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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Raúl Galván Padrón
kcs380@hotmail.com

 

JAVIER SANTOS

Eran las 6:20 y Javier Santos sentía un frío que le recorría los huesos, su cobija de lana no alcanzaba a cubrir todo el roció que se colaba por las rendijas de su jacal, <<pinché frío>>- pensó-, así que decidió pararse, con la cobija a cuestas busca a ciegas la cajetilla de cigarros, sus ojos nublados por las cataratas no ayudan mucho, la cajetilla esta vacía, se pone los zapatos y sale a la tienda de abarrotes, cada vez se le hace más difícil caminar los 200 metros que lo separan del primer cigarro, al llegar encuentra al tendero limpiando, <<unos delicados>>-le dijo-, busca dentro de sus bolsillos, solo encuentra 4 pesos, << no se preocupe Don Javier luego me los paga>> - le dice el tendero-, él agradece con un movimiento de cabeza y se da la media vuelta rumbo a su casa, al llegar empuja la puerta, tropieza con el bordo que la atranca, aunque sus reflejos a los 73 años no son como antes, alcanza a recargarse en la mesita, pone el posillo del café entre las piedras del fogón, se sienta en el cajón que se encuentra a un lado de la puerta, enciende su cigarro y espera pensando en los buenos tiempos, en Ester su único amor al que no ha podio olvidar, en Carlos y en Antonio sin duda sus dos mejores amigos, pensando en como fue que los perdió se queda dormido, su mano cae sin obstáculos sobre su pierna, el cigarro aun encendido comienza a consumir la cobija, de pronto ya no siente el frío que le carcomía, abre los ojos y siente como la cobija arde en llamas, aunque trata de quitársela y apagarla es demasiado tarde la flama a alcanzado su ropa, con una desesperación indescriptible trata de quitársela, en el movimiento el cajón hace que caiga, ya en el suelo no puede hacer nada, pide ayuda pero nadie responde, resignado ya a la muerte, no hace mas movimientos, solo cierra los ojos tratando de estar en paz consigo mismo.

Todo empezó hace 60 años una mañana con el cielo cerrado en una hacienda a las afueras de Pachuca Hidalgo, ahí Javier Santos, su padre y sus hermanos trabajaban; esa mañana su padre furioso y borracho llego a su casa después de desparecer por casi dos semanas, cuchillo en mano y sin motivo aparente golpeo a sus hermanos que estaban todavía dormidos, un escalofrió recorrió su cuerpo, aunque estaba despierto no abrió los ojos, solo escuchaba los lamentos de sus hermanos producidos por los golpes, su madre trato de intervenir pero le fue imposible, su padre al escuchar los reclamos dejo de golpear a los niños y se dirigió a donde estaba su madre, en ese justo momento Javier Santos abrió los ojos, el cuchillo tenia un brillo especial, nunca había visto así a su padre, en su rostro se dibujaba una mueca espantosa que Javier Santos nunca pudo olvidar, todo sucedió tan rápido, el padre de Javier Santos la golpeo con una furia incontenible, un puñetazo certero la obligo a caer sobre la mesa, por instinto tomo un plato de barro y golpeo a su esposo con el, el golpe lo aturdió, por unos instantes todo fue calma, cuando el padre de Javier Santos recobro el dominio de si mismo un hilo de sangre le recorría por la cara, la furia se apodero de él, tomo el cuchillo y apuñalo a su esposa, tres puñaladas certeras, dos en el estomago y una en el pecho, al ver a su madre sangrando en el piso Javier Santos sintió un odio sordo hacia su padre, tenia ganas de llorar pero no podía, solo cerro los ojos, al abrirlos la imagen fue espantosa sus hermanos masacrados a golpes llorando junto a su madre desangrándose, su padre tirando el cuchillo y saliendo de su casa a toda prisa, Javier Santos camino hacía donde estaba su madre sin decir palabra tomo el cuchillo, limpio la sangre y lo guardo

Dos meses después del asesinato de su madre, Javier Santos sale de su casa con solo 5 pesos y el cuchillo que utilizaba su padre, eran las cuatro de la mañana y todavía ninguno de sus hermanos estaba despierto, no hizo ruido no se despidió de nadie, solamente los vio por ultima vez y se encamino hacia la capital. Al salir de su casa comenzó a correr, corrió tan rápido hasta donde sus fuerzas le alcanzaron, corrió para no ver hacia atrás, para no arrepentirse de la decisión que tanto trabajo le había costado, corrió para no acordarse de sus hermanos ni de su madre.

Al llegar a la capital le pareció moustrosamente grande, no conocía a nadie, no tenia dinero pero si tenia hambre, camino sin rumbo fijo, buscando algo que comer, camino alrededor de 4 horas sin encontrar la forma de conseguir comida, mientras caminaba comenzó a recordar los juegos con sus hermanos, los grandes campos verdes y en especial a su madre, pero aun ahora mucho tiempo después no pudo llorar, la tarde llego y el se encontraba en uno de los muchos parques de la ciudad, se sentó debajo de un árbol y no se si fue por hambre o por cansancio pero se quedo dormido pensando en su familia perdida.

El frío lo despertó al abrir los ojos se sintió inmensamente solo y cansado, siguió caminando pese al cansancio, poco tiempo después encontró un expendió de pan, entro en él como hipnotizado por el olor, reviso en sus bolsillos ya casi no tenia dinero, con sus últimos centavos compro una pieza de pan, después de casi día y medio de no comer, la pieza de pan le supo a gloria.

En una de sus largas caminatas Javier Santos se encontró en la central de abastos un buen lugar para conseguir comida y trabajos eventuales además de alojo en las bodegas, ahí aprendió a defenderse, su ropa ya gastada por el uso no le alcanzaba a cubrir así que tuvo que utilizar lo que sea para cubrirse y no sufrir del frío de las madrugadas. Fue hasta medio año después de su llegada que conoció a Doña Rosa, una señora regordeta de cuarenta y tantos años con 3 hijos todos de padres diferentes, ella le dio alojo, comida y algo de educación, <<por lo menos sabrás hacer cuentas>> - le decía-, solamente a cambio de que le ayudara todos los días en lo que se ofreciera. La situación de Javier Santos era diferente ahora ya no tenia que pelear por su comida ni cuidarse de las mordidas de las ratas, ahora tenia una cobija y comida segura, aunque no todo era del color de rosa, ya que el cariño que Doña Rosa le mostraba despertó los celos del hijo menor de nombre Jacinto, de 17 años de edad, alto y moreno, pero pese a las celos de Jacinto, Javier Santos supo ganarse el cariño y el respeto no solo de la familia de Doña Rosa sino de todo el barrio, siempre se mostraba honrado, valiente y respetuoso, pero eso si, siempre callado, con una expresión inmutable pase lo que pasara, muy pocas veces mostraba sus sentimientos solo contestaba con movimientos de cabeza cuando algo le agradaba, cuando no era así daba media vuelta y hacia lo que se le indicaba, sus pensamientos eran una incógnita, nadie a ciencia cierta podía decir por que actuaba así, solo Doña Rosa que conocía parte de su historia intercedía por él cuando lo criticaban, << nadie de 14 años puede sufrir como ha sufrido ese niño sin ser desconfiado>>-decía-.

No fue hasta la mañana del 14 de mayo, aproximadamente 8 años después de la muerte de su madre, cuando Javier Santos mostraría su verdadero carácter, en esa mañana Doña Rosa se encontraba recogiendo los trastos que utilizaron sus hijo, en esa ocasión sus 3 hijos habían salido más temprano de lo acostumbrado, <<tenemos que terminar el trabajo de Don Roque>> - le decía el mayor a su madre como respuesta a los cuestionamientos de Doña Rosa-, Javier Santos ya convertido en todo un hombre, fuerte aunque bajo de estatura, seguía acostado tratando de recordar a su familia, la imagen era borrosa y confusa al único que recordaba nítidamente era a su padre justo con la mueca de furia que tenia momentos antes de matar a su madre, el recuerdo de lo sucedido le producía una furia que el tiempo no había podido doblegar, de pronto escucho golpes en la puerta, no hizo gran esfuerzo por ir, sabia que Doña Rosa estaba despierta, un grito de desesperación corto de tajo el largo silencio producido después los golpes en la puerta, Javier Santos corrió a ver que sucedía, un hombre, el ultimo esposo de Doña Rosa después se supo, golpeando y amenazando a Doña Rosa, <<necesito dinero, tu debes de tenerlo escondido en alguna parte>> -le gritaba a Doña Rosa mientras rompía todo lo que se encontraba a su paso- Javier Santos regreso al cuarto tranquilo, como era su costumbre, tomo el cuchillo con el que fue muerta su madre, y regreso a donde se encontraba el hombre propinando una golpiza a Doña Rosa, con una tranquilidad absoluta y la mirada fija, Javier Santos le ordeno que se largara, el hombre ni siquiera volteo a verlo, creía conocerlo bien, lo suficiente como para creerlo incapaz de cumplir su amenaza, Javier Santos con la vista fija y la sangre fría solo asesto un golpe en el pecho del hombre, clavo el cuchillo con todas sus fuerzas hasta sentir primero el pecho del hombre y después su sangre, saco el cuchillo de un solo movimiento, de la misma forma en que entro, empujo al moribundo hacia la pared en donde una mancha de sangre quedo como evidencia de la fuerza aplicada, Javier Santos limpio la sangre del cuchillo con una serenidad asombrosa. Doña Rosa no hizo nada, no podía hacerlo, veía los ojos tanto al muerto como a Javier Santos, los dos tenían una falta de brillo, vio como el muerto resbalaba por la pared, dejando detrás de él una senda de sangre, y como al chocar con el suelo la herida expulsaba más sangre, la vista giro hasta encontrar a Javier Santos inexpresivo, como siempre, limpiando su cuchillo metiéndoselo en la cintura y saliendo del cuarto, <<agorita vengo por él>> - fue todo lo que dijo antes de cerrar la puerta-.

La noticia corrió como pólvora pero nadie dijo nada, no se si por cariño a Doña Rosa o por miedo a Javier Santos, Javier Santos ya no era el mismo, un aura de misticismo lo cubría, toda su rutina se comentaba entre susurros, se le podía ver en la calle fumando en el camino del trabajo a su casa, o acostado en el mismo catre que Doña Rosa le había prestado, hacia más de 8 años, en las mañanas al salir de su casa caminando sin pronunciar palabra con el cigarro en la mano y saludando con movimientos de cabeza como siempre lo había hecho. Se inventaron muchas historias sobre su origen y él lo sabía pero no se preocupaba ninguna siquiera se acercaba a lo real, en casi 9 años viviendo en la misma casa a nadie, ni siquiera a Doña Rosa, sabían a ciencia cierta cual era su origen, además antes de eso nadie se había preocupado por él, Javier Sanos era un hijo más de Doña Rosa, ahora era un extraño.

Javier Santos buscaba en sus bolsillos la cajetilla de cigarros, no la encontró, fue un día pesado en la fábrica, <<eso de andar cargando chingaderas no deja nada bueno>> - pensaba mientras caminaba rumbo a la tienda-, acababa de llover, los zapatos ya estaban mojados, por eso apuro aun más el paso, al llegar a la tienda no había nadie, espero hasta que apareció el tendero, << unos delicados>> -le dijo mientras buscaba dinero para pagar- rápidamente saco el primer cigarro de la cajetilla, sale del local y lo enciende, siente una gran tranquilidad al ver el humo salir por la nariz, alza la vista y alcanza a ver a alguien que desde el otro lado de la calle lo esta mirando fijamente, no hace gran caso y comienza a caminar rumbo a su casa, <<voy a dejar de cargar chingaderas, si Don Roque no me manda al almacén me salgo del trabajo>> -pensaba mientras escuchaba un par de pisadas detrás de él-, alguien le toma del hombro, Javier Santos tranquilo pero listo para cualquier cosa voltea, es el mismo sujeto que vio al salir de la tienda, <<tranquilo solo quiero hablar contigo>> - le dijo el hombre-, Javier Santos acepta con un ligero movimiento de cabeza, caminan tranquilos sin mencionar palabra rumbo al billar, ahí el hombre pide un par de cervezas, las destapa y le ofrece una a Javier Santos, <<no tomo>> -le dijo-, el hombre no insiste más, deja la cerveza sobre la mesa y comienza a hablar, <<mi nombre es Antonio>> -le dice mientras saca la cajetilla de cigarros del bolsillo de su abrigo-, <<te ofrezco un trabajo bien pagado>> -continuo diciendo mientras buscaba el encendedor-, Javier Santos continuo impasible mientras el hombre le explicaba los pormenores del trabajo, <<tu no haces nada, solo nos avisas si hay alguien cerca>>- dijo mientras miraba a Javier Sanos-, pasaron varios minutos hasta que Javier Santos contestara, su expresión no se modifico, su voz fue tranquila, <<por el momento no necesito trabajo, pero gracias de todas formas>> -contesto viendo a los ojos a Antonio-, aunque la expresión lo desmentía, Antonio trataba de controlarse mientras le decía a Javier Santos <<prénsalo bien después me dices>>, la expresión de Javier Santos no se modifico en lo absoluto, solo tomo un cigarrillo y lo encendió, Antonio cada vez mas aturdido por la mirada de Javier Santos dio el ultimo trago a la cerveza tomo sus cosas y le dijo antes de irse <<te veo en dos días>>.

<<Mi parte es sencilla, solo tengo que ponerme a vigilar en una esquina y si algo raro sucede chiflar, además el dinero que me pagan es suficiente para vivir 15 días sin problemas>> - pensaba Javier Santos mientras fumaba recostado en su catre- la noche era húmeda, el sueño, aunque ya era de madrugada, no llegaba, << que pinches, si me lo encuentro otra vez le digo que si>>.

La luz le molestaba en los ojos, esta en su séptimo cigarrillo, por primera vez se le podía ver nervioso, su mirada buscaba un punto en donde fijarse, lamentablemente no lo encontraba, un sudor frío le recorría la frente, un extraño dolor en el estomago no le dejaba pensar a gusto, a la lejanía, entre las sombras de la calle, alcanzo a ver a una persona que estaba parada del otro lado de la calle alrededor de 5 minutos que le parecieron eternos, trataba de reconocerlo cuando escucho la señal acordada anteriormente, dos silbidos cortos y uno largo, fue un alivio, tiro el cigarrillo y comenzó a caminar a prisa rumbo al punto de reunión, ahí sin duda se encontraría con los demás le pagarían su parte y se olvidaría del asunto, pero no fue así, cuando llego al punto de reunión solo se encontraba Antonio, recargado sobre la pared y con los brazos cruzado, viendo como Javier Santos caminaba hacia él, << hiciste un buen trabajo, mañana ven a las 7:00 y repartimos las ganancias>>- dijo Antonio-, Javier Santos, fiel a su costumbre solo respondió con un ligero movimiento de cabeza.

<<Parate flojo>> - dijo Doña Rosa abriendo las cortinas-, el sol choco inmediatamente con su cara, Javier Santos no tuvo más opción que parase, alcanzaba a escuchar como Doña Rosa le hablaba pero él no la atendía solo le interesaba aquel dolor de estomago que le aturdió tanto, <<me estas escuchando, que ayer asaltaron la bodega>> - le dijo Doña Rosa en tono más fuerte- de nuevo los nervios se apoderaron de él, sus movimientos eran torpes y no pronunciaba palabra completa solo se le alcanzo a entender <<¿y saben quien fue?>>, Doña Rosa pocas veces lo había visto así, << estas enfermo>> -le dijo con clara preocupación- Javier Santos comprendió que Doña Rosa no sabia gran cosa así que no insistió más, se coloco los zapatos, se abotono la camisa y contesto <<he pasado mala noche, no pude dormir>>, el día transcurrió normalmente hasta que dieron las 6:30, el sol comenzó a ponerse, inmediatamente Javier Santos tomo un cigarro, lo coloco en su boca sin encenderlo y su vista se perdió en el vació, tomo su abrigo y salio de la casa sin decir palabra. Eran las 7:15 Javier Santos se encontraba en un rincón del billar inexpresivo cigarro en mano y buscando con la vista a Antonio, por su cabeza cruzaban muchas ideas pero no lograba concentrarse en ninguna, <<le hablan>> -dijo el ayudante- , pero Javier Santos no escucho, <<le hablan>> - repitió pero esta vez jalando su abrigo y señalando hacia el extremo contrario del local-, Javier Santos movió la vista hacia la dirección indicada alcanzo a ver a Antonio alzando una botella de cerveza en señal de saludo, y a otra personas más, sin mencionar palabra tomo la cajetilla de cigarros que se encontraba en la mesa, con la vista fija en Antonio y con paso calmado avanzo hacia ellos, jalo el banco que quedaba libre para sentarse, << con que tu eres Javier>> - le dijo Carlos con tono festivo- la vista de Javier Santos se movió hacia él, era de estatura mediana un poco regordete, de bigote, aunque sus ojos eran serenos tenia un aura de acción que imponía respeto, << buen trabajo>> - continuo diciendo-, solo un movimiento de cabeza fue la respuesta de Javier Santos, <<ahora a los negocios>> - dijo Carlos-, la noche transcurrió rápidamente, entre cervezas, risas y felicitaciones por el buen trabajo hecho la noche anterior, Javier Santos se sintió cómodo tanto por la compañía, tanto como por la facilidad con la que consiguió dinero suficiente como para vivir sin problemas por 3 semanas. Rápidamente se hicieron amigos, eran cómplices, los golpes subsiguientes transcurrieron sin problemas, el dinero no faltaba, la amistad entre ellos se estrecho fuertemente, por primera vez Javier Santos sentía afecto por alguna persona que no fuera Doña Rosa o sus hijos.

Los nervios se fueron extinguiendo conforme los golpes se ejecutaban, sin problemas Javier Santos se convirtió en parte importante de la banda, su sangre fría y su inteligencia fueron herramientas fundamentales para el buen cause de los atracos. Los planes se diseñaban en un cuarto de vecindad, con la luz de un foco sobre sus cabezas trazaban planos e intercambiaban información, <<el próximo golpe será en la joyería, todas las noches se queda sola, y si todo sale bien tendremos suficiente dinero como para retirarnos>>- decía Carlos mientras daba el ultimo sorbo a la cerveza-, << no es tan fácil, el viejo siempre mete todo a la caja fuerte antes de salir>> -dijo Antonio- <<estuve un tiempo trabajando ahí cuando niño, prefiere perder un dedo antes que abrir la caja fuerte frente a otras personas>>- continuo diciendo mientras fumaba-, se produjo un silencio que solo fue interrumpido por la voz de Javier Santos <<que así sea>>.

El dueño de la joyería tenia 65 años, era querido y respetado por toda la comunidad, sus dos hijas de 30 y 25 años eran su vida, sufría de artritis y estaba algo ciego, pero aun así tenia una vitalidad asombrosa, siempre tenia un comentario de aliento y cariño para todos. Esa mañana fue común dentro de la joyería, la única novedad fue la visita de su nieto junto a su madre, << abuelito, abuelito>>- entro diciendo Enrique mientras corría, Don Pedro, el dueño, dejo de acomodar las nuevas piezas dentro de la vitrina y corrió a abrasar a su nieto, <<¿A que se debe el milagro hija?>> - pregunto Don Pedro dirigiéndose a su hija-, <<el niño quería venir>>- contesto María mientras tomaba al niño-, la tarde transcurrió entre juegos de Don Pedro y Enrique, la noche llego y María sintió que era hora de irse, <<Enrique despídete de tu abuelito>>- grito María desde su silla-, el niño corrió a abrasar a Don Pedro, Don Pedro abraso y dio un beso en la frente a su nieto, << luego nos vemos, campeón>> -le dijo Don Pedro como despedida-, Maria desde la puerta se despidió con un movimiento de mano, al ver salir a su hija y nieto Don Pedro recordó que ya era hora de cerrar, así que comenzó a meter las mejores piezas a la caja fuerte, estaba a punto de terminar cuando escucho una serie de golpes en la puerta, Don Pedro termino de guardar completamente las joyas en la caja fuerte y fue a ver quien llamaba, en la puerta estaba Antonio, Don Pedro lo reconoció de inmediato, abrió la puerta y lo dejo pasar, <<¿En que te puedo ayudar?>>-decía Don Pedro dándole una silla- Antonio paso dejando la puerta abierta, con la mayor calma posible le dijo, << tengo un negocio para usted Don Pedro, yo tengo lo que usted mas quiere y se lo daré solo a cambio de todo su dinero>>- le dijo Antonio mientras terminaba de tomar asiento-, Don Pedro quedo perplejo, no alcanzaba a comprender la magnitud del problema <<no te entiendo hijo>>- contesto Don Pedro-, <<si hombre empiece por darme todo su dinero>>- le decía Antonio sacando en ese momento de su cintura un revolver- << tranquilo hijo, y guarda eso que se te puede ir un tiro>>- contesto Don Pedro mientras trataba de cubrirse detrás del mostrador- justo en ese momento entraba Carlos sujetando por la cintura a Enrique, el niño estaba atado de pies y manos, con una mordaza en la boca, con lagrimas en los ojos trataba de hablar con su abuelo, pero no se le entendía nada, justo detrás de ellos entra Javier Santos, tranquilo con la mirada fija en Don Pedro y encendiendo un cigarro que traía en la boca, <<tranquilo Don Pedro, nosotros no queremos que suceda ninguna desgracia, no somos asesinos, solo somos hombres de negocios, le proponemos un trato: usted nos da todo el dinero que tiene y nosotros en cambio le entregamos a su nieto y a su hija, ¿Qué le parece?>> -le dijo mientras tomaba asiento en donde anteriormente estaba Don Pedro- <<salga por favor Don Pedro, necesitamos hablar>>- le ordeno Javier Santos a Don Pedro, el viejo Salio lentamente, con el rostro desencajado, los ojos llenos de lagrimas y su voz entrecortada, por ver a su nieto de esa forma, aun así tomo asiento frente a Javier Santos, aunque trataba de estar tranquilo no podía, la sola imagen de su nieto atado y amordazado y de su hija en quien sabe donde le destrozaba, <<¿ahora que me dice Don Pedro, hacemos el trato o no?>> -insistió Javier Santos-, <<¿Por qué me hacen esto?>>- alcanzo a decir eso antes de soltar el llanto-, <<tranquilo Don Pedro, no les pasara nada, todo es cosa de que nos de el dinero>>-dijo Javier Santos mientras el humo del cigarro le salía por la boca-, la cara de Javier Santos era de una tranquilidad y una sangre fría sobre naturales, no mostraba algún tipo de arrepentimiento o sentimentalismo, tan solo miraba fijamente a Don Pedro, el viejo no pudo resistir más y trato de ir por su nieto, Antonio se lo impidió, solo un golpe vasto para mandarlo al suelo,<<Don Pedro, evíteme la desgracia de matar a su nieto frente a sus ojos y de hacer lo mismo con su hija, tan solo dénos el dinero, no lo tome a mal, ¿Es un trato justo no le parece?>>- dijo Javier Santos mientras sacaba el cuchillo de su cintura-, Don Pedro no pudo resistir más con la voz entre cortada dijo <<esta bien solo suelten a mi nieto>>, a lo que Javier Santos contesto: <<Por supuesto que lo haremos, después de que usted nos entregue el dinero>>, no le quedo otra opción, trataba de pararse como podía, el golpe le había roto la boca, y sus piernas no le respondían, << apurate pinché viejo>>- le decía Antonio mientras jalaba de él-, ya frente a la caja fuerte Don Pedro comenzó a sacar todo lo que tenia, al mismo tiempo Carlos fue metiendo todo dentro de una bolsa, para cuando Carlos había terminado Antonio ya regresaba con María, la hija de de Don Pedro estaba irreconocible habían tenido que golpearla para que soltara a Enrique, Don Pedro al ver a su hija fue a abrasarla con lagrimas en los ojos, <<Gracias Don Pedro, yo sabia que usted era un hombre razonable, por cierto evíteme la pena de matarlos, conocemos todo sobre ustedes, y cualquier rumor sobre lo sucedido aquí y no volverán a ver la luz del día>>- le decía Javier Santos a Don Pedro antes de salir de la joyería-.

La tarde era fría y húmeda, Javier Santos regresaba del trabajo, su mirada esta perdida, estaba pensando en lo pasado hacia dos semanas en la joyería, << ¿hijo vas hacia la casa?>> -le gritaba Doña Rosa del otro lado de la calle-, Javier Santos solo contesta con un movimiento de cabeza, Doña Rosa cruza la calle rápidamente y le quita el cigarro de la boca diciéndole <<ya te dije que no me gusta que fumes>>, Javier Santos no hizo esfuerzo por evitar que le quitaran el cigarro, <<le dices a tu hermano que venga lo necesito, no se te valla a olvidar, he!!>>, <<yo le digo, no se preocupe>> -le dijo dándose la media vuelta y buscando la cajetilla de cigarros en sus bolsillos-, <<¿Qué te pasa, últimamente te he visto muy raro?>>- le pregunto Doña Rosa-, << nada tuve un día muy pesado>>, sin decir más Javier Santos comenzó a caminar, estaba a punto de pasar frente al expendio de pan cuando una voz que no pudo reconocer le llamaba, << Javier!!, necesito hablar con tigo>>- le decía Carlos mientras corría para alcanzarlo-, Javier Santos espero recargado sobre la pared mientras Carlos le daba alcance, << ¿No sabes si el viejo ha dicho algo?>>- le preguntaba Javier Santos a Carlos mientras le ofrecía un cigarro-, <<nada están aterrados, no han salido de su casa>> - contesto Carlos mientras colocaba el cigarrillo en su oreja-, <<Perfecto!!, era de esperarse después del susto que les acomodamos, por cierto necesitamos planear el siguiente golpe, ¿Cuándo nos vemos?>>-cuestiono Javier Santos mientras con la vista buscaba a alguien que le pareciera sospechoso-, se quedaron de ver el próximo viernes a la hora de siempre y se despidieron sin mayores muestras de afecto, <<no es conveniente que nos vean juntos ni antes ni después de los golpes, podrían pensar mal y es preferible no levantar sospechas >>-dijo Javier Santos antes de despedirse- , antes de dar vuelta a la esquina sintió como alguien chocaba con él, el cigarro le quemo la mano, pero no dijo nada, solo un fuerte movimiento denoto el dolor que sentía, <<perdón, no se que me pasa hoy>>- de dijo Ester al ver el movimiento de mano-, <<no te preocupes>>- dijo Javier Santos con visible molestia-, <<Yo te conozco, eres hijo de Doña Rosa, ¿Te acuerdas de mí?, soy Ester trabajo con tu madre en la central>>-le decía Ester con una sonrisa en la boca-, Ester era una mujer hecha y derecha, por eso Javier Santos no pudo reconocerla, era mediana de estatura, morena y con unos ojos profundos, << no me recuerdas verdad, soy yo Ester trabajaba junto con tu madre en la central ya estas bien guapo>>-le dijo Ester al ver que Javier Santos no decía palabra-, aunque trato de disimularlo Javier Santos se puso nervioso, una sonrisa que denotaba nervios se dibujo en su rostro, las mujeres nunca fueron su fuerte, siempre prefería evitar ese tipo de encuentros, trato de contestar pero no podía decir nada concreto, solo balbuceos, <<Bueno nos vemos tengo que ir a trabajar y no te pongas rojo que no paso nada>> -fue lo ultimo que dijo Ester antes de que siguiera su camino-.

Completamente extraño, así se sentía Javier Santos, por más que quería la sola imagen de Ester sonriendo lo ponía nervioso, nunca le había pasado esto antes, las mujeres nunca habían sido una prioridad dentro de su vida, de hecho no se le conocía ninguna, desde el encuentro con Ester una necesidad de verla lo obligaba a ir mas seguido al puesto de Doña Rosa que lo acostumbrado, de hecho hacían años que Javier Santos no ponía un pie en la central, le traía malos recuerdos, la primera reacción de Doña Rosa al verlo fue pensar que algo malo había sucedido,<< ¿Qué paso?>>-le pregunto Doña Rosa con evidente tono de preocupación-, Javier Santos trataba de darle una buena excusa pero en ese preciso momento llego Ester, un tartamudeo lo evidencio, Doña Rosa sonrío y sin decir más se retiro dejando a Javier Santos y a Ester solos para que platicaran, la conversación fue larga, casi dos horas, pese a la timidez de Javier Santos, Ester supo hacerlo reír, Doña Rosa se quedo asombrada, pocas veces en la vida había visto reír a Javier Santos, sus caracteres eran completamente diferentes por un lado Javier Santos tranquilo casi hermético y por el otro Ester una mujer alegre, platicadora y muy amiguera, platicaron de muchas cosas, más de lo que se podría suponer y quedaron de verse el siguiente sábado por la noche, Javier Santos no podía creerlo por primera vez en la vida se sentía a gusto con alguna persona, no tenia que fingir y lo más importante ella sabia hacerlo sentir querido, una sensación completamente extraña para él.

La vida de Javier Santos tomo un giro drástico ya no se le veía recostado en su catre fumando y con la luz pagada, ahora en cambio se encontraba en la esquina de la calle de Ester, visiblemente ansioso, esperando a que saliera, las visitas constantes al billar fueron aplazadas por los compromisos que adquiría con Ester, <<Voy a ir al cine con Ester>> o <<No puedo Ester quiere ir a Comer>>, eran las excusas más ocupadas. Así pasaron varios meses, hasta la mañana en que murió Doña Rosa, su muerte fue prolongada y casi imperceptible, 5 años de diabetes la acabaron, ya no era la señora regordeta y alegre que conoció Javier Santos cuando niño, sino una persona extremadamente delgada y cansada, sus movimientos eran cada vez mas lentos, con casi 57 años a cuestas las arrugas que se dibujaban en su rostro impedían ver aquella sonrisa que le caracterizaba, nunca se le escucho quejarse o dar muestras de desesperación, aunque ella sabia que el día de su muerte se acercaba. Un día Doña Rosa no pudo pararse, un fuerte dolor en el vientre se lo impedía, su respiración era pausada, <<¿Qué le pasa?>>-le pregunto su hijo mayor al ver a así a su madre-, <<nada mijo que me estoy muriendo>>-se le alcanzo a escuchar entre suspiros-, Javier Santos al ver a Doña Rosa agonizando hizo todo lo posible para salvarla, compro cuanta medicina se encontraba en el dispensario, corrió a buscar al medico del barrio, pero todo fue inútil, una gran impotencia se dibujaba en su rostro, <<así es la vida mijo>>- le alcanzo a decir Doña Rosa al ver su preocupación- <<no te apures ya es mi hora>>, el medico del barrio dijo que ya no se podía hacer nada <<lo lamento pero de esta noche no pasa>>-fueron sus palabras exactas-, una desesperación inundo el cuarto, por primera vez Javier Santos no podía hacer nada para resolver la situación, solo ver ahí recostada en su cama, muriendo, a la mujer que lo saco de vivir en la calle entre basura y ratas, los hijos de Doña Rosa no resistieron más y soltaron el llanto, Javier Santos aunque tenia ganas de hacerlo no podía, tan solo permanecía sentado en un rincón del cuarto, fumando, con los ojos cerrados para no verla morir, tratando de recordarla sonriendo, pasaron varias horas, cientos de cosas pasaron por la mente no solo de Javier Santos sino tamben de sus hermanos, la desesperación poco a poco se fue convirtiendo en resignación, los ojos llenos de lagrimas se buscaban, tan solo Javier Santos permanecía aparentemente tranquilo, aunque por dentro estaba destrozado, no mencionaba palabra, de pronto la respiración de Doña Rosa se dejo de escuchar.

La separación fue inminente, Javier Santos se sentía un extraño sin la presencia de Doña Rosa, el golpe de su muerte fue devastador para todos, en especial para Jacinto, su hijo menor, que dos meses después se le veía tirado en la calle perdido de borracho y diciendo incoherencias, seis meses bastaron para que todos se separaran, el primero en irse fue Jacinto que termino en quien sabe donde, el mayor termino casado y en la frontera con Estados Unidos, el siguiente fue Javier Santos, él no se fue tan lejos, no porque le faltaran ganas, sino por Ester y por los negocios, como él los llamaba, Javier Santos termino en un cuarto de vecindad algo maltrecho pero suficiente para él y sus cosas, sin mayores problemas convenció a Ester de mudarse con él. La vida con Ester transcurrió, entre lo que cabe, tranquila, pero algo los incomodaba, durante casi 4 años de estar juntos, Ester no había quedado embarazada, intentaron todo, visitaron a muchos doctores pero la respuesta siempre fue la misma, <<Ester esta imposibilitada para procrear>>- fue lo que le dijo el ultimo doctor al que visitaron-, Javier Santos no quería decírselo, sería un golpe devastador para ella, un hijo era la ilusión de su vida. Ester sufrió una fuerte depresión al enterarse de la noticia, de la mujer que conoció Javier Santos no quedaba ni la sobra, en solo un mes bajo 5 kilos, no salía a la calle a menos que fuera realmente importante, no platicaba con nadie, por las noches, aunque Ester trataba de evitarlo, Javier Santos escuchaba sus lamentos, Ester nunca volvió a ser la misma. El dolor no solo era de Ester, Javier Santos también se sentía decepcionado, aunque nunca lo menciono, soñaba con tener un hijo y de formar parte de una verdadera familia, al verse imposibilitado su sueño, Javier Santos se refugio en el trabajo, sin duda fue cuando más activo se le vio, las reuniones con Carlos y Antonio cada vez fueron más constantes, hasta llegar a cuna cada tercer día, los golpes cada vez eran más fuertes y sanguinarios, en una ocasión llegaron a secuestrara a un niño recién nacido y no lo regresaron hasta que se le entrego una fuerte suma de dinero.

La vida no fue fácil para Javier Santos en esos momentos, por un lado compartía un profundo dolor junto a Ester por no poder tener hijos, y por el otro necesitaba mostrarse cada vez más despiadado e inteligente, ya que la policía le seguía los pasos, << es necesario que el siguiente golpe sea casi perfecto, la policía esta sobre nosotros, después de esto nos retiramos y ya cada quien se rasca como pueda>> -les dijo Javier Santos a Carlos y a Antonio momentos antes de realizar su ultimo golpe-, la noche era clara, la luna llena iluminaba por completo toda la ciudad, Javier Santos se mostraba algo intranquilo un extraño presentimiento no lo dejaba a gusto. Todo transcurría conforme a lo planeado, todos los empleados de la bodega ya habían salido y el único que quedaba era el velador, durante casi dos horas esperaron movimiento, nada fuera de lo común, Javier Santos con la experiencia de casi 5 años en el negocio pensó que era el momento oportuno, dio la señal, dos chiflidos cortos y un largo, Carlos comenzó a caminar pistola en mano rumbo a la puerta, Antonio lo seguía guardando una cierta distancia, desde que entraron a la bodega todo fue silencio, más de lo necesario, Javier Santos comenzaba a ponerse nervioso, el extraño presentimiento cada vez se hacia mas palpable, dos detonaciones del revolver de Antonio fueron suficientes para obligar a Javier Santos a dejar el puesto de vigilancia, cuchillo en mano corrió a ver que sucedía, Antonio mal herido de un brazo forcejeando con el velador, Carlos estaba en el piso y alrededor de él un charco de sangre. El velador al ver a Carlos y a Antonio tratando de forzar la chapa, se puso nervioso, era la primera vez que le sucedía algo similar, llamo a la policía y se abalanzo sobre Carlos cuchillo en la mano, una puñalada en el pecho basto para dejarlo fuera de combate, Antonio no sabia que hacer, busco su revolver y disparo dos veces sin apuntar, unos momentos después sintió un profundo dolor en el brazo derecho, el velador lo había herido, sintió su ropa húmeda por la sangre al soltar el revolver, su cabeza daba vueltas un duro golpe lo obligo ir al suelo, ahí la lucha comenzó. Javier Santos tomo su cuchillo de la cintura, con paso calmado y la vista fija en el velador, avanzo por el pasillo hasta llegar a donde ellos se encontraban forcejeando, sin hacer mayor alarde tomo al velador por un brazo y lo obligo a alejarse de Antonio, que ya se encontraba a punto de sucumbir, y le dio una puñalada en la boca del estomago, el velador al sentir el filo de la hoja callo al suelo un alarido de dolor salio por su boca cuando trataba de alejarse, Javier Santos sin hacer mayor caso de él tomo a Antonio y salio a toda prisa de la bodega.

Era evidente la desesperación que tenia Javier Santos, bastaba ver la cantidad de colillas en el suelo, <<¿pasa algo malo?>> -le pregunto Ester al ver que Javier Santos no dejaba de ver por la ventana-, <<nada, solo toma las cosas que más utilices, que nos vamos de aquí>>- le ordeno Javier Santos mientras encendía el enésimo cigarrillo-, Javier Santos no quería preocuparla, él bien sabia que la policía lo estaba buscando por lo sucedido en la bodega, Ester no hizo gran caso, dio media vuelta y comenzó a recoger los trastos que acababan de utilizar, <<como una chingada, que agarres tus cosas, no me escuchaste>> -le grito Javier Santos al ver a Ester preparando las cosas para lavar los trastes-, Ester estaba desconcertada nunca había visto así a Javier Santos, no hizo más por lavar los trastes y se encamino rumbo a os cuartos a escoger su ropa, el humo ocupo todo el cuarto Javier Santos no dejaba de fumar, trataba de concentrarse y hacer un plan para escapar de la vecindad, nada en concreto se le ocurría, solo divagaba pensando en como habían matado a Antonio cuanto trataba de escapar, un balazo en la cabeza había evitado que lo interrogaran y sin duda le había dado mas tiempo para alejarse, pensó en regresar a Pachuca pero la sola idea de encontrara a su padre lo enfurecía, Veracruz sería mejor opción ahí Ester tenia familia que podrían darles alojo y comida mientras encontraba trabajo, <<ya estoy lista>>- le dijo Ester que estaba en la entrada del cuarto con dos bolsas de ropa-, <<perfecto!!, ¿tienes familia en Veracruz verdad?, porque teneos que alejarnos un tiempo de aquí>> -le decía Javier Santos a Ester mientras cerraban la puerta de su cuarto-, el camino era largo tenían que cruzar casi toda la ciudad para poder llegar a la central de camiones, Javier Santos apuro el paso, casi corría pero Ester no, los zapatos le molestaban, estaban a punto de de tomar el camión que los llevaría a la libertad cuando un policía los llamo, un sudor frío recorría la frente de Javier Santos en cambio Ester volteo, con una cortesía fingida le pregunto que quería, el policía no contesto, su mirada estaba fija en Javier Santos, <<¿me podría mostrar una identificación?>> -dijo el policía mientras con la mano derecha quitaba el seguro a su pistola-, <<no traigo ninguna>> -fue la respuesta de Javier Santos mientras jalaba a Ester-, <<deténgase o disparo>> -ordeno el policía al ver que Javier Santos trataba de huir-, Ester no tenía idea de lo que pasaba tan solo sentía un fuerte dolor en los pies causado por los zapatos, Javier Santos la jaloneaba cuando escucho un estallido seguido de un fuerte dolor en el pecho, bajo la vista una mancha de sangre cubría casi por completo su blusa, su cuerpo le parecía muy pesado, sus piernas ya no le respondían, su caída fue inminente, Javier Santos al ver a Ester mal herida no hizo ningún movimiento solo permaneció a su lado mientras ella moría desangrada.

El juicio fue rápido, no había nada que defender, las huellas de Javier Santos estaban por todo el lugar, además el velador, aun convaleciente del encuentro, lo identifico y lo más importante a Javier Santos no le interesaba su defensa, el golpe de ver a Ester morir fue suficiente para doblegarlo, por semanas enteras no hablo con nadie, casi no comía, su mirada permanecía perdida constantemente, el único vinculo con la realidad era el pedir cigarros, la solead en la que siempre había vivido ahora cada vez era más grande e insondable, pero aun ahora no pudo llorar, desde la muerte de su madre algo le impedía llorar, sin embargo cada vez que hacía más solitario mas alejado de la realidad.

40 años fueron una eternidad, al salir su mirada era triste y cansada, sus movimientos eran lentos y pausados, su visión nublosa a causa de las cataratas, 3 días bastaron para que Javier Santos se encontrara como al principio, durmiendo en la calle y peleando por la comida, casi no hablaba con nadie, las largas caminatas que hacia cuando niño se reanudaron, como en aquella ocasión sin rumbo fijo, hasta que llego al jacal que sería su tumba, los días y las noches las pasaba de igual manera, fumando y pensando en Ester, en Carlos y en Antonio, de las pocas ocasiones en que se le escucho hablar Javier Santos se encontraba sentado en un cajón a fuera del jacal, fumando y con una cobija a cuestas, el tendero hacia un recorrido inusual hacia su local vio a Javier Santos a fuera y le dijo <<que hubo Don Javier, ¿que haciendo?>>, <<aquí esperando morir, tengo más de 40 años esperando morir>>.

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