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  Guías culturales

GOETHE DUEÑO DE SUS VERDADES

Jorge Peña Argibay
xurxopena@hotmail.com

Schiller dice de su amigo: « Goethe es un árbol al que basta sacudir para que dé óptimos frutos”. Sin duda, el poeta alemán, aporta una producción del todo sobresaliente, y no sólo en lo referente a su obra, sino en todo el conglomerado de relaciones y de vivencias que lo rodean. Fueun agente clave en la « desprovincialización » del espíritu alemán. Nunca quiso una sociedad burguesa emancipada del feudalismo. Reconoció siempre muy bien aquello que para él representaba peligro, y eligió en consecuencia un óptimo “nicho ecológico” para desplegar su vida, por lo mismo impermeabilizada ante una historia gradualmente abierta, que quiso conjurar con fórmulas éticas bastante débiles.

Algunos críticos alemanes gustan juntar, ante la vista de la imaginación, borrando la distancia del tiempo, los dos nombres gloriosos de Sófocles, y Goethe como dos altas montañas, fronteras y mellizas, separadas por el hueco de veintitantos siglos. Su serenidad, su indiferencia son perfectas. Quietos, inalterables, impasibles, inmutables. Acaso y con toda seguridad, para llegar a esa cumbre han seguido ambos la senda del dolor. De ordinario es un hombre quien se constituye en tiranía; pero también una familia, un grupo o una clase pueden hacerse tiranos, afirma esto en su tratado Della tiranmide: pensaba que sin libertad es imposible la virtud; y sin virtud no pueden existir grandes escritores.

La poética romántica es trascendente y se asienta en un hondo análisis metafísico. Pero su discurso difiere por completo de lo que señala el tópico: no es abstracto, ni encadena grandes palabras vacías u oquedades retóricas sin otro signo que la exaltación, ni derrama lágrimas dramatizadas. Si su análisis es metafísico, la mirada de la poesía es física: es el lector de la naturaleza, el diseccionador de la vida, el submarinista de lo real. En esta misma vertiente se sitúaPoesía y Verdad, si bien para algunos presente ciertas carencias, considero que es innegable su valía como documento histórico, en una Europa, mejor dicho en una Centroeuropa, que se presenta como un excelente antecedente ante la formación de una sola nación europea, en donde lo político y lo social se dan la mano a través de la cordialidad y la convivencia, pese a los conflictos existentes. Un recuerdo infantil en Poesía y Verdad, no puede considerarse en verdad como una aportación psicoanalítica a la literatura. Se trata simplemente del análisis de un acto de conducta de un gran creador literario, Goethe, contado por él mismo y al que él no puede dar interpretación alguna, pero que mantiene vivo en su recuerdo

En Poesía y Verdad, los odios, amarguras, o enfrentamientos, forman un conjunto de peculiaridades, que representan verdaderos cuadros alegóricos, de algún modo existe siempre una compensación, como el propio autor hace constar en más de una ocasión: “En tiempos tranquilos todo el mundo quiere vivir a su aire: el ciudadano desea dedicarse a su oficio y a sus negocios y divertirse después”. No deja de lado el maestro alemán la cuestión religiosa, así se refiere a los luteranos, reformistas (calvinistas) y católicos, los judíos dice, constituían una pequeña minoría tolerada a regañadientes. Mientras que la mayoría de la población, al igual que la familia Goethe, estaba constituida por luteranos, así, había significativas diferencias de trato y de derechos entre las distintas religiones, de entre las cuáles la luterana era la más favorecida. De la situación literaria nos dice: “la época literaria en que nací se desarrolló a partir de la anterior por espíritu de contradicción. Alemania tanto tiempo invadida por poblaciones extranjeras y atravesada por otras naciones, y dependiente de lenguas extranjeras para sus negociaciones diplomáticas y eruditas, estaba totalmente incapacitada para desarrollar la suya propia”, en clara referencia a la ilustración en oposición al barroco. La capacidad intelectual y de trabajo de Goethe, hace que mencionar todos sus estudios y posibilidades carezca de sentido en tanto que se trata de una “parte infinita” perfeccionada por él a extremos de obligación individual. Y así concluye: “La misión más elevada de cualquier arte es forjar la ilusión de una realidad superior a través de la apariencia. Sin embargo, es una pretensión errónea hacer realidad esta apariencia durante tanto tiempo que al final ya sólo quede una realidad común”.

Bajtín intenta no olvidar que los fenómenos ideológicos responden a cánones específicos dentro de su característica determinación socioeconómica en última instancia. Propone recuperar el concepto de mediación social sujeto a especificidades, tanto subjetivas, propias de la particular visión sesgada de la conciencia creadora, como puramente literarias, debidas a la convención artística (también en última instancia determinada por las bases socioeconómicas, pero con andadura autónoma), cuando el producto pertenezca a esta especial serie literaria.

 

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