- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus

Agenda: destacados

Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009

 

Publicar en Liceus
Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

 Ir al artículo...

 

  Guías culturales

El Cementerio General de Valencia


Por María Jesús Blasco Sales
maje_su@yahoo.es

CATALÁ GORGUES, Miguel Ángel: El Cementerio General de Valencia: Historia, arte y arquitectura (1807-2007), Carena Editors, Valencia, 2007, 349 páginas e ilustraciones en color.

 

Con motivo del doscientos aniversario de la creación del Cementerio General de Valencia, ve la luz esta gran obra que aborda mucho más que la historia de nuestro principal camposanto. Pero hay que hacer constar que este estudio de calidad excepcional, elaborado por el investigador Miguel Ángel Catalá, no sólo indaga los dos siglos de vida del camposanto valenciano, sino que hace además un exhaustivo recorrido por la historia de todas las necrópolis valencianas desde la fundación misma de la ciudad, por lo que en resumen, se podría decir que la obra es una “sui generis” historia de los 2000 años de vida de la ciudad de Valencia desde el punto de vista del género del arte funerario.

Comienza el experto este largo camino por las necrópolis de época romana, paleocristiana y visigótica. Las primeras huellas funerarias de Valentia se certifican, como era práctica habitual en el período de dominación romana, a las afueras de las ciudades, a una distancia entre 60 y 500 pasos de la urbe, según dictaba la norma de las XII Tablas. Confirmando todo ello, en 1994, se descubren dos necrópolis cercanas a la Vía Agusta, hoy calle Sagunto. Otros hallazgos de época republicana, augustea o imperal, siguen confirmando estas costumbres funerarias dentro de nuestra ciudad. No obstante, esta práctica, de tradición pagana, de inhumar los restos mortales lejos del núcleo urbano, cambia radicalmente con la llegada del cristianismo, con el que los cementerios entran en las ciudades, iniciando el rito de los enterramientos, “apud ecclesia”, es decir, cercanos a un lugar sagrado, una iglesia o capilla, o tanto mejor, cercanos a la tumba de algún mártir, “ad sanctos”. Se inaugura así un procedimiento que se perpetuaría, hasta el siglo XVIII y principios del XIX. Testigo de esta época son las tumbas visigóticas descubiertas en la llamada zona episcopal, en la plaza de la Almoina, junto a la Cárcel de San Vicente.

También de época islámica existen muestras del particular rito funerario árabe, en el que se prescribía la inhumación, en contra de la incineración, en tumbas individuales, con los cuerpos de costado y la cabeza mirando hacia el este, hacia la Meca, pautas que se pudieron observar en la necrópolis excavada al sur del barrio de Roteros en la que se documentaron más de setecientos enterramientos.

Tras la conquista de la ciudad por parte del rey Don Jaime, los musulmanes se vieron obligados a afincarse en un barrio propio, fuera de los muros de la ciudad, aproximadamente entre las actuales calles de Quart y Corona. A la morería se la dotó de mezquita, molino, carnicerías, horno… etc. y también de cementerio propio.

La judería, sin embargo, se localizó en las cercanías de la actual iglesia de Santa Catalina y correspondientes a esta época son los noventa esqueletos descubiertos en un solar de la calle del Doctor Romagosa.

Los cementerios parroquiales, los conventuales, los enterramientos en el interior de los templos y los demás cementerios de la ciudad desde época medieval, se detallan y estudian minuciosamente en el capítulo IV. Cada una de las parroquias de las trece constituidas en Valencia en 1245, contaba con un cementerio propio, denominado “fossar”, concretamente: San Juan del Hospital, San Martín Obispo, San Andrés Apóstol, Santa Catalina Mártir, San Juan del Mercado, Santo Tomás Apóstol, San Esteban Protomártir, San Nicolás Obispo, El Salvador, San Lorenzo Mártir, San Bartolomé, Santa Cruz y San Valero de Ruzafa, alas que se añadieron, muchos años después, la iglesia parroquial de San Miguel y la de San Dionisio. De sus características, su larga historia y sus cambios se da cuenta debidamente documentado a lo largo de todo un extenso capítulo.

No ha querido dejar de lado el autor otros cementerios de singular condición como el de Apestados, situado fuera de los muros de la ciudad, cercano al principio de la actual calle Cuenca, y cuyo origen se remonta a 1647, año en que una terrible peste asoló la ciudad cobrándose casi veinte mil víctimas.

En este mismo apartado, el capítulo V, se estudian los dos cementerios de Carraixet, aunque como puntualiza el autor, se trataba más bien de “anticementerios” puesto que allí quedaban expuestos los cadáveres de los ahorcados hasta que caían al fondo del barranco y los cementerios de ajusticiados y desamparados, atendidos por la Cofradía de la Virgen de los Desamparados.

Es a partir del capítulo VI donde comienza realmente a tratarse la historia de nuestro principal cementerio, pero el cuidado y pulcritud que caracterizan a este investigador, le han hecho ir poco a poco, jalonando cada paso, cada acontecimiento, sin obviar ningún pedazo de su historia, por ello encontramos detallado cada hito de este periplo, desde suazaroso origen y su fundación definitiva en 1807, pasando por estudios específicos de la capilla y los panteones de Venerables y el del Excmo. Ayuntamiento, hasta llegar al capítulo VIII en el que se examinan los primeros años de vida de este nuevo camposanto, sus primeros proyectos, las primeras edificaciones y ampliaciones, las primeras manifestaciones artísticas, -en forma de lápida o epitafio-, y la aparición de los primeros panteones. En este aspecto, el artístico, se ahonda de pleno en los capítulos siguientes aportando informaciones de gran valor para la historia del arte valenciano contemporáneo y descubriendo al lector la categoría y calidad de las obras funerarias realizadas por los mejores arquitectos y escultores valencianos de los siglos XIX y XX.

Siguiendo con el buen criterio de no dejar ningún cabo suelto, se dedican apartados concretos al Cementerio Civil, al Cementerio Británico o Protestante y a los demás cementerios municipales de la ciudad como el del Grao, el Cabanyal, el de Campanar, Benimàmet, El Palmar o Massarrojos, sin olvidar los modernos cementerios, titulados “parques” de la Paz y de San Jaime.

Este gran trabajo, fruto de años de investigación, culmina con una relación de los artistas que trabajaron en el Cementerio General, un índice de inestimable ayuda para cualquier investigador interesado en el arte valenciano de los últimos doscientos años, puesto que en él aparecen arquitectos de la talla de José Calvo, José Manuel Cortina, Antonio Martorell, Francisco Mora Berenguer o Joaquín Rieta Sister, junto a prestigiosos escultores como José Aixa, Andreu Alfaro, Vicente Beltrán Grimal, Mariano Benlliure Gil, Ricardo Boix, José Capuz, José Esteve Edo, Francisco Marco Díaz-Pintado, “Nassio” o Silvestre de Edeta. Por último, se enumeran los maestros de obras que cuentan con obra en el cementerio.

Finalmente y avalando este trabajo se incorpora un Apéndice Documental de todos aquellos documentos de especial valor histórico que el autor ha querido rescatar de los archivos, enriqueciendo más si cabe esta extraordinaria monografía, que ha podido ser publicada, gracias al patrocinio de Enuve, Grupo de empresas Torsisa, en una edición de lujo, con excelentes fotografías, coordinada por Santiago Alcázar.


 

Volver a Trabajos de investigación...

 



        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online