Si
cada día vemos a una ciudad que pide a gritos un
cambio, es un hecho tan relevante que lo va a tener. No
es una promesa diaria o un sabor a monotonía, el
cambio es todo los días y toca cada fibra de nosotros
aunque no lo sintamos como tal, pues es imposible engendrar
los cambios si no hay una verdadera diversidad de ideas,
pero sobre todo de acciones. El cambio es un fenómeno
social que aunque no lo parezca resulta muy común
hoy en día. De allí la duración de
estos cambios.
Nuestra sociedad ha evolucionado tanto que ha perdido su
verdadero sentido, su misión. Se ha convertido y
se convierte día tras día en una simple masa
de sueños que se fragilizan hasta la frustración
total, es decir que se deja deslumbrar por "el viento
de las época", la efímera redención
del momento que culmina ciertamente, en un Caos aparente,
pero que no se ve a simple vista. Cada cambio hace que el
hombre se adapte y acepte ese cambio como tal. El Caos es
sino el desecho que arrastran los tiempos, a consecuencia
de una excesiva naturaleza de cambio destructivo, y a veces
viene disfrazado de libertad o peor aun de esperanza. Es
en realidad una fase constante de la misma sociedad y no
pasa de ser un estado más, que conlleva a la transformación
o en un caso más realista a la adaptación
del hombre.
Ahora bien, si determinamos que el cambio es progresivo
y la evolución, un desarrollo cognoscitivo y a la
vez de acción, la cual genera más cambios
¿Podemos asegurar que la sociedad cada vez tiende
a envejecerse y a perder sus facultades?
Esta interrogante persigue la idea de que la evolución
del ser humano civilizado y con poder puede tener la capacidad
de supuesta libertad de generar cambios, los cuales a la
vez generan reacciones consecuentes con estos cambios, y
a su vez aceptaciones o detracciones.
La filosofía del cambio, es sino una etapa. El cambio
es una forma muy directa de combatir nuestros problemas,
pero también de decadencia, entonces, concluyendo,
el verdadero dilema social no se encuentra en lo generado
( hoy: lo que llamamos Caos), sino en la conciencia respecto
al horizonte, la cual se plantea el hombre y es que si hablamos
del hombre íntegro y el despertar de su perfección,
también despertará categóricamente
al hombre inconscientemente destructivo.
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