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"… es que se trata de un concepto en proceso de construcción",
no son pocas las veces que respondemos o nos responden algo
así en una clase, un taller o cualquier debate temático.
Y claro, si bien es evidente que muchas pueden ser las reacciones
frente a una respuesta como esa también hay que decir
que otras veces no nos queda otra salida más elegante
(y efectiva).
Y es que cae en el plano teórico (retórico
es una palabra más fuerte) el declarar la construcción
de algo estrictamente abstracto como una idea o concepto,
las ideas son un reflejo mental de cómo manejamos entes
y procesos reales o también abstractos, de ello se
originan a través del debate interno y con otros pensantes
una serie de contradicciones, contraposiciones, paradojas
y retroalimentaciones que pueden generar variantes de estas
ideas, subcategorías, extensiones, etc. Igualmente
la aplicación de estos conceptos es decir su vinculación
con procesos reales nos retroalimenta constantemente y puede
confirmar o trastocar con grave intensidad los supuestos de
la teoría.
Decir entonces que un concepto o idea está en construcción
es evidentemente una redundancia dado que no hay concepto
o categoría ideal que no esté constantemente
en evolución, salvo quizás aquellas perfectamente
delimitadas y absolutas como los números que relacionan
una cantidad verificable de cosas con un signo dentro de un
sistema prefijado. En el mundo de las ciencias sociales, al
que solemos asomarnos quienes trabajamos en Desarrollo, los
conceptos son una joya deseable a la que sacamos lustre con
orgullo y que sin embargo cuando caducan los negamos como
la oveja negra de la familia. En nuestro campo operativo los
conceptos son casi como el espíritu detrás de
las acciones y quizás por ello les damos tanta importancia
y les dedicamos tanto tiempo a su construcción en talleres,
foros electrónicos y documentos de trabajo.
Sin embargo, respetar y proteger a capa y espada
la integridad de los conceptos como se cuidaba la virginidad
de una damisela en el siglo XV por encima de la experiencia
y las constataciones que nos arroja la realidad si puede entorpecer
más que facilitar el accionar de una organización;
el truco es darse cuenta de que en nuestro caso precisamente
lo ventajoso de trabajar con estas categorías ideales
que agregamos a los planes de trabajo es que éstas
son la conceptualización de lo que hacemos o de lo
que muchos otros han hecho previamente en el campo, de ahí
que su aplicación sería orientadora, más
nunca rígida ni inviolable. Nuestro rol en ese juego
es retroalimentar el concepto a partir de nuestra experiencia
en su aplicación. La distorsión se produce cuando
tratamos de que el durmiente quepa en la cama estándar
en vez de que la cama se ajuste al usuario; vale decir, nos
debe importar más que nuestras acciones y forma de
organización inspiren desde la práctica un concepto
eficiente que tener un concepto o modelo de teóricamente
eficiente que se convierta en camisa de fuerza y genere los
efectos inversos. Y así entramos en otro tema que es
la flexibilidad organizacional al cuál no vamos a referiros
en este artículo porque claro… está en proceso
de construcción.
Nelson Larrea Valencia
Lima, Perú
Nlval27@hotmail.com
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