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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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TE DOY MIS OJOS


Por Ricardo Ibáñez Ruiz
inocente_pero_perverso@hotmail.com

TE DOY MIS OJOS

Me parece que por más que busque en cada rinconcito de mi mente, diría que jamás conocí a nadie capaz de ofrecer de tal manera su corazón. Que nunca observé en amigos, familiares, o conocidos, este modo tan pasional de entregarse a alguien. Esta claro que sólo ella sabe hasta que punto quiere, ama o necesita, pero es que la mayor virtud que podrá encontrarse en ella es, que ese corazón tan grande, tan rojo y esponjoso q debe ser, del que hablamos, se encuentra íntimamente conectado a su cabeza. Lo que la convierte en el ser más hermoso y sincero. Si bien en muchos casos las personas nos guardamos sentimientos o emociones que preferimos no desvelar con el fin de no quedar totalmente vulnerables, para ella hacerlo no tiene ningún sentido. "Si es lo que siento, ¿por qué esconderlo?", escuche de sus labios. Siempre dije que me parecía especial, y normalmente quien lo es, es porque posee algo que lo diferencia del resto. Yo, que en su momento me encontré de cara con el amor, que disfruté sus instantes pero también sufrí sus desengaños, su realidad… no idealizo el amar. Creo que no es forma de afrontar relación alguna. Yo, que no me arrepiento de nada de lo vivido, porque recuerdo que mi corazón palpitó de alegría y de júbilo mientras duró la ilusión, ahora, en esta ocasión, no confío en volver a idealizarlo. Simplemente confío en llegar a ser capaz de adentrarme en ese corazón, en esa mente. Pues tengo claro que existen y que son capaces de querer como nadie. De hecho, algo me lo recuerda cada vez que ella pronuncia mi nombre o lo escribe. Sólo entonces comprendo porque he sido capaz de volver a amar, de volver a estar dispuesto a entregar mi tiempo, mi vida, mis ilusiones y esperanzas… mis ojos… por ti.

Te doy mis ojos para que veles por mí, pues sin tu querer soy como un ciego incapaz de ver donde pisa, incapaz de vivir y sentir. Te doy mis ojos para que me mires siempre que quieras. Para que no pueda mirar a nadie más que a ti. Para que los apalees de deseo, de ganas por tenerme. Para que me recuerdes toda una vida. Te doy mis ojos… ya que sin verte… pierden su color… Sin ti se sentirán débiles y terminarán por cerrarse.

No imagines instante alguno que vayamos a pasar juntos. Yo no lo haré. Sé que después me daría cuenta de lo equivocado que estaba, pues sueño en que siempre será más inmenso cada sentimiento, de lo que llegamos siquiera a imaginar.

Recuerda que desde hace meses, sólo despierto para darte mis ojos…

¡ESTE AMOR... HUELE!

Cada día en clase me aburro más que el anterior. Llega un momento, cuando el profesor se pone francamente pesado, en que ya no sé adónde mirar. La clase entera me da vueltas, empiezan a sudarme las axilas, a agitárseme las piernas, a mirar de un lado a otro... Todo ello consecuencia de la poderosa voz que nos gobierna, al que le irrita el leve paso de una mosca. Afortunadamente no tengo que pedir permiso para salir de clase, aunque siempre dentro de unos determinados horarios, por supuesto. Sin embargo, hay veces en que uno no razona, no se acuerda de la educación ni de nada. Veces en que uno se ahoga, en que ya no puedes más. El otro día por ejemplo, me echaron a perder la escapada. Pretendí salir a menos diez y el profesor decidió que no tendría una oportunidad mejor de hacer sentir avergonzado a un alumno. Lo mejor, o lo peor... es, que lo que pretendiese no lo consiguió. No pienso para nada que se trate de educación. Yo, educación, tengo y mucha, simplemente ya no podía aguantar más aquel infernal ambiente.

No obstante, no siempre han sido chafadas mis fugas, y cuando lo consigo siempre acudo al mismo sitio, salgo al pasillo y lo recorro fumando un cigarro, sintiendo el aire de libertad que me lleva directamente hacia el baño. Entro, cierro la puerta con pestillo, subo la tapa, me bajo los pantalones... Me relajo, pienso en cosas bonitas, agradables... Me libero... ¡El ruido de una puerta me ha hecho despertar de pronto de mi maravilloso edén! ¡Me temo lo peor! ¡Vuelvo a sentirme inquieto, a empezar a sudar de nuevo! El rollo de papel se me cae y se lía la de Dios mientras rueda por el suelo. Para colmo, la hebilla del cinturón se me desarma cayendo también al suelo! ¡La hebilla del cinturón, por si fuera poco, se me desarma haciendo mogollón de ruido, después de luchar con insistencia con mi chaqueta para que no caiga al suelo, donde ya se sabe, siempre suele haber restillos del pipí de algunos gorrinos.

Escucho el agua del grifo corriendo y mientras, yo, enfangado en mi pequeña gran odisea, me doy cuenta de repente del olor que está inundando mi pequeño habitáculo. Vale, es cierto que parece razonable si estoy haciendo lo que estoy haciendo, pero todos sabemos que no todas las cacas huelen igual. Hay cacas que expiden la fragancia más espeluznante. Otras, en cambio, que huelen asquerosamente pero enseguida se va el olor. Y luego también se pueden dar otras que huelen justamente igual que lo que has comido al mediodía. Yo, la verdad, es que estas últimas las suelo concebir después de haberme comido un buen plato de callos, o en su defecto, de pasta con salsa picante. ¡Madre mía, esas lo dejan todo perfumado durante horas!

Ésta en concreto era de las del primer grupo. Es decir, absolutamente insoportable. ¡Estaba perdido! ¡¡Cómo iba a lograr evacuar semejante cosa!! De manera que comencé a abrir y cerrar a toda velocidad el pequeño ventanuco del que disponemos los cagadores. Si llegara a salir y el olor aún no hubiera escapado por completo jamás me sentiría tan avergonzado. Ésta era la hora justa a la que Marina, la dulce chica guapísima y extremadamente simpática entraba a limpiar los aseos. ¡Cómo iba a permitir que la pobre tuviese que pasar por algo semejante! Por otro lado, ¿y si yo le gustaba tanto como ella a mí? Porque a mí, sinceramente, me encantaba, aunque fuera mayor que yo. Así que si saliera, a partir de ahora sólo me vería como el muchacho de la desmallante caca. Iría a contarle a sus amigos que jamás en la vida había olido algo tan repugnante. Acabaría llegando a oídos de los profesores y me suspenderían por mis cacas, por maltratar a empleados de la universidad. Así que decidí que mejor era no salir. Lo mejor para todos, seguro. Me quedaría sentado en el báter, ahogándome en mi propia mierda, esperando a que el olor se fuera o mejor, a que Marina se fuera. En fin, se que es triste pero... Lo peor fue que nunca llegue a saberlo, pero quien realmente estaba en ese momento en el baño era el hijo puta del profesor que me había regañado.

Si lo llego a saber...

¿Y AHORA QUÉ HAGO?

No puede ser que me esté pasando otra vez. Que sea tan masoca y de nuevo vuelva a perder el hambre…, a sentirme siempre ausente y pensar en una única cosa. No sé ni que sentido tiene ni cuántas veces más me va a pasar.

Es volver a lo de siempre: una mañana llego a clase sintiéndome distinto, fijando mi mirada mientras duermo despierto, y ya está, respiro hondo y me digo: "¡No ostia! ¡Te ha vuelto a pasar! ¡Qué tienes en la cabeza que te hace enamorarte tan a menudo!". Me jode porque no debería ir conmigo, según dice mi gente. Yo soy demasiado sensible y romántico para eso. Pero en fin, no es fácil de entender.

La semana pasada fue Isa. No hice más que entrar a clase, sentarme y comenzar a dormir despierto. Enseguida me veía con ella disfrutando de un pausado y hermoso paseo cogidos de la mano. Le escribía mensajes y sonreía al recibir su respuesta. Fue fatal crearme a mi mismo tantas esperanzas, pues si mal no recuerdo no llegó ni al tercer día. Yo, me vine abajo por no intuir en ella más de un beso de esos de móvil, los que se hacen con un puto asterisco. Y ella, pues… no se enteró de nada.

Resulta que todo esto tiene su lado curioso, porque al enamorarme olvido por completo lo que es estar con alguien. Bueno, yo y cualquiera. Es, sobre todo, gastar dinero que no tienes o enviar mensajes absurdos como: "¡Nena no te enfades, que ya estoy llegando! ¡No tardo nada!". ¡Qué no te enfades! Sinceramente, quien sea capaz de enfadarse por una chorrada así me quita las ganas de todo. ¡Déjala tirada! ¡Seguro que ella te lo ha hecho a ti en más de una ocasión! Pero Bueno, precisamente por haber aprendido a que esas cosas me resbalen es, que me enamoro. Sea con frecuencia o no.

Sin embargo, creo que existe una clase de chicas de las que uno se enamora y desenamora sin problemas. Claro que son las que no te aportan nada, las que son sólo un cuerpo. Esas chicas con las que desearías acabar en la cama o en un sofá. Hasta que despierto y el profesor está agitándome y haciendo chistes a mi costa. La ballena de la tercera fila no puede parar de reír. Y su risa es que mata. Me revienta los sesos.
En fin, por lo general, tocaría fijarse en la fila del otro lado. Salvo si ya he vuelto a encontrar a mi Dulcinea. Y lo increíble es, que ahí ha estado todo el tiempo. Jamás me habría fijado pero me llama la atención mucho más que cualquier otra.

A veces pienso que son pelis que yo mismo me monto y dirijo, porque en realidad, no habíamos llegado a cruzar más de dos palabras. Pero supongo que toda la culpa es de esa constante necesidad que tengo de dar y recibir cariño. Me imagino yendo a verla jugar, tan orgulloso de ella… Quizá, como siempre vaya demasiado rápido, pero si no lo hago así ¿qué sentido tiene? Si precisamente eso es lo bonito. No todo va a ser pasar hambre y sacrificar el cigarrito de la cantina por quedarme a escribir estas rayadas. O morderme la mano cuando ella está cerca, por no poder lanzarme a estrujarla entre mis brazos.

¡No, si va a resultar que es verdad lo que dice el Bob, que "soy un rayao"! Y digo yo, para rayao, el de teología, que desde que ha venido no ha parado de cascar y arrojar babas.

ELLA

-¿No te he contado nunca el cuento de la preciosa Anna?
-No… creo que ese no. Pero estoy ansiosa por escucharte, siempre me han encantado tus cuentos.
-Pues verás, ponte cómoda y escucha…

Anna era una extraña chica de la que nadie sabía nada. Apenas unos pocos decían haberla visto, pero… de no ser por esos pocos su existencia pendía más bien de una fantasía.
Quienes juraban haberla visto decían haber quedado paralizados ante ese instante. Aseguraban haber visto el espeso chocolate que sirven en las terrazas parisinas, reflejado en sus ojos. Haber quedado empapados por las inmensas olas llameantes agitándose en sus cabellos… O haberse sentido hechizados por la clara y esponjosa nieve que cubre tooda su piel. Dicen que es dulce… que le gusta que le acaricien… que es enigmática… que tiene muchos sueños que se moriría por cumplir y que sabe que nadie podrá con ella. Pero por encima de todo, alguien para quien lo más importante es el amor, la vida y cada experiencia que ésta le ofrezca cada vez que haga algo y tome una decisión… Así es como dicen que es…

Hay quienes no creen ni una palabra… ¡pero eso es porque no tienen sueños! ¡Nadie que no tenga sueños puede creer en nada! ¿No crees? Sin embargo, quien los tiene… sabe que ella sieempre está ahí. Que cada noche camina sola en la oscuridad buscando el alma gemela que la acompañe. Y eso es lo que hace, así es cómo esos pocos dicen que la han visto.

Cada noche, cuando en las calles no se aprecia más que la oscuridad de las farolas y el olor de los hornos artesanales comenzando a calentarse lo impregna absolutamente todo, por las ventanas de los tejados de algún barrio a menudo se escuchan pisadas que suenan igual que el sensual y atractivo caminar de un gato, perfectamente acompasado. Es casi un delirio… ¡y es que Ella ha llegado! Los chicos ruegan que sea ella, suspirando por ver su delicada presencia. Sin embargo, por mucho que esperen, en ese instante nuunca la verán… porque se hace invisible, es como los sueños, que al despertar desaparecen dejándonos una profunda sensación de añoranza y desaliento. Ella es… como un fantasma que aparece cuando menos lo esperas… cuando todo está en silencio. Pasan las horas y cada chico de cada tejado de cada ventana en que se escuchan los atrayentes gateos termina desistiendo, "habrán sido sólo las ramas del viento", se consuelan en pensar, pero noo, Ella estará ahí cuando despierten., porque Ella ya ha elegido… y esa es la boca que ansía besar.

Fin de la historia…

-¡¡Ooohhh, es preciosa!! ¡¡Pero espera!! ¡¡No puede acabar así!! ¡¡Tengo que saber si Ella sólo se trata de un sueño o es reaal…!!

Al despertar y ver sus ojos mirándole, el joven pudo descubrir, por primera vez, lo que era enamorarse de verdad.

-¡Madre mía, es precioso! Dime papá, ¿tú la has visto?
-Bueno… verás hija… me casé con tu madre, ¿no? (y salió de la habitación sonriendo orgulloso).

Dedicado con cariño a todo aquel que en algún momento haya dejado de creer en el amor.

NOSOTROS

"Nadie como tú para hacerme reír… Nadie como tú sabe tanto de mí… Nadie como tú es capaz de compartir mis penas y tristeza, mis ganas de vivir… Tienes ese don de dar tranquilidad, de saber escuchar, de envolverme en paz… Tienes la virtud de hacerme olvidar el miedo que me da mirar la oscuridad…"

-¿Tú por qué crees que nos conocimos?
-¡Sshhh, calla! Te pierdes la canción.
-¿Pero nunca te lo has preguntado? ¿Nunca se te ha ocurrido pensar cómo es que acabamos el uno junto al otro?
-¡Shh, caalla!
-¡Pues yo sí! ¡Y aquí mismo, tumbados sobre tu cama, siempre con el miedo de que nos pillen! Aunque eso nunca ocurrirá.
-¡Está bieen! ¡A ver! ¿Y cómo puedes estar tan seguro?
-Pues porque esas cosas sólo les pasan a quienes no se quieren de verdad, no a ti y a mí.
-¡Ja, ja! ¡Estás loco! ¿Qué tendrá eso que ver? Te estás perdiendo la canción…
-¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas cada momento que hemos pasado aquí juntos? Y todas esas noches que acababa durmiéndome entre tus brazos... Eso no hubiera podido hacerlo con ninguna otra.
-¡Claro que siii! Con cualquiera que se hubiera dejado hechizar por tus palabras.
-¡¡Pero fuiste tú!! ¡Eso es lo que trato de decirte, que sólo tú eres capaz de dejarte llevar tanto por simples palabras…! ¡Sólo tú eres tan especial! ¡Tan especial como para valorar un simple gesto, o una mirada!
-Sabes que todo eso que dices siempre me resulta precioso, pero no creo que sea por eso, como yo, debe haber muchas otras chicas, tan dulces y agradables o incluso más. ¿Sabes? Siempre he pensado una cosa sobre ti, desde que te conozco, y supongo que no me atrevía a decírtelo… por vergüenza… o no sé, pero tienes el don de enamorar con tu forma de ser, con tus palabras, simplemente con ser tal y como eres.
-¡Anda! ¡No seas tontorrona, que dices unas cosas…!
-¡Noo, te hablo muy en serio, créeme! Nunca había conocido a nadie que fuera capaz de crear ese efecto en mí, y eso tiene que ser por algo. Si no, fíjate, ¿cómo puede ser que estemos tan unidos después de tan sólo unos meses que hace que nos conocimos? ¡Es increíble!
-¡Bueno…! ¡Vaaya, gracias…! Pero pienso que eres tú quien me deja ser así, quien hace que me sienta tan a gusto, mucho más que con cualquier otra persona, o mejor dicho, chica.
-Ahora me has hecho recordar a mí también, ¿sabes? Y, perdóname si esto quizá pueda incomodarte un poco, pero no puedo evitar pensar en las veces que nos hemos quedado solos en esta habitación… como ahora, y en lo que podría haber surgido…
-¿Quieres decir…?
-¡Si! De haber sentido algo el uno por el otro podríamos haber llegado a hacer…
-¡Venga! ¿A hacer qué? ¡Suéltalo sin miedo, vamos!
-Es igual, déjalo.
-¡Noo! ¡Somos maduros, podemos hablar de ello, no hay por qué ocultárnoslo!
-Ya, pero…
-¿Sabes? Me hubiese encantado.
-¿Cómo dices?
-¡El amor…, me hubiera encantado hacerlo contigo! (mientras sus dedos acariciaban suavemente su mejilla).
-Verás… ahora que dices eso… Yo… Tengo que decirte…, que…

¡¡¡¡¡Riiing, riiiing!!!! ¡¡¡¡Riiiiiing, riiiiiing!!!

-¡No ha sido más que un sueño…! ¡A pesar de lo real que parecía…! ¡No puede ser! No puedo creer cuánto la echo de menos…

(Sale de su habitación y se detiene en la fuentecilla que tiene al salir, justo en frente. Se encuentra desconcertado por el sueño que ha tenido y está como ausente, en su mundo. De pronto, gira un momento levemente la cabeza y allí está ella…).

-… ¿Cómo te va?...
-¡Vaaya, hola! La verdad, esta mañana un poco perdido.
-No sabía si acercarme. Hace tanto tiempo…
-Yo… ¡Mira, tengo que ser sincero de una vez! ¿Sabes qué? ¡No me importa lo que ocurriera entre nosotros! Yo sólo… necesito abrazarte…
-Pero…
-¡Por favoor! ¡No me importa lo que pasara y no quiero recordarlo, sólo sé que te necesito, que te he necesitado en estos meses más que nunca y sólo deseaba ir hacia donde estuvieses sentada y abrazarte! ¡Permanecer unos minutos entre tus brazos y sentirme de nuevo querido por ti! ¡Sólo eso! Yo…
-¡No sigas por favor, y abrázame fuerte, muy fuerte! ¡Abrázame como nunca antes lo hayas hecho! Porque yo sí que te he echado de menos… y he necesitado decirte… ¡que te quiero…! ¡Que nunca he dejado de hacerlo!
-¡Dios! ¡Te parecerá una tontería, pero he echado de menos tu olor! Siempre olías tan bien… ¡Eres maravillosa, y sé que te necesito a mi lado si quiero ser completamente feliz…! ¡Y te prometo que nunca volverá a pasar esto entre nosotros, jamás!
-Yo también te lo prometo.

-¡Noe!
-¿Si?
-¡Te quiero…! (Sonriendo dulcemente mientras permanece apoyada sobre su hombro).
-… Yo a ti también.

"…Y pasarán, pasarán… los años y siempre estarás… buscando un plan, para que se hagan realidad… los sueños que… soñábamos antes de ayer al dormir, hablando del tiempo que nos quedará por vivir. En silencio y sin cruzar una palabra… solamente una mirada es suficiente para hablar, ya son más de veinte años, de recuerdos congelados, de momentos que jamás se olvidarán. Sin hablar… sin mirar… sabremos llegar a entender que jamás NI NADA NI NADIE EN LA VIDA NOS SEPARARÁ…"

 

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