- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus

Agenda: destacados

Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009


Publicar en Liceus
Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

 Ir al artículo...

 

  Guías culturales

RELATOS


Por Pilar G. Cuadros
mariadelpilargc@telefonica.net

¿DIOS CREÓ SIN MOTIVOS?

Oscuridad total en la cabaña. Lejos los obuses del enemigo encienden en rojeces sangrientas en el lejano horizonte como en noche de caléndulas.
La mujer mira al recién nacido inventándose una alegría entre lágrimas. Una alegría que no tiene palabra interna con la cual expresar. Nada necesita está mujer para conocerse, para saberse instrumento de un designio fatal. Allí, apenas a dos kilómetros el primogénito, de diez años, aprieta furioso contra el hombro la culata de un fusil esperpéntico. Y, apenas a dos pasos otro hijo con un año escaso se muere de hambre y frío.

- ¿Tienes una cinta para el ombligo?
- Esta vez no. No más.
- ¿No? ¿No, qué?
- A su vida; no al puñado de arroz; no a la milicia; no al padre de las misiones. ¡No a Dios!
- ¡Morirá…!
- Entre mis brazos, y sujeto al calor de mi pecho.
El fuego del horizonte se mezcla con el blanco-celeste de un cielo que promete calor y moscas.
El mediano de María gatea hasta la madre, como puede se encarama a su regazo y con mano insegura descubre el rostro arrugado del okupa. De saber hablar diría: ¡Una boca más!
María se pone en pie, y con una banda de tela sujeta al nonato moribundo, contra su pecho. Toma al pequeño de la mano y se encamina a las misiones. Yerbajos poderosos crecen por doquier. Es tierra de secano. No tan lejos un pozo inmenso hace las delicias de un grupo de militares extranjeros, que protegen una red de agua potable hasta la Misión del Niño Jesús, reverdeante de plantas florales; frutos tropicales; a más de algunas verduras europeas.
Largos bancos de madera se alinean bajo chamizos descuajeringados. Una monja sin hábito corta trozos de pan sin levadura, con el ritmo que presta la costumbre. María se le acerca solicita. La otra para el avance con el ceño fruncido.
- ¿Te has lavado las manos?
- Sí, madre ¾contesta Maria, mostrándole las palmas aún chorreantes.
- ¿Y el niño?
- También, madre.
- Bien, puedes ayudar con el reparto.
Alguien hecha un cucharón de arroz en los cuencos de hojalata.
Después de media hora de trabajo, suplica María:
- Podemos irnos a casa no me encuentro bien…
- No. Ahí tienes donde sentarte. Escucharás la palabra de Dios, tú proveedor.

Humildemente, María, obedece.
Poco a poco los bancos se van llenando de manos ansiosas; ojos inmensamente negros sin brillo; pies descalzos sucios de heridas y callosidades; de trapos viejos muy limpios y cuidados; de niños, mujeres y algún que otro varón anciano.
La voz del cura, brota como un anuncio a colonia, entre los hijos del hombre:
- ¡Ay de ti si, en vez de ser fiel a lo que prometiste en el bautismo, apostatas, o eres infiel a la palabra que diste! ¡Ay de ti si no cumples con lo prometido, y además criticas y censuras; te burlas o mofas de la conducta de los verdaderos cristianos! ¡Ay de ti! repito, porqués capillo eres y la vela encendida que significa la luz del buen ejemplo que has de dar, y todo aquello que se practica en el santo Bautismo. Porque en aquel terrible día en que Jesús, a quien ahora pecando persigues, ha de juzgarte… Que lo creas o no, que te acuerdes de ello o lo olvides, día vendrá no tan lejos, que has de morir y ser juzgado, y salvo o condenado, según tus buenas o malas obras; y por más que le des vueltas de ello no te librarás… -Pausa-, antes de que probéis los alimentos os daré la comunión, recordar que no hay delito que más ofenda a Dios que el de la comunión sacrílega…, es tan enorme, que Dios no espera a castigarlo en el infierno, sino que ya empieza en este mundo con enfermedades y muertes; padeciendo, gravísimos males corporales e intolerables dolores en las entrañas…, hasta morir reventados. Hay muchos poseídos del demonio por causa de este delito -el cura guarda unos segundos

de silencio que emplea en observar a su congregación, les sabe hambrientos y deseosos que de término al sermón. Continúa inmisericorde con una manida parábola¾: Había en cierto pueblo una señora que en una muy solemne fiesta pública fue a confesar; y el confesor, hallándola en ocasión próxima de pecado, le dijo que no podía adsorberla si no se apartaba primeramente de la ocasión, y que aquel día no podía recibir la sagrada Comunión; pero ella quiso recibirla, por el qué dirá sin hacer caso de lo que le dijo el confesor, al momento que tuvo la sagrada Hostia en la garganta, la ahogó, quedando muerta en la misma iglesia en presencia de mucha gente. Por lo tanto apreciados hermanos y hermanas en Jesucristo, por el amor que os profeso os suplico y encargo no recibáis jamás la sagrada comunión en pecado mortal… Más no te asustes sin en tan desgraciado estado te encuentras. Confiésate bien antes, y de veras arrepentido; excítate a muchos y fervientes actos de humildad, confianza tu amor por Cristo, y comulgando con esta disposición quedarás lleno de los grandes y celestes frutos que causa la sagrada Eucaristía, a quien la recibe dignamente. ¡Qué así sea! Podéis acercaros.
María, mira al hijo agonizante que pegado a su pecho muere lentamente. La fila que conforman los devotos es compacta, ni un hueco.
María, con el pequeño bien agarrado de la mano va retrocediendo, así hasta que no queda más que ella. Le tiemblan ostentosamente los gruesos labios. Paso a paso se retira sin recibir la sagrada forma, la monja sin hábito le acompaña en tan doloroso trance. El cura dice:
- Pax dómini.

Camino a la choza, pregunta la monja que ve demonios por todas partes:
- ¿Por qué, hija mía, no has querido recibir la Comunión?
Un minuto de silencio.
María se toma tiempo para desgranar en sus entrañas el dolor de la infamia y dice:
- Vivo en pecado mortal. Espero que Dios todopoderoso me perdone.
- Nuestro señor pone a prueba a sus almas más queridas. Reconfórtate en la oración.
A lo que responde María:
- Este pecado es del alma…, Dios no lo perdonará.
- ¡Sí, María, basta con arrepentirte y tener propósito de enmienda!
María se ríe entre lágrimas y dice:
- ¡No hay enmienda que valga! ¡Nunca más!

¿DIOS CREO SIN SENTIDO?

EL RECLAMO DE UN ANUNCIO

La Casa de los Balea, es un edificio maltrecho con tantos recodos como escaleras; miradores falsos como ventanas cegadas; despensas y alacenas inservibles; con áticos y sótanos como habitaciones.

Cien años en venta, y estando junto a un bello parque nadie la compra. La historia de la Casa de los Balea, es triste y pecaminosa. Los dueños esperan a un turista que ignore los pormenores de los hechos allí acaecidos y se decida. Pero el lugar, ni por poco, se asemeja a una zona turística ni tiene pretensiones de parecerlo.

El pueblo Los Tres Álamos, es recóndito y fiero. Sólo alguna que otra adelfa crece entre los pedruscos de sus escabrosas calles, que más parecen caminos de cabras monteses, todas en cuesta y todas van a dar a la ermita de Santa Águeda; maltrecha propiedad de un santo varón de Castilla, donada al pueblo después que un obús afrancesado la destrozara.

Ellos, los franceses, con su historia de la Revolución se portaban como ateos incultos destruyendo el patrimonio religiosos de los pueblos vencidos…, o engañados ¡qué se lo pregunten a Godoy!
__

Año 1809
Hay personas que al cruzarse en nuestro camino dan la impresión de sentir por ellas un gran afecto. Entonces como si sufriéramos de un vértigo de empatía se entrega nuestro ser más allá de los propios deseos, de las propias esperanzas. Tal caso o cosa le ocurrió a la bella Eloisa, hija única de los condes de Balea, con el gondolero. Eloisa tenía su casita de muñecas en el señorial parque de la finca, a orillas del lago natural, y el guapo Miguel su barca y el trabajo.

La muchacha y el gondolero sentían el fuego de la pasión en la sangre joven y briosa que corría por sus venas, y en el pensamiento donde se engarzan las perlas del amor. Ellos sentían ese tesoro y lo acrecentaban con mimoso tacto. Nunca pasaron del trato casto y suave que embelesa y subyuga los sentidos; porque plenos estaban dentro de una dulce romanza que hablaba de poesía y de sueños, sentimientos auténticos y tenaces que viviera por los siglos de los siglos en la memoria del pueblo.
___

La primera noticia de la invasión napoleónica, en Tres Álamos, llegó con el estruendo de un obús al explosionar sobre la ermita de Santa Águeda.
Aún los vecinos no habían recuperado el control de los sentidos, cuando el galope de un batallón de soldados compuesto por cuatro compañías, a caballo, atronó las tranquilas calles del pueblito.

Cinco minutos después, en el balcón del ayuntamiento, hondeaba orgullosa al viento la bandera tricolor del país vencedor, junto a los cuerpos magullados del señor alcalde y tres concejales, colgados por el gaznate.

En la Casa de los Balea, resistió hasta el último hombre mujer o niño.

Murió el duque atravesado por su propia espada, el gondolero en brazos de Eloisa, el secretario un capataz y diez campesinos junto a la Duquesa que fue pasada a cuchillo por negarse a entregar el collar de perlas grises, testimonio de su grandeza.

Destrozaron, los gabachos, la gracia del edificio ducal convirtiéndolo en acuartelamiento. Tendrían que pasar seis días para que un soldado de la guardia diera con Eloisa a orillas del lago, manteniendo el cuerpo putrefacto del gondolero entre los brazos.

Eloisa parecía abandonada de la razón, perdida en la lejana noche de los tiempos. Eso parecióle al capitán, por que los balbuceos en el habla de la joven no estaban constituidos en voces, ni en sonidos representativos de los posibles estados de su conciencia, sino de las sensaciones de asombro experimentadas en su psique ante el espectáculo horroroso, al que había sobrevivido.

Alimentada a mano por el capitán pronto recuperó la lozanía del cuerpo, no del espíritu. Erraba por la casa ducal, buscando cosa tan banal como su muñeca de trapo.

El cuerpo de la joven aún púber levantaba los deseos más pecaminosos de aquella turba humana. El capitán intentó mantener apartados a sus hombres de la joven, mas ella parecía preferir la compañía de la tropa soez, como si buscara alimento en los gusanos del lodo, que aquellas bestias tenían por conciencia.

El capitán enamorase con hartura de la duquesita.

Conquistar a Eloisa fue para el capitán negocio visto y logrado. Había aprendido muchos donaires en su trato con las mujeres en los pueblos conquistados, mostrando una sumisión hipócrita de amoroso rendimiento con las cautivas, a las que abandonaba, después, deshonradas y humilladas. Con Eloisa iba ha ser distinto.

No diremos que Eloisa se le resistió, al menos eso le pareció a la cocinera, vieja de peligroso talante que en el asedio a la casa había matado diez a soldados con el arcabuz de su marido, pertrechada tras una horrible gárgola. Salvó la vida porque nadie tuvo el pensamiento puesto en que tal sombra de mujer, hubiese tenido los redaños suficientes para manejar la pesada arma que se halló a su lado.

El capitán había puesto cerco a la fortaleza de la virtud de Eloisa, con una muchedumbre de alabanzas; adulaciones, y alcahueterías de todo jaez. Perdiendo en el empeño su propia paz. ¿Le conquistó el espíritu? Pronto vería la cocinera que no.

El capitán paseaba orgulloso del bracete de Eloisa, un botín codiciado por todos sus hombres, por el parque donde el espíritu del gondolero vagaba angustiado, entre los olvidados nenúfares que habían podrido sus jóvenes carnes. Lloraba el gondolero con la tristura sin consuelo de las ánimas en pena, en penas de amor.

De tan oscura manera recuperó la hija del Duque el estatus de dueña de la mansión. Allí dónde se había derramado la sangre de todos sus amores, ella gozaba de una calma chicha, dulce y aparente.

-Querida -dijo un día el capitán, con su hermoso acento itálico, afrancesado-, no es seguro que andes entre la tropa…, sin medias y con los senos al aire.

Y la cubrió de gasas, besos y joyas. Eloisa se sonrió amistosa y complacida, mas siguió comportándose tal cual, en una amoralidad extraña.
El capitán pasaba el tiempo celándola, pero la casa tenía más de dos puertas, y él algunas horas que emplear en su oficio.
___

Año 1812
A la cocinera le era imposible encontrar barriles de vino donde ocultar los hombres asesinados a manos de la tierna Eloisa.

Cuando los invasores aseguraban que el espeso caldo cada vez estaba más exquisito, la requetevieja mujer, sentía aflojársele la andorga.
Como la tropa vagaba a sus anchas por tabernas y burdeles del puerto, no era fácil controlar su número. Pasaría casi dos meses para que un sargento estudioso y casi barbilampiño, poco dado a los excesos de la tropa, sospechó que algo andaba que muy mal en el acuartelamiento.

Dijo:
-Mi capitán, la tropa está diezmada.
Mando el capitán tocar retreta. ¡Catorce hombres de trescientos! El capitán después de emborracharse por primera vez en su vida, telegrafió a al comodoro y no hallándole en el buque que ya estaba camino a Francia, mandó tocar a zafarrancho de combates. Los cuatro gatos a su servicio, tan borrachos y desprevenidos como él, sucumbieron entre los brazos de sus amantes…

___

Año 2005
Un nuevo alcalde, del pueblito de los Tres Álamos, se ha propuesto restaurar la Casa de los Balea, está decidido a terminar con la maldición, de paso hacer negocio.

Todos los concejales están de acuerdo, exceptuando a Eusebio con cien años de vida o más, hombre del que nadie sabe de sus familiares y cuyo patronímico es arto dificultoso para el hablar de los pueblerino (Erasmos de Rótterdam) y por ello rebautizado como "Eusebio". Eusebio es aceptado con buen talante por la mayoría del consistorio en vista de complacer a la tercera edad, considerándole de poco lustre e incapaz de mantener en pie una propuesta.

Dijo el concejal viejito:
-¡ No!
-¿ No? -El señor alcalde-. ¿Y por qué?
-Porque, señor alcalde, habrá un reviejo fantasma que no tendrá en donde llorar sus penas de amor. Y se vengará.
El señor alcalde contesta:
-Pues ¡sí! No faltaba más.

___

Un hostal de cinco estrellas, ofrece a la clientela entretenimientos culturales, como teatro de variedades…, que buen escenario hay para ello. Con el adicional y muy singular trasfondo del rehojar de cadenas entre bastidores, salas, salones y pasillos de todo el edificio.
Cuentan, algunos inquilinos que una bella joven se ofrece magnánima…

Ni dos meses después de la inauguración, los desaparecidos se cuentan por docenas. Eusebio, me ordena escribir sus memorias con la historia puesta al día de La Casa de los Albea. "El Periódico Dominical" la publica en la página "Sociedad", dos paginas después anuncia:

HOTEL ALBEA

¿Quieres visitarnos?
Te ofrecemos una degustación gratuita
del mejor caldo de la comarca.

EL VIEJO BRUJO


Cuando niño, de esto hace algunos años, cerca de casa en el limen con el bosque, crecían enmarañados una mata de manzanos enanos, silvestres; allí pasaba todo mi tiempo de asueto.

Un día conforme iba llenado, la mochila, del áspero fruto, me adentre más allá de lo acostumbrado y permitido por mis padres, llegando a pisar tierra boscosa. El asombro lleno mis ojos de una cascada de miedos viejos, de aquellos miedos debidos a la lectura de cuentos ilustrados, con brujas malignas y lobos feroces, que habían acunado mis sueños desde los tres años; un viejo, reviejo y retorcido como un sarmiento, me observaba a la distancia de un tiro de piedra, su aspecto era en verdad satánico, tanto como la portada del cuento Los tres pelos del diablo, una viñeta tan bien lograda que parecía o, quizá, fuera una fotografía del maligno.
-¡ Alex! ¡Alex, ven! -Llamó, haciendo extraños gestos con manos y cara.

¿De qué me conocía aquel individuo? Me dije. ¡No esperará, semejante loco, que me acerque! Tenía bien aprendida, la lección; de no escuchar la voz de un extraño y menos su invitación.

Con más miedo que vergüenza corrí a casa, esturreando mochila y manzanas por el camino. No más llegar pregunté a madre:
-¿ Quién es el viejo que vive tras la mata de manzanos?

Mamá, se persignó y luego me riñó por ir al bosque, pero no me aclaró nada sobre el viejo. Pregunté a la abuela, ella me miró con ojos aterrorizados y sin contestar palabra encendió una vela a la Virgen del Carmen. Esperé a la cena y le pregunté a papá:
-¿ Quién es, el anciano que vive en el bosque?

Me respondió con un cachete, advirtiéndome, de un mayor castigo si en el futuro me alejaba tanto de casa.
La Chacha, que fregoteaban en el lavadero, contestó.
-Son montañas de signos, oscuros...

Como la curiosidad es cabezona, pensé aclarar el misterio que rodeaba al viejo, por mi mismo. Al día siguiente me adentre en el bosque, sin mochila para ir ligero de peso, por si acaso. Pronto, el anciano me salió al paso y cogiendo mi mano, por sorpresa, me arrastró hacia una cabaña, oculta entre unos avellanos.

Me ofreció buñuelos de canela y un vaso de leche, que no tome por precaución.
Sin apartar sus ojillos, duros como la carriona, de los míos, dijo:
-Los habitantes del Valle, me odian hasta la muerte y me teme más allá; el cura ha exorcizado el camino para impedir que pise al Valle. Te agradezco la visita, de corazón, porque de soledad es mi pena.

El calor del hogar atraparon mis sentidos; aunque era por el mes de agosto los leños, verderones, trepidaban alegres en la chimenea, que extendía su embocadura hasta formar dos bancos de piedra; allí estábamos sentados el viejo y yo. Entre ambos había una mesa de roble, pulida y pintada de verde; sobre ella, los buñuelos y la leche.
-¿ De qué vive? -Pregunté, casi curado del miedo.
-Soy amigo de unos seres que hacen nacer en mi huerto hortalizas, frutas, carne, pescado, aceite, harina, huevos..., y escriben, sobre la tierra, el nombre de los niños amables y valientes.
-¿ Qué edad tiene, se le ve arrugadísimo.
-Doscientos años, o más ¾respondió, sin pestañear.
Sus explicaciones me parecieron más bien fantasías; nada dañino vi en ello y por eso le prometí volver. Así, lo hice una vez, otra y otra. Él me ofrecía frutas y dulces, y yo le abastecía de noticias del pueblo: nacimientos, defunciones, bodas, que tanto parecían interesarle; además algún que otro producto de la farmacia de papá, para la fabricación de potingues: unos curaban las pecas y otros ayudaban al crecimiento de las platas..., según él.

Un día llegué y encontré a mi amigo, sin vida. No respiraba, sus brazos y piernas aparecían tiesos. Fui a casa gritando que el viejo del bosque estaba muerto. Corrió la noticia, como dicha con altavoces por desfiladeros.

Todo el Valle se allegó hasta la choza, después de comprobar que estaba difunto y bien difunto, respiraron satisfechos, como si despertaran de una pesadilla.

Mi padre compró, por cuatro céntimos, un ataúd recuperado de la hedentina, y el carpintero Antón, lo arregló con unas tablas y dos manos de nogalina.

Accedieron los vecinos a velarle a instancias del señor cura.
Las mujeres viejas, contaban casos de magia negra, atribuidas al brujo, sentadas en corrillo al rededor del catafalco, mientras las más jóvenes hacían café; grandes cantidades había del aromático producto, guardado en tarros de barro y, lo servían en bellas jícaras de fina porcelana, que el viejo, había dejado dispuestas, para el caso, sobre la repisa de la chimenea, junto a platitos de fina porcelana repletos de bollos de leche.
El muerto, era el único alumbrado directamente, por los cuatro cirios de rigor, el resto de la habitación estaba sumida en una semipenumbra agorera de apariciones.

Para pánico de todos, al tañido de las doce campanadas en la iglesia de Santa Inés, el difunto, se sentó en la caja y lanzó un alarido estridente, seguido de locas risotadas; miraba a los presentes con la empeluca erizada y el rostro alborotado de ira.

No quedó ni una mujer, perseguidas iban por la risa, relámpago, del viejo. Los hombres que fumaban en el porche, pensando en el dicho: En casos de embrujo y encantamiento, no hay valiente, que llega el diablo y lo deja huero; y como a ello parecía deberse, las prisas de las mujeres en abandonar la cabaña y las carcajadas que se escuchaban dentro no daban lugar a dudas, decidieron seguirlas sin dudar que tiempo habría para razonamientos.

Quedé solo, intentando apaciguar el miedo, acurrucado en un rincón de la pieza.
-¿ Por qué me has metido en un ataúd? -Dijo, el viejo, sonriente.
-Porque está..., estaba muerto ¾contesté, con el alma encogida de espanto.
-¡ Muerto de hambre! ¡Tráeme comida de tu casa! ¡Que te vea todo el Valle! Y exponle el caso a voces -Gritó.
Tropezando, con mis propios pies llegue a la cocina de casa; sin dar explicaciones, ni escuchar consejos, cogí un puchero lleno de potaje, y con un pan bajo el brazo, corrí todo lo que me permitía el caldo, hasta la cabaña. Diciendo a voces:
-¡ El viejo ha resucitado! ¡Resucitado!

Las mujeres, testigos del milagro, me siguieron acompañadas de los esposos, animados por la curiosidad de ver comer, a un muerto.
-Comer -dijo, no más vio entrar a mi acompañamiento¾, comer, esas aves están cocinadas con vino de tres hojas y caña de azúcar…

Como por encantamiento había aparecido una mesa inmensa repleta de exquisiteces. Nadie hizo remilgos y todos comieron y comieron.
Él viejo brujo, después de rebañar la ultima gota del puchero, con el ultimo regojo de pan, y trituradas las ternillas de los huesos con su único diente; miró con placidez, al rostro, uno por uno de sus invitados que le contemplaban admirados; animándose, ellos, con vino y ellas con licor de moras

Riendo socarrón, el viejo brujo, se estiró dentro de la caja, tapándose hasta los ojos con el sudario, y dijo con acento complacido:
-Ahora, que he conseguido reuniros, en mi casa y hecho el resopón en vuestra compañía; podéis enterrarme.

El medico del Valle, acompañado de tres forenses, certificaron su muerte, sin dejar lugar a dudas.
Entre todos compraron un ataúd de estreno, y diez corona de rosas rojas unas, y lirios blancos las otras. El señor cura, leyó un sentido responso a pie de tumba.

Unas atenciones, pienso yo, que por tardías poco provecho debieron dar, al viejo y solitario brujo, con doscientos años de vida, o más.

COSAS DE LA GENÉTICA

El diminuto despacho recoge con delicia, por un ventanuco, las primeras claras de la luna. Un busto de Séneca recrea su sombra sobre la canosa coronilla del filósofo.

"Entre los sentimientos de carácter negativo el más grave de todos es la soberbia, vana sensibilidad hacia uno mismo, que por desgracia tiene hondas raíces en el corazón humano; y es por eso que la moral cristiana la coloca en el primer lugar de los pecados capitales.
"Desde la infancia se suele manisfestar de modo muy acusado: el niño quiere ser oído, elogiado, mimado. En los mayores: sienten un oculto placer en el uso del poder, dinero, capacidad intelectual…, con más o menos alarde o disimulo. Tal sentimiento se disfraza a veces de conciencia responsable, de dignidad personal.
"El peligro no está en reclamar los derechos que en justicia corresponden, sino en rebasar el límite razonable convirtiéndose en abuso, vanidad y orgullo……/

Llegado a este punto nuestro filosofante detiene la pluma sobre las mohosas cuartillas que año tras año, durante toda una vida laboral, escatimara al diario "La Patria Feliz" del que fuera corresponsal de deportes. ¡Él, un estudioso de Séneca, humillado y maltratado por los larvados de la política! ¡Él, con obras leídas y estudiadas en las universidades de Basilea, de Lovaina, Clemont, Coimbra, Bonn…! ¡Él Académico correspondiente de tres reales academias!
Como decía: detiene pluma y pensamiento, para emplear la atención en la escucha de pasos silenciados, a medias, por la escuálida alfombra del pasillo.
Unos minutos después, al no llegarle ni el rumor del viento, entre las grietas de la jamba de la puerta, decide continuar con el artículo:

"/…… en todo cuanto toca. Como este tipo es extremadamente abúndate sólo detallaré algunos signos esenciales: indiferencia a las preocupaciones ajenas; exige mucho y ofrece nada; no atiende, empero quiere hacerse oír; habla con largueza de sí y no es laudable para los demás; cambia el dialogo cuando escucha elogios del ausente…/

Vuelve el runruneo de los pasos, está vez acompañado de la voz mustia de su hija pequeña:
-Papá… ¿puedo pasar?
-¿ Qué quieres?
Él, filósofo monoteísta santo hombre cristiano con permiso por la curia de oficiar sus propias misas en privado, tiene miedo de las horas en soledad; del tiempo..., de su retoño.
Encarna con sus greñas panocha hijas de un mal tinte, es maleable por incompetente…, porque jamás puso su mirada en el firmamento, porque el mirar hacía arriba no es la manera habitual de un retrasado.
Su voz apagada le llega a través de la puerta.
-Papá, tenemos que hablar ¡llevo tres día comiendo tortitas de maíz! ¡No hay ni un brazal de leña…!
-Después…
-¿ Cuándo después, papá? ¡Estoy aterida y muerta de hambre!
-¡ Entra en calor trabajando! La casa se pudre de sucia… ¡maldita sea!
Los pasos se alejan. Él, continúa con su artículo entre arrebatos de ira. Recuerda con horror como había expoliado de la herencia materna a sus hijos mayores, en beneficio de semejante bodrio de mujer, con la esperanza de mantener el patrimonio sin fisuras, y a la Tonta a su servicio por siempre jamás.
Odia la soledad en que vive, soledad minuciosamente planeada por él, sobre todo odia y teme a la Tonta.
Ha de terminar el artículo que de eso viven. Rasguea nervioso con su pluma estilográfica:

"Es cierto que el mundo actual sufre espiritualmente como en las épocas más revueltas de su Historia. Se habla de la "angustia metafísica" como signo del tiempo… cuando es tan fácil tornar la mirada hacia nuestro interior donde se encuentran grabada la solución primaria: ¡No hagas el mal! El hombre que es naturaleza, a ella a de ceñir sus actos no mediante un conformismo pesimista, sino alegremente, aceptando la dificultad para vencerla. Ésta es la Ley eterna de la vida, el fin último presentido por Aristóteles……./

De nuevo el roce de pasos sobre la alfombra. Nervioso deja el recado de escribir y asoma su frente blanca, casi sin fisuras, por una rendija de la gran puerta de roble. Es la Tonta. Parece enferma de miedo, los dientes rastrean toda la quijada de borrico, dotada parece por una naturaleza arisca. Deja en el suelo una bandeja de leche con tostadas de manteca.
-Papá, es la última leche, el último pan y el rebaño de la mantequera…
-¿ A estas horas?
-Yo tengo hambre…
-¡ Pues cómelo! ¡Valiente idiota! ¿Mañana llamaré al tendero, podrás dejarme en paz mientras tanto?
-Gracias, papá.
La leche calentita le tienta. Más siempre se sacrificó por aquel esperpento de hija. Cierra despacio la rendija y conecta una alarma casera. Con paso casino se encamina hasta el bargueño, pieza renacentista, repujado en cobre y cubierto con lámina de pan de oro. ¡Un año de reajustes en el gasto casero! Tiempo en que el filósofo perdió tres kilos, y la Tonta quedó traslucida. Con mano un tanto temblona abre la cerradura de tres vueltas. Se sirve una buena ración de licor de moras; pestiños de confitería y tortitas de hojaldre. Después del resopón, muy satisfecho se sienta delante del escritorio. Continúa:

"El desarrollo de cada individuo supone, y representa no pocas veces el aniquilamiento del prójimo, tal como en la vida vegetal y animal. Es simplemente, la lucha del fuerte sobre el débil.
"La moral cristiana se alza frente a ciertos ensayos de ética sin fin. Porque exige amar al prójimo como así mismo. Puede o no cumplirse, más esto no depende de la norma o la ley, sino de la voluntad libre. Lo mismo puede decirse de otras doctrinas. Cierto, pero la realidad de la vida demuestra que se cumple en mayor número de individuos. Además, la perfección del principio que se funda en el amor al prójimo como a sí mismo, es inatacable, por la simple razón de que no puede ser superado, porque…/

Precisamente, ahora, le apetece un vaso el leche calentita, se maldice una vez y otra.
Desconecta la alarma casera sale de su cubil y grita en medio del oscuro pasillo…, de esta noche negra, negrísima, con voz estentórea:
-¡ Encarnaaaa! ¡Tráeme la leche!
-Estoy aquí, papá -la Tonta, recorre con calma el camino de la cocina al despacho del padre, traen entre sus dedos helados el vaso de leche calentita, conservada al rescoldo de un fuego esmirriado, sin tocar-, toma papá.
Ronroneante, el filósofo, como un gatito satisfecho continúa:

"…… la finalidad de un acto no reside en la naturaleza intrínseca del acto mismo, sino en la intención del agente…………..

De mármol marpersio es el busto de Séneca, la luz entra a raudales por el estrecho ventanuco. Nada turba la muerte del filosofante.
___

"Pertenecen a la Ética todos los actos que se pueden realizar de modo auténticamente natural, con fin honesto y están contra sus normas las que se apartan o prescinden intencionadamente de la naturaleza de las cosas La Ética cristiana se funda en el orden moral natural y en el orden moral sobrenatural.
"Los estados emocionales se pueden calificar en diversos grados: los más intensos originan desequilibrios en la conciencia, en un conflicto entre la tensión interna y la expresión justa lo que hace que se parezca a la locura. De ahí que los espíritus neuróticos, aparentemente pacificas, son de gran peligrosidad, pues en ellos se produce la descargas emocionales, cuya resonancia energética ha ido acumulándose durante largo tiempo. La "descarga" es más violenta cuanto mayor fue el tiempo de acumularse…/

La Tonta, detiene el carraspeo de la pluma sobre las mugrientas cuartillas, pone con tiento una maculatura de periódico, sobre la chorreante caligrafía tan perfectamente imitada, y se da un merecido descanso.
Riega con ternura unas cuantas plantas de crisantemos que se expanden, milagreros, sobre una porción del jardín recientemente cavado.
Han llamado a la puerta que da a los corrales. La furgoneta del repartidor detiene el motor. Luis conoce el camino hasta la despensa, ayuda a Encarna a repartir los alimentos por las, esta vez, no tan desiertas estanterías. Además hay helados de nata para el frigorífico; polos de limón; una tarta de dos kilos…
-Doscientos euros señorita.
Unos minutos más y la Tonta, regresa con un cheque firmado y rubricado.
-Los cinco euros demás, son para usted, Luis.
-Déle las gracias a su señor padre. ¿Está bien?
-Muy bien. Si lo dice por la propina…, los helados y la tarta…, es su cumpleaños. Vienen mis hermanos…
-¿ Sus hermanos?
Tendrá la próxima vez más cuidado ¡nada ha de cambiar en su vida! ¡Nada! Se limitará a pensar como él a gastar como él, a vivir como él.
En próximo articulo titulado "La herencia" para la revista cristiana "Necesariamente" comenzaría exponiendo:

"La primera cuestión que suele presentarse al hablar sobre la conducta con relación al orden biológico, es el problema de la herencia. Preocupa la facultad que tenemos para perpetuarnos, y sostener los caracteres en generaciones sucesivas. Si bien damos ahora a la palabra "carácter" un significado fisiológico, es posible porque en los laboratorios ya se descifraron las claves del origen de la vida, y se puede señalar el "somatipo", como característico de una especie. Nos encontramos con algo que se nos da a "priori" (la herencia) bastante grave; en todas los formas con las se pretende definir tal concepto. Desde antiguo se dijo que el carácter depende de una preponderancia orgánica y vital de todo el cuerpo. Los temperamentos fundamentales fueron siempre el nervioso; muscular o sanguínea y linfático, llegando por combinación de estos tipos a constituir otros sub-fundamentales, según el predominio de un determinado humor u órgano del cuerpo.
____

Cuentan que el "filosofante", vivió doscientos años o más, escribiendo sobre teorías fundamentales del hombre, para sombro de propios y extraños. Los mismitos que su hija la Tonta.


Si quieres visitar el blog de la escritora pincha aquí

 

Volver a Relatos Breves...


        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online