Me
parece que por más que busque en cada rinconcito
de mi mente, diría que jamás conocí
a nadie capaz de ofrecer de tal manera su corazón.
Que nunca observé en amigos, familiares, o conocidos,
este modo tan pasional de entregarse a alguien. Esta claro
que sólo ella sabe hasta que punto quiere, ama o
necesita, pero es que la mayor virtud que podrá encontrarse
en ella es, que ese corazón tan grande, tan rojo
y esponjoso q debe ser, del que hablamos, se encuentra íntimamente
conectado a su cabeza. Lo que la convierte en el ser más
hermoso y sincero. Si bien en muchos casos las personas
nos guardamos sentimientos o emociones que preferimos no
desvelar con el fin de no quedar totalmente vulnerables,
para ella hacerlo no tiene ningún sentido. "Si
es lo que siento, ¿por qué esconderlo?",
escuche de sus labios. Siempre dije que me parecía
especial, y normalmente quien lo es, es porque posee algo
que lo diferencia del resto. Yo, que en su momento me encontré
de cara con el amor, que disfruté sus instantes pero
también sufrí sus desengaños, su realidad…
no idealizo el amar. Creo que no es forma de afrontar relación
alguna. Yo, que no me arrepiento de nada de lo vivido, porque
recuerdo que mi corazón palpitó de alegría
y de júbilo mientras duró la ilusión,
ahora, en esta ocasión, no confío en volver
a idealizarlo. Simplemente confío en llegar a ser
capaz de adentrarme en ese corazón, en esa mente.
Pues tengo claro que existen y que son capaces de querer
como nadie. De hecho, algo me lo recuerda cada vez que ella
pronuncia mi nombre o lo escribe. Sólo entonces comprendo
porque he sido capaz de volver a amar, de volver a estar
dispuesto a entregar mi tiempo, mi vida, mis ilusiones y
esperanzas… mis ojos… por ti.
Te doy mis ojos para que veles por mí,
pues sin tu querer soy como un ciego incapaz de ver donde
pisa, incapaz de vivir y sentir. Te doy mis ojos para que
me mires siempre que quieras. Para que no pueda mirar a
nadie más que a ti. Para que los apalees de deseo,
de ganas por tenerme. Para que me recuerdes toda una vida.
Te doy mis ojos… ya que sin verte… pierden su color… Sin
ti se sentirán débiles y terminarán
por cerrarse.
No imagines instante alguno que vayamos a
pasar juntos. Yo no lo haré. Sé que después
me daría cuenta de lo equivocado que estaba, pues
sueño en que siempre será más inmenso
cada sentimiento, de lo que llegamos siquiera a imaginar.
Recuerda que desde hace meses, sólo
despierto para darte mis ojos…
Cada día en clase me aburro más
que el anterior. Llega un momento, cuando el profesor se
pone francamente pesado, en que ya no sé adónde
mirar. La clase entera me da vueltas, empiezan a sudarme
las axilas, a agitárseme las piernas, a mirar de
un lado a otro... Todo ello consecuencia de la poderosa
voz que nos gobierna, al que le irrita el leve paso de una
mosca. Afortunadamente no tengo que pedir permiso para salir
de clase, aunque siempre dentro de unos determinados horarios,
por supuesto. Sin embargo, hay veces en que uno no razona,
no se acuerda de la educación ni de nada. Veces en
que uno se ahoga, en que ya no puedes más. El otro
día por ejemplo, me echaron a perder la escapada.
Pretendí salir a menos diez y el profesor decidió
que no tendría una oportunidad mejor de hacer sentir
avergonzado a un alumno. Lo mejor, o lo peor... es, que
lo que pretendiese no lo consiguió. No pienso para
nada que se trate de educación. Yo, educación,
tengo y mucha, simplemente ya no podía aguantar más
aquel infernal ambiente.
No obstante, no siempre han sido chafadas mis fugas, y
cuando lo consigo siempre acudo al mismo sitio, salgo al
pasillo y lo recorro fumando un cigarro, sintiendo el aire
de libertad que me lleva directamente hacia el baño.
Entro, cierro la puerta con pestillo, subo la tapa, me bajo
los pantalones... Me relajo, pienso en cosas bonitas, agradables...
Me libero... ¡El ruido de una puerta me ha hecho despertar
de pronto de mi maravilloso edén! ¡Me temo
lo peor! ¡Vuelvo a sentirme inquieto, a empezar a
sudar de nuevo! El rollo de papel se me cae y se lía
la de Dios mientras rueda por el suelo. Para colmo, la hebilla
del cinturón se me desarma cayendo también
al suelo! ¡La hebilla del cinturón, por si
fuera poco, se me desarma haciendo mogollón de ruido,
después de luchar con insistencia con mi chaqueta
para que no caiga al suelo, donde ya se sabe, siempre suele
haber restillos del pipí de algunos gorrinos.
Escucho el agua del grifo corriendo y mientras, yo, enfangado
en mi pequeña gran odisea, me doy cuenta de repente
del olor que está inundando mi pequeño habitáculo.
Vale, es cierto que parece razonable si estoy haciendo lo
que estoy haciendo, pero todos sabemos que no todas las
cacas huelen igual. Hay cacas que expiden la fragancia más
espeluznante. Otras, en cambio, que huelen asquerosamente
pero enseguida se va el olor. Y luego también se
pueden dar otras que huelen justamente igual que lo que
has comido al mediodía. Yo, la verdad, es que estas
últimas las suelo concebir después de haberme
comido un buen plato de callos, o en su defecto, de pasta
con salsa picante. ¡Madre mía, esas lo dejan
todo perfumado durante horas!
Ésta en concreto era de las del primer grupo. Es
decir, absolutamente insoportable. ¡Estaba perdido!
¡¡Cómo iba a lograr evacuar semejante
cosa!! De manera que comencé a abrir y cerrar a toda
velocidad el pequeño ventanuco del que disponemos
los cagadores. Si llegara a salir y el olor aún no
hubiera escapado por completo jamás me sentiría
tan avergonzado. Ésta era la hora justa a la que
Marina, la dulce chica guapísima y extremadamente
simpática entraba a limpiar los aseos. ¡Cómo
iba a permitir que la pobre tuviese que pasar por algo semejante!
Por otro lado, ¿y si yo le gustaba tanto como ella
a mí? Porque a mí, sinceramente, me encantaba,
aunque fuera mayor que yo. Así que si saliera, a
partir de ahora sólo me vería como el muchacho
de la desmallante caca. Iría a contarle a sus amigos
que jamás en la vida había olido algo tan
repugnante. Acabaría llegando a oídos de los
profesores y me suspenderían por mis cacas, por maltratar
a empleados de la universidad. Así que decidí
que mejor era no salir. Lo mejor para todos, seguro. Me
quedaría sentado en el báter, ahogándome
en mi propia mierda, esperando a que el olor se fuera o
mejor, a que Marina se fuera. En fin, se que es triste pero...
Lo peor fue que nunca llegue a saberlo, pero quien realmente
estaba en ese momento en el baño era el hijo puta
del profesor que me había regañado.
Si lo llego a saber...
No puede ser que me esté pasando otra vez. Que sea
tan masoca y de nuevo vuelva a perder el hambre…, a sentirme
siempre ausente y pensar en una única cosa. No sé
ni que sentido tiene ni cuántas veces más
me va a pasar.
Es volver a lo de siempre: una mañana llego a clase
sintiéndome distinto, fijando mi mirada mientras
duermo despierto, y ya está, respiro hondo y me digo:
"¡No ostia! ¡Te ha vuelto a pasar! ¡Qué
tienes en la cabeza que te hace enamorarte tan a menudo!".
Me jode porque no debería ir conmigo, según
dice mi gente. Yo soy demasiado sensible y romántico
para eso. Pero en fin, no es fácil de entender.
La semana pasada fue Isa. No hice más que entrar
a clase, sentarme y comenzar a dormir despierto. Enseguida
me veía con ella disfrutando de un pausado y hermoso
paseo cogidos de la mano. Le escribía mensajes y
sonreía al recibir su respuesta. Fue fatal crearme
a mi mismo tantas esperanzas, pues si mal no recuerdo no
llegó ni al tercer día. Yo, me vine abajo
por no intuir en ella más de un beso de esos de móvil,
los que se hacen con un puto asterisco. Y ella, pues… no
se enteró de nada.
Resulta que todo esto tiene su lado curioso, porque al
enamorarme olvido por completo lo que es estar con alguien.
Bueno, yo y cualquiera. Es, sobre todo, gastar dinero que
no tienes o enviar mensajes absurdos como: "¡Nena
no te enfades, que ya estoy llegando! ¡No tardo nada!".
¡Qué no te enfades! Sinceramente, quien sea
capaz de enfadarse por una chorrada así me quita
las ganas de todo. ¡Déjala tirada! ¡Seguro
que ella te lo ha hecho a ti en más de una ocasión!
Pero Bueno, precisamente por haber aprendido a que esas
cosas me resbalen es, que me enamoro. Sea con frecuencia
o no.
Sin embargo, creo que existe una clase de chicas de las
que uno se enamora y desenamora sin problemas. Claro que
son las que no te aportan nada, las que son sólo
un cuerpo. Esas chicas con las que desearías acabar
en la cama o en un sofá. Hasta que despierto y el
profesor está agitándome y haciendo chistes
a mi costa. La ballena de la tercera fila no puede parar
de reír. Y su risa es que mata. Me revienta los sesos.
En fin, por lo general, tocaría fijarse en la fila
del otro lado. Salvo si ya he vuelto a encontrar a mi Dulcinea.
Y lo increíble es, que ahí ha estado todo
el tiempo. Jamás me habría fijado pero me
llama la atención mucho más que cualquier
otra.
A veces pienso que son pelis que yo mismo me monto y dirijo,
porque en realidad, no habíamos llegado a cruzar
más de dos palabras. Pero supongo que toda la culpa
es de esa constante necesidad que tengo de dar y recibir
cariño. Me imagino yendo a verla jugar, tan orgulloso
de ella… Quizá, como siempre vaya demasiado rápido,
pero si no lo hago así ¿qué sentido
tiene? Si precisamente eso es lo bonito. No todo va a ser
pasar hambre y sacrificar el cigarrito de la cantina por
quedarme a escribir estas rayadas. O morderme la mano cuando
ella está cerca, por no poder lanzarme a estrujarla
entre mis brazos.
¡No, si va a resultar que es verdad lo que dice el
Bob, que "soy un rayao"! Y digo yo, para rayao,
el de teología, que desde que ha venido no ha parado
de cascar y arrojar babas.
-¿No te he contado nunca el cuento de la preciosa
Anna?
-No… creo que ese no. Pero estoy ansiosa por escucharte,
siempre me han encantado tus cuentos.
-Pues verás, ponte cómoda y escucha…
Anna era una extraña chica de la que nadie sabía
nada. Apenas unos pocos decían haberla visto, pero…
de no ser por esos pocos su existencia pendía más
bien de una fantasía.
Quienes juraban haberla visto decían haber quedado
paralizados ante ese instante. Aseguraban haber visto el
espeso chocolate que sirven en las terrazas parisinas, reflejado
en sus ojos. Haber quedado empapados por las inmensas olas
llameantes agitándose en sus cabellos… O haberse
sentido hechizados por la clara y esponjosa nieve que cubre
tooda su piel. Dicen que es dulce… que le gusta que le acaricien…
que es enigmática… que tiene muchos sueños
que se moriría por cumplir y que sabe que nadie podrá
con ella. Pero por encima de todo, alguien para quien lo
más importante es el amor, la vida y cada experiencia
que ésta le ofrezca cada vez que haga algo y tome
una decisión… Así es como dicen que es…
Hay quienes no creen ni una palabra… ¡pero eso es
porque no tienen sueños! ¡Nadie que no tenga
sueños puede creer en nada! ¿No crees? Sin
embargo, quien los tiene… sabe que ella sieempre está
ahí. Que cada noche camina sola en la oscuridad buscando
el alma gemela que la acompañe. Y eso es lo que hace,
así es cómo esos pocos dicen que la han visto.
Cada noche, cuando en las calles no se aprecia más
que la oscuridad de las farolas y el olor de los hornos
artesanales comenzando a calentarse lo impregna absolutamente
todo, por las ventanas de los tejados de algún barrio
a menudo se escuchan pisadas que suenan igual que el sensual
y atractivo caminar de un gato, perfectamente acompasado.
Es casi un delirio… ¡y es que Ella ha llegado! Los
chicos ruegan que sea ella, suspirando por ver su delicada
presencia. Sin embargo, por mucho que esperen, en ese instante
nuunca la verán… porque se hace invisible, es como
los sueños, que al despertar desaparecen dejándonos
una profunda sensación de añoranza y desaliento.
Ella es… como un fantasma que aparece cuando menos lo esperas…
cuando todo está en silencio. Pasan las horas y cada
chico de cada tejado de cada ventana en que se escuchan
los atrayentes gateos termina desistiendo, "habrán
sido sólo las ramas del viento", se consuelan
en pensar, pero noo, Ella estará ahí cuando
despierten., porque Ella ya ha elegido… y esa es la boca
que ansía besar.
Fin de la historia…
-¡¡Ooohhh, es preciosa!! ¡¡Pero
espera!! ¡¡No puede acabar así!! ¡¡Tengo
que saber si Ella sólo se trata de un sueño
o es reaal…!!
Al despertar y ver sus ojos mirándole, el joven
pudo descubrir, por primera vez, lo que era enamorarse de
verdad.
-¡Madre mía, es precioso! Dime papá,
¿tú la has visto?
-Bueno… verás hija… me casé con tu madre,
¿no? (y salió de la habitación sonriendo
orgulloso).
Dedicado con cariño a todo aquel que en algún
momento haya dejado de creer en el amor.
"Nadie como tú para hacerme reír… Nadie
como tú sabe tanto de mí… Nadie como tú
es capaz de compartir mis penas y tristeza, mis ganas de
vivir… Tienes ese don de dar tranquilidad, de saber escuchar,
de envolverme en paz… Tienes la virtud de hacerme olvidar
el miedo que me da mirar la oscuridad…"
-¿Tú por qué crees que nos conocimos?
-¡Sshhh, calla! Te pierdes la canción.
-¿Pero nunca te lo has preguntado? ¿Nunca
se te ha ocurrido pensar cómo es que acabamos el
uno junto al otro?
-¡Shh, caalla!
-¡Pues yo sí! ¡Y aquí mismo, tumbados
sobre tu cama, siempre con el miedo de que nos pillen! Aunque
eso nunca ocurrirá.
-¡Está bieen! ¡A ver! ¿Y cómo
puedes estar tan seguro?
-Pues porque esas cosas sólo les pasan a quienes
no se quieren de verdad, no a ti y a mí.
-¡Ja, ja! ¡Estás loco! ¿Qué
tendrá eso que ver? Te estás perdiendo la
canción…
-¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas cada momento que
hemos pasado aquí juntos? Y todas esas noches que
acababa durmiéndome entre tus brazos... Eso no hubiera
podido hacerlo con ninguna otra.
-¡Claro que siii! Con cualquiera que se hubiera dejado
hechizar por tus palabras.
-¡¡Pero fuiste tú!! ¡Eso es lo
que trato de decirte, que sólo tú eres capaz
de dejarte llevar tanto por simples palabras…! ¡Sólo
tú eres tan especial! ¡Tan especial como para
valorar un simple gesto, o una mirada!
-Sabes que todo eso que dices siempre me resulta precioso,
pero no creo que sea por eso, como yo, debe haber muchas
otras chicas, tan dulces y agradables o incluso más.
¿Sabes? Siempre he pensado una cosa sobre ti, desde
que te conozco, y supongo que no me atrevía a decírtelo…
por vergüenza… o no sé, pero tienes el don de
enamorar con tu forma de ser, con tus palabras, simplemente
con ser tal y como eres.
-¡Anda! ¡No seas tontorrona, que dices unas
cosas…!
-¡Noo, te hablo muy en serio, créeme! Nunca
había conocido a nadie que fuera capaz de crear ese
efecto en mí, y eso tiene que ser por algo. Si no,
fíjate, ¿cómo puede ser que estemos
tan unidos después de tan sólo unos meses
que hace que nos conocimos? ¡Es increíble!
-¡Bueno…! ¡Vaaya, gracias…! Pero pienso que
eres tú quien me deja ser así, quien hace
que me sienta tan a gusto, mucho más que con cualquier
otra persona, o mejor dicho, chica.
-Ahora me has hecho recordar a mí también,
¿sabes? Y, perdóname si esto quizá
pueda incomodarte un poco, pero no puedo evitar pensar en
las veces que nos hemos quedado solos en esta habitación…
como ahora, y en lo que podría haber surgido…
-¿Quieres decir…?
-¡Si! De haber sentido algo el uno por el otro podríamos
haber llegado a hacer…
-¡Venga! ¿A hacer qué? ¡Suéltalo
sin miedo, vamos!
-Es igual, déjalo.
-¡Noo! ¡Somos maduros, podemos hablar de ello,
no hay por qué ocultárnoslo!
-Ya, pero…
-¿Sabes? Me hubiese encantado.
-¿Cómo dices?
-¡El amor…, me hubiera encantado hacerlo contigo!
(mientras sus dedos acariciaban suavemente su mejilla).
-Verás… ahora que dices eso… Yo… Tengo que decirte…,
que…
¡¡¡¡¡Riiing, riiiing!!!!
¡¡¡¡Riiiiiing, riiiiiing!!!
-¡No ha sido más que un sueño…! ¡A
pesar de lo real que parecía…! ¡No puede ser!
No puedo creer cuánto la echo de menos…
(Sale de su habitación y se detiene en la fuentecilla
que tiene al salir, justo en frente. Se encuentra desconcertado
por el sueño que ha tenido y está como ausente,
en su mundo. De pronto, gira un momento levemente la cabeza
y allí está ella…).
-… ¿Cómo te va?...
-¡Vaaya, hola! La verdad, esta mañana un poco
perdido.
-No sabía si acercarme. Hace tanto tiempo…
-Yo… ¡Mira, tengo que ser sincero de una vez! ¿Sabes
qué? ¡No me importa lo que ocurriera entre
nosotros! Yo sólo… necesito abrazarte…
-Pero…
-¡Por favoor! ¡No me importa lo que pasara y
no quiero recordarlo, sólo sé que te necesito,
que te he necesitado en estos meses más que nunca
y sólo deseaba ir hacia donde estuvieses sentada
y abrazarte! ¡Permanecer unos minutos entre tus brazos
y sentirme de nuevo querido por ti! ¡Sólo eso!
Yo…
-¡No sigas por favor, y abrázame fuerte, muy
fuerte! ¡Abrázame como nunca antes lo hayas
hecho! Porque yo sí que te he echado de menos… y
he necesitado decirte… ¡que te quiero…! ¡Que
nunca he dejado de hacerlo!
-¡Dios! ¡Te parecerá una tontería,
pero he echado de menos tu olor! Siempre olías tan
bien… ¡Eres maravillosa, y sé que te necesito
a mi lado si quiero ser completamente feliz…! ¡Y te
prometo que nunca volverá a pasar esto entre nosotros,
jamás!
-Yo también te lo prometo.
-¡Noe!
-¿Si?
-¡Te quiero…! (Sonriendo dulcemente mientras permanece
apoyada sobre su hombro).
-… Yo a ti también.
"…Y pasarán, pasarán… los años
y siempre estarás… buscando un plan, para que se
hagan realidad… los sueños que… soñábamos
antes de ayer al dormir, hablando del tiempo que nos quedará
por vivir. En silencio y sin cruzar una palabra… solamente
una mirada es suficiente para hablar, ya son más
de veinte años, de recuerdos congelados, de momentos
que jamás se olvidarán. Sin hablar… sin mirar…
sabremos llegar a entender que jamás NI NADA NI NADIE
EN LA VIDA NOS SEPARARÁ…"
|