UNA HISTORIA SOBRE CASINOS
CÓMO GERARDO SIVIER BLANC DESCUBRÍO
EL SECRETO DE LA RULETA
ÍNDICE:
1. EL VIAJE A MADRID
2. FERNANDO ANDRADE
3. UNA VISITA INESPERADA
4. EL ACCIDENTE
5. LA CARTA
6. LA MANSIÓN
7. EL MANUSCRITO
8. GERARDO SIVIER BLANC
9. LA ESTRATEGIA
10. LAS PRUEBAS
11. VISITA AL CASINO DE MONTESBLANCOS
12. LOS PRIMEROS RESULTADOS
13. LAS POSIBILIDADES
1. EL VIAJE A MADRID
Nueve de la tarde de un caluroso día de
agosto. El vehículo se deslizaba lentamente
por la carretera que une las poblaciones de Villalba
y Guadarrama. Su velocidad actual no era en nada
comparable a la sostenida durante las cinco horas
anteriores en que había recorrido más
de 600 kms. Echando un vistazo al rostro de su conductor
podía observarse un semblante de preocupación.
Podría decirse que por inercia sus ojos estaban
fijos en la carretera pero sus pensamientos podían
estar a miles de kms. de distancia. Y casi con toda
seguridad en una situación nada agradable.
Alfred, de 27 años, nunca hubiera pensado
que pudiera encontrarse en una encrucijada de tan
considerables dimensiones. Hacía escasamente
seis meses que todo le sonreía, un trabajo
bien renumerado, con un sueldo de 40,000$ al año,
una novia hermosísima a la que hubiera propuesto
matrimonio este otoño, y una vida social
muy divertida y prometedora.
Pero en escasas dos semanas todo se había
torcido. Su enfrentamiento con Eduardo, el nuevo
socio de la empresa; le había supuesto su
despido fulminante. Su novia Alice no había
podido soportar su repentino cambio de humor (o
el repentino descenso de su cuenta corriente) Y
todos aquellos amigos que antes le sonreían
y adulaban habían desaparecido como por arte
de magia.
Repasaba mentalmente las situaciones vividas y
se daba cuenta muy a pesar suyo, que aunque hubiera
podido intuir lo que iba a suceder, hubiera actuado
de la misma forma. Siempre había sido una
persona con firmes convicciones y nunca dejaría
que nadie le pisoteara.
Pero ahora tenía que tocar con los pies
en el suelo y afrontar el hecho de que su vida despreocupada
y llena de lujos tocaba a su fin. Sus ahorros le
permitirían aguantar escasamente dos semanas
y media. No podría seguir pagando el alquiler
de su lujoso apartamento en Sarriá, no podría
seguir comiendo en sus restaurantes preferidos y
sus trajes dejarían de ser un ejemplo de
elegancia para pasar a la más absoluta mediocridad.
Desde que salió de Barcelona a las 4 de
la tarde, eran muchas las preguntas que le venían
continuamente a la mente y todas ellas sin una respuesta
concreta, de hecho estaba convencido que de la imposibilidad
de que pudiera haber respuesta para ninguna de ellas.
Quizás por ello el viaje le había
parecido larguísimo
Y a pesar de ello, a medida que se acercaba al
objetivo de su viaje, esta sensación de desasosiego
iba siendo sustituida por otra de excitación
que poco a poco se iba apoderando de sus pensamientos.
Era como si la atmósfera de la casa y todo
el misterio que la rodeaba le envolviese y anulase
sus preocupaciones. Era como encontrarse ante las
puertas de algo totalmente diferente y misteriosos
Sin darse cuenta se dejo llevar por esta sensación
olvidándose de sus problemas y los recuerdos
comenzaron a llenar su mente.
2. FERNANDO ANDRADE
Oí hablar por primera vez de Fernando a
los dieciocho años cuando sus padres recibieron
una llamada telefónica desde Canadá.
Fernando Andrade era primo lejano de su madre.
Un buen día del año 1984, hacia ahora
20 años, dejó su trabajo en una tienda
de libros antiguos y se fue a recorrer mundo. No
dio ninguna razón concreta de porqué
dejaba su trabajo ni explicó de qué
pensaba vivir a partir de aquel momento.
Mis padres recibían periódicamente
noticias suyas, bien en forma de carta o llamada
telefónica. Siempre desde una ciudad distinta
y desde los mejores hoteles. Y nunca con una explicación
clara de donde obtenía los ingresos que le
permitían vivir con ese ritmo de vida Ellos
no se atrevían a preguntar abiertamente y
cuando le hacían alguna insinuación
al respecto Fernando siempre cambiaba de tema asegurándoles
que no tenían porqué preocuparse,
que nunca había hecho ni haría nada
ilegal, pero que no les podía explicar a
qué se dedicaba.
3. UNA VISITA INESPERADA
Había tenido ocasión de conocerlo
personalmente. Una noche de otoño del 99
se presentó inesperadamente acompañado
de una atractiva joven sudamericana de cabellos
color azabache y ojos verdes claros a la que llevaba
al menos veinte años. El Porsche aparcado
delante del jardín era como un insulto a
los modestos coches de los vecinos. Ello incomodó
bastante a mis padres ya que no les gustaba llamar
la atención, pero su contestación
fue simple y tajante: "No tengo porque esconder
mi coche a las miradas de nadie"
Fue una visita fugaz pero congeniamos muy rápidamente.
A ello contribuyó en gran manera mi mal disimulada
curiosidad por su espíritu aventurero y la
curiosidad propia de mis diecisiete años.
Lo cierto es que me cayó bien como persona
y no ví en él ninguno de los rasgos
egoístas que en ocasiones había oído
comentar a mis padres. Sólo estuvo una noche.
Por la mañana me lo encontré paseando
solo por el parque pensativo. Me dijo que tenía
que marchar de nuevo, no podía estar muchos
días en un mismo lugar.
Había venido porque sentía melancolía
del lugar donde había pasado casi toda su
vida pero al mismo tiempo se daba cuenta que era
muy diferente a todos los que le rodeaban, hecho
que provocaba que le miraran con desconfianza. Me
habló de que hacía algo muy importante,
pero que precisamente esa importancia dependía
de que lo supiese la menor gente posible. Me aseguró
que no infringía ninguna norma y ví
sinceridad en sus ojos.
Cuando se despidió su apretón de
manos fue tan fuerte como sincero y sus palabras
vuelven ahora con fuerza a mis oídos con
un significado especial: "Si algún día
tengo que confiar en alguien, sé que podré
contar contigo"
Durante los dos días siguientes a cada visita,
llamada o carta no existía en la casa otro
tema de conversación, todo eran cábalas
sobre Fernando y sus fuentes de ingresos. Al tercer
día la intensidad de las conversaciones comenzaba
a decrecer desapareciendo por completo hasta que
se produjese la próxima llamada.
Nunca había prestado demasiada atención
a los comentarios de sus padres. Siempre pensé
que si les intrigaba tanto era porqué quizás
ellos deseaban interiormente imitar su ritmo de
vida y poder viajar alrededor del mundo con toda
clase de lujos.
4. EL ACCIDENTE
La noticia nos llegó inesperadamente. Encontraron
su automóvil en el fondo del lago de Bolsena,
entre las poblaciones de Orvieto y Montefiascone
en el centro de Italia. El coche había caído
al río medio kilómetro antes y según
testigos presenciales mientras el vehículo
iba hundiéndose lentamente vieron cómo
se movía alguien en su interior, pero cuando
los submarinistas llegaron a él no encontraron
ningún cuerpo en el habitáculo ni
en sus alrededores.
La policía no encontró señales
de lucha pero uno de los tubos del líquido
de frenos estaba cortado limpiamente por la mitad.
Rastrearon el fondo del lago durante los días
siguientes sin resultado positivo, dándolo
finalmente por muerto.
5. LA CARTA
Cinco días más tarde recibí
una carta dirigida en la que mi tío me encargaba
personalmente que si le ocurría algo me dirigiera
rápidamente a la casa que conservaba en las
afueras de Madrid En el escrito, que venía
acompañado de un plano, detallaba cómo
acceder a un doble fondo existente en un armario
de la biblioteca situada en la planta baja y recoger
un manuscrito y un libro allí escondidos.
Insistía encarecidamente en la importancia
de las 30 hojas escritas a mano y de las que nadie
debía conocer nunca su existencia.
No acertaba a imaginar de qué se podía
tratar ya que en la carta no lo mencionaba, y ello
contribuía aún más aumentar
mi grado de confusión y al mismo tiempo excitación.
Si Fernando tenía planeado que en el momento
en que le ocurriera algo esa carta llegase a sus
manos es que debía tratarse de algo verdaderamente
importante. Por ello, tres horas después
de recibir el correo había partido en dirección
a Madrid.
Pasé la curva del lago y reduje aún
más la velocidad. A la derecha y a 200 metros,
escondida parcialmente por los árboles que
bordeaban la carretera, se vislumbraba la mansión.
Estaba anocheciendo y en estos momentos me dí
cuenta de que quizás no era demasiado prudente
visitar una casa desconocida sin luz suficiente
pero en estos momentos era tal la intriga que tenía
que me hubiera sido imposible dar la vuelta y esperar
al día siguiente Tenia que saber qué
contenía aquel manuscrito y porqué
Fernando había confiado únicamente
en mi
6. LA MANSIÓN
Cincuenta metros más adelante se encontraba
el camino de tierra que conducía hasta la
puerta principal. Antes de llegar a esta bordeé
el estanque y siguiendo la pared lateral llegué
hasta la parte trasera Quería dejar el coche
escondido de miradas indiscretas. Encontré
la llave, tal como indicaba la carta, al pie de
uno de los focos del jardín Ahora la oscuridad
era casi total. Caminaba con cuidado, el día
anterior había descargado una gran tormenta
en la zona y el suelo estaba aún húmedo.
Por unos momentos me quedé petrificado en
el sitio, me había parecido ver un destello
de luz en una de las ventanas de la planta superior,
como si alguien hubiera encendido durante unos segundos
una pequeña lámpara. Pero había
sido tan fugaz que ahora dudaba no fuese simplemente
el reflejo de alguna luz lejana en el mismo cristal.
Seguí avanzando lentamente hasta llegar
a las escaleras que conducían a la entrada.
Di dos veces la vuelta a la lave y empujé
cautelosamente la puerta, cómo si hubiera
de encontrarme alguien esperándome en el
interior. Me quedé quieto durante un minuto
en el vestíbulo. El silencio y la oscuridad
eran casi totales. Poco a poco miss ojos fueron
acostumbrándose a la penumbra, enfrente tenía
las escaleras de acceso a la planta superior donde
estaban los dormitorios. El croquis me indicaba
que debía dirigirme a la derecha, cruzar
la sala de estar y desde ella accedería a
la biblioteca. Había traído una pequeña
linterna pero decidí no utilizarla aún,
la tenue luz que entraba desde el exterior le permitía
vislumbrar los objetos con suficiente claridad.
Me dirigí hacia la biblioteca. Giré
suavemente el pomo y entré. Las persianas
de la única ventana estaban bajadas, sólo
un hilo de luz se filtraba por la puerta entreabierta,
una sensación de humedad me hizo estremecer
y comprendí que nadie había entrado
allí en mucho tiempo.
Encendí la linterna y manteniéndola
separada del cuerpo, barrí la habitación.
Dos enormes estanterías llenas de libros
flanqueaban una mesa central con una lámpara
en un extremo. Varios montones de libros y documentos
se apilaban en la mesa, todos muy bien ordenados.
Era como si se quisiese tener a mano una serie de
información en un momento determinado sin
moverse del sitio.
7. EL MANUSCRITO
Busqué con la mirada la tercera repisa de
la estantería derecha, localizando, los volúmenes
de una gran enciclopedia. con su cubierta roja,
verde y dorada. Saqué todos los volúmenes
menos el primero y lo empujé hacia atrás.
El fondo de madera giró sobre sí levemente,
dejando un espacio entre este y la pared suficiente
para meter la mano. Palpé y no encontré
nada, empujé un poco más el libro
y enfocando con la linterna pude ver como un pliego
de hojas estaba a punto de caer al suelo, ya que
la cinta que las aguantaba se había despegado
de la madera. Alargué la mano todo lo que
pudo y las retiré con cuidado. Estabas amarillentas
y húmedas a causa del contacto con la pared
durante mucho tiempo. Iba a marchar ya cuando me
acordé del libro. Alcancé un gran
atlas situado dos estanterías más
arriba. Las hojas estaban simuladas, en su interior
encontró un libro de tapas verdes con un
título bastante vulgar, "la rueda".
Coloqué todo en su sitio y salí con
rapidez de la casa dirigiéndome al coche.
Por precaución me llevé la llave,
no estaba del todo convencido de que no me estuviesen
observando y ya tendría tiempo de volver
a colocarla en su lugar.
Apreté a fondo el acelerador, tenía
unas ganas enormes de empezar a leer el manuscrito
y al mismo tiempo, si alguien tenía intención
de seguirme se lo pondría difícil.
Vigilé por el retrovisor pero no detecté
ningún vehículo sospechoso.
Había reservado habitación en el
hotel Palace. Cené en un restaurante mexicano
cercano. Terminé más temprano de lo
acostumbrado y subí a mi habitación
hirviéndome la curiosidad. Saqué la
botella de whisky escocés del mueble bar
y me acomodé en la butaca para leer con tranquilidad
el manuscrito. Comenzaba así:
"Si alguien lee estas líneas es porque
ha recibido mi carta y yo ya no podré utilizar
lo que aquí se explica. Estas líneas
no han de ser reveladas a nadie, si este secreto
es divulgado perderá todo su valor. A partir
de este momento la persona que lo utilice podrá
vivir con toda clase de lujos, disponer del dinero
que quiera, viajar por todo el mundo y podrá
intimar con las mujeres más bellas del planeta.
Pero en contrapartida, su vida se volverá
más solitaria, ya que no podrá confiar
plenamente en nadie y todas sus relaciones, de amistad
o íntimas serán esporádicas.
Si sabe moderarse, las satisfacciones compensarán
ampliamente estos pequeños contratiempos.
Pronto comprenderá que las dos cosas son
incompatibles, en ese momento su visión será
mucho más clara"
8. GERARDO SIVIER BLANC
"Todo comenzó una noche del 14 de enero
de 1984 Aquella tarde habían llegado a la
tienda tres paquetes de libros antiguos procedentes
de Bilbao. Debido a su variada temática me
quedé en la tienda para clasificarlos después
de cerrar al público"
"La mayoría de ellos trataban de temas
corrientes y vulgares en su presentación.
Su salida al mercado sería difícil,
pero al final siempre aparecía algún
cliente que solicitaba aquello que no habían
podido servirle en ningún otro sitio. Uno
de los libros, sin embargo, llamó mi atención
por la combinación de colores en su cubierta.
El título "LA RUEDA" estaba escrito
en letras rojas sobre fondo verde inglés.
Unos bordes dorados contribuían a darle un
aspecto más señorial El autor era
un desconocido Gerardo Visier Blanc Quizás
fue lo poco original del título lo que llamó
más mi curiosidad y me impulsó a abrirlo
y hojearlo. Al principio no entendía bien
a que se refería, pero a medida que iba pasando
las páginas comprendí que el autor
detallaba una manera de ganar dinero apostando a
la ruleta. Sólo sobre las suertes sencillas
de ésta. Para el que no conozca este juego,
en el cilindro hay 37 números, del 0 al 36
dispuestos en orden aleatorio. Cuando la bola cae
en el cero, todas las apuestas se las queda la banca.
Hay 18 números rojos y 18 negros, 18 pares
y 18 impares, 18 números menores (1 -18)
y 18 mayores (19 - 36). Estas son las chances simples,
en las que el jugador, al ganar, recibe una cantidad
igual a la apostada"
"Empezaba con una pequeña introducción
en la que aducía las razones por las que
según él, durante innumerables años
muchas personas habían intentado encontrar
una forma de ganar dinero constantemente con este
juego sin conseguirlo. Explicaba en primer lugar
que nunca se le hubiera ocurrido intentar esta empresa
en otra suerte de la ruleta que no fuesen las chances
simples, con una posibilidad de acierto para el
jugador muy cercana al 50% en cada jugada. A continuación
describía la fuerte adicción que puede
suponer el juego y que no influye a todas las personas
por igual. La causa principal, según él,
por la que tantas y tantas personas habían
fracasado en esta empresa era el mismo jugador y
su comportamiento en la mesa de juego."
9. LA ESTRATEGIA
Según Blanc, el jugador "normal"
está mentalizado para ganar siempre, pero
no para soportar pérdidas. Llegado a un cierto
límite, diferente para cada jugador, éste
se descontrola, y sus mismas apuestas, fuera de
toda lógica y desproporcionadas le llevan
a perder inevitablemente. La misma libertad del
jugador de comenzar o finalizar el juego, de elegir
el lugar de la apuesta y de cambiar estas a su antojo
se convierte en su peor enemigo, si su personalidad
es débil
En cambio la banca se limita a dejar que la bola
gire y gire, soportando estoicamente las apuestas
a que le somete el jugador, y siempre acaba venciendo,
infringiéndole una derrota desproporcionada
teniendo en cuenta las posibilidades casi idénticas
de cada contrincante.
También era importante saber la razón
por la que el jugador, llegaba a estos límites
que le hacían cambiar su conducta. El autor
explicaba que el jugador siempre tiende a buscar
el equilibrio, de la misma manera que lo busca en
las diferentes situaciones de la vida. Y en la vida,
las personas fuertes se diferencian de las débiles
porque saben afrontar las adversidades y recuperarse.
En la ruleta también se tiende al equilibrio,
pero en ocasiones es a muy largo plazo, en cortos
espacios de tiempo pueden producirse y se producen
con mucha frecuencia situaciones que sobrepasan
a este jugador "conservador".
Encontraba las explicaciones del autor, aún
desconociendo en profundidad la mecánica
del juego, de una lógica aplastante. Seguí
hojeando por encima para saber hasta donde abarcaba
el estudio, pero consciente de que lo volvería
a leer todo con profundidad porque allí delante
tenía algo apasionante y al mismo tiempo
muy importante.
Para que el jugador no alterase su comportamiento,
el autor proponía 2 normas fundamentales,
la primera, invertir los roles de juego con la banca,
de forma que fuese ésta la que asumiese los
riesgos del jugador. De esta forma el jugador se
mentalizaba, no para ganar siempre sino esporádicamente,
y este hecho ayudaría a evitar que las situaciones
desfavorables le hiciesen cambiar fácilmente
su comportamiento.
La segunda norma era no jugar sólo. Según
el autor, la situación cambia dependiendo
del método que se aplica. La propuesta era
simular un equipo de jugadores, cada uno de ellos
jugando de forma diferente sobre la misma secuencia
de juego de una chance simple y con un objetivo
común. De esta manera conseguía, en
una misma secuencia encontrar muchas más
situaciones, que al jugar como la banca, le proporcionarían
en lugar de pérdidas, ganancias.
A continuación estaba detallada, paso a
paso en más de 20 páginas, la estrategia
de juego, empezando por los diferentes métodos
de ataque, los sistemas de apuestas, las cantidades
a utilizar en cada apuesta, los objetivos de cada
juego, etc.
Las siguientes 10 páginas eran una serie
de normas a seguir por el jugador para evitar sucumbir
ante el stress continuado producido por las sesiones
de juego. Según el autor este no era un "trabajo"
normal en el que a final de mes recibes tu paga,
aquí en todo momento el jugador está
en tensión y no sabe nunca con seguridad
cuando va a poder retirarse del juego. En cada minuto
de juego, en cada caída de la bola está
jugando con sus ingresos. Cómo planificarse
el tiempo para conseguir un mayor rendimiento con
el menor esfuerzo posible, cómo evitar el
control de los supervisores de los casinos, cómo
evitar pasar por caja muy a menudo para cambiar
las fichas ganadas (en muchos casinos y en las horas
de gran afluencia de publico la única manera
que tiene la dirección de saber si un jugador
gana repetidamente es observarlo a través
de las cámaras de la caja) No permanecer
más de 3 días seguidos o 5 alternos
en una misma sala, jugar siempre en las horas de
mayor afluencia de jugadores para dificultar este
control del personal (entre las 7 de la tarde y
las 3 de la madrugada como norma general aunque
recomendaba estudiar previamente las características
de cada sala de juego). Aprovechar las zonas turísticas
para pasar desapercibido, etc.
Otro capítulo del libro estaba dedicado
a enumerar los trucos "legales" utilizados
por los croupiers y personal en general de los casinos
para "desanimar" al jugador perseverante.
Alguno de ellos sólo estaba relacionado,
se dejaba al libre albedrío del jugador cómo
evitarlos, pero era más que suficiente ya
que el 60% de ellos era desconocido por la gran
mayoría de jugadores.
En resumen, toda una serie de consejos prácticos
encaminados a convertir una persona normal en el
más exitoso de los jugadores, ya que aquí
se revelaban todos, los secretos de este mundo oculto
a las miradas de los ciudadanos corrientes.
Era una explicación muy completa que seguía
con un análisis del jugador profesional y
sus cualidades, necesarias para, según el
autor, ser capaz de llevar a cabo esta empresa:
"el comportamiento del jugador ha de ser tan
frío y disciplinado como la misma máquina
contra la que se enfrenta, ha de permanecer imperturbable
a todos los factores ambientales" (personal
de la sala, demás jugadores, etc.) Había
una larga lista de todos ellos y la forma de combatirlos.
El libro terminaba con una enumeración de
todos los factores psicológicos que pueden
entorpecer y hacer variar la conducta del jugador.
Según el autor todos estos factores habían
sido anotados por él en años y años
de observación por las salas de juego de
todo el. Algunos de ellos los había experimentado
él mismo.
Cuando acabé de hojear el libro estaba asombrado.
Había estado tan absorto en su lectura que
había perdido totalmente la noción
del tiempo. Eran ya las dos de la madrugada, pero
no tenía sueño en absoluto. Mil preguntas
venían a mi mente, quien era Gerardo Sivier
Blanc? Realmente esta estrategia permitiría
ganarle a la ruleta? o era una fantasía de
un jugador cualquiera de ruleta? Si fuese cierto
lo que en el libro se explicaba, no quería
pensar en todo lo que podía significar, no
habría límites para la persona que
aplicara estas enseñanzas.
Aquella noche dormí poco y mal, todos mis
sueños giraban en torno a una mesa de juego,
en una gigantesca bola que rebotaba y rebotaba en
el interior de un cilindro, pero sin que acabase
nunca de caer. La mañana siguiente abrí
tarde la tienda, y a las 4 de la tarde colgué
el cartel de cerrado hasta el día siguiente.
Viajé hasta Madrid, no para jugar sino para
que me informasen del lugar donde podía conseguir
una ruleta de características similares a
las reales. Mi propósito era ya firme, había
decidido que tenía que averiguar si aquello
era realmente cierto y creía que valía
la pena invertir un poco de dinero, el suficiente
para que las comprobaciones que tenía pensado
efectuar fuesen lo más aproximadas al juego
real. Si no comprobaba la veracidad de las afirmaciones
de Blanc, toda mi vida estaría arrepintiéndome
de ello pensando en que había dejado escapar
una oportunidad única. Pero lo que no haría
sería arriesgar sin haber efectuado pruebas
antes.
10. LAS PRUEBAS
Conseguí una ruleta de reducidas dimensiones
pero perfectamente equilibrada. El fabricante, guiñándome
un ojo en señal de complicidad, me dijo que
había pertenecido a un casino existente en
un piso de la calle Fernández Cancela y clausurado
por la policía. Las 60,000 pesetas que hube
de desembolsar me parecieron un precio aceptable
pensando en lo que podría valer una ruleta
original de casino.
Los días siguientes intenté llevar
una vida normal, pero solamente deseaba que llegasen
las 8 de la tarde para enfrascarme en la lectura
detallada del libro. Tardé 5 días
(unas 20 horas) en comprender perfectamente la estrategia
y me di cuenta de que era algo realmente sofisticado.
El autor había valorado y analizado detenidamente
todas las incidencias posibles del juego, no había
dejado ningún cabo sin atar.
Estaba realmente ansioso para comenzar a efectuar
las pruebas con la ruleta, así que planifiqué
sesiones de 5 horas diarias en las que llegaba a
lanzar la bola un promedio de 500 veces. Los fines
de semana disponía de más tiempo.
Abría la tienda dos horas más tarde
de lo habitual, cerraba a las siete de la tarde,
y desde las 8 hasta las 2 de la madrugada (hacía
un descanso de una hora para cenar) simulaba sesiones
reales de juego. Incluso efectuaba el cambio de
sentido de giro del cilindro y de la bola en cada
rotación para que los resultados fuesen los
más parecidos posibles a los producidos en
una verdadera sala de casino.
Me había propuesto llegar a las 50,000 rotaciones
para tener una total seguridad de que los resultados
no eran fruto del azar, pero después de 7
semanas y 30,000 giros, tras una sesión en
que las ganancias fueron realmente espectaculares,
decidí que ya era suficiente y que el período
de prueba había terminado. Tenía ante
mi unas cifras realmente sorprendentes, no porque
no se ajustasen a lo que se especificaba en el libro,
sino porque en el fondo siempre había desconfiado
de que fuese cierto. Pero los resultados estaban
ahí y eran incluso mejores, un jugador que
emplease fichas de 1000 ptas. podía llegar
a ganar por día 150,000. No quería
ni imaginar que pasaría si alguien jugase
con fichas de un valor superior como por ejemplo
5,000 o 10,000 ptas.
Para mí eran cifras realmente astronómicas
y entonces recordé que en algún lugar
del libro se advertía del peligro que suponía
utilizar un valor de ficha demasiado alto ya que
podía llamar fácilmente la atención
de la dirección de la sala. Era preferible
utilizar un valor discreto aunque dependería
directamente de la sala y el momento en que se jugase.
Un valor de ficha de 50$ en Las Vegas a cualquier
hora del día apostado a las chances simples
no llamaría nunca la atención, pero
este mismo valor de ficha utilizado en una sala
de juego francesa (donde la apuesta mínima
es de 2 francos) a las 7 de la tarde y con 25 clientes
alrededor de las mesas pondría en alerta
a toda la dirección del casino.
Pero vi que de todas maneras una de la reglas principales
había de ser la discreción, y vi también
que era el momento de volver a leer detenidamente
el libro, especialmente los capítulos dedicados
a los factores ambientales, psicológicos
y todo lo que podía suponer, por parte del
personal de la sala, un obstáculo para el
jugador.
La hora de la verdad estaba cada día más
cerca pero no había de precipitarme, el día
que fuera al casino por primera vez, gracias a la
lectura del libro, sería un jugador experimentado
con cientos de miles de horas de juego virtual (o
real) a sus espaldas.
La semana siguiente la dediqué a volver
a leer detenidamente el libro memorizando todos
los factores ambientales y psicológicos del
juego, y preparando en una agenda de mano las planillas
necesarias para anotar las incidencias del juego.
11. VISITA AL CASINO DE MONTESBLANCOS
Me marqué como fecha para mi primera visita
al casino el sábado 17 de marzo de 1984.
Decidí ir fuera de Madrid, no quería
ser reconocido por nadie en mi primera noche de
pruebas. Así que tomé rumbo a Zaragoza,
al casino de Montesblancos. Su situación,
en lo alto de una montaña a la que se accedía
por una sinuosa carretera abrazada en pleno invierno
por una espesa niebla le proporcionaba un aire fantasmagórico
y de misterio (13 años más tarde su
fama se vió empañada por el asesinato,
nunca resuelto, de un interventor) Llegué
a las 10 de la noche. Bajé las escaleras
de acceso a la sala con la sensación de entrar
en un mundo desconocido y excitante a la vez. Muchas
miradas de jugadores se volvieron hacia mí
mirándome con la curiosidad propia de quien
ve llegar un forastero al lugar. Me impresionaron
los vestidos de noche de las jóvenes croupiers
con sus guantes de seda negra.
Me sentía incómodo en un ambiente
desconocido y me dirigí hacia la barra del
bar situada a la derecha. Desde allí podía
dominar toda la sala y observar con aire despreocupado,
mientras saboreaba lentamente mi bebida, el movimiento
en las diferentes mesas de juego.
Dos de las mesas de ruleta americana estaban abarrotadas
de jugadores, más tarde comprobé que
eran las que tenían la apuesta mínima
más baja. Observaba la actitud del jefe de
mesa y los croupiers y era una mezcla de indiferencia
y superioridad hacia el remolino de gente que alargaba
los brazos hacia el tapete.
Me llamó la atención especialmente
un hombre de unos 60 años situado en el extremo
de una de las mesas. Estaba pegado a ella como si
tuviera miedo de que alguien le quitase el sitio
y tenía a su lado una pequeña libreta
en la que hacía anotaciones tras cada jugada.
Vi que solo apostaba a las docenas y seguí
con curiosidad su juego para ver como si tenía
o no éxito. Normalmente su apuesta era de
sólo una ficha, pero en ocasiones apostaba
3 y hasta 4 fichas en dos de las 3 docenas.
Su montón de fichas descendía y aumentaba
por momentos pero una serie de jugadas desgraciadas
hizo que se quedara sin ninguna. Miré su
rostro y ni se inmutó. Sacó cuatro
billetes de 10,000 ptas. de su cartera y los lanzó
al croupier que le devolvió dos montones
de fichas.
Observaba a los demás jugadores y en su
rostro veía reflejadas las diversas emociones
que se suceden durante la jugada. El apresuramiento
al apostar, la impaciencia esperando la caída
de la bola y su alegría o tristeza según
les favorecía o no la suerte. El jugador
que escondía la cabeza después de
perder 24 fichas o el que ganaba un pleno y miraba
a su alrededor para ver si los demás jugadores
se habían percatado de su fortuna.
Durante 45 minutos estuve observando al personal
de la sala, jugadores y nuevos clientes que iban
llegando. Ahora había unas 200 personas moviéndose
entre las diferentes mesas. Creí que había
llegado el momento de pasar a la acción.
Cuando me levante de la silla sentí cómo
si unas tenazas aprisionaran mi estómago
y por unos instantes me pregunté si estaría
haciendo lo correcto. Rápidamente recordé
las 7 semanas pasadas haciendo pruebas y me tranquilicé.
Me dirigí a la mesa número 7, la apuesta
mínima era de 500 pesetas y sólo había
4 jugadores. El croupier me miró interrogativamente
y le pregunté si podía cambiarme dos
billetes de 10,000 ptas. a lo que contestó
con una media sonrisa irónica: "Faltaría
más, caballero". Contó hábilmente
40 fichas y las deslizó hacia mí.
12. LOS PRIMEROS RESULTADOS
En mi primera jugada el sistema me indicaba apostar
una ficha al color negro. Salió el 7 rojo.
A las 3 de la madrugada pasé por caja y cambié
mis 82 fichas (había ganado 42). Había
parado ½ hora sobre las 12:00 de la noche
para respirar un poco de aire fresco. Gané
los dos primeros juegos con relativa facilidad pero
el 3º se resistía. Cuando volví
tuve que esperar aún una hora hasta poder
retirarme de la mesa con mi objetivo cumplido: había
ganado 21,000 ptas. en 4 horas de juego.
El relato de Fernando seguía explicando
cómo durante todos estos años había
recorrido medio mundo jugando en los diferentes
casinos consiguiendo una inmensa fortuna que le
había permitido vivir sin límites
teniendo a su alcance todos los lujos que siempre
había deseado anteriormente.
Citaba los casinos de todas las ciudades que había
visitado, entre ellas Paris, Roma, Viena, Berlín,
Londres, Tánger, El Cairo, Buenos Aires,
Montevideo, Québec, Las vegas, etc.
Recalcaba la importancia de seguir al pie de la
letra las indicaciones del libro sin menospreciar
ninguno de los factores en él explicados
porque tarde o temprano se descubría su importancia.
En algún país podía no tener
demasiada relevancia pero en otro se podía
convertir en el más importante. A pesar de
la discreción empleada siempre en sus visitas
a las salas de juego, relataba que en 3 ocasiones
había notado que le seguían al dirigirse
a su hotel. Al día siguiente había
cambiado de sala y ciudad.
Escribía estas líneas sin saber quien
las leería, pero seguro de que sería
de su confianza. Aunque a él le hubiera ocurrido
algo que le impidiera seguir utilizando las enseñanzas
del libro, no quería que este secreto permaneciera
escondido durante mucho tiempo, alguien había
de coger su relevo y aprovecharlo, quizás
dentro de 10 años la situación de
los casinos y su reglamentación hubiesen
cambiado no permitiendo la aplicación de
este sistema.
13. LAS POSIBILIDADES
Después de leer la última línea
del manuscrito recosté la cabeza en el sillón
y quedé absorto unos minutos mirando el techo
de la habitación. Me resultaba difícil
controlar la euforia, pero lo cierto es que todo
un mundo nuevo de posibilidades se abría
ante mí y no lo pensaba desaprovechar. Ante
mis ojos pasaron, cómo si fuesen los fotogramas
de una película, sucesivas escenas de salas
de juego, viajes en barco, bellas damas que jugaban
a mi lado, todo en escenarios cambiantes de diferentes
países.
Uno de los mayores deseos del hombre ha sido siempre
desafiar las leyes de la naturaleza y del orden
establecido, sin que ello le pueda comportar consecuencias
negativas. Muchas veces dejaba volar mi imaginación
imaginándome lo maravilloso que sería
poseer un don sobrenatural que me hiciese superior
a los demás seres humanos. En mis sueños
no había límites:
Poseer una coraza invisible que le hiciese invulnerable
a cualquier ataque. Podría dedicarme a defender
a los demás sin temer ningún daño
físico.
Poder elevarse por los aires y volar sin la ayuda
de ningún medio mecánico.
Ser invisible y poder entrar en cualquier habitación
sin ser visto.
Poseer rayos x en la mirada que me permitieran atravesar
objetos, graduable en intensidad según objeto
y situación.
Tener en el bolsillo un billete que se multiplicara
por si sólo y me proporcionara todo el dinero
que necesitase.
Tener un don que me hiciese irresistible a las mujeres
con tan sólo mirarlas a los ojos.
La inmortalidad, sin tener que llegar a un pacto
con el diablo, o haber de convertirse en vampiro.
La eterna juventud.
Pero siempre acababa despertándome de mi
sueño para volver a la rutina diaria. Sin
embargo ahora tenía en mi poder algo verdaderamente
importante, que me proporcionaría la mayoría
de estas cosas que siempre había deseado
Comprendí que se habían terminado
todos mis problemas, si Fernando había vivido
espléndidamente durante 20 años yo
no sería menos, a partir de ahora se terminaron
las ataduras, podría vivir la vida que me
apeteciera, viajando por todo el mundo y disfrutar
de las más bellas mujeres ¿quién
se acordaba de Alice?
Podía planificar una ruta, con hoteles de
5 estrellas incluidos, por todos los casinos españoles,
o viajar un fin de semana hasta el mítico
Montecarlo, o ¿porque no viajar directamente
a Las Vegas?