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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Paula González
paula0686@hotmail.com

 
MAMITA SILENCIO POR FAVOR


En algún campo de Chile…

No tiene idea la pobre vieja, no sabe lo que dice, quién la manda a ser tan *visagra, pero no, dale con que las gallinas mean.

Le dicen que me voy señora ¡hasta cuándo!, ya junté mis pesitos, por algo trabajo de sol a sol partiéndome las manos en el arao'. En el fundo de Don Maximiliano la cosa anduvo bien, mejor que otros años, además usted me debe las *chauchas que dejó mi viejo, no se haga la lesa, si aunque no me las dé yo me largo igual, y vengo a buscar la platita en otra ocasión; porque eso sí, *no me voy a ir puro de aquí, esas moneditas van a pasar a mi poder sí o sí, aunque no quiera mamita, lo siento.

¡Por qué lo hace tan difícil por la flauta!, entienda que me enamoré; la Laurita es una buena mujer, no sé por qué se empeña tanto en rechazarla. No mamá, no es culpa de ella que me vaya, no, no la voy a dejar botá si usted es mi mamacita, pero tengo que armar mi vida también.
Vieja, no la trate así, dele que dele, no le diga de esa forma ¿quiere?, de dónde saca esas ideas, tanta tontera junta que se le ocurre. ¡No* 'eñora! si no le he faltado el respeto, usted dice que la Lauri es trepadora, y no es verdad, no diga que baje la voz, es que no entiende; no diga que la suelte, a usted hay que zamarrearla pa' que entienda ¡me voy!

No llore mamita si no fue tan fuerte, no exagere. Le dicen que se calle por la chita, la van a escuchar los vecinos; por qué se arranca, venga pa' acá, si no tengo nada en la mano le dicen.

Ahora nos entendemos pues, quietita, ni un respiro se le siente, así me gusta, ahora nos entendemos.

*visagra: entrometida.
*chauchas: dinero
*"no me voy a ir puro: se refiere a quedarse sin nada
*'eñora: señora



LA TRISTEZA EN UN PAÑUELO

Un pañuelo blanco, somnoliento, húmedo, cargado de tanta pena que al caer , me pareció ver la oscuridad de un universo en sequía.
Ahí estaba ella, extendida en su tormento. La tristeza del mundo parecía caer sobre sus hombros agrietados de rabia, cansancio, de sudor invencible en la agonía. Tendida en el suelo, miles de punzantes dudas simulaban explotar y estremecerla como el galope de un volcán ensangrentado; de esas que arremeten lo que alguna vez fue tranquilidad.

Con el tiempo el sufrimiento se hizo cíclico, abundante, eterno. Sólo quedó una dolorosa nostalgia de mar, guardada en los suspiros que secaron su voz ensangrentada en un grito desolador, un llanto injustificado. Su pesar era tan inmenso como la furia de la irreconciliable indiferencia, tan melancólico como el vuelo agónico de golondrina, tan agotados como inercia.

En lágrimas de recuerdos llenos de arrepentimientos que maldecían su rostro surcado de sal, se desgastaban las ganas de continuar con ese martirio humillante, profundo y obscuro. En esa misma oscuridad, mientras dormía, sentía tinieblas negándose a amanecer, a despertar en la nueva y diferente realidad de aflicción.

Su corazón cansado, rehusaba a escapar de las gruesas redes que oprimían todo bienestar.

Anulada como persona sufre. Sufre ese silencio que nunca supo escuchar, sufre y calla, sufre y llora, pero sobre todo sufre con la oxidación de la sangre que le falta; que por sollozos se hizo espesa, agria, pesada, le costaba caminar, pensar, sentir y existir.

El pañuelo continuaba tirado en su angustia; empapado se desvanecía, junto con su ser tan frágil, vulnerable; perdiendo su suavidad, las pelusas flotaban en un vacío desesperado, se había desintegrado de pena ante unos transparentes ojos de fuego. Era la explosión del dolor en un llanto inquieto de cruel esperanza, era la generalización de una sequedad insaciable en taciturnidad, era la tristeza de un pañuelo, su pañuelo, su vida, su dolor.

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