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LAS FEMINAS DE DIEGO DE SAN PEDRO: LAUREOLA Y LUCENDA

Jorge Peña Argibay
xurxopena@hotmail.com

En este estudio pretendo ofrecer una visión genérica de dos personajes femeninos de Cárcel de Amor (1488) [1] y,Arnalte y Lucenda(1491),que no son otros que Laureola y Lucenda, valorando su creación, su significación y el papel que representanen la novela sentimental.

Toda estructura y, por lo tanto todo personaje, es una reunión de elementos coherentes. Más, para que algo lo sea, necesita de un principio de cohesión, de una fuerza, interna o externa a la cosa misma, que coloque en su sitio a cada uno de los elementos y los mantenga trabados componiendo la figura [2]. Lucenda y Laureola se cohesionan a través de la lucha por salvar su honra. El respeto a tales normas, aceptadas libremente, constituye la virtud, es decir, la fidelidad al dictamen de la conciencia guiada por la razón y que acaba en coincidir con lo que es útil socialmente. La preocupación por la fama, especialmente en la mujer, adquiere una primacía absoluta en la escala de valores de ambas obras. La fama obra como factor de contención y retrae la expresión lisa y llana de los verdaderos sentimientos. Fama y honra se identifican y, por ello, a menudo se usan indistintamente [3].

¿Cómo definir los verdaderos sentimientos de Laureola?. El barrunto de su pensamiento, el objeto secreto de infinitas preguntas, las acciones internas de la no presencia de Leriano, las prohibiciones que dicta su intimidad, todo ello encauza el devenir de los acontecimientos. Indudablemente, Leriano ha causado un buen revuelo. Pero para que haya amor de verdad, no basta con el simple ajuste de palabras (que vamos obteniendo de los interesados), es necesaria también una voz interior que se coloque en un modo completamente distinto, como en un espacio-tiempo superior. Imágenes, lazos de un mundo práctico e incomprendido, que adivinan el destino de los personajes. Las sorpresas demasiado fuertes y sistemáticas dan la idea de una Laureola emborrachada de su propia habilidad de amoríos y, dispuesta a rechazarla como sea, empezando en el libre espacio de la incoherencia de su mente y continuando con el vacío de su alma. A Laureola, le gustaría encontrar una sucesión de palabras igualmente ricas y bien relacionadas, que le facilitaran la tarea de resultar alusiva a Leriano. Su peculiaridad reside en dejarse llevar:

No sé, Leriano, que te responda, sino que en las otras gentes se alaba la piedad por virtud y en mi se castiga por vicio. Yo hize lo que devía, segund piadosa, y tengo lo que me merezco, segund desdichada... Más aunque yo digo, tu determina, que, segund tu juicio, no podrás errar en lo que acordares.

El tipo de persona que da a otra lo que no tiene se realiza perfectamente en la relación de la mujer con el hombre. La vida y la espiritualidad de innumerables varones sería ciertamente muy distinta y mucho más pobre si no hubieran recibido el influjo de las mujeres. Pero hay que advertir que lo que de éstas reciben no es un contenido previamente existente en ellas. Las mujeres dan, algo inmediato, una esencia que en ellas mora y permanece, esencia que al entrar en contacto con el varón hace germinar en éste algo que no tiene la mayor semejanza fenomenológica con ella [4]:

La dispusición en que estó ya la ves, la privación de mi sentido ya la conoces, la turbación de mi lengua ya la notas; y por esto no te maravilles si en mi respuesta oviere más lágrimas que concierto, las cuales, porque Laureola las saca del coraçón son dulce manjar de mi voluntad... porque en mi desfiguridad a ella y a tus obras pintadas verás; y no solamente mis lágrimas a acrecentar mis dolores me han bastado, mas viendo mi parescer, a muchos enamorados de amar he fecho temerosos.

Lucenda también tiene su divertimento a lo largo de su relación. Ella ha sabido conjugar su papel de mujer deseada con el de eterna sufridora, quizás porque a lo largo de su vida, ha conservado la curiosidad, entusiasmo y capacidad de asombro y, una deliberada formalidad, como rechazo a la rigidez de las normas, que se ciñen en exceso a los deseos de Arnalte, para ella siempre matizables. Concebimos a Laureola como un carácter que una vez formado, se conduce de la misma manera, indiferente a los sucesos externos, hasta el rechazo final. Quizás por eso Lucenda no se enamora nunca, ya que el amor es un sentimiento capaz de imponer a quien ama un cambio de conducta radical, capaz de obligar a una mujer a ser otra. Y Lucenda no es nunca otra sino ella misma y ella misma.

La importancia atribuída a Lucenda no procede de su especial inteligencia, ni de que hable con profundidad, ni de nada que no sea su manera honda de vivir su situación de soltera. ¿Llega realmente Lucenda a enamorarse de Arnalte? La respuesta es una conjetura, si bien, hay que entender que una mujer tan mujer como Lucenda no podía enamorarse de un hombre así. Finalmente alcanza un estado anímico de desazón y de aburrimiento: “pues el aburrimiento surge cuando nos vemos obligados a estar pendientes de algo que no consigue interesarnos[5].

Sus juicios son expresados en soledad, la de quien contempla la vida con criterio exclusivamente femenino, y que considera superfluo y pecaminoso todo lo que no se oriente al matrimonio. Al igual que Laureola participa de una situación de encantamiento, aunque mantienen una visión real gracias a su fuerte personalidad. La estructura de la personalidad no es la misma en todos nosotros. Hay mujeres, por ejemplo, cuya personalidad se forma en torno a un núcleo central, y está constituída por capas concéntricas, más o menos a la manera como crece un árbol, como engorda su tronco. Son personalidades orgánicas, armoniosas. Pero hay otras cuyos elementos se ordenan en capas superpuestas sin relación orgánica, diríamos mejor en compartimentos que pueden ser estancos y entre los cuáles suelen establecerse contradicciones [6].

Formulemos el esquema: dos mujeres deseadas pero amorosamente indiferentesa quienes las cortejan. Arnalte empieza dando voces en el desierto, necesita contar con ella, tener en cuenta su mentalidad, sus sentimientos reales, sus prejuícios, en una palabra su complejidad moral; no alcanza la paz interior por medio de su composición: “por el desmerescer mío no merecí de Nuestra Señora ser oído”, lo que se debe a que no escribe las Angustias en estado de contricción religiosa sino “porque de mi dolor se doliese y porque por las penas suyas me liberase”, para alcanzar sus fines mundanos. Esto documenta cómo el autor traza una línea divisoria entre la religión y el amor, consciente de los valores autárticos [7].

El fragor sordo de una tensión interior permanente, y el mantillo del pesimismo, eran los principales mecanismos defensivos de Lucenday Laureola, cuya actividad psíquica se cifraba en tratar de mantener, dentro de sí mismas, el equilibrio de sus tensiones emocionales y en sopesar los pros y los contras de los acontecimientos exteriores que incidían sobre ellas y las concernían de una forma inesquivable. La consecución y el mantenimiento de éste equilibrio interior, no era un esfuerzo desconectado de otros circuitos vitales, sino que repercutía en una serie de tendencias y manifestaciones suyas, que iban desde la amistad y el amor hasta su salud corporal, sin olvidar otros aspectos de tipo social que atañían indefectiblemente a la esfera de sus relaciones públicas:

Tú sabrás que la tierra y naturaleza mía es Thebas... mi padre, que de vivir se despidió ha grandes días, dezíanle Arnalte; decirte quién era no quiero, porque en mi boca mal su alabança asentara. Pues como Thebas mi naturaleza fuese, y como el rey lo más del tiempo en ella gastase, no saliendo yo jamás de la corte.

Diego de San Pedro explora los puntos convergentes entre sus personajes femeninos y su tiempo y, construye un lenguaje propio con las herramientas disponibles. En esta inmersión literaria se involucran el ejercicio de la libertad, las formas de poder y el acceso a laverdad femenina, así Laureola llega a invadir el discurso del representante masculino.

Leriano le ofrece amor, protección, y consigue influir en su amada, pero a pesar de su debilidad, la mujer influye en el hombre y en la sociedad. Incluso, su podría afirmar que es ella quien tiene la misión de regenerar su entorno. Con esta acumulación de dudas, desconocimientos, insinuaciones, suministradas a lo largo de primera parte de la novela, el autor envuelve la historia en una misteriosa realidad vaporosa, en donde las presencias sentimentales parecen ser fruto de los sueños:

No creas que tan sanamente biven las gentes, que, sabido que te hablé, juzgasen nuestras limpias intenciones, porque tenemos tiempo tan malo que antes se afea la bondad que se alaba la virtud... Bien sabías tú que en la orden de bien amar, si la vida no cae, que están los tormentos siempre en pie. Tú, pues tu poco poder conoscías, ¿para qué suyo grande obedecer quesiste?Podrasme decir que tan poco al principio desobedecerle podiste como agora olvidarlo puedes; ya yo veo que en esa respuesta está todo el daño.

El autor sintetiza muy bien las ataduras que dificultan la libertad y privacidad de los amados. Keith Whinnom, afirma que Dronke tiene plena razón al descartar la idea de que el amor cortesano fuese una religión alternativa; se ve clarísimamente en la literatura la insistencia de los poetas amorosos en que no hay conflicto entre el Amor y Dios, pero sí había hostilidad por parte de los moralistas [8].

Robert Musil, consideraba que el sentimiento era la verdadera energía del espíritu, ya que, todo lo que ocurre entre seres humanos tiene su origen, bien en sentimientos, bien en la privación de ellos. Una de las caras o vías de desarrollo del sentimiento es la “vía externa o mundana de desarrollo del sentimiento”, en la que los sentimientos corresponden a una finalidad concreta. Así sucede con el amor. Surgido este sentimiento toma forma apetitiva y dirige la actuación hacia algo determinado. Aplacada la necesidad, calmados – aunque no necesariamente colmados -, los sentimientos en forma apetitiva, han cumplido su misión y cesan [9]. En esta ocasión han sido calmados, nunca colmados, y de forma drástica, una vez se produce un rechazo claro por parte de las dos mujeres.

La honestidad femenina de estas dos mujeres infunde valor, de modo que el autor establece una clara dicotomía entre los papeles de los sexos en la sociedad. Los personajes femeninos de San Pedro recurren a la fantasía, inventando e idealizando sus propios ídolos distantes y procurando muchas veces que llenen el vacío, que suplan la falta de cariño que sienten [10]. Encarcela a sus personajes y los condena a una prematura derrota contra la que tendrán que luchar, para no caer en el abandono, el vacío o la propia prisión física. Esta cárcel emocional es testimonio real de una obsesión aisladora en donde existen tinieblas de contraste, del modo que indica Huchet :

La présence de personajes féminins dans les romans antiques ne scelle pas la reconnaissance àpart entière de l´Autre-sexe, mais la délimitation à l´intérieur du récit d´une zone critique. Grâce à la femme, le roman découvre la théorie et, au défait des traités de rhétorique, énonce au féminin une « póétique » du roman » [11]

Lucenda es una mujer tímida aunque sociable, cuitada, tanto más infeliz cuanto más escuche las razones de la naturaleza amorosa, cuya voz queda sin sonido ante el tumulto de la tradición moral. Acaba así esta mujer por huir de la temida condición corrompida del amor. Rompe con enojo la carta que Arnalte le envía y, contesta con un no rotundo, cuando su pretendiente se le acerca disfrazado de mujer. A la pasividad del comienzo, sigue una trayectoria desde el sentimentalismo, hasta llegar a la exaltación final del rechazo.Desprecia todos los fantasmas producidos por una bien colocada filosofía.

Diego de León está convencido de que España posee un carácter peculiar y escasamente modificable, bien expresado en las figuras de Laureola y Lucenda. España tiene su propia aristocracia, su propia burguesía y sus propios pobres:

Si, como eres d´España, fueras de Macedonia, tu razonamiento y tu vida acabaran a un tiempo. Assí que, por ser estraño, no recebirás la pena que merecías.

Mientras que la razón se basa en el orden lógico y optimista, la vida es la expresión del cambio y de la revolución. La vida sabe que el orden sólo se desarrolla como imitación y exclusión de la más esencial de sí misma, mientras que sólo en el cambio no conformista, en la búsqueda de lo más inasequible puede abarcarse como vida plena. Esto no significa una huída al terreno de lo ilusorio o místico. La vida es una trampa, queremos desabrirla por sucio que sea el juego, y en éste entran las apariencias:

Si pudiese remediar su mal sin amanzillar mi onra, no con menos afición que tú lo pides yo lo haría; más ya tú conoces cuánto las mugeres deven ser más obligadas a su fama que a su vida, la cual deven estimar en lo menos por razón de lo más, que es la bondad... e pues ya tú sabes cuánto la honra de las mugeres cae cuando el mal de los hombres pone en pie, no quieras para mí lo que para ti negarías. Bien sabes tú cuánto a escuras quedaría, si a su deseo lumbre diese.

No se debe limitar como se ha hecho habitualmente, la reflexión acerca del carácter genérico del relato sentimental sólo a labúsqueda de coincidencias temáticas o argumentales (filoginismo, subjetivismo, cortesanía, amor, muerte,etc); también podemos hablar de género marcado por una concepción formal propia, que supone la presencia de dos planos de relato que completan una visión total del fenómeno literario: un plano de narración que integra en un discurso una serie de relatos que más allá de su adscripción formal, comparten el rasgo de pertenecientes a la memoria de los participantes, auctor y oyentes [12].

De León, hace hincapié en estos personajes, en la importancia de la educación y del medio dándole tratamiento sentimental a cada uno, sus actitudes sobre el entorno. Analiza tanto sus vidas, que deben revelar su teoría, que los conflictos que deben sufrir al adaptarse a las convenciones sociales refuerzan su personalidad. Esta mujer es la honnête femme de una larga tradición moralista, con fuerte caracterización social y fruto de una supraestructura metafísica-religiosa de época. Dota a sus mujeres de poder curativo y, a través de sus corazones rectos, ejercen la función de mujeres racionales. Ellas como nadie, son capaces de ir de lo sublime alo vulgar. En la Edad Media el terreno propicio para el culto de la fama no es, el dominio del pensamiento, regido por la Iglesia, sino el de la acción, el ambiente caballeresco y cortesano. Esta honra ligada por esencia a la sociedad, bajo el dominio jurídico y, de acuerdo con las notas cortesanas no resulta incoherente el afán de fama en el mundo [13].

Laureola es el espejo del análisis del noble sentimiento de la piedad, su relación con el amor y con los conflictos de su ausencia. La piedad es el sentimiento que distingue al hombre del animal. Arnalte no puede librarse de la condición en la que le han sumido sus conflictos. Está condenado a vivir sin Lucenda, en su propia prisión. El retrato deLucenda es el de una musa de carne y hueso, posiblemente reprimida en sus impulsos sexuales, al modo de la época, pero con una gran pasión por el amor (incluido el familiar, ya que el hogar pervive con la elevación del sentimiento amorosa) y por la vida. Por otro lado, el sentimiento de amor-piedad resulta una forma de concesión de quien se encuentra en un alto e inalcanzable pedestal y no admite, estrictamente hablando, ninguna clase de verdadera correspondencia de sentimientos [14].

Las fuentes de lo elemental son de dos especies. Por un lado, están en el mundo, el cuál es siempre peligroso, como el mar, que siempre encierra dentro de sí el peligro aún en los momentos en que no sopla el viento. Y por otro lado, se hallan en el corazón humano, el cuál está siempre anhelando juegos y aventuras, odios y amores, triunfos y caídas, y en todo momento se siente necesitado de peligro y también de seguridad, y siempre consideraría con razón, que una situación que estuviera fundamentalmente asegurada sería una situación incompleta [15]. En el corazón de Laureola y Lucenda, se hallan rescoldos de soberbia (que no resulta muy evidente), pero sus opiniones manifiestan una estrechez de miras, una cierta obstinación y un escentillamiento en su mentalidad regia:

Espantada estó como de tan cruel padre nació hija tan piadosa. Si le pareciera en la condición no le temiera en la justicia, puesto que injustamente la quiera hazer [...] Ternás en el reino toda la parte que quisieres, creceré tu onra, doblaré tu renta, sobiré tu estado, ninguna cosa ordenarás que revocada te sea; assí que viviendo causarás que me juzguen agradecida y muriendo que me tengan por mal acondicionada.

Son momentos en donde se siente la necesidad de no llamar a las cosas por su nombre y, en donde la adecuación entre lenguaje y verdad no resulta muy transparente. Sea como sea, la soberbia como amenaza regia parece haber sido una constante textual (al menos en Laureola) y, se convierte en un componente de peso. Marca el sufrimiento y la victoria amorosa de Laureola, como representación secundaria de la ejemplaridad amorosa.

El romance sentimental establece que la tristeza y el dolor son funciones propias de la mujer; de ahí que se insista en la necesidad del receptor femenino. San Pedro dedica su Arnalte a “las damas de la reina nuestra señora” con quienes establece pactos de complicidad:

A vuestras mercedes suplico que la burla sea secreta y el fabor público..., pues si las tales cosas el fabor de discreto juicio ha menester, bien el de vuestras mercedes menester me hará [16].

Alguien podría pensar que estos dos personajes femeninos representan un alegato contra el matrimonio, pero en realidad, en mi opinión, la obra es más un canto al matrimonio por amor. Ellas tienen la conciencia clara, son astutas y no dudan en llegar al rechazo, cuando las posibilidades de que el sagrado sacramento son imposible, bajo la tutela y protección del caprichoso amor. Georges Duby decía del matrimonio de la época:

Necesariamente ostensible, público, ceremonioso, rodeado de un cúmulo de gestos y de fórmulas, el matrimonio en el seno del sistema de valores, se sitúa en la junción de lo material y de lo espiritual. Por élse ve regularizada la transmisión de las riquezas de generación en generación; sostiene por consiguiente las “infraestructuras”; no es disociable, y esto hace que el papel de la institución matrimonial varíe según el lugar que ocupa la herenciaen las relaciones de producción [17].

Al enfocarse estos dos personajes femeninos, la narración sentimental muestra la compleja relación que existe entre las necesidades y el grado de entendimiento personal y social de un indivíduo o, en su defecto, el grado de falsa conciencia y, el proceso histórico, social y económico de índole más amplia. Estas novelas subrayan la manera en que las personas van creando tanto su vida personal como su mundo social. Los cambios surgen del conflicto y la carencia, del reconocimiento de errores anteriores y de la interacción afectiva con los demás, de la crítica y del apoyo colectivos.

Después de tantas palabras interinas, existe en ellas un dolor armonioso, controlado, conciliante, y lo sufren con vigor y singularidad. Éste ofrece su propia enseñanza, basándose sobre todo en el aspecto emocional, más que en el espiritual. Es inevitable su presencia, pero su orientación trasciende en mayor medida a los hombres del relato. Se sitúa en el presente de una forma fija y atemporal, olvidando el futuro y sus agotados descubrimientos:

E por tanto, nao dirijamos de ser obrigados a dar conta de mais que de bem começar, continuando nosso prepósito ser enderençado a bom fim, pois o mais nao é em nossa mao mas da Ventura de cada um. Nem isto nao nos desobriga a emprender grandes cusas, mas a ter nelas mor esperança, pois por mores que sejam pode com elas a Ventura [18]

En definitiva, no se suicidan ni cometen adulterio, tampoco sufren ni persecución ni castigo, optan por la soledad como refugio imprescindible para su condición de ser humano, sino de una manera totalmente convencida, si como vía de escape a males peores, de los que ya conocen sus daños por sabiduría y, por experiencias ajenas. Quizás la muerte fuese más adecuada, o quizás no. La novela sentimental se inscribe también en el espíritu de la muerte, pero se trata, indudablemente, de un espíritu luctuoso mucho más estilizado y complejo que el de los testimonios explícitos del tema. La muerte comienza a vislumbrarse como una salida, una libración del dolor humano, del despecho de amor, del sufrimiento por lo imposible. El tema se inserta en la evolución natural de una dialéctica del amor signada por la frustración. Elpathos de la muerte es un elemento más de la servidumbre de amor a ultranza [19[.

Notas

[1] Their estimated dates of composition, then, woulf be the early 1480s and the mid – 1480s respectively, for the only chronological clur avaliable, the textual reference “war of last year”, would suggest composition of Cárcel de Amor between 1483 and the terminus date given, 1492, the year of the first known painted edition, CORFIS, Ivy A., Diego de San Pedro: Cárcel de Amor, London, Tamesis books limited,1987, p.1.

[2]TORRENTE BALLESTER, GONZALO, Ensayos Críticos, Barcelona, Destino, 1982, p.12.

[3] CVITANOVIC, DINKO, La Novela Sentimental española, Madrid, Prensa Española, 1973, pp. 137,164.

[4] SIMMEL, GEORG, Cultura femenina y otros ensayos,México, Austral, 1961, p.44.

[5] GARCIA ALONSO, RAFAEL, Ensayos sobre literatura filosófica, Madrid, Siglo veintiuno,1995, p. 12.

[6] TORRENTE BALLESTER, GONZALO, Ensayos Críticos, Barcelona, Destino, 1982, p.149.

[7] ROHLAND DE LANGBEHN, REGULA, La unidad genérica de la novela sentimental española de los siglos XV-XVI, London, Hispanic Studies, 1999, p. 75.

[8] DE FERRARESI, ALICIA, De Amor y poesía en la España medieval, México, Colegio deMéxico,1976, p.37.

[9] GARCIA ALONSO, RAFAEL, Ensayos sobre literatura filosófica, Madrid, Siglo veintiuno,1995, p.13.

[10] Un caso extremo de esta acusación se dirige a la compartimentación de las facultades humanas en sensibilidad, entendimiento y razón. En esta perspectiva, carácter y destino, lejos de estar teóricamente separados, coincidirán. Como en Nietzsche cuando dice: “Quien tiene carácter tiene también una experiencia que siempre vuelve”

[11] HUCHET, JEAN-CHARLES, Le roman médieval, Presses universitaires de france,1984, p. 222.

[12] JIMENEZ RUIZ, JOSE, Fronteras del romance sentimental, Málaga, Universidad de Málaga, 1985, p.21.

[13] LIDA DE MALKIEL, ROSA MARÍA, La Idea de la fama en la Edad Media Castellana,México, Fondo de Cultura Económica,1983, pp. 133,164.

[14] CVITANOVIC, DINKO, La Novela Sentimental española, Madrid, Prensa Española, 1973, p. 138.

[15] OCAÑA, ENRIQUE, Más allá del Nihilismo: meditaciones sobre Ernst Jünger, Murcia, Universidad de Murcia,1993, p.35.

[16] JIMENEZ RUIZ, JOSE, Fronteras del romance sentimental, Málaga, Universidad de Málaga, 1985, p.36.

[17] DUBY, GEORGES, El caballero, la mujer y el cura, Madrid, Taurus,1982, p. 20.

[18] FAGUNDEZ DUARTE, Luiz. Naceo e Amperidónin, Casa da moeda, Biblioteca nacional, p. 23.

[19]CVITANOVIC, DINKO, La Novela Sentimental española, Madrid, Prensa Española, 1973, p. 27.

 

Bibliografía

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