EXTRAPOLACIONES
MULTUDIMENSIONALES DE LA LIBERTAD
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.) Existen juegos de verdad.
..) Con el lenguaje se puede pensar, representar, diferentes
imaginaciones.
…) Lo representado y observado, a través del lenguaje,
es una realidad -que a veces es condición de posibilidad
de lo real, o no, según sea el tipo de juego de verdades-.
….) El lenguaje, como juego de verdad, libera al pensar;
y son diferentes imaginaciones las que aparecen en el pensamiento
como posibles. No obstante, imposibilita representarlas
a todas como reales fuera de él; menos aún
si son realidades condicionadas como posibles únicamente
en el juego de verdad del lenguaje, sin ninguna ontología
fuera de él (aunque siempre alguna representación
del medio, que está entre real y realidad, se escapa…
y es una realidad posible, una real alternativa).
+) El lenguaje, en su juego de verdad, se liga de forma
ontológica con alguna selección de las diferentes
representaciones: la distingue como lo real, tanto para
sí mismo, como para los juegos de verdad que se encuentran
fuera de él (y que de hecho funcionan). Por otra
parte, en tanto juego de verdad, aunque de manera autoritaria,
niega ahora la realidad de las otras representaciones que
no se distingan como lo real (aunque se presenten como ausentes
necesarios: fantasmas de las realidades reales-casi-reales,
inconscientes del inconsciente). Sin embargo, éstas
últimas se presentan (fuera esta vez de la categoría
de representación), como realidades alternativas
-punto irracional no expresable, ni siquiera por probabilidad-.
+.) Por consiguiente, es imposible encontrarse en forma
real -y ontológica-, con toda imaginación
representada por el lenguaje de modo implícito como
realidades alternativas (ya sea dentro del juego de verdad
del lenguaje o fuera de él): se anulan, nunca funcionan
(se repite para quien no entienda: ¡son inconscientes
del inconsciente!). Sería inverosímil pensar
en árboles volando, y menos que los mismos vuelen
mañana cuando se salga para el trabajo (si bien este
ejemplo opera como tal, se intenta expresar un sentido más
lejano aún; porque sí se pueden pensar en
árboles volando, pero no en cierto diferencial inexpresable,
con velocidad infinita igual a cero, que supera las máximas
y las mínimas en su punto muerto). Es que, a toda
posibilidad de realidad, con ontología única
para el lenguaje, se le ligan como lo real únicamente
aquellas que entren en funcionamiento, por chocar contra
la superficie (montaña de oro es igual a montaña
más oro). Sin embargo, por el exterior de estos recovecos
representativos (y reales), hablamos de otros irrepresentables
(e igualmente forman parte de la realidad, porque soñamos).
+..) Entonces, en intuición pura y diferente, de
las realidades alternativas (cuando su carácter habitual
es impuro e indiferente), se niega al anterior punto (+.),
y encontramos en el juego de verdad, sin ligarse al lenguaje,
nuevamente la Libertad (que se extrapola por otra vía
no incluida en el juego de verdades).
+…) Consecuentemente, imaginamos (con o sin el lenguaje,
de manera sensible); y sin entres, ni orígenes; ni
acontecimientos, ni genealogías o funcionamientos
-acompañadas de deshacedores del funcionamiento,
llamados cuerpos sin órganos-, tropezamos con lo
real más allá del solipsismo otorgado, por
el poderío único, a lo adjudicable como real:
el sueño singular, infinito, irracional y universal.
Sí, la libertad con mayúsculas, real y de
forma ontológica; inscripta como realidad alternativa
(observable o no; necesaria en un primer momento en forma
de ausente necesario), empero encastrada multidimensionalmente,
extrapolada de la ontología generada por el lenguaje
(aunque crecida en su seno, y ya no reconocible como tal).
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