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  Guías culturales

Guía del Museo del Traje


Por María Jesús Blasco Sales
maje_su@yahoo.es

Guía del Museo del Traje, Secretaría General Técnica, Subdirección General de Publicaciones, Información y Documentación, Ministerio de Cultura, Madrid, 2005. 124 páginas, ilustraciones en color.


Largo fue el camino que se recorrió desde la propuesta de creación de un Museo del Traje, realizada por el conde de Romanones en 1925, hasta su reciente inauguración en marzo de 2004.

Desde la creación de la Junta del Patronato del Museo del Traje Regional e Histórico en 1927, la colección inicial fue confundida y absorbida por diversos espacios museísticos sin encontrar una ubicación definitiva. El Museo del Pueblo Español, el Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC) y el Museo Nacional de Antropología custodiaron sucesivamente las piezas que, procedentes de la Exposición del Traje Regional de 1925, sirvieron de fondo inaugural del proyectado museo.

Finalmente en el 2004 se crea, por Real Decreto 120/2004, de 23 de enero, el Museo del Traje, Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico.

Con este breve recorrido por la Historia de las Colecciones, Andrés Carretero Pérez abre la guía del Museo seguida por unas oportunas observaciones, a modo de aviso, de Carmen Pérez de Andrés sobre la peculiaridad de los fondos, en cuanto a requisitos de conservación y criterios de exposición.

Seguidamente, a lo largo de 13 capítulos, con la virtud de la brevedad puesto que estamos ante una guía y no ante un catálogo, se nos describen cronológicamente las diferentes épocas representadas en el Museo.

Tiempos Lejanos, es el título elegido para la primera sala del museo en la que se evidencia como, debido a la extremada fragilidad de las piezas textiles, son escasas las muestras conservadas anteriores al siglo XVIII. Es por ello que la iconografía, en cualquiera de sus versiones, es la mejor alternativa para acercarse a esas épocas de las que no se guardan vestigios. La escultura, la cerámica o la pintura sirven, en esta primera sala, como prueba de la importancia que, para el estudio de la indumentaria, tiene cualquier representación figurativa. Esta laguna temporal, se subsana gratamente mediante un audiovisual que dibuja de modo virtual la historia del vestido desde la Prehistoria hasta el siglo XVII.No obstante, en el museo se conservan algunos de estos tesoros del pasado anteriores al setecientos como el ajuar de la Infanta María del siglo XIII, el traje “a la española” del Conde sueco Nils Nilsson Brahe o el jubón femenino pourpoint de finales del XVI, entre otras piezas de valor.

Durante el periodo ilustrado, en España convivieron dos estilos de vestir; “a la española” –imitado desde el siglo XVI por todo el mundo, compuesto de jubón, ropilla, calzones y cuello de golilla- y “a la francesa” con casaca y corbata de tradición militar. Esta dualidad entre la Ilustración y el casticismo, se pone de relieve en dos vitrinas bajo el título de Velada musical y el Paseo de los elegantes, en las que se exhiben tres parejas de trajes representativos de estas dos tendencias, la española y la francesa, junto con el Manto de la Real Orden de Carlos III y varios complementos coetáneos.

Siguiendo las tendencias artísticas, durante la transición entre el siglo XVIII y el XIX se impuso, en el vestir femenino, la imitación de lo clásico. Rememorando a las esculturas griegas, vestidas con ligero y suelto peplo, por primera vez en muchos siglos se abandonaban las armaduras interiores, dejando paso a un vestido largo con el talle bajo el pecho, preferentemente de muselina blanca, que en España se llamó camisa. En lo masculino, sin embargo, el traje típico por excelencia de esta centuria fue el de majo, atuendo propio de los barrios populares de Madrid, que fue enriquecido con sedas y bordados para adaptarlo a las clases altas.

Junto al romanticismo digamos que llega el consumismo. La industria consiguió a través de la difusión masiva de la prensa, provocar el deseo y la necesidad de renovación constante de la moda. Del mismo modo, las revistas especializadas en costura, fueron las responsables de la homogeneización en el vestir, no solo europeo sino occidental. En este trance, la indumentaria masculina se reduce y estandariza de tal modo que llega casi intacta hasta nuestros días. A partir de ahora, será la mujer la protagonista de los cambios en el vestuario y la única preocupada por la moda y las nuevas tendencias.

De nuevo se encorseta la silueta y se ahueca la falda, siguiendo un modelo femenino que simbolizara dulzura y sensibilidad. Es entonces cuando surgen tiendas y talleres de sastres y modistas ubicados en los pasajes más céntricos de todas las ciudades.

Los drapeados, los volúmenes más o menos pronunciados y la combinación de los tejidos en las faldas de finales del XIX, se pueden apreciar claramente en la sección denominada Del miriñaque al polisón.

Extensa y variada es la sección dedicada al traje regional. De forma cronológica se han seleccionado puntualmente conjuntos íntegros o de momentos históricos concretos, puesto que resultaría imposible recopilar toda la diversidad de trajes regionales existentes en nuestro país.

“El término Belle Époque asociado al desarrollo de la moda nos conduce a un espacio temporal que abarca desde 1890 hasta la Primera Guerra Mundial”. En este periodo la silueta se simplifica y se adapta al cuerpo, la variedad y tipos de trajes según la actividad a desempeñar se multiplica, nace la Alta Costura, la innovación pasa por la referencia a siglos anteriores y la inspiración oriental, toda una evolución que avanza hacia una línea cada vez más estilizada, la disminución del número de prendas y la búsqueda de la comodidad.

La obra de Mariano Fortuny y Madrazo, merece un espacio independiente donde tratar, tanto su vertiente de diseñador, como la de creador de tejidos, innovando en las técnicas de teñido y estampación. Gracias a esta habilidad consiguió reproducir tejidos antiguos con gran éxito que utilizaría en muchas de sus creaciones.

Las dos guerras mundiales sirven como eje en el análisis evolutivo de la moda del siglo XX. Los primeros cambios hacia la modernidad se distinguen contemporáneamente a la Primera Guerra Mundial. El Art Decó, el Orfismo, el Cubismo y el Surrealismo influyeron en la indumentaria de la mujer de los “los años veinte”, atraída por el estilo a lo garçon y las vestiduras orientales. Estampados cubistas, sobreros cloche, equipajes, y amplios vestidos de fiesta ceñidos a un cuerpo real y no encorsetado, ocupan el espacio dedicado a las vanguardias y modas de 1914 a 1939.

El término de la Segunda Guerra Mundial marca un estancamiento en el campo de la moda. “El vestuario de la población estuvo marcado por la escasez y la mala calidad de las telas. Se imponen cortes sobrios y sencillos [...] la moda pasa a ser gobernada por la moral y supervisada por la censura de la época”. Pero también es el momento de la moda renovada a través del cine, desde donde se suministraban los ideales de belleza, siguiendo los dictados de los grandes diseñadores como Christian Dior, Hubert de Givenchy, Pierre Balmain, Jacques Fath, Jean Desees, Chanel o Antonio del Castillo como ejemplo español. Es el momento en que Balenciaga hace historia con su renovación de las formas y proporciones, su búsqueda de nuevos tejidos y la exquisitez de sus bordados y pedrerías. A su obra, presente en los museos de moda más importantes del mundo, se dedican tres vitrinas y un capítulo del catálogo, sirviendo de presentación a la zona dedicada a la Alta costura española con tres nombres propios destacados; Pedro Rodríguez, Pertegaz y Elio Berhanyer, entre otros.

En los tiempos actuales es difícil seguir hablando de “moda en singular”, ahora existen tantas tendencias y maneras de vestirse como formas de vida. Se impone, sin embargo, “el imperio de los nombres y de las marcas” creando el fenómeno de los fashion victims, las minifaldas y la Moda de España -espacio en constante renovación- concluyen esta visita guiada por el Museo del Traje.

El Museo cuenta además con un área didáctica en la que se proponen responder a tres cuestiones fundamentales, el porqué, el cómo y con qué nos vestimos. En este espacio experimental el visitante puede viajar en el tiempo y experimentar como le sienta la moda española del siglo XV o como se camina sobre unos chapines. Podemos también conocer mástécnicamente nuestra propia indumentaria gracias a una lupa electrónica y descansar cómodamente en el área de lectura donde encontraremos prensa especializada en moda y conexión informática a la página web del museo.

Puesto que básicamente el museo se dedica a realizar un recorrido histórico a través de las formas de la indumentaria, el catálogo recoge un capítulo especial al tejido como materia prima creadora de la moda, repasando de nuevo sus peculiaridades desde los fondos más antiguos del siglo XIII hasta los nuevos materiales utilizados en el siglo XXI.

Esta cómoda guía en edición rústica, de moderado tamaño será pues una buena compañera de viaje a lo largo de nuestra visita al Museo y también un buen libro de consulta en lo referente a moda española.

 

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