| Olor a pólvora en el aire,
misiles que vomitan metralla,
sobre una ciudad mil veces
agraviada,
El pueblo corre despavorido
hacia ninguna parte,
La huella del terror en la mirada,
el miedo en las entrañas,
Niños asustados buscan el
calor de sus madres en la nada,
niños mutilados que tropiezan con
su sombra en medio del infierno,
Los asesinos se refugian en la
inmundicia de la ofensa, o de la
religión o de cualquier otra excusa,
para disparar sus complejos,
Niños inocentes, mujeres embarazadas,
civiles desamparados, parias de las guerras,
que no comprenden cuál es su delito,
todos, abrazan su desesperación,
Mientras, en otro lugar se debate la muerte,
con la esperanza en un trozo de papel y
con el espejo de la incomprensión
en el alma cercenada.
Hombres que se miran el ombligo
para no aceptar la miseria de esta
guerra cruenta organizada por los
siervos del poder,
Cómplices de las desdichas que
asolan a las víctimas,
vuestra conciencia miserable
nunca descansará en paz.
Una cita a ciegas en la plaza
del olvido,
El encuentro de unos desconocidos
que intercambian veleidades nocturnas
Una luz tenue ilumina la pasión
sobre unos versos en penumbra
de una amante desengañada
que coquetea con el destino
Mañana será mañana pero
hoy trato de conquistar a mi desconocida
y brindar con el zumo de la uva
por la noche más desnuda
En la quietud de esos instantes
el mundo me abraza con fugaz
Sensualidad
Me olvido que la rutina es la
ambición de los cobardes
Y vivo el momento como
si se fuese a escapar
Recupero mis ilusiones
en un paseo por la avenida
del deseo.
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