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  Guías culturales

LO FANTÁSTICO

Mohamed Khedr Abdel Monem
mohaj44@yahoo.es

1. 2. La fantasía durante la conquista de América

Los textos del descubrimiento y la conquista de Indias son muchos y variados, en ellos se observa que los mitos, las leyendas y fragmentos paródicos abundan en la historiografía de Indias. En esos espacios imaginarios aparecen los primeros estadios de la interpretación cultural y de la actividad literaria que supuso el descubrimiento y la conquista de América.

Al adentrarnos en los textos del descubrimiento y la conquista de América podemos observar que los prodigiosos se encuentran presentes en Hispanoamérica desde el momento mismo en que Colón pisa la tierra del Nuevo Mundo.

En su Diario de a bordo (1)Cristóbal Colón plasma sus obsesiones personales en las que se observan dos direcciones, por un lado en su diario de navegación describe el paisaje, los animales y las plantas, comparándolas con las cosas conocidas de Europa y con el claro deseo de aumentar el valor de las tierras descubiertas; por otro lado todo lo que tiene que ver con la imaginería típica de la Edad Media: los mitos y sobre todo lo religioso, que lo lleva a pensar en que esas tierras son el Paraíso Perdido. Esas obsesiones van unidas a sus intereses subjetivos: descubrir valiosas tierras, hallar en ellas abundantes riquezas tanto en especias como en oro. En realidad, Colón halló bellos paisajes, pero sin metales preciosos, tierras pobladas por gente desnuda. En su afán de aumentar la valía de las tierras tejió dos ideas que harían fortuna: América como “tierra de abundancia” y los indios como “nobles salvajes” , es decir como gente sencilla, feliz y virtuosa.

Al describir el paisaje paradisíaco, casi un locus amoenus, por medio de monótonas hipérboles reiterativas para subrayar las expresiones superlativas referidas a cantidad, variedad y bellezas, esconde, sin duda, bajo el follaje de tanta verdura, una íntima decepción. Ni tierra firme, ni Catay, ni grandes señores, nada de los que anhelaba encontró Colón, y por ello en su español de escasos matices, realzó mediante una fructífera imaginación cuanto pudo el valor de aquellas islas.

Con el descubrimiento del Nuevo Mundo renació el ideal utópico. Colón con su esquemática síntesis de la tierra abundante y el buen salvaje había abierto el camino. A través de su escritura demuestra fe en sus hallazgos, describiendo un paisaje donde se suceden las imágenes paradisíacas. Covadonga López Alonso analiza la representación espacial presente en el Diario del Almirante y a partir de los ejes marcados por los verbos del comienzo de su texto, resalta la siguiente frase “era el camino para”. Señala, entonces, que:

Esta apertura inaugura, desde las primeras líneas, una lógica interna entre el narrador y el espacio tiempo; ese Nuevo Mundo que va a descubrir tiene como sistema y eje de referencia un actor que establece una relación estrecha entre su visión egocéntrica del mundo y la capacidad prospectiva de una dimensión inédita. (2)

El nuevo espacio descubierto por Colón, era inédito, como sostiene C. López Alonso, por eso lo describe comparándolo con regiones de España en tiempos de primavera. Del mismo modo describe animales y frutos.

Algunas veces el paisaje se torna casi un locus amoenus, y continúa en progresión hasta terminar convertido en el Paraíso Terrenal. Extraemos varios fragmentos de las descripciones del paisaje, los números de páginas se indican entre paréntesis:

...porque vi este cabo de allá tan verde y tan hermoso, así como todas las otras cosas y tierras de estas islas que yo no sé adónde me vaya primero, ni se me cansan los ojos de ver tan hermosas verduras y tan diversas de las nuestras, (...) mas yo no los conozco, de que llevo grande pena. Y llegando yo aquí a este cabo, vino el olor tan bueno y suave de flores o árboles de la tierra, que era la cosa más dulce del mundo. (43)

Aquí es unas grandes lagunas, y sobre ellas y a la rueda es el arboleado en maravilla, y aquí y en toda la isla son todos verdes y las hierbas como el abril en el Andalucía; y el cantar de los pajaritos, que parece que el hombre nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras que es maravilla. Y después hay árboles de mil maneras y todos dan de su manera fruto, y todos huelen que es maravilla... (44 – 45)

Dice maravillas de la lindeza de la tierra y de los árboles, donde hay pinos y palmas, y de la grande vega (...) la más hermosa cosa del mundo, y salen por ella muchas riberas de aguas que descienden de estas montañas. (77)

Concluyendo, dice el Almirante que bien dijeron los sacros teólogos y los sabios filósofos que el Paraíso Terrenal está en el fin de Oriente, porque, es lugar temperadísimo. Así que aquellas tierras que agora él había descubierto, es –dice él- el fin del Oriente. (163). (3)

Visión idílica, plagada de fantasías provenientes de la Biblia. Eric Auerbach recalca en Mímesis la importancia y autoridad, tanto como formal o ética, que imponían la Biblia y los textos hagiográficos, considerados como libros de historia. A cada momento el Almirante cree ver señales divinas. Esto fijó en la fantasía europea una imagen idílica que perduraría para siempre.

Colón fue el primero en describir la tierra descubierta, y no tenía modelos anteriores para hacerlo siguiendo pautas ya insertadas en el imaginario colectivo. Por ello, careciendo de un lenguaje específico, opta por describir lo nuevo comparándolo con lo ya conocido. Enrique Anderson Imbert sostiene:

al leer el relato de Colón los europeos confirmaron viejos sueños utópicos y pudieron dar sustancia a dos de los grandes temas renacentistas: el hombre natural, feliz y virtuoso, y la naturaleza, pródiga como un paraíso. Sin embargo, en el fondo de los paisajes más vívidos de Colón no había una visión directa de América, sino el reflejo, como de nubes en un lago quieto, de figuras literarias tradicionales. Colón se movía con los impulsos descubridores de un hombre del Renacimiento, pero su mente era de temple medieval. Aunque no fuera letrado toda una literatura de viajes reales o imaginarios, de mitos, romances y cuentos populares se le había deslizado al alma y desde allí coloreaba y transfiguraba la realidad americana (...) También la constante comparación con Europa nubló su percepción de las singularidades de América; y la lengua se puso a clasificar los objetos nuevos en categorías europeas. No describía por afán de describir, según harán algunos de los conquistadores que vengan. Inventariaba ... (4)

Entre su inventario incluye extrañas criaturas, fantasías que provienen de la mezcla de lo que el Almirante entiende interpretar de su charla con los indígenas y de las leyendas populares de la época, así enumera animales nuevos y personas con características de los más sorprendentes:

...en una de las cuales (casas) halló un perro que nunca ladró. (...)

Entendió también que lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían los hombres, y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura. (5)

Gaspar de Carvajal es el cronista encargado de escribir todo lo sucedido en el viaje emprendido por Francisco de Orellana. (6) El relato resultante es un episodio célebre de la exploración de América del Sur hecha por los españoles en el siglo XVI. El descubrimiento de esa importante zona se produjo por casualidad, pues lo que en realidad se buscaba era el “País de la Canela”.

La Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas de Fray Gaspar de Carvajal es el único documento que se conserva del emprendimiento capitaneado por Francisco de Orellana y el relato contiene grandes proezas y aventuras, con total normalidad y con un estilo simple, sin excesivos adornos, Carvajal relata grandes e increíbles hazañas, que van desde la visión de edificios fabulosos, costumbres, animales y frutos novedosos. Entre lo más interesante de su relación sobresale la historia de un fantástico pájaro que advertía los peligros a los conquistadores:

Estando en esto nos acaeció una cosa no poco de maravillar, y es que se puso una ave sobre un roble, la cual nunca vimos y comenzó a decir a muy gran priesa “huid”, y esto dijo muchas veces, y decíalo tan claro y distintamente como uno de nosotros lo podía decir. Esta ave nos siguió más de mil leguas y vino con nosotros, y cuando estábamos cerca de poblado, en amaneciendo, cuando queríamos comenzar a caminar, nos lo manifestaba diciendo “buhio”, que quiere decir casas, y era tan cierta, que era cosa maravillosa y fue mucha parte para que no nos hicieran daño, porque íbamos sobre aviso. (7)

Carvajal describe un extraño edificio encontrado en medio de la selva amazónica:

E n este pueblo estaba una plaza muy grande y en medio de la plaza estaba un tablón muy grande de diez pies en cuadra, figurada y labrada de rel e una cibdad murada con su cerca y con una puerta: a esta puerta estaban dos torres muy altas de cabo con sus ventanas, y cada torre tenía una puerta frontera la una de la otra, y a cada puerta estaban dos columnas, y toda esta obra estaba cargada sobre dos leones muy feroces (...) los cuales tenían con los brazos y las uñas toda la obra (...), y, en fin, el edificio era cosa de mucho ver, y el capitán y todos nosotros, espantados de tan (gran) cosa, preguntó a un indio que aquí se tomó qué era aquello... (8)

Pero sin lugar a dudas lo más importante en su relación es la historia de las fantásticas mujeres guerreras, las Amazonas. El primer contacto de Carvajal con estas guerreras son las historias que cree entender a partir de las declaraciones de algunos indios que traían oro:

... y veían con sus joyas y patenas de oro, y jamás el capitán consintió de tomar nada ni aun solamente mirarlo, porque los indios no entendieran que le teníamos en algo, y mientras más en esto nos descuidábamos más oro se echaban a cuestas. Aquí nos dieron noticia de las Amazonas y de la riqueza que abajo hay... (9)

Más tarde ve a unas mujeres guerreando junto a unos hombres y cree que son las Amazonas:

Quiero que sepan cuál fue la causa por qué estos indios se defendían de tal manera. Han de saber que ellos son sujetos y tributarios de las amazonas, y sabida nuestra venida, vanles a pedir socorro y vinieron hasta diez o doce, que éstas vimos nosotros, que andaban peleando delante de todos los indios como capitanas, y peleaban ellas tan animosamente que los indios no osaban volver las espadas, y al que la volvía delante de nosotros le mataban a palos, y esta es la causa por que los indios se defendían tanto.

Estas mujeres son muy altas y blancas, y tienen muy largo el cabello y entranzado, y resuelto a la cabeza: son muy membrudas y andan desnudas en cueros, y atapadas sus vergüenzas, con sus arcos y flechas en las manos, haciendo tanta guerra como diez indios; y en verdad que hobo muchas mujeres de éstas que metieron un palmo de flecha por uno de los bergantines, y otras que menos, que parecían nuestros bergantines puerco espín. (10)

La exageración se nota a veces, por ejemplo entre las monótonas descripciones de batallas, Carvajal afirma que se preparaban para luchar “Cuando vienen más de diez mil indios por el agua y por la tierra”. (11) Al fin, luego de diversas penurias pueden encontrar el mar y liberarse: “Con este trabajo salimos por las bocas del dragón, que tales se pueden llamar para nosotros, porque por poco nos quedamos dentro. Salidos de esta cárcel...” (12) Inclusive el final de la relación hace referencia a un fabuloso animal mítico.

Comentarios (13) de Alvar Núñez Cabeza de Vaca tampoco escapa al encanto de los mitos, en su crónica volvemos a tener noticia de las Amazonas. Recordemos que Brasil no se encuentra alejada de esta zona:

A la banda del Oesnorueste, habitaban y tenían muy grandes pueblos unas mujeres que tenían mucho metal blanco y amarillo, y que los asientos y servicios de sus casas eran todos del dicho metal y tenían por su principal una, mujer de la misma generación, y que es gente de guerra y temida de la generación de los indios (...) en cierto tiempo del año se juntan con estos indios comarcanos y tienen con ellos su comunicación carnal; y si las que quedan preñadas paren hijas, tiénenselas consigo, y los hijos los crían hasta que dejan de mamar, y los envían a sus padres; y de aquella parte de los pueblos de las dichas mujeres habían muy grandes poblaciones y gente de indios que confinan con las dichas mujeres (...) los cuales son negros, y a lo que señalaron, tienen barbas como aguileñas, a manera de moros. (14)

Los testigos, como en el caso de la relación de Fray Gaspar de Carvajal son indios que dan noticias un tanto vagas e inciertas:

...Dijeron que porque los habían visto sus padres y se lo decían otras generaciones comarcanas a la dicha tierra, y que eran gente que andaban vestidos, y las casas y pueblos los tienen de piedra y tierra, y son muy grandes, y que es gente que poseen mucho metal blanco y amarillo, en tanta cantidad, que no se sirven con otras cosas en sus casas de vasijas y ollas y tinajas muy grandes y todo lo demás. (15)

Los primeros textos del descubrimiento, se rescatan viejos mitos y leyendas, que poco a poco, poblarían de habitantes extraños y geografía especial a toda la nueva tierra descubierta. Las noticias del nuevo mundo se transmutan en creaciones imaginarias gracias a la resurrección de las leyendas y creencias de la Antigüedad Clásica y de la Edad Media, condicionando la visión que el europeo tenía de América. J. A. Maravall sostiene que:

Es una transposición de los esquemas mentales con que se pensaban las cosas europeas, a las del Nuevo Mundo –en lo que tal vez hay que ver la más colosal empresa intelectual española. Al modo que llevamos ya visto en el ámbito europeo, también el modelo de los antiguos y la referencia a sus escritos están siempre presente en la mente de estos españoles que emprenden las grandes aventuras transoceánicas. (16)

Muchos de los cronistas del siglo XVI se empeñaban en imponer mitos clásicos a lo que observaban en América. Así aparecen los mitos de la Atlántida, de las Amazonas, entre otros. Los mitos clásicos, a su vez, logran que los conquistadores deseen emular las grandes aventuras y hechos heroicos que habían leído u oído en los libros históricos -como Historia natural de Plinio, o las obras de Heródoto, Platón, Práculo o Aristóteles- y en los de ficción –los libros de caballería. Muchos de esos libros clásicos – Medea de Séneca, entre otros- habían profetizado un nuevo mundo más allá de los mares, o describían fabulosas tierras lejanas y transoceánicas. A través de dichas profecías, los conquistadores descubren un mundo imaginario y concreto a la vez, con una geografía prefigurada por leyendas y mitos clásicos y medievales. Enrique Pupo Walker analiza en La vocación literaria del pensamiento histórico en América los espacios imaginarios presentes en la gran mayoría de las crónicas. Describir a América poblándola de mitos y leyendas era una manera de europeizarla -opina este autor- todo lo que no se encontró en la geografía del viejo mundo, podía hallarse en el nuevo. Sostiene que:

...en las primeras décadas del siglo XVI, América se presentaba, en la mente de muchos europeos, como un vasto espacio imaginario, verificado y a la vez incógnito; fue una realidad observada, al mismo tiempo, con rigor excepcional, pero también con espanto y fascinación. Unos vieron lo que había en aquellas tierras, y otros contemplarían libremente lo que deseaban encontrar. (17)

La mente del cronista de Indias se ve desbordada por la excesiva información que debe transmitir a Europa, esto se debe a las extrañas visiones producidas por los animales, frutos, flores y árboles nuevos, y sobre todo a relatos fantásticos escuchados de boca de los indios, así como también se debe a las leyendas y mitos traídos desde la Europa medieval. Y precisamente eso produce un curioso desequilibrio entre realidad y fantasía, la falta de equilibrio se encuentra en que nada de lo que se pretende transmitir es fantasía o ficción, sino una realidad desbordada para una mente medieval. Hernán Cortés escribe a los Reyes en las Cartas de Relación : “...y quisiera hablarle de otras cosas de América, pero no teniendo las palabras que las define ni el vocabulario necesario no puedo contárselas”. La realidad vista por el escritor es tan diferente a lo conocido por él que se ve obligado a traducirla por medio de los viejos moldes europeos, es una interpretación de la misma construida para dar crédito a lo visto con sus propios ojos, y eso, lo visto es una realidad y una verdad. Edmundo O'Gorman sostiene en La invención de América, (18) que el nuevo continente antes de ser una realidad, fue una prefiguración fabulosa de la cultura europea.

Los conquistadores fueron tras la conquista de las leyendas que florecieron en la Edad Media, alentadas por las tribus de los indios más pobres: la leyenda del Dorado, con grandes riquezas (el cacique del lugar se bañaba en oro); la fuente de la juventud eterna, la sierra de la plata, el país de la canela, las amazonas, la Patagonia. Enrique Anderson Imbert sostiene que los mitos transplantados al Nuevo Mundo tienen que ver con la curiosidad intelectual de los españoles ante esa “nueva realidad”. El cómo había sido creado ese mundo y sus gentes despierta la imaginación. Aparecen por eso extrañas criaturas y ciudades: el paraíso, las siete ciudades encantadas, las siete mil vírgenes, gigantes, pigmeos, mujeres con barba, etc. Además de la inmensidad de la naturaleza.

Los libros que leían los cronistas y conquistadores modelan, en gran parte como ya se ha apuntado antes, la visión que tendrían del nuevo mundo. Tal profusión de ‘espacios literarios' hacen pensar que las historias surgen de la historia, la ficción entra cuando el discurso histórico pierde su validez, aparecen así, relatos de náufragos, de riquezas, de seres fabulosos.

El descubrimiento de América representa el contacto de una Europa que sale de la Edad Media con un nuevo mundo, con una geografía totalmente distinta, gente diferente, climas tropicales, en fin un mundo nuevo lleno de colores, exuberante, esta situación despertó la fantasía en la gran mayoría de los europeos, no sólo en los cronistas de las aventuras que luego vivirían. La primera carta de Colón fue seguida de otras relaciones de viajes y exploraciones de las Indias. Los textos impresos no sólo describían los descubrimientos, sino que también impulsaban los descubrimientos porque Colón, sus marineros y los cronistas posteriores habían leído (también oído) acerca de las fantásticas criaturas existentes más allá de “la mar océana”. La mente de los cronistas fue preparada de antemano por los escritos de viajeros medievales y las novelas de caballería, esos textos narraban historias de tesoros escondidos, seres míticos, etc. Muchos aventureros se lanzaron a explorar y a conquistar las tierras nuevas repletas de promesas. Escalando montañas, navegando caudalosos ríos, a través de selvas cerradas fueron detrás de fantasías: Juan Ponce de León buscó la isla de Bimini, cerca de Cuba, allí pensaba encontrar la fuente de la juventud eterna; en el Río de la Plata esperaban encontrar una “Sierra de Plata”, Francisco Vázquez de Coronado dirigió una exploración para hallar las “Siete ciudades de Cíbola”, otros buscaban la mítica ciudad de “El Dorado”, “El país de la Canela” y el “Reino de las Amazonas”.

Todas estas historias tienen origen en las leyendas medievales. Un ejemplo de leyenda religiosa fue la del preste Juan. Lo que se creía de este rey-sacerdote es que moraba en un lugar extenso y poblado de las Indias, que su poder era tal que había vencido al Islam, que poseía inmensas riquezas y además era cristiano. Fue una idea viva con la que soñaron misioneros, caballeros y navegantes. Tan fuerte e importante fue esta leyenda que incluso existe una carta apócrifa de este religioso impresa en Venecia el 4 de marzo de 1478 titulada Epistola del Prete Ianne ad Emanuel rector de Greci dele cosse mirabili de Iudea (sic por India), en ella se enumeran distintos pueblos monstruosos, como el de los faunos, sátiros, hombres con cuernos, hombres sin cabeza, cinocéfalos, hombres con ojos y bocas ubicados en el pecho, etc. y que luego sirvieron de base a los conquistadores.

Desde la antigüedad se creía que en regiones lejanas del mundo habitado y conocido existía un mundo de monstruos y animales fantásticos, como el basilisco, el grifo, el ave fénix, sirenas y dragones. También creían en la existencia de razas monstruosas, como las guerreras amazonas, antropófagos, pigmeos, hombres cíclopes, descabezados, cinocéfalos (con cabeza de perro), hipópodos (con pezuña de caballo), hombres con labios enormes que les servían de sombrilla. Con estos relatos, cualquier viajero o navegante con imaginación trataba de relacionar lo que veía con aquello que había leído o le habían contado. Colón fue un pionero en eso de situar geográficamente las leyendas en los lugares descubiertos. El origen de las creencias del Almirante radica en que los geógrafos clásicos sitúan todas las maravillas en el último cabo de oriente, en India o en Etiopía, lugares donde se hallan las criaturas arriba descritas. Si bien en ese primer viaje Colón no había encontrado muchos monstruos y los indios no tenían nada de seres extraños, escribe en su Diario de a bordo varias criaturas, por ejemplo:

•  cinocéfalos, cíclopes y antropófagos: el “4 de noviembre” Colón dialoga con algunos naturales de la zona y cree comprender lo que le dicen, pues “Entendió también que lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían los hombres, y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura”. (19)

•  amazonas: el “6 de noviembre” Colón es nuevamente el primero en situar a las amazonas: “También diz que supo el Almirante que allí, hacia el Leste, había una isla a donde no había sino solas mujeres, y esto diz que de muchas personas lo sabía”. (20) El “15 de enero” ya conoce el nombre de la isla de las amazonas: “ y a la (isla) de Matinino, que diz que era poblada toda de mujeres sin hombres ...”. (21)

•  hombres con cola: En la Primera Carta de Colón se hacen referencias a este tipo de seres. Colón relata que le quedan dos islas por explorar: “ ... me quedan de la parte del poniente dos provincias que yo no he andado, la una de las cuales llaman Ava, adonde nace la gente con cola.”. (22)

•  las sirenas: el “9 de enero” aparecen estas mitológicas criaturas:

El día pasado, cuando el Almirante iba al Río del Oro, dijo que vido tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara. Dijo que otras veces vido algunas en Guinea, en la costa de la Manegueta. (23)

El simple hecho de estar ante el Océano o Mar Tenebroso (nombres que en la época recibía el océano Atlántico) la imaginación de los navegantes empezó a alimentar el género de islas perdidas (San Brandán, Antilla o Antilia, Siete Ciudades de Cíbola) que para los aventureros tan pronto aparecían como desaparecían. Estaban dentro de la tradición de islas paradisíacas, de infinitas delicias que mezclaban reminiscencias de las islas de los Bienaventurados con las fantasías orientales de Las mil y una noches . Su fuerte arraigo las hizo aparecer en la cartografía durante siglos. La tradición cristiana con su gran influencia se vio en la obligación de localizar en los mapas cada uno de los parajes bíblicos que aparecían en las Sagradas Escrituras: el Paraíso Terrenal y sus alrededores, las regiones de Tarsis y Ofir, el reino de Saba. Decían, y así lo creían, que se encontraban en el Extremo Oriente, siempre tan impreciso como lejano, lo que suponía no decir nada.

Es en el mito de El Dorado donde confluyen realidades y fantasías . El dorado es el nombre que los conquistadores españoles del siglo XVI en América dieron al soberano legendario de una civilización aborigen, probablemente chibchas, que se creía habitaba una región en las cercanías de Bogotá, hoy capital de Colombia. Según la mitología indígena, era enormemente rico y en los festivales anuales se cubría el cuerpo entero con polvo de oro. El término vino a utilizarse también para referirse a su imperio, supuestamente abundante en oro y en piedras preciosas. A su fabulosa ciudad de oro se hacía referencia en la leyenda de Manoa o Omoa. Estas historias animaron a los españoles a gastar enormes sumas de dinero organizando y enviando exploraciones, la mayoría de las cuales volvieron diezmadas por las penalidades y la enfermedad. La expedición más famosa fue la del conquistador español Francisco de Orellana , que en 1540 y 1541 recorrió desde los Andes el río Amazonas hasta su desembocadura, en un infructuoso intento por encontrar la ciudad. De esa empresa es el texto del fray Gaspar de Carvajal Relación del descubrimiento del famoso río grande de las Amazonas, que daría lugar a otra de las grandes leyendas de los conquistadores.

El viaje en busca de El Dorado ha dado lugar a obras literarias entre las que destaca La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964) del escritor español Ramón José Sender y a películas como El Dorado del director español Carlos Saura y Aguirre, o la cólera de Dios del suizo Werner Herzog.

La fantástica empresa que emprendió Lope de Aguirre tuvo origen en Perú en el año 1559, autorizada por el Virrey marqués de Cañete. La expedición a Omagua y El Dorado se encontraba a cargo de Pedro de Ursua. Fue desastrosa desde sus inicios. Contra el capitán Ursua se levantaron primero don Fernando de Guzmán y luego Lope de Aguirre, quien ya como jefe se convirtió en un tirano implacable, matando a muchas personas, desafiando inclusive al Rey, amenazando con conquistar Perú.

El cronista de esta expedición fue Francisco Vázquez autor de El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursua y Lope de Aguirre, con el título original de Relación de todo lo que sucedió en la jornada de Amagua y Dorado, que fue a descubrir el gobernador Pedro de Ursua, con poderes y comisiones que le dio el Virrey Marqués de Cañete Presidente de Perú. Tratase, asimismo, del alzamiento de Don Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre y otros tiranos. En ese texto relata esa fantástica empresa: la búsqueda de una ciudad de oro. La persecución del mito dorado terminaría en un desastre, con la muerte de muchos soldados a mano del tirano Lope de Aguirre. En ningún momento de la obra se duda acerca de la existencia de este fantástico lugar, simplemente se cuenta que el lugar está cada vez más lejos, sin embargo siempre encuentran pistas ofrecidas por los nativos sobre ese oro anhelado.

Así como los relatos de viajes influyeron en la mente de los cronistas las novelas de caballería también lo han hecho. Al caballero andante de los libros emula el caballero real, el de la conquista de América.

En España, a partir del siglo XII las novelas de este tipo eran parte de la literatura oral y escrita. Una de las primeras en ser impresas fue el Amadís de Gaula , publicada en 1508, aunque la historia se conocía desde 1325. En la España de ese tiempo las novelas de caballería se convierten en un entretenimiento adecuado a todas las clases sociales. La fantasía de estos libros muchas veces servía para describir la realidad. Irving A. Leonard , en su trabajo titulado Los libros del conquistador, destaca la importancia de los libros de caballería, sobre todo a partir de finales del siglo XV, periodo que, según el autor, marca el verdadero principio de la democratización de las lecturas:

Facilitó además [la literatura de caballería] un escape agradable de la dura monotonía de una existencia esencialmente primitiva, y puso algún color en la existencia gris de los lectores, quienes a pesar de las denuncias de los moralistas contra aquellas “historias mentirosas”, continuaron hallando en ellas retratos auténticos de la vida, de los que adquirieron no sólo modalidades de conducta e ideas sobre una realidad más amplia, sino una incitación para las hazañas. (24)

En la obra de Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, la realidad contada se identifica con el mundo fantástico de los libros de caballerías. La fábula toma color y se funde con esa realidad. En el capítulo LXXXVII se describe a la ciudad de México como surgida de las aguas. Compara las construcciones de los mexicanos con mezquitas que él conocía de su España natal, además de recordar las lecturas del Amadís :

Y desque vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblazones, y aquella calzada tan derecha y por nivel como iba a Méjico, nos quedamos admirados, y decíamos que parescía a las cosas de encantamiento que se cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cues y edificios que tenían dentro en el agua, y todos de calicanto, y aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían, si era entre sueños, y no es de maravillar que yo lo escriba aquí desta manera, porque hay mucho que ponderar en ello que no sé cómo lo cuente: ver cosas nunca oídas ni vistas, ni aun soñadas como vimos. (25)

La lectura del Amadís y de otr os libros de caballería poblaba de fantasías la mente de los soldados y conquistadores. Por eso los aventureros españoles se lanzaron en la búsqueda de antiguos mitos difundidos por ese tipo de novelas. Muchos recorrieron caminos en busca de amazonas, de la ciudad de El Dorado o de la fuente de la eterna juventud, por citar los más destacados. Irving A. Leonard apunta que “la aparente historicidad de estos relatos y la enorme expansión del horizonte físico que resultaba de los recientes descubrimientos en África y en el Nuevo Mundo”, hacían verosímiles las fantasías con que los escritores pudiesen salpimentar sus obras.”. (26) El mundo se hacía cada vez más grande, lo cual movilizaba a los aventureros en busca de tesoros y lugares maravillosos. La realidad sobrepasaba a la fantasía, un nuevo mundo se abría en las mentes y en los mapas de los más osados. Los cronistas no pudieron escapar a esto, como tampoco los conquistadores.

Tras las amazonas anduvieron Hernán Cortés , Álvar Núñez Cabeza de Vaca y otros. El mito de estas mujeres guerreras fue creado en uno de los episodios de Las sergas de Esplandián , a pesar de que el mito original era de procedencia griega. Su autor, Garcí Ordóñez de Montalvo, ubicó el reino de estas damas en una misteriosa isla “a la diestra mano de las Indias”.

La “Ciudad de los Césares” era otro de los mitos extendidos. El primero en tener noticias de la fantástica ciudad fue Sebastián Caboto al llegar a las costas del Brasil donde recibió a dos marinos. Estos contaron que hacia el oeste del Paraná se hallaba una sierra con oro y plata suficiente para todos. Además esta ciudad representaba mucho más que sus enormes tesoros. Los europeos pensaban en ella como la sociedad perfecta.

Los informes de los exploradores que viajaban a África y a América hacían que las novelas de caballerías parezcan verosímiles, además debemos pensar en la mentalidad de los lectores, quienes acostumbrados por la fe católica a creer en lo imposible, daban crédito a ambos tipos de textos.

Frente a las riquezas que los conquistadores hallaban en el norte de América, en la región del Río de la Plata esperaba a los soldados con hambre, penurias y peligrosas batallas. Resulta paradójico que los indígenas del norte, tan avanzados y con civilizaciones –imperios- impresionantes se dejasen vencer tan fácilmente, mientras en el sur, donde los lugareños no contaban con una sociedad estructurada, ya que se encontraban aun en estado tribal, dispersados en masas semibárbaras, sin embargo eran muy aguerridos. Defendían su tierra con ahinco, aunque con escasa capacidad bélica y a los españoles les resultó trabajoso poder asentarse en la región del Río de la Plata.

La conquista de esta zona se inicia cuando el Perú estaba tomado, con el objetivo de hallar las mismas grandes riquezas que en el imperio incaico. Esta finalidad pronto se reveló inútil. Los intentos de colonización fracasaban y no había esperanzas de encontrar oro.

La primera expedición (1536) del Adelantado Don Pedro de Mendoza resultó un fracaso, y la expedición abandonó la zona hacia el norte, siguiendo las pistas de las Sierras del Plata, la fabulosa leyenda de esta zona.

Los siguientes intentos, el del segundo Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca y del tercer Adelantado Ortiz de Zárate, corrieron la misma suerte. Mucho sufrimiento y nada de riquezas. Los conquistadores comenzaron a darse cuenta que en esta zona nunca encontrarían oro ni plata, que las riquezas se mostraban como un encantamiento que había atrapado al conquistador. Nufrio de Chávez, otro de los sufridos conquistadores, se da cuenta de esta situación, y escribe que la plata no era más que una quimera, y que por ello había que “desencantar” la tierra, despojarla de la fabulosa leyenda de la plata, para que otros españoles no perdiesen la vida tras una vana ilusión.

Sin embargo, el desencanto no se produjo. En 1602 se publica el poema La Argentina de Martín del Barco Centenera, donde a través del culteranismo propio del barroco denomina Argentina al país, palabra que proviene del latín argentum (plata), aludiendo así a la leyenda de la plata:

y aunque uso este nombre por respeto
a quien vido cierta plata allí primero
yo entiendo que ha de haber grande tesoroalgún tiempo de plata allí, y de oro. (27)

En 1612 Ruy Díaz de Guzmán escribe La Argentina manuscrita, que aparece como la primera crónica fuertemente estructurada del Río de la Plata, aquí lo histórico sobrepasa a la imaginación, que poco a poco va decayendo, aun así se hace mención a unos indios llamados Pigmeos, poseedores de grandes comarcas, indios tributarios y grandes riquezas en oro y plata.

Unos años después llegarían los jesuitas a realizar una conquista espiritual, con ellos la fantasía deja de tener importancia.

Con todo, no podemos dejar de pensar que la historia de la América del siglo XVI sigue siendo un conglomerado en donde es indiscernible la ficción del hecho histórico.

1-Cristóbal Colon. Diario de a bordo. Madrid. Globus 1994

2- Covadonga López Alonso. “Viaje y representación espacial” en Compás de Letras. N° 7. Madrid, UCM. Diciembre de 1995. p. 35.

3- Cristóbal Colón. Op. Cit. pp. 43, 44, 45, 77, 163.

4- Enrique Anderson Imbert. Historia de la literatura hispanoamericana. México. Tomo I. F.C. E.. 1979 . pp. 18 – 19.

5- Cristóbal Colón. Op. cit. pp. 56 – 57.

6- Carvajal, Gaspar de. Relación del nuevo descubrimiento del Río Grande de las Amazonas. México FCE..1955.

7- Gaspar de Carvajal Op. Cit. p. 109.

8- Gaspar de Carvajal Op. Cit. p. 86.

9- Gaspar de Carvajal Op. Cit. pp. 52-53.

10- Gaspar de Carvajal Op. Cit. p. 97 – 98.

11- Gaspar de Carvajal . Op. Cit. p. 76.

12- Gaspar de Carvajal . Op. Cit. p.. 118.

13- Los Comentarios fueron escritos por el escribano de Alvar Núñez Cabeza de Vaca , Pero Hernández , hombre de confianza y testigo de los hechos que narra en este texto. Álvar Núñez Cabeza de Vaca . Naufragios y Comentarios . Madrid. Dastin. 2000.

14- Álvar Núñez Cabeza de Vaca . Op. Cit. pp. 291 – 292.

15- Álvar Núñez Cabeza de Vaca . Op. Cit. p. 292.

16- J. A. Maravall . Antiguos y modernos. Madrid. S. E. P. 1966. p. 439.

17- Enrique Pupo Walker . Op. Cit. pp. 47 – 48.

18- Edmundo O'Gorman. La invención de América . México. F.C. E. 1958.

19- Cristóbal Colón . Op. Cit. pp. 56 –57.

20- Cristóbal Colón . Op. Cit. p. 134.

21- Cristóbal Colón . Op. Cit. p.. 143.

22- Cristóbal Colón . Op. Cit. p. 138.

23- Cristóbal Colón . Op. Cit. P. 136.

24- Irving A. Leonard . Los libros del conquistador . México. F.C.E. 1959. p. 29.

25- Bernal Díaz de Castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Madrid. Espasa-Calpe. 1975. p. 178.

26- Irving A. Leonard . Op. Cit. p. 35.

27- Citado por Bernardo Canal Feijoo. “La época colonial del renacimiento al barroco”, en Historia de la literatura argentina. Desde la colonia hasta el Romanticismo. AA. VV. Tomo I. Buenos Aires. Centro Editor América Latina. S.A. 1986. p. 135

 

Dr. Mohamed Khedr Abdel Monem
Profesor titular en la Universidad Al-Minia, Facultad Al-ALsun
Doctorado en la filologia hispánica. En la literatura fantástica

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