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  Guías culturales

RELATOS


Por Óscar Delgado Barrientos
oscardelgado76@gmail.com


SEXO EN MADRID

Pablo quería sorprender a su chica, ofrecerla una noche de recogimiento romántico, una velada de moda en un ambiente chic. Aprovechó un momento íntimo que nadie suele compartir para leer en una de esas revistas dirigidas al público femenino la mejor propuesta adaptada al perfil de su intención. Ubicado en el Madrid más cuadricular, en el plano más ortogonal de la noche gata, el restaurante de marras compaginaba a la perfección luces de una estampa warholiana con el papel rasgado de los setenta, butacas de terciopelo industrial, barra de nácar y personal multirracial con campanillas de placer en la pronunciación de su castellano.

Sara quería sorprender a su chico, dedicarle una noche de nostalgia veinteañera en uno de los pocos locales de la ciudad donde aún se puede cenar en la barra sin que te miren mal. Preguntó a uno de los amigos de Pablo por el bar donde servían los mejores bígaros, las mejores bravas y la cerveza mejor tirada. Estacionado en un aparte del Madrid castizo, cientos de servilletas, perfumadas de besos con sabor a marisco de invernadero, dormitaban junto a papeleras con remates cromados a rebosar; ¡’marchandos’! replicaban los oídos de una conversación rota por la inmediatez del buen servicio y regueros de presión aumentaban la sensación de borrachera.

De la escena de Pablo, más propia de un local de confesiones en la serie ‘Sexo en Nueva York’, quedan las velas, el silencio y el fracaso. En cambio, Sara recibió los aplausos de la muchedumbre y se erigió en guionista de un nuevo formato televisivo: ‘Sexo en Madrid’.

JUAN, EL ÚLTIMO PERIODISTA

“Juan, hoy llevamos reportaje de las primeras compras del mes de diciembre, comprueba qué aire se respira en las grandes superficies. Seguro que, a pesar de ser domingo, la gente abarrota los centros comerciales para adelantar las compras de Navidad, me interesa mucho que salga bien, ¿eh?”. Profecía lanzada por el redactor jefe de cualquier medio de comunicación regional o local. El siguiente acto escenifica la presencia del reportero en el lugar de los hechos sin encontrar ni rastro de masificación, ni un ápice de consumismo desaforado. Es más, el profesional detecta que los comerciantes se quejan de la falta de respuesta, de la inexistencia de clientes, de ausencia de dinero para gastar; está claro, una campaña navideña que no pasará a la historia, ni mucho menos servirá para hacer el agosto. Los precios de los productos básicos se han disparado, las hipotecas están por las nubes, la gente ya no sale a comer fuera, los regalos de Navidad son más secos que en otras ediciones, no hace falta adelantar las compras porque son pocas y más limitadas.

Juan regresa al periódico con numerosas grabaciones en el bolsillo que desmitifican la contundencia de la profecía; ha hablado con el fotógrafo, quien pese a haber intentado sacar una instantánea con gente no ha podido porque no la había, ni por la mañana ni por la tarde. El redactor escribe la realidad que ha abordado con la vocación de informar a los lectores de que no son los únicos que no pueden salir a hacer compras, que este año no se puede. Las instantáneas ya están en el servidor, sonríe porque tiene material suficiente para ilustrar sus aseveraciones sin trampa ni cartón. Mete todo en maqueta y se pasea por la redacción orgulloso del trabajo bien hecho, ha reflejado la nota discordante a los tradicionales reportajes navideños.

Ese día Juan salió el último del periódico, el redactor jefe le tumbó la información. Por mucho que la realidad fuera tozuda, el diario tenía que salir a la calle con la profecía cumplida. Al día siguiente, los lectores leyeron: “Miles de personas abarrotan los centros comerciales de la ciudad. Los consumidores aprovechan el primer domingo de diciembre para adelantar sus compras”. El lector, triste por tener que afrontar unos gastos que le impiden llegar a fin de mes, se pregunta, dando credibilidad a su medio de comunicación, cómo es posible que la gente pueda salir a comprar. Frustración del que confía todavía en la honestidad de unos medios de comunicación subvencionados por gobiernos, auspiciados por centros comerciales y dirigidos por empresarios visionarios.


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