Nicolás se enojó con don Nabor
Y se fue para siempre del hogar;
Su papá le negó la bendición
Y el permiso pa' poderse casar.
Nicolás es ahora un gran señor
Ya canoso y sonriente de vagar;
Ni siquiera se acuerda del amor,
Sólo mira pa'l campo… y a fumar.
Nicolás es un viejo encantador,
Un buen tipo deseoso de charlar
Que comparte cervezas y canción
Y a su lado te olvidas de bailar.
Nicolás vino aquí con su dolor
Y se puso pa' pronto a trabajar;
Su familia es de puro pescador,
Tumbadores de coco en el palmar.
Nicolás, yo pregunto aquí entre nos:
¿No quisieras salir a caminar
Y buscar una nena con sabor?
Yo me apunto contigo… qué más da.
Nicolás me confiesa que su amor
Es gigante y no lo quiere olvidar,
Pues la dama que en siglos el besó
Con doce años y risas aquí está.
Has perdido tu tiempo, date cuenta,
No es fácil regresar al otro tiempo.
Tú, como yo, jamás nos dimos tiempo,
Y aunque nos dimos todo, eso no cuenta.
Yo sé lo que tú sabes, reina cruenta:
Todo mi tiempo a ti te quita el tiempo;
Y yo que del amor sí tengo tiempo,
Tu tiempo que es el tuyo no me cuenta.
¿Qué historia contarás en otro tiempo?
¿Cuál víctima vendrá para tu cuenta?
¿De quién te burlarás estando a tiempo?
Estoy muy intrigado, date cuenta,
Pues sé que nuestro amor no tuvo tiempo…
Mas ya vendrá el momento de la cuenta.
Levántate, Yazmín, aún no se han ido
Los cuatro que permiten este enredo…
Cada que nos permiten, yo no puedo
Continuar esta farsa sin olvido.
Estoy, siendo uno solo, dividido;
Millones que me espera sienten miedo
Cuando ven que tus manos y mi dedo
Se aferran a jugar lo más prohibido.
Estás, reina del mar, siempre vestida…
Mi temor de perderme y de perderte
Nunca podrá acabar tu hermosa vida
Que es un punto final y nunca muerte.
¿Por qué te tardas tanto, pervertida,
Qué, no ves que también yo estoy de suerte?
Has puesto en un mantel tu blanco seno
Para que goce tu bondad y no me muera;
Atrapa de mi ser, hermosa güera,
Aquello que me sobra, yo estoy lleno.
Si tú no fueras diosa yo, sereno,
Caminaría sin ruta y no pudiera
Siendo un perdido, ser tan bueno…
¿Qué sabes tú de lucha verdadera?
Y si acaso mi ser fuera acabado
Muriendo con los pobres satisfecho,
Dios, que es mi Dios y está a mi lado
Bajaría de su cielo y en tu pecho
Marcaría tu traición muy indignado
Pues no tienes perdón por lo que has hecho.
No me empuja, Yazmín, para desearte
El cuerpo que me tienes permitido,
Ni tampoco ese hielo tan fingido
Para dejar por eso de buscarte.
Tú me hablabas, Yazmín, sin conocerte
Y al mirarte bailar lo más prohibido
Me acerqué hacia tu cuerpo, divertido,
Y sentí que la vida no era muerte.
Me llamas con tu piel en primavera,
Y aunque no me llamaras, te llamara
Y aunque no me fingieras, te creyera;
No tienes que reír para una fiera;
No debes de cubrir con otra cara
La tuya que ya es mía… ¡quién lo dijera! |