| Espectáculos sangrientos:
Se denomina de esta manera a todos aquellos
espectáculos en que necesariamente se
produce derramamiento de sangre por parte de
los animales, ya sea con finalidad deportiva;
demostración de bravura; la caza de animales
bravos como pacíficos, etc. La llamada
"corrida de toros" o lidia, con castigo
de varas, banderillas y estoque, es un espectáculo
que lleva implícito el derramamiento
de sangre. |
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En el campo del periodismo y en obras literarias pocos
temas se hallarían tan removidos, desde la reseña
clásica de la lidia a veces con galanura de estilo,
al estudio erudito o la novela de costumbres cuyos protagonistas
son torero y majas con acusado ribete fundamentalista, que
para algunos podría "sonar" a romántico.
Las corridas de toros vienen siendo tema combatido por ser
fiesta bárbara y sangrienta, por ese temblor de aventura
y muerte que trasflora en el ambiente del ruedo, asalvajando
brutalmente la conciencia humana. Algunos aferrados a sus
arraigos que se pudiera denominar étnicos o ancestrales
defenderían a "capote y espada", que, el
espectáculo se impone a lo largo del tiempo, porque
en él se admira tanto el valor y el arte del lidiador
como la bravura de la fiera, y porque es un símbolo
individualista del carácter hispánico y de
los pueblos a quienes dio sangre, frente a los avatares
de la suerte (¿…?), por el sentimiento del pundonor
torero -olvidando, claro está, el afán de
gloria y de dinero. Creo que, a fin de cuentas, no es más
que la parte más bárbara de iberos, celtas,
helenos, romanos y árabes que perdura en el curso
de los siglos, sin renovarse. En la lidia han querido reconocer,
algunos exaltados, facetas del carácter español,
porque según ellos se trata de una representación
del valor y gallardía de la "raza". Asimismo,
como una reminiscencia de las costumbres caballerescas:
exaltación desmedida del heroísmo y desprecio
a la muerte. Creo que aquí se olvidan reseñar,
aquella casta de lidiadores helénicos que actuaban
sin defensa alguna, validos sólo de la destreza de
los pies y los músculos de sus brazos. El torero
moderno se auxilia de caballos, picas, estoques, peones,
trapos y toda clase de artimañas para debilitar al
animal. ¡Para que hablar de la injuriosa "puntilla"!
El toro fue en la historia el símbolo o mito de la
fuerza, del poder regenerador, y por tanto, de la vida.
En la mitología griega lo hallamos con el nombre
de Zeus que enamorado de Europa en la figura de una princesa,
logra que sobre él cabalgue llevándola por
mar hasta la isla de Creta, cuyos moradores hace más
de cuatro mil años practicaban la lidia con reses
bravas, y al mismo tiempo reverenciaban al toro celebrando
en su honor juegos y fiestas. El toro es uno de los animales
más bellos, porque es el símbolo de lo sublime
dinámico, como el mar o como una tormenta. Pero,
lo más sugestivo es que a este poder casi mitológico
se junta la nobleza de su carácter. El toro no ataca
al hombre, sino cuando se le hostiga o después de
un prolongado cautiverio en el toril. Es natural que su
bárbaro coraje, excitado por la soledad se trueque
en una vorágine de feroces acometidas contra el capote,
y forma fantasmal del sujeto que oprime su libertad.
Es deprimente la contemplación de tan nobles y graves
animales, caer de rodillas o rodar por la arena a los pies
de un hombre vestido de seda y oro, que reclama honorarios
fabulosos y, que impunemente armado de una espada, les arrebata
la vida de forma tan desconsiderada y cruel, proporcionándoles
una prolongada agonía que satura la plaza con débiles
mugidos. En verdad que no acierto a encontrar por parte
alguna, la belleza caballeresca de tan sangrienta "fiesta
nacional".
Lo que no deben olvidar los defensores, a ultranza, de
la lidia:
El ser humano está obligado a la conmiseración
hacia todas las especies animales aun las más fieras,
porque a ello obliga al natural instinto intelectual. Eso
o que dejemos de considerarnos animales racionales.
En el orden religioso, un aviso a este país considerado
mayoritariamente católico: Se considera pecado grave
el hecho de exponerse "sólo para ganar dinero"
con peligro próximo o posible de muerte, excitando
a las fieras. También entre algunos moralistas, se
incluye como forma de suicidio, con lo cual, y cae de razón
que, debería penalizarse públicamente tan
siniestro espectáculo, además de a patrocinadores;
defensores sin escrúpulos de pluma fácil que
espolean al "pecado publico; toreros y su cuadrilla,
como los espectadores que a ello les excitan. Eso, o que
este país deje de proclamarse católico apostólico
y romano.
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