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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Mar Uceda Moreno
zura15_lega@hotmail.com

 
VIDA DE UNA EXTRAÑA

Se me hace raro esto de volver a escribir... hacía ya tanto que se me ha olvidado donde se sitúan las letras en el teclado. Y no se porque deje de escribir así, no tenía ningún porque, solo lo deje ya esta, no me preguntes porqué, simplemente lo deje. Y la verdad no se tampoco que escribir.

Siempre he querido hacer una novela sobre mi vida, no se, no es por exhibición ni nada por el estilo, es simplemente que me desahoga el escribir lo que me ha pasado en mi vida. Que seguro que más de una vida es más escabrosa que la mía, de eso estoy segura.

La verdad no se muy bien como empezar, en casi todas las novelas autobiografícas colocan sus recuerdos por fechas o por los momentos que le han impactado mas. Yo no lo voy hacer así, no tengo nada en contra. Pero hay que confesar que de mis recuerdos, solo recuerdo lo sucedido, porque no me preguntes a qué hora paso, que día o que año, mas no sabré contestarte, nadie de mi familia, amigos me han ayudado hacer esta novela, o mejor aun un pequeño fragmento de mi vida.

Carta a una madre fantasma. 22/09/2005

Ahora que continuo escribiendo, me viene a la memoria mi madre, esa madre fantasma que..., lo siento mamá pero es lo que siento. Continuo, que me iba con ella los fin des de semana al centro comercial para ir al cine, y yo rezaba porque no dijera aquella maldita frase que me reconcomida por dentro, pero siempre, siempre, llegaba y decía:-Llama a algún amiguito que le invito al cine-. ¿Por que mamá tenias que decir esa frase?, no entiendes que me matas, yo no quiero ir con un o una amiga al cine, yo quiero estas contigo, charlar, contarte lo que he hecho en el colegio. No el llamar a un amigo e ir al centro comercial y decirme:- Bueno luego a la salida te recojo-. Con esa sonrisa en la boca, intentado persuadirme. Yo como una tonta, por no defraudarte decía que sí, me lo tragaba como si no me importara tu ausencia. ¿Ahora comprendes mamá el porque rompía los juguetes que me traías?, no puedes comprender que lo que mas falta me hacía eras tú, no esos estúpidos juguetes

Y luego cuando volvías del trabajo, o eso me decían mis tíos, a las tantas de la noche, yo despierta para darte un gran abrazo, para sentir ese calor, esa paz que desprende a sus hijos cualquier madre, con esa delicadeza. Recuerdo esos momentos... y aun salen las lágrimas a saludar a mis mejillas sonrojadas.
Mama, ¿y que me dices cuando dormíamos juntas?, te agarraba fuerte para que no te fueras, para sentirte mas cerca de mí. Pero siempre, siempre te me escapabas. También recuerdo tu olor a tabaco mientras me acariciabas el pelo con suavidad, para yo relajarme y caer rendida a tí. O cuando fumabas en la cama... la cantidad de broncas que te dio la tía porque no fumases en la habitación, temía el que se prendiera la casa. A mí sin embargo me encantaba cuando fumabas en ella, pues se te iluminaba la cara con ese color anaranjado.

También tengo otro recuerdo, estábamos en el autobús, y no paraba de mirarte o mejor dicho de contemplarte, hasta que me dijiste:- ¿Qué me miras?-. Yo te dije, que tu nariz, que me hubiera gustado tener tu nariz.

Si es que mamá que tonta que has sido, yo sentía admiración por tí, me parecías la mejor madre del mundo, con tu pequeño defecto que era el trabajar, yo, quería ser igual que tú. Y sin embargo ahora... míranos... tan distintas, o mejor dicho distantes, ¿por qué nos hacemos de sufrir?, tú me lo haces a mí porque crees que yo tengo la culpa de todo esto, y yo te hago de sufrir porque siento rencor hacia ti, ¿no podríamos enterrar el hacha? No, claro es evidente siempre nos tenemos que echar los trapos sucios.

Lo siento mamá pero creo que... y suena egoísta pero, no creo que yo tenga la culpa, tú te has ido enterrando sola, y haciéndome creer una imagen, a lo mejor, errónea.

Mira, me dio igual el que estuvieras en la droga, es cierto que eso me derrumbo la imagen que tenia de tí, y fue duro, muy duro. Mamá, imagínate que tienes una muñeca de papel... y por alguna sencilla razón se destroza, tú tienes que volver hacer otra, no va ser igual, por mucho que ti quieras. Y, tu, lo que estas haciendo es que me cree una muñeca pero con la imagen que me estas dando tú, tu comportamiento, tu forma de ser ahora mismo, y si te digo la verdad no me gusta nada esta muñeca. Pero bueno supongo que podremos cambiar, te darás cuenta de lo que estas perdiendo, poco a poco al igual que se consume un cigarrillo en un cenicero sin dueño. Y yo me daré cuenta de que todo fue un error, todo lo que pensaba de tí, pensaré lo que hacías por mi bien y que no es fácil ser madre.

Pero mamá te digo otra cosa, en el fondo te doy gracias por lo que has hecho, porque gracias a lo que has hecho, yo he aprendido a no cometer el mismo error, porque es cierto que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero es que yo no voy a permitir el que aparezca esa piedra.

En fin... no tengo mas que decirte, simplemente decirte adiós, adiós madre fantasma.

Carta a una amante amada. 15/10/2005

Después de todo el tiempo que pasamos juntas y que ahora no sepa que escribir sobre ti, ni como empezar esta carta. Supongo que es que quiero decir mucho sobre ti o mucho sobre nosotras que no se como ordenarlo o como expresarlo en unas cuantas líneas.
En esta carta te quiero dar las gracias por todo el apoyo que he recibido de ti, esos momentos de pasión, amistad o de paz que has permitido conocer a tu lado o quiero decir sentir.

UNA MUJER

Una mujer, cuyo cuerpo parecía esculpido por ángeles, de piel fina, y con un color rosado como cuando los almendros florecen en primavera, sus ojos, color miel de cuya profundidad parecía infinita, los labios finos, como una suave línea dibujada en su rostro de muñeca de porcelana, eran preciosos, toda ella era digna de contemplación, sólo en pensar en besarla uno se llegaba a estremecer, como si los besos recibidos no eran dignos de tanta belleza. Sus manos... te hacían imaginar, sitios donde, ellos se apoyasen con un gesto delicado, ir deslizándose poco a poco. Y llegabas a la locura pensando si alguna vez habrán recorrido ese cuerpo por cada poro de su piel, por cada lunar perfectamente colocado.

Era sin lugar a dudas la mejor obra creada por una mujer y un hombre, aunque pensases que a lo mejor la habría creado Dios para ver como es un ángel en su esplendor. Yo, incluso a veces, me he llegado a preguntar, si la habría creado Satanás para hacernos caer en la tentación, en la lujuria, para mandarnos directamente a las profundidades, para darnos de beber un vaso de ped derretida, y darnos de comer una culebra cocida.

Pero sea quien sea su creador, o sea cual sea nuestro castigo, no podrás olvidarla, se quedará grabado su recuerdo en tu memoria, e incluso en tus sueños aparecerá como la mujer mas deseada y le harás cosas que solo ahí, en tu cabeza permanecerán vivas.

ÉL LA MIRABA CON CARA DE DESEO

El la miraba con cara de deseo y excitación. Ella, en cambio seguía haciendo que captara su atención con gestos meticulosamente medidos, el verla desenvolverse con esa perfecta armonía, como si cada gesto suyo fuese escrito en alguna parte, si con un gesto fuera capaz de embriagarte y captar toda tu atención para observarla.

El hombre la deseaba con todas sus fuerzas, lo demostraba sus labios, sus ojos, sus pómulos, la tensión que aguantaban en todas estas partes, no dejaba de mirarla perplejo, observaba su figura cambiante, se mordía los labios por no dejar salir el aire que inhalaba de ese aroma que desprendía a jazmín de egipto intentando grabarlo en su memoria. Hacia calor esa noche, el sentía que le sobraba ropa, restregó el sudor que corría en sus manos con el pantalón, luego, el sudor de la frente con la manga de la camisa blanca.

Ella le observaba y recogió su pelo con la mano, dejando a descubierto su precioso cuello, y parte de su espalda, el sudor la recorría desde la nuca hasta donde alcanzaba la vista, daba gusto mirar, las gotas de sudor, el como recorrían ese cuerpo, haciendo eses, tocándola suavemente. En esos momentos el hombre se hubiera rebajado a ser simplemente parte de esa fusión perfecta, para poder tocar esa piel de melocotón y saborear el más rico de los manjares.
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