- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus

 

 

 

 

  Guías culturales

QUÉ DIFÍCIL ES...

Por Marino
igorig@telecable.es
 
Artículo de opinión

Hay frases que parecen hilvanadas. Frases en la que al escuchar una se adivina la siguiente. Esta reiterada simbiosis convierte este hecho en una especie de precepto que fuera obligado seguir. Es el caso de toda expresión generalizadora, de inmediato salta la hilvanada: No se debe generalizar.

Nada más errado. No existe un todo absolutamente homogéneo, siempre habrá algo en ese todo que difiera del resto y este hecho irrefutable se encuentra implícito en la generalización. Si , por ejemplo, preguntáramos cómo es el hombre español seguramente todas las respuestas llevarían incluida la apreciación: “moreno de ojos castaños”. Pues he de decir al respecto que en mi familia más allegada el 50% de sus integrantes son rubios de ojos azules.

Es por eso que, contrariamente a la opinión de la mayoría, pienso que, precisamente, lo que se debe hacer es generalizar para no herir a nadie. El que se sienta ofendido será porque él se da por aludido, no porque yo lo haya señalado. Lo que no se debe hacer es personalizar, si no queremos herir.

Si alguien se siente borrego, lo siento por él, yo no diré que lo sea.

Qué difícil es vivir con el rebaño no siendo un borrego más... difícil, angustioso, irritante... Pero el rebaño está formado por un océano de miles de millones de individuos moviéndose en un oleaje de estupidez del que, desafortunadamente, a algunos, las circunstancias nos impiden salir. Lo más que uno puedo hacer es no participar en sus actos borreguiles, mas la consecuencia de los mismos por fuerza ha de asumirla, ¡y cuesta tanto sufrirla!

Pobre Tierra. Nada más atroz para ella que contar en su vida con una especie inteligente. Una especie inteligente ¡con cinco sentidos! He ahí lo grave: Los sentidos con una inteligencia a su servicio.

¿Se imaginan la Tierra sin el hombre? Un equilibrio perfecto que sólo podrían quebrantar cataclismos ajenos a la vida.

¿La Tierra con el hombre? Un devenir marcado por un ser viviente implacable que conduce su propio planeta hacia un cataclismo definitivo.

Los sentidos y la inteligencia. ¡Ah, los sentidos y la inteligencia! Conjunción fatal. Si pudiéramos comer simplemente para alimentarnos... Pero no. Resulta que saboreamos, ¡y nos gustan unos sabores más que otros! No podemos mirar simplemente para orientarnos. No, porque unas imágenes nos resultan más atractivas que otras. ¿Y oír? ¿Hay alguien que prefiera el ruido de un martillo neumático a una bella melodía? Entre el olor del cuerno quemado y el perfume de la rosa no hay duda de con cual nos quedaríamos. En cuanto al tacto... bufff... No puedo imaginar nada más exquisito que la piel femenina en su plenitud.

La inteligencia ha hecho que nuestros sentidos sean insaciables. Y aquí yo no tengo la duda (aunque tengo idea de que ya ha sido despejada) que han creado el huevo y la gallina. La insaciabilidad de los sentidos no puede ser anterior al origen de la inteligencia, de ser así todos los animales serían inteligentes.

Así, primero la inteligencia, para pasar de la simple cobertura de necesidades a la satisfacción por cubrirlas, entrando con ello en una espiral de nuevas necesidades que estimulan la creación de formas y fórmulas para el disfrute que, consecuentemente, llevará emparejada la lucha del individuo por el poder como parte y arte para satisfacer sus apetencias.

Y nada parece capaz de detener al hombre en su procura de complacencia. Porque sólo él está facultado para enfrentarse a sí mismo y salvar La Tierra y la vida que ella alberga, ¡pero! se manifiesta entonces en el individuo una condición que hace muy difícil esta posibilidad: la viveza. Una condición que divide la humanidad en dos sectores fundamentales: “vivos” y “borregos”. Estando ya clara a estas alturas la existencia de una confabulación expansionista de “vivos” que disfrazan su condición con eufemismos que obnubilan y ponen a su merced al rebaño sin cuyos servicios y consentimiento no podrían engordar, parece no ofrecer muchas dudas hacia dónde nos dirigimos.

¿Y cuándo nos detendremos? Cuando la confabulación de “vivos” experimente en sus propias carnes la revelación de Perogrullo: Un ser vivo no puede subsistir en un planeta muerto.

¿Podrá entonces el ser humano dar marcha atrás?

Volver a Trabajos de investigación...

 



        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online