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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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LA FIESTA NACIONAL


Por Pilar G. Cuadros
mariadelpilargc@telefonica.net

Espectáculos sangrientos: Se denomina de esta manera a todos aquellos espectáculos en que necesariamente se produce derramamiento de sangre por parte de los animales, ya sea con finalidad deportiva; demostración de bravura; la caza de animales bravos como pacíficos, etc. La llamada "corrida de toros" o lidia, con castigo de varas, banderillas y estoque, es un espectáculo que lleva implícito el derramamiento de sangre.
LA FIESTA NACIONAL

En el campo del periodismo y en obras literarias pocos temas se hallarían tan removidos, desde la reseña clásica de la lidia a veces con galanura de estilo, al estudio erudito o la novela de costumbres cuyos protagonistas son torero y majas con acusado ribete fundamentalista, que para algunos podría "sonar" a romántico. Las corridas de toros vienen siendo tema combatido por ser fiesta bárbara y sangrienta, por ese temblor de aventura y muerte que trasflora en el ambiente del ruedo, asalvajando brutalmente la conciencia humana. Algunos aferrados a sus arraigos que se pudiera denominar étnicos o ancestrales defenderían a "capote y espada", que, el espectáculo se impone a lo largo del tiempo, porque en él se admira tanto el valor y el arte del lidiador como la bravura de la fiera, y porque es un símbolo individualista del carácter hispánico y de los pueblos a quienes dio sangre, frente a los avatares de la suerte (¿…?), por el sentimiento del pundonor torero -olvidando, claro está, el afán de gloria y de dinero. Creo que, a fin de cuentas, no es más que la parte más bárbara de iberos, celtas, helenos, romanos y árabes que perdura en el curso de los siglos, sin renovarse. En la lidia han querido reconocer, algunos exaltados, facetas del carácter español, porque según ellos se trata de una representación del valor y gallardía de la "raza". Asimismo, como una reminiscencia de las costumbres caballerescas: exaltación desmedida del heroísmo y desprecio a la muerte. Creo que aquí se olvidan reseñar, aquella casta de lidiadores helénicos que actuaban sin defensa alguna, validos sólo de la destreza de los pies y los músculos de sus brazos. El torero moderno se auxilia de caballos, picas, estoques, peones, trapos y toda clase de artimañas para debilitar al animal. ¡Para que hablar de la injuriosa "puntilla"!

El toro fue en la historia el símbolo o mito de la fuerza, del poder regenerador, y por tanto, de la vida. En la mitología griega lo hallamos con el nombre de Zeus que enamorado de Europa en la figura de una princesa, logra que sobre él cabalgue llevándola por mar hasta la isla de Creta, cuyos moradores hace más de cuatro mil años practicaban la lidia con reses bravas, y al mismo tiempo reverenciaban al toro celebrando en su honor juegos y fiestas. El toro es uno de los animales más bellos, porque es el símbolo de lo sublime dinámico, como el mar o como una tormenta. Pero, lo más sugestivo es que a este poder casi mitológico se junta la nobleza de su carácter. El toro no ataca al hombre, sino cuando se le hostiga o después de un prolongado cautiverio en el toril. Es natural que su bárbaro coraje, excitado por la soledad se trueque en una vorágine de feroces acometidas contra el capote, y forma fantasmal del sujeto que oprime su libertad.

Es deprimente la contemplación de tan nobles y graves animales, caer de rodillas o rodar por la arena a los pies de un hombre vestido de seda y oro, que reclama honorarios fabulosos y, que impunemente armado de una espada, les arrebata la vida de forma tan desconsiderada y cruel, proporcionándoles una prolongada agonía que satura la plaza con débiles mugidos. En verdad que no acierto a encontrar por parte alguna, la belleza caballeresca de tan sangrienta "fiesta nacional".

Lo que no deben olvidar los defensores, a ultranza, de la lidia:
El ser humano está obligado a la conmiseración hacia todas las especies animales aun las más fieras, porque a ello obliga al natural instinto intelectual. Eso o que dejemos de considerarnos animales racionales.

En el orden religioso, un aviso a este país considerado mayoritariamente católico: Se considera pecado grave el hecho de exponerse "sólo para ganar dinero" con peligro próximo o posible de muerte, excitando a las fieras. También entre algunos moralistas, se incluye como forma de suicidio, con lo cual, y cae de razón que, debería penalizarse públicamente tan siniestro espectáculo, además de a patrocinadores; defensores sin escrúpulos de pluma fácil que espolean al "pecado publico; toreros y su cuadrilla, como los espectadores que a ello les excitan. Eso, o que este país deje de proclamarse católico apostólico y romano.

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