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RELATOS


Por Juan Manuel Medina

 

LA SONRISA DE LA ESQUINA

Ni siquiera sé con seguridad qué es lo que ha pasado entre tú y yo. Tengo unos cuantos recuerdos muy vagos de lo que ha podido ocurrir, pero al mismo tiempo, tengo la sensación de que todo ha sido un sueño. No sé... Me gustaría que me perdonaras si te he hecho daño, porque te necesito para volar; nosotros siempre hemos estado por encima de las nubes. Ahora estás aquí, conmigo, tumbada a mi lado mientras me acaricias el pecho con tu mano y piensas en no sé qué, pero tus ojos delatan el infinito. Lo sé, no podemos salir a pasear. En realidad ya nunca podremos pasear; bueno, quizás mañana si hace un buen día, ya sabes que me encanta caminar contigo y hablarte. Ahora estamos juntos y hemos hecho el amor después de todo. Y te mantienes desnuda junto a mí, pero no hablas, porque tú nunca hablas, como ahora cuando te miro a través del humo del cigarro (que también podría ser la añozanza), y me haces sentir tan vacío como un pez sin las entrañas. Pero ven a mi lado, me gusta tenerte cerca y acariciar suavemente tu piel, como si cerrara los ojos y te imaginara, casi sin tocarte, y tú sonríes y me recriminas no sé qué cosa que se me ha olvidado. ¡Ah si!, tomarme mi dosis. Pero ya no importa, y todo está solucionado. Tú y yo estaremos juntos para siempre en nuestro abismo particular de sueños y despertares, igual que tu aroma nunca dejará de estar en la almohada. Me arrepiento de lo que ha pasado, y sin embargo todo se confunde en mi interior. Quién te enviaría aquellos versos; eran bonitos, si. Y de repente, la esquina de la pared, con su contraste de sombra y de luz que aparentaba una sonrisa disparatada y sin piedad. Agarré tu cuello entre mis manos, era tan fino y delicado, que entrelacé mis dedos y lo apreté con todas mis fuerzas. En fin, te prometo pasear mañana. Estar aquí solo, encerrado, llega a excitarme terriblemente.


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