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Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

RELATOS


Por José Ramón López Rodríguez
avherrero@yahoo.es


PECES EQUILIBRSITAS

El Lobo me persigue en cuanto me echa la vista encima. Ahora mismo viene tras de mí con las peores intenciones. Corre por aquí, corre por allá. Esto no es vida, lo aseguro. He de esconderme en alguna parte. Por aquí no veo árboles ni cuevas, sólo el pozo de la granja. Puesto que no hay otra cosa forzoso me meteré al pozo. No sé si me servirá de algo; porque el Lobo me ha visto y se acerca corriendo hacia aquí.

El Conejito metido en el cubo descendió rápidamente al fondo. Y quedó flotando sobre el agua dentro del oscuro agujero. El Lobo se había detenido junto al pozo y asomaba la cabeza para ver el lugar donde se encontraba el Conejito.

-¿Qué haces ahí, Conejito? – exclamó el Lobo, ¿se puede saber que buscas metido en ese cubo?

-Estoy viendo a unos peces maravillosos-respondió el Conejo; son equilibristas y capaces de hacer volteretas en la punta del dedo. Buen negocio para llevarlos al circo.

-¿Peces equilibristas, dijiste? Nunca he oído hablar de esos peces. ¿Y se pueden coger?.

-Ya lo creo, baja y cogerás todos los que quieras.

-¿De veras? Allá voy. Me llenaré de peces los bolsillos. Llenaré el cubo hasta los bordes. Los venderé muy caros, y me haré ricos con ellos…

Como el Lobo pesaba mucho más que el Conejo en cuanto se metió en el cubo descendió a toda velocidad hacia el fondo. Y con la misma velocidad hizo subir el otro cubo, con el Conejo dentro. Rápidamente el Conejo saltó fuera del pozo y se puso a salvo.

-Conejito, ¿qué es esto? No veo por ninguna parte a esos peces equilibristas. ¿Dónde te has metido? No veo a los peces y a ti tampoco.

- No los ves porque no existen. Todo me lo he inventado para librarme de tus dientes. Ahora, tendrás que quedarte ahí.

LA FERIA DE ANIMALANDIA

Animalandia está de fiesta. Hay grandes festejos en la plaza del pueblo y desde las más lejanas regiones, todos acuden para disfrutar de los buenos bailes. Se han preparado concursos y atracciones muy variadas. Hay sitios donde los animales se divierten tirando al blanco, y jugando a los bolos y a otros juegos.

En un lado del prado están los músicos tocando raros instrumentos, no hay un solo habitante de Animalandia al que no le bailen los pies en cuanto la orquesta empieza a tocar el famoso himno: “Vivan los vecinos de Animalandia”. Junto al árbol más grueso de la pradera estaréis en uno de los sitios más deliciosos, porque allí se sirven helados y bocadillos a todo el que lo desea.

¡Un momento! ¡Pongan todos mucha atención! Porque se va a celebraruna sensacional carrera de sacos. ¡UNO…! ¡DOS…! ¡¡TRES!!. En medio de una gran expectación una multitud de competidores van a por la victoria. Ya se alejan entre los gritos dando ánimos y el sonido de la música.

Seguiremos visitando la feria… aquí hay muchos columpios, la montaña rusa, autos de choque y teatros de marionetas.

Para cuando salgamos, (antes de retirarnos a casa), todavía hemos de ver a los ganadores de la carrera de sacos, muy contentos con los trofeos logrados.

EL MUNDO DE LOS PELUDOS

Hacía un día muy hermoso y soleado, allá en el país de los Peludos. En el bosque se encontraban madurando las frambuesas, y las crías de pájaros ya empezaban a salir de sus nidos en busca de su primer alimento. Sólo nuestro protagonista, Peludo Caruso estaba triste. Todos los Peludos lo llamaban Peludo Caruso, o Caruso a secas: los vecinos, tía Gruñidos, y hasta Peludo Toni, su gran amigo. Toni vivía muy cerca de él, era algo más fuerte y un poco más mayor que Peludo Caruso. Caruso había aprendido muchas cosas de él: cómo saltar por los riachuelos, esconderse de las brujas de la niebla, los duendes de las cavernas y de los gnomos de los árboles del bosque, cómo pescar, encontrar miel, ¡y muchas cosas más! Todas las mañanas jugaban a la pelota, por la tarde juntos recogían frambuesas, y de noche admiraban las estrellas en el cielo. ¡Pero como ocurre con todo lo bueno, llega el momento en que se acaba!, porque Peludo Toni se mudaba de bosque. Y Caruso, en un abrir y cerrar de ojos, contemplaba como el carro de la mudanza se alejaba. De camino a casa, encontró una puerta grande y verde oculta entre un montón de hojas. Ni se lo pensó un minuto, la abrió y encontró una pradera llena de flores azules, rojas, amarillas… al fondo de la pradera había una roca gris, y, sobre ella, sentada, una sílfide. Reconoció que era una sílfide por las historias que todas las noches le contaba su tía Gruñidos (las sílfides tenían alas y eran transparentes como el cristal). Luego, se acercó a las piedras y gritó: ¡Hola, sílfide! Al principio la sílfide se asustó, pero a medida que pasaban los minutos se daba cuenta de que Peludo Caruso había encontrado la secreta puerta, eso era señal de que debía ayudarla. La sílfide se encontraba llorando, el malo de Bock le había robado el ala que le faltaba. Así que convenció a Caruso para para que viajase al fondo del estanque negro en busca de su ala, a cambio le dejaría volar todos los días que quisiese. Como volar era el sueño de nuestro Peludo, Caruso pronunció las palabras mágicas para despertar a Bock: Bock, Bock, Bock del acuático reino, Bock, Bock, Bock del estanque profundo, ven, acude a mi conjuro. Desde las profundidades empezaron a subir unas burbujas, y de pronto apareció una cabeza llena de juncos. ¿Me has llamado?, preguntó Bock. Caruso se echó hacia atrás asustado, pero pronto se dio cuenta se que no era malo, y sonrió. -Me llamo Caruso. Me ha enviado la sílfide. Vengo a buscar el ala que le has robado. -¿Robado?- gritó Bock, yo no quería robarle su ala, Sólo la quería sujetar para hablar un rato con ella. Regresó con la sílfide ya con el ala en la mano. Ésta le comentó: para poder volar tiene que estar el sol en lo alto del cielo. Dicho esto, Caruso se sentó junto a ella y le contó lo inofensivo que era Bock. Se hacía de noche, quería llegar lo antes posible a casa para que no le riñese tía Gruñidos. Ya acostado soñaba que volaba y encontraba a Peludo Toni. Al día siguiente, como de costumbre, atravesó lapuerta verde, y se reunió con Bock y la sílfide que estaban charlando. Pronto empezó a volar, el viento lo elevó por los aires, voló sobre ríos, praderas, bosques… pronto el viento lo trajo de vuelta. -Vuelve mañana- dijo la sílfide. Y no digas a nadie lo de nuestra puerta, pues, si no, desaparecerá para siempre. Esa noche cenó tortitas. Al día siguiente , de camino por el bosque encontró a otro Peludo de su misma edad, ambos hablaron, se llamaba Peludo Koni, jugaron a la pelota, rabiaron a las ardillas, Caruso le enseñó a Koni como burlar a los duendes de las cavernas… Al atardecer ambos Peludos fueron de pesca, y en plena faena, preguntó Koni: ¿piensas en algo? Caruso asintió. –En mi secreto- dijo Caruso. Koni se arrimó más hacia él: ¿tú eres mi amigo, no? – dijo.

-Tú también eres mi amigo- dijo Caruso. Pero si te cuento lo de la puerta verde, nunca más la volveré a encontrar y entonces ya no podré volar más…

Asustado, se llevó rápidamente la mano a la boca – ¡Ya te lo he contado!

Se levantó de un salto. Corrió a través del oscuro bosque, ¡la puerta había desaparecido! El tiempo fue transcurriendo, llegó otoño, invierno, la primavera y otra vez el verano. Jugaba con Koni, se divertía., se enfadaba mientras iba siendo mayor. Pero lo que nunca olvió fue la puerta verde, la pradera, a Bock y a la sílfide. A veces, por la noche soñaba que volaba, cada vez más lejos.

GATITO EL GUARDIA

Le han nombrado a Gatito vigilante del pueblo, la ley va a ser respetada por todos. Pero el Lobo y el Pato son dos ladrones de gallineros, y ese día piensan robar como otras tantas veces.

-En el menú de hoy toca Gallina asada, amigo Pato. Por mucho que la gallina gritó al verse prisionera finalmente fue a parar al saco de los ladrones. Sin embargo, Gatito el Guardia se había dado cuenta de la actuación de ambos y entró en acción: ¡Alto! ¡Alto!. Los dos ladrones echaron a correr y lograron esconderse en un árbol: Será mejor que me suba a éste árbol y tú escóndete detrás del tronco. A lo mejor, pasa sin vernos. El Guardia no siguió adelante, por el contrario, había descubierto al Pato escondido. ¡Alto!, gritó el Pato, ¡ya eres nuestro, eres mi prisionero!. En ese momento se oyó un ruido, venía de la rama donde se sostenía el Lobo, la cual se había roto con el peso. ¡Menuda suerte para Gatito!, porque el Lobo cayó sobre su compañero.

Gatito llevó a los dos ladrones ala cárcel como castigo a sus fechorías y fue muy felicitado por tan valiente comportamiento.

VIAJE A LA ISLA DE LOS PLACERES

Después de haber viajado largo tiempo por el Pacífico, Antón (pescador) y su ayudante Alibeo divisaron desde lejos una isla de azúcar, con montañas de compota, rocas de azúcar y caramelo, y arroyos de jarabe, que fluían por la campiña. Los habitantes, que por cierto, eran muy golosos, siempre tenían la costumbre de lamer los caminos y chuparse los dedos, después de haberlos introducido en las corrientes. Había allí bosques de regaliz y árboles de miel. Para suerte de los viajeros, a diez leguas de allí, existía otra isla con minas de jamón, embutidos y guisados. Se hallaban allí ríos con salsa de cebollino. Los muros de las casas eran de pato. Llovía vino tinto cuando el cielo se cargaba, etc. A ésta segunda isla decidieron ir nuestros personajes. Llegando al puerto, encontráronse con mercaderes que vendían apetito, otros, sin embargo, vendían sueños, los sueños hermosos eran los más caros. Antón y Alibeo compraron los sueños más agradables, y cuando, iban a echarse a dormir, apareció un ruido estremecedor, tenían miedo. Los habitantes los calmaron, era la Tierra que se abría, saliendo del interior ríos de hirviente chocolate y licores helados de todas las clases.

Apenas al despertarse, se acercó un mercader a Antón y le preguntó de qué quería tener hambre, finalmente compró doce saquitos, que equivalían a doce banquetes. Quedó tan lleno, que no cenó ni desayunó, sólo se alimentó de buenos olores. A la comida, Alibeo le comentó a su patrón (Antón) que le habían ofrecido un viaje, juntos se embarcaron hacia otra villa. Se montaron en una especie de cesta de madera, donde cuatro grandes aves tiraban de ella por medio de cuerdas de seda. Se encaminaron en un viaje por las montañas, hasta llegar a una ciudad hecha completamente de mármol, todos los habitantes vivían en un enorme palacio con gigantescos patios. Allí no había criados ni gente baja; cada cual se servía a sí mismo. Cuando llegaron, dos espíritus recibieron a nuestros personajes e hicieron que al instante de desear algo lo consiguieran. Al caminar por la ciudad se dieron cuenta de que sus habitantes jamás hablaban entre sí, leían en los ojos de los demás lo que pensaban. Los dos marineros fueron invitadosa un gran salón lleno de perfumes, pues para ellos, eran igual que sonidos. Un conjunto de fragancias dulces y fuertes daban lugar a una armonía. En aquel lugar las mujeres gobernaban por encima de los hombres. Éstos son los que hilan, cosen, bordan. Incluso existían escuelas donde se perfeccionaban a las mujeres mejor dispuestas.

Después de tantos festines y fatigas, Antón y Alibeo deciden alejarse de aquellas tierras, llegando a la conclusión de que los placeres de los sentidos quitan la felicidad de los hombres. Y, de retorno a casa encontraron una villa marinera lejana de placeres y manjares; donde sus gentes realizaban duros trabajos en la mar, y tenían unas costumbres puras. A pesar de sus numerosos viajes, en su concejo no habían desaparecido la amabilidad de sus habitantes, sus fiestas tan folclóricas y sus supersticiones. Llegaron a la conclusión de que:

Allí donde hay alguien a quien se quiere muchísimo y donde hay alguien que nos quiere de veras, ése es el lugar más bonito del mundo”.

EL CERDITO PASCUAL

Donde Pascual vivía era en una casa pequeña, pero a la vez acogedora. En ésa zona, nuestro cerdito protagonista tenía fama de ser muy simpático (por su aspecto regordete y sonrosado). Cuando allí llovía, delante de su humilde hogar se formaba una magnífica charca para bañarse. Más arriba de la pradera, y a tiro de piedra había otra pequeña casa donde vivía una cerdita… Todas las mañanas cuando salía iba a visitar a Pascual y allí reían, charlaban, comían pudín de chocolate, y después de cada comilona se bañaban para refrescarse. Al haber tanta confianza un día Pascual dejó de lado la cuchara y dijo: con nadie me revuelco y me río tan a gusto contigo, así que vente a vivir conmigo para siempre, así yo seré tu Pascual y tú serás mi Pascuala. A lo que la cerdita respondió : yo también disfruto mucho contigo, pero tengo ganas de conocer mundo más allá de ésta pradera, ver las costumbres de los hombres, así como las pocilgas de los demás cerdos, y siento decir esto, pero mi aventura será emocionante y a la vezpeligrosa. Pascuala miró por la ventana y murmuró: puede que vuelva y puede que no vuelva, quién sabe, es posible que en alguna parte me encuentre más a gusto que aquí.

Pascual esa noche no puedo dormir, y, al día siguiente, tristemente acompañó a la cerdita hasta el final del bosque, que se encontraba iluminado por una tenue luz rosácea.

Pasaron los días, y la casa de Pascuala fue comprada por un tigre. Como ésta se encontraba como una pocilga, el tigre contrató unos albañiles y en un día construyó una lujosa mansión. Al siguiente día se celebraba una fiesta por motivo de la llegada del nuevo vecino, a la que asistieron el cerdito Pascual, el pato Ramiro y el resto de compañeros y vecinos de la pradera. Durante el banquete, el cerdito hizo muy buenas migas con el tigre y los demás invitados (la señora avestruz, la cebra, o el pavo real)… tanto que llegó a olvidarse de Pascuala. Pasada la noche, Pascual cambió radicalmente su vida, ahora era más aseado, había dejado de comer para adelgazar, etc… todo para igualarse a su noble amigo el tigre. Pero llegó una mañana, en que oyó un ruido extraño en el corral. Abrió las ventanas, luego oyó un chapoteo y en su olvidada charca. ¡Era la cerdita Pascuala! Y Pascual bajó al corral corriendo todo lo que podía. Iba a dar un salto para juntarse con la cerdita en la charca, pero recordó los esfuerzos anteriormente hechos por convertirse en un animal limpio y aseado, así que se quedó inmóvil. Pascuala al verlo empezó a reírse de él: ¿vas a un baile? La cerdita exclamó; no quiero exagerar pero tienes un aspecto horrible. Esto hizo reflexionar a Pascual la maravillosa vida que él tenía cuando se comportaba como un cerdo. Así que de un salto, el cerdito se revolcó en el fango, se restregó con barro y se roció con agua. Pascual estaba otra vez desnudo y sonrosado como antes. Al entrar en casa, la cerdita le confesó que había regresado para vivir para siempre con él, ya que la actitud de los hombres con los animales dejaba mucho que desear, “los animales tienen sus sentimientos pero somos los seres humanos los que no los sabemos interpretar. Ya desde pequeños debemos aprender a respetarlos”. Y ambos se abrazaron contemplando como el Sol iluminaba las colinas y los campos.

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