En la ciudad empedrada de Murdis side, de muros antiguos
y casas bajas, la lluvia untaba y traía serenidad.
La tormenta habia sido esperada por los vecinos de allí
durante mucho tiempo, debido a la sequía que
azotaba la zona, y aquella noche caía con fuerza,
los rayos quebraban la noche, con estrepitosos sonidos
y los relámpagos traían por unos segundos
la luz del día.
Era verano, y las tormentas en ese tiempo, solían
ser devastadoras y solitarias, puesto que la mayoría
de los habitantes de Murdis side se desplazaban a la
costa a pasar las vacaciones.
Poca era la gente que quedaba allí, como Markus,
que en aquel momento observaba desde el cristal de la
ventana de su cuarto, los tejados de las casas mas bajas;
le encantaba ver como rompían las enormes gotas
de agua en la teja o en las chimeneas de los hogares
de sus vecinos, formando pequeños ríos
por las canaletas, desembocando finalmente en el suelo.
Era 22 de agosto, el día de su cumpleaños,
habia invitado a sus amigos a casa para la celebración,
pero a causa de la lluvia no pudieron venir, o eso le
dijeron a él por teléfono.
En todo caso, se habia quedado con la tarta derritiéndose,
los refrescos servidos, y los aperitivos encima de la
mesa del salón, la play station preparada para
unos partidos de fútbol, el equipo de música
repleto de CDS recién grabados, todo preparado
para la gran fiesta de cumpleaños sin sus padres,
que se encontraban en Kenya por negocios, y sus amigos
no aparecerían.
Markus, con cara de resignación, intentaba no
pensar, que se habia gastado la paga de dos meses en
preparar todo aquello, y que sin duda tendría
que bajar y darse un atracón para amortizar el
dinero.
Todo empezó a olvidársele un poco, o
más bien a guardarse en el apartado "para
después" de su cerebro, cuando pareció
ver algo muy extraño, una silueta danzarina en
el tejado colindante al de su casa, se movía
por las sombras, pero se podía ver lo suficiente
como para deducir que parecía un hombre.
Pero… ¿Qué podía hacer una persona,
subido en un tejado a las diez de la noche danzando
como un poseso por los tejados en pleno diluvio?
Era raro, pero era cierto, Markus no le quito ojo de
encima, se movió un momento a coger sus prismáticos
y cuando volvió ya no estaba allí, habia
desaparecido.
-Pero no puede ser- pensó Markus,
-¡hay por lo menos quince metros desde allí
hasta el siguiente tejado!-
En milésimas de segundo el corazón estuvo
a punto de pararse, una imagen grotesca pálida
con colmillos llenos de sangre, enormes ojos grandes,
con los parpados negros y el pelo largo mojado y despeinado
se pego en el cristal de su ventana, gruñendo
como un animal.
-¡Tienes suerte, si no hubiera comido tanto hace
un momento! ¡Tú me harías de cena!
-
Dijo el ser, sin dejar de gruñir
Markus se retiró, lo más rápido
que pudo del cristal, y con los nervios tropezó
con la cama y se cayó al suelo, cuando volvió
a mirar al cristal, aquel monstruo habia desaparecido.
El corazón aun no le habia dejado de dar espasmos,
así que decidió bajar a tomar algún
tranquilizante para relajarse, abrió la puerta
del cuarto y la cerro rápidamente como para encerrar
en ella el miedo que lo habia inundado completamente.
Una vez cerrado, una olor desagradable como cuando preparan
gran cantidad de animales para cocinar, ese olor a…
carne.
-deben ser imaginaciones mías-se dijo a si mismo
-eso…-dijo refiriéndose a la aparición
del vampiro
-…me está volviendo loco- Markus se llevo las
manos a la cabeza, frotándose con fuerza el cabello.
El olor no cesaba, incluso se hacia mas fuerte conforme
andaba hacia las escaleras.
El joven quería hacer caso omiso de aquella
pestilencia, pero su olfato ya no pudo mas cuando fue
a bajar el primer escalón, le vinieron como sietes
arcadas de vomito, y con la inercia al apoyar el pie
en el peldaño, pisó algo liquido, que
untaba el suelo, y callo rodando por las escaleras,
aterrizando, una vez habiendo probado con su espalda
el filo de cada uno de los escalones, en un enorme charco
de …
-¡¡SANGRE!!- exclamo al levantar la vista,
se miro las manos empapadas de aquel liquido.
En la salita de estar, justo al bajar las escaleras,
todo el tapiz del suelo, la puerta que daba al salón,
las paredes… todo manchado de sangre.
-No puede estar sucediendo esto, no, a mi no- exclamó.
La mancha pasaba por debajo de la puerta del salón,
Markus cojió aire, se puso en pie y abrió
la puerta.
Era indescriptible lo que vio, todos sus amigos estaban
allí, unos desangrados, otros descuartizados,
vísceras esparcidas por el suelo y un cartel
enorme sobre la mesa que decía:
¡FELIZ CUMPLEAÑOS MARKUS!