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  Guías culturales

RICHARD DYER: LAS ESTRELLAS CINEMATOGRÁFICAS

Jorge Peña Argibay
jorge_penaargibay@yahoo.es

El primer interrogante al que nos enfrentamos es saber si las estrellas son un fenómeno de producción o de consumo, dentro de su estudio como fenómeno social. Es en el ejemplo de la “Chica Biograph”, en donde por primera vez se le habría dado al público lo que deseaba y, al mismo tiempo se habría creado una estrella de forma premeditada. El público ve la industria del entretenimiento como una totalidad ya que en el binomio mercado/demanda, le atraen las estrellas dentro y fuera del ámbito cinematográfico propiamente dicho. El teatro popular ya presentaba esta característica. Hollywood considera a sus estrellas elementos fundamentales en su economía y lo hace, en el capital, la inversión, el desembolso y el mercado. Aún así, las estrellas por sí solas no garantizan el éxito de una película (excepciones al margen), pasan por ser una imagen confusa, en lo que a economía se trata (I.C. Jarvie en Sociología del lenguaje).

¿Existe acaso una manipulación mercantil y publicitaria orientada a crear estrellas?. Fotografías glamourosas, romances sin confirmar, el ser llamado o no para una superproducción, llevan a los actores a estar en boca y en pluma de los medios más especializados. Todo eso acompañado de apariciones televisivas, así como la creación de un estereotipo propio (Thomas Harris describe este proceso con Grace Kelly y Marilyn Monroe). En mi opinión estas consideraciones son válidas para un mayor número de estrellas o si se quiere para una clasificación genérica. Para algunos (Daniel Borstin en The Image; Herbert Marcuse en El Hombre unidimensional) la estrella es más conocida por su nombre que por su talento o por una cualidad específica, es al igual que mucho de la cultura contemporánea un pseudo-acontecimiento.No hay que olvidarse de la moda como situación de manipulación o como creación propia desligándose de lo anterior. Existen otras perspectivas desde las que analizar o entender la creación de las estrellas, sin ser las meramente económicas. El primer plano (Alexander Walker; Richard Schickel) posee su propio papel en este campo de creación y, difiere con el teatro, sobre todo, en un mayor interés por el ocio, y el menor número de papelas adquiridos por el actor. Llega el primer plano a ser visto como un monólogo silencioso (Béla Balázs).

Al margen de la manipulación mercantil, ¿cómo podemos valorar a las estrellas como fenómeno de consumo?. Se posicionan los consumidores como parte activa e incluso impulsora del proceso.Llegan a ver en las estrellas los vehículos de expresión de sus deseos más íntimos. Interesa la manera de proyectar los sueños y necesidades (Edgar Morin y Robert K. Merton). Andrew Tudor es más explícito al establecer una tipología de relaciones entre público y estrellas: afinidad emocional, autoidentificación, imitación y proyección. Estas relaciones no se basan en la atracción sexual.

Introduce el autor a caballo entre estos dos últimos conceptos el término efecto ideológico. A partir del momento en que el actor interpreta un papel, pasa a representar un personaje, dotándolo de cierta autenticidad : la vida como metáfora de teatro (Elizabeth Burns Theatricatily). De lo que parece haber menos dudas, es que el público sabe diferenciar que los actores tengan vidas diferentes a las que representan, aún cuando como estrellas garantizan unos valores propios e individuales que el público sabe identificar como tales.

Por su lado, el paradigna histórico expone estrellas ancestrales, como dioses, modelos de comportamiento u otros, que contrariamente ya no aparecen representados en gente como nosotros mismos en tiempos más modernos. Se produce pues un deterioro del héroe (discusión entre Orín E. Klapp y Leo Löwenthal), para ellos las nociones de sociabilidad y dependencia están devaluadas. El refuerzo de los valores amenazados, sobre todo en lo tocante a los cuatro pilares básicos del sueño americano, plantea unas dudas ideológicas, lo que produce una cierta fragmentacióno, desplazamiento de valores. La estrella transmite la visión ideológica latente en la película: encarnar los valores amenazados (Robert K. Merton en Mass Persuation ). Finaliza Dyer esta primera parte exponiendo la noción de carisma, desarrollada por Max Weber, transferida de la teoría política a la fílmica.

El modo de vida de las estrellas configura el eje central de la siguiente parte del libro, que comienza con la máxima de que existe una tendencia clara a suprimir ídolos de producción por ídolos de consumo (Veblen). De hecho se exige una demostración social del ser rico, con la consiguiendo materialización en un consumo ostentoso y, un estilo de vida con el que se puede estar o no de acuerdo pero que debe transmitir unas constantes irreprochables. Al final de ésta búsqueda, o de esta carrera, se encuentra un objetivo, el éxito, que de alguna manera también se constituye en punto de arranque o partida, la búsqueda del mito del éxito (Albert McLean en American Vaudeville as Ritual ). Dyer cree que este conjunto de connotaciones bien colectivas bien individuales, le dan a la estrella un carácter especial (Violette Morin con el ejemplo de Elizabeth Taylor). Hollywood también tiene una cara amarga: su poder destructor (Bob Lucas en Naked in Hollywood ). Eso sí, tiene la oposición de un duro rival, el amor, quien en esta atmósfera parece alejarse de las relaciones físicas para convertirse en una experiencia metafísica (Edgar Morin).

Le interesa ahora al autor centrarse en como las estrellas reflejan los tipos sociales de una sociedad (Klapp en Heroes, Villains and Fools). Prima la diferenciación de Klapp entre Buen Joe, el Tipo Duro y la Pin-up. El análisis de estos tipos se hace de manera exhaustiva . Del primer tipo destaca su simpatía por los perdedores, no intenta dominar a nadie, va donde la mayoría,sin duda es el principal tipo social americano y, le sirve de ejemplo John Wayne, que sería incluso algo más. Del segundo, el deterioro del héroe, su ambivalencia, ejemplos como Mike Hammer y Ernest Heminway. Del tercer tipo, teniendo en cuenta el escaso papel de la mujer antaño, promueve la apariencia superficial y la despersonalización, la mujer como un objeto sexual, los casos de Marilyn Monroe y Jane Fonda). Claro que además de estos tipos sociales hay otros anomicos , héroes marginales, malos y locos de la calle. Así, el rebelde (Marlon Brando, James Dean o Paul Newman), la mujer independiente (Bette Davis, Joan Crawford, Katharine Hepburn, Barbara Stanwyck). Cosa aparte es que esta rebeldía obtenga resultados positivos, así el denouement puede acarrear castigo para la estrella, normalmente de la parte masculina ( Luna Nueva ): “las estrellas del tipo mujer independiente explicitan la metáfora de la vida como teatro que sostiene el fenómeno del estrellato”.

Continuando en la línea de realizar análisis exhaustivos de las ideas propuestas, el Dyer pasa a estudiar el sentido de crear la imagen de una estrella. Hay que decir que ésta se crea en primer lugar mediante la promoción, que es uno de los más directos sistemas textuales, intencionado y autoconsciente. La intencionalidad puede derivar en cierta manipulación, con el fin de huir de imágenes preconcebidas. En segundo lugar, la promoción, en donde el grado de preparación desciende. No existe una creación deliberada (cuando menos desde un punto de vista objetivo), a no ser en el caso de los escándalos, los cuáles por sí solos pueden acabar con una carrera al estrellato o marcarla de una forma definitiva. En tercer lugar, las películas, los ejemplos de Zsa Zsa Gabor y Brigitte Bardot, serían la contraposición de estrellas recordadas por sus películas. En ocasiones, las vidas de las estrellas, sus muertes, pueden ser más importantes que sus películas. Se destaca la noción de vehículo, en el sentido de que los guiones son escritos a medida de las estrellas o se compran derechos de libros ya en perspectiva de aquellas (esto no siempre es así). Para acabar están la crítica y los comentarios. Los críticos ocupan un espacio diferente a quienes construyen la imagen en la promoción y en las películas. Complementan la visión de la estrella construida hasta el momento y, pueden contribuir a realizar cambios (Davis y Monroe). Dyer sugiere una definición: “la imagen es una totalidad compleja y posee una dimensión cronológica. Lo que tenemos que comprender de la totalidad, en su temporalidad, es el concepto de una polisemia estructurada”. Profundiza en la explicación, usando argumentaciones que ya ha ido apuntando con anterioridad.

Entre en escena Jane Fonda. La cámara está preparada. El equipo de filmación también. Falta saber cuál será el estado de ánimo de la estrella. El autor la conoce muy bien, y sabe como tratarla. Además conoce muchos de sus secretos, que a continuación pasa a relatarnos.

Finalizo este punto enumerando las condiciones esenciales que deben darse para que el fenómeno del estrellato sea posible, tal y como cita Francesco Alberoni al comienzo de este libro: un estado de derecho; una burocracia eficaz; un sistema social estructurado; una sociedad a gran escala (las estrellas no pueden conocer a todo el mundo, sin embargo todo el mundo puede conocer a las estrellas); desarrollo económico superior al nivel de subsistencia ( aunque no es necesario un gran desarrollo, como demuestra la presencia de las estrellas de cine en la India); movilidad social (en principio, cualquiera puede ser una estrella).

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