Durante el 1870-1880 se produce en toda Europa un nuevo
movimiento literario, el realismo. El antecedente de este
estilo tiene sus fuentes en la tradición clásica,
de hecho, el propio Aristóteles se refería
al término de mimesis y verosimilitud, comparando
la función del poeta y del historiador. Ahora bien,
es durante esta mitad de siglo XIX, cuando la literatura
se incorpora al florecimiento narrativo que se venía
dando en Europa desde 1830. En concreto, es en 1850 cuando
comienza a cristalizar el término "realismo"
como designación de una corriente pictórica
y una escuela literaria, cuyo ideario se centraba en la
concepción del arte como representación exacta
de la realidad a través de una observación
minuciosa, despasionada y objetiva de la misma (Estébanez
Calderón, 2002: 902). En el continente surgen figuras
como Balzac, Stendhal, Dickens, Dovstoievski, Tolstoi, Chejov,
Clarín y Galdós. Incluso en Norteamérica
Hawthorne, Melvilla y Mark Twayne se dedican por completo
a este estilo. El apogeo del realismo surge en Europa con
el ascenso de la burguesía, siendo éste grupo
social el protagonista de la novela realista, una clase
social adinerada y arribista. En España, la prosa
española alcanza cotas de magnífica calidad
gracias a la labor incesante de un conjunto de escritores:
Alarcón, Fernán Caballero, Pereda, Valera,
Pardo Bazán, Galdós y Clarín entre
otros.
El realismo literario pretendía mostrar con toda
objetividad e imparcialidad la representación del
mundo real, basándose así en una observación
meticulosa de la vida contemporánea. La atención
de nuestros novelistas se centra en lo humilde, lo cotidiano,
en general hacia lo particular. Esto mismo lo explicita
Pardo Bazán en su prólogo a la novela Un viaje
de novios cuando nos habla de lo que es el realismo: "Es
el traslado de la vida, y lo único que el autor pone
en ella, es su modo peculiar de ver las cosas reales"
(196). Además, el realismo emerge como oposición
al romanticismo, y más concretamente contra aquellas
obras que fomentaban los elementos escapistas o las novelas
folletinescas. Este tipo de novelas fueron los precedentes
de las obras realistas, y eran bien despreciadas por nuestros
autores ya que en ellas se manifestaba un exceso del melodrama,
huyendo en todo caso de la realidad objetiva. Entrando de
lleno en el realismo, las claves para entender este estilo
son las siguientes:
1) Trata de reflejar la realidad tal cual es, sin
desvirtuarlo de ningún modo. Los escritores realistas
sentían una afición peculiar por la vida cotidiana,
por la mezcla tanto de lo mayúsculo como de lo minúsculo.
2) Los realistas tratan de revelar las preocupaciones
sociales-políticas de la época, haciendo eco
de las principales revoluciones, de los cambios que ha ido
asumiendo las diferentes naciones, del choque que se produce
entre el conservadurismo del viejo orden y el liberalismo
que precede a la revolución burguesa. De esta forma,
las novelas mezclaron el trama personal de sus protagonistas
con la realidad histórica del momento. Es el compromiso
del autor el que se inmiscuye, a veces, en estos relatos
por la toma de posición frente a situaciones y problemas
ideológicos planteados. Este compromiso condiciona
la calidad estética de dichas obras, en la que los
personajes corren el riesgo de convertirse en estereotipos
y portavoces del pensamiento de su autor (Estébanez
Calderón 2002: 904).
3) En la novela se reflejan todos los dualismos
de la sociedad de la Restauración. Sobre todo, los
escritores ponen de relieve el choque que se estaba produciendo
entre las dos Españas. De aquí que el tema
religioso sea el centro argumental de un grandioso número
de novelas realistas, manifestando así el conflicto
entre los defensores de la religión y los anticlericales.
En concreto, Pérez Galdós en Doña Perfecta
(1876) o en La familia de León Roch (1878) muestra
ese cambio que se había ido fraguando en la sociedad
española, entre los que seguían la tradición
y los que abogaban por el progreso, el espíritu tolerante
y el positivismo de Augusto Comte.
4) El amor será uno de los temas más
desarrollados en la novela realista. Como bien explica Rafael
Rodríguez Marín: "El amor, dentro o fuera
del matrimonio, no es sino constituyente destacado de la
familia, soporte sobre el que se basa la novela realista
y naturalista como la sociedad burguesa en la que esta descansa"(1991:72).
Tanto en Fortunata y Jacinta de Pérez Galdós,
como en La regenta de Clarín o en Los pazos de Ulloa
de Pardo Bazán, el amor será el eje de estas
novelas, la causa e hilo conductor por el que se mueven
sus protagonistas.
5) El lenguaje realista es verídico, democrático
en todos sus aspectos, tratando de mostrar los diferentes
niveles de la lengua, tanto los cultos como los populares.
En la novela póstuma de Galdós: Fortunata
y Jacinta vemos esa entremezcla entre los dos estilos, reproduciéndose
tanto las voces del pueblo como las de la burguesía.
De hecho, el escritor canario emplea con recurso este estilo
para así individualizar a ciertos personajes, retratándoles
con certeza por medio de esos usos lingüísticos.
Incluso, Pardo Bazán en el prólogo a su tercera
novela La tribuna, usa esta variedad de registros para dar
más objetividad a los personajes: "En abono
de La tribuna quiero añadir que los maestros Galdós
y Pereda abrieron camino a la licencia que me tomo de hacer
hablar a mis personajes como realmente se habla en la región
de donde los saqué"(411).
También hay que hablar aquí de la importancia
de los dialectismos en la novela, como en este tipo de obras
se da gran importancia a las variedades y particularidades
propias de la lengua española en las diferentes regiones.
Pardo Bazán en la multitud de cuentos que retratan
la vida gallega, saca a la luz esa representación
dialectal característica propia de aquellos que vivían
en las aldeas, como bien lo hacía Pereda en sus novelas
de la región Cántabra. Por último,
no hay que olvidar mencionar en este apartado como el discurso
de estos protagonistas revela estas estructuras de poder
y ubica el palabra en unas relaciones históricas,
culturales y sociales más amplias.
6) En la novela realista, se presencia ese choque
continuo entre la burguesía y el pueblo, mostrándosenos
con todo detallismo la sociedad del momento. De hecho, la
Revolución de Septiembre de 1868, o también
la denominada "Revolución Gloriosa"será
uno de los momentos históricos más desarrollados.
Como comenta Rafael Rodríguez Marín: "Los
novelistas de la Restauración abordan asuntos referidos
al mundo administrativo, o a los manejos de los caciques
en la vida provinciana, o al problema de los cesantes, consecuencia
de la mecánica política de turnos del poder"(82).
7) La novela realista presta especial atención
al problema de la mujer, siendo estas las protagonistas
de estas obras. Los autores realistas quieren mostrar una
sociedad que se ve anclada en el pasado, que sigue el viejo
orden, desatendiendo las necesidades de lo que ellos denominan
"el sexo débil". Nuestros escritores realistas
se resisten a los modelos de conformidad con el que se asociaba
a las mujeres, poniendo en entredicho estos arquetipos culturales,
disolviendo al final de sus novelas estos moldes estructurales.
Dentro de esta cuestión, es Doña Emilia Pardo
Bazán la que más luchó por la igualdad
de la mujer en la sociedad del XIX, mostrando como los vicios
de las mujeres, el adulterio o la frivolidad venían
propiciados por la falta de instrucción y por la
ausencia de una buena formación espiritual. La escritora
gallega subrayó la importancia de la igualdad y la
oportunidad en el trabajo, el acceso a la educación
y el cuidado de los niños. Dentro de este planteamiento
también se puso de relieve los múltiples problemas
que albergaban a estas, en concreto, estos escritores mostraron
como la reforma de la educación era una de las necesidades
mayores que tenían las mujeres. De hecho, la filosofía
krausista tras 1850 y la Institución Libre de Enseñanza
(1876) buscaban un avance en la educación, la cultura
y la enseñanza femenina, cosa que no se consiguió
hasta mediados del S.XX.
8) La localización de la novela realista
se sitúa en la ciudad, tanto en la capital madrileña
en Fortunata y Jacinta, como en la ciudad de provincias,
en La regentaserá Oviedo. A veces el marco geográfico
del pueblo aparece pero siempre en contraste con el mundo
urbano, simbolizando el orden antiguo, las tradicionales
costumbres y la base del mejor sentimiento religioso. De
hecho, en la novela Doña Perfecta, Orbajosa se presenta
caracterizada por el inmovilismo, el rechazo del liberalismo
y de lo extranjero. En ella, Galdós denuncia la estrechez
de las ideas conservadoras en las pequeñas poblaciones,
su oscurecimiento y sus prejuicios. Por otro lado, Madrid
constituye el marco de las luchas políticas, donde
se fragua de mejor manera la revolución burguesa.
9) La descripción cobra un papel importante.
Se intenta reflejar con detenimiento todo lo que rodea a
los personajes, el ambiente, la ciudad, la naturaleza, e
incluso el inventario detallado de la casa o las ropas,
son símbolos del poder incipiente de la burguesía.
El escritor se interesa así por los marcos en los
que se asienta la población, en concreto, por el
estudio de la casa y la vivienda, ya que es un camino que
le aproxima a las pautas de conducta de los personajes.
De hecho, la forma en la que los personajes visten y el
modo en que se relacionan socialmente comunican cosas sobre
ellos mismos, y por lo tanto, pueden ser estudiados como
símbolos. Como bien nos dice Nochlin: "They
alternate lengthy, if objective descriptions of clothing
and furniture with set passages of conversation, in a manner
opposed to our actual or more free flowing consciousness
of experience which was only later developed by such writers
as Proust, Virginia Wolf, Joyce or Robbe-Grillet" (Nochlin,
15). Efectivamente, entre las técnicas utilizadas
para esto es el descriptivismo minucioso, que da cuenta
así del entorno en el que se mueven los personajes
y todo lo referente a ellos mismos. De hecho, la capacidad
de descripción atiende a las pasiones, las debilidades,
lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías,
todo lo espiritual y lo físico que rodeaba al autor
realista.
De todo esto se puede concluir como la literatura realista
tiende a la objetividad narrativa, la escritura como testimonio,
siendo estos los pilares básicos sobre los que se
apoyaba la novela de la segunda mitad del siglo XIX. Siempre
la novela trataba de reflejar las principales vicisitudes
del momento, tanto los problemas que afectaban a la mujer,
como los diferentes cambios sociológicos que habían
irrumpido de forma expresa en la sociedad de fin de siglo.
Entre las técnicas más utilizadas por estos
escritores se encuentran la descripción minuciosa,
la atención a la ambientación, el cuidado
del lenguaje, así como la importancia que se da al
verismo y a la realidad.
Bibliografía
consultada:
Estébanez Calderón. Diccionario de
términos literarios. Madrid: Alianza Editorial.
2002.
López Rubio, José. Galdós.
Madrid: Prensa Española. 1973.
Medina, Jeremy. Spanish Realism: The theory and
Practice of a Concept in the Nineteenth Century.
Potomac, MD: Studia Humanitatis. 1979.
Nochlin, Linda. Realism. London: Penguin Books.
1971.
Pardo Bazán, Emilia. Obras completas, I.
Madrid: Fundación José Antonio de
Castro. 1999.
Pattison, Walter T. Emilia Pardo Bazán. New
York: Twayne Publishers. 1971.
Rodríguez Marín. Rafael. Realismo
y naturalismo: la novela del S.XIX. Madrid: Anaya.1991.
Valis, Noël. In the Feminine Mode: Essays on
Hispanic Women Writers. Cranbury, NJ: Bucknell UP.
1990.
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