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Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009


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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

RELATOS


Por Nino Gallegos
ninogallegos57@hotmail.com

ESCOMBRO DE PALABRAS

Después de la explosión, el trizamiento de los vidrios derretido en la retina y en la retención de la memoria: los muertos desmembrados, los relojes parados en la vialidad, las señales de tránsito perplejas e intermitentes, los sobrevivientes son los únicos testigos que, al pasar, se salvaron con los muertos como escudos vivientes y transeúntes. La versión: un ataque terrorista. Más allá, fuera del radio y de la radiosidad de la explosión, un hombre va dejando bocanadas del cigarro como una nebulosa sombra de su lenta huída. Se habla de investigar a fondo en las mezquitas, en las azoteas y en los sótanos. Nada parece tener orden, el caos ha resquebrajado las aceras, las calles y las casas, y los que las caminan y habitan maldicen con palabras las imágenes que la televisión les proyecta: donde los cadáveres fueron seres humanos, los brazos y las piernas desmembrados, los pechos y las espaldas perforados, los rostros desfigurados y las cabezas untadas en el suelo y en las paredes.

EL ESPEJO Y LOS CUENTOS EN LA CIUDAD INUNDADA

La trompeta y el saxofón que se arrastran con el jazz hasta los pies improvisados y sincopados de Louis y Charlie, están esperando que entren los chasquidos, los relámpagos, los truenos y los rayos eléctricos y metálicos del trombón, mientras que al fondo del bar New Orleans, el piano, el contrabajo y la batería escuchan el aullido de un clarinete que aúlla la alerta de que la brisa marina que viene con el viento y con el agua del golfo están entrando al lago y ha roto el dique de contención.

Louis le dice a Charlie: serán los techos de las casas donde se refugien la desgracia de la condición humana, porque entre el piso y el techo es por donde la vida hace más agua, haciendo que el espejo y los cuerpos en la ciudad inundada vaya reflejando y musicalizando un jazzeado lento y líquido o rápido y denso: vamos a inundarnos hasta los huesos, viniéndonos tardíamente después el rescate de la emergencia, y de esto enmudeceremos por los cuerpos muertos.

En tanto, venga esa música.

APARICIO JUAN RULFO

Aparicio Juan Rulfo llega a una encrucijada de caminos: Sayula, San Gabriel y Apulco, y en los tres pueblos de Jalisco, lo están esperando. Con el llano en llamas a cuestas y Pedro Páramo por encargo de buscarlo, Aparicio Juan Rulfo, no haya si regresarse de donde viene o seguirse por cualquiera de los tres caminos, pues al fin y al cabo, nada pierde con intentarlo. El mismo Aparicio Juan Rulfo se propuso en vida confundir el origen de su nacimiento, habiendo dicho a quienes lo escucharon, que él había nacido en Apulco, cercano a San Gabriel, y, que su nacimiento fue registrado en Sayula. Y estando así las cosas de ese tamaño como las dejó Aparicio Juan Rulfo, ahora, regresa por el llano en llamas buscando a Pedro Páramo.

Antes de andar el camino que ha escogido para llegar a donde lo están esperando, Aparicio Juan Rulfo, se echa un buche de agua a la garganta, prende un cigarro Delicados, y se pone a fumar y a pensar como si estuviese hablándole, en silencio, al viento: "Bueno, es la nostalgia propiamente de la infancia, no es el territorio. Es el aire, el sol, la atmósfera en que uno vivió durante la infancia, durante la niñez. El territorio es en realidad muy complejo, no se puede ubicar en realidad cómo es exactamente. Más bien es un territorio inventado." Y sentado Aparicio Juan Rulfo en una piedra caliza, traída quién sabe y vaya usted a saber si de Luvina o si de Comala, mira la encrucijada de caminos, se rasca la cabeza y lanza un escupitajo que cae al suelo hecho flema de polvo, parándose y fajándose la camisa con los pantalones y acomodarse la cantimplora como si fuese un revólver en el cuadril izquierdo, levantando y extendiendo el brazo derecho al cielo y abrir la mano para sentir de qué rumbo está viniendo y pasando el viento entre sus dedos.

Al observar desde lo alto en que está parado Aparicio Juan Rulfo, ve que los tres caminos que llevan a Sayula, San Gabriel y Apulco van empinándose por un escondrijo de matorrales y arbustos, que la aridez de la tierra arde en los ojos nada más de mirarla, y que esa desolación de los tres caminos, será como hervir el sudor en su propio cuerpo, desgarrándose la piel con la ropa, hasta ir quedando por cualquiera de los tres caminos, en un murmullo de voz sofocada y deshilachada como un vivo e irredento fantasma. Nada más de ver y pensar Aparicio Juan Rulfo, se le viene del olvido el lejano recuerdo de su padre muerto, cuando él tenía cuatro o cinco años, y después fue a un orfanatorio, donde sintió la muerte y la soledad como si él, también, ya estuviese muerto.

Allí, en lo alto y en una tremolina de indecisión, Aparicio Juan Rulfo, se acuerda, por encargo, de que tiene que buscar a un tal Pedro Páramo, a quien ha de cobrarle, en cuanto lo encuentre, la soledad, la muerte y el silencio que él ha sufrido desde que la gente se lo empezó a poner como un estigma, a fierro candente, sobre y bajo la piel, entre la carne, el hueso y el tuétano.

Después de años y de lejanos recuerdos, Aparicio Juan Rulfo, arrellanado en lo alto y en una tremolina de indecisión, siente que, por fin, tendrá que ir en busca de algo o de alguien que puede ser un túmulo de piedras, más allá o más acá, de la Media Luna que se está poniendo en el horizonte y junto a un sol que irá arrastrando a Aparicio Juan Rulfo por ese camino que lo llevará, no sabe si a Sayula, a San Gabriel o a Apulco, porque cuando salió de Luvina y quedarse un tiempo en Comala, le dijeron que Pedro Páramo andaba huyendo como un ánima, y que mejor ni lo buscara, porque en eso se le iba ir la vida entera y la iba ir dejando como una reguero de piedras o como harapos que ni siquiera servirían para hacerse un remiendo de mortaja. Entonces, sopesando Aparicio Juan Rulfo la tremolina de su indecisión, agarra y levanta la piedra caliza y la avienta al vacío y al silencio de la encrucijada de los tres caminos, escuchándose el golpear y el despedazarse de la piedra con otras piedras. Luego, un polvo fino y ardiente sale como bocanada del vacío, del estruendo y del reposado silencio, sintiendo Aparicio Juan Rulfo, que después de tantos años y de tantos recuerdos, había renacido de entre los vivos y con los muertos.

Y del fui a Tuxcacuesco al vine a Comala, Aparicio Juan Rulfo, de entre los vivos y con los muertos, habiéndose disipado el polvo fino y ardiente, baja por la pendiente de los años y de los recuerdos, llevando en su descenso el humo de los cigarros y los buches de agua en la cantimplora, sintiendo que el sol lo va hirviendo en el jugo de sus malhumores y el paliacate hecho un nudo de sudor amarrado a su cuello, respirando y resoplando como un toro enyuntado en un terreno surcado de arbustos, matorrales y un pedregal crepitando en el comal ardiente que es la tierra que va pisando.

Sobre su cabeza, el sol; y en el horizonte, la Media Luna; y en la tierra, ningún atajo para acortar el oneroso y polvoriento camino, haciendo de tripas corazón por el hambre y por los pálpitos, sintiendo que las tripas y el corazón se le van a salir por la boca: en todos estos años y en todos estos recuerdos, Aparicio Juan Rulfo, no ha sentido más que el desprecio hacia a las cosas que le hicieron tanto daño como la muerte y la soledad, y todo lo bueno que ha encontrado en el mundo, ha sido el silencio. Sí, ese silencio que todo lo calla y que va resonando como un eco sordomudo que se va metiendo en el viento desoído. Por eso, Aparicio Juan Rulfo, no tiene prisa por ir gritando haber quién lo escucha, sabiendo que todo es en vano en esta y en la otra vida, si es que hay, acaso, otra vida. Y si ha de ser así, quién sabe si alguien viva en la Media Luna.

Reconviniendo en lo que le dijeron de Pedro Páramo, eso más tarde que temprano lo sabrá a su tiempo, porque aquí, por donde voy yo, Aparicio Juan Rulfo, este es un espacio de nadie y este es un tiempo de nada, solamente, este pedregal de cantos rodados que pudo haber sido un río y ahora es un pedregal de piedras pelonas ardiendo en el día y centelleando con lo que les alcanza a llegar de luz de la Media Luna. Nada ganaré con desesperarme ni dejarme arrastrar por el desaliento, porque en este primer día, es y será, la primera noche, y cuando entre a ella, el eco sordomudo en el viento desoído se volverá el silencio de los murmullos. Porque deveras que sí y como suena a contradicción, el eco sordomudo, el viento desoído y los murmullos son este silencio que me traigo por dentro desde que me llamaron Aparicio Juan Rulfo. Y en los nombres y en el apellido comulgo, calladamente, la penitencia de mi silencio.

Por eso, desde que me echaron andar a solas por el mundo todos los nombres de los caminos de todos los nombres de los pueblos y de todos los nombres de gente que he conocido, la desolación no ha sido más que la soledad y la vida no ha sido más que la muerte; por eso, lo del silencio, aparejado a lo de mi nombre, Aparicio Juan Rulfo. Y por donde voy es el llano en llamas.

Y antes de que la tarde se haga noche, y no se vea más que el resplandor de la Media Luna…"Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada", que me dijeron que es el terrenal de la Media Luna del tal Pedro Páramo, tengo que calmarme y no dejar que el desaliento me colme la respiración y me empiece a ahogar las ganas de seguir adelante, porque si no cómo le voy a cobrar caro a Pedro Páramo mi silencio.

Y andándome despernado como voy por este camino del demonio, la noche viene de lleno a oscurecerme los ojos y no hago más que tentalear al centro y a los lados del camino, espinándome los brazos y las corvas con esas espinas que entran y se quiebran quedándose las punzantes puntitas con una comezón que va enrojeciendo y acalenturando la piel. Ni modo, no hay más que sentarse o acostarse a esperar que la noche pase a mejor vida y renazca en el amanecer, y así, sacarse una tras otra, la puntita de cada espina clavada y enterrada con todo el ardor y el dolor que no son tan peor como el ardor que traigo en la memoria y como el dolor que traigo en el corazón. Pero antes de que amanezca, aquí estoy, en medio de la noche, viendo por encima de los matorrales y de los arbustos, el todavía lejano resplandor de la Media Luna, escuchando también el cercano aullido de coyotes que han de estar merodeando esas presas esperpénticas que son las ánimas del llano en llamas, teniéndose que ruñir las tripas con las raíces de los arbustos y de los matorrales, porque no creo que por estos terrenales se pueda agarrar y matar animales.

Y como pude haber andado antes por aquí, no hay nada que pueda reconocer en la oscuridad, salvo ese olor a miel derramada en la memoria olfativa que me viene de la infancia del pueblo que soy y al que vengo, pero en esta confusión del tiempo y en esta vaciedad del espacio en que me encuentro, tal vez anduve y desanduve en círculos que me han vuelto a traer aquí, viniéndoseme como única certidumbre el olor a miel derramada del pueblo que soy y al que vengo. Y de tanto darle vueltas al asunto, el sol, ya despunta por entre un cerrerío de montes y de nubes, restregándose con las manos secas las duras lagañas de los ojos, no recordando si permanecí despierto o dormido, porque cuando uno es la vigilia de uno mismo, lo único que nos cuida es la duermevela de la conciencia o de la inconciencia. Es que mejor me voy poniendo, otra vez, en el camino que voy siguiendo, quién sabe si a Pedro Páramo, o, a mí mismo, porque Sayula, San Gabriel y Apulco quién sabe si los pasé o ya no llegue a ninguno de ellos, cuantimás lo lejos que han quedado Luvina y Comala, guiándome por la Media Luna que, por cierto y desde aquí, no es el resplandor lo que se divisa sino una nube en forma de hongo que está saliendo y elevándose por entre aquellos cerros.

En este andar sabiendo o adivinando el camino, uno intuye que habrá de ser la suerte, y no la esperanza, la que vaya poniendo los sobresaltos a los que los animales de carga de los arrieros están acostumbrados que, de tanto subir y de tanto bajar, las pisadas de sus cascos van remarcando las huellas que, una y otra vez, el viento va barriendo, quedándose los burros atrás lentos y cabizbajos, las mulas matreras en medio y pedorreándose, y los caballos adelante y comandando, en tanto, los arrieros, se van o se vienen tragando el polvo con el viento todos deshilachados y con los sombreros metidos hasta las orejas que parecen llevar el rostro embozado de los muertos caminantes.

Por la mañana lunar que voy caminando tengo que llegar al mediodía solar aguantándome el hambre que me gruñe en las tripas, haciéndolas esperar hasta que llegue a ponerme bajo la sombra haber de qué árbol, porque aquí la única sombra que hay es la sombra que uno trae por delante, atrás y a los lados como arrastrándose o reptando. No habiendo la sombra que nunca me voy a encontrar por este desombrado camino y escombrado de arbustos y matorrales, tendré que echarme bajo de ellos y sacar del morral algunos pedazos de carne seca para mordisquearlos dura, molar e incisivamente y sacarles el poco jugo y tragarme el bagazo seco con el polvo y el agua para que me caigan a las gruñentes tripas. Después, otro Delicados, que para fumar me quedan los pulmones y lo que los cigarros me restan de vida.

Del lugar en que estuve parado y venirme por estos polvorientos lugares allá sigue divisándose la Media Luna, ¿a la que voy llegando o a la que voy alejándome?, pues quién sabe, porque ni mi sombra me está siguiendo por estos breñales: una piedra bola de tan grande, blanca y caliza me está tapando la vista, que a la mejor me llevará tiempo rodearla de tan grande e incrustada por el camino por el que voy hasta toparme con ella y escalarla a ver cómo, porque habiéndome andado escalando montañas, cerros, acantilados y quién sabe cuántas más escaladeras y subideras que me anduve cuando muchacho por la vida. Esa piedra bola metida quién sabe cómo en ese mundo de muro de piedra en esta tierra reseca me dejará treparla como lagartija con la lengua de fuera. Imposible pensar en pasarla por arriba, y qué tal si del otro lado me hallo un socavón del tamaño de puritito infierno esperándome para caer con mis huesos rodando. No. Algo mejor que escalarla será esperarme a pensar mejor como rodearla, porque no creo que a través de ella se halle este único camino. Tendré que buscar entre tanto pedregal, arbustos y matorrales otro camino que me lleve rodeando esa desgraciada piedra bola, aunque me acabe las suelas de los zapatos y las uñas de las manos buscándolo.

De allá, de quién sabe dónde, viene un despojo de polvo arremolinado porque lo estoy viendo desde esta piedra bola encaramado, pues no me quedo otro camino que subirla con las uñas y los dedos sangrados: sentado aquí y viendo pa'todos lados la vista no me alcanza para tanto monte y cerros a lo lejos, volviéndose todo azul desde el cielo a la tierra y esas nubes aborregadas llevándolas el viento quién sabe a que otros cielos, porque este cielo de aquí está quedándose en un azul desolado y quemado por el sol de tan ardiente que me siento un lagartijón jalando y boqueando el aire caliente que me está cocinando, sobre la piedra bola, recostado. De este lado, si es que tiene lados esta piedra bola, hay una caída como si la piedra se hubiese chorreado en surcos de lodo fundido y haberse vuelto un paisaje lunar en esta tierra hecha piedra, como si colas de relámpagos, despojos de polvos arremolinados hayan depositado remolinos de muertos en una fórmula secreta de una remota soledad.

Y en esta fórmula secreta, la piedra bola de tan grande, blanca y caliza, no es más que mi remota soledad en la que estoy sentado, contemplando con el ardor del sol en mis ojos la pasmada tierra que me rodea, olvidada de Dios y de El Hombre, desatinada y alucinada en medio de un espasmo seco donde, solamente, yo y mente existimos con esta herencia de remota soledad que ocupa mi enclenque cuerpo y que todavía sobra piedra alrededor de mi perdición o de mi desatino, porque de Pedro Páramo, tal vez él, sin verme y sin reconocerme, me ha dado como herencia esta remota soledad de piedra, escurriéndome con el sudor de mi desesperanza por estos surcos de lodo fundido.

Y si es aquella la Media Luna de tan cerca, por qué me ha entrado un sosiego de saber que no quiero llegar a ella, qué escondrijos de motivos, qué tiliches de arrinconados sentimientos, qué miedos de caminos secos y polvorientos, qué entrañas de matorrales y arbustos, qué memoria de tan muerta y qué corazón de tan piedra me hacen quedarme, por siempre, en esta soledad, donde una voz me está llamando de tan lejos y aquí mismo, oyéndola y sintiéndola cerca, acariciándome las orejas, besarme y refrescarme los labios, soplarme su aliento de aire a través de mi garganta y llegarme hasta mis pulmones. Soy yo, Aparicio Juan Rulfo, Susana San Juan, la mujer de tus sueños.

EL FUEGO O EL TESORO DE LA JUVENTUD

De tal manera, el fuego o el tesoro de la juventud está que arde y ardiendo en París-Europa, empezando el fuego por unas chispas eléctricas que se desprendieron de dos jóvenes africanos electrocutados. Es creíble el fuego porque se ve desde cualquier lugar del mundo, inclusive desde el lugar más marginal y jodido del mundo que es París, tradicional y clásicamente llamada La Ciudad Luz, ardiendo, ahora, en llamas automovilísticas y callejeras. Que sea el automóvil y no el ser humano el que arde, no deja de ser simbólica y materialmente una protesta con una descarga de malestares política, social, económica y culturalmente. ¿Hace bien o hace mal el fuego o el tesoro de la juventud con lo que está haciendo en París-Europa? Primero: ¿quién ese fuego o tesoro de la juventud: los franceses originarios del mayo de 1968 o los franceses desarraigados de África de octubre del 2005? En cuanto se ubica e identifica ese fuego o tesoro de la juventud, sorprende que sea esa juventud de padres que emigraron a Francia porque creyeron en la libertad, la igualdad y la fraternidad de la nación-estado y capital de los derechos humanos en el mundo.

Del proceso integrador del republicanismo francés, a la desintegración vía la marginación y la explosión generada en los últimos y definitivos 30 años, pasando de la cultura universal francesa a la multiculturalidad o diversidad de los diferentes o de los otros, que sin voz ni liderazgo ha tomado el tesoro y le ha prendido fuego con la juventud que se está arriesgando a perder todo porque nunca ha tenido nada. Arda lo que tenga que arder en París-Europa, la juventud, no tiene más opción que el fuego y porque el tesoro es una mierda, o porque ese tesoro se transformó en el automóvil en llamas, reduciéndolo a chatarra humeante.
Si no hay voz ni liderazgo en esa juventud que le ha prendido fuego a la antorcha neomedieval postmoderna de las aldeas-los barrios de desempleados o subempleados de un París periférico, es porque el Arco del Triunfo se lo están pasando por los testículos y a los Campos Elíseos los están contaminando con el hollín de los carros inmolados. Los días y las noches ardientes en llamas son días y noches de racismo y discriminación en llamas que pueden ser sofocadas con la represión y la deportación de los des-arraigados de África, porque el africano o el árabe son el musulmán con el sinónimo calificativo de bandido, asesino y terrorista después de lo sucedido en EEUU, España e Inglaterra.

En alguna parte de Le nouvel áge des inégalités en París-Europa de Jean-Paul Fitoussi y Pierre Rosanvallon, está escrito a fuego en las calles: "La emergencia de formas inéditas de desigualdad y la aparición de un nuevo tipo de padecimiento social engendrado por los desarrollos de la sociedad individualista, desempeñan un papel fundamental." ¿En dónde, sino en América, Europa o en el occidente de la cultura universal en que nos encontramos todos, incluidos unos, y, excluidos todos los demás? Del porvenir nadie se acuerda más que del peorvenir, del cual Marx y los buenos marxólogos nos hablaban del capitalismo, el neocapitalismo salvaje y el neoliberalismo comercial mercadológico que tan caros y empobrecedores han costado en las ciudades periféricas con sus principales ciudades capitales céntricas, alcanzándolas el fuego que reclama como protesta una o varias acciones políticas que no repriman y no deporten la acción reveladora de un fuego que está iluminando las partes oscuras de La Ciudad Luz de París-Europa. Sofocar el fuego de la juventud con la represión y la deportación de los sin voz ni liderazgo, no son ni serán las dos mejores acciones políticas, porque el africano-el árabe-el musulmán no son un apátrida y ni un patricida y menos un matricida que quiera matar a la madre-nación-estado donde los derechos humanos deben ser una realidad de ser y de hacer no la retórica de la fuerza conservadora, reaccionaria o rebeladora de una juventud que solamente salió a las calles para encenderle fuego a los automóviles del progreso industrial y de la decadencia humana.

IMAGINAR LA VIDA EN EL AGUA

Cuando niño, con el vulnerable tallo de la enredadera en la columna vertebral, mirabas hacia el fondo de la noria y el árbol de los capulines era la madurez de la frutilla en la sombra de tu infancia. Los comías agridulces, contemplándote el escozor agridulce en la leche de tus dientes y la noria era el espejo en la sonrisa de tus gestos. No imaginas aún tenerlo todo.

En Las Lajas, lloraste, derramándose las lágrimas hacia abajo, donde el escurridizo arroyuelo, las recibía y arrastraba más abajo, llevándolas hasta un venero de ojos y un manantial de miradas: no imaginabas que desde abajo brotaban y borbotaban las palabras.

En la niña de los ojos, el niño eras tú cuando la buscabas y no sabías que con ella el mundo era un iris de ires y de venires: en la tierna desnudez de la infancia, el cuerpo, es la esencia existencial de todos los aromas, oliendo con el gusto de las manzanas.

Cuando te dejaron caminar solo, Las Cuevas Lejas, estaban lejos y caminaste, entraste y subiste a ellas, escuchando y viendo cómo estalactitas y estalagmitas de agua caían con sonidos de voces y de rupestres palabras. Te dijeron: a que no te imaginas que aquí vivió alguien de tu sangre. Y en el hollín petrificado, en lo alto de la oquedad de Las Cuevas Lejas, oíste al imaginar las sombras de polvo y agua, conversando. Tocaste las paredes de Las Cuevas Lejas y te palpaste el corazón-palpitándote y las manos-temblándote.

Después, llegaste con el vulnerable tallo de la enredadera en la columna vertebral, a la cima de Las Piedras Encimadas de la montaña de La Lechuguilla, palpando la rugosidad pro y pre histórica de las piedras, caminando por laberínticos jardines botánicos a ras de piedra: todo es imaginación pétrea acá arriba, te lo dijeron el viento, la neblina, la nubes y el cielo. Los estanques contenidos en su calma y en su sombra de agua, dejaron contemplarte y beberte la sed con las manos lavándote la cara.

Y cuando empezaste a imaginar el agua, aún te faltaba lo más pétreo y blando de lo que está hecha la imaginación y el agua: el alfabeto escrito sobre la blandura pétrea de la vida. Rebuscaste por donde anduviste, pusiste todos los sentidos en atención abierta para encontrar la blandura pétrea de la vida cuando ya estabas en y para ella. Desde tus ancestros abuelos, una voz plural, centrífuga y centrípeta, oquedada en ecos te habló para guiarte con la acerva sabiduría que tenías que andar y desandar hasta que el espacio y el tiempo se te abrieran como una revelación de palabras escritas: imaginar la vida en el agua.

PIER PAOLO PASOLINI

Después de los años l922 cuando nace y de 1975 cuando muere Pasolini, la moderna y la vieja Italia, dejan de ser el centro de atención y de polémica en la vida de Pier Paolo, pues una Italia reaccionaria de izquierda y fascista de derecha, habrán de simular un crimen pasional de amantes homosexuales contra la integridad humana, artística e intelectual de Pier Paolo Pasolini. En la obra cinematográfica, novelística, poética, ensayística, dramatúrgica, periodística, dibujística y pictórica del hombre que asumió la homosexualidad, no hubo una incoherencia praxística ni una simplificación teoremática de lo que el marxismo critico en PPP significó y practicó abiertamente contra el Estado Italiano. El cuerpo del ciudadano italiano fue golpeado, atropellado y asesinado como un perro en la persona física, ética y moral de Pasolini, destruyéndolo y reduciéndolo a cenizas en el poema que él escribió en las cenizas de Gramsci, donde el poeta orgánico de Pier Paolo es más hermano de Antonio en las obligaciones y en la responsabilidad de criticar ideológica y orgánicamente la Italia contemporánea que vivieron y murieron en la cárcel y en la calle de una romanización papal y fellinesca.

Pasolini en el contexto italiano y Althusser en el contexto francés, fue un crítico de los aparatos ideológicos de Estado, tanto del comunismo como del capitalismo, de la religión y del laicismo hipócritas, zanjando a Italia en dos: la Italia rural y la Italia urbana, viendo que el comunismo le era natural a los pobres del campo y el capitalismo le era funcional a los ricos de la ciudad, criticando cómo el neocapitalismo de su época es el neoliberalismo de nuestra época, escribiendo lo siguiente: Por lo tanto, no me interesa para nada un mundo uniformado por el neocapitalismo, es decir, por un internacionalismo engendrado, mediante la violencia, por la necesidad de la producción y del consumo. Pasolini, siendo el hombre que fue y el homosexual que se asumió, era un campesino que forjó lo artesanal con lo intelectual, aprendiendo sobre la marcha todos los oficios que lo habrían de formar e inconformar con el contexto histórico, político, económico, social, cultural y estético de su tiempo, renovándose sobre la base de una distinción social: I poveri sono reali, i ricchi irreali., transformándose en un estética crítica de los muchachos de la vida a la religión de mi tiempo y en un trashumanar y organizar la vida en una constante contradicción dialéctica de transgredir lo formal y lo realista en un cuerpo lleno de pasión y de ideología.

El cuerpo pasoliniano lleno de pasión y de ideología fue y es una estructura nerviosa y correosa, siempre latente y palpitante, atlética, de huesos pronunciados y carnes elásticas: todo un cuerpo pasional e ideológico que se construyo a sí mismo, comparable al cuerpo novelístico y samurai de Yukio Mishima, tocados y sentidos por el homosexualismo, haciéndolo vivir y gozar Pier Paolo con los muchachos de la vida, de los cuales, uno de ellos, Pelosi, fue el último en estar con él y a quien se le encontró culpable por el crimen de Pier Paolo Pasolini, sentenciándolo a años de cárcel y que recientemente al salir de ella, Pino Pelosi, se ha vuelto en un testigo o que siempre lo fue del crimen político de Pasolini por gente del neofascismo, pues su última película: Saló o los 120 días Sodoma, criticaba y sigue criticando las conductas políticas y las prácticas paramilitares contra el comunismo, la democracia y el socialismo, a reserva de que esta obra cinematográfica, es el uso estético crítico de la provocación y del asco que es en sí mismo el fascismo. La vitalidad de Pier Paolo Pasolini, aún después de muerto el día domingo 2 de noviembre de l975, lo hace un fiel difunto que le fue fiel a la vida con su vida: fue un hombre y un homosexual de una sola condición humana, escribiéndola en uno de sus tantos epílogos testamentales: De nuestra vida soy insaciable, porque una cosa única en el mundo nunca puede agotarse. El día sábado 1 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini, da una entrevista, la última, donde percibe y habla del peligro, inminente, que se vive en Italia, y de cómo, en lo inesperado de su persona, algunas otras personas planearon su crimen violento: En toda mi vida jamás he ejercido una acción violenta, ni física, ni moral. No porque soy un fanático de la no-violencia. La cual, si es una forma de autocostricción ideológica, también es violencia. Nunca he ejercido en mi vida violencia alguna, ni física ni moral, simplemente he confiado en mi naturaleza, es decir en mi cultura...

Pier Paolo Pasolini: Bologna 1922-Roma 1975

EN UNA ATMÓSFERA BLANCA Y NEGRA INTENSÍSIMA

En una atmósfera blanca y negra intensísima se da el rencuentro entre dos hombres. El primero es mayor que el segundo, viniendo de un pasado y que estuvo ausente durante 29 años y que siempre estuvo contándolos el segundo. En una franja que media la equidistancia en la costa de abajo y la sierra de arriba, el reencuentro de los hombres en una atmósfera blanca y negra intensísima, sucede precedido por una retahíla de desencuentros que los dos hombres no pudieron evitar. Se dijo: esos dos están condenados a recordarse en la vida y en la muerte, porque nunca de los nuncas van a volver a reencontrarse . Y fue así, con la vida del segundo y la muerte del primero, que los hombres se reencontraron en una atmósfera blanca y negra intensísima. El primer hombre con 91 años de edad y el segundo hombre con 49, teniendo éste 20 años cuando el primero murió y lo dejó en un orfandad de pensamientos, sentimientos y palabras que se refugiaron en los recuerdos, y que ahora, en una atmósfera blanca y negra intensísima, el hijo vivo y el padre muerto, se abrazan acariciándose y palpándose con las manos los rostros y reconocerse uno al otro, diciéndole el padre al hijo: ¡Perdóname!

¿Qué tengo que perdonarte, padre, si te nos habías muerto?

No, hijo, yo no quise que así fuera, pidiéndole a Dios que me permitiera estar más tiempo con tu madre, tus hermanos y contigo, y Dios no quiso escucharme y ayudarme, faltándole yo el respeto hablándome fuerte desde mi garganta enronquecida por el cáncer, Y ni así, hijo, pudo darme más tiempo: fue, entonces, que me sentí condenado no solamente a morir, sino a sufrir la enfermedad y la agonía, en carne propia, durante un año. Cuando morí sentí un alivio que luego el peso de la condena me hizo más pesada la muerte cuando alguien dijo que no volvería a ver a mi esposa y a mis hijos, y con el destierro de mi muerte vagaría errante por el recuerdo de ustedes y que ustedes, cada año, me mandarían oficiar una misa para atenuar mi condena, mi ausencia y mi muerte. Y ustedes, sin faltar a mi condena, a mi ausencia y a mi muerte, han logrado que Dios me haya liberado y que venga aquí contigo, a reencontrarnos, no viniendo conmigo tu madre porque se ha quedado regando el jardín de flores, que de tan grande, ya no cabe en el cielo y cuelga de él y es por donde yo he bajado.

Pero, padre, ¿por qué en una atmósfera blanca y negra intensísima, y no en el color de las flores de su esposa y de nuestra madre?

Hijo, porque es un sueño, y yo soñaba más allá de la muerte para venir a reencontrarte más acá de la vida, que es sueño en una atmósfera blanca y negra intensísima. Hijo, no llores, ven y abrázame, otra vez. A ver, ¿lloras por gusto y alegría por habernos reencontrado después tantos años?

Sí, papá, además, porque no quiero despertarme.

Y EN MEDIO DE LA TIERRA NATAL

Y en medio de la tierra natal
estamos en el rústico y mullido recuerdo del paisaje que se avista desde las ventanas
de la infancia que se asoma vislumbrada
y cada aroma es aquel que en la adultez se percibe nasal y memorial
suavizando con el musgo del tacto la brusquedad inalámbrica de los dedos
escuchando de las flautas y de las cascadas de los pianos
el viento y el agua.

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