El soneto
En el volumen 67, tomo tercero, de la B.A.E., aparece el
siguiente soneto de Jose Musso Valiente (1): A su esposa,
la señora doña María de la Concepción
Fontes, con ocasión de haberse cubierto el rostro
con la mantilla al divisarlo.
No corras, no, con tímido recelo,
sobre la del amor lumbre divina,
por hurtarla a mis ojos, la cortina,
con nubes escondiéndome ese cielo.
En vano la ocultó cándido velo,
si el corazón solícito adivina
y va a coger la rosa peregrina,
pasando el muro con osado vuelo.
¡Deja, mi bien, que al verla se enajene
quien a solas gozándola suspira,
porque su ardiente sed no alivio tiene!
¡Ablanda el pecho; ve que se retira
la juventud, y helada vejez viene...
y ya que no el amor, el tiempo expira! (2)
Este soneto, con independencia de su valor poético,
nos parece un buen ejemplo de la persistencia de algunos
tópicos clásicos a través de la literatura
española, desde el medievo hasta el siglo XIX.
Musso Valiente, humanista ilustrado
En otro escrito, califiqué de humanista a José
Musso Valiente (3). Argüí entonces en él
que "la palabra literatura tiene en el siglo XVIII
el valor de cultura, de lo escrito en general, sea cual
fuere en el campo de su especialización" (4).
De este modo se puede hablar, pues, de humanismo ilustrado,
por cuanto los escritores entendían de todos los
saberes y a todos se dedicaban sin que eso supusiera ruptura
cultural alguna ya que no existía la separación
ciencias-letras tal y como se practica ahora. Con relación
al humanismo de Musso, a pesar de que Sánchez Blanco
(5) entiende que la cultura neoclásica no era ni
universitaria ni humanista, quizá por el abuso de
las formas escolásticas, nuestra calificación
parte de distintos presupuestos, es decir, procede de la
siguiente consideración: en sus estudios de latinidad
recibe sin duda una formación humanística
tal y como se estilaba en las Escuelas Pías. No es
raro, por tanto, encontrar temas clásicos, o sus
ecos, en sus escritos, sobre todo si tenemos en cuenta su
pertenencia a la Academia Latina Matritense, más
tarde Grecolatina, desde 1829; la publicación de
traducciones (6) de diversos poemas de autores grecolatinos
en La Minerva de Pedro María Olive (1817); la atribución
de Traducciones de varias Odas de Q. Horacio Flaco y de
algunas elegías de P. Ovidio Nasón (1798)
(7), y las traducciones de Anacreonte, Catulo, Cebes, Cicerón,
Demóstenes, Esopo, Herodoto, Homero, Horacio (8),
Jenofonte, Luciano, Píndaro, Safo (9), Sócrates,
Sófocles, Terencio (10) y Tucídides, conservadas
en la Biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander,
algunas de ellas aparecidas en el tomo II de sus Obras (11).
Además, estudió Álgebra, Hidrología,
Física, Mineralogía, Matemáticas, Botánica
y Música, entre otras, es decir, algunas de las disciplinas
que constituían las Humanidades, por supuesto Gramática
y Retórica, más las de su afición.
Esto no quiere decir que sea un humanista al estilo renacentista,
sino un ilustrado con formación humanista, eso sí
conservando el acercamiento a una universalidad del saber,
por más que fuese una utopía.
La vastedad de sus conocimientos y la calidad de su formación
intelectual le hace pertenecer a las Academias de la Historia
(1825), Española (1827), Latina Matritense (1829),
ya citada, de San Fernando (1830), de Ciencias Naturales
(1837), a la Sociedad de Amigos del País de Murcia,
Valencia y Jerez de la Frontera, y participó activamente
en el Ateneo y en el Liceo de Madrid (12).
El motivo (13) del velo: origen y expansión
Con la simple lectura del soneto, hallamos un tópico
en el último terceto, un carpe diem que trata con
delicadeza (ablanda el pecho) y dos motivos, uno en el verso
tercero del segundo cuarteto: collite virgo rosas (coger
la rosa peregrina) -imagen para la expresión del
propio carpe diem- y otro en el último terceto: tempus
fugit (se retira la juventud, el tiempo expira) -no siempre
asociado al carpe diem, pero sí presente en él-.
Pero el objeto de nuestra atención es la cortina,
la mantilla, el cándido velo porque tiene un origen
histórico que más tarde pasa a ser literario,
lo que no deja de ser destacable.
Se origina el motivo del velo en Cornelio Tácito
(14) cuando se refiere a Sabina Popea (15), ?"Sermo
comis nec absurdum ingenium: modestiam praeferre et lascivia
uti. Rarus in publicum egressus, idque velata parte oris,
ne satiaret aspectum, vel quia sic decebat. Famae numquam
pepercit, maritos et adulteros non distinguens"?, una
de las esposas de Nerón, célebre por su belleza
y por el cuidado de su cuerpo para mantenerla (16).
Por buscar otras posibles fuentes clásicas, se puede
detectar cierta influencia del libro III del Ars Amatoria
de Ovidio (17), en el que el poeta da consejos a las mujeres
para que seduzcan a sus amados. Entre otras muchas cosas,
les dice esto: "Multa viros nescire decet; pars maxima
rerum / Offendat, si non interiora tegas" (18) (-vv.
229-230); "Rara tamen mendo facies caret: occule mendas,
/ Quaque potes vitium corporis abde tui" (-vv. 261-262)
(19); "Adde forem, et duro dicat tibi ianitor ore /
'Non potes,' exclusum te quoque tanget amor" (20) (-vv.
587-588).
De aquí procede una larga tradición que pasa
tanto por la literatura (Mira Nero de Tarpeya, en el Romancero
Viejo (21), Roma abrasada y crueldades de Nerón,
de Lope de Vega, o Quo vadis?, de Henryk Sienkiewicz, 1895),
como por la música (L'incoronazione di Poppea, ópera
de Claudio Monteverdi, libreto de Gian Francesco Busenello
(1642), o Agrippina, de George Frideric Händel, libreto
de Vincenzo Grimani), por poner sólo unos ejemplos.
Pero, posiblemente, el que más contribuyó
a mantener la fama de Popea como belleza, y a través
suyo se mantuvo en la literatura medieval para llegar desde
él hasta la actualidad, como se advierte en la novela
de Philipp Vandenberg (22), fue Giovanni Boccaccio al tratar
la figura de la esposa de Nerón en su obra De claris
mulieribus (1361-1362) (23). De esta obra, extractan, copian
o traducen y pasan, junto con las noticias de su vida, el
retrato de Popea a diferentes lenguas vernáculas
de la Europa de entonces: citamos una anónima en
francés del siglo XV; otra en Louvain, en la imprenta
de Aegidius van der Heertraten, 1487; la castellana de Zaragoza,
1497; la de Jacobus Philippos de Bergamo, Ferrara, 1497;
la de Gillaume Rouillé, en Lyon, 1551, entre otras.
La traducción del toscano al romance, de Zaragoza,
describe así a Popea: "Sabina Poppea, romana,
fue illustre mujer, fija de Tellio, hombre no de gran nobleza;
y assi no tomó el nombre de él, mas de su
avuelo de madre, llamado Poppeo Sabino, varón muy
noble y triumphante y cónsul insigne. A la qual no
le fallecieron las otras dotes que en las mujeres se requieren,
si toviera el ánimo honesto y prática, ca
ella fue de una fermosura nunca vista, muy semejante a la
madre, que fue en su tiempo la más fermosa mujer
de Roma. Allende desto tenía la fabla muy falaguera
y dulce y de muy suave tono; tenía el ingenio excellente,
y tal que a qualquiera cosa lo podía bolver, si usar
d'él en artes honestas y buenas. Tuvo por costumbre
continuo y plática de mostrarse muy honesta en lo
público; en secreto muy disoluta, que es un común
vicio de todas las mujeres. Y como ella saliesse ralas vezes
en público, no le fallecieron empero artes y astucias.
Ca sabiendo que el pueblo todo y los más principales
se deleytavan y folgavan en ver el rostro y faz, siempre
salió con la cara cubierta, no porque quisiesse asconder
lo que desseava ser visto, mas porque mostrándose
muy liberalmente no fartasse luego los ojos de los miradores
y de toda la gente, y porque les quedasse aquel desseo de
ver lo que estava encubier[t]o con el velo, y porque en
el rostro no le conosciessen sus costumbres y sus inclinaciones,
que jamás perdonó a su fama" (24).
En Jean Tixier de Ravisi (1480-1524), podemos leer: "Cum
ultra eximiam eius pulchritudinem, quam maxime ei esset
sermo blandus, et laudabili dulcedine, atque eidem egregium
ingenium et versatile: quae tamen munera adeo ei sic collata
magno fuisset apud omnes in pretio, si eisdem honestis artibus
uti voluisset. Illi tamen assiduus mos erat, palam modestiam
praeferre, clam autem lacivia uti: quod commune est mulierum
crimen" (25).
François Nicolas Coëffeteau escribe: "Il
[Nerón] devint éperdument amoureux de Popea
Sabina, jeune femme, à qui il ne manquait rien que
d'être chaste. Elle était douée d'une
exquise beauté, et n'avait pas faute de moyens. Elle
avait une parole agréable et un esprit assez poly:
elle se montrait modeste en apparence, mais elle était
lascive en effet. Elle ne sortait guère en public:
quand elle y allait, elle avait toujours une partie du visage
voilée, sait qu'elle ne voulût pas donner un
plein contentement aux yeux, sait qu'elle crut que cela
était de la bienséance d'une femme de sa qualité:
mais parmi cela, elle n'était guère soigneuse
de sa réputation, ne mettant point de différence
entre un mari et un adultère, et n'ayant autre passion
que celle de l'utilité qui se présentait"
(26).
Si se observa, mientras se está reconociendo la
belleza de Popea, podemos comprobar la existencia de dos
aspectos diferentes: uno, señalar cómo esconde
su rostro mientras provoca el deseo de que vean lo oculto
y busca conseguir que no le falten nunca admiradores; otro,
designarla como mujer moralmente lasciva por entregada a
los placeres carnales, aspecto este último resaltado
por Philipp Vandenberg en la novela antes reseñada.
Todos los textos citados conllevan una semejanza manifiesta,
pues tienen una fuente común, Tácito, al que
casi todos reproducen. A partir de aquí, constituido
el motivo, queda una metáfora del mismo, pues, mantenido
el ocultamiento del rostro por el velo, se vanaliza en cierto
modo y queda en un galanteo con cierta gracia erótica,
línea que delicadamente sigue Musso.
Ya en el siglo XVII, Baltasar Gracián recoge el
motivo: "Rózanse de estas malillas en todo género
de eminencias. Haylas también de la belleza, cuyo
ostentarse, demás del riesgo, tiene luego el castigo
de la desestimación, y más adelante el desprecio.
¡Qué bien conoció este vulgar riesgo
y qué bien supo prevenirlo la celebrada Popea de
Nerón, la que mejor supo lograr las mayor belleza!
Siempre la brujuleaba, que nunca hartó, ni los ojos
de ella, avara con todos, envidiándosela a sí
misma. Franqueaba un día los ojos y la frente, y
en otro la boca y las mejillas, sin echar jamás todo
el resto de su hermosura, y ganó con esto la mayor
estimación" (27).
Según Aurora Egido, Sabina Popea Augusta, emperatriz
romana, "se cubría parte del rostro para prodigar
a trechos su belleza" (28).
También lo podemos encontrar en el Romance XVII
de Meléndez Valdés:
El velo
Quita, aparta (29), Clori mía;
quítate ese odioso velo
que los rayos oscurece
de tus ojos hechiceros.
Deja que la lisa frente
luzca en todo su despejo,
de los rizos coronada,
de ese tu rubio cabello;
que tu boca y tus mejillas,
y tu garganta y tu seno,
a par que arrastren mis ojos,
electricen el deseo;
que esa flor de colorido
de rosa y jazmín deshechos,
y tantas gracias y dotes
que te dio pródigo el cielo,
brillen en toda su gloria
y hagan el feliz empleo,
sin esa importuna nube,
de mil corazones tiernos.
¿Los tienes para ocultarlos?
Gracián elimina el segundo aspecto del tópico
y pretende moralizar. Meléndez Valdés lo utiliza
como galanteo. Así lo entendemos con la respuesta
de la joven:
Así yo a Clori rogaba,
y ella, donosa, riendo,
alzó, arcando su mano,
el velo a mi ardor molesto;
y "Ya tus gustos cumplidos
tienes, mi querido dueño",
dijo. "Gózate en mis ojos
mi alma toda está en ellos".
Evolución del motivo
El uso de velo por cortina podemos verlo en el segundo cuarteto
del soneto LXXVIII de Lope de Vega (30), titulado "Al
triunfo de Judit:
Revuelto con el ansia el rojo velo
del pabellón a la siniestra mano
descubre el espectáculo inhumano
del tronco horrible convertido en hielo",
aunque en este soneto se exalta el triunfo de la castidad
femenina.
Existe otra variación, mano por velo, en el soneto
306 de Francisco de Quevedo,
"A Aminta, que se cubrió los ojos con la mano:
Lo que me quita en fuego, me da en nieve
la mano que tus ojos me recata;
y no es menos rigor con el que mata,
ni menos llamas su blancura mueve" (31).
Velo por cuerpo se observa en el soneto XXVI de Fernando
de Herrera (32):
"Alma bella, qu'en este oscuro velo
cubriste un tiempo tu vigor luziente,
i en hondo i ciego olvido, gravemente,
fuiste ascondida sin alçar el buelo".
La ausencia, el ocultamiento, de una belleza por un obstáculo
natural, ha traspasado ya los límites del motivo.
Así lo hallamos en Sonetos Amorosos, de Francisco
de Rioja (33):
"Soneto VIII.
Lánguida flor de Venus, que escondida
yaces y en triste sombra y tenebrosa,
verte impiden la faz del sol hermosa
hojas y espinas, de que estás ceñida".
Ya no es el velo, sino hojas y espinas las que ocultan
la faz hermosa.
Finalmente, una variante gongorina satírica del
motivo (34):
"La viuda remilgada
con su toca reverenda,
haze de su rostro tienda
y gusta de ser tocada:
y luego la muy taimada,
con esta resolución,
no admite reprehensión
ni quiere que se la den.
¡Remédielo Dios, amén!" (35).
Ya hemos visto someramente que, aun conservando su significado
original, el motivo mantiene una evolución a través
de la literatura en lengua castellana, que origina alguna
que otra variante e introducción de algún
objeto de uso femenino nuevo, como sucede en el cuento El
abanico de Emilia Pardo Bazán (36).
En torno al soneto de Musso
En Musso existe cierta alusión amorosa, velada, dentro
del amor permitido, el conyugal. Musso, que la había
conocido en la feria de Murcia en 1802, cuando ella tenía
16 años, quedó prendado de Concepción.
Contrajeron matrimonio en 1810: "Teníame ya
por feliz con la posesión de lo que amaba y, hablando
humanamente, debía tenerme. Su hermosura había
halagado mis ojos, su dulzura y amabilidad cautivaron mi
corazón. Mujer casera y trabajadora, recogida y callada,
económica en los gastos, caritativa con los pobres,
honesta en sus costumbres, religiosa en los sentimientos,
prudente con los demás, discreta para llevarme el
genio sin adularme ni contradecirme, me dio más de
una vez ocasión para conocer la verdad de tus palabras,
esto es, que si la casa y las riquezas las dan los padres,
tú sólo das la mujer prudente. Su compañía
ha sido las delicias de mi vida" (37).
Sus contemporáneos exaltaron siempre la belleza
de esta mujer y vivieron enamorados hasta la trágica
muerte de Concepción en la epidemia de cólera
morbo de 1834 en Murcia (38).
Por la lectura del Memorial de la vida, conocemos que,
a comienzos de 1823, en su autoexilio de Gibraltar, escribió
"2 ó 3 sonetillos o poemillas, alguno a mi mujer"
(39). Seguramente es este uno de ellos. Si Musso tiró
todos sus papeles al mar durante su viaje de vuelta a Lorca,
debió enviárselo antes a Concepción
desde allí, puesto que se ha conservado entre sus
papeles.
Parte, pues, el poeta, de una tradición clásica,
el ocultamiento del rostro que define con sensibilidad (40)
amorosa: belleza de la faz como lumbre divina del amor,
el rostro como cielo. El amor se vuelve osado para coger
la rosa peregrina ?el rostro, la belleza al fin? y lo matiza
con una hipérbole antitética, muro-velo, por
cuanto el velo oculta como muro la belleza de su faz, y
hay que traspasarlo para su contemplación gozosa
(41). Pero existe una exigencia ?carácter barroco
del poema? ya que hay que disfrutarlo antes de que concluya
el tiempo ?tempus fugit?, se acabe la juventud (tiempo de
goce) y aparezca la vejez (tiempo de contemplación
y de pérdida de la tersura, fuerza y deseo carnal).
Se trata de un virgo collige rosas evolucionado puesto que
muestra la pasividad de la poseedora de la belleza que la
oculta como incitación a su posesión o goce
contemplativo de modo ingenuo.
Es, pues, uno de los muchos sonetos "en los cuales
se toman ejemplos metafóricos de la mitología,
de las leyendas y de las historias clásicas, ejemplos
que se usan como base de comparaciones e imágenes
amorosas" (42), por lo que entronca con la práctica
del soneto en el siglo de Oro. Se puede considerar, además,
como una variación del tema de la ausencia que incita
al deseo, puesto que ausencia es el acto de ocultarse el
rostro con la mantilla. De todos modos, no existe en la
destinataria del soneto ?persona ausente? indicios de seducción.
El soneto, que cobra sentido a partir de un motivo como
el del velo que oculta el rostro, está compuesto
de cuatro periodos sintácticos perfectamente diferenciados,
que corresponden a su división clásica de
modo exacto, sin ruptura expresiva entre ellos, sino formando
una unidad discursiva, con el sintagma mi bien en función
apelativa en el primer terceto, mediante el cual nos indica
el destinatario del poema: su esposa. Y esto es así
porque se trata de una situación ficticia pero autobiográfica,
como clave del sistema retórico que conforma el soneto
en el que va a dar el autor una imagen concreta de hombre
amante pero refrenado (enciende el corazón y lo refrena),
en la que existe un destinatario específico, su esposa,
que es el que produce la situación comunicativa y
concede significado concreto al tema.
El armazón macroestructural supone una organización
basada en la expresión, contenida, del deseo de su
esposa que, supuestamente asomada a una puerta o ventana
esperando su llegada, hurta a sus ojos, esconde, tapa la
faz con la mantilla ?velo, impedimentos?, la lumbre divina
del amor. Avisa de la imposibilidad del ocultamiento porque
eliminará el obstáculo, tras pedir, galante,
que le deje contemplar y poseer la rosa peregrina, bella
metonimia simbólica de rostro, porque ya se acerca
la vejez y se acaba el tiempo del gozo, del amor.
La microestructura viene determinada por la disposición
contrapuesta de los cuartetos y los tercetos. Los dos cuartetos
narran el hecho fudamental: el recato de la mujer y la ansiedad
del enamorado como matices básicos del mundo amoroso,
mientras que los tercetos explican la motivación
necesaria para que cese el ocultamiento y principie el goce
del amor. El primer cuarteto es narrativo en cierto modo.
Trata el poeta de impedir una acción emprendida con
tímido recelo, esconder ese cielo, de modo que pueda
contemplar la lumbre divina del amor, es decir, su rostro
como manifestación del alma, de lo interior. En el
segundo, se impone la osadía del enamorado que vencerá
cualquier dificultad que se le oponga. En el primer terceto,
hay una petición cortesana tendente a ganar el corazón
femenino: el enamorado no se cansa de la contemplación
del ser amado porque su ardiente sed no alivio tiene ante
la visión de la rosa peregrina.
Hasta aquí diríamos que el soneto transcurre
por los senderos normales en el tiempo de la escritura:
existen en él unos rasgos románticos racionales,
domeñados, pues es un poema de corte neoclásico,
que se hace barroco en el segundo terceto, conclusión
o cierre, quizá lo más bello de la composición,
por la utilización precisamente del los tópicos
tempus fugit y collite virgo rosas conjuntamente. Este terceto
es una invitación al amor que se puede considerar
como un resumen del "Soneto XIV" de los Sonetos
Amorosos de Francisco de Rioja:
EXHOTACIÓN A AMAR.
14
No esperes, no, perpetua en tu alba frente,
ô Aglaya, lisa tez, ni que tu boca,
que al más helado a blando amor provoca,
bañe siempre la rosa dulcemente.
¿Ves el sol que nació resplandeciente,
cuál con luz desvanece tibia i poca,
i tú sorda a mis ruegos como roca
estás, en quien se rompe alta corriente?
Goza la nieve i rosa que los años
te ofrecen; mira, Aglaya, que los días
llevan tras sí la flor i la belleza;
que cuando de la edad sientas los daños,
as de invidiar el lustre que tenlas
i as de llorar en vano tu dureza (43).
Mientras los cuartetos muestran la acción y su desarrollo,
es decir, prestan atención a los elementos exteriores,
los tercetos encierran el desenlace que hace referencia
a los elementos interiores, a la situación anímica
del autor.
Antes de concluir, queremos llamar la atención sobre
la fuerza poética de los escasos, ocho, epítetos
que utiliza y que son los que marcan específicamente
los motivos que utiliza y que, en más de una ocasión,
constituyen una metáfora: tímido ? recelo
(juego de seducción); lumbre ? divina (amor casto
vs. amor "loco"); cándido ? velo (ocultamiento
sin malicia); corazón ? solícito (estado de
ansiedad); rosa ? peregrina (metonimia de corte clásico);
osado ? vuelo (atrevimiento que provoca el amor); ardiente
? sed (necesidad de calmar el ansia); helada ? vejez (pérdida
del apetito amoroso), todos de tradición barroca
y sobre los que bascula el intimismo y la fuerza poética
del poema.
Conclusión
Hemos presentado, pues, un soneto de José Musso Valiente
a su esposa María de la Concepción Fontes
y Fernández de la Reguera cuyo tema fundamental es
el amor, recreado desde la distancia del destierro, en el
que, basándose en un tópico medieval y ayudado
por otros barrocos, se manifiesta la permanencia del humanismo,
el que Musso profesó quizá por su educación
y formación en las Escuelas Pías de San Fernando
del Avapiés, hasta una época complicada, literariamente
hablando, como la que vive su autor, generación entre
siglos, expresión del tránsito entre el Neoclasicismo,
al que perteneció por formación y estudios,
y el Romanticismo en el que no se integró, pero del
que deja algún que otro rasgo, quizá por su
concepto moral y religioso de la vida, por su miedo personal
a los cambios y por los excesos del mismo en cuanto a su
temática y libre expresión de ideas y pensamientos
ajenos a sus propias convicciones, como se puede comprobar
con la lectura de su obra.
NOTAS
(1) José María Musso y Pérez Valiente
nace en Lorca (Murcia) el día 26 de diciembre de
1785 y se bautiza en la parroquia de San Mateo. Su padre,
José María Musso Alburquerque (1761-1815),
procedía de una familia propietaria de grandes posesiones
en el campo de Lorca originaria de Caravaca que se asienta
en Lorca en el siglo XVII. Su madre, Joaquina Pérez-Valiente
y Brost (1756-1833), era hija de los condes de Casa-Valiente,
familia procedente de Granada afincada en Madrid. Celebraron
su enlace matrimonial en la iglesia de San Ginés
de la capital en 1776, donde ella había sido bautizada.
Tras recibir la enseñanza de las primeras letras
y latinidad de su preceptor francés el abate Antoine
Chevalier, pasa, junto con su hermano Pedro de Alcántara,
militar que llegó a ser Mariscal de Campo, a Madrid,
en 1795, para cursar estudios de Humanidades en el Seminario
de Escuelas Pías de San Fernando de Avapiés
durante dos años. Tras su primer aprendizaje, asiste
a clases de retórica, poética, lógica,
filosofía moral, física experimental y matemáticas,
estudios que concluye en 1801.Vuelto a Lorca e iniciada
la guerra de la Independencia, en 1809 fue Capitán
de la Milicia Honrada de Lorca y diputado por dicha ciudad
en la Junta Provincial de Defensa. Contrae matrimonio con
María de la Concepción Fontes y Fernández
de la Reguera, nacida el 14 de enero de 1792, en San Javier,
Murcia, el 21 de julio de 1810. Tienen ocho hijos de los
que sobreviven seis: Encarnación (1811-1883), José
(1812-1886), Manuel (1816-1906), Ana (1819-1837), Joaquín
(1825-1860) y Juan (1828-1851) Este mismo año es
Jefe de dicha Junta y en 1812 Comandante General de la Provincia
por la Junta Superior de Defensa. En 1816 es presidente
de la Junta de Sanidad y el 13 de febrero de 1820 se le
nombra Presidente de la Junta Constitucional. En 1821 es
comisionado en Lorca de la Junta Nacional de Crédito
Público. Sin perder su carácter liberal, se
afilia al partido moderado siendo primer Alcalde constitucional
de Lorca. Por problemas surgidos con la facción liberal
exaltada y con motivo de una asonada popular, en la que
se asalta la casa del juez Eraso, se ve obligado a salir
de su ciudad mientras asaltan su casa de campo y matan a
su labrador. Refugiado en Madrid, tras los sucesos de julio
de 1822, se marcha a Gibraltar donde permanece hasta octubre
de 1823. Vuelto de su autoexilio, vive en Madrid ocupado
en estudiar Ciencias Naturales, traducir y componer otros
escritos, hasta junio de 1830, año en que regresa
a Lorca a causa del mal estado de su economía. Muerto
Fernando VII y siendo ministro Francisco Javier de Burgos,
es nombrado Musso Subdelegado Principal de Fomento de Murcia
(diciembre 1833-abril 1835), en cuyo desempeño tuvo
que sufrir la epidemia de cólera morbo y la riada
de 1834, y más tarde Gobernador civil de Sevilla
(abril-octubre de 1835) en donde se enfrenta con las juntas
locales. Retirado a Madrid y entregado a su trabajo intelectual,
fallece el día 31 de julio de 1838. Perteneció
a las Academias de la Historia (1825), Española (1827),
Latina Matritense (1829), de San Fernando (1830), de Ciencias
Naturales (1837), a la Sociedad de Amigos del País
de Murcia, Valencia y Jerez de la Frontera, y participó
activamente en el Ateneo y en el Liceo de Madrid.
(2) Leopoldo Augusto de Cueto, Poetas líricos del
siglo XVIII, tomo III, vol. 67, Madrid, Atlas, 1953, p.
736.
(3) José Luis Molina Martínez, José
Musso Valiente (1785-1838): humanismo y literatura ilustrada,
Murcia, Universidad de Murcia-Real Academia Alfonso X el
Sabio, 1999, pp. 9-12. Sensu strictu, como Humanismo -cultivo
o conocimiento de las humanidades, otro concepto de hombre,
centro y fin de todas las cosas- se identifica al periodo
en el que aún se escribe en latín, es decir,
hasta el siglo XVIII en algunas ramas del saber (vid., G.
Méndez Plancarte, Humanistas del siglo XVIII. Introducción
y selección, Méjico, UNAM, 1941). Mas también,
en sentido lato, se puede hablar de Humanismo en el XIX
para aquellas personas que se dedicaron a los estudios clásicos.
Se pueden consultar otras obras sobre Musso: José
Luis Molina Martínez (coord.), José Musso
Valiente (1785-1838). Vida y obra, Fundación Centro
de Estudios Históricos e Investigaciones Locales,
Lorca, 1998; José Luis Molina Martínez (coord.),
José Musso Valiente (1785-1838) Vida y obra. Nuevas
aportaciones, Ayuntamiento de Lorca, Lorca, 2000; José
Luis Molina Martínez, La villa de Mula (1833-1834)
en el Diario de José Musso Valiente, Ayuntamiento
de Mula, Mula, 2001; José Luis Molina Martínez,
"José Musso Valiente en la Real Academia Española
según su Diario (1829-1837) Su intervención
en el Diccionario y en la Gramática de la lengua
castellana", en Boletín de Real Academia Española,
tomo LXXXI, cuaderno CCLXXXIII, 2002, págs. 255-320;
Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina
Martínez, La transición socioliteraria del
Neoclasicismo al Romanticismo en el Diario (1827-1838) de
José Musso Valiente, Nostrum, Madrid, 2002.
(4) Pilar Palomo (edª.), Movimientos literarios y periodismo
en España, Madrid, Síntesis, 1997, p. 24.
(5) Francisco Sánchez Blanco, "Prólogo",
en El ensayo español 2. El siglo XVIII, Barcelona,
Crítica, 1997, p. 12-14.
(6) Sus dotes de traductor son exaltadas por Marcelino Menéndez
Pelayo (Obras Completas, tomo XLIX, VI de "Bibliografía
Hispano-Latina Clásica", p. 578).
(7) En verdad, Musso tendría entonces 13 años.
Al título, sigue Por D. J. M. V., que bien pudiera
ser José Musso Valiente. Sin embargo, ni en su Diario
ni en su Memorial de la vida, hace referencia alguna a esta
publicación, lo que genera mis dudas de su autoría.
El libro aparece en el Palau y Dulcet (tomo VI, pp. 643-644,
nº 116086, entrada por HORACIO).
(8) En su Diario da cumplida cuenta de las traducciones
de las Odas de Horacio.
(9) Vid., Esteban Torre, "Los fragmentos 1 y 31 de
Safo y su traducción por José Musso Valiente",
en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina
Martínez-Santos Campoy García (eds.), Actas
del Congreso Internacional"José Musso Valiente
y su época (1785-1838). La transición del
neoclasicismo al romanticismo", Murcia, Universidad
de Murcia-Ayuntamiento de Lorca, 2005 (en prensa).
(10) Vid., José Carlos Miralles Maldonado: "Terencio
en España: La traducción del Heautontimorúmenos
realizada por José Musso Valiente", en Manuel
Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos
Campoy García (eds.), cit., 2005 (en prensa).
(11) José Musso Valiente (José Luis Molina
Martínez, ed.), Obras, 3 tomos, Murcia, Universidad
de Murcia-Ayuntamiento de Lorca, 2004, (vid. tomo II, pp.
339-429).
(12) Además de sus obras magnas, Diario (1827-1838)
y Memorial de la vida (1837), citamos algunas otras: 1.
Traducciones de varias obras de Quinto Horacio Flaco y algunas
elegías de Publio Ovidio Nasón, Madrid, Imprenta
Real, 1798. 2. Extracto de El itinerario de Laborde, Cabrerizo,
Valencia, 1817. 3. Discurso gratulatorio al Señor
Don Fernando VII, Rey de las Españas, por haber jurado
la constitución política de esta monarquía.
Premiado por la Academia Española en Junta de 15
de marzo de 1821. Su autor, D. José Musso y Valiente,
vecino de la ciudad de Lorca. Madrid, por Ibarra, impresor
de Cámara de S. M. 1821. 4. "Noticia biográfica
de Don Leandro Fernández de Moratín",
en Obras de Moratín, Real Academia de la Historia,
Imprenta Real, Madrid, 1830. 5. Colección litográfica
de cuadros del Rey de España el Sr. D. Fernando VII,
que se conservan en sus reales palacios, museos y Academia
de San Fernando, con inclusión de los del Real Monasterio
de El Escorial. Obra dedicada a S. M. y litografiada por
hábiles artistas bajo la dirección de D. José
de Madrazo, pintor de Cámara de S. M., Director de
la Real Academia de San Fernando y académico de mérito
de la Insigne de San Lucas de Roma. Con el texto por D.
Juan Agustín Ceán-Bermúdez, consiliario
de la dicha Real Academia de San Fernando, censor de la
de la Historia e individuo de otras Academias, Madrid, 1826.
Musso escribió los textos a raíz del fallecimiento
de Ceán Bermúdez, libro XII. 6. "Memoria
sobre los riegos de Lorca" (1833), en Tratado sobre
el movimiento y aplicación de las aguas, tomo III,
de José Mariano Vallejo. 7. Colaboraciones en La
Minerva o El Revisor General (1817-1818), poesías
originales y traducciones de los clásicos; El Chismoso
(Murcia, 1822), carta sobre las injurias que este periódico
vertía sobre él; Semanario Pintoresco (artículos
sobre ópera; en 1844 reproduce algunos artículos
de los que escribió para la Colección Litográfica,
con el título genérico de "Galería
de Pinturas"); en La España ("Estudios
de la edad media", con motivo de la publicación
de Doña María de Molina de Mariano Roca de
Togores), en el Liceo Artístico y Literario (1837-1838).
8. Sermón sobre la Soledad de María Santísima
(1838). 9. De la certidumbre histórica. Aparecida
en Revista de Madrid, 1838, pp. 131-154. 10. "De la
existencia de Dios", en Revista andaluza, Sevilla,
1841, pp. 747-748. 11. "Discurso en acción de
gracias leído en la Real Academia por don José
Musso Valiente, al tomar plaza de honorario", en Memorias
de la Real Academia Española, III, 1871.
(13) Para el análisis de términos básicos
que hemos tenido en cuenta para nuestra elección
de motivo frente a tópico, vid., entre otros, Claudio
Guillén, Entre lo uno y lo diverso. Introducción
a la literatura comparada, Barcelona, Crítica, 1985,
pp. 93-121 y 248-303; Cristina Nauper, La tematología
comparatista entre teoría y práctica, Madrid,
Arco/Libro, 2001, pp. 105-119; Elisabeth Frenzel, Diccionario
de motivos de la literatura universal, Madrid, Gredos, 1994;
Miguel Ángel Márquez, "Tema, motivo y
tópico. Una propuesta terminológica",
en Exemplaria Classica, 6, 2002, pp. 251-256; Susana Gil
Albarellos, "Literatura Comparada y Tematología",
en Exemplaria Classica, 6, 2002, pp. 209-231). Nosotros,
como punto de partida, nos circunscribimos a la propuesta
de Miguel A. Márquez y a su esclarecedora definición
conceptual. Así, encontramos que para este teórico
el concepto de tema debe ser el de significado más
amplio, por encima de cualquier otro que se utilice. Para
Márquez, tema constituye el término menos
determinado y designa cualquier materia literaria más
o menos amplia, y más o menos general. El segundo
concepto a considerar es el de tópico, que define
como "el uso actualizado y contextualizado por un escritor
de una materia literaria abstracta o general que es reconocida
como común por un círculo de cultura."
Motivo es la tercera noción básica en Tematología.
Márquez lo explica con las siguientes palabras: "De
acuerdo con su etimología, debemos considerar el
motivo literario como materia que se repite o está
presente en el desarrollo de una obra literaria. A este
rasgo cuantitativo podemos añadir otro cualitativo:
el motivo sería el tema que, repetido a lo largo
de un corpus literario, resulta decisivo para su comprensión".
Resulta interesante el modo en que este teórico relaciona
motivo y tópico, pues los describe como conceptos
imbricados. Así el tópico, tema general y
común, se convierte también en motivo cuando
se repite en una obra cumpliendo una función integradora
en ese corpus. A su vez, el motivo será también
un tópico si es a su vez un tema común. Esta
doble contingencia nos parece fundamental a la hora de identificar
ambos conceptos en nuestro particular análisis de
este soneto, lo que hace que nos inclinemos por "motivo"
frente a "tópico" por ser menos amplio,
es decir, "unidad temática no divisible".
(14) Cornelio Tácito, Anales (T. 2): Libros XI-XVI,
Madrid, Gredos, 1986, (vid., libro 13, párrafo 45).
(15) El retrato de Popea -no en la anécdota del velo-
parece modelado sobre el que de Sempronia hiciera Salustio,
según José Luis Moralejo ("Historiografía.
Siglo II. 1. Tácito", en Carmen Codoñer
(ed.), Historia de la Literatura Latina, Madrid, Cátedra,
1997, p. 621). Vid., Salustio, De coniuratione Catilinae,
traducción de Manuel C. Díaz y Díaz,
XXV, Madrid, Gredos, 1983, p. 60-62.
(16) Tenía un cabello de color azafrán que
intentaba conseguir el resto de las damas romanas; se pintaba
los labios con una barra compuesta de ocre, óxido
de hierro y fucus, y se ponía en el rostro, para
evitar las arrugas, una máscara de harina con leche
de burra y miel. Ovidio se ocupa del maquillaje y otros
elementos de belleza femeninos en Medicamina faciei feminae.
(17) Mi reconocimiento al profesor Dr. José Carlos
Miralles Maldonado (Universidad de Murcia) por facilitarme
el texto latino.
(18) "Hay muchas cosas que conviene que los hombres
ignoren; si no les ocultas estas interioridades, la mayoría
de los hombres se ofendería".
(19) "Raro es el rostro que no tenga alguna imperfección;
oculta las imperfecciones y, mientras puedas, disimula cualquier
defecto de tu físico".
(20) "Pon una puerta y que el portero te diga amenazante:
'No puedes pasar'. El rechazo te incitará a amarla".
(21) Aunque no cite a Popea, sí asevera la continuidad
del tema "Nerón" en la literatura romance.
(22) Philipp Vandenberg, Lo Schiavo di Pompei, Milano, Sugarco,
1987. Versión española: El Pompeyano, Barcelona,
Península, 1998.
(23) Si por un lado Boccaccio inaugura un tipo de literatura
profeminista con su De claris mulieribus, que siguen en
España Juan Rodríguez Padrón (El triunfo
de las donas), Álvaro de Luna (El libro de las claras
e virtuosas mujeres) o Mosén Diego Valera (Tratado
en defensa de las virtuosas mujeres), por otro, con su Corbaccio,
al que tienen por modelo Alfonso Martínez de Toledo,
Arcipreste de Talavera (Corbacho o Reprobación del
amor mundano), Alonso de Madrigal, el Tostado (Tractado
de cómo al ome es necesario amar) o Luis de Lucena
(Repetición de amores), inicia también la
tendencia antifeminista.
(24) Johan Boccaccio, De las mujeres illustres en romance,
Zaragoza, Paulo Horus, Alemán de Constancia, 1494,
José Luis Canet (ed.). [En línea]. Dirección
URL: <http://parnaseo.uv.es/Lemir/Textos/Mujeres /Index.html>.
[Consulta: 12 julio 2005].
(25) Johannes Ravisius (ed.), De memorabilis et claris mulieribus:
aliquot diversorum scriptorum opera, Paris, Simon de Colines,
1521, cap. LXIX, fol. 546. [En línea]. Dirección
URL: <http://www.un-mannheim.de/mateo/camenaref/muliers/muliers1/s108.html>.
[Consulta: 12 julio 2005].
(26) François Nicolas Coëffeteau (1574-1623),
Histoire romaine contenant tout ce qui s'est passé
de plus mémorable depuis le commencement de l'empire
Auguste, jusqu'à celui de Constantin le Grand / par
F. N. Coëffeteau, livre V, Paris, G. Loyson, 1646,
p. 371. [En línea]. Dirección URL: <http://gallica.bnf.fr
/textes.htm>. [Consulta: 12 julio 2005].
(27) Vid., cap. XI. "No ser malilla. Sátira",
en Baltasar Gracián (Luys de Santa Marina, editor.
Introducción y notas, Raquel Asun), El Héroe,
El Discreto, Oráculo manual y arte de prudencia,
Barcelona, Planeta, 1984, pp. 84-85.
(28) Baltasar Gracián, El discreto (Aurora Egido,
edª.), Madrid, Alianza, 1997, p. 248.
(29) En la edición de Joaquín Marco, Juan
Meléndez Valdés, Poesía y prosa, Barcelona,
Planeta, 1990, p. 212, existe una pequeña modificación
en el primer verso: "Quita, quita, Clori mía."
(30) Lope de Vega, Rimas (1602), [en línea]. Edición
de Ramón García González. Dirección
URL: http:// www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/05814963289458462977857/p0000001.htm#I_2_.
[Consulta: 13 julio 2005].
(31) Francisco de Quevedo, Poesía original completa,
José Manuel Blecua ed., Barcelona, Planeta, 1981,
p. 344.
(32) Fernando de Herrera, Poesía castellana original
completa, Cristóbal Cuevas, ed., Madrid, Cátedra,
1985, p. 780.
(33) Epístola moral a Fabio y otras poesías
del barroco sevillano, José Onrubia de Mendoza, ed.,
Barcelona, Bruguera, 1974, p. 328.
(34) El "velo" era una clase de "toca",
según Carmen Bernis Madrazo (Trajes y modas en la
España de los Reyes Católicos, vol. I. La
mujeres, Madrid, CSIC, 1979). Mi agradecimiento a Jacqueline
Ferreras (U. Paris X, Naterre) por esta información.
(35) "Letrilla atribuida LXVI, copla 5", Luis
de Góngora y Argote, Letrillas, Madrid, Castalia,
1980.
(36) "[…] Quedamos en que me instalé a la vera
de mi novia, que por cierto estaba guapísima con
su mantilla blanca de encaje rancio. […] No llevaba guantes,
y su manita, cuajada de sortijas, relucía al manejar
el abanico, un gran pericón manileño sembrado
de flores extravagantes, imposibles. […] La aureola de la
mantilla, haciendo sombra a frente y sienes, profundizaba
sus ojos atrayentes e insondables... […] ¡Cuánto
placer en el capullo cerrado, cuánta delicia en rasgar
el velo...! […] Su perfil, de entre las ondas de la mantilla,
salía acentuado, como adelgazado por una contracción
nerviosa. […] Y su mano, cual relicario de anillos de pedrería,
engaste de la joya más valiosa aún de los
deditos ebúrneos y las uñas rosadas, alzaba
airosamente el abierto abanico madrileño, poniéndolo
como un biombo ante la vista del cuerpo de la sardina despanzurrada
[…] De estas cosas feas, lo mejor es defenderse con el abanico
-murmuró, traduciendo a su manera la pregunta de
mis ojos-. Porque no viéndolas, ¿verdad?,
es lo mismo que si no las hubiese... […] Me precio de prudente,
de hábil, y tardé aún seis meses en
retirar de un modo suave e insensible mi candidatura a la
mano ensortijada de Bertina. En este tiempo pude cerciorarme
de que el sistema del abanico lo aplicaba a todos los casos
posibles. Tapar, tapar, que ojos que no ven, corazón
que no quiebra... ¡Y yo no quiero un corazón
que se regula por la materialidad de los ojos! -No estaba
usted enamorado de Bertina -objeté-. Si lo estuviese,
prescindiría de estos tiquis miquis; y aun sin estarlo,
debió usted comprender que su actitud era eminentemente
social. Nadie hace otra cosa. No se mira lo que no puede
evitarse. La sociedad esgrime un abanico inmenso".
(Emilia Pardo Bazán, El abanico, [en línea].
Edición digital a partir de la de "Blanco y
Negro" núm. 908, 1908, y cotejada con la edición
crítica de Juan Paredes Núñez (Cuentos
completos, La Coruña, Fundación Pedro Barrié
de la Maza, Conde de Fenosa, 1990, T. III, pp. 33-36). Edición
URL: <http://www.cervantesvirtual.com/ servlet/ SirveObras/01350597566682382199680/index.htm>.
[Consulta: 13 julio 2005].
(37) "Memorial de la vida", en José Musso
Valiente, cit., vol. I, 2004, p. 335. Se refiere a Dios,
a quien dirige este libro de Memorias. "El papel de
Dios como instancia a la que se dirige la narración
configura el marco lingüístico que técnicamente
consiste en una conversación asimétrica, es
decir, en una conversación en la que no hay intercambio,
sino que una persona habla (Musso) y la otra calla (Dios).
La elección no es en absoluto inocente o algo que
provenga de la mera devoción religiosa de Musso o
de la tradición agustiniana. Antes bien, se trata
de la clave de lectura del sistema retórico de la
obra. Musso es consciente de que la cuestión del
narratario es uno de los problemas fundamentales de toda
autobiografía, dado que el autobiógrafo no
aborda todos los hechos que ha vivido ni todos los hechos
que recuerda. La cuestión de a quién contar
la experiencia determina la elección de lo que se
cuenta y de cómo se cuenta. Según la elección
del narratario se pueden decir cosas que, dichas a un receptor
impreciso, pueden considerarse secundarias o no entenderse
por carecer de contexto. Afirmamos sin ambages que el Memorial
es una gran obra no solamente porque lo que narra tiene
un valor histórico de primer orden, sino también
porque su construcción literaria es un logro, dada
su gran cohesión interna, debida a la presencia de
ese narratario que no es simplemente alguien que ejerce
de marco, sino que además es invocado continuamente
con la función de recordar el carácter de
lo que fue el hilo conductor de la vida de Musso y luego
lo es de su narración. Estilísticamente el
Memorial de la vida nos parece también una obra notable
porque la prosa del académico conjuga con magistral
discreción detallismo y dinamismo, intentando evitar
en todo momento la sensación de pesantez en la lectura,
cosa que a nuestro juicio se consigue satisfactoriamente.
Frecuentemente en el discurso se abren pequeños fragmentos,
casi 50 en total, de entre 5 y 10 líneas normalmente,
en los que el narrador se dirige a Dios para reforzar el
carácter y la verosimilitud de su discurso o, en
otras palabras, para mantener alta su capacidad de discurso"
(Jaime Céspedes, "Análisis socioliterario
del memorial de la vida de José Musso Valiente (1837)",
en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina
Martínez-Santos Campoy García (eds.) cit.,
Universidad de Murcia-Ayuntamiento de Lorca, 2005 (en prensa).
(38) Sobre esta dama hace el siguiente comentario el Marqués
de Valmart en su "Noticia biográfica" de
Musso: "Cuando apenas contaba veinticinco años
(…) contrajo matrimonio con la señora doña
María de la Concepción Fontes y Reguera, de
singular virtud y belleza." Vid., Leopoldo Augusto
de Cueto, cit., Madrid, 1953.
(39) Vid., José Musso Valiente, cit., vol. I, Murcia,
2004, p. 450.
(40) El concepto de sensibilidad y sentimiento arranca en
las ideas neoplatónicas de críticos empiristas
ingleses del siglo XVIII, como Shaftesbury, Addison, Hutcheson,
Burke y Akenzide, entre otros, para los que la emoción
sublime se convierte en un fin estético que pensadores
como Kant o Lessing rescataran para la poética alemana
del arte. (Vid., René Wellek, Historia de la crítica
moderna (1750-1950). La segunda mitad del siglo del siglo
XVIII, Madrid, Gredos, 1959, pp. 127-158, 170-205; Xavier
Rubert de Ventós, Teoría de la sensibilidad,
Barcelona, Península, 1973; Valeriano Bozal, El gusto,
Madrid, Visor, 1999).
(41) El asalto a la fortaleza (del amor), tema típicamente
medieval. Militia amoris: tópico de la literatura
erótica que consiste en concebir el amor y sus escarceos
como una empresa militar (vid. Ovidio, Amores, I, 9, 1:
Militat omnis amans et habet sua castra Cupido).
(42) Elías Rivers, El soneto español en el
Siglo de Oro, Madrid, Akal, 1993, p. 11.
(43) Justo Alarcón, Poemas de Francisco de Rojas
(sic), [en línea]. Dirección URL: <http://www.los-poetas.com/h/rioja.htm>.
[Consulta: 13 julio 2005]. Vid., además, Francisco
de Rioja Epístola moral a Fabio y otras poesías
del barroco sevillano, José Onrubia de Mendoza, ed.,
Barcelona, Bruguera, 1974, p. 334.
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