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AGUA, AGUAS LIMPIAS, AGUAS SUCIAS


Por Marcos Beltrame
marcosbeltrame@yahoo.com.ar

 
AGUA, AGUAS LIMPIAS, AGUAS SUCIAS

Tronco de madera, a modo de balsa, flotando sobre aguas limpias; aguas sucias con troncos flotando: alta marea, con oleaje de aguas limpias, pervierten el embalse que invade al agua como fin… Agua bendita para exorcizar

El agua es el principio, por lo tanto, sustento en-sí y por-sí. Porque el agua, conceptualmente, desborda: es agua símil aguas, limpias o sucias. Sin embargo, agua se define tanto por su unidad inundada de mismidad (agua), como por ser sostén de otredades (limpiezas y suciedades), que se evaporan más allá de su absoluta y única presencia.

A pesar de la facilidad que se enmascara en el término 'agua', ya sea para simplificarlo y distribuir su oquedad metafísica; o montar su materialidad como substrato esencial para cualquier discurso emplazado fuera del mito (entiéndase filosófico), 'agua' es unidad inundada. Sólo es identificable por los muchos, e imprecisos, ejemplares que la remiten en su vacío: 'aguas'. Justamente, el agua se contiene por las aguas, y así sustenta esas multiplicidades de otredades -simplificadas, valorizadas, entre limpias o sucias-.

Entonces, agua es principio, sustancia: unidad metafísica inalcanzable -que no aparece ni siquiera en una gota de agua-, y se inunda en la evaporación (proceso que la encuentra y detona su oquedad, huella presente en su aparición conceptual). Por otra parte, aguas es circunstancia desfasada de su unidad identitaria: reunión de muchos imprecisos, rozando la cuantificación, escapando -al igual que su unidad aparentemente perdida-, por el desorden imprevisto, de una intemporal clasificación conceptual.

Aguas que arrastran otras aguas, y en la marea absoluta reinan catastróficamente sobre el todo. Universos de tsunamis, ausentándose, por motus propio, de cualquier locus puro que intente actualizarlas. No obstante, conservan la similitud de la acción que pregona, a modo de discurso ausente, el mito funcional: para "subsistir por sí mismas".

Sin embargo, subsistir rechaza al número único, la unidad perturbada por la evaporación. Subsistir en-sí, para las aguas, es pasar a agenciarse por-sí (tanto consigo mismas, en tanto sustancia, como con aquel vacío de la otredad). Así, subsistir repercute análogamente, y juega en el idioma de las mareas altas y bajas: aguas llegan a la costa indistintamente, vuelven deformadas, encontrándose perdidas y rodeadas de cualidades, dentro de ellas mismas.
En otras palabras, cuando el agua se hace agua pierde su unidad, se descentra y desborda ante sí y con los otros múltiples. Repite la diferencia, que decíamos análoga por el sostén de los "otros" y llega, más bien, al encuentro y agenciamiento interceptado con el vacío (cofuncionando, sepámoslo de una vez, nuevamente en forma de mito). Aguas pasan a la multitud, y en acuerdo asistemático, como "sostén" de la disyunción cualitativa (por no ser también retórica) del valor gradual que se asienta en la limpieza o la suciedad.

Por un lado, desde la lluvia puede resultar más complicada nuestra relación, lo que no quita su magnitud y efervescencia. Aguas limpias no distintas de aguas sucias, aunque sí encontremos contingencia en el núcleo axiomático del agua o la multiplicidad de las aguas. Aguas limpias es el combate externo de la localización de toda suciedad, porque la suciedad reside superficialmente (sin hundirse).

Por otro lado, Bush rechaza los médicos cubanos benefactores, ante la suciedad del "Kathrina". El gobierno argentino envía "cascos blancos" para limpiar los crímenes de lesa humanidad, provocados por el huracán. Es preciso cortar el suministro de agua en Nueva Orleáns: evacuación. Aguas limpias devienen aguas sucias, ¿éste es nuestro discurso? Porque aguas limpias precipitan la "guerra del agua", la "triple frontera" no rechaza la invasión norteamericana (y su defensa del patrimonio internacional). El gobierno argentino deviene cascos blancos que se envasan en la patagonia y se exportan por litros a Europa. Aguas que sostienen cloro, pvc, contaminación. Los ecologistas defienden el sistema privilegiado para el "ser humano", aguas limpias no inundan, empero ¡aguas sucias ahogan! La fluidez singular de nuestro elemento repercute como en la ilusión de la punta de un iceberg, si se nos presenta a modo de dos litros diarios. El sistema hídrico y de riego se controla por la presión de la oquedad: discurso sofístico que deviene en control ("Nada en demasía": escasez en espacios inarticulados).

En síntesis, discurso irónico, limpias o sucias no son las aguas; y por más que así se lo quiera, éstas se esconden en su oquedad negligente ¿de quién es el valor? Riámonos, porque subsiste análogamente, aunque ya agenciado, en la superficie seca y árida de la pulcritud (juego de verdades dignas), inagotable retórica política: combate de ausentes, roces del vacío.

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