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La vanguardia artística valenciana de los años treinta: arte y compromiso político en la II República
Francisco Agramunt


Por María Jesús Blasco Sales
maje_su@yahoo.es

AGRAMUNT LACRUZ, Francisco, La vanguardia artística valenciana de los años treinta: arte y compromiso político en la II República, Conselleria de Cultura, Educació i Esport, Generalitat Valenciana, Valencia, 2006, p. 550 más XXXVII de preliminares, ilustraciones en color y en blanco y negro.


Este estudio, galardonado en el 2005 con el Premio de Ensayo de la Generalitat Valenciana, está precedido por una Presentación del Director General del Libro y Bibliotecas de la Generalitat Valenciana Vicente L. Navarro de Luján, un Prólogode Juan Ángel Blasco Carrascosa, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Politécnica de Valencia y un Preámbulo del profesor de Historia Moderna de la Universitat de València Pablo Pérez García, seguido de una Nota Preliminar del propio autor donde manifiesta sus propósitos en la ejecución de este trabajo que fue su tesis doctoral en el que ofrece, siguiendo sus palabras: “un panorama general del movimiento artístico valenciano, centrándome en el periodo de diez años que va desde la proclamación de la II República en 1931 hasta la ocupación de Valencia por las tropas franquistas en 1939”.

Antes de acometer el tema esencial del libro, Francisco Agramunt dedica el primer capítulo a definir el entorno histórico y social en el que se moverán a partir de ahora los protagonistas de sus investigaciones y disquisiciones artísticas. En el epígrafe La sociedad valenciana de los años treinta, trata desde la imagen urbana de Valencia, la sociedad y el ambiente político hasta la salud intelectual de los valencianos durante la II República.

Argumenta el autor que en el Ambiente artístico de Valencia hasta la II República no existía una verdadera vanguardia valenciana, ya que el sorollismo, el costumbrismo, el realismo academicista y el apego al art nouveau todavía estaban en pleno auge. Un importante cambio lo protagonizó la Asociación Juventud Artística Valenciana promovida precisamente por Sorolla, que tuvo sobre todo el mérito de aunar a una generación de artistas jóvenes deseosos de cambiar y evolucionar hacia un arte libre e independiente. Para materializar esta iniciativa se intentó crear el Palacio del Arte y de la Industria donde esta comunidad artística valenciana pudiera dar cabida a sus nuevas expresiones, pero el escenario artístico provinciano, dominado por la mediocridad y la tradición, impidió que fructificara tan interesante proyecto.

Precisamente del corazón de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos saldrían las primeras voces disonantes de un grupo de alumnos entre los que se contaban Joseph Renau, Manuela Ballester, Francisco Carreño, Rafael Pérez Contel, entre otros, incluso hubo algún profesor reconocido por sus alumnos por su talante progresista, este fue el caso de Vicente Beltrán Grimal uno de los maestros de la Academia que promulgaba la libertad creativa y se preocupaba por el cambio en la enseñanza.

En la difusión de los ideales vanguardistas que emergían en Europa -casi siempre en forma de manifiestos-, tuvieron gran relevancia las revistas especializadas, tanto las extranjeras que llegaban de fuera como las publicadas en Valencia. La Taula de Lletres Valencianes fue una de las que dio salida a estas nuevas ansias de renovación, publicando por ejemplo el famoso Manifest Groc catalán de 1928, firmado por Dalí o la revista Murta, “foro de expresión de los más inquietos intelectuales valencianos que abogaban por cambios drásticos en la literatura y el arte”.

Bajo el epígrafe La Aurora del Arte Nuevo, Agramunt va dibujando los orígenes del movimiento renovador a través de sus artífices. Josep Renau, Enric Climent, Genaro Lahuerta, Pedro de Valencia, Juan Navarro Ramón, Francisco Carreño, José Amérigo Salazar, Balbino Giner, Francisco Lozano, Eduardo Muñoz Orts, José Gumbau Vidal, José Sabina Parra, Vicente Beltrán Grimal, Salvador Vivó Torres, Francisco Badía, Antonio Ballester Vilaseca, Rafael Pérez Contel, Ricardo Boix, Enrique Moret Astruells, Silvestre de Edeta, Alfonso Gabino, Ricard Rosso Olivé, Jesús Martí Martín, Enrique Segarra, Carlos Llorens Castillo, Vicente Eced y Juan Pablo Villa Pedroso componen la extensa lista de pintores, escultores, dibujantes, músicos y arquitectos que supieron desprenderse del pasado haciendo “de Valencia un foco artístico de renovación de primera magnitud”.

La Sala Blava, creada en 1929 como alternativa estética a los principios conservadores del Círculo de Bellas Artes, fue el espacio aglutinante de esta nueva generación de artistas donde además de realizar sus exposiciones, se reunían y refugiaban “como portadores conscientes de una misión casi subversiva”.

El Cartelismo y la Gráfica son motivo de un amplio capítulo, puesto que Valencia fue una de las primeras ciudades en desarrollar las nuevas técnicas de la gráfica europea. De nuevo en este capítulo el autor hace gala de su amplio conocimiento de la época estudiando uno a uno a los creadores más destacados de la ilustración valenciana: Ricardo Verde, José Segrelles, Antonio Vercher, Pascual Capuz Mamano, José Peris Aragó, Juan José Barreira, Manuel González Martí, Benjamín Suria Borrás, Ismael Blat, Gabriel Esteve Fuertes, Vicente Mulet Claver, Manuela Ballester Vilaseca, Luis Dubón Portolés, Rafael Estellés Bartual, Armando Ramón Vivó, Rafael Raga Montesinos, José Liceras López, Juan Bautista Toledo Pinazo, Manuel Monleón Burgos, Enrique Yelo Román, José Espert Arcos, Fernando Cabedo Torrents, Jenaro Beltrán Mortes, Vicente Canet Cabellón, Carlos Gómez Barreras, Juan Pérez del Muro Sánchez, José María Iranzo, Manuel Iranzo Moliner, Tomás Fabregat García, Ricardo Fuente Alcocer, Gregorio Muñoz Montoro y Ernesto Guasp. Muchos de ellos formaron parte de La Peña el Sifón que se reunía habitualmente en el café Colón.

Los Artistas Unidos por la Revolución, formaron un bloque antifascista en la Unión de Escritores y Artistas Proletarios (UEAP). Este ente minoritario, fue uno de los más contestatarios del territorio español. Sus exposiciones, publicaciones y actividades, en contra del esclavismo, la explotación, la guerra y el capitalismo, estaban dirigidas mayormente a la sociedad proletaria.

Otro modo de expresión de los integrantes de la vanguardia artística valenciana, de evidente inclinación política, fue la revista Nueva Cultura donde coincidían los mismos ideales de la UEAP; rechazo a la guerra imperialista, defensa de la Unión Soviética y oposición al fascismo. A esta publicación, se dedica el décimo capítulo puesto que “constituyó una experiencia colectiva única y resulta ahora una fuente imprescindible para conocer a fondo la ideología y las inquietudes que aquejaban a los plásticos valencianos comprometidos políticamente”.

No podía obviar este trabajo los momentos más convulsos de la historia española del siglo XX, por ello la última parte del texto está dedicada mayormente a la situación artística en Valencia durante la Guerra Civil, estudiada desde todos los puntos de vista posibles.

En Un arte en la Guerra Civil, describe como fue la reacción de la comunidad artística más beligerante, que no sólo se limitaba a la creación artística contestataria, sino que en muchos casos llegó a tomar las armas. El hecho de que Valencia fuera capital de la II República, marco sobremanera la vida artística de la ciudad. Gran número de artistas se decantaron hacia la República y encaminaron sus creaciones hacia la denuncia y el compromiso social, materializadas especialmente en el cartel, medio de difusión por excelencia de estos momentos.

Las vicisitudes de cada una de las disciplinas artísticas: la pintura, la ilustración gráfica, la escultura, la arquitectura y el cartelismo, son estudiadas en los respectivos capítulos; Los Colores de la Guerra, La Gráfica de la Guerra, Esculpir la Guerra, Arquitectura contra las bombas y Un grito pegado a la pared.

Durante la contienda continuaron, con más ahínco si cabe, las interminables reuniones y discusiones artísticas en las que se debatía, sobre todo, el papel del arte y el compromiso de los artistas con la sociedad. Sobre estos Debates Artísticos de la Guerra y su trasfondo ideológico, representado en la Aliança d’Intel·lectuals per la Defensa de la Cultura y su difusión propagandística a través del Altavoz del Frente, tratarán los siguientes capítulos.

A “un hecho histórico muy desconocido que incluyó además el salvamento de las pinturas y de los tapices del Museo del Prado” dedica el autor el apartado titulado Arte en Peligro, en el que también se quiere homenajear a todas aquellas personas que, incluso arriesgando sus vidas, pusieron a salvo el tesoro artístico nacional, trasladado a la ciudad de Valencia.

En 1937 Valencia fue la sede del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. Decenas de escritores, poetas, novelistas, filósofos y artistas de varios países fueron invitados al congreso y por primera vez en la historia un gran número de comprometidos intelectuales y artistas de todo el mundo acudían a un país en guerra para manifestar su solidaridad y apoyo. El mismo año los artistas valencianos presentaban sus obras en Pabellón de la República de la Exposición Internacional de París.

El último capítulo está dedicado al Ballenato, otra más de las numerosas asociaciones, grupos, colectivos y alianzas que se formaron en esta década, compuesta por los integrantes del Comisariado.

Concluye el estudio una Bibliografía Básica, de gran interés para el estudio del arte de vanguardia valenciano.

 

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