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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Pablo Brito Altamira


AUDICIÓN

LA SALA ESTABA VACIA CUANDO MARTA ENTRÓ,después de buscar en vano un timbre o alguna otra manera de anunciarse. Era un teatro viejo,con un aire entre triste y solemne que olía como la biblioteca de su abuelo en la casa de campo, donde se introdujo por primera vez el verano en que cumplía ocho años para buscar un rincón donde disimularse en un juego de escondite que terminó mal, porque su hermanito Jorge se subió al manzano del patio y hubo que pedir prestada una escalera para rescatarlo.Nunca había vistos tantos libros juntos tan ordenados y tan circunspectos, que parecían mirarla con mil ojos y preguntarse en susurros quién era aquella intrusa despeinada que osaba romper un silencio sagrado. Desde entonces entró siempre reteniendo un poco la respiración , como cuando acompañaba a su madre a la iglesia para encender una vela a la Virgen, que la miraba desde el pedestal con una sonrisa como la que hubiera deseado que su madre tuviera.

Oyópasos y luego vió entrar por el escenario a un hombre vestido con un blue-jean , una camiseta azul marino y unas sandalias. Tenía un rostro amable y una actitud despreocupada. Se dirigió a la primera fila de butacas, se sentó y dijo, como si hablara con un personaje invisible situado frente a él:

- A escena.

Marta se movió maquinalmente hacia el escenario y subió por la escalerilla lateral. Una vez arriba observó al hombre que la observaba también y por un momento no supo qué hacer. Estaba parada allí, con las manos juntas sobre la falda y la cabeza torcida hacia la izquierda del actor, siempre había que aclarar eso cuando se hablaba de teatro, le había dicho el Profesor Ignacio. Y había que estar pendiente de la respiración, y de la posición del cuerpo , y de las manos...¡Las manos! Las separó y se las llevó a los lados, sin saber qué hacer con ellas.

- No se alise la falda, por favor, es demasiado trivial- dijo el hombre.- ¿No usa cartera?

- No...es decir, sí...es que vivo cerca y pensé...

- Las mujeres usan cartera para tener siempre algo que hacer con las manos. Debería saberlo.

- Yo...

- No empiece nunca un parlamento con “ yo...” es demasiado trivial.

Ella respiró hondo y por primera vez se atrevió a mirar al hombre a los ojos.

- Muy bien, respire. Ahora relájese: es sólo una audición.

Marta quiso relajarse pero sintió que necesitaba dejar de estar allí frente a él, de pie y sin saber qué hacer. Si hubiera una silla o algo, pero la escena estaba vacía.

El hombre sonrió y dijo:

- Muévase, se sentirá mejor.

Caminó con pasos cortos hacia la derecha del actor sin saber a donde mirar y se sintió mareada. El borde del escenario semejaba la borda de un barco. Imaginó que caería al mar. Se detuvo y respiró nuevamente, mirando hacia el fondo de la platea para evitar los ojos del hombre.

- Muy bien. Olvídese de mí.

Cometió el error, así lo pensó luego, de mirarlo en ese momento y lo vió encendiendo un cigarrillo. Tal vez no fuera un error porque el descuido le sirvió para observarlo mejor por un pequeño instante; demasiado pequeño.

- No me mire- dijo él sin levantar la vista- los espectadores están a oscuras...haga de cuenta que no existen.

Entonces ella dio media vuelta y se detuvo a contemplar el fondo del escenario.

- Así está más segura- siguió el personaje. Tiene buena figura y el público masculino se deleitará observándola y creyendo que usted no lo sabe. Siga caminando.

Ella obedeció. Se dirigió hacia su derecha- soy el actor, basta con que diga mi derecha- y llegó hasta un bastidor . Se detuvo y giró sobre si. Ahora el fulano estaba más lejos y su presencia era menos ominosa. Sonrió por primera vez y se oyó decir en voz clara y fuerte:

- Tiene una curiosa manera de hacer audiciones, señor.

- También usted. Se diría que el escenario está vacío. Anda usted de un lado a otro como si estuviera en un lugar desierto en medio de la nada.

- Pero...

- Siéntese y escúcheme.

Marta no miró a su alrededor porque sabía ya que no había ninguna silla ni otro objeto sobre el que pudiera sentarse. Caminó hacia el proscenio y descolgó las piernas en el borde de la escena. Recordó el muelle donde se refugiaba en las tardes sin clase cuando estaba en el liceo.

- Dígame dónde está.

Fue una apuesta temeraria, pensó después, pero el instinto la ayudó.

- Estoy en el muelle de pesca.

- ¿ Y me va a decir quepara sentarse así a contemplar el mar viene usted desde la calle como una autómata que se dirige a una taquilla de banco? Vuelva a entrar.

Ahora lo entendía todo. Marta se quitó las zapatillas con parsimonia mientras acompasaba su respiración y luego se dirigió con ellas hasta la escalerilla. Bajó y subió por el pasillo sin mirar ni una vez al individuo. Salió por la entrada que había usado antes en sentido opuesto y volvió a entrar, descalza.

Silbaba una canción de moda de la época en que iba al muelle y pensaba en Leonardo, su compañerito enamorado que a veces recordaba con nostalgia. ¿Qué habría sido de él? Arriba sintió la brisa tibia del mar y escuchó el jadear de las olas que se rompían contra las rocas pululantes de cangrejos. Miró hacia el horizonte: la pequeña cosa blanca que se acercaba parecía un crucero, aunque no era la época. Tal vez fuera un yate de lujo, a la distancia era imposible distinguirlo. Una gaviota voló bajo y se dejó llevar por el viento hacia el norte. El sol comenzaba a bajar y las nubes perezosas se movían con paso lento, como un rebaño.

Los pasos del hombre que se acercaba la trajeron a tierra. Quiso levantarse , nerviosa, pero algo se lo impidió. El se sentó de manera similar a la de ella, con su cigarrillo en la mano, sin mirarla. Señaló extendiendo el brazo hacia un lugar de la platea.

- ¿ Es un velero?

Ella no respondió de inmediato. La verdad es que estaba hecha un lío. Un desordenado batiburrillo de palabras e imágenes de las clases de actuación se paseaba de un lado a otro de su cabeza como ropa sucia en una lavadora. Trataba de encontrar la frase o el gesto o la referencia. Se sintió mareada otra vez.La voz del profesor Ignacio: sentir el personaje, ser natural, dejarse ir. Pero no olvidar el parlamento, decía el Profesor Esteban. El muchacho que se sentaba cerca de ella en las clases, Carlos, que no hacía sino mirarle las piernas. Su madre que siempre estaba llorando cuando ella llegaba. Llorando y bebiendo y mrando la tele. Se dirigía a su cuarto después de un “hola” sin emoción y sin sentido y tiraba los libros sobre la cama. Tenía ganas de llorar ella también. Se maldecía mientras se miraba al espejo y se desnudaba con mirada crítica. Nunca llegarás a ser una actriz. No tienes el cuerpo que hace falta. Un dos por ciento de talento y un noventiocho de cuerpo, le había dicho Roque, el chico que había terminado el curso el año anterior y ahora trabajaba en la cafetería. Tenía meses presentándose a audiciones y nunca lo escogían. Era bajito y gordo. Me parezco a Charles Laughton, decía, pero ya no se hacen películas como El Jorobado de Nuestra Señora de Paris...¿Sabías que Laughton trabajó con Bertolt Brecht y tradujo Galileo Galilei?

- Me llamo Daniel- dijo el hombre.

Ella lo miró , ahora sí podía mirarlo y recordó de nuevo a Leonardo.Le había dicho que estaba enamorado de ella allí mismo, en el muelle. Ella se había molestado cuando lo vió aparecer, con sus manos en los bolsillos, silbando y masticando chicle: aquel era su refugio privado , él no tenía derecho. Leonardo no dijo nada. Bajó la vista y se disponía a marcharse cuando ella lo retuvo con un “lo siento, no quería ofenderte, he tenido un mal día” y él se sentó junto a ella y tiró el chicle al mar. “Nunca he tirado un chicle por una chica” dijo después de confesarle su amor. Intentó darle un beso y casi se caen los dos, uno tratando de acercarse y la otra apartándose sin saber qué hacer. Tenía quince años.

- ¿Qué edad tienes?- el tío apagó la colilla en el suelo de la escena.

- ¡Basta!- gritó ella poniéndose de pie de un salto. ¿Lees la mente o qué? ¿Es teatro o es parapsicología? ¡Acláramelo porque...!

El otro saltó a la platea riendo y volvió a sentarse en su butaca.

Marta dio un par de pasos hacia el foro, porque temía caerse, y se sentó en el piso. Al llevarse las manos a la cara para arreglarse el pelo notó que estaba sudando.

Èl subió a escena de nuevo.

- Bien. Me llamo Daniel y soy el director. ¿Cómo te llamas tú?

Ella tenía ganas de llorar, pero se compuso, levantó la vista y ensayó una sonrisa.

- Marta.

- No sé si ésta es una buena o una mala noticia, pero estás contratada...No digas nada. Escúchame, ahora hablaré yo. Cuando el director habla los actores escuchan ¿Me sigues?

Marta asintió con un movimiento de su cabeza.

- No soy déspota.

Qué me importa si es déspota o no...pensó Marta. ¡Me ha contratado! ¿Será verdad? ¿Y qué obra representaremos? ¿Qué personaje tendré? ¡Ni he podido leer mi monólogo! “Estás soñando , Marta...” Ahora era la voz de su madre. Apartó la imagen con un gesto de la mano, como si espantara una mosca y se arrepintió de inmediato. El director pensaría...

- Concéntrate y escúchame. La tarea más difícil para un actor es la de escuchar. ¿Me entiendes?

-Sí- respondió ella con timidez.

- Bien.

Ella estaba sentada, con las piernas cruzadas bajo la falda. El caminó de un lado a otro de la escena mientras hablaba.

- Esta escena será en los próximos días y meses el mundo. Aquí ocurrirá todo. Lo que no ocurra aquí no tendrá ninguna importancia. Tu madre...( otra vez la parapsicología, pensó ella) ...tu padre y tus vecinos, tu novio o tu novia...nada de eso existirá mientras estés en escena.-

La miró y ella le sonrió como una boba. Creerá que soy una idiota...tengo que decirle algo, o pensará que...

Iba a hablar cuando él la atajó.

- Escuchar ¿Recuerdas?

- Cuando el director habla...

-¡Bien!- Daniel encendió otro cigarrillo y se perdió detras de bastidores. Ella aprovechó para acomodarse el pelo bien. Se levantó y trató de aclarar su mente.

Trajo dos sillas plegables, de las que se ven en la filmación de la películas, y le ofreció una. Se sentaron y él continuó:

-Estamos en Nueva York.

- En Nueva York- repitió ella. Boba. Repites como un loro. Tendrías que preguntarle cuando empiezan los ensayos, cuánto te va a pagar...

- Sí. Calle Lexington y 53, cerca de Citicorp. ¿Conoces Nueva York?

-No.

- Pero has visto películas- El se levantó y volvió a salir. Regresó con una mesa, que colocó frente a la silla que había dejado, a unos dos metros de la de ella. Repitió la rutina varias veces mientras hablaba, hasta que la escena se fue poblando de trastos.

Mientras tanto, ella trataba de recordar los títulos de los filmes sobre Nueva York que había visto. Manhattan de Woody Allen, Midnight Cowboy, con Dustin Hoffmann...

- Nueva York no es como aparece en las películas – prosiguió él. Arreglaba libros en una estantería que había colocado a derecha del actor, frente a la mesa que servía de escritorio, sobre la que puso un ordenador destartalado.- Nueva York es como esto. Todo lo que ocurre ocurre en escena. No hay locaciones ni exteriores, como en el cine. Esto es Teatro, y el teatro es el futuro del cine ¿Me sigues?

- No entiendo nada.

Las palabras habían salido sin que ella lo quisiera, como si fuera otra persona la que hablaba.

- Bien- respondió él sin cambiar de actitud. – Se levantó y agregó:

- Ya vuelvo.

Bajó a la platea y salió por la puerta que Marta había usado para entrar.

Ella trató de ordenar sus pensamientos, pero no tuvo mucho tiempo para hacer el resumen que quería. El regresó con un portafolios, lo abrió sobre la mesa y extrajo una carpeta de la que sacó una hoja. Se la dió junto con un bolígrafo, al tiempo que explicaba:

- Tienes que llenar este formulario. Los ensayos son todos los días menos los domingos, de seis a diez. Debes venir con ropa cómoda que no te importe ensuciar. Quería aprovechar que estabas aquí para comenzar a ponerte en situación, pero me imagino que estás estresada y que...

- No- respondió Marta. Podemos continuar...

- Bien. (¡Qué muletilla!) Entonces llenarás el formulario en casa y lo traerás en el próximo ensayo. Te doy también el contrato: está estipulada la paga y todo eso...revísalo y lo firmas, si estás de acuerdo.

Recibió el nuevo documento y lo dobló: no sabía donde ponerlo.¿Por qué habría venido sin cartera? Lo dejó en el piso y se colocó las manos sobre las rodillas mientras lo observaba con una sonrisa nueva que quería transmitirle que estaba lista.

-Bien.Roberto vive en Nueva York. Roberto es tu contraparte, lo conocerás mañana, pero aprovecharé para darte las líneas generales del personaje de modo que ganes tiempo. En el portafolio hay papel en blanco, si quieres tomar nota. Usa esta mesita como pupitre.-

Le acercó una mesita y mientras ella ubicaba el papel para escribir, Daniel terminó de disponer los elementos de utilería para componer la escena.

Estaba en eso cuando entró un muchacho gordo, de pelo largo, con una camiseta que le quedaba muy grande y barba de varios días. Traía unos aparatos electrónicos envueltos en una maraña de cables.

Subió al escenario y dijo “buenos días “ sin esperar respuesta. Parecía que flotara dentro de una nube propia.

- Hola, Pancho- te presento a...¿Cómo te llamas?

- Marta- respondió ella.

-Sí, Marta es nuestra primera actriz y Pancho es el músico, sonidista y todo lo demás.

- Hola- dijo Pancho con una sonrisa de gordo tímido.

-Hola.

- ¿Vamos a grabar ya?- Pancho extendía uno de los cables.

- Sí. Avísame cuando tengas todo listo.

Pancho continuó su trabajo en silencio.

- El asunto- retomó Daniel- es así. Tu te llamas Angélica, y vienes de otra parte.- Ella anotó “ Angélica, de otra parte” y quiso preguntar qué significaba otra parte, pero recordó que tenía que limitarse a escuchar.

- Este es el momento en que puedes hacer todas las preguntas- Dijo él .Cuando los actores preguntan, el director responde.

Marta trató de entender la combinación entre ese principio y el anterior, pero se limitó a preguntar:

-¿Qué quiere decir “de otra parte”?

- Significa que no sabemos de dónde viene.

El director se había puesto a hacer flexiones en la mitad del escenario.

- Este es el momento en que debes decir todo lo que te venga a la mente.

-¿Todo?

- Todo. Sin pensar si es pertinente o no. Piensa en voz alta. ¿Pancho?

- Un segundo, señor. –

Panchó salió con un cable hacia bastidores y regresó sin él. Marta presumió que lo habría enchufado en alguna parte. El chico oprimió entonces un botón en el artefacto y se oyó un fuerte silbido. Con gesto rápido controló el volumen y alejó un micrófono, que colocó en un trípode cerca del proscenio en el centro de la escena. Volvió al equipo, oprimió otra tecla y dijo.

- Grabando, señor.

- Bien. ¿Estás lista, Marta?

- ¿Lista? Yo...

- No empieces un parlamento con yo.

- Es trivial, agregó Pancho, mientras se sentaba a un lado de sus aparatos y ajustaba controles en ellos.

- Roberto vive en Nueva York y hace flexiones todas las mañanas mientras escucha el noticiero.

Pancho pulsó un botón y de los altavoces comenzó a salir la voz de un comentarista que hablaba en inglés.

- Tú entras en ese momento. Recuerda que dirás todo lo que se te ocurra.

Marta se sentía algo mareada pero se dijo que tendría que dominarlo. Caminó unos pasos , se detuvo , cerró los ojos y respiró. Cuando entres a escena , decía el profesor Máximo, piensa que estás entrando en un sueño.

Abrió los ojos.

- Pareces un payaso haciendo esos ejercicios.

- Entonces parezco lo que soy. Y tú ¿Quién eres?

- Mar...Angélica.

- ¿Mar Angélica? Es un nombre exquisito.

Marta rompió a reir. Daniel y Pancho rieron con ella.

- No sé si voy a poder con esto- dijo cuando se calmó.

- Yo tampoco- respondió Daniel. ¿Quieres una cerveza? Pasa y siéntate.

Ella se sentó en una butaca y Daniel le trajo una lata de cerveza que había sacado de alguna parte.

- Sigo sin entender nada.

- Es la condición natural del ser humano- repondió Daniel.

- Estamos improvisando y grabando... eso lo he entendido.- Bebió también un sorbo- Pero no sé si debo...

- Debes decir todo lo que te venga en gana.

- Entonces te diré que esto es...

- ¿Una locura?

- Lo has dicho tú.

- Eso ya lo sé. Dime algo que no sepa. ¿De dónde vienes?

- De otra parte. ¿Y tú? ¿Dices también lo que te viene en gana o sigues un guión?

-Tú hablas y yo respondo. Por ahora.

- ¿Por ahora? ¿Y cuando el verdadero actor entre a escena ¿Dirá lo que tú estás diciendo?

- Entiendes rápido. Cuéntame cómo es la otra parte de donde vienes.

El comentarista del noticiero había dejado de hablar. Empezó a oirse una vieja canción de Rolling Stones. Daniel la coreó:

It is the evening of the day
I sit and watch the children play
Smiling faces I can see, but not for me
I sit and watch as tears go by...

- ¿Qué dice- preguntó Marta.

Fue Pancho quien respondió.

- Algo así como.

Es el fin del día

Sentado miro a los niños jugar

Veo caras que sonríen, pero no para mí

Sentado miro cómo pasan, o se van, las lágrimas...

 - Es triste.

- Pero es bello. ¿Hay belleza en el lugar de dónde vienes?

- No sé...hazme preguntas más fáciles. Todavía no sé jugar a este juego.

- Sientes vergüenza.

- Sí, un poco.

- Iré a comprar cigarrillos- dijo Pancho- Sigan sin tocar nada.

- No pienses que eres tú...- comenzó a decir pero Daniel lo interrumpió.

-Trae más cerveza- le dijo.

- No te preocupes. Lo haces muy bien- terminó de decir Pancho a Marta antes de bajar del escenario.

Marta esperó a que saliera, se levantó y dijo a Daniel, que fingía escribir algo en la computadora inservible.

- ¿Podemos parar la grabación? Estoy cansada.

Daniel se levantó , se dirigió al aparato y detuvo la grabación. También apagó la cinta que reproducía la música. Marta sintió un gran alivio.

- Siento un gran alivio- dijo.

- Es un juego fuerte- respondió Daniel encendiendo un cigarrillo. Pocos pueden con él.

- ¿Lo haces siempre así?

- No. La mayor parte del tiempo lo hago a la manera clásica. La audición, la lectura, la construcción de los personajes y todo eso.

- ¿Qué estás buscando?

- Hacer teatro de la vida, vida del teatro...no sé. Experimento. La realidad me parece...

- ¿Trivial?

Daniel rió.

- Llegaste lejos, niñita. La mayor parte de las candidatas salen despavoridas a los dos minutos.

- ¿Han venido muchas?

- Déjame ver...-Fingió que teclaba en la computadora y revisaba unabase de datos- ciento treintinueve. Y ahora me voy a dormir, Marta.

- Angélica.

-Me dijiste que te llamabas Marta

-Eso lo soñaste. Estamos en Nueva York- ¿Recuerdas?

- Sí: la calle 53...Citicorp...creo recordar algo.

-Cuando recuerdes tu parlamento bien me avisas. ¿Me das otra cerveza?.

“¡Corten!” Dijo la voz.”La tenemos”.

Las luces se apagaron, la cámara hizo silencio. todos aplaudieron.

Marta sintió que habían filmado una gran escena.

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