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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 

 


PETRONIO

Algunos de los problemas con los que nos encontramos al realizar el trabajo sobre esta obra clásica son, sin duda, el origen del título y la fecha de su composición. Pues, en realidad, no sabemos con exactitud ni quién fue este Petronio ni cuando escribió su maravillosa producción de la que ignoramos también la extensión y buena parte del contenido. Dejando a un lado el entrar en las discusiones y opiniones de los distintos estudiosos consultados, se podría aceptar como válida una fecha: el Satyricon o Satírica, fue compuesto con grandísima posibilidad hacia el último tercio del Siglo I d.C. Las teorías que buscan retrasar la fecha de la composición de esta obra hasta el S. III, aunque basadas en indicios interesantes, no parecen presentar hasta la fecha argumento concluyente a su favor; por el contrario todo parece confluir con naturalidad en los años 60-100 de nuestra era, aunque tampoco en este caso contemos con pruebas irrefutables.

Los más poderosos argumentos a favor de la época más antigua son: el ambiente general de la obra, muy anclada en los años de Nerón; las numerosas y variadas alusiones a personajes de tercera fila que alcanzaron popularidad en ese tiempo; y una innegable relación literaria con Lucano. Contra estos detalles puede argumentarse, como siempre, y de modo general que un buen encuadre histórico consecuencia de una cuidadosa ambientación por parte del autor sería suficiente, a pesar de que el mundo antiguo no haya dado especial relieve a este tipo de preparación. Según Asimov[1], Petronio sería Cayo Petronio, un claro ejemplo de epicúreo romano, hombre capaz, habría sido cónsul en una ocasión, y en otra gobernador de Bitinia, en Asia Menor. Pero prefirió pasar su vida en el placer y el lujo (como los miembros de los actuales “círculos de alta sociedad”). Quizá no admiraba totalmente este modo de vida, pues es más conocido por la obra que hoy nos ocupa y en el cual parece burlarse implacablemente del lujo tosco y de mal gusto de personas que tienen más riqueza que cultura y que no conocen otro uso del dinero que gastarlo. Según este mismo autor, se convirtió en alegre compañero de Nerón, quien apelaba a él para imaginar nuevas diversiones y juegos de modo de pasar el tiempo placenteramente. Sin embargo como muchos de los amigos y asociados de Nerón, Petronio tuvo mal fin. Las sospechas de Nerón, que eran siempre fáciles de despertar, cayeron sobre él, y Petronio prefirió suicidarse antes que esperar la muerte a manos de otros. Se han descubierto relaciones literarias con Séneca, Plinio el Joven, Marcial y Apuleyo, pero estas relaciones son interpretadas por los eruditos en función de la época en que cada cual sitúa preferentemente la obra de Petronio, al ser en sí mismas ambivalentes, pues cabe interpretar respectivamente que sea Petronio el imitador o el imitado.

Contrario a los epicúreos se encontraban los de la escuela estoica fundada por Zenón y a la que pertenecía Séneca, contemporáneo de Petronio y obligado a suicidarse, bajo la acusación de haber tomado parte en una conspiración contra el Emperador.

Los partidarios de la datación tardía, por su lado, lanzan argumentos nada desdeñables: la relación de la obra con la llamada “segunda sofística” del S. II d.C.; determinadas creencias o costumbres subyacentes en la Cena de Trimalción; que más o menos parece ser que se extendieron por esa misma época; y el relieve de determinados fenómenos de lengua y estilo que se suponen más normales en tránsito de los siglos II a III de nuestra era. Unos y otros indicios   son justificados y neutralizados por unos y otros. Y, con todo, la mayoría se inclina más o menos definitivamente al S. I de nuestra era.

Claro que la aceptación de esta datación, aún con varios decenios de margen, conlleva el problema del autor, que es de más dificultosa solución todavía. Tradicionalmente, y dado que puede asegurarse, a partir del testimonio de la escasa tradición directa o indirecta, que el nombre del escritor fue Petronio Arbitro, ha venido realizándose una identificación, sugerida en buena parte por el relato dramático que se lee en los Annales de Táscito 16. 18-20; Tácito, en efecto presenta allí en vigorosos trazos la personalidad de Gayo Petronio, un elegante y exquisito personaje de la intimidad de Nerón, en cuyo ambiente era tenido por “elegantiae arbiter” (árbitro de todo refinamiento), al que el propio emperador obliga a darse muerte. La intrigante y atractiva personalidad de este personaje bastaron durante siglos para hacer del Petronio taciteo el autor del Satiricon; y es de justicia reconocer que sigue siendo esta la identificación más verosímil de cuantas han sido propuestas recientemente.

De hecho parece que podemos pensar que ya lo identificaron así los antiguos desde el S. III, porque quizá de la caracterización tacitea ha salido el cognomen tradicional para el autor del Satyricon. En efecto, Arbiter no parece que sea un cognomen frecuente en Roma y totalmente desconocido en la gens petronia; por otro lado; suponer que Tácito, al denominarlo “elegantiae arbiter”, ha hecho un juego con su nombre, es acusar de trivialidad y falta de comedimiento a Tácito, y ello en momentos de gran dramatismo como los descritos en el libro 16 de los Annales. Si esto es así, toda duda sobre la fecha de composición de la novela desaparecería, pues tendríamos un término fijo mínimo, los años 60-64 en los que Lucano escribe su Farsalia, parodiada y remedada de alguna manera en el poema de bello ciuili(119-124) que compone Eumolpo, y un término máximo, el año 65 en que parece producirse el suicidio de Petronio tal como es prescrito por Tácito.

Actualmente el Satyricon está muy incompleto, pues poseemos de él, por lo que parece, una décima parte. Se trata de una novela escrita en primera persona, es decir narrada por uno de los personajes, en este caso el llamado Encolpio,  en la que se combinan diestramente la técnica de la narración de viajes con la sátira y la novela amorosa.  Es indudable la relación de “género” con los modelos y formas satíricos y sus distintas variaciones, social, de costumbres y literaria. Se ignora cual podría ser la trama del total de la obra, pues los fragmentos que se nos conservan representan sólo unas aventuras de los personajes en una ”ciudad griega”:

81.    “... Sin embargo, no dejé correr mucho tiempo las lágrimas, sino que con el temor de que encima Menelao, nuestro pasante, para colmo de mis males, me encontrara solo en la posada, recogí mi equipaje y triste arrendé un rincón apartado y próximo al mar. Allí estuve tres día encerrado reconsiderando sin cesar mi soledad y mi humillación; me golpeaba el pecho, que deshacían los sollozos, y entre suspiros salidos del fondo del alma una y otra vez me decía en voz alta:

- Pues ¿no me ha podido tragar la tierra después de esta calamidad? ¿Ni el mar, tan implacable hasta con los inocentes?¿Escapé de la justicia, vencí en la arena, maté a mi huésped para después de estos títulos de audacia, quedarme abandonado, mendigando y desterrado, en una posada de una ciudad griega”...

Esta mención es la única aparentemente concreta al lugar donde se desarrolla la acción, esto es en una de las ciudades del sur de Italia, llamada a la sazón Magna Grecia, un corto viaje por mar, un naufragio y la llegada y estancia en Crotona. Los episodios aventurescos en la “ciudad griega” -situada en la Campania aunque no se sabe si Cumas, Nápoles, Pozzuoli etc.- que parecen haber constituido el libro 15 de la obra completa, forman la llamada Cena de Trimalción, verdadera obra maestra de análisis social y lingüístico que no tiene parangón en el mundo literario romano, ni aún teniendo presente la llamada “Cena de Nasidieno” de Horacio (Sat.2. 8), por más que la estimemos fuente de inspiración petroniana, siendo como es más sucinta, esquemática y endeble que el episodio de Petronio.

31. ...”El caso es que fueron presentados unos aperitivos muy variados; en efecto todos estaban a la mesa excepto Trimalción, al que se le reservó según la nueva moda la cabecera.”...

En este párrafo se alude a  cómo en las comidas romanas hasta el siglo I a.C. solía haber tres lechos con tres puestos cada uno: el señor de la casa ocupaba el primer puesto en el último lecho; posteriormente cada lecho acogió cuatro, cinco, y más convidados. Aquí al comenzar el banquete hay en total catorce, al final muchos más, pues incluso son admitidos los esclavos. Trimalción ocupa el primer puesto del primer lecho contra la costumbre antigua. Es sólo uno de los muchos retratos costumbristas de la sociedad que describe la mencionada Cena.

Muy de otra índole, aunque no menos interesante como ambientación y como narración aguda, es el episodio de la navegación hasta Crotona (100-117) y el de los sucesos en esta antigua ciudad (118-141).

La obra de Petronio se destaca por su maravilloso sentido del humor y por la vastedad y lo profundo de sus conocimientos literarios que hacen del Saytiricon una de las más perfectas producciones de crítica de la antigüedad. Pero es preciso señalar que Petronio no puede ser considerado sin más un satírico, y ello aunque su obra se denomine de esta manera; pues por más que el nombre de esta novela remonte al original  -y al menos hay que reconocer que es muy antiguo-, alude más a la variedad y abigarramiento de su contenido (satura en latían vale lo mismo que silva en español clásico), que a su supuesta crítica moral. En Petronio falta totalmente el fin y la conclusión moralizante necesarias y presentes en las obras de este género, sin lo que no puede hablarse de sátira propiamente dicha.; pero esto no deja de resultarnos sorprendente si se tiene en cuenta la interpretación moral que dio a los fragmentos petronianos la Edad Media.

El dominio de la variedad de estilos que lleva de los discursos más o menos retóricos, a las composiciones epigramáticas, épicas o líricas con diversos metros, intercalados en la narración en prosa  -lo que constituye el prosimetrum antiguo- solo es comparable con la riqueza lingüística de que hace gala Petronio, singularmente como medio de caracterización de personajes en la Cena de Trimalción. Los preciosos cuentos que inserta en la trama como el de la viuda de Efeso (111 – 112), derivado de la más severa literatura antifeminista del mundo romano;  el del hombre lobo, brillante testimonio del folklore licantrópico (61 – 62) o el redondo y logradísimo del mancebo de Pérgamo (85 –87), que obtiene un efecto admirable por su bella estructura, prueban que supo recoger de variadas fuentes elementos que redujo a una unidad perfecta.

En cuanto a la narración de base, ofrece el contraste entre un hombre de letras, que es el narrador – protagonista, y los distintos ambientes en que la acción tiene lugar: se da una sorprendente perspectiva que permite al narrador sentirse espiritualmente alejado y como ajeno a cuanto sucede a su alrededor. Quizá Petronio ha querido así hacer ver el encasillamiento de las gentes dedicadas a la cultura que viven de espaldas a la realidad, tal como se dice de modo bien explícito en diversos pasajes del Satyricon.

Como juego literario, la obra petroniana no tiene comparación en la literatura latina: en efecto, alejada de todos los géneros literarios participa de muchos de ellos por marcadas imitaciones que casi siempre acaban en parodia. La estructura misma de la novela combina una supuesta narración, que se presenta como histórica, con una fabulación que se descubre, entre otros momentos, en el hecho de que ni el tiempo ni el lugar son, en general, coherentes. Que no se trata de simple historia ya lo prueba la presencia de declamaciones retóricas inmersas en la acción, ejemplos de diatriba, de poesía filosófica, gnómica o epigramática, la inclusión de epístolas como las de Circe y Polieno, el desarrollo de simposio en la cena de Trimalción con evocaciones precisas y burlescas de Platón, y la incorporación de dos largos poemas uno épico y otro entre épico y didáctico. Para los que nos acercamos a este texto por primera vez, nos resulta algo radicalmente distinto en la literatura latina, maravillándonos. Probablemente el propio autor tuvo clara conciencia de este hecho, y cabría suponer que parte del vacío que siempre ha rodeado la novela de Petronio se haya debido a la falta de comprensión de obra tan novedosa.

El Satyricon se ha conservado de manera muy fragmentaria. No sin fundamento se sostiene que ya tuvo desde el principio poca difusión, pues en el mundo antiguo son solo dos eruditos los que mejor parecen haberlo conocido y apreciado: el metricista  -o estudios de las técnicas de métrica poética- Terenciano Mauro, que parece haber vivido en el Siglo III, y el lexicógrafo y arqueólogo Fulgencio Placíades, del S. IV/V; otros escritores lo conocieron, es cierto, pero más de nombre que de verdad en su obra. Quizá entre los siglos VI y VIII se produjo un proceso de reducción del texto, para evitar su enorme extensión, reducción que llevó a supresiones que acabaron deformando los episodios y haciéndolos inconexos entre sí.

Probablemente por azares de la tradición, y por la riqueza y la variedad léxica de Petronio, fue copiado mejor que peor en ambientes irlandeses en los siglos VII y VIII -en las Islas Británicas o en el Continente- y así llegó al S. XV en que lo redescubrió Poggio Florentino. Durante la Edad Media fue conocido por ejemplo por Juan de Salisbury; y ciertos pasajes, anécdotas o textos intercalados obtuvieron el privilegio de una notable difusión en antologías moralizantes.

En la península no fue conocido hasta el S. XVII; entonces lo leyó entre otros eruditos, Quevedo. Su crudeza, sin embrago, no lo hizo popular: hasta fines del Siglo XIX no fue traducido al español, y entonces en traducciones a través del francés y casi siempre dotadas de una serie de complementos -ficticios- debidos al francés Nodot, que se sintió obligado a completar, a su arbitrio, ciertos episodios y sobre todo a desarrollar cuantos elementos podían facilitar el encadenamiento de episodios de difícil ensamblado. Hay que señalar, que en esta misma línea un escritor español, el abate Marchena, fraguó todo un fragmento -en buen latín petroniano- que supuso encontrado por él al filo de 1.800 en un viejo manuscrito de la biblioteca de Sankt Gallen, en Suiza. La ficción es de tanta calidad que luego costó trabajo a Marchena convencer a muchos eruditos de que en realidad era él mismo el escritor del fragmento, destinado a completar el episodio de Cuartila (24).[2]

El Satyricon no es sólo la novela realista más antigua de la literatura europea que se nos ha conservado, sino también una de las cumbres de la novelística de todos los tiempos. No obstante los aspectos naturalistas y escabrosos de la novela petroniana no deben hacernos olvidar la presencia en la misma de una fantasía de primer orden, que convierte los que, en manos de un escritor sin genio, hubiera podido quedarse en mero documento de malas costumbres.

BIBLIOGRAFÍA:

Petronio, “Satyricon” edit. Gredos

Carmen Codoñer /Historia de la Literatura Latina  /Cátedra 1.997

Isaac Asimov “El Imperio Romano” Alianza Editorial 1.996

José M. Roldán Hervás “Historia de Roma” Ed. Universidad Salamanca 1.995 


[1] “El Imperio Romano” Historia Universal, Alianza editorial. Tomo 844 1.996

[2]  Manuel C. Díaz y Díaz. Prólogo “Petronio” Lúmen 1.975