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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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LA GRAN INCÓGNITA


Por Pilar G. Cuadros
mariadelpilargc@telefonica.net

 
LA GRAN INCÓGNITA

En nuestro tiempo no corresponde a la filosofía andar en averiguaciones sobre cuál debió ser el origen del Universo, de la Vida, del Hombre, porque ya existen ciencias particulares -Cosmología, Biología y Antropología)- que investigan profundamente sobre estas materias y en las que sean logrado inmensos progresos, si bien quedan por resolver muchas cuestiones que no se han esclarecido satisfactoriamente por faltas de pruebas, y aún se anda en conjeturas e hipótesis más o menos acertadas y razonables, en las cuales la madre filosofía puede meter su cuarto a espadas, por ver la manera de dar alguna luz a los débiles indicios. Quizá, antes de que el siglo termine, se hayan resuelto algunas de aquéllas que hoy se presentan como indescifrables misterios. En la filosofía antigua eran precisamente las cuestiones naturales -físicas- las que ocupaban la atención de los pensadores, desdeñando o dejando en segundo lugar toda otra clase de investigación. ¿Qué es el mundo? Esta era la gran incógnita.

Pienso que el filósofo no puede individualmente, descubrir "toda la verdad", ni siquiera una parte importante de ella, como tampoco la puede presentar una ciencia en particular, pues cada uno de sus descubrimientos presuponen razones que reclaman "otras causas". No ha mucho era desconocida la estructura íntima de la célula y del átomo. Mas ¿podemos afirmar que se ha llegado a la intimidad indivisible de la materia? Eso se creía respecto a la molécula.

El concepto mecanicista-vitalista de la naturaleza considera que todo se debe a causas recíprocas "ad acternum". En ello parece fundarse la teoría correlacionad o interrelacionad de AMOR RUIBAL, aunque deja a salvo la obra creadora. Pero esta solución no satisface a todos, porque presupone la eternidad de la materia. El hombre continúa aún en su perplejidad, en su "asombro" como en los primeros tiempos del filosofar, ante lo desconocido. Es como si hubiese subido a una montaña y desde allí descubriera horizontes más amplios, pero nada más.

Cuando meditamos frente a la unidad y orden del Universo, el creyente, como dice EBNER, afirma la finalidad. Para la ciencia el Cosmos no deja de ser una fase momentánea del Caos, con apariencia de orden.

Quizá nunca se llegue más que a una ínfima parte de la realidad.

Me pregunto:
¿Qué es lo primero: la filosofía especulativa o la filosofía natural? La filosofía especulativa tiene un campo, aparentemente amplísimo, pero limitado, en cuanto se enfrenta con la realidad de las cosas. Y por otra parte ¿pueden ser aplicados a la filosofía los métodos de las ciencias naturales? ¿o éstas han de realizarse con arreglo al de las ciencias especulativas? Pienso que ambas cuestiones no pueden separarse, porque todas las hipótesis científicas que han sido fundamento de grandes progresos, no fueron que otra cosa que buen filosofar; pues ¿no es filosofía lo que se llama "calculo de provalidades" o "leyes estadísticas" por medio de las cuales hemos profundizado en causas y misterios del Universo? Es atrevida la pretensión de que una rama cualquiera de la ciencia pueda representar a ésta en su toda su plenitud y resolver de esta manera toda la problemática del saber humano.

La primera observación de la mente ante los fenómenos de la naturaleza, es que el Cosmos está sujeto a leyes. Para combatir este principio, JUAN FINOT se atrevió a decir que "sin la inteligencia humana, ni leyes ni ciencia; sin nuestra facultad de concebir las relaciones entre los fenómenos, no habría leyes, ni por tanto ciencia". Pero en el supuesto de que desapareciera el hombre sobre la tierra y de todos los mundos posibles, el Cosmos había de seguir lo mismo. El problema no es cuestión de ideologías, sino de realidades.

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