- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus



 

  Guías culturales

RELATOS


Por Pablo Valencia


LAS VERDADES DE SANDRA

Sandra no pide mucho. Sólo un poco de amor y quizá un celular mágico.
Sandra vive esperando que alguien sepa ver más allá de sus ojos, que entienda que cuando ella dice blanco quiere decir negro, y que cuando dice negro puede que realmente quiera decir negro. Pero nadie llega, y Sandra se desespera y grita y llora y se pega un tiro que nunca la mata, todo en silencio.
Las personas no entienden a Sandra; por eso ella prefiere a los animales, porque son seres indefensos y porque ella misma es también un ser indefenso. Pero la compañía de los animales no es suficiente, y Sandra se siente muy sola. Aparece entonces Zandrah, un espantapájaros de estereotipos vagamente inspirado en Sandra. Zandrah se lleva bien con todo el mundo porque llega a ser estúpida sin preocuparse –Sandra, a pesar de su espíritu revoltoso, nunca llega a ser estúpida– y porque posee un escudo que la protege contra los gritos de la compostura.
Sandra, en cambio, es frágil como una mariposa, y cualquier cosa la puede dañar.
A Sandra le gustan canciones tan artificiales que nadie aceptaría ni encuna telenovela y por las que cualquiera se sonrojaría, pero que ella escucha y canta sin vergüenza en su estilo descuidado y sin control.
A Sandra le gustaría flotar en gelatina.
A Sandra le gustaría abrazar un peluche y volar.
Cuando Sandra enciende su ipod y se hunde en un sillón, lo que en verdad quiere es alejarse del mundo. Y verdaderamente la música la transporta a otro universo, donde todo es como ella quiere que sea, donde no existen cuerpos sino almas que se aman, y donde la felicidad y la tristeza alcanzan grados tan sublimes que no pueden ser sino placenteras.
Sandra no sabe que tiene una inteligencia privilegiada.
Sandra odia el colegio porque siente que allí nunca la supieron comprender.
Sandra envidia en secreto –y puede que esto tampoco ella misma lo sepa– a sus amigas que tienen padres que les ponen restricciones y no las dejan salir; a ella le hubiera gustado que alguna vez los suyos se preocuparan así por ella.
A veces Sandra siente deseos de desaparecer. Sólo por un momento, desaparecer o hacerse invisible, que nadie se le acerque buscando a la chica chancera y bulliciosa que normalmente es, y poder quedarse sola con sus pensamientos.
Sandra muchas veces se ríe de un chiste sin entenderlo.
Sandra vive con miedo de que alguien le haga daño.
Pero Sandra ríe siempre, aun cuando está triste. No le gusta contagiar su tristeza a los demás.
La risa es la forma en que Sandra muestra rebeldía.
A Sandra le gusta reírse de sus problemas, pero se espanta al descubrir que son sus problemas los que se ríen de ella.
A veces sin razón, Sandra llora en las noches en su cuarto.
Sandra duerme muy tarde aunque se muera de sueño, como si esperase algún secreto mágico de la noche.
Sandra dice que no hace algunas cosas porque le aburren. La verdad no es que le aburran, sino que no se siente capaz de realizarlas.
A Sandra le gusta ver caricaturas, porque recuerda el tiempo en que su vida no era tan mala (o no se daba cuenta de lo mala que era).
Una de las cosas que Sandra más teme es hacerse odiar por la gente.
Sandra sufre mucho, aunque a ella misma se lo niegue.
Yo lo sé, porque Sandra es como yo.
Yo soy como Sandra.
Yo soy Sandra.

EL CELULAR MÁGICO

Echada en su cama y sin poder dormir, Sandra imagina que tiene un celular mágico.
No tiene botones, sólo una pantalla apagada; pero basta que Sandra lo desee para que se encienda; y entonces, Sandra podrá llamar a donde sea, a quien sea, sin necesidad de ningún botón. Por alguna causa desconocida, a Sandra esto al principio le pareció aterrador, pero ahora piensa en toda la gente a la que podría llamar (a sus amigos, a Gonzalo, a sus primos en el extranjero) y se siente feliz de tener un celular mágico.
Primero piensa en llamar a Gonzalo, su ex, pero se arrepiente en el último momento: no quiere que parezca que se preocupa demasiado por él.
Aunque sabe que todo es ilusión, Sandra continúa la inspección del aparato. Da un saltito al ver que la pantalla se enciende de manera repentina, sin que ella haya deseado llamar a nadie: alguien la está llamando a ella, aunque aún no ha tenido tiempo de dar su nuevo número (que por cierto no conoce) a nadie. Mira la pantalla y no sabe qué sentir al leer lo que en esta dice: «Llamada entrante – Zandrah».
Contesta tímidamente.
–¿Aló?
Escucha una risita jovial, y una voz –idéntica a la suya, pero más elocuente y descuidada– le responde con toda naturalidad. De inmediato Sandra se arrepiente de haber contestado. Se siente muy incómoda siempre que tiene que enfrentar la presencia de Zandrah; prefiere pretender que no existe, no hacerse daño. Pero Zandrah empieza a hablar con una soltura que a Sandra le parece vulgar.
–¿Cuándo me dejarás salir? –pregunta.
–¿Cómo? –se hace la desentendida Sandra.
–Que cuándo me dejarás salir. No te hagas la loca. Hace tiempo que me tienes encerrada. Te vas a quedar sin amigos si sigues así.
–No necesito de tu ayuda para tener amigos –se atreve a decir Sandra.
–¿Ah, no? –le responde Sandra con una carcajada insolente–. No te engañes a ti misma, pues, querida; sin mí no serías nada. Sin mí vivirías en una cueva. A mí todos me quieren, tú los ahuyentarías.
Sandra desea que la llamada se corte, pero nada sucede y Zandrah sigue hablando más envalentonada. Sandra grita «¡Cállate, cállate! ¡No te necesito!», lanza el celular al suelo, lo pisotea, lo patea estrellándolo contra la pared, pero sigue escuchando su propia voz cada vez más fuerte en el teléfono. Finalmente, como último recurso, arroja rabiosamente el aparato contra la ventana que da a la calle.
El ruido del vidrio al quebrarse se prolonga, aún cuando todos los fragmentos rotos ya han caído; entonces Sandra recuerda que todo es una ilusión, y se da cuenta de que el sonido de la luna rota es en realidad el sonido de su despertador.
Desconcertada aún, escucha que la llaman desde la calle: son las chicas, que vienen a buscarla. Sandra se viste, baja las escaleras, saluda a sus amigas (tan delgadas y con tan poca ropa como ella) y las acompaña, a una discoteca.
En la discoteca Sandra ríe, bebe, baila, coquetea a un chico guapo, encuentra a Gonzalo, coquetea a Gonzalo, ajena completamente a sus pensamientos de antes, y querida por todos.
Otra vez, Zandrah ha tomado posesión.

LATIDOS

Yo no me preocupo por lo que esto signifique, aunque basura freudiana de seguro llevará; a veces agregada, como una pose subconsciente. Puede que se trate de laberintos sin fin, o de monstruos incestuosos que hablan lenguas que no existen; en resumen, de mis sueños. O puede que no sea más –o no sea menos– que un tornado vacío, una avalancha de palabras, imágenes y sonidos; y también sentimientos (sobre todo sentimientos), inefable todo, inexorablemente limitado a lo extrauniversal. Porque ni siquiera humano es esto, y sin embargo está arraigado al corazón de todos los hombres.
Quizá esto sea extrauniversal y humano; quizá, incluso, lo humano sea extrauniversal. De esa manera se explicaría el fracaso de nuestra especie, porque somos los seres equivocados en el lugar equivocado, como peces en el desierto.
Ahora que lo pienso mejor, me doy cuenta de que nunca estamos en el lugar correcto, que nunca tenemos la familia correcta, ni el mundo correcto; sólo un corazón asustado que corre y se desvía, siempre huyendo de la luz.
Como un escudo de madera en plena guerra nuclear, así es nuestro corazón. Y como héroes mártires, así somos nosotros.

A LA MUJER IMAGINARIA

1
Te miro a través del vidrio. Pero lo mismo te podría ver a través de un espejo o de una pared. Estás inevitablemente prendida a mi mente, con mil alfileres, y en mis ojos y en mis venas; en todos lados.
El vidrio se ensucia más, con tanta lluvia y tanto barro; pero es mejor así, porque entonces sólo te puedo imaginar, pequeña y empapada y sin paraguas, esperando.
Me emociona verte así, sin poder verte en lo más mínimo, porque si lloras no me entero. Me emociona verte así porque, aunque sea por un instante, me creo que eres real.

2
Sólo puedo imaginarte porque estás al otro lado de la pared. Te imagino desnuda, insegura, prematura, sin cura. Porque estás demasiado lejos y yo estoy demasiado cerca. Porque me sudan los sobacos y me apestan los pies. Porque aunque eres perfecta no eres real.

TU PENSAMIENTO Y MI LOCURA

Por alguna extraña razón nunca llegamos a ir a Roma. Ni a Marte. Ni a ningún sitio. Tu pensamiento unilateral era tus cadenas, el muro entre nosotros. No te pude hacer partícipe de mi locura, ¡pero qué importa! Yo me contentaba con que supieses ordenar pizza y hacer el amor, ir a las fiestas y hacer el amor, fumar hierba y hacer el amor. Para ti, en cambio, yo nunca fui suficiente. Ni siquiera cuando lograba un buen concierto y te llevaba caviar y vino y vestidos. Pero no fue tuya la culpa nuestro fracaso. Fue culpa de tu pensamiento unilateral.

LA EVA DE BARRO

Te conozco. Como el anticuerpo al antígeno, te conozco, y sé que no puedo hacer nada al respecto. Y ya imagino tu silueta fundiéndose en la penumbra, refugiándose, como todas las noches, en las sábanas y en mis besos. Conozco cada milímetro de tu piel, tus huesos y tu clítoris. Porque te creo con barro hasta antes de despertar.

MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA EL NIÑO DE ONCE AÑOS

1. No busques la felicidad. Vívela.

2. No confíes en nadie, ni siquiera en ti mismo.

3. Cuando tengas hambre, come; cuando quieras reír, ríe.

4. No te preocupes demasiado por no disgustar a tu mamá.

5. No tengas miedo de ser diferente, pero no intentes ser más diferente de lo que en realidad eres.

6. No consumas drogas. No hay nada peor que perder la libertad.

7. Muéstrate menos inteligente de lo que en realidad eres. Los que mucho hablan son los que menos saben.

8. No hagas el papel de payaso para hacerte querer. A los demás no les importan los sentimientos ni las lágrimas del payaso.

9. De hecho, no intentes siquiera hacerte querer. Basta y sobra con que te quieras tú mismo.

10. Comete tantos errores como puedas, pero nunca el mismo error más de dos veces.

11. A pesar de lo que digan tus amigos, las mujeres son también seres humanos.

12. No tengas miedo de aprender. No tengas miedo de enseñar.

13. No des nada de lo que te digan por cierto, compruébalo todo antes de aceptarlo. Ni siquiera confíes en este manual (sobre todo, desconfía de este manual).

VERANO SIN RACHEL

Me meto a las bibliotecas porque el aire acondicionado me sale gratis. En casa no tengo aire acondicionado. Inclusive el ventilador, que fue lo único que me dejó Rachel, lo vendí para pagar el alquiler.

 

Volver alRelatos Cortos...


        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online