quien se inicia o se aproxime al texto: ya basta entonces de obligar a los jóvenes lectores, de todos los niveles, a torturarse, valiéndose sus instructores del libro ejemplar para ocultar sus propias ignorancias.

Luis nos permite una aproximación interesante, sin satanismos ni magnificaciones, se trata, inicialmente, de un libro divertido y si, a partir de la diversión podemos aproximarnos al saber, entonces ambos libros, el de Luis y el de Cervantes, habrán cumplido su misión.

El libro que particularmente nos reúne, habla de las máscaras conceptuales, esto significa que los libros deben entenderse como imágenes que representan una realidad alterna, o en otras palabras, el autor se vale de una serie de elementos estilísticos que sirven de antítesis a la técnica del “buen decir”; el estilo y sus máscaras se confrontan con las formas de escribir literatura en el S. XVII.

Como podemos ver, Las máscaras en el Quijote expone las diferentes etapas del conocimiento y su confrontación. Sirviéndose de un dizque “loco” –visto así por los demás- la interpretación que se hace del Quijote, evidencia el desequilibrio o la ignorancia de los detractores y de los elogiadores.

Entonces, las lecturas comunes como la valentía, el honor, la puesta a prueba del héroe, los refranes, las lecciones, etc, son re conceptualizados.

Entonces, Luis nos expondrá al héroe y sus diferentes etapas:

•  La preparación: Es imposible mantenerse encerrados y protegidos por muros de lecturas fantásticas o asombrosas, es preciso salir a las calles para darse de porrazos, para saber si seremos correspondidos por los amores, para seguir las utopías personales o para buscar nuestros dioses ocultos.

En esta preparación, la intertextualidad nos invita a recuperar las lecturas, siendo esto importante en una modernidad (post modernidad dirán otros) donde se privilegian las actividades “productivas”. Aquí comienza la verdadera aventura, en el texto que se va formando, conformando, reconformando y desconformando (en este último se encuentra la antítesis).

Para la preparación, el Quijote, los héroes, mujeres y hombres de todos los días, Luis mismo, requieren de las armas precisas (¿será el conocimiento?); de un rocinante, de la conformación del nombre que los guiará por toda la vida (en ese sentido, se nos explica que se tarda 8 días para la definición del universo quijotesco); y no podemos olvidarnos de la dama que justifican toda empresa o el sueño que todos nos proponemos.

En ese sentido, cuántos no aguardamos por los favores de un Dulcinea que jamás nos hará caso.

•  Armarse caballero. Este es un proceso difícil en un mundo dominado por los traidores y los ventajistas, (y que conste que estoy interpretando la interpretación de un libro del S. XVII).

A partir de este momento, los otros deberán comportarse de acuerdo a la realidad construida por don Quijote, y entonces, el rito de las armas se vincula y se confronta con las creencias de la gente: ¿Quiénes son esos hombres revestidos con mis fantasías e imaginarios y que están tan alejados de uno? Para Luis se trata de “Su controvertida interpretación ética del universo.” (P. 40)

•  Los atributos. En esta parte nos habla de la vida y costumbres españolas en tiempos de Cervantes. El humor es un elemento estilístico fundamental en el Quijote.

Baste el ejemplo del ventero, quien lleva consigo un libro, ¿se trata de un hombre instruido? ¿cuántos de nosotros no sujetamos un libro para mostrarnos como lo que no somos? Pues bien, en el caso del ventero se trata de una libreta de cuentas, asunto nada sorprendente si pensamos en su oficio. Sin embargo, el libro se presta para las simulaciones y las apariencias , pues lo ha hecho pasar por su manual de oraciones, esto es: a Dios rogando y con el mazo dando.

Como advierte Luis Quintana, esto ejemplifica a los dos grandes espacios en los que se mueve la narración: el real y el parodiado; los libros, las devociones y las acciones que se entrecruzan; la Fe se verbaliza con números y las cuentas se vuelven acto de Fe.

•  Inicio como caballero. Aquí, todo concepto de justicia, honor, lealtad solamente son leídos. Una nueva confrontación con nuestras inteligencias y costumbres: justificamos nuestras máscaras por medio de la lectura. Nada de lo que creemos es real; le damos el valor de nuestros intereses.

En este capítulo, el caballero es puesto a prueba, no solamente física que, como sea la libra, nos referimos a la mayor de las pruebas, la que coloca a todo hombre entre el cielo y el infierno, entre la humillación y la sublimación, ¿quién ha sabido responder al enigma de la belleza? (especialmente si nuestra Dulcinea nos lo pregunta). En esta parte del libro se pone a prueba el concepto de belleza que no corresponde con el del resto de la gente.

•  La máscara. Tesis y antítesis. El rostro cubierto, (la intertextualidad misma es una máscara), nos expone ante los demás de manera dialéctica: no se trata de imágenes separadas e identificadas cada una con su justo valor, sino que las dos imágenes se complementan.

Tal es el caso de la relación Quijote Sancho (quién usa de máscara a quién). El mismo Luis Quintana advierte de este juego de apreciaciones, de saberes y de afirmaciones al citar a Salvador de Maradiaga al exponer este procedimiento: “Quijotización de Sancho y sanchificación de don Quijote.” (P. 64)

Cada uno se nutre del otro convirtiéndose en unidades simbólicas para enfrentarse a la cultura oficial representada por los molinos.

Frente a la prueba de las realidades aparentes, de las realidades no percibidas por todos, es preciso dejarse acompañar de un Sancho ( Las máscaras en el Quijote funciona como otro Sancho) que advierta y traduzca a los “cuerdos” las locuras de su amo. No cabe duda que la siguiente antítesis nos propone que los locos son quienes no son capaces de ver más allá de sus narices, esto es, que no poseen la capacidad para apreciar, distinguir e interpretar realidades diferentes, que finalmente son las mismas para todos.

•  Enfrentarse a visiones antitéticas. El mundo es la representación de las traiciones. Si los hombres no son justos (aunque supuestamente se coloquen del lado de los menos favorecidos o en la posición de los promotores del mundo ideal), imagínense una realidad en constante transformación; lo que un día se presenta con un rostro, el día de mañana a cambiado, y si no fuera así, entonces seríamos una bola de conformistas.

La locura puesta a prueba es la aventura de la inestabilidad, de le permanente búsqueda hasta que la muerte nos ampare. En el mundo de las traiciones, sus arquitectos (los conservadores, los oscurantistas, etc.) procurarán que veamos la realidad como ellos quieren que la veamos. Y en esas obligaciones forzadas se encuentran el trato hacia la mujer, las formas como se debe vivir, su idea de justicia y su aplicación a la sociedad, el respeto a las autoridades, etc. ¿Cuál es entonces el camino al que pretendemos ir?

Como habrán notado, Las máscaras en el Quijote me permitió alucinar por un momento ya que posee diferentes perspectivas de un libro, insisto, ejemplar. La propuesta de Luis Quintana es didáctica y seguramente ayudará a dejar de magnificar un texto, que por sí solo es enriquecedor. De esta manera, felicito a Luis por la aparición de Las máscaras en el Quijote además de desearles muchos éxitos al igual que Ediciones Eón por arriesgarse a recorrer la aventura del libro.

Jesús Humberto Florencia Zaldívar
Facultad de Humanidades de la UAEM.
“Premio Internacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano, 2006”

 

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