En nuestro tiempo no corresponde a la filosofía
andar en averiguaciones sobre cuál debió ser
el origen del Universo, de la Vida, del Hombre, porque ya
existen ciencias particulares -Cosmología, Biología
y Antropología)- que investigan profundamente sobre
estas materias y en las que sean logrado inmensos progresos,
si bien quedan por resolver muchas cuestiones que no se
han esclarecido satisfactoriamente por faltas de pruebas,
y aún se anda en conjeturas e hipótesis más
o menos acertadas y razonables, en las cuales la madre filosofía
puede meter su cuarto a espadas, por ver la manera de dar
alguna luz a los débiles indicios. Quizá,
antes de que el siglo termine, se hayan resuelto algunas
de aquéllas que hoy se presentan como indescifrables
misterios. En la filosofía antigua eran precisamente
las cuestiones naturales -físicas- las que ocupaban
la atención de los pensadores, desdeñando
o dejando en segundo lugar toda otra clase de investigación.
¿Qué es el mundo? Esta era la gran incógnita.
Pienso que el filósofo no puede individualmente,
descubrir "toda la verdad", ni siquiera una parte
importante de ella, como tampoco la puede presentar una
ciencia en particular, pues cada uno de sus descubrimientos
presuponen razones que reclaman "otras causas".
No ha mucho era desconocida la estructura íntima
de la célula y del átomo. Mas ¿podemos
afirmar que se ha llegado a la intimidad indivisible de
la materia? Eso se creía respecto a la molécula.
El concepto mecanicista-vitalista de la naturaleza considera
que todo se debe a causas recíprocas "ad acternum".
En ello parece fundarse la teoría correlacionad o
interrelacionad de AMOR RUIBAL, aunque deja a salvo la obra
creadora. Pero esta solución no satisface a todos,
porque presupone la eternidad de la materia. El hombre continúa
aún en su perplejidad, en su "asombro"
como en los primeros tiempos del filosofar, ante lo desconocido.
Es como si hubiese subido a una montaña y desde allí
descubriera horizontes más amplios, pero nada más.
Cuando meditamos frente a la unidad y orden del Universo,
el creyente, como dice EBNER, afirma la finalidad. Para
la ciencia el Cosmos no deja de ser una fase momentánea
del Caos, con apariencia de orden.
Quizá nunca se llegue más que a una ínfima
parte de la realidad.
Me pregunto:
¿Qué es lo primero: la filosofía especulativa
o la filosofía natural? La filosofía especulativa
tiene un campo, aparentemente amplísimo, pero limitado,
en cuanto se enfrenta con la realidad de las cosas. Y por
otra parte ¿pueden ser aplicados a la filosofía
los métodos de las ciencias naturales? ¿o
éstas han de realizarse con arreglo al de las ciencias
especulativas? Pienso que ambas cuestiones no pueden separarse,
porque todas las hipótesis científicas que
han sido fundamento de grandes progresos, no fueron que
otra cosa que buen filosofar; pues ¿no es filosofía
lo que se llama "calculo de provalidades" o "leyes
estadísticas" por medio de las cuales hemos
profundizado en causas y misterios del Universo? Es atrevida
la pretensión de que una rama cualquiera de la ciencia
pueda representar a ésta en su toda su plenitud y
resolver de esta manera toda la problemática del
saber humano.
La primera observación de la mente ante los fenómenos
de la naturaleza, es que el Cosmos está sujeto a
leyes. Para combatir este principio, JUAN FINOT se atrevió
a decir que "sin la inteligencia humana, ni leyes ni
ciencia; sin nuestra facultad de concebir las relaciones
entre los fenómenos, no habría leyes, ni por
tanto ciencia". Pero en el supuesto de que desapareciera
el hombre sobre la tierra y de todos los mundos posibles,
el Cosmos había de seguir lo mismo. El problema no
es cuestión de ideologías, sino de realidades.
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