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UNA CUESTIÓN DE PALABRAS:
LOS ALCANCES DEL ARGUMENTO MODELO-TEÓRICO DE PUTNAM


Laura C. Skerk

lauraskerk@yahoo.com.ar

UNA CUESTIÓN DE PALABRAS:
LOS ALCANCES DEL ARGUMENTO MODELO-TEÓRICO DE PUTNAM

Retomando el argumento modelo-teórico planteado por Hilary Putnam, el presente trabajo intenta mostrar que:

a- El argumento de Putnam presupone una concepción del lenguaje natural que es, por lo menos, discutible.

b- Esta concepción es lo suficientemente acotada como para limitar, a su vez, el alcance del argumento y viciar las consecuencias que se pretenden demostrar.

c- Teniendo en cuenta estas limitaciones, el argumento debe entenderse como cumpliendo una función, primordialmente, retórica y persuasiva.

Claramente posicionado contra aquellos que sostienen una concepción que , en sentido laxo, podríamos englobar bajo el término de "realista" (posición que sostiene, a grandes trazos, que la referencia de los términos está determinada por las relaciones existentes entre éstos y algún tipo de entidad extralingüística) el argumento de Putnam pretende demostrar que no existe una interpretación privilegiada o estándar del lenguaje natural .

¿Qué significa esto? En principio, que hay infinitas interpretaciones posibles de los términos del lenguaje natural. Pero, además, y allí se ubica el punto en disputa, que éstas poseen un mismo nivel o rango ya que todas conservan el valor de verdad de las proposiciones que éstos (los términos del lenguaje natural) conforman. Dicho de forma más llana, la función de interpretación que vincula a un término con una supuesta entidad extralingüística no es única. Distintas interpretaciones conllevarán distintas referencias. De tal suerte que esta última no queda ni determinada, ni tampoco sub-determinada (al estilo quineano). Simplemente no puede fijarse, se encuentra intrínsecamente contaminada por la ambigüedad.

¿Cual es, entonces, el mecanismo empleado por Putnam para probar su punto?

Bien. Tomando una oración que contiene dos términos cualquiera del lenguaje (por ejemplo, "gato" y "felpudo") procede a brindar dos interpretaciones de la misma. Una, la considerada habitualmente como estándar y otra que , aún asignando extensiones diversas a "gato" y a "felpudo" (en este caso, cereza para "gato" y árbol para "felpudo") mantiene invariable el valor veritativo de la proposición involucrada. De este modo, brindando más de un modelo de una misma estructura sintáctica, Putnam intenta mostrar que no existe una interpretación privilegiada. La interpretación estándar, entonces, no posee ninguna característica que la distinga de las restantes. Su supuesta preeminencia se apoya en el vacío y, por ello, no puede sostenerse.

Como anticipáramos, no pretendemos discutir la corrección técnica del argumento (corrección que, por lo demás, damos por supuesta) sino indagar que alcance posee éste, explicitando los presupuestos que subyacen a él. Para ello, analizaremos la estructura de la argumentación siguiendo la reconstrucción elaborada por Juan Manuel Comesaña en su artículo Escepticismo semántico y teorías del significado y brindaremos una interpretación de las premisas involucradas.

Tres premisas señala Comesaña en su -según nuestra óptica, correcta- reconstrucción del argumento modelo-teórico de Putnam. Estas son

1) El lenguaje natural puede representarse adecuadamente como una estructura sintáctica más una función de interpretación.

2) Si un lenguaje tiene un modelo, entonces tiene más de uno.

3) No hay criterios aceptables que permitan distinguir entre varios modelos de un lenguaje.
Inmediatamente después señala la conclusión

4) No hay manera de defender la idea de que sólo uno de los modelos de un lenguaje es el natural o pretendido.

La primera premisa es, creemos, la base sobre la que se asienta todo el argumento. Ya que es ella la que contiene, implícitamente, una concepción precisa de lo que debe entenderse por lenguaje natural.

Qué es exactamente lo que presupone la premisa 1, entonces?

No que puede darse cuenta, recurriendo a estructuras sintácticas de cierta característica del lenguaje (lo que supondría una aceptación débil de 1, que de modo general, casi todos estarían dispuestos a conceder) sino que esta estructura junto con una función de interpretación puede dar cuenta adecuadamente del lenguaje natural. En otras palabras, eso es un lenguaje natural: Una estructura sintáctica más una función de interpretación. Las características mencionadas son, de esta suerte, las condiciones necesarias y suficientes de todo lenguaje natural.

Bien, según esto, ¿qué se ha concedido?

a- Que es en este estrecho campo (una provincia completamente aislada de toda consideración, por ej., empírica) en el que deberemos buscar la forma de determinar la preeminencia de un modelo sobre los demás (fundamento de la premisa 3)

b- Que, dadas únicamente estas restricciones, la posibilidad de que exista más de un modelo no puede rechazarse (premisa2)

La premisa 4, se sigue entonces, de forma casi evidente. Sin embargo su alcance no se hace explicito. Tal vez por eso, en ciertos momentos parece tenerse la sospecha de haber comprado menos que lo que Putnam asegura habernos vendido.

Tratemos, entonces, de releer 4, incorporando la restricción que impone 1, de modo de lograr una versión débil del argumento (finalmente, eso era lo que pretendíamos haber comprado). Obtenemos, por este medio, la siguiente formulación:

4) Si el lenguaje natural es sólo una estructura sintáctica más una función de interpretación, no hay manera de defender la idea de que sólo uno de los modelos de un lenguaje es el natural o pretendido.

Por supuesto, la incorporación de 1 como antecedente de un condicional produce una cierta molestia.

Hemos llegado al punto en que, tal vez, nos preguntemos por qué habríamos de conceder una versión tan incómoda de la premisa 1. O, mejor dicho, hemos llegado al punto en que, quizás, le preguntemos a Putnam por qué hacerlo. Lamentablemente, como adelantáramos, la aceptación de la premisa 1 subyace al argumento y no se encuentra justificada en él. No hay razones en favor de la aceptación de esta premisa.

Sin embargo a falta de buenas razones, siempre es posible ensayar un contraataque. Veamos cual es la estrategia de Putnam.

Sintéticamente, ésta consiste en solicitar que se brinde un criterio que posibilite sostener la prioridad de un modelo por sobre los otros, capaz de resistir la relativización que queda abierta a partir de lo que el argumento plantea.

La respuesta que prioritariamente se ha ensayado ante este desafío, ha sido la apelación a algún tipo de criterio empírico. En esta línea se ubica, por ejemplo, la propuesta elaborada por Devitt en textos como Realismo y Verdad . Propuesta que podríamos explicitar del siguiente modo:

No todos los modelos posibles son equivalentes porque existe uno que refleja la conexión causal que vincula a los términos con su referencia. Primordialmente, "causalmente relacionado" (o, más sencillamente "causa") refiere a las relaciones causales porque se encuentra causalmente vinculado a ellas.

La respuesta de Putnam apela, nuevamente, a aquello que queda mostrado por el argumento mismo: Si todo término puede vincularse a una infinidad de referencias no-estándar la noción misma de "causalmente relacionado" queda contaminada. O, si se prefiere, queda afectada por la misma ambivalencia que aqueja tanto a los gatos y como a los felpudos.

¿Qué es lo que permitiría afirmar, entonces, que "causalmente relacionado" se relaciona primariamente con causalmente relacionado?

Llegados a este punto, la discusión parece volver a cero y llegar a un punto muerto porque la respuesta, que tal vez se nos antoje obvia, es: "Bueno, "causalmente relacionado" se vincula con las relaciones causales y no con aquellas relaciones postuladas por una interpretación no-natural porque se encuentra causalmente relacionado con ellas"

Así, entre mutuas acusaciones de trivialidad y petición de principio, y la repetición de la respuesta, genera a su vez, la repetición de la pregunta sin que parezca existir algún modo razonable de dirimir la disputa o, al menos, detenerla.

Sin embargo, este el momento en que, creemos, deberíamos retomar los presupuestos del argumento y, consiguientemente, volver a plantear el problema de su alcance con vistas a contestarnos si la recusación de todo criterio empírico puede sostenerse sin su ayuda. En otras palabras ¿Es el desafío de Putnam igualmente potente si lo formulamos con absoluta independencia del argumento modelo teórico? ¿Puede Putnam volver a formular su petición sin apelar, para invalidar la incorporación del criterio empírico, a los resultados de su argumento? O, reescribiendo el mecanismo que emplea de forma un tanto más irónica ¿sin proceder, sistemáticamente, a equiparar "causa" con "gato" y "felpudo"?

A la luz de los pasos seguidos por Putnam pareciera que no, ya que no en encontramos, por lo menos de forma explícita, ningún argumento independiente que permita sostener este rechazo. Dicho de distinto modo, la negación de la posibilidad de incorporar un criterio queda atada a la validez del argumento modelo teórico y ésta, a su vez, ha quedado sujeta a la aceptación de la premisa inicial de la argumentación. O, más precisamente, a la aceptación fuerte de esta premisa.

Resumiendo. El argumento sólo muestra lo que presupone. A saber, que un lenguaje natural que es entendido meramente como una estructura sintáctica más una función de interpretación (Premisa 1) carece de criterios para considerar a un modelo como natural o pretendido. Sin embargo, no muestra que un lenguaje natural que no se considere de este modo padezca de la misma carencia. En la concepción putnamiana, entonces, se parte de presuponer una limitación para, luego, hacerla explícita.

¿Cuál es, entonces, la función de este argumento? Creemos, como dijéramos inicialmente, que su función es básicamente persuasiva y que su utilidad radica, precisamente, en obligar al oponente de Putnam a mantener la discusión en los términos en que éste último la ha planteado. Esto es, dentro de los límites del argumento. La ambigüedad que contamina a "causa" depende de que aceptemos, desde un inicio, que el lenguaje no se encuentra causalmente conectado con ningún tipo de entidad extralingüística (aceptación que concedemos por medio de la descripción del lenguaje natural implícita en la premisa 1).

Por irónico que parezca, entonces, la derrota del realismo queda atada a que, inicialmente, nos hayamos confesado, básicamente, antirrealistas. Esto es, a que hayamos declarado vencido a nuestro adversario antes de comenzar la contienda. Nos queda, por lo tanto, la tarea de evaluar si esto puede , legítimamente, considerarse una victoria.


Bibliografía
- Putnam, Reason, Truth and History Cambridge, Cambridge University Press, 1981.
- Comesaña, Juan Manuel. Escepticismo semántico y teorías del significado en Análisis Filosófico XVIII (1998) Nº 2

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