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  Guías culturales

¿LITERATURA FANTÁSTICA? ISENGARD Y DUNSINANE; FANGORN Y BIRNAM

Por Rafael Juan Pascual Hernández
Alumno de Filología Inglesa de la Universidad de Granada
rjph@correo.ugr.es
 
Creo que es importante destacar, desde un primer momento, que este breve artículo no es resultado de una investigación llevada a cabo por mí, sino que se trata de mi propia opinión y reflexión sobre lo que ciertos estudiosos de tolkieniana ya han dicho. Constituye también una llamada de atención a aquellas personas que, aun con buena intención y sin más motivo que el de defender la literatura que les gusta, es posible, sin embargo, que estén contribuyendo a restarle, a los ojos de la crítica, el valor que realmente tiene.

Me gustaría comenzar esta exposición, tal y como ya dejo entrever en el título de la misma, con una referencia a William Shakespeare (1564-1616), en particular a su obra dramática Macbeth. Empezaremos diciendo que se trata de una tragedia en cinco actos, en prosa y verso, escrita entre 1605 y 1606. El drama narra una serie de hechos que conducen a la muerte del usurpador y traidor Macbeth. Éste planea asesinar al rey Duncan de Escocia, instigado por su esposa Lady Macbeth, con el fin de obtener para sí la corona. El regicidio tiene éxito, y Macbeth es coronado, pero los hijos de Duncan huyen del país, salvando así la vida. Mientras, tres brujas pertenecientes al culto de la diosa Hécate, que ya habían predicho que Macbeth llegaría a tener en sus manos el dominio de Escocia, anuncian al nuevo monarca que ningún hombre nacido de mujer podrá darle muerte jamás, y que no será derrocado hasta que el bosque de Birnam se alce contra su castillo en Dunsinane. Sin embargo, Malcolm, uno de los dos hijos de Duncan que huyeron, se une a Macduff, señor de Fife, y van al encuentro del tirano. Llevan consigo un ejército que consigue llegar a Dunsinane camuflándose con ramas y hojas (vemos cómo el bosque de Birnam marcha, de manera metafórica, por supuesto, contra Macbeth). Más tarde, Macduff, que fue extraído del vientre de su madre horas antes de que el parto hubiera de producirse, le da muerte (se cumple así la primera de las profecías).

Extraigo ahora de la versión original, en inglés del Renacimiento, los fragmentos en que tales profecías son formuladas y cómo se solucionan, junto con la traducción al español.

Actus Cuartus. Scena Prima.

Apparition - Be bloody, bold, & resolute: Laugh to scorne the powre of man: For none of woman borne Shall harme Macbeth.
Sé cruel, resuelto y audaz. Ríete del poder del hombre: nadie nacido de mujer a Macbeth podrá dañar.

[…]

Apparition - Be Lyon metled, proud, and take no care: Who chafes, who frets, or where Conspirers are: Macbeth shall neuer vanquish'd be, vntill Great Byrnam Wood, to high Dunsmane Hill Shall come against him.
Ten brio de León, sé altivo y no atiendas a quien incomoda, conspira o se inquieta: Macbeth no caerá vencido hasta el día en que el Gran Bosque de Birnam suba a Dunsinane.

Actus Quintus. Scena Cuarta.

Seyward - What wood is this before vs?
¿Qué bosque es el de ahí enfrente?

Menteth - The wood of Birnane
El de Birnam.

Malcome - Let euery Souldier hew him downe a Bough, And bear't before him, thereby shall we shadow The numbers of our Hoast, and make discouery Erre in report of vs.
Que cada soldado corte una rama y la lleve delante. Así encubriremos nuestro número, y los que nos observen errarán su cálculo.

Actus Quintus. Scena Quinta.

Messenger - Gracious my Lord, I should report that which I say I saw, But know not how to doo't.
Augusto señor, debo informar de lo que he visto, aunque no sé cómo hacerlo.

Macbeth - Well, say sir.
Bien, pues dilo ya.

Messenger - As I did stand my watch vpon the Hill I look'd toward Byrnane, and anon me thought The Wood began to moue.
Estando de vigía en lo alto, he mirado hacia arriba y me ha parecido que el bosque empezaba a moverse.

Actus Quintus. Scena Septima.

Macbeth - Thou loosest labour As easie may'st thou the intrenchant Ayre With thy keene Sword impresse, as make me bleed: Let fall thy blade on vulnerable Crests, I beare a charmed Life, which must not yeeld To one of woman borne.
Tu esfuerzo es en vano. Antes que hacerme sangrar, tu afilado aceropodrá dejar marca en el aire incorpóreo. Caiga tu espada sobre débiles penachos. Vivo bajo encantamiento y no he de rendirme ante nadie nacido de mujer.

Macduff - Dispaire thy Charme, And let the Angell whom thou still hast seru'd Tell thee, Macduffe was from his Mothers womb Vntimely ript.
Desconfía de encantamientos: que el espíritu al que siempre has servido te diga que del vientre de su madre Macduff fue sacado antes de tiempo.

Podemos ver claramente cómo las profecías de las brujas reveladas a Macbeth sólo se cumplen parcial o irónicamente. Incluso podríamos llegar a afirmar que hay un engaño al lector o espectador por parte del dramaturgo. No pretendo, en absoluto, descalificar a Shakespeare, cuyo uso de la prosa y el verso es habilísimo, y constituye uno de los grandes paradigmas de la literatura universal. Pero sí quiero recordar lo que Tolkien mencionó a Auden en una carta que data de junio de 1955: a Tolkien le disgustó, cordialmente, Shakespeare. Es bien conocido que el autor de The Hobbit y de The Lord of the Rings era un amante de los árboles, y de la naturaleza, y, ¿por qué si en la obra del importante autor renacentista hacen su aparición fantasmas y sátiros no pueden marchar a la luchar auténticos árboles? Pues bien, podemos decir que Tolkien le "enmendó la plana" a Shakespeare haciendo que los árboles, liderados por Treebeard, marchasen a la guerra, a derrocar al usurpador Saruman, sustantivo que en inglés antiguo significa "Crafty Old Man", esto es, "viejo mentiroso", que es precisamente lo que es Macbeth, un hombre mentiroso y ladino que, por ambición, traiciona los ideales en los que cree.

También me llama la atención el hecho de que las brujas dijeran a Macbeth que no sería asesinado por hombre nacido de mujer, pues sobre un personaje de The Lord of the Rings recae una profecía muy similar: el Señor de los Nazgûl. Pues bien, particularmente, pienso que es posible que Tolkien se sintiera -cordialmente- molesto por esa especie de subterfugio al que recurre Shakespeare, diciendo que a Macduff lo sacaron del vientre materno antes del tiempo natural, y que decidiera dejar esa deuda con la literatura zanjada: al Señor de los Nazgûl, al contrario que a Macduff, no lo mata un hombre, ni aun habiendo sido éste dado a luz antes de tiempo, sino que lo hace una mujer.

Pero pasemos ahora a la controversia que se da actualmente: The Lord of the Rings, ¿qué tipo de literatura es? He mencionado la obra del importante dramaturgo británico, y esa relación de Macbeth con la producción literaria de Tolkien, para que nos planteemos la cuestión desde el siguiente punto de vista: ¿por qué los críticos consideran la obra de Tolkien literatura de segunda categoría, literatura "fantástica", mientras que Shakespeare, recurriendo a numerosos elementos fantásticos, tales como las brujas de la diosa Hécate, se erige en una de las figuras más importantes de las Letras? Tras ver que los argumentos que se dan al respecto, como simplicidad de la trama o sencillez argumental, no resisten a un análisis serio, creo que, simple y llanamente, se trata del gran número de lectores con que el primero cuenta entre el público profano, entre el "vulgo", como lo llaman algunos. Cierta crítica "culta" no gusta de mezclarse con gente que a su juicio vive en un "mundo de fantasía", cuando en verdad son ellos los que parece que viven en otra parte, cerrando los ojos a la realidad: que Tolkien triunfa entre los niños, entre los jóvenes y entre los adultos; y que The Lord of the Rings no es fantasía infantiloide, como sí lo es Dragonlance, Forgotten Realms o Dark Sun, sino que The Lord of the Rings es épica, fundamentada en una sólida mitología creada por el autor y que bebe de otras importantes tradiciones mitológicas. Hay, además, una gran diferencia entre fantasía y mitología: la primera es mentira; la segunda es verdad: mitología es la consistencia interna de la realidad. Para explicar esta idea, que no será nueva para el conocedor de los Inklings, muestro las palabras del propio Tolkien dirigidas a su gran amigo C.S. Lewis (que pueden ser leídas en la biografía escrita por Humphrey Carpenter):

-Pero los mitos son mentiras -dijo Lewis-, aunque esas mentiras sean dichas a través de la plata.
-No -dijo Tolkien-. No lo son.
Y señalando las ramas de los grandes árboles de Magdalen Grove dobladas por el viento, inició una nueva argumentación.
-Llamas árbol a un árbol -dijo- sin detenerte a pensar que no era un árbol hasta que alguien le dio ese nombre. Llamas estrella a una estrella, y dices que es sólo una bola de materia describiendo un curso matemático. Pero eso es simplemente como la ves tú. Al nombrar y describir las cosas, no estás más que inventando tus propio términos. Y así como el lenguaje es invención de objetos e ideas, el mito es invención de la verdad.

Pero cabe ahora preguntarse la causa por la cual Tolkien sí es mitología. Muchas páginas podrían escribirse -que se han escrito- acerca de este tema, pero yo me voy a limitar a reproducir la reseña del crítico del Times Literary Supplement para The Return of the King:

Por fin reluce el gran edificio en todo su esplendor; con columnas que se extienden más allá de la comprensión del ojo humano, alzándose cúpula tras cúpula, apuntando a estancias más espaciosas incluso, pero aún no visitadas.

Y ahora cito algunas palabras del ya nombrado anteriormente Clive Staple Lewis:

No contento con crear su propia historia, él crea, con una profusión casi insolente, el mundo entero en que se debe desarrollar, con su propia teología, sus propios mitos, geografía, historia, paleografía, lenguas y jerarquías de seres -un mundo lleno de "incontables criaturas extrañas"-.

Bien, con todo esto no quiero decir que los escritos del Prof. Tolkien superen en calidad a otras obras épicas tales como La Ilíada, La Odisea, los Eddas, el Beowulf, los cantares de gesta medievales, Paradise Lost o las obras de William Morris, sino únicamente que es un autor que merece ser estudiado dentro de ese género: el épico. La obra de Tolkien supone un paso de gigante en el recorrido del género épico en la historia de la literatura. Es literatura fantástica, ciertamente, pero estando realizado el modificador directo "fantástica" por un sintagma adjetival y no nominal; esto es, es literatura excelente, genial, etc.

Y, desgraciadamente, vengo observando que son muchas las personas, incluso lectoras asiduas de Tolkien, que comparan al mismo con autores a los que convendría echar un vistazo a la fábula de El sapo y el mochuelo, de Iriarte o a La rana que quiso ser como el buey, de La Fontaine, como por ejemplo Margaret Weis, Tracy Hickman o Guy G. Kay (loable contribución la de este escritor a la hora de recopilar los manuscritos de The Silmarillion junto con Christopher Tolkien para su publicación, pero pésima trilogía la de El tapiz de Fionavar, que contribuye de nuevo a que Tolkien no sea tomado en serio). Igualmente preocupante me parece el hecho de que en la mayoría de las librerías Tolkien comparta estante con toda esa clase de escritores de literatura fácil y rápida. Por eso dije al principio que este artículo constituía también una llamada de atención: los lectores que reconocemos la calidad de la obra de Tolkien y pretendemos darla a conocer no queremos que la sociedad consuma hasta la saciedad merchandising relacionado con la reciente producción cinematográfica (en la que el tratamiento de determinados personajes, tales como Legolas, Treebeard o Gimli le habría costado a Jackson un tirón de orejas por parte de Tolkien), sino demostrar que el uso de la prosa que hace el viejo profesor de Oxford es digno de elogio; las descripciones que pueblan las páginas de sus libros, preciosas; magnífico el aprovechamiento que hace de las características de la Misión, el viaje heroico y el Objeto Numinoso, tal y como dice Auden; o, simplemente, un personaje como Gandalf, que hacen de The Lord of the Rings un diamante en bruto dentro de ese abundante tesoro de riquezas que es la literatura.

Por último, me gustaría concluir este texto haciendo explícito mi más profundo y sincero agradecimiento a las personas que luchan, especialmente en el ámbito de la enseñanza, tanto secundaria como universitaria, para que a las obras de J.R.R. Tolkien se les atribuya el reconocimiento que se merecen. A todos ellos, me gustaría dedicar estas palabras:

"Nunca abandonar. Nunca rendirse." (J. Taggart)

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