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RELATOS


Por Robert NewPort


EVOCACIÓN

Aquella tarde de finales de agosto, sin saber por qué, Ruth sintió la necesidad de acercarse hasta el mirador del paseo marítimo, desde el que se ve el mar hasta el infinito, y sentarse en aquel banco de madera, robusto y confortable, que solían ocupar ella y Samuel, su marido fallecido cinco años antes, y contemplar la bellísima puesta de sol que, como todas las tardes con cielo despejado, era el preámbulo del anochecer.

Ruth, apoyada en la balaustrada, miraba de soslayo el banco que tantas tardes, en cualquier época del año, fue testigo de confidencias, de promesas de amor eterno y, también, de algún que otro enfado…, y no se decidía a sentarse en él hasta que dieran las ocho de la tarde en el carillón del reloj del ayuntamiento, como solía hacer con el entonces novio y más tarde marido, Samuel. Y mientras tanto, arrullada por el ruido de las pequeñas olas que rompían contra el malecón, siguió recordando, con emoción y nostalgia, los años de noviazgo -¡qué jóvenes eran!- en los que, allí sentados y cogidos de las manos, se decían palabras de amor –en voz baja, susurrante- y, furtivamente, se besaban con pasión. Hablaban de un futuro, juntos, siempre juntos.
Hablaban de tener hijos: la parejita, decían sonrientes… ¡Al fin, las ocho! Sonaron, una tras otra, las campanadas del carillón.

Sentada ya en el banco, tan familiar para ella como el del porche de su casa, tuvo una extraña sensación, estremecedora, que recorrió todo su cuerpo. ¡Habrá sido la brisa! pensó, y se puso la chaquetita de punto que siempre llevaba en el bolso o en la mano. ¡Me hace compañía!, decía con dulzura. La calidez de la prenda la confortó y se sintió a gusto, arropada, como cuando Samuel la atraía hacia él con protector cariño. En ese instante todos los recuerdos se agolparon en su mente. La petición de mano en casa de sus padres, como mandaban los cánones, nerviosa pero muy ilusionada. El día de la boda, toda la familia de aquí para allá, con el barullo de los preparativos. Las amigas, ayudándola a ponerse aquel precioso vestido de novia. Y, más tarde, su entrada triunfal en la iglesia ¡hermosa y radiante!... Tras la ceremonia, el banquete nupcial y ¡cómo no! el tradicional vals. Y las bromas de los amigos. Y el ¡vivan los novios!... ¡Que se besen!...
¡Que se besen!... Qué interminable les parecía todo aquello. ¡Al fin!
llegó el momento de las despedidas, de los besos y abrazos, de las lágrimas emocionadas… y, de nuevo, ¡Vivan los novios!... ¡Buen viaje!... Horas más tarde, ya en el lugar que habían elegido, comenzaría para ellos la tan anhelada luna de miel.

La emoción era desbordante. La mutua visión de sus cuerpos desnudos, por primera vez, hizo que se sonrojaran. Quedaron inmóviles, dudaron un instante, y luego, instintivamente, se abrazaron con ternura. El roce de la piel, era una sensación maravillosa. La excelsa felicidad de un acto íntimo, de entrega total y armónica, sin condiciones. El abandono de los sentidos… el sublime e indescriptible placer del amor.

La claridad con la que Ruth recordaba todo aquello llegó a inquietarla. Pero siguió recreándose en sus recuerdos más íntimos.
Necesitaba evocar los momentos más felices de su vida, como el nacimiento de sus hijos: Esther y Elías, así los llamaron, siguiendo la tradición familiar por los nombres bíblicos. Estos hijos, fruto del inmenso amor que se profesaban, fueron la culminación de su felicidad y, por ello, daban siempre gracias a Dios. Años más tarde, después de estudiar sus carreras universitarias y encontrar un trabajo que les
permitía independizarse, abandonaron "el nido" –como le gustaba
decir a Ruth- y se casaron. Les dieron unos nietos preciosos a los que adoraban. ¡Cómo disfrutaban con aquellos pequeños diablillos! Ya no podían pedir más.

Pero la felicidad, como todo en la vida, no dura eternamente. Y Samuel, al que conocía desde que eran unos niños, compañero del alma y el único hombre al que Ruth había amado con todo su ser, enfermó repentinamente y, en pocos meses, rodeado de sus hijos y nietos, en silencio y abrazado a su esposa y compañera ¡único amor de su vida!, dejó de existir.

Ruth, en aquel banco frente al mar, recordaba lo sola que se había sentido sin Samuel. La profunda tristeza que se había apoderado de ella y la melancolía en la que se había sumido en los meses siguientes al fallecimiento de su esposo. Recordaba, también, como sus hijos y nietos le hacían compañía constantemente tratando de animarla. Pero todo era inútil. Nada podía compensar la ausencia del hombre al que había querido tanto, al hombre que tanto la había querido a ella. No todo había sido un camino de rosas, discutían y se enfadaban, como todas las parejas; pero la reconciliación, reconociendo el error y perdonándose mutuamente, era siempre maravillosa. También pasaron épocas duras, de dificultades económicas, que consiguieron superar.
Seguía sin comprender cómo puede ser tan cruel la vida… Fueron meses muy tristes, de llantos interminables. Hoy, ¡precisamente hoy!
-recordaba Ruth-, se cumplen cinco años del fallecimiento de Samuel.

Empezaba a anochecer y la brisa marina era cada vez más fría y húmeda. La fina chaqueta de punto apenas abrigaba aquel cuerpo de mujer, todavía esbelto y bello, en el que el dolor y la tristeza habían dejado, implacables, su huella imborrable. Pero Ruth, instalada en sus recuerdos, tenía la sensación de encontrarse en un lugar confortable y acogedor. En su rostro, dulce y sereno, se reflejaba una gran paz interior…

Las flores, frescas y de colores suaves, sobre la pulida lápida de mármol gris, acababan de llevarlas Esther y Elías, sus queridos hijos.
Ruth descansaba ya junto a Samuel. Hoy hace un año que, como último gesto de amor y generosidad infinitos, Ruth se dejó morir en aquel banco de madera, robusto y confortable, del mirador del paseo marítimo.

RELATO DE UN TRABAJADOR EN PARO

Aquel 22 de septiembre de 1995 quedó grabado en tu memoria como un tatuaje neuronal. Se trata de la fecha en que la empresa en la que has trabajado durante treinta y dos años, se declara en suspensión de pagos e inicia el expediente de regulación de empleo (ERE), que es la antesala del cierre definitivo.

Efectivamente, casi cuatro meses más tarde -11 de enero de 1996-, llega la rescisión del contrato laboral por quiebra y el tan temido cierre. Es el final de una empresa que, con muchos años de historia y reconocido prestigio, nacional e internacional, deja en la calle a 130 trabajadores que, ante una situación desconocida para ellos, se encuentran desorientados y sin saber muy bien qué hacer.

A partir de ese momento, y a instancia de los sindicatos correspondientes, se inicia una larga serie de asambleas, con el fin de buscar un empresario que esté dispuesto a hacerse cargo de la empresa y de la totalidad de la plantilla...

Dos largos e interminables años de gestiones con empresarios y con las administraciones públicas –sin obtener resultado positivo alguno-, unidos al cansancio, la desesperación y el desánimo, fraguaron las discrepancias, las sospechas y las acusaciones -más o menos fundadas- que, lamentablemente, acabaron en una escisión en la plantilla y el posterior abandono de una parte de los trabajadores...

Pasaste a formar parte de los que claudicaron y te enfrentaste a una nueva situación, tan desconocida o más que la anterior, pero en solitario. Te sentías abandonado… ¿Dónde estaban los que te llamaban por teléfono para pedirte favores relacionados con la empresa o a título particular? ¿Dónde estaban los antiguos compañeros de trabajo con los que siempre has tenido una fluida relación telefónica o epistolar, y que ocupaban cargos importantes en otras empresas? ¡Dónde estaban…!

"Amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y nuestra desgracia sin ser llamados". (Demetrio de Falerea)

¡Qué soledad…! ¡Qué tristeza…! Pero te quedaba lo más importante: tu esposa y tus hijos. También un par de buenos amigos. No necesitabas más.

Ante esta nueva etapa de tu vida, y con un horizonte que no te permitía ser optimista, preparas tu currículo y lo envías a todas las empresas en las que consideras que pueden interesar tus servicios y, al mismo tiempo, insertas un anuncio en un diario de ámbito comarcal que, amablemente y de forma gratuita, publican durante un año.

El tiempo va transcurriendo y, salvo encargos esporádicos, las ofertas de trabajo no llegan. Pero, un buen día, te llama una ex compañera de trabajo –también en paro, como tú-, y te facilita el teléfono de una empresa local, que necesita un profesional de tu especialidad. Tenían buenas referencias de tu profesionalidad; incluso la edad no suponía ningún inconveniente. Pero sí era condición indispensable acreditar el dominio de un programa informático que, lamentablemente, tú desconocías. No estabas preparado. No pudo ser.

De nuevo la autoestima por los suelos y el hundimiento moral, te conducen a recluirte en casa y salir lo mínimo indispensable, aunque te mostrabas siempre -o casi siempre- con buen semblante, sin dejar traslucir tu bajo estado de ánimo.

Pasaron los meses -también los años-, y llega el mes de agosto de 1999 en el que, a través de un conocido, contactas con una pequeña empresa familiar y comienza una nueva etapa de tu vida profesional, que te permite desarrollar tu actividad en casa, aunque, eso sí, con una frecuencia intermitente.

Cumples los 60 años -¡caray, qué mayor eres!-, te jubilas anticipadamente -con la repercusión económica que ello conlleva- y, aunque no te consideras ni te sientes mayor, pasas automáticamente a la categoría social de "pensionista". ¡Menuda faena!

Sigue transcurriendo el tiempo, implacablemente, y hoy cumples 65 años -¡qué ya son años!-, pero continúas con ganas de hacer cosas y mantienes el espíritu joven que, a estas alturas de la vida y a pesar de las adversas circunstancias vividas, es todo un triunfo y también, por qué no decirlo, una gran satisfacción.

Han transcurrido ya 13 años desde aquella regulación de empleo y, exceptuando los dos años siguientes de gestiones infructuosas, no has vuelto a acercarte por la empresa que, actualmente en manos de nuevos propietarios, funciona a pleno rendimiento. Sin embargo -y esto es lo triste-, todavía sueñas con ella casi a diario -no en vano has pasado allí más de 30 años de tu vida-, pero, curiosamente, en esos sueños sólo aparecen las situaciones complicadas, en las que los problemas profesionales te desbordaban y vivías en un permanente estado de tensión. Vuelven los fantasmas del pasado. No son simples sueños, son verdaderas pesadillas.

Todos esos años de frenética y desbordante actividad, te han permitido crecer profesionalmente. Has tenido la fortuna de trabajar con excelentes profesionales, además de buenos compañeros y mejores personas -aunque, tristemente, siempre hay la excepción que confirma la regla-, que te han transmitido conocimientos que hoy forman parte de tu bagaje profesional.

Has viajado, por España y el resto de Europa, y ello te ha permitido visitar nuevas empresas y contactar con técnicos de gran valía que, sin duda alguna, contribuyeron a mejorar tu formación como profesional y, también, como persona.

Toda esa experiencia acumulada no has tenido la oportunidad de demostrarla plenamente. ¡Ya es usted muy mayor, te decían! No obstante, todos los conocimientos adquiridos a lo largo de tu vida profesional -y muchos más que irás adquiriendo, estoy seguro-, tendrás ocasión de transmitirlos cada día en tus relaciones personales y profesionales, que ayudarán a los que estén realmente interesados y, al mismo tiempo, seguirán dando sentido a tu vida y te proporcionarán una gran satisfacción personal. ¡Buena suerte!

"Si te sientas en el camino, ponte de frente a lo que aún has de andar y de espaldas a lo ya andado". (Proverbio chino)

EL RESPLANDOR

¡No puede ser! ¡No es posible! Gritaba Alex, desesperado. Aquella situación lo desbordaba y no alcanzaba a comprender cómo había llegado hasta allí. Era un lugar inhóspito, desolador… No se veía nada alrededor y el horizonte, que se le antojaba muy lejano, era una línea en la que se unían, difuminados, el cielo estrellado y el desolador paisaje desértico. No existía nada más.

Alex, torpemente, comenzó a caminar en línea recta hacia aquel horizonte tan lejano como enigmático. No acertaba a comprender por qué se encontraba allí, solo en aquel inmenso desierto de fina y polvorienta arena, cuya visión le producía sed. Portaba una desvencijada mochila con alimentos envasados al vacío, y una cantimplora llena de agua. ¡Qué situación tan absurda, irracional e incomprensible!

Caminó durante varias horas y el paisaje no cambiaba. Sólo arena amarillenta que, a su paso, se elevaba en grandes nubes de polvo. El sudor le empapaba la camisa y notó sequedad en la boca, y la lengua se le antojó más gruesa. Bebió un trago de agua de la cantimplora, y siguió caminando. El aire era caliente y el sol empezaba a asomar su rubia cabellera por la derecha, lo que indicaba que Alex iba en dirección norte. ¿Qué encontraría yendo en aquella dirección?
Inconscientemente, llevó la mano al bolsillo exterior de la vieja mochila y ¡hurra! Allí estaba. Dentro de una funda de piel desgastada por el uso, había un sucio y ajado papel plegado. Muy nervioso, con gran ansiedad, Alex lo desplegó y, efectivamente, era un mapa. No comprendía nada de lo que allí estaba escrito; pues, a pesar de la impecable impresión tipográfica, aquellos signos no se correspondían con ningún alfabeto del que él tuviera conocimiento –Alex era un erudito y hablaba correctamente cinco idiomas-, y no conseguía saber a qué lugar se refería aquel mapa. Aquello no tenía ningún sentido.
Estaba a punto de volverse loco. De pronto, a pesar de la claridad del día, ocurrió algo sorprendente: en el horizonte empezó a brillar una luz intensa y deslumbrante, que avanzaba a gran velocidad en dirección sur, directamente hacia Alex. ¿Qué podrá ser? se preguntaba con asombro y preocupación. Tal vez, con miedo. Un miedo que, poco a poco, se iba apoderando de él a medida que aquel resplandor avanzaba.
Aquello se acercaba cada vez más, inundando todo el desierto de una claridad cegadora. Seguía acercándose y rugiendo, como lo hace el viento durante un temporal. Alex se estremecía, temblaba… Aquel ruido era ensordecedor. Miraba a ambos lados, intentando escapar. Pero ¿hacia dónde?... imposible evitar el encuentro con aquello tan extraño. ¡Ya está aquí! ¡Dios mío! ¡Me ciega! ¡Socorro! ¡Socor…!

El día era espléndido, y el sol, a través de las contraventanas entreabiertas, acariciaba la piel de Alex iluminando su rostro.

¡Bip, bip! ¡Bip, bip! ¡Bip, bip! Sonaba el despertador sobre la mesilla de noche. De un manotazo, Alex hizo que se callara.

CARTAS A UN AMIGO IMAGINARIO

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (31 diciembre 2008):

Hemos llegado al final de un año que será recordado, especialmente, como el año de la crisis económica global. Pero ¡hemos llegado! Y eso tiene que ser motivo más que suficiente para sentirse razonablemente bien. Otros, tristemente, no lo han logrado. O no se lo han permitido. Porque muchos de nosotros, en este año que se va, perdimos a algún familiar o amigo. O, tal vez, a ambos.

Alguien dijo: “Por muy mal que hayan ido las cosas, hay que pensar que podían haber ido mucho peor.” Amigo mío, no se consuela el que no quiere. Pero, desde mi punto de vista, el 2008 ha sido un año de…(dejo puntos suspensivos por respeto a ti, y me quedo con las ganas de escribir una grosería).

En lo que se refiere a la política ¡qué te voy a contar! Este ha sido un año muy duro para el Gobierno, sobre todo en los últimos meses, puesto que la crisis ha originado que numerosas empresas hayan presentado expedientes de regulación de empleo, y ello ha propiciado un alarmante aumento del paro. De todos modos, como me he vuelto muy escéptico, soy libre de pensar que muchas de esas empresas, al amparo de la maldita crisis –y alegando ¡vete tú a saber qué motivos!-, han decidido presentar los oportunos (inoportunos) expedientes de regulación -pasando sus empleados a incrementar las listas del paro-, y aquí paz y después gloria.

También está la descapitalización de los bancos y cajas -¡toma castaña!-, lo que ha supuesto un gran esfuerzo económico para los gobiernos. Y una gran incertidumbre para los pequeños ahorradores, totalmente ajenos a las estrategias financieras, que veíamos peligrar los cuatro euros que tenemos ahorrados.

Y, ¡cómo no!, la lacra del terrorismo, que de nuevo ha vuelto a dejar su huella asesina. ¡Cobardes!

Ocurrieron más cosas en este 2008 que se acaba. Por ejemplo, los disturbios en Turquía después de que la policía matara a un joven, cuando intentaba disolver una manifestación.

¡Qué te voy a contar de la violencia de género! 72 mujeres han sido asesinadas este año por sus parejas o ex parejas. Una cifra escalofriante y una verdadera lacra social. Luego están la esclavitud, el hambre y las enfermedades en países del llamado Tercer Mundo. La inmigración, en la que hombres, mujeres y niños, en una decisión desesperada, inician un arriesgado peregrinaje que, lamentablemente, no siempre –o casi nunca- tiene un final feliz.

Luego están las guerras -comportamiento irracional del ser humano-, como demostración de fuerza y supremacía, que se cobran miles de vidas inocentes. En los últimos cuatro días, la ofensiva militar de Israel contra la Franja de Gaza, se ha saldado con 380 muertos y 1.700 heridos en ese territorio palestino. Y, de momento, no se vislumbra el final de estos ataques despiadados, con misiles dirigidos hacia objetivos que se encuentran en medio de una ciudad superpoblada de civiles -incluidos centros de enseñanza y bloques de viviendas-, matando a hombres adultos, ancianos, mujeres y niños. La verdad es que, en todas las guerras, ambos contendientes cometen excesos. Pero, al que es atacado le asiste la obligación de defenderse -o rendirse- hasta las últimas consecuencias. Y esa es una realidad incuestionable.

Otro asunto de cierta envergadura, y de gran calado político en nuestro país, ha sido el nuevo modelo de financiación autonómica que, sin duda alguna, requiere, por parte del Gobierno, una notable habilidad político-financiera para lograr contentar a todos.

Pero, sin duda, la noticia estrella de este año 2008 que finaliza, y que eclipsó a todas las demás, ha sido la elección del senador Barack Obama como el próximo inquilino de la Casa Blanca, convirtiéndose así en el primer presidente afroamericano en la historia de los Estados Unidos de América.

Después de este somero repaso a lo acontecido en este año bisiesto que agoniza, espero que el 2009 sea razonablemente mejor. Y mis deseos quedan condensados en el siguiente decálogo:

• Que remita la crisis económica y que disminuya el paro.
• Que la lacra de la violencia de género desaparezca definitivamente.
• Que las guerras dejen paso al entendimiento entre los pueblos.
• Que ETA se disuelva de una puñetera vez.
• Que los empresarios se humanicen y respeten los derechos de los trabajadores.
• Que la Declaración Universal de los Derechos Humanos sea algo más
que un documento.
• Que la esclavitud, las epidemias y el hambre, en cualquier lugar del
mundo, sean erradicadas y dejen de ser noticia.
• Que la buena salud nos acompañe a todos.
• Que no pasemos privaciones y podamos darnos un homenaje de vez en
cuando, aunque sea pequeño.
• Que en el terreno afectivo-sentimental…¡Dios reparta suerte!

Y a ti, desconocido amigo, sabes que te deseo lo mejor, y espero poder continuar esta relación epistolar que mantengo contigo desde hace poco más de un año.

Un fortísimo abrazo y, a pesar de la que está cayendo, Feliz Año Nuevo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (04 enero 2009)

Amigo imaginario:

Hoy, al abrir el periódico por las páginas de opinión, me llamó la atención el titular: “Gorrón y cuenta nueva”, correspondiente a un artículo, que he leído con natural curiosidad.

Decía así: “Están por todas partes. Tienen más morro que un coche de lujo. Quieren ser los más ricos del cementerio. Y, ahora con la crisis, quienes ya eran amarrados con el dinero no sueltan un euro de más, ni por error. Se les conoce fácil a la hora de pagar. Piden y piden, sin cortarse, y da la sensación de que invitan ellos hasta que llega el instante de solicitar la cuenta. Es entonces cuando mejor se localiza al gorrón y cuenta nueva hasta el siguiente incauto.
Empiezan las disculpas. Los hay que juran, apurados, que olvidaron ir al cajero. Y añaden que no tienen problema, si es necesario, en recorrer cinco manzanas para sacar efectivo. Tú le dices que da igual, que otro día. El otro día no llega nunca. Los hay que ponen cara de sorpresa al abrir la cartera y descubrir que no tienen la tarjeta. Tú les contestas que no pasa nada, que otra noche. Los hay que sólo tienen un billete grande. El mismo billete grande que utilizan una y otra vez para que siempre les salgan gratis las consumiciones. Y tú
les sueltas: ‘Tranquilo, ya pagarás en tu cumpleaños’ pensando que
alguien tan agarrado seguro que cumple el 29 de febrero para invitar menos. Los tiempos no están para desangrarse económicamente, pero los cutres no cambian ni en fin de año. Acechan a los manirrotos que saben que el dinero sólo sirve para disfrutarlo antes de que se lo lleve el viento. ¿Quién te cambia euros en una tumba? Mejor un gorrión al lado que un gorrón.”

Este artículo me trae a la memoria, un chiste que yo solía contar, hace ya algunos años; el cual me habían contado antes a mí, naturalmente. La historia es la siguiente: Dos amigos mexicanos se van de copas. Al terminar la primera ronda, el gorrón mete la mano en el bolsillo, en claro ademán de pagar, pero haciéndose el remolón hasta que el otro saca el dinero. Entonces el gorrón, a modo de falso reproche, le dice: ¡No se me adelante, manito! ¡No se me adelante! Y continúan el periplo, de tasca en tasca, repitiéndose el mismo ademán de llevar la mano al bolsillo, pero sin soltar ni un solo peso, y exclamando de nuevo: ¡No se me adelante, manito! ¡No se me adelante!

Cuando llevaban recorridas media docena de tascas, el amigo, que ya estaba hasta el sombrero de pagar todas las rondas, decidió demorarse en el pago de la siguiente. Así lo hizo, y el gorrón, escenificando el mismo gesto de costumbre, al ver que el amigo esta vez no sacaba el dinero, exclamó un tanto contrariado: ¡No se me adelante, mano! ¡No se me adelante! ¡Pero tampoco se me retrase! (Imagínate estas exclamaciones con el característico acento mexicano -acuérdate de “Cantinflas”, por ejemplo-, y te resultará más gracioso).

Mañana será la noche mágica de los Reyes Magos, que, sentados en sus dorados y deslumbrantes tronos, sobre unas majestuosas carrozas, estarán presentes en todas las cabalgatas, de todas las ciudades -pues, al ser magos, tienen el don de la ubicuidad, naturalmente-, y así, Melchor, Gaspar y Baltasar, con todo su séquito, saludarán con complacencia a todos los niños y niñas que, con los ojos abiertos como platos, los contemplarán atónitos, ilusionados y también ¡cómo no!, sobre todo los más pequeños, algo asustados.

Todos hemos pasado por esa edad, ¡maravillosa edad de la inocencia!, amigo mío, en la que todo era bondad y ternura. Luego, con el paso de los años, con infinita desilusión, se pierde aquella inocencia encantadora y nos volvemos egoístas –a veces, malvados-. En ocasiones, también crueles; tratando de ocultar que, en el fondo, somos débiles y vulnerables. Pero nos hacemos los duros, como queriendo demostrar que somos muy “machos” -por aquello del ¡qué dirán!-, cuando la realidad es que nos volvemos imbéciles. ¡Una verdadera pena!

Más tarde, sobre todo en la madurez, nos vamos serenando y vemos las cosas con mayor objetividad. Nos volvemos más prudentes –no todos,
ciertamente- y dejamos de dar importancia a una serie de cosas que, en realidad, son triviales, fútiles... insustanciales. Llegamos a tener la capacidad de valorar todo -o casi todo- en su justa medida. Aunque, en algún momento, ciertamente, podemos llegar a comportarnos con asombrosa inmadurez. Y, cuando reflexionamos sobre ello, nos avergonzamos interiormente; pero no queremos reconocerlo. Nos volvemos infantiles y caprichosos, y nos damos cuenta; pero seguimos adelante con nuestra tozudez. Somos así de obstinados. En el fondo, independientemente de la edad que tengamos, nunca dejamos de ser niños.

Bueno, paciente amigo, empecé hablando de los Reyes Magos y de la inocencia de los niños, y terminé filosofando sobre la madurez del hombre y sus pautas de comportamiento. Soy incorregible. Empiezo a darle a la tecla, con decisión temeraria, y me arrojo al vacío lingüístico sin saber como voy a terminar. Algo así como el que se sube a una cumbre nevada, se calza los esquíes y, sin tener la menor idea, se lanza cuesta abajo a toda velocidad. Lo que yo denomino:
“inconsciencia aventurera.”

Recibe un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (17 enero 2009)

Amigo imaginario:

Superada la quincena del primer mes del año, continúa la masacre en Gaza. Los continuos ataques del ejército israelí, que no respeta ni las sedes de la ONU –a pesar de que estaban perfectamente señalizadas-, siguen ocasionando decenas de muertes de civiles:

hombres, mujeres y niños. Familias enteras perecen en esta guerra que parece no tener fin. Ayer mismo, una madre y sus cinco hijos murieron a causa de los disparos de un tanque israelí. Y así un día y otro.
Esta locura, amigo mío, es consecuencia del odio ancestral entre judíos y palestinos. Israel y Palestina, que me retrotraen a mis primeros años de colegio -en los que estudiaba Historia Sagrada-, están condenadas a entenderse o aniquilarse entre sí, si Dios no lo remedia.

Como puedes ver, desconocido amigo, el mundo sigue revuelto y nada hace presagiar una pronta solución. Como me decía mi abuela, y de esto han transcurrido más de cincuenta años: “Loco estaba el mundo cien años atrás, loco lo encontramos y loco seguirá”.

Te supongo enterado -imposible abstraerse ante tanto bombardeo
informativo- de que el próximo martes día 20 , Barack Obama jurará su cargo como cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos. Y le espera una ardua tarea: sacar a su país de una crisis económica sin precedentes desde 1930 , poner fin a dos guerras abiertas -Irak y Afganistán-, el conflicto en Oriente Medio -Israel y Palestina-, la crisis nuclear con Irán, las tensas relaciones con Rusia…Y otros problemas heredados de su predecesor George W. Bush -sanidad, educación e inmigración-, que, sin duda, ha sido el peor presidente de la historia de los Estados Unidos.

Por todo ello, el señor Obama va a estar sometido, durante mucho tiempo, a una gran presión. Y, como escribió hace unas semanas Paul Kennedy, director del Instituto de Estudios sobre Seguridad Internacional de Yale: “Obama no podrá satisfacer todas las esperanzas que han depositado en él todos los estadounidenses alegres y ansiosos y todas las multitudes de otros países, igualmente ansiosos”. En este sentido, el propio Obama dijo en una de sus últimas entrevistas:
“Quiero ser realista: no podremos hacer todo lo que prometimos con el ritmo que habíamos esperado”.

Toda esta información, como puedes comprender, la he ido sacando de la prensa diaria que, a la vista de tanto acontecimiento, últimamente está muy nutrida.

Amigo mío, la actualidad manda y de ella tenemos que hablar. Espero que en la próxima carta no me sienta obligado a seguir haciendo comentarios políticos, aunque todo depende de la actualidad más inmediata. Pues, para bien o para mal, nos encontramos inmersos en precampaña electoral en Galicia.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (21 enero 2009)

Amigo imaginario:

¡Ayer fue el gran día! El mundo entero estuvo pendiente de la ceremonia de juramento de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos de América. Fue una jornada histórica, en la que más de dos millones de personas, soportando un frío casi polar, asistieron en directo a este acontecimiento extraordinario. Y, entre aquella multitud, como no podía ser de otra forma, había muchos afroamericanos que quisieron presenciar cómo se cumplía el sueño de Martin Luther King.

Independientemente de toda la pompa protocolaria que rodeó la ceremonia –incluido el himno interpretado por la legendaria Aretha Franklin-, lo realmente importante y de gran trascendencia, sin duda, ha sido el tan esperado discurso del flamante presidente. De este discurso, que es una manifiesta declaración de intenciones, la prensa destaca las mejores frases:

“Estamos reunidos porque hemos elegido la esperanza sobre el miedo; la unidad de propósito sobre el conflicto y la discordia”.

“Seguimos siendo una nación joven, pero ha llegado el momento de dejar a un lado las chiquilladas. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro espíritu permanente, elegir nuestra historia mejor”.

“Ellos, los pioneros, concibieron América como algo más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales”.

“Nuestro poder crece a través de su uso prudente; nuestra seguridad emana de la justicia de nuestra causa”.

“Buscamos una nueva dirección hacia delante con el mundo con el mundo musulmán, basada en el interés mutuo y en el mutuo respeto”.

Yo, amigo mío, destacaría también las primeras palabras de este discurso memorable: “Conciudadanos, estoy aquí con humildad frente a la tarea que tenemos ante nosotros…”

Barack Obama, haciendo una discreta mención a su condición de afroamericano, recordó que es hijo de un hombre que hace sesenta años no hubiera podido entrar en un restaurante de Washington.

Ahora, una vez apagados los ecos de este acontecimiento memorable, el nuevo presidente tiene ante sí un largo y difícil camino por recorrer. Esperemos, por el bien de todos -por el bien del mundo entero-, que la humildad, la prudencia, la justicia y el respeto a las leyes, a las instituciones y a los organismos internacionales, sean sus inseparables compañeros de viaje.

Te decía en mi carta anterior, sufrido amigo, que esperaba no verme obligado a seguir haciendo comentarios políticos en la próxima carta.
¡Qué ingenuo soy! No hay posibilidad alguna de eludir la avalancha informativa de los últimos días -me refiero a la información política, naturalmente-, porque, con los ojos puestos en Estados Unidos y Oriente Medio, todos los medios -incluido Internet-, han multiplicado sus esfuerzos para poder ofrecer la última hora de los acontecimientos.

Lo que más me ha indignado, porque considero que es frivolizar un acontecimiento tan relevante como la ceremonia de juramento del nuevo presidente de la nación más poderosa del planeta, han sido las opiniones divergentes, sobre el color del vestido de la primera dama, Michelle Obama, en dos conocidos programas de radio. Unos opinaban que era de color amarillo limón. Otros que se trataba de color pistacho.
El conductor del programa, que parecía el dorado de las burbujas de Freixenet. Y, finalmente, una comentarista de moda, dijo que se trataba, sin duda, de un amarillo mimosa, de acuerdo con la carta
internacional de colores “Pantone”.

¡Qué pérdida de tiempo! ¿Cómo puede haber tantas opiniones diferentes sobre el color de un vestido, y no llegar a ningún acuerdo? ¿Qué trascendencia puede tener un detalle tan irrelevante, comparado con el gran acontecimiento que se estaba viviendo? ¿Cómo es posible que pululen por las tertulias radiofónicas y televisivas, personajes a los que se les paga por opinar -risas sarcásticas incluidas- sobre cuestiones tan triviales, frívolas e insustanciales? ¿Cómo es posible que prestemos atención a tanta mediocridad? ¿Cómo es posible?

Otra cuestión, que también originó otro comentario irónico, fue los dos “gallos” que, al parecer, se le escaparon a la cantante Aretha Franklin. En mi opinión, por respeto a su edad y a su categoría indiscutible como intérprete de soul -apodada “Lady Soul” o también “Queen of Soul”-, este comentarista tendría que haberse callado; teniendo en cuenta, además, la fría mañana de ayer en Washington. Lo dicho, ¿cómo es posible?

Lamento profundamente que tengas que soportar mi rabia, volcada en las cartas que te escribo regularmente, pero es tal mi indignación ante comportamientos tan superficiales, que no puedo reprimirme. De lo contrario, tendría que asomarme a la ventana -o salir a la calle- y manifestar a gritos mí irritación. Pero, naturalmente, ese sería un comportamiento ¡tan poco civilizado! -demencial, diría yo-, que acabaría, sin duda, enfundado en una camisa de fuerza. Por ello, amigo mío, prefiero manifestarlo
poniendo negro sobre blanco, por considerarlo más prudente y saludable.

Hoy me he extendido más de lo habitual, pero los acontecimientos y los comentarios se imponen a cualquier limitación de tiempo o espacio.

Recibe un fuerte abrazo y mi agradecimiento por tu paciencia.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (18 marzo 2009)

Amigo imaginario:

Hoy aparece en la prensa, la campaña que la Conferencia Episcopal Española está llevando a cabo en contra del aborto y de la manipulación de células madre, recurriendo a vallas publicitarias, carteles y folletos. En ellos se puede ver a un cachorro de lince con el sello de “protegido”, al lado de un risueño bebé gateando,
sobre el que se lee “¿Y yo?.. ¡Protege mi vida!”.

El afán de notoriedad de la jerarquía eclesiástica, está llegando a unos límites realmente preocupantes. Y digo esto, amigo mío, porque, en cierto modo, así empezó la Inquisición, oponiéndose a los avances de la ciencia médica y de la astronomía, por citar dos ejemplos, juzgando con excesiva severidad a sus protagonistas que fueron condenados a morir en la hoguera. Porque, los inquisidores, creían estar por encima del bien y del mal, y se consideraban los únicos que, legítimamente, estaban en posesión de la verdad. Su verdad.

Algo parecido está ocurriendo con la Conferencia Episcopal -salvando las distancias, naturalmente-, que arremete contra todo descubrimiento que suponga un avance para paliar los devastadores efectos de ciertas enfermedades; y se oponen, enérgicamente, a la manipulación de células madre para erradicar la transmisión de enfermedades congénitas.

Avances, todos ellos, fruto de arduas investigaciones orientadas a mejorar la calidad de vida de las personas. Sin ir más lejos, por poner un ejemplo reciente, la manipulación genética de células embrionarias posibilitó el nacimiento de un niño, con cuyo cordón umbilical fue posible salvar la vida de su hermano gravemente enfermo.

Y esto debe de ser considerado y reconocido, por parte de la Conferencia Episcopal Española, como una apuesta, valiente y decidida, a favor de la vida. De no hacerlo así, en mi opinión, sería una contradicción y estaría bajo sospecha.

Así las cosas, por si no fuera suficiente, ahora el Papa, con motivo de su primer viaje al continente africano, declara que “el uso del preservativo no soluciona el problema del sida, sino que lo agrava”.

Efectivamente, el preservativo no es la panacea, pero contribuye a evitar nuevos contagios a través del acto sexual, y evitará, en gran medida, transmitir el virus con nuevos embarazos. Me niego, rotundamente, a admitir que el uso del condón vaya a agravar esta devastadora pandemia. Considero que el Pontífice, con todo el respeto que merece, ha hecho unas declaraciones muy desafortunadas. No estaría de más que rectificara, y pidiera perdón a los más de cinco millones de sudafricanos afectados por el virus.

Amigo mío, a la vista de estas y otras declaraciones de los dignatarios de la Iglesia Católica, relacionadas con la sexualidad, deduzco que las enfermedades de transmisión sexual -como, por ejemplo, el sida-, no les preocupa especialmente. Lo que realmente les inquieta es la práctica de las relaciones sexuales. Están obsesionados con el sexo. ¿Por qué será?

Estoy seguro de que, en fechas sucesivas, se seguirá hablando de este asunto. Te mantendré informado.

Recibe un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (01 mayo 2009)

Amigo imaginario:

Hemos dejado atrás el mes de Abril, con su carga de acontecimientos:
Renovación ministerial en el Gobierno de España, nuevo presidente de la Xunta de Galicia, nuevo presidente del País Vasco, juicio por el asunto de las identificaciones de las víctimas del Yak-42, visita a España del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y su esposa; y, por último, como indeseable compañero de viaje, la gripe A(H1N1) -inicialmente denominada gripe porcina-, que la OMS ya le ha otorgado el grado 5, convirtiéndose en pandemia.

En lo que se refiere a la gripe A, independientemente de las medidas
preventivas: mascarillas, guantes y máxima higiene, considero que sería necesario -tal vez, imprescindible- establecer un protocolo de aislamiento preventivo para todos los viajeros procedentes de México, durante un período de tiempo que, naturalmente, determinarían las autoridades sanitarias. De esta forma se evitarían, en gran medida, contagios innecesarios. Seguiremos, con la natural preocupación, el desarrollo de esta enfermedad vírica que, además de las víctimas que puede dejar por el camino -y este es el hecho más lamentable-, complicará, todavía más, la crisis global que estamos padeciendo.

Cambiando de asunto, amigo mío, hoy es 1º de Mayo, día de manifestaciones sindicales reivindicativas. Consignas a voz en grito, reclamando lo de siempre: pleno empleo, no al abaratamiento del despido, salarios dignos… Las frases que saben que gustan a todos, políticamente correctas, y poco más. Todo un espectáculo callejero.
Al final, discursos que se repiten año tras año. Lectura de manifiestos, mucha oratoria…, pura demagogia.

En mi opinión, las Organizaciones Sindicales han de ser los interlocutores válidos entre los trabajadores y la patronal. Han de ser los negociadores que, con planteamientos razonables -y razonados-, exijan a la patronal unos salarios dignos y los medios necesarios para garantizar la seguridad del trabajador. Exigir, también, la abolición de la precariedad en los contratos y que la cuenta de resultados, cuando refleje menos ganancias -que no pérdidas-, generalmente por razones coyunturales, no condicione la continuidad de los puestos de trabajo. Porque, cuando las ganancias disminuyen, la reacción sistemática de la empresa es despedir al trabajador. Sin embargo, cuando las ganancias aumentan -salvo honrosas excepciones, que las hay-, el empresario no tiene en cuenta al trabajador que propició el aumento de esas ganancias.

Al mismo tiempo, los sindicatos también tendrían que exigir la prohibición de los contratos blindados de algunos ejecutivos, que, requeridos por las empresas para mejorar los resultados -o reflotarlas-, terminan hundiéndolas definitivamente, dejando a los empleados en la puñetera calle; y ellos, con una sonrisa de oreja a oreja, se van con una pasta gansa. Lo razonable, creo yo, sería que, independientemente del salario fijado en el contrato, pactaran un complemento, que estaría condicionado, “ sine qua non” , a los resultados positivos de su gestión.

Finalmente, si el resultado de las negociaciones con la patronal es negativo, el siguiente paso será ponerlo en conocimiento del Gobierno, para que actúe como mediador en el contencioso, y haga valer su autoridad, siempre dentro de un marco legal y objetivo, naturalmente, que satisfaga a ambas partes.

Considero, también, querido amigo, que en las pequeñas empresas -con un máximo de diez empleados-, a las que los sindicatos ni se acercan, los trabajadores están absolutamente a merced del empresario, el cual puede ser una persona honesta, responsable y considerada. Pero también puede ser un tirano explotador. Y estos trabajadores, sin nadie que los defienda, no tienen la oportunidad de protestar -y mucho menos de exigir-, porque saben que, automáticamente, les indicarán en que dirección está la puerta de salida.

Esta es mi particular visión del asunto laboral-sindicalista, y espero que la tuya se le aproxime, aunque sea levemente.

Como de costumbre, recibe un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (18 mayo 2009)

Amigo imaginario:

Todavía resuenan los ecos del debate sobre el estado de la nación. Sin
embargo, los actores -me refiero a los señores Zapatero y Rajoy- han
vuelto a dar el mismo espectáculo: las acusaciones y los reproches se han convertido en el pertinaz y recurrente argumento de los últimos cinco años. Los mismos gestos a los que nos tienen acostumbrados.
Pero, lamentablemente, da la impresión de que lo realmente importante, en este tipo de confrontaciones, es descubrir quién ha resultado vencedor. Todo lo demás -las propuestas, las medidas adoptadas, o por adoptar, y los datos más o menos preocupantes sobre la crisis global que nos está asfixiando-, pasa a un segundo plano. La cuestión es discernir quién ganó.

Amigo mío, espero que estés de acuerdo conmigo en que, en los enfrentamientos verbales entre líderes políticos, los únicos que ganan o pierden son los ciudadanos. El futuro de la ciudadanía, depende, en gran medida, del comportamiento, casi siempre cuestionable, de los políticos. Y de sus decisiones, no siempre afortunadas. Por ello, cuando se habla de ganador o perdedor, como si se tratara de un combate de boxeo ¡qué estupidez!, la sociedad siempre acaba pagando los platos rotos. O, tal vez, la vajilla completa.

A grandes rasgos, yo definiría el debate sobre el estado de la nación como un cuerpo a cuerpo dialéctico, en el que el señor Rajoy -presidente del Partido Popular-, hizo gala de su elocuencia retórica, pero sin aportar absolutamente nada. Y, por su parte, el señor Zapatero -presidente del Gobierno-, a pesar de sus limitadas cualidades dialécticas, que son más que evidentes, hizo una amplia exposición de medidas orientadas a paliar la crisis económica, concretó propuestas de índole diversa -aunque algunas estaban, claramente, cogidas con alfileres; ni siquiera hilvanadas- y, también, aportó datos y porcentajes que no alcanzamos a comprender la gran mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, como es comprensible, las medidas y propuestas del Gobierno no tendrán resultados inmediatos.
Habrá que esperar.

Querido amigo, conociéndote, sé que tienes tu propia versión de los hechos. Y, también, creo adivinar que no coincide con la que yo he expuesto en esta carta. Pero esa es la grandeza de la libertad de pensamiento.

Un fortísimo abrazo.


CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO ( 27 mayo 2009)

Amigo imaginario:

Hoy es un día muy esperado por los aficionados del F.C. Barcelona.
Esta tarde-noche, como supongo que sabrás, se enfrentará, en el Estadio Olímpico de Roma, al Manchester United, en la final de la Champions League. Será a las nueve menos cuarto, y en este momento son las siete y media, todavía. Es decir, dentro de una hora y media dará comienzo el partido. Al final de esta carta te diré cual ha sido el resultado del que se puede denominar, sin ninguna duda, el partido del año.

Reconozco que soy un aficionado “descafeinado”, pues no suelo ver los partidos completos. No obstante, hoy veré todo el encuentro, sin pestañear, de principio a fin. La ocasión lo merece. Y el Barça, también.

Nunca te he comentado, amigo mío, por qué el Barça es mi equipo de fútbol favorito. Esta es la historia: Tendría yo15 años, más o menos, cuando fui a ver la película “ Los ases buscan la paz”, basada en la vida de Ladislao Kubala. Este film narra las vicisitudes de este gran futbolista, desde que salió de Budapest (Hungría) -su ciudad de nacimiento, el 10 de junio de 1927-, hasta que llega a España, en 1950. El 15 de junio de ese mismo año, a la edad de 23 años, firmaba contrato con el F.C. Barcelona, siendo director técnico Josep Samitier.

Al salir de ver la película, decidí que Kubala sería mi ídolo futbolístico indiscutible; y el Barça, el único equipo de fútbol del que sería partidario incondicional.

Algo parecido me había ocurrido anteriormente con el baloncesto: Se proyectaba una película protagonizada por los Harlem Globetrotters, y me entusiasmó tanto su peculiar manera de jugar, los malabarismos que hacían con el balón y las acrobacias en sus tiros a la canasta, que al día siguiente me inscribí en uno de los tres equipos con mayor relevancia de mi ciudad, que buscaba jugadores para su equipo juvenil.
Así que, con moderado éxito, jugué dos temporadas en el puesto de alero, y destaqué como encestador. El baloncesto y la natación, fueron los deportes que practiqué con mayor acierto.

En lo que al fútbol se refiere, sólo pude jugar de portero -no tenía cualidades para llevar el balón en los pies- y lo hacía razonablemente bien. Pero, en un partido de fin de curso, el lanzamiento de un penalti fue determinante para que abandonara, definitivamente, la portería y la práctica de este deporte. El lanzamiento, potente y con mala intención, hizo que el balón fuese dirigido, directamente, a la altura de mis testículos. Estaba atento y preparado para recibir el esférico. Paré el lanzamiento, pero los guantes estaban húmedos y tenían arenas adheridas -había llovido y el terreno de juego era de tierra-, así que el balón, debido a la potencia con que había sido lanzado, se escurrió entre los guantes e impactó, con precisión balística, en la zona sensible mencionada. El dolor fue tan intenso -aún me duele sólo de pensarlo- que me quedé sin respiración. Ahí terminó mi aventura futbolística.

Querido amigo, lo prometido es deuda: ¡Ha ganado el Barça!, por dos goles a cero (2-0). No puedo ocultar mi alegría, tengo que confesarlo, porque este equipo ha ganado este año: Liga, Copa del Rey y Copa de Europa. Su calidad de juego, incuestionable, es admirada en todo el mundo. Ganó el F.C. Barcelona. Ganó el mejor. Y su afición, también.
¡Baaaaarça!

Con toda la emoción…, un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (31 mayo 2009)

Amigo imaginario:

Otro mes que se va, pero no en silencio. El arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, ha puesto la nota discordante -también, disonante, desafinada, inarmónica…- en un asunto que, por su contenido, debería de tratarse con extrema prudencia. Pero monseñor Cañizares, cardenal prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos -¡coño, qué rimbombante!-, en un alarde de inspiración -no divina, espero-, ha manifestado que: “no es comparable el caso de los abusos a menores en Irlanda con el aborto, porque el primero afecta a unos cuantos colegios y el segundo supone que más de 40 millones de seres humanos se han destruido legalmente”. Y se quedó tan ancho.

Como puedes ver, amigo mío, la incontinencia verbal de algunos miembros de la jerarquía de la Iglesia, tan pródiga en los últimos tiempos, ha generado en la sociedad, católica o no, un dilema moral desconcertante. Porque la pederastia no sólo es un abuso sexual cometido con niños, sino un hecho delictivo grave, sin excusa atenuante, que merece un castigo ejemplar. Y no es suficiente con pedir perdón.

Declaraciones como las de monseñor, consentidas por la Iglesia, propician que sintamos cierta animadversión hacia lo eclesiástico; y ello puede crear un conflicto de obediencia y disciplina, empañando la abnegada labor pastoral y caritativa de tantos sacerdotes que, conociendo a pie de calle -en sus parroquias- la realidad de los que sufren, ayudan a mitigar las necesidades tanto materiales como espirituales. Es decir: las del cuerpo, que son muchas; y las del alma, que también. Todo lo demás son monsergas cardenalicias.

Como le dijo don Quijote a Sancho Panza: “Amigo Sancho, con la Iglesia hemos topado”.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (07 junio 2009)

Amigo imaginario:

Hoy, cumpliendo con mi deber de ciudadano, he ido a votar. Las elecciones europeas, como tu sabes, no suscitan mucho interés entre la ciudadanía; sobre todo, después de la deplorable campaña que han escenificado nuestros políticos. Ha sido un cúmulo de despropósitos, y una verdadera vergüenza. Por eso, amigo mío, estuve dudando: si voto, además de ejercer un derecho, puedo contribuir -o intentarlo, al menos- a mejorar las cosas; y si me abstengo, mi contribución será nula -además de favorecer a quienes no lo merecen-, y no tendré luego ningún derecho a quejarme, ni a protestar. Cierto es, sin embargo, que las quejas y las protestas, tampoco servirían de mucho. Pero, bueno, la decisión final, a pesar de la lluvia, ha sido ir a votar. Y creo que hice lo correcto. Espero, querido amigo, que también tú hayas ido a depositar tu voto.

Estas elecciones me causan una incertidumbre que no había sentido en anteriores convocatorias; y tal vez sea debido a la incoherente -también, descarada- campaña que nos han ofrecido, y que, me temo, influirá, muy negativamente, en el ánimo de los ciudadanos para acercarse a las urnas. De todos modos, esta misma noche conoceremos los resultados. Aunque, sean cuales sean esos resultados, no creo que vayan a cambiar sustancialmente nuestras vidas.

No me resigno a enviarte esta carta, sin saber qué partido ha resultado vencedor. Por ello, esperaré a conocer el resultado del escrutinio; y la terminaré, aunque sea de madrugada, comentándote mis impresiones al respecto. ¡Qué noche me espera!

……

Bueno, no es necesario que demore demasiado la hora de irme a la cama. Son las diez y media de la noche, y ya se conoce el resultado definitivo: el ganador de las Elecciones Europeas 2009 es el Partido Popular.

¡Enhorabuena! Porque, a pesar de tu hermetismo, sé que eres simpatizante de esa formación política. Estoy casi seguro de que tenemos, también, otras preferencias antagónicas. Sin embargo, espero que ello no impida continuar con nuestra amistad epistolar.

Dicho esto, te confieso que no me ha sorprendido el resultado de estas elecciones. Tenemos lo que merecemos. La campaña fue de lo más frustrante: no nos hablaron de Europa y de sus posibilidades. Los casos de presunta corrupción -todavía no hay sentencias- son un escándalo y una vergüenza. El capitalismo, salvaje e irracional, ha provocado la crisis que estamos padeciendo... ¡Y ganan las elecciones! Está visto que nos va la marcha. Y digo esto, amigo mío, porque sigue estando en mi memoria el aplastante resultado favorable al PP, en las elecciones municipales de 2003 en Galicia, después de la catástrofe del petrolero “Prestige”. Y, curiosamente, en los ayuntamientos de las zonas más afectadas. Porque, llegado el momento de pasar por las urnas, ya nadie se acordaba de las mentiras, los engaños y el abandono que padecieron, por la desidia de un Gobierno autonómico en manos del PP. Ya nadie recordaba el negro y viscoso “chapapote”, que había teñido de negro destino el mar, las playas y rocas del litoral, porque las indemnizaciones a discreción les habían borrado la memoria. Dice un Proverbio chino: “Cuando el dinero habla, la verdad calla”. Por este y otros motivos, estimado amigo, exclamo con amarga tristeza: ¡tenemos lo que merecemos! Ahora bien, mírese por donde se mire, este país necesita con urgencia una formación política centrista; porque, como tú sabes, en el centro está el equilibrio, la equidistancia y la moderación.

Por hoy no te doy más la lata, que ya está bien de monserga, y me voy a dormir. Tal vez, a soñar.

Un abrazo afectuoso.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (12 junio 2009)

Amigo imaginario:

Han transcurrido sólo cinco días desde la última carta, pero los recientes acontecimientos me superan y tengo que comentártelos para desahogarme.

Ayer todos los medios dieron la noticia: “El Real Madrid paga 94 millones de euros al Manchester United por el traspaso del jugador portugués Cristiano Ronaldo”. ¡Hala! Alegría, que esto es Jauja. Si ya lo decía aquel eslogan de antaño: Spain is different (España es diferente). Y tanto que lo es, amigo mío. Porque no deja de ser una locura, una inmoralidad y una provocación, que se despilfarre una suma de escándalo para conseguir a un jugador de fútbol. Un derroche que, independientemente de la crisis económica que está atravesando este país, es una insolente demostración de poder del actual presidente de este club de fútbol. No importa que tengamos más de 4 millones de parados. No importa que decenas -tal vez, centenares- de empresas tengan que cerrar sus puertas, asfixiadas por las deudas contraídas con la Seguridad Social y con la Agencia Tributaria, dejando en la calle a millares de trabajadores. Sin embargo, a los clubes de fútbol se les permite seguir engrosando las deudas, hasta el infinito -con la misma Seguridad Social y con la misma Agencia Tributaria-, sin que nadie se inmute, mirando hacia otro lado, y ¡que siga la fiesta! Una vergüenza, amigo mío. Una verdadera vergüenza.

Al hilo de todo esto, me hago la siguiente reflexión: si el salario de estos personajes es tan elevado, los qué entienden del asunto dicen que puede llegar a ser de1.000 euros la hora -¡ojo!, no la hora trabajada, sino la hora del día; es decir, también cuando duermen, que no deja de ser, además de un pastón, también una inmoralidad-, si cotizaran a la Seguridad Social y a la Agencia Tributaria -léase Hacienda-, las arcas del Estado ingresarían una cantidad muy respetable. Pero no, amigo mío, estas estrellas del balompié exigen cobrar su astronómico sueldo libre de impuestos (neto). Lo que quiere decir, que el club que les paga tendría la obligación de abonar al Estado las cantidades retenidas, en función del importe íntegro (bruto) que le correspondería cobrar al jugador. Pero, paradójicamente, el club no ingresa cantidad alguna, con lo cual la deuda de éste con el Erario público, es cada vez mayor. De este modo, Hacienda, como cualquier entidad bancaria, permite a los clubes de fútbol el aplazamiento del pago de la deuda, en base a unos intereses que se incrementarán hasta el infinito, pero sabiendo de antemano que nunca se llegarán a saldar: ni el capital, ni los réditos. Y… suma y sigue.

Por tanto, si mi reflexión no es errónea, llegamos a la siguiente conclusión: Si estos jugadores de élite no pagan impuestos por lo que cobran, y los clubes (la patronal) tampoco ingresan las retenciones por lo que les pagan, ¿quiénes son los que con sus impuestos alimentan las arcas del Estado que, sin embargo, cada vez están más flacas? La respuesta es muy sencilla: todos los ciudadanos anónimos, con salarios o pensiones de risa -quiero decir, de asco-, a los que Hacienda les controla hasta el aire que respiran. Es decir, todos nosotros.

Dicho esto, espero que, en lo sucesivo, el Gobierno tome cartas en el asunto y establezca un límite legal que frene estos excesos.

Otra información que quería comentarte, y que he leído en la prensa de hoy, tenía el siguiente titular: “Denuncian que el PP llenó un mitin ofreciendo trabajo a inmigrantes”. Y continuaba, diciendo: “El Centro Integral de Inmigrantes Latinoamericanos denunció ayer, según informa el diario Levante, un supuesto fraude a 39 familias de inmigrantes residentes en Castelló a las cuales se les prometió un puesto de trabajo -que nunca llegó- con la condición de acudir al mitin electoral que celebró el PP el pasado martes 2 de junio en la plaza de toros de Valencia”.

Bueno, querido amigo, las maniobras orquestales a las que recurren los partidos políticos en las campañas electorales son vergonzosas y deplorables. Si esta información es cierta, les prometieron trabajo a los cabezas de familia, dispusieron autobuses para trasladar a estas familias -casi un centenar de inmigrantes- y a los simpatizantes, en viaje de ida y vuelta; las acomodaron en el lugar que les tenían reservado en el mitin, y una vez terminado… adiós muy buenas.

Para dedicarse a la política hay que estar hecho de una pasta especial. Los sentimientos no cuentan. Los escrúpulos, tampoco. Todo vale, con tal de lograr los objetivos prefijados. Lo importante es conseguir votos. Como yo siempre digo: la política, para los políticos.

Un abrazo afectuoso.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (20 junio 2009)

Amigo imaginario:

Hace algún tiempo, no puedo precisar cuánto, leí un artículo titulado “Saber vivir”, que me impresionó agradablemente, y se convirtió en mi guía de comportamiento. Se trata, a mi modo de ver, de una lección magistral de aptitud ante la vida. Es una reflexión tan profunda, que no puede dejar a nadie indiferente. Por ello, querido amigo, quiero compartir contigo este pensamiento filosófico, que es, sin duda, la incuestionable realidad de la vida. Dice así:

Un profesor, delante de los alumnos de su clase de filosofía, sin decir una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.
El profesor cogió una caja llena de perdigones y la vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.
Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime y rotundo.
El profesor, rápidamente, añadió dos tazas de café al contenido del bote y, efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo:
“Quiero que os fijéis en que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y sólo nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas.
Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche… La arena es el resto de las pequeñas cosas.
Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestros tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes. Prestad, pues, atención a las cosas que son cruciales para vuestra felicidad.
Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades. El resto es arena”.
Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y le dijo:
“Me encanta que me hagas esa pregunta”. El café es para demostrar que, aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo”.

Espero que su lectura te haya entusiasmado tanto como a mí. Y deseo, también, que consigas aplicarlo en tu caminar por la vida, procurando siempre establecer un orden de prioridades, sabiendo separar lo necesario de lo superfluo. Porque, amigo mío, aprender a relativizar las cosas, otorgando importancia a lo que realmente la tiene, es fundamental para comprender la diferencia entre las pelotas de golf y la arena.

Amigo mío, en la madrugada de ayer día 19 -a las 01:15 horas- falleció en Anantapur (India) Vicente Ferrer, a la edad de 89 años. Según la nota de prensa de su Fundación, serias complicaciones respiratorias y cardíacas, como consecuencia del accidente bascular cerebral que sufrió el pasado 19 de marzo, han sido las causas de su fallecimiento.

Como sabrás, este gran humanista, nacido en Barcelona, dedicó más de 50 años de su vida a la ardua tarea de ayudar a los más desfavorecidos. Se enfrentó a los poderosos en contra de la discriminación, el sufrimiento y la pobreza. Vicente Ferrer, que llegó a la India en 1952 siendo misionero jesuita, realizó una titánica labor humanitaria a favor de las castas más despreciadas del país. En 1969 abandona la Compañía de Jesús y crea, junto a la que más tarde sería su esposa -la periodista británica Anne Perry-, la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur.

Entrando en su página Web, se puede ver -a través de videos, fotografías e información diversa- el extraordinario proyecto de desarrollo integral centrado en seis áreas de trabajo: educación, vivienda, mujer, sanidad, ecología y personas con discapacidad.

En la nota de prensa que difundió la Fundación que lleva su nombre, informando sobre el fallecimiento, se puede leer, entre otras cosas: “La Fundación Vicente Ferrer (FVF) es una ONGD comprometida con el proceso de transformación de una de las zonas más pobres de la India, Anantapur, y de las comunidades más excluidas del planeta, los dálits o intocables, los grupos tribales y las backward castes. Actualmente su trabajo llega a 2287 pueblos, beneficiando a más de dos millones y medio de personas”.

Después de todo esto, querido amigo, poco más se puede añadir. Sin embargo, espero que la jerarquía de la Iglesia Católica, representada por la Conferencia Episcopal -que, por cierto, no ha dicho ni una palabra sobre el fallecimiento de Vicente Ferrer, a pesar de lo que les gusta, últimamente, hacer declaraciones de todo tipo-, considere la ejemplaridad de esta vida dedicada a los más necesitados, como un acto incuestionable de manifiesta caridad cristiana. Aunque, pensándolo bien, tampoco será necesario. Nosotros siempre le recordaremos. Descanse en paz, Vicente Ferrer.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (27 junio 2009)

Amigo imaginario:

Si en mi carta anterior transcribía el artículo “Saber vivir”, que espero te haya resultado interesante, hoy reproduzco el que lleva por título “Juventud”, que ocupó un lugar preferente sobre mi mesa de trabajo, debidamente enmarcado, durante varios años. Y reza así:

“La juventud no es una época de la vida, es un estado de la mente; es un temperamento de la voluntad, una cualidad de la imaginación, el vigor de las emociones, el predominio del valor sobre la timidez, del apetito aventurero sobre la comodidad.

Nadie envejece por el mero hecho de vivir cierto número de años; los humanos envejecen por desertar de sus ideales; los años arrugan la piel, pero la falta de entusiasmo arruga el alma. El pesar, la duda, la propia desconfianza, el temor y la desesperanza, representan esos largos años que doblegan la cabeza y hacen que el espíritu vaya al polvo.

Igual a los setenta que a los dieciséis, existe en el corazón de todo ser el amor por lo admirable, la dulce admiración por las estrellas y por las cosas y pensamientos que brillan como las estrellas; el valeroso desafío a los acontecimientos, el infalible apetito infantil por lo que ha de venir después y el goce del juego de la vida.

Eres tan joven como lo sea tu fe y tan viejo como lo sea tu duda; tan joven como tu confianza en ti mismo y tan viejo como tu temor; tan joven como tu esperanza y tan viejo como tu desesperación.

Mientras tu corazón sea capaz de recibir los mensajes de la belleza, del ánimo, del valor, de la grandeza y del poder de la tierra, del hombre y del infinito, serás joven.

Cuando los cables mensajeros se hayan caído y todo dentro de tu corazón se haya cubierto con las nieves del pesimismo y los hielos del cinismo, será entonces cuando verdaderamente habrás envejecido y quiera el Señor tener piedad de tu alma”.

Bueno, amigo mío, después de leer algo así, uno se queda pensativo, meditabundo y, tal vez, seriamente preocupado. Un escrito como este te lleva a la reflexión más profunda. Cada párrafo es una invitación al entusiasmo, a la curiosidad, al optimismo… Una invitación a la vida. Los que tenemos cierta edad -bastante edad, diría yo-, y hemos compartido las mismas, o parecidas, circunstancias profesionales, echamos la vista atrás y nos damos cuenta del gran sacrificio, personal y familiar, que ha supuesto en nuestras vidas la excesiva dedicación a un trabajo estresante, que no dejaba tiempo ni espacio suficientes para realizarnos como personas. Y, probablemente -estoy absolutamente seguro-, ese ha sido el motivo por el cual, en aquel momento, nos sentíamos vacíos de sensaciones. La indiferencia se había instalado en nuestras vidas de una manera, francamente, preocupante. Pero, afortunadamente, la jubilación nos ha rescatado de las garras del estrés profesional.

Aunque dice el refrán: “Nunca es tarde si la dicha es buena”, no es menos cierto que, para poder aplicar la filosofía de “Juventud”, las circunstancias han de ser propicias. Y no siempre lo son. Sin embargo, tener una aptitud optimista, aún en circunstancias adversas, puede contribuir, en gran medida, a mejorar la situación y, a su vez, el estado de ánimo. Aunque, en honor a la verdad, no resulta tarea fácil.

En fin, amigo mío, haz lo que puedas en relación con este asunto; y, sin duda, te sentirás más feliz.

Recibe, como siempre, un fuerte abrazo.

 

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (5 julio 2009)

Amigo imaginario:

Leyendo la prensa estos días, me doy de bruces con una información que me deja desconcertado. Se trata, ni más ni menos, de que las cajas de ahorro proponen prolongar la vida laboral hasta los 70 años, como solución para mejorar la tan maltrecha economía del país.

Se puede comprender, naturalmente, que un trabajador a los 65 años, todavía está en plenas facultades para desarrollar su trabajo con absoluta garantía. Pero, ojo, depende de la persona y, sobre todo, del trabajo que realice. Porque las circunstancias y las situaciones son diversas. Hay profesiones que requieren un gran esfuerzo físico, por lo que prolongar la edad laboral no es recomendable, ni conveniente. Del mismo modo, también existen profesiones en las que el esfuerzo intelectual, en condiciones muy estresantes, no está al alcance de cualquier edad.

Dicho esto, amigo mío, considero que la actual legislación contempla de manera razonable, los dos supuestos: jubilación a los 65 años o prolongación voluntaria de la vida laboral. Es decir que, cumplida la edad reglamentaria, el trabajador puede jubilarse y pasar a la situación de pensionista o, por el contrario, si prefiere continuar en activo, siempre que no exista ninguna causa física, sicológica o intelectual que lo desaconseje, la ley se lo permite con total garantía. ¿Qué se consigue con esto? Sencillamente, que los jóvenes tengan acceso a un puesto de trabajo, y que aquellos que lo deseen, puedan continuar sintiéndose útiles ejerciendo su profesión. De esta forma, tanto los nuevos empleados como los que continúen trabajando después de los 65 años, contribuirán a sanear las arcas del Estado con sus cotizaciones. Así es cómo yo lo veo, querido amigo, y me gustaría conocer tu punto de vista. De todos modos, como te conozco, con tal de llevar la contraria, dirás que la obligación de continuar hasta los 70 años es muy razonable. Y yo, continuaré discrepando.

Imagínate, por ejemplo, a un soldador de estructuras metálicas de naves industriales, subiendo a las cerchas desde que tenía 14 años, soportando temperaturas extremas año tras año; pegándose unos madrugones de padre y señor mío, todos los días de su vida; soportando con resignación franciscana las broncas de un jefe ¡maldita sea!, que nunca está satisfecho; conformándose ¡qué remedio!, con una semana de vacaciones al año, y para eso en Navidades. Y llega, ¡al fin!, a los 65 años -de los que 49 los pasó trabajando como un desgraciado-, con la vista hecha unos zorros por la excesiva exposición a los rayos ultravioleta del arco voltaico, y harto, ¡empachado!, de aguantar a un jefe que lo trajo siempre por la calle de la amargura, y le dicen -el jefe del Gobierno, el ministro de Trabajo o el Sursum corda- que tiene que continuar trabajando hasta los 70 años, porque las arcas del Estado están algo flacuchas. Entonces este hombre, que esperaba ansioso la jubilación para poder, de una puñetera vez, dedicarle tiempo a su familia, pasear por el parque con sus nietos y jugar, de vez en cuando, a la petanca con los amigos, mirará de frente al presidente del Gobierno, al ministro de Trabajo y al Sursum corda, y haciendo un gesto conocido comúnmente como “corte de mangas”, les dirá, con toda la razón del mundo, ¡tararí que te vi!

Amigo mío, supongo que este asunto volverá a ser, sin duda, uno de los temas de las próximas cartas, y espero poder hacerte cambiar de opinión.

Recibe un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (27 julio 2009)

Amigo imaginario:

Ya sé que han transcurrido más de veinte días desde mi última carta ¡no pongas esa cara de enfado! Te explico el motivo de este retraso; aunque no trato de justificarme, en modo alguno. Esto es lo que ocurrió:

El matrimonio amigo del que ya te hablé en otra ocasión, me comentó que se había creado un blog en nuestra ciudad, con la pretensión de que participe el mayor número de personas -aportando fotografías antiguas de calles y barrios de la ciudad, de familias, de amigos, de acontecimientos deportivos y musicales,…- haciendo comentarios alusivos a las fotografías publicadas, así como de las vivencias personales, individuales o colectivas, que puedan tener algún interés histórico-documental. Y yo, tímidamente, entré en ese lugar de encuentro que desconocía. No te puedes imaginar, amigo mío, la cantidad de personas que intervenimos con nuestros comentarios; opinamos sobre tal o cual fotografía, aportando recuerdos y vivencias; nos corregimos mutuamente, pues no siempre acertamos en nuestras precisiones; surgen polémicas, algunas con cierta crispación, que siempre se resuelven amigablemente.

Como puedes suponer, querido amigo, este foro -Arquivo da Memoria Social (Archivo de la Memoria Social)- es muy absorbente y hay que dedicarle mucho tiempo. No me quejo, en absoluto, todo lo contrario. Tengo la posibilidad de intercambiar comentarios y opiniones, incluso con amigos y conocidos a los que no veo desde hace más de cuarenta años. Este blog ha sido todo un descubrimiento. Estoy encantado.

Espero que comprendas mi entusiasmo, y te ruego que me disculpes si tardo más de lo habitual en escribirte.

Por lo demás, al encontrarnos en período vacacional, la cuestión política está monopolizada por el caso Gürtel, por supuesta corrupción, que se encuentra en manos del Tribunal Supremo a la espera de sentencia. Y poco más.

Recibe un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (02 septiembre 2009)

Amigo imaginario:

Ha transcurrido más de un mes desde mi última carta. Lo sé, lo sé; pero no es que me haya olvidado de ti, como puedas pensar. No se trata de eso, puedes estar seguro. Lo único que ha ocurrido, como en otras ocasiones, es que estuve muy ocupado. ¡Es la pura verdad! Bueno, también es cierto que le he dedicado algún tiempo al blog del que te he hablado en mi carta anterior. Lo reconozco, pero no ha sido ese el motivo de mi demora. Simplemente, se me acumuló el trabajo; y todavía voy con un poco de retraso, por falta de datos que no me proporcionan a su debido tiempo. Eso es todo, amigo mío.

Ahora, después del período vacacional, empieza el nuevo curso político, con los problemas que arrastramos del anterior: la crisis económica, el paro -que se incrementa día a día-, el terrorismo, las supuestas escuchas telefónicas a cargos del Partido Popular, subvenciones a los parados que ya no perciben la prestación por desempleo, inminente subida de los impuestos… ¡Qué te voy a contar! Y lo más preocupante, la omnipresencia de la gripe A, que continúa cobrándose víctimas. Y el Ministerio de Sanidad, en estrecha colaboración con la Comisión de Salud Pública, siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea y de la Organización Mundial de la Salud, trata de establecer los grupos de riesgo para que en otoño, una vez que se disponga de las correspondientes vacunas y hayan sido autorizadas por la Agencia Europea del Medicamento, se pueda proceder a la vacunación progresiva de la población de riesgo. En principio, según publica la prensa de ayer, los “vacunables” sumarían entre el 15 y el 20% de la población. No obstante, según la información que me ha llegado, existirá una reserva adicional que garantice las vacunas que hagan falta para toda la población necesaria.

Como puedes ver, amigo mío, existe una gran preocupación por esta nueva gripe, y la alarma social va tomando forma. Por otra parte, la Organización Médica Colegial (OMC) quiere transmitir serenidad a la población para que no se deje influir por el afán de protagonismo de los políticos. La gripe A, dice esta organización, es más contagiosa que la estacional de todos los inviernos, pero también es más benigna y su mortalidad es menor. Los médicos desean calmar a una sociedad gratuitamente angustiada.

Después de leer las informaciones que van apareciendo, día a día, en la prensa, en la radio y en la televisión. Después de enterarte de que existen tantos organismos dedicados a la salud. Después de oír a los políticos, a los expertos epidemiólogos y a los investigadores del asunto médico, uno ya no está tan alarmado, ni tan preocupado, ni tan angustiado, ni tan intranquilo, ni tan asustado. Uno está ¡desconcertado! Porque las informaciones son tan contradictorias, y tan ambiguas, que llegas a la preocupante conclusión de que nadie sabe por dónde anda, y que están dando palos de ciego continuamente. Aunque, en honor a la verdad, sospecho que más de uno debe de estar frotándose las manos pensando en el que puede ser el negocio del siglo. O, por lo menos, el negocio de su vida. Dios, como siempre, será el que tenga la última palabra.

Amigo mío, cambiando radicalmente de tema, he leído en La Voz de Galicia del pasado día 31 de agosto, un artículo de opinión, firmado por José Ramón Amor Pan, titulado ‘La leche’, que refleja la realidad más actual, con una gran dosis de sentido común. Decía así:

“Ordenando papeles viejos, una tarea muy apropiada para las vacaciones, me encontré ayer con una vieja viñeta del genial Mingote que, me parece a mí, viene que ni pintada para los tiempos que corren. En la viñeta en cuestión se ve a un escuálido niño africano abrazado a su todavía más escuálida madre, mientras ésta le susurra con las escasas fuerzas que le quedan: ‘ En el primer mundo no saben qué hacer con los excedentes de carne, de leche, de cereales… Ya ves, hijo, que los alimentos son un problema en todas partes’. Trágica y dramática ironía. Y uno se pregunta si, lo mismo que nuestro Gobierno concede ayudas para comprar coches (y, de esta manera, contribuir a reactivar el sector automovilístico), ¿no se podría comprar leche a nuestros productores gallegos a un precio justo y enviarla al Tercer Mundo en el que tantos y tantos millones de seres humanos pasan absoluta necesidad? Eso sí, con la debida seriedad y organización, que garantice la efectividad de la acción solidaria. ¿No les parece que mataríamos dos pájaros de un tiro, incluso tres (porque el transporte marítimo tampoco anda muy boyante que digamos)? Pienso, por ejemplo, en la Perla del Caribe, mi querida Cuba, en donde en estos momentos es ya una tarea ímproba, incluso teniendo dólares, conseguir algo de leche y queso para ancianos y niños. Y no me vengan con que eso podría introducir disfunciones en el desarrollo económico del país receptor porque, por mucho que se empeñen los señores de la revolución, las tierras cubanas nunca van a producir pastizales que garanticen una óptima producción láctea”.
Esta es la triste realidad de la vida, querido amigo. De una vida marcada únicamente por intereses económicos. Y, mientras en otras latitudes millones de seres humanos mueren de hambre y de sed, aquí nos permitimos vaciar en las alcantarillas miles de litros de leche, arrojar al suelo toneladas de fruta, dejar que se pudran alimentos básicos y desperdiciar miles, tal vez millones, de litros de agua, por deficiencias en las conducciones. Es triste, muy triste, pensar que, con todo lo que despreciamos con total indiferencia, se podría evitar, en gran medida, tanto sufrimiento inútil, tanta enfermedad y tanta muerte. Algún día nos pedirán cuentas, pero el mal ya está hecho.

He tardado en escribirte, es cierto, pero hoy creo haber cumplido ampliamente con mi compromiso epistolar.

Un fuerte abrazo, amigo mío.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (16 septiembre 2009)

Amigo imaginario:

¡En qué país vivimos! Con los serios problemas que tenemos: crisis económica, paro, subida de impuestos…, que nos están asfixiando, y ¡qué vergüenza!, parece que lo único que le preocupa a algunas cadenas de televisión y, para colmo, a un importante periódico de tirada nacional -que sacó la noticia en portada-, es el escandaloso asunto de la ¿señora? Belén Esteban y su hija Andrea ¡pobre niña!, que tiene revolucionado el patio nacional. Recordarás, amigo mío, que te había hablado de ella en otra carta, en la que te decía que se trataba de la ex novia de Jesulín de Ubrique, y madre de su primera hija, como únicos “méritos” a destacar. Y, desde hace algún tiempo, está de comentarista ¡hay que fastidiarse!, en un repugnante y nauseabundo programa de televisión. Todo un personaje mediático, que tiene mucho tirón y muy poca vergüenza. Ella se saca una pasta gansa, con las entrevistas televisivas y las exclusivas en las revistas de cotilleo, y los medios consiguen aumentar sus índices de audiencia y vender ejemplares a porrillo. Y, para más recochineo, le han otorgado el “título” de “princesa del pueblo” ¡hay que jod…! Todo un alarde de cultura barriobajera, de mala educación y de náusea vomitiva.

Pero este país, el nuestro de toda la vida, adolece de otras cuestiones que, poco a poco, van tomando forma: las prohibiciones. La información sobre este asunto la he sacado de un artículo del conocido locutor y periodista, Carlos Herrera.
Bueno, a ver si consigo explicarlo con claridad: Según nos dice la señora Ministra de Sanidad, ya no se va a permitir fumar en las zonas acotadas para ello en los restaurantes. En las playas, también quieren que no se fume y que desaparezcan los chiringuitos. Al parecer, la próxima temporada no será posible beber una cerveza en algunas playas españolas. Las valencianas están en ello. ¿Es comparable la prohibición de beber alcohol en la calle -léase botellón- con la de beberse una cerveza o un tinto de verano debajo de una sombrilla playera? En el sur de Tenerife van a prohibir, si no lo han hecho ya, hacer castillos de arena en la playa. Del mismo modo, fumar en las playas está a punto de prohibirse en muchas de ellas, aunque usted recoja las colillas en una lata, de refresco, naturalmente. Una normativa valenciana, prohíbe colocar una sombrilla a menos de seis metros de la orilla. Y, díganme: ¿dónde está la orilla? ¿Hemos de llevar el metro de casa o nos lo alquilan a pie de playa, a modo de impuesto municipal, con fines claramente recaudatorios?

En Almuñécar (Granada), queda prohibido escuchar música en sus playas. Habrá que conformarse con el sonido de las olas, el murmullo de los bañistas o con los gritos de las madres diciéndoles a sus hijos que no se metan en el agua, todavía, que aún no han hecho la digestión. ¡Menuda coña marinera! Nunca mejor dicho.

En Ciudad Real, según pude leer en el citado artículo, acaban de aprobar una ordenanza municipal por la que será multado todo ciudadano que corra por la calle. Pregunto: ¿existe una velocidad máxima? De ser así ¿tendrán que llevar los ciudadanos un velocímetro? ¿Quién controlará la velocidad a la que corren los viandantes? ¿Cómo y con qué? ¡Cuánta estupidez!

A este paso, querido amigo, vamos a necesitar un manual para saber lo que no podemos hacer, por estar prohibido, en los restaurantes, en las playas y en las calles de nuestras ciudades. Es decir, algo así como: ‘Código de Tránsito’, basado en el ‘Código de Circulación’, en el que estén recopiladas todas estas prohibiciones absurdas -y algunas más que se les ocurrirán a los “iluminados” de turno-, para que nos acordemos de la madre que los par… a todos ellos.

Por hoy, sufrido amigo, creo que ya escribí lo suficiente como para que estés un buen rato entretenido.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (08 octubre 2009)

Amigo imaginario:

Continuamos con el país patas arriba: los pesqueros españoles que faenan en el océano Índico están a merced de los piratas somalíes. Los fabricantes de automóviles deciden cerrar sus centros productivos o reducir sus plantillas. Los productores de leche se movilizan en demanda de un mercado que garantice la estabilidad de los precios. El caso Gürtel, que huele a cloaca desde el principio, puede llegar a ser un obstáculo para Mariano Rajoy en su largo camino hacia la Moncloa... O , tal vez, no.

Decididamente, tenemos el casco del buque como un colador, y el riesgo de hundimiento es mayor cada día. Y lo peor de todo, lo más preocupante, es que no habrá botes salvavidas para todos. ¡Qué vergüenza de país! ¡Qué vergüenza de políticos! ¡Qué vergüenza de esta España de toros y pandereta!

¿Cómo es posible, amigo mío, que la Armada no pueda proteger a nuestros pesqueros? Si éstos están dispersos, porque necesitan espacio para faenar, habrá que disponer, obviando trámites y protocolos innecesarios, de los recursos militares que tenemos. Estamos hablando de ciudadanos españoles, que trabajan en barcos de pesca españoles. Y no olvidemos que cada uno de estos barcos es una porción de territorio español. No estoy en contra de la política de ayuda a ciudadanos de países en vías de desarrollo. Pero, oigan, sin descuidar nuestros propios intereses.

Y, ¿qué me dices de la vergüenza torera de los precios de miseria que les pagan las centrales lecheras a los productores, en cuyas explotaciones invirtieron sus ahorros, sus créditos bancarios y su vida? Querido amigo, cuando lo que te pagan por el litro de leche, no te llega para alimentar a las vacas que la producen, sólo te queda el camino de la protesta, de la movilización y de la huelga. No se puede consentir que los poderosos engorden sus cuentas bancarias -a base de incrementar los márgenes comerciales-, exprimiendo, todavía más, la ya muy debilitada economía de los granjeros.

En lo que se refiere al tan traído y llevado caso Gürtel, ¡qué te voy a decir! Financiación irregular de campañas electorales del Partido Popular, blanqueo de dinero, fortunas en el extranjero fuera del control de la Justicia española, pago de comisiones ilegales… Y, como traca final, al leer los miles de folios del sumario -según se puede leer en la prensa de hoy-, surge la sorpresa: el cabecilla de la trama corrupta, ofrecía, entre su cadena de regalos y favores, un servicio de chicas de compañía a destacados políticos madrileños del PP. ¡Para que te fíes de la derecha política! Y luego, seguramente los podremos ver en manifestaciones contra el aborto, a favor de la familia, en procesiones de Semana Santa… ¡Hipócritas! Pero, como no podía ser de otra forma, hay que respetar la presunción de inocencia.

Amigo mío, que los acontecimientos no te quiten el sueño y te permitan dormir como un lirón.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (14 octubre 2009)

Amigo imaginario:

En la prensa de hoy, en portada, se pueden ver, a nuestro presidente, Rodríguez Zapatero, y al de los Estados Unidos, Barack Obama, en una imagen muy distendida, en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Ya en páginas interiores, fotografía de ambos mandatarios durante la reunión que mantuvieron en el emblemático Despacho, acompañados de las correspondientes traductoras, en la que Obama hace un gesto con las manos, a modo de explicación, dirigiéndose a nuestro presidente.

Amigo mío, ya tenemos las fotos que algunos imbéciles decían que echaban en falta; y ahora que existen, esos mismos críticos, cuentistas inconformistas, las obviarán, sin tomarlas en consideración, y dirán que Aznar ya había estado con Bill Clinton y con George W. Bush. Pero no dirán que de su amistad con este último, junto al británico Tony Blair, nos vimos inmersos en la invasión de Irak, al margen de las Naciones Unidas, que continuamos sin saber a quién benefició. Sin embargo, sí sabemos a quiénes perjudicó. Y mucho. Tampoco dirán que, a cambio de aquella sumisa y humillante amistad, el señor Aznar resultó muy beneficiado a título personal. Pero, querido amigo, la política -para ciertos políticos-, es un medio para conseguir un fin. Y ya conoces el dicho: “El fin justifica los medios”. Y así nos va.

Personalmente, considero que este encuentro con Barack Obama en la Casa Blanca , es el comienzo de una nueva era en las relaciones entre España y EE.UU., que nos llevará, sin duda, a estrechar lazos de amistad, de colaboración y de buen entendimiento. Y, también, de inversiones que beneficiarán a ambos países.

Querido amigo, espero y deseo que, por el bien de todos -también del tuyo-, se cumplan mis consideraciones.

Un fuerte abrazo, y que los astros te sean propicios.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (01 noviembre 2009)

Amigo imaginario:

Continuamos con los casos de corrupción. Salen como setas en época de lluvias. Los políticos son los verdaderos protagonistas de esta película de policías y ladrones. Sospecho, sin embargo, que esto es sólo una pequeña parte de lo que se esconde debajo de las alfombras del panorama político. Es decir, que sólo vemos la punta del iceberg. Está visto, amigo mío, que los chorizos no están únicamente en las charcuterías. Da lo mismo que se trate de un concejal, que de un alcalde o de un presidente de una comunidad autónoma; al final, todos están cortados por el mismo patrón. Y lo que es peor: están en la política para hacerse ricos, cuanto más mejor, en el menor tiempo posible.

De todos modos, no podemos -ni debemos- juzgar al todo por la parte. Es decir, no podemos aseverar que todos los políticos son unos corruptos. Ni mucho menos. Ahora bien, la frecuencia con la que se están destapando nuevos casos, nos hace pensar que, tal vez, lo que creíamos excepcional, resulta que era una práctica habitual; y que, en nuestra ignorancia, hemos venido aceptando con total normalidad. Y eso, desconocido amigo, sería un desmesurado engaño que no podemos consentir.

Todo lo que está ocurriendo ¡maldita sea!, viene a demostrar que existen muchas fisuras en las administraciones públicas. Muchas acciones, no siempre justificadas, que se escapan al control de los responsables correspondientes, por pura desidia, dejando que las irregularidades continúen considerándose algo normal e inevitable, sin importarles lo más mínimo los posibles perjuicios que puedan causar a terceras personas. Es repugnante. Una verdadera vergüenza.

Otra cuestión, no menos preocupante, es la situación en la que se encuentran científicos acreditados, que están o estarán pronto en situación de parados, por falta de recursos de la Universidad gallega. Únicamente la Universidad de Santiago, de momento, garantiza la estabilidad de sus investigadores.

Han renunciado a trabajos cualificados en el extranjero tras ser reclamados por Galicia, con la promesa de un retorno con futuro si superaban todas las evaluaciones. Todo ha sido un compromiso vacío, sin fundamento. Algunos, con edades comprendidas entre 35 y 40 años, que se formaron en Estados Unidos, Irlanda, Alemania o Italia, se encuentran ahora, con familia y plenamente establecidos, que tienen que pensar en volver a preparar las maletas, suponiendo que, nuevamente, alguna Universidad esté interesada y los contrate. Como dice una de las investigadoras, que antes trabajó en California: “El mensaje que manda la Universidad a los nuevos investigadores es licénciate y márchate. Y, si te va bien, no vuelvas”.

Como puedes ver, amigo mío, todo está tan mal planificado y abandonado a la improvisación, que te entran unas ganas irrefrenables de irte de este país de cantamañanas impresentables.

Querido amigo, esperemos que se imponga pronto la cordura y vengan tiempos mejores.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (17 noviembre 2009)

Amigo imaginario:

Seguimos oyendo -que no es lo mismo que escuchando- las mismas consignas, los mismos mensajes… Las mismas, y reiterativas, monsergas.

En la prensa de ayer lunes, con motivo de la clausura de la Convención Nacional del PP en Barcelona, del pasado domingo, se pueden leer los siguientes mensajes de Mariano Rajoy: “Sólo existe una alternativa al Gobierno actual. Somos nosotros, estamos aquí”. “Estamos en condiciones de gobernar este país ahora mismo, si los españoles así lo decidieran”. “Tenemos ideas, propuestas y equipos. No somos una hipótesis de futuro sino una realidad presente”. “Somos la opción que hoy ya prefieren claramente la mayoría de nuestros conciudadanos”. “El nuestro no es un proyecto para unos pocos entusiastas sino que aspira a representar al más amplio conjunto de las clases medias y trabajadoras de España”.

Como puedes ver, amigo mío, todo lo anterior es más de lo mismo: ¡Somos los mejores! ¡Somos los únicos! ¡Somos… la leche! Ahora bien, si algún día llegan a gobernar -y de eso no tengo la menor duda-, harán lo que buenamente puedan -tal vez, lo que quieran- o lo que las circunstancias, no siempre favorables, les permitan. Igual que los que les hayan precedido. Aunque, por mucho que nos duela, hemos de respetar la igualdad de oportunidades. Y no hay que darle más vueltas, no vaya a ser que acabemos todos mareados.

Tengo que reconocer, no obstante, que el señor Rajoy, como no lo había hecho hasta ahora, se pronunció abiertamente en contra de los corruptos, enviando los siguientes mensajes: “La limpieza en la vida pública es una exigencia moral”. “La actividad política es un compromiso voluntario y quien lo abraza debe mantener una actitud ejemplar”. Reivindicó la actuación de miles de servidores públicos, de uno u otro partido, que han dado ejemplo de abnegación, trabajo y sacrificio. Y añadió: “No todos somos iguales”.

Silencioso y paciente amigo, al hilo de lo que te he comentado, permíteme que cite dos frases que considero muy oportunas:

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Groucho Marx.

“Un político piensa en las próximas elecciones; un estadista en la próxima generación”.

James F. Clarke.

Espero que el contenido de esta carta no te provoque preocupación ni desasosiego. Únicamente pretendo que te haga reflexionar, profundamente, sobre tus convicciones políticas.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (18 noviembre 2009)

Amigo imaginario:

No he podido resistir la tentación de escribirte de nuevo. Y eso que la última carta la escribí ayer. Pero, yo soy así: imprevisible. Lo mismo tardo dos meses en escribirte, como lo hago al día siguiente. Sin embargo, amigo mío -tú lo sabes, sobradamente-, todo depende de los acontecimientos, que, algunas veces -como en este caso-, se precipitan. Me refiero, naturalmente, a la liberación del atunero vasco ‘Alakrana' y sus 36 tripulantes, todos sanos y salvos.

Después de 47 días angustiosos -con el corazón en un puño, esperando lo peor-, la alegría de las familias de los tripulantes, abrazándose, visiblemente emocionadas, es la imagen que mejor define su radiante estado de ánimo. Este feliz desenlace ha sido posible gracias al esfuerzo del Gobierno, de la Diplomacia española, de los agentes del CNI y del armador del buque, en perfecta coordinación. Y, cómo no, a la discreción de las esposas de los secuestrados, después de haber sido citadas en la Moncloa por el presidente del Gobierno.

Todas las fuerzas políticas se congratularon por la liberación del ‘Alakrana' sin que hubiera que lamentar víctimas. Declaraciones amables y amplias sonrisas para salir en la foto. Pura y repugnante demagogia. Pero -y permíteme, querido amigo, que empiece a cabrearme-, advirtieron que le pedirían explicaciones al Ejecutivo -y así lo han hecho hoy- por el pago del rescate a los piratas somalíes: 2,3 millones de euros. Y mi cabreo, como puedes comprender, lo justifica la hipocresía, sobre todo del Partido Popular. Por una parte, manifiesta alegrarse por el éxito de la operación; por otra, sin embargo, censura el pago del rescate. ¿En qué quedamos? ¿A qué estamos jugando? Personalmente, considero que lo importante, lo que debe prevalecer por encima de todo, es la vida de las personas. Sin discusión. Y, si para ello hay que pagar, se paga lo que sea necesario. Porque en situaciones como esta, y no en otras que prefiero omitir, el fin ¡sí! justifica los medios. Ahora bien, a continuación hay que perseguir a los extorsionistas -o secuestradores-, como delincuentes que son, para capturarlos y recuperar el importe del rescate, utilizando los medios, y también los métodos, que sean necesarios. Esta es mi opinión, acertada o equivocada. Pero es la que tengo al respecto. Y la asumo con todas las consecuencias.

Otra de las cuestiones de debate -que, sin duda, deberá de salir a la luz-, es si el importe del rescate lo pagó el armador del buque, a través de un seguro que tiene contratado, o, por el contrario, lo pagó el Gobierno. Es decir, todos nosotros. Estaremos atentos.

Espero que ahora comprendas por qué consideré necesario escribirte tan pronto. Hay noticias y comentarios que no admiten demora; y los amigos, entre otras cosas, están para comunicarse.

Recibe un fortísimo abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (24 diciembre 2009)

Amigo imaginario:

Hoy es Nochebuena. Una noche mágica. Ya sabes: cena familiar, larga sobremesa, villancicos, buenos deseos, los niños que empiezan a bostezar y que, finalmente, se duermen… Todo repetido, año tras año, invariablemente.

La Navidad , amigo mío, es una época del año que, para mí, ha perdido toda la esencia, todo su significado. Las ausencias, las sillas vacías, los recuerdos de vivencias familiares inolvidables e irrepetibles. Las emociones contenidas, la soledad… La tristeza. Todo ello ha contribuido a que aquella ilusión infantil y juvenil, y, más tarde, también, con mis hijos, se haya ido desvaneciendo hasta desaparecer por completo.

Me dirás que no debo ser tan pesimista. Que mi aptitud ante la vida es equivocada… Tal vez tengas razón. Soy consciente de que no se puede vivir de recuerdos, anclado en el pasado. Comprendo que es necesario vivir el presente, aunque siempre con la mirada puesta en el futuro. Sin embargo, no resulta fácil desprenderse de la carga emocional acumulada.

La próxima semana, querido amigo, será la última del mes y, también, del año. De este año 2009 que termina -dejémosle que se vaya de una puñetera vez-, durante el cual hemos tenido casi de todo: corrupción política, protestas eclesiásticas - la Conferencia Episcopal Española hizo horas extraordinarias para poder protestar por todo lo que se movía-, gripe A, y, sobre todo, la crisis económica, que nos sigue causando muchos dolores de cabeza. Y, sobre todo, mucha preocupación.

Otra compañía aérea -Air Comet- que quiebra, dejando a 650 trabajadores sin empleo y a más de 6.000 pasajeros en tierra. Habían adquirido los billetes con mucha antelación, al objeto de asegurarse el vuelo en estas conflictivas fechas navideñas, a Buenos Aires, Lima, Quito y Bogotá. Al final, como siempre, el ministerio de Fomento -es decir, el Estado; es decir, los contribuyentes- tiene que hacerse cargo de esos pasajeros y facilitarles los vuelos correspondientes. Total, unos nada despreciables 6,3 millones de euros, de las ya muy debilitadas arcas del Estado. Y, el presidente de la compañía, Gerardo Díaz Ferrán -que también es presidente de la patronal española CEOE-, manifestó estar sorprendido, según aparece en la prensa de hoy, de que los consumidores siguieran comprando billetes, pese a que la compañía llevaba ocho meses sin pagar las nóminas a sus empleados: “Si yo hubiese visto esta situación desde fuera, no hubiese elegido Air Comet para volar a ningún sitio”. Y se queda tan ancho. ¡Cómo si los consumidores tuvieran la obligación -incluso, la posibilidad- de conocer la situación económica de la compañía! ¡Qué descaro y qué poca vergüenza!

En fin, amigo mío, como puedes ver, seguimos igual que hace un año. Y, sin temor a equivocarme, continuaremos en la misma línea. ¡Una verdadera pena!

Que tengas un Feliz Año Nuevo, y que los astros te sean propicios.

Un fuerte y navideño abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (15 enero 2010)

Amigo imaginario:

¡Estamos ya en un nuevo año! Y, como ocurre al principio de cualquier año, no sabemos lo que nos deparará. Aunque, para empezar, nuestro presidente del Gobierno acaba de asumir la presidencia de turno de la Unión Europea. Y ello, en principio, supondrá una responsabilidad añadida a las que ya tiene, que no son pocas. Cierto es, sin embargo, que su mandato durará únicamente seis meses; y esto, en cierto modo, es tranquilizador, pensando en que no se puede descuidar la atención a los problemas de nuestro país.

Hablando de problemas, amigo mío, el paro continúa siendo la mayor preocupación de los ciudadanos. Y no es para menos. Cuatro millones de parados son muchos parados, porque, además, son cuatro millones de trabajadores que no cotizan, que perciben el subsidio de paro -aunque no todos, ciertamente-, con lo que las arcas del Estado se ven seriamente debilitadas; y, de seguir así, tanto las pensiones, como la sanidad pública y otros derechos sociales, pueden sufrir recortes que perjudicarían, considerablemente, a muchos ciudadanos de este país. Ciudadanos que, después de una dilatada vida laboral -contribuyendo a sanear el erario público con sus aportaciones porcentuales-, pueden verse gravemente afectados por la ausencia de una protección social que les corresponde por derecho.

Del mismo modo, considero que la Administración tendrá que negociar con la Patronal , un acuerdo -serio y comprometido- que estimule la creación de puestos de trabajo, con el fin de garantizar, en la medida de lo posible, la ausencia de precariedad en el empleo.

Como sabrás, querido amigo -aunque tú estás en otra dimensión-, un terremoto asoló Haití, destruyendo o dañando seriamente el 90% de las casas y edificios, entre los que se encuentra el Palacio Presidencial, la sede de la ONU y las embajadas. Los muertos, que se cuentan por decenas de miles, abarrotan las calles de la capital Puerto Príncipe. Los cementerios, que también han sufrido los efectos del seísmo, quedaron inutilizados. Por ello, como solución inmediata para evitar epidemias, se optó por hacer fosas comunes en el campo. Y, como problema añadido -además de los heridos, la falta de agua y alimentos, así como la ausencia de atención médica-, las réplicas se suceden, aunque de menor intensidad. Una gran desgracia que, como tantas otras, se cierne sobre una de las zonas más pobres del planeta.

Un doble titular de prensa, que selecciono entre los muchos que aparecen en los periódicos, creo que expresa claramente lo ocurrido y sus consecuencias: “Una tragedia sin precedentes” “Desprovisto de instituciones, Haití es una inmensa fosa común habitada por un pueblo entero de refugiados”.

Como puedes ver, imaginario amigo, hoy únicamente te comento calamidades. Y, para no perder el ritmo, quisiera hacer una reflexión sobre una cuña radiofónica que, en los últimos días -como cada año-, emiten varias veces al día, los siete días de la semana: “Hay 3 millones de leprosos en todo el mundo. Hoy, la lepra tiene curación. Con sólo 20 euros se puede curar a un leproso”.

Al oír algo así, uno se pregunta: ¿Cómo se puede consentir que una enfermedad tan terrible -siendo curable-, continúe haciendo sufrir a tanta gente? ¿Cómo es posible que por 60 millones de euros -que se gastan bastantes más en campañas promocionales y eventos de todo tipo, que luego se quedan en agua de borrajas-, las naciones, los organismos internacionales, las asociaciones de toda índole, los filántropos…, o el sursuncorda, no se ponen manos a la obra? ¿Pretenden, con este tipo de mensajes, que nos sintamos culpables y remover nuestras conciencias? ¿Qué nos están contando? ¿Será un mensaje subliminal? No sé qué pensar.

Bueno, creo que por hoy ya es suficiente ¡Basta ya de desgracias! Respira hondo, sal a dar un paseo…, procura distraerte.

Un fuerte abrazo, amigo mío.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (30 enero 2010)

Amigo imaginario:

A punto de finalizar el primer mes de este nuevo año, ya tenemos en el país varios asuntos que, me temo, van a dar mucho que hablar -y, también, que escribir-, sobre todo al partido de la oposición. Para que la fiesta no decaiga.

Por una parte, la necesidad de construir en nuestro territorio lo que ahora se denomina: almacén temporal centralizado (ATC) de residuos nucleares. Y, hasta el día de ayer, ya hay cuatro municipios que se presentan como candidatos: Ascó, en Cataluña; Santervás, en Castilla y León; y Yebra y Villar de Cañas, en Castilla-La Mancha. Se presentarán más, sin duda. Pues, ciertamente, la necesidad vital de una alternativa a la agricultura y a la ganadería -que, lamentablemente, en algunas comarcas no están en su mejor momento-, exige soluciones urgentes para evitar que algunos pueblos desaparezcan. Y esta es una realidad incuestionable. Que está ahí, pese a quién pese. Ahora bien, la desconfianza generalizada sobre la seguridad de estos almacenes, o silos, o cementerios nucleares, o cómo quieran denominarlos, no se desvanece tan fácilmente.

Recordarás, amigo mío, un artículo que escribí hace un par de años, relacionado con este asunto, en el que hacía referencia a la peligrosidad de la energía nuclear, poniendo como ejemplo el desgraciado accidente ocurrido el 26 de abril de 1986 en Ucrania, en la central de Chernóbil. La fuga de grandes cantidades de material radiactivo a la atmósfera, causó decenas de víctimas mortales e innumerables afectados por la radiación. Sin embargo, aún reconociendo que el riesgo cero no existe en ninguna actividad, y que mis precarios conocimientos sobre la materia me obligan a manifestarme con la debida cautela, sigo considerando que la energía nuclear lleva implícito un gran riesgo de impacto radiológico ambiental, cuya magnitud, en gran medida, todavía desconocemos.

No quiero preocuparte, querido amigo, con mis consideraciones y temores; pues, en la prensa de anteayer, he leído las declaraciones de un profesor de ingeniería nuclear, Eduardo Gallego Díaz, miembro del comité de expertos que asesoró al Gobierno sobre el almacén de residuos radiactivos, en las que asegura que el silo nuclear resistiría el impacto de un avión de combate a 800 km/h . Y esto, en principio, supone una cierta garantía. También es cierto, que un almacén de este tipo nada tiene que ver con una central nuclear: “El proyecto -manifiesta el profesor Gallego Díaz- se basa en el aislamiento de productos radiactivos en una doble capa de acero. Las barras de combustible gastado se encuentran dentro de una cápsula. Y todo va dentro de un silo con paredes de hormigón armado de resistencia especial de entre 1,5 y 2 metros de grosor”. Continúa diciendo que las radiaciones están totalmente controladas y no pueden salir de los muros de hormigón… Luego, todavía queda lo del transporte, que, según en que condiciones y circunstancias, digo yo, tampoco es un tema baladí. Por todo ello, aunque debemos confiar en los que tienen amplios conocimientos sobre este asunto, sigue preocupándome -y, mucho, muchísimo- la energía nuclear y sus posibles efectos secundarios.

Otro de los asuntos que ha levantado cierta polvareda, por considerarse “El mayor escándalo sanitario del siglo” -así figura en un titular de prensa-, es la gripe A.

En mi carta del pasado 2 de septiembre de 2009, en la que te hablaba de la alarma social provocada por las contradictorias declaraciones de las distintas organizaciones médicas sobre la nueva gripe, también te decía: “ …sospecho que más de uno debe de estar frotándose las manos pensando en el que puede ser el negocio del siglo. O, por lo menos, el negocio de su vida”. Y, al parecer, así ha sido. El Consejo de Europa abrió una investigación para determinar si la declaración de pandemia por parte de la OMS estaba justificada y si, como se sospecha, ha habido intereses económicos -se refiere, naturalmente, a las multinacionales farmacéuticas- tras la campaña de vacunaciones masivas. Esperemos que esta organización continental llegue hasta el fondo del asunto. Mientras tanto, permaneceremos atentos.

Por último, paciente amigo, te comunico que el Gobierno pretende retrasar la edad de jubilación oficial a los 67 años, como medida para garantizar, dicen, el cobro de las pensiones más allá del año 2030. Bueno, otro tema de debate sobre el que, en principio, todos los partidos y sindicatos han expresado ya su oposición. De todos modos, según la información que aparece en la prensa de hoy, el Ejecutivo cuenta con el respaldo de la patronal y de la Comisión Europea. Estoy convencido de que no vamos a tener tiempo de aburrirnos. Y eso, de momento, no sé si es bueno o malo.

Un fuerte y reconfortante abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (10 febrero 2010)

Amigo imaginario:

Seguimos por el mismo sendero, estrecho y tortuoso -a veces, intransitable-, de la política. En los periódicos, en las noticias de la radio y en las de la televisión, todos los días aparecen informaciones del principal partido de la oposición, en contra del Gobierno. Y el Ejecutivo, por su parte, replicando a la oposición. Es decir, más de lo mismo. Pero soluciones reales y efectivas, ninguna.

Te lo he dicho en otras ocasiones: el Partido Popular dedica todos sus esfuerzos a desgastar al Gobierno. Únicamente pone en marcha toda su maquinaria política, con un gran derroche de palabrería, al servicio de una campaña de acoso y derribo, que no beneficia a ninguno de los dos. Y, mucho menos, al país. Porque, escuchando con atención al señor Rajoy, uno se da cuenta de que no plantea propuestas serias. Se limita a lanzar críticas, a modo de dardos envenenados; pero, soluciones, lo que se dice soluciones, ninguna. Ahora bien, sigue insistiendo en que su partido está preparado para gobernar. Que tiene un plan. Tanto insiste en lo del plan, que a uno le entran ganas de cantarle: “El PP tiene un plan, matarile, rile, rile. El PP tiene un plan, mecachis en la mar”. Al final, todo es humo. Lo único que pretenden es gobernar, tener el poder, la hegemonía… Pero este país llamado España, les importa una mierda. A pesar, eso si, de que se les llena la boca cada vez que dicen ¡España! Mentira, todo es una burda mentira. Y así nos va.

No es menos cierto, amigo mío -hay que reconocerlo-, que el Ejecutivo da la impresión de estar dando palos de ciego. No parece que esté muy centrado a la hora de anunciar reformas: fiscales, laborales, en las pensiones… Ya que, en función de cómo reaccionen las demás fuerzas políticas, la patronal, los sindicatos…, y los ciudadanos, las lleva adelante o las modifica. O, simplemente, las anula, sin que llegue a existir un debate parlamentario. Se observa, al menos en lo que a mí respecta, una reiterada improvisación. Y, mientras tanto, la crisis económica nos sigue asfixiando.

En momentos de dificultades, como la actual crisis económica, todas las fuerzas políticas -especialmente el principal partido de la oposición- tendrían que unirse, sin fisuras, por una causa común: España. Pues, para bien o para mal, se trata de nuestro país. El de todos los ciudadanos que les hemos votado, a unos y a otros, para que nos representen y defiendan nuestros intereses comunes.

Algún día, seguramente antes de lo que esperamos, el Partido Popular llegará al poder, no tengo ninguna duda. Entonces, cuando quede patente que ni tenían un plan, ni ideas brillantes, ni soluciones infalibles a los múltiples problemas que aquejan a nuestro país, simplemente dirán -como respuesta recurrente habitual- lo de siempre: “De aquellos polvos vienen estos lodos”, culpando así, de su propia incapacidad, al anterior Gobierno. Y se quedarán tan anchos.

Querido amigo, todo lo que está aconteciendo en el ámbito político es tan agotador, tan decepcionante, que no pienso seguir consumiendo más energía, ni más tinta, escribiendo sobre una actividad que, desde siempre, me produce náuseas.

Afortunadamente, sigue habiendo vida más allá de la política. Y por ello, igual que la brisa hace más soportable el agobiante calor, nos reconforta saber que Vicente Ferrer, luchador incansable en Pro de los más desfavorecidos, está propuesto para Nobel de la Paz, a título póstumo. O, lo que es lo mismo, la fundación que lleva su nombre y que continúa su obra. Fue un hombre excepcional, cuya labor en Anantapur (India) es de sobra conocida. Sin embargo, paciente amigo, de las muchas frases pronunciadas por Vicente Ferrer en algún momento de su vida, quiero destacar tres que considero de gran relevancia:

•  “La utopía es el punto final que no ves, pero hacia el que te diriges”.

•  “Todas las instituciones son conservadoras por definición y no quieren enfrentarse demasiado cuando surgen algunos problemas” (en referencia a la Compañía de Jesús).

•  “En la India necesitan ayuda para salir de la miseria social y económica, no necesitan que les cambies su religión”.

Espero que el comentario referido a Vicente Ferrer haya calmado la inquietud interior que, sin duda, te ha producido la perorata política.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (27 marzo 2010)

Amigo imaginario:

Después de mes y medio sin tener noticias mías, habrás pensado que ya me había olvidado de ti; pero no, amigo mío, el motivo de esta tardanza ha sido el trabajo que, como suele ocurrir, ha llegado todo junto, en tropel y desbocado, y no he tenido un momento de respiro.

Como noticia importante, al menos yo así la considero, te comunico el fallecimiento de Miguel Delibes, el pasado día 12 de este mes de marzo, a los 89 años. Considerado uno de los mejores escritores españoles del siglo XX , fue miembro de la Real Academia Española, Premio Nacional de Literatura, Premio Nacional de Narrativa, Premio Príncipe de Asturias de las Letras y Premio Miguel de Cervantes. Además, logró múltiples galardones y distinciones por su prolífica obra literaria y periodística. Propuesto en diversas ocasiones al Premio Nobel de Literatura, murió sin haberlo conseguido. Sin embargo, a modo de sencillo homenaje, me quedo con el siguiente titular de prensa: “El Premio Nobel de Literatura se quedó sin Miguel Delibes”. No quiero terminar este comentario sin manifestar mi desagrado, y también mi protesta más enérgica, por la ausencia de la familia Real en las honras fúnebres.

Pasando a otro asunto, querido amigo, todos los medios se han hecho eco de los casos de pederastia en el seno de la Iglesia Católica , que no sólo salpican a los sacerdotes implicados, sino también a la alta jerarquía eclesiástica -incluido el Papa Benedicto XVI-, por haberlos silenciado. Y no se puede consentir, bajo ningún concepto, que miembros destacados de la Iglesia hayan chantajeado, amenazado o sobornado a las víctimas, para que no denunciaran estos hechos. Cierto es, sin embargo, que no se puede juzgar al todo por la parte. Ahora bien, cuando esa parte adquiere una dimensión como la de los hechos que han salido a la luz -primero, en Estados Unidos; y ahora, en Irlanda-, se acerca tanto al todo, que, inevitablemente, alcanza la suficiente entidad como para tenerla en consideración. Por otra parte, observamos en la Iglesia una doble vara de medir, según le convenga. Condena enérgicamente el aborto, en cualquier circunstancia, y amenaza con excomulgar a todo aquel que propicie la aprobación de la ley que lo legalice. Sin embargo, cuando hechos tan graves como la pederastia se producen en su seno, y salen a luz, se limita a pedir perdón, como si en lugar de un delito, se tratara de una mera travesura. Y aquí paz y después gloria. Pero no es suficiente con pedir perdón. A los autores de actos tan aberrantes -considerados como delitos graves- hay que apartarlos, de inmediato, del ministerio sacerdotal; y juzgarlos, aplicando la ley, como se hace con cualquier ciudadano que comete una agresión sexual. Y no se trata de enviarlos a la hoguera, sino de hacer justicia conforme a la ley. Eso es todo.

Como ves, paciente amigo, hoy sólo tengo noticias que me crispan, enfurecen e irritan. No puedo evitar que se me calienten los dedos ante tanta corrupción e hipocresía. Por cierto, hablando de corrupción, últimamente los políticos están que se salen. Primero, el caso Gürtel, en Valencia. Ahora, el caso Palma Arena, en Baleares. ¿Cuál será el próximo?

Bueno, cambiando de asunto, ¡ya llegó la primavera! Y, aunque el tiempo no acompaña, parece que el cambio de estación afecta, inevitablemente, al normal comportamiento de las personas. ¿Será por aquello de que “La primavera la sangre altera”? Pues, va a ser que si. Sin embargo, no es únicamente la sangre la que se trastorna. También el horario experimenta una transformación: a las dos de la madrugada de mañana día 28, habrá que adelantar una hora los relojes. ¡Qué invento! Me pregunto si esa decisión de los entendidos sirve, en realidad, para ahorrar energía. Dicen que así se aprovechan más horas de luz natural. Sólo espero que los días no estén nublados. Ahora bien, lo que si es cierto es que esta noche tendremos una hora menos para dormir; los transportes, especialmente las líneas aéreas y el ferrocarril, se verán afectados y tendrán que hacer ajustes -tal vez, desajustes- en sus horarios; los hospitales, además de las guardias de médicos y personal sanitario, tendrán que ajustar también las medicaciones de los pacientes; las madres con bebés, además del ingrato trabajo diario, se trastornarán ajustando los horarios de los biberones… Y nosotros, que somos marionetas en manos de unos iluminados que se sacaron de la manga el invento del ahorro energético, andaremos como autómatas durante unos días -es decir, atontados-, hasta que nuestro reloj biológico se normalice. Y todo esto, realmente ¿sirve para algo?

Mi buen amigo, termino ya esta carta comentándote otro nuevo invento: la TDT -Televisión Digital Terrestre-, que, con el denominado apagón analógico, ya está en la mayoría de los hogares de nuestro país. Pues bien, ahora disponemos de veintitantos canales gratuitos. ¡Qué bien lo vamos a pasar! Dijimos alborozados, ignorando lo que nos íbamos a encontrar. Y es que, exceptuando los informativos, alguna que otra película, algún programa divulgativo científico-cultural y alguna serie costumbrista o de ficción, disponer de tantas cadenas no supone ninguna ventaja para los sufridos telespectadores. Por un lado, programas infumables, que proliferan como setas, en los que ciertos personajes van a airear sus miserias; eso si, cobrando una pasta gansa. Por otro, concursos que son un insulto a la inteligencia. Y, por último, ofertas comerciales que repiten con perversa insistencia, una y otra vez, el mismo e inútil producto, hasta provocar náuseas. ¿Qué hemos ganado con el cambio? Volvernos idiotas, irremediablemente.

Espero no haber influido muy negativamente en tu estado de ánimo. Pero, como puedes ver, es lo que hay. Que duermas bien.

Un fuerte abrazo.


CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (17 abril 2010)

Amigo imaginario:

Queda patente que la meteorología no es una ciencia exacta. La primavera se resiste y, después de unos días de sol, han vuelto las lluvias; aunque, menos mal, no parece que vengan con muy malas intenciones.

Hay un asunto que, desde hace varios días, preocupa a un amplio sector de la ciudadanía; y a mí, especialmente. Al juez de la Audiencia Nacional , Baltasar Garzón, se le imputan presuntos delitos de prevaricación y cohecho, en relación con el patrocinio por parte del Banco de Santander, de unos cursos que impartió en la Universidad de Nueva York. Y esto, repito, me preocupa. Pero no por el hecho de que haya o no haya cobrado, sino por la imagen que se está dando de este juez que, entre sus múltiples actuaciones -algunas muy brillantes-, sostuvo una denodada lucha contra el narcotráfico, despejando el camino para que otros jueces procesaran, encarcelaran y despojaran de sus bienes a los capos de la droga. Y no únicamente en Galicia. Pero aún hay más: el juez Garzón se atrevió a incoar un proceso sobre los crímenes del franquismo -como también lo hizo, en su día, contra el dictador chileno, Augusto Pinochet-, y, del mismo modo, se involucró en la investigación sobre el caso Gürtel. Y, posiblemente, estos dos procedimientos pudieron haber propiciado lo que, presuntamente, parece un “linchamiento”, o una ” revancha” . Es decir, una “caza de brujas” judicial.

De todos modos, los ciudadanos de a pie -los de infantería, como dice mi admirado Arturo Pérez-Reverte-, debido a nuestro desconocimiento en materia legal, hemos de ser prudentes y, sobre todo, respetuosos con las decisiones del Tribunal Supremo. Ahora bien, aún siendo conscientes de nuestra ignorancia en cuestiones procesales, podemos opinar libremente y considerar que las actuaciones de algunos magistrados -de acuerdo con las informaciones que aparecen en la prensa- pueden estar poniendo en peligro el Estado de derecho. Y, a la vista de hechos como este -así como también, otros de menor relevancia-, cada día estoy más convencido, amigo mío, de que: ni la ley es igual para todos, ni todos somos iguales ante la ley. Estaremos atentos y expectantes, también impacientes, siguiendo la evolución de este, para mí incomprensible, proceso contra el juez Garzón.

Querido amigo, la imparcialidad de la justicia está en entredicho. Y, como he dicho en múltiples ocasiones, no es lo mismo proceder de acuerdo con la legalidad, que hacerlo con justicia.

Te resultará extraño que, sin tener un razonable conocimiento sobre estos asuntos, tenga la osadía de opinar tan alegremente. Pero, como tú sabes, la ignorancia es muy atrevida.

Agradezco, como siempre, tu admirable paciencia para soportar mis parrafadas epistolares.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (30 abril 2010)

Amigo imaginario:

Hoy termina este mes de abril que, entre el proceso al juez Baltasar Garzón, los casos de corrupción en la política -la de algunos políticos, naturalmente- y la polémica que se suscitó en torno al uso del velo islámico, el hiyab, por la joven musulmana Najwa Malha, en un instituto de Pozuelo de Alarcón; así como la nada primaveral climatología que hemos tenido, es mejor que se vaya de una puñetera vez

Los procesos judiciales siguen su curso, y habrá que esperar a los dictámenes, resoluciones o sentencias correspondientes. En cuanto al caso de la joven musulmana, ya asiste a clase, con toda normalidad, en otro instituto del mismo municipio, perteneciente a la provincia y Comunidad de Madrid.

Personalmente, amigo mío, considero que no es justo prohibir el uso del hiyab en clase, puesto que, si en lugar de tratarse de una chica de origen marroquí -pero que, a todos los efectos, es española-, se presenta cualquier otra joven con una pañoleta cubriendo su cabeza, no hubiera ocurrido absolutamente nada. Es decir, ningún centro educativo pondría objeción alguna por su presencia en clase. Y es que, siendo mínimamente razonables, esta prenda no oculta el rostro; únicamente, sin que ello tenga que ofender a nadie, cubre la cabeza y el cuello. Simple y llanamente. Nada más. Y dejémonos de religiones y zarandajas. Y evitemos la absurda y mal intencionada comparación con el burka o la nicáb. Pues, el primero, a modo de capuchón, cubre todo el cuerpo y únicamente tiene una especie de rejilla a la altura de los ojos, a través de la cual, aunque con la inherente dificultad, la mujer puede ver. La segunda, variante de la prenda anterior, también cubre todo el cuerpo; sin embargo, la zona correspondiente a los ojos queda totalmente descubierta, libre. Ahora bien, estas prendas ocultan el rostro y, naturalmente, es razón más que justificada para no permitirlas. Pero no son comparables, en modo alguno, con el hiyab que originó la polémica. Y, además, no llego a comprender cómo, en centros educativos (IES) del mismo municipio y de la misma Comunidad, pueden existir reglamentos discriminatorios. O, lo que es peor, que se puedan modificar por vía de urgencia -como es el caso del instituto en el que fue rechazada- para poder esgrimirlos como argumento legal. ¡Vergonzoso!

Otra cuestión, muy distinta, sería que en esta alumna se observaran comportamientos de insubordinación -o de cualquier otra índole reprobable-, en cuyo caso habría que tomar las medidas disciplinarias oportunas -llegando incluso a la expulsión, si fuera necesario-, pero aplicándolas exactamente igual, y en las mismas condiciones, que a cualquier otra alumna o alumno.

Querido amigo, últimamente estoy muy crispado; y lo lamento, profundamente, porque tú no tienes por qué soportar mi mal humor. Pero ya sabes, por haberlo manifestado en otras ocasiones, que las injusticias me tensan, me exasperan…, me cabrean sobremanera. Yo soy así. Y en cuestiones de injusticia social, aunque me tachen de quijote, no pienso cambiar.

Agradezco tu paciencia y, como siempre, te envío un fortísimo abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (15 mayo 2010)

Amigo imaginario:

Mi estado de ánimo, como el de la mayoría de los ciudadanos de este país, se encuentra en horas bajas; es decir, por los suelos. Y no es para menos.

No sé si te habrás enterado de las medidas económicas de austeridad que ha tomado el Gobierno: Reducción de los salarios a los funcionarios, congelación de las pensiones -excepto las más bajas y las no contributivas-, supresión del cheque bebé -que ya no traerá un pan bajo el brazo-, aminorar el exceso de jubilaciones anticipadas, etc. Medidas impopulares, sin duda, pero necesarias para contener esta crisis que nos está devorando poco a poco. Esta decisión tendría que haberse tomado antes, en lugar de negar lo evidente. Lo sabía el Ejecutivo y lo sabíamos los ciudadanos de a pie. Los currantes y los jubilados. Resumiendo, la tropa de infantería.

Ahora bien, amigo mío, considero que, además, sería necesario suprimir algunos altos cargos -tanto en el Gobierno como en su entorno: en las Administraciones Autonómicas, por ejemplo-, dejar de subvencionar eventos e iniciativas lúdico-festivas absolutamente superfluas… En definitiva, evitar el despilfarro incontrolado.

Otra cuestión que, sin ánimo de polémica, me parece de vital importancia -y sobre la que no he oído ni leído nada al respecto-, es la asignación a la Casa Real , que espero se vea reducida, en los próximos Presupuestos Generales del Estado, como gesto de austeridad. Y es que, puestos a apretarse el cinturón, la Familia Real tiene la obligación moral de dar ejemplo. Pues no es justo que los ciudadanos con menor poder adquisitivo tengan que pagar siempre los platos rotos, a pesar de no haber utilizado la vajilla. Y, además, siendo realistas, tal vez habría que plantearse si nosotros, como país, podemos seguir soportando el mantenimiento de una Institución que, a mi modo de ver, es manifiestamente prescindible.

Por otra parte, y esto es lo más lamentable -y, también, lo que me crispa y cabrea de verdad-, los que considero verdaderos responsables -por no decir: culpables- de esta asfixiante crisis económica: los bancos y los especuladores, salen totalmente indemnes de esta “desfeita”. Una verdadera vergüenza.

Se me están empezando a calentar los dedos en exceso, querido amigo, y antes de que pierda los modales -aunque no suele ser mi habitual pauta de comportamiento-, y luego me taches de reaccionario inconformista -tal vez, de subversivo-, será mejor que dé por finalizada esta carta.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (7 julio 2010)

Amigo imaginario:

Han transcurrido casi dos meses desde mi última carta, y es que ya no hay nada medianamente interesante que comentar. Únicamente se habla del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. La prensa escrita, la radio y la televisión, se hacen eco diariamente del acontecimiento deportivo del año. Y lo comprendo, claro que lo comprendo. Sin embargo, parece como si no hubiera vida después del fútbol, con la que está cayendo: crisis económica, desempleo, corrupción política, narcotráfico… Todo un abanico de motivos para estar preocupados. Pero somos así, nos montan un Campeonato Mundial de Fútbol, y es como si todos nuestros problemas se hubieran desvanecido. Ahora bien, aunque no soy muy “futbolero”, espero que hoy gane España contra Alemania y se clasifique para disputar la final contra Holanda el próximo domingo. Y no lo digo por patriotismo ¡qué va! Lo que ocurre es que la mayoría de los jugadores son del FC Barcelona, y eso, como tú sabes, para mi ya es suficiente motivo. Además, amigo mío, lo cortés no quita lo valiente.

Hoy, en la portada de ‘La Voz de Galicia' -periódico que leo diariamente-, aparece el siguiente titular: “El presidente de la Diputación de Alicante, detenido por supuesta corrupción”. Es que salen como setas, coño. A poco que te descuides ¡zas!, corrupción a la vista.

Otro titular, en el mismo periódico: “La visita del Papa a Galicia costará cuatro millones de euros”. Y, en páginas interiores, se amplía la noticia: “La visita de ocho horas que el Papa prevé realizar a Santiago el próximo 6 de noviembre generará a la Xunta, de acuerdo con sus propias estimaciones provisionales, gastos por un importe global de cuatro millones de euros, dos de los cuales serán destinados en exclusiva a sufragar la retransmisión del acontecimiento a todo el mundo, a través de la televisión pública autonómica”. Ahora, digo yo: si el Sumo Pontífice quiere venir a Santiago de Compostela aprovechando que éste es Año Santo Jacobeo (Ano Santo Xacobeo), me parece una excelente ocasión para hacerlo. Pero ¿por qué los gastos que genera la organización de esta visita han de salir de los bolsillos de los gallegos, sean o no católicos? ¿Por qué las instituciones civiles tienen que involucrarse económicamente en los eventos religiosos? ¿Por qué se hacen recortes presupuestarios en Educación y Sanidad, por ejemplo, y, sin embargo, se despilfarra en acontecimientos que únicamente conciernen a la Iglesia Católica? ¿Por qué, en justa correspondencia, no repercute en favor del Erario Público parte de los ingresos que obtiene la Iglesia , el Vaticano, la Santa Sede o el Sursuncorda, en los distintos actos, eventos o acontecimientos que ellos promueven y con los que consiguen ingentes beneficios? ¿Por qué únicamente en estos casos esgrimen lo de “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios? ¿Por qué? Sencillamente, porque a la espiritualidad -falsa espiritualidad, diría yo- también llegó el mercantilismo. Ya nada es lo que era.

Amigo mío, ya sé que me pongo muy pesado con la relación Iglesia-Estado, pero sigo diciendo que ambos han de seguir caminos distintos; lo que no quiere decir, en modo alguno, que necesariamente tenga que haber desencuentros. Pero, una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. No sé si me explico con la suficiente claridad.

Otra cuestión, que me saca de mis casillas, es el lastre de las subvenciones. Algo que se ha convertido ya en una costumbre, pasando a formar parte del panorama folclórico-festivo de este país, y que se repite cada vez con más frecuencia. Siempre hay alguien al que se le ocurre organizar algún evento, no importa de qué se trate: gastronómico, deportivo, cultural, de ocio… sin tener en cuenta que para ello es absolutamente necesario disponer de medios económicos. Pero, no hay problema ¿Para qué están las empresas, las firmas comerciales, los ayuntamientos, las diputaciones…? Para subvencionar todo lo que haga falta y más. Y así nos va. Porque luego, no hay dinero para pagar puntualmente los salarios de los empleados de esas empresas y firmas comerciales; los ayuntamientos, como tienen por costumbre, tardarán seis o más meses en pagar las facturas de esas mismas empresas y firmas comerciales; y las diputaciones, no pueden acometer obras de infraestructura, como asfaltar carreteras, reparar viaductos, señalizar debidamente las autovías, etc. Porque todo se lo han gastado, unas y otros, en subvencionar actividades innecesarias e inútiles. Ahora bien, queda muy “guay del Paraguay”, y da mucho prestigio, que en los carteles anunciadores, en la prensa o en la radio, se haga la mención correspondiente: Este evento ha sido patrocinado por “El Corte de Mangas” o La firma comercial “El Orgullo de Albacete” patrocina esta fiesta gastronómica. ¡Esto es Jauja!

Bueno, querido amigo, la verdad es que he tardado tiempo en escribirte, pero, con esta retórica epistolar de hoy, creo que vas bien servido por una buena temporada. Sin embargo, no te hagas ilusiones porque espero volver pronto a la carga.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (19 julio 2010)

Amigo imaginario:

Ya se han apagado los ecos del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, donde nuestra selección -me refiero a la de España, naturalmente- venció por un gol a cero a la selección de Holanda, en el minuto 116 del partido (minuto 26 de la prórroga), proclamándose campeona del mundo. El mayor éxito deportivo jamás logrado. Una gesta que quedará grabada para siempre en la memoria de todos los aficionados. Y, también, en la de los que no lo son.

Ahora, inevitablemente, volvemos a la realidad de los problemas cotidianos. Volvemos, también, a las continuas y encarnizadas discrepancias entre el Gobierno y la oposición. Y, como no podía ser de otra forma, en el reciente debate sobre el estado de la Nación , esas discrepancias evidenciaron que los desencuentros entre ambos líderes no tienen marcha atrás. Y, también, quedó patente el ansia de poder del jefe de la oposición, que, siguiendo su habitual línea de comportamiento, hizo un gran alarde dialéctico (verborrea de charlatán) sin aportar nada significativo. Pero, eso sí, demandó abiertamente que el Ejecutivo convoque, cuanto antes, elecciones generales. Y en eso estamos, amigo mío.

Dentro de unos días, el próximo mes de agosto, el Gobierno se irá de vacaciones. Pero, a pesar de que la cifra de desempleados continúa siendo escandalosa, y que la crisis todavía sobrevuela nuestras cabezas, gran parte de los ciudadanos de este país también se irá -si no lo ha hecho ya- a las playas, a tomar el sol; también de camping, a la montaña, para oxigenarse; acudirá, cómo no, a las fiestas patronales de sus pueblos y ciudades; y se gastará el dinero que no tiene -o, al menos, eso es lo que dice- en los chiringuitos de playa o de montaña, en los múltiples y diversos eventos gastronómicos, en cenas con los amigos... Es decir ¡A vivir que son dos días!

Pero, después de agosto, llegará septiembre. Y los problemas que dejamos antes de irnos de vacaciones, seguirán estando ahí, agazapados, esperándonos, y nos asaltarán sin piedad. Pero, como siempre, el fútbol será la tabla de salvación. El deporte rey será la panacea, el revulsivo, el antídoto que curará todos nuestros males. El fútbol conseguirá que nos olvidemos de la crisis y de todo lo que, todavía, está por llegar.

Y, por si fuera poco, el presidente del Gobierno, además de otros problemas que descansan en los cajones de su mesa de despacho, tendrá que enfrentarse a una convocatoria de huelga general (29 de septiembre); y, también, a tres espinosos desafíos: la reforma laboral, la reforma de las pensiones y, por último, la reforma fiscal. Una apretadísima e incómoda agenda, que no le será fácil organizar. Y, mucho menos, resolver.

Cada día que pasa, amigo mío, la apatía y la indiferencia se instalan con mayor fuerza en mi estado de ánimo. Los políticos en los que confiaba, me han decepcionado. Los otros, aquellos de los que recelaba, ahora me preocupan. Su ambición de poder es tan ostensible, que no dudan en negar lo evidente con tal de lograr sus propósitos. Me refiero, naturalmente, a los múltiples casos de corrupción -presuntos, dicen- que, debido a la frecuencia con la que se producen, crean en mí una gran desconfianza que va en aumento cada día.

La crisis que padecemos no es únicamente económica. Existe, también, una preocupante crisis de valores: educación, justicia, convivencia…, que produce un inevitable deterioro en la sociedad. Y eso, querido amigo, no es nada saludable.

Unos y otros ¡qué puñeteros!, nos tienen contra las cuerdas. No encontramos opciones claras. Nos hemos quedado sin alternativas en las que poder confiar. ¡Estamos perdidos!

Un fuerte abrazo.


CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (12 septiembre 2010)

Amigo imaginario:

Las vacaciones, para quién las haya tenido, han tocado a su fin; y, de nuevo, la vuelta al trabajo, con el consiguiente síndrome post-vacacional, tratando de coger el ritmo, la rutina, el equilibrio... La normalidad.

También, cómo no, el comienzo de un nuevo curso político, con sus dimes y diretes. Con sus luchas intestinas -que no intestinales- y zancadillas. Es decir, volver, también, a la rutina y a la ”normalidad” a la que nos tienen acostumbrados.

Como ya sabrás, los sindicatos empiezan a calentar motores de cara a la huelga general convocada para el próximo día 29 de este mes. Recientemente, en un acto multitudinario, se han reunido en el Palacio de Vistalegre de Madrid, alrededor de dieciséis mil representantes sindicales de todo el país. Pero, claro, es que son muchos los que viven del asunto sindical. Y, en cierta medida, a costa de las arcas del Estado. Es decir, a nuestras expensas.

Hablando de sindicalismo, amigo mío ¿por qué los sindicatos no intervienen en las empresas de cuatro o cinco trabajadores? ¿Dónde están cuando los obreros de esas empresas trabajan horas extraordinarias que no les pagan? ¿Cómo consienten -porque saben que ocurre- que, ante una petición justa, se le diga al obrero, en un inequívoco alarde de abuso de autoridad: si no te interesa este trabajo, ya sabes dónde está la puerta? ¿Por qué están tan indefensos? ¿Por qué los ignoran? Por la sencilla razón de que esos cuatro o cinco trabajadores hacen poco ruido. O, tal vez, ninguno. Y eso, en resultados publicitarios, no les resulta rentable a las centrales sindicales. Esa es la razón.

De todos modos, querido amigo, considero que esta huelga no va a resolver nada. Será, eso sí, una movilización con gran seguimiento. Y hará mucho ruido, sin duda. Pero, en mi opinión, únicamente será una gran traca de fuegos artificiales. Grandes pancartas reivindicativas y muchas banderas sindicalistas ondeando sobre la multitud. Se gritarán, a través de los megáfonos, consignas creadas para la ocasión. Y un mitin, con aclamación estrepitosa, pondrá fin a una manifestación en contra de los recortes sociales del Gobierno. Será una cortina de humo. Nada más.

Cambiando de asunto, y como continuación de lo que te decía en mi carta del pasado 7 de julio, vuelvo a criticar lo que nos va a costar a los gallegos la visita del Papa: tres millones de euros , dicen ahora. Lo sigo considerando un despilfarro. Como, también, consideré un dispendio la nada despreciable cifra de treinta millones de pesetas que, cuando el señor Fraga era presidente de la Xunta, le regalaron al cantante Julio Iglesias para que promocionara el Xacobeo por el mundo. ¡Anda ya! ¡Pero, si el Xacobeo se promociona solo, pardiez! Si el Camino de Santiago se conoce desde la Edad Media , coño. ¡Qué nos están contando!

Como dato curioso, se sabe que en la antigüedad, los peregrinos que llegaban del norte de Europa y otros lugares, sabían -por experiencias propias o ajenas- lo peligroso que resultaba entonces hacer el Camino. Por ello, antes de iniciar aquel incierto y largo viaje, hacían testamento.

Volviendo a la cuestión inicial, el pasado día 2 de este mes -en el diario: La Voz de Galicia- leí un artículo de Xosé Luis Barreiro Rivas (columnista del citado periódico y profesor universitario), y es la primera vez, en muchos años, que no estoy de acuerdo con él. Y lo lamento, sinceramente.

Escribe el señor Barreiro Rivas: “La inmensa mayoría de los gallegos están convencidos de que los tres millones de euros que se van a gastar en la visita del Papa no están justificados, y que, antes de enterrarlos en solemnidades superfluas, sería mejor hacer depuradoras o guarderías...” “El mundo es muy viejo, y ya lo vio casi todo. Y los fariseos siempre aparecen en los momentos más inoportunos...” En definitiva, nos está llamando hipócritas. Es su opinión y la respeto. Pero, naturalmente, no la comparto. Y no la comparto porque, continuando con su artículo, dice: “Es la mentalidad cutre y cicatera que ya no recuerda que es Santiago quien nos puso en el mapa del mundo…” “Es la ignorancia que no nos deja ver que el Papa viene -además de a cumplir con su misión apostólica- a hacernos un favor extraordinario…” Bueno, no discuto que le debamos a Santiago figurar en el mapamundi. Pero, lo del favor extraordinario del Papa, es, cuando menos, discutible. Y lo digo, porque su visita está prevista para el próximo 6 de noviembre. Es decir, vendrá a “romocionar” el Ano Santo Xacobeo , once meses después de haberse iniciado, cuando ya se esté extinguiendo. Porque, no debemos olvidar que, un año, aunque sea “Santo” y “Xacobeo”, sigue teniendo doce meses.

Por otra parte, el artículo en cuestión también dice: “Pero al Papa no le va a extrañar nada este ataque de justicia y rigor presupuestario que invade el Finisterre, porque más de mil veces habrá leído y meditado la historia de la cena en casa de Lázaro que se narra en el Evangelio de Juan (12, 3-7): Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote…/… ¿por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres? …/… Jesús dijo: déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre los tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis”.

Después de leer la referencia que el señor Barreiro Rivas hace a este pasaje del Evangelio, me he quedado desconcertado. Es decir, confuso. Porque, si bien es cierto que Jesús no hubo -ni habrá- más que uno, los Papas se suceden unos a otros. Por otra parte, hoy no se puede comprender cómo Jesús pudo haber dicho algo tan egocéntrico y falto de humildad. Pero, bueno, estas disquisiciones las dejaremos para los teólogos -pues, se supone que son los que saben de esto- aunque, dicho sea de paso, tampoco entre ellos se ponen de acuerdo.

Amigo mío, con todo lo que llevo escrito en contra de la Iglesia y sus dignatarios, por su aptitud ante ciertos aspectos y necesidades de la vida y de la sociedad actual, creerás que soy un ateo o un apóstata convencido. Pero, no es así. Yo soy creyente. Aunque, únicamente, soy practicante ocasional. Porque, querido y paciente amigo, una cosa es la religión, y otra, muy distinta, la Iglesia y sus jerarcas. He ahí la diferencia. Esto es lo que hay.

Un afectuoso abrazo.


CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (27 noviembre 2010)

Amigo imaginario:

¡Cuánto tiempo! Pero, claro, como todo lo que acontece es tan repetitivo, tan agotador, a uno se le quitan las ganas de comentar nada. Sin embargo, al hilo de lo que te decía en mi carta anterior, en relación con la huelga general y con la visita del Papa a Santiago de Compostela, quiero hacerte partícipe de mis particulares reflexiones.

En lo que se refiere a la huelga del pasado día 29 de septiembre, me reafirmo en lo que dije: que sería una traca de fuegos artificiales y una cortina de humo. Eso es lo que considero que ha sido. Puesto que, servir, lo que se dice servir, no ha servido absolutamente para nada. Porque, si somos realistas, convendrás conmigo en que todo ha sido un gran montaje de las centrales sindicales -eso sí, con mucho ruido-, de cara a la masa trabajadora que, como siempre, es la que sufre las consecuencias de las desafortunadas decisiones de los Gobiernos, sean del color que sean. Es decir, convocaron la huelga para contentar -yo diría, mejor, para contener- a sus afiliados, en particular; y a los trabajadores, en general. Porque, querido amigo, no olvidemos que el Gobierno subvenciona, con cantidades nada despreciables, a las Federaciones Sindicales. Y esto, a mi modo de ver, no es serio y resta credibilidad a cualquier acción supuestamente en favor de los trabajadores. Puedo estar equivocado, naturalmente, pero es mi opinión y, como tal, la asumo con todas las consecuencias.

En cuanto a la visita del Sumo Pontífice a la Ciudad del Apóstol, se han publicado opiniones de todo tipo y para todos los gustos. Ahora bien, mayoritariamente, el denominador común de todas ellas, tanto político como eclesiástico, ha sido la gran rentabilidad económica que esta visita ha supuesto para Galicia. Pero, curiosamente -lamentablemente, diría yo-, muy pocos han considerado el carácter de misión apostólica que, incuestionablemente, lleva intrínseca toda visita papal. Lo que viene a demostrar, amigo mío, una vez más, que todo sucumbe al mercantilismo. Los intereses económicos prevalecen sobre todo lo demás. Todo gira alrededor del dinero. Y en la Iglesia , que también tiene sus debilidades, predomina el materialismo sobre la espiritualidad. Ha sufrido una transmutación: dejó de ser una institución mística para convertirse en una entidad de gran fortaleza económica. Sí, paciente amigo, ya sé que sigo siendo muy crítico con la Iglesia Católica a la que, por otra parte, pertenezco como creyente, aunque, por otras razones, no como practicante. Por todo ello, como última reflexión, me pregunto si no sería necesario -o conveniente- que, por segunda vez en la Historia , Jesús volviera a expulsar a los mercaderes del Templo.

Estas son mis particulares reflexiones de las que te hablaba al principio de esta carta. Y, naturalmente, espero que tú también pienses detenidamente, con seriedad, en todo ello.

Un fuerte abrazo, amigo mío.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (19 diciembre 2010)

Amigo imaginario:

¡Estoy indignado! Abro el periódico esta mañana y ¡zas!, me da en toda la cara el siguiente titular: “La crisis no va con los ex presidentes”. “Aznar y González tienen unos ingresos muy elevados, que van en aumento cada año, como consejeros de empresas privadas, conferenciantes y autores de libros”.

A la vista de lo anterior, querido amigo, no es extraño que en el seno de los partidos políticos haya luchas intestinas, zancadillas, traiciones… Desmesurada ambición de poder. Pues, además, una vez que dejan el cargo, perciben durante dos años el 80% del sueldo -que puede considerarse legítimo, naturalmente-, con carácter compensatorio. También, entre otras actividades, pasan a formar parte de consejos de administración en empresas privadas que, si bien es cierto que están dentro de la más absoluta legalidad, les proporcionan unos ingresos muy sustanciosos. Y, si tuvieran un mínimo de honestidad -o, mejor, de vergüenza-, renunciarían, por incompatibilidad, a determinados privilegios -coche oficial con chófer, oficina, asistentes y transporte gratuito-, de los que disponen con carácter vitalicio. Francamente, en un país con más de 4 millones de parados, muchos de ellos viviendo por debajo del umbral de la pobreza, considero que es una descarada provocación. Pues, con los ingresos que perciben, además, por conferencias, publicación de libros, etc. -todo ello muy lícito, sin duda-, podrían costearse todos esos privilegios sin que su economía se resintiera. Sin embargo, los ciudadanos de a pie -los de infantería-, tenemos que pagarlo todo, absolutamente, sin excepción, euro sobre euro.

Como puedes ver, amigo mío, la crisis no nos afecta a todos por igual ¡qué va! Siempre habrá privilegiados que no se enteren -incluso, que se sorprendan- de que la situación económica de muchos ciudadanos es preocupante, y, en algunos casos, escandalosamente alarmante. Pero, a los mimados por la diosa fortuna, los apuros económicos de los demás se la traen “al pairo”. Absolutamente.

Este año se va, sin pena ni gloria -con más pena que gloria, diría yo-, y dejará paso al siguiente -que ya será el 2011-, en el que tendremos los mismos problemas, las mismas preocupaciones, la misma puñetera crisis, el incesante aumento del paro, y una larga e interminable serie de circunstancias adversas, que prolongarán la agonía de este maltrecho país. Sin embargo, querido amigo, el fútbol ¡qué bien! seguirá siendo, para muchos, el bálsamo quitapenas que les hará olvidar, durante los noventa minutos que dura un partido, que viven en un país que está, con carácter preocupante, al borde de la quiebra… Y la noria, como no puede ser de otra forma, seguirá girando.

Tal vez, mi aptitud sea excesivamente pesimista. No lo discuto. Sin embargo, siendo realistas, la situación no está como para echar cohetes. Pero, seguiremos muy atentos, oteando el horizonte, a la espera de que el viento sople a favor.

Un fuerte abrazo, paciente amigo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (22 marzo 2011)

Amigo imaginario:

En esta primera carta del año 2011, quiero comentarte tres asuntos. Los dos primeros, me preocupan y me indignan. Y el tercero, está a punto de conseguir que pierda los buenos modales y la educación que siempre, o casi siempre, me ha caracterizado.

En la prensa del pasado día 8 de este mes de marzo, formando parte de una entrevista, aparece el siguiente titular: “Se nos está imponiendo el ahorro a costa de la salud”. Al leerlo, como es natural, siento curiosidad y me sumerjo en la entrevista que J. M. Orriols, redactor del periódico La Voz de Galicia, le hace a Eduardo Rodríguez-Farré, miembro del Comité Científico de la Unión Europea.

El doctor Rodríguez-Farré, que dirigió durante muchos años el departamento de farmacología y toxicología del CSIC en Barcelona, advierte de los peligros de las bombillas de bajo consumo. Dice, por ejemplo, que se retiraron los termómetros de mercurio por su toxicidad, siendo menos peligrosos que las actuales bombillas. Si, accidentalmente, llegamos a tragar mercurio de un termómetro, nuestro organismo no lo absorbe. Sin embargo, si nos exponemos al vapor de mercurio que desprende una lámpara al romperse, éste se acumula en nuestro organismo afectando al sistema nervioso. El daño -advierte este doctor-, es mucho mayor en un niño, y especialmente en un feto, debido a que afecta al desarrollo cerebral.

El doctor Rodríguez-Farré, como experto en la materia, asegura que la situación es muy preocupante. Y facilita los siguientes datos: “En España hay 550 millones de bombillas. Cuando sean todas de bajo consumo, tendremos una tonelada y media de mercurio en vapor que nos estará amenazando”. Y continúa diciendo: “Yo, realmente, quedé sorprendido cuando comprendí la magnitud del problema y, sobre todo, cuando veo que primero se ponen en el mercado y después se analizan las consecuencias. Estamos ante una gran contradicción entre los beneficios económicos y los riesgos, y esto es una grave irresponsabilidad”.

Después de leer esto, amigo mío, creo que hay motivos más que suficientes para estar preocupados e indignados. Y, también, para maldecir a los hijos de puta que anteponen los intereses económicos a la salud de los ciudadanos. A veces, sobre todo últimamente, pienso si no será que quieren acabar de una puñetera vez con los parados y pensionistas -pues no dejan de recordarnos que son (somos) una carga para las arcas del Estado-, y esta podría ser una nueva forma de exterminio.

La segunda cuestión, querido amigo, está relacionada con las centrales nucleares. Ya lo he mencionado en otra carta hace algún tiempo. Lo sé. Pero, los últimos acontecimientos -terremoto y tsunami en Japón-, han puesto de manifiesto el alto riesgo de la energía nuclear. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, las contradictorias opiniones de los expertos no son, precisamente, tranquilizadoras.

Javier Quiñones, investigador CIEMAT: “¿Alguien puede imaginar alguna catástrofe natural peor? Y si las centrales aguantaron, no se puede dudar de su seguridad”.

Ignacio Durán, catedrático de física nuclear: “Este accidente no pone en duda la seguridad de las centrales nucleares, pero deben extraerse lecciones, como mejorar las bombas de refrigeración y los sistemas de control de hidrógeno”.

María Teresa Domínguez, presidenta Foro Nuclear: “Espero que este accidente no ponga en duda la seguridad de las centrales nucleares. Lo que ha demostrado el accidente de Japón es que una central nuclear puede aguantar hasta la catástrofe más extrema. Es un hecho que nos refuerza”.

Carlos Bravo, portavoz de Greenpeace: “Este suceso no es puntual y debe de llamar a la reflexión sobre la energía y la seguridad nuclear. No hacerlo sería bastante irresponsable”.

Eduardo Rodríguez-Farré, radiobiólogo del CESIC: “Esto no ha hecho más que empezar, lo peor está por llegar”. “La radiactividad de Japón ya se ha detectado en Rusia, en Vladivostok, esto es como un Chernóbil a cámara lenta”.

Luego, para inquietarme más, leo los posibles efectos de la radiación: cáncer de piel, posible destrucción de la glándula tiroides, cáncer de pulmón, cáncer de mama, daños en el tracto intestinal, daños en el sistema reproductivo, pérdida de glóbulos blancos (por lo que bajan las defensas ante infecciones) y daños en la médula ósea. Todo un abanico de posibilidades de sufrimiento asegurado antes de palmarla. Y no sigo, porque estoy empezando a ponerme de mala leche y no quiero, bajo ningún concepto, que me tildes de maleducado.

Por último, paciente amigo, otra cuestión que me incomoda, y que me obliga a reprimir el deseo de proferir ciertos improperios, es la catarata de llamadas de las compañías operadoras de telefonía e Internet, con sus inigualables e insuperables ofertas.

Te llaman a cualquier hora, cualquier día de la semana -incluidos domingos y festivos-, con una frecuencia abusiva, y su insistencia es realmente insufrible. Descuelgas el teléfono y preguntas ¿dígame? ¿Quién es? O, simplemente ¿si? Y, sin comprender de dónde sacan tanta información, te dicen tu nombre y apellidos, con qué operadora tienes el contrato del teléfono fijo e Internet, cuánto pagas mensualmente… ¡Asombroso! Seguidamente, hacen una exposición de las ventajas que obtendrás si cambias a esa operadora, etc. etc. Al principio, por consideración, no interrumpía al interlocutor o interlocutora. Luego, todo lo educado que a veces puedo ser, me disculpaba y les decía que comprendía su interés y, también, su insistencia, porque, al fin y al cabo, era su trabajo y lo respetaba, pero que no tenía intención de cambiar de operadora de telefonía. Me daban las gracias por haberlos escuchado y, en alguna ocasión, incluso me desearon que tuviera un buen día. Sin embargo, sobre todo en los últimos meses, el acoso es tan pertinaz e insoportable, que, sintiéndolo mucho, y sin esperar a que acaben, les digo que no estoy interesado. A pesar de ello, y sin hacerme ni puñetero caso, siguen a lo suyo, ignorándome descaradamente. Llegados a este punto, sin molestarme en añadir nada más, decido colgar.

Bueno, amigo mío, sé que han transcurrido tres meses desde la última carta. Sin embargo, creo que la extensión de la presente compensa con creces la tardanza.

Un fortísimo abrazo.


CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (23 mayo 2011)

Amigo imaginario:

Hoy es el día después. Ayer se celebraron elecciones municipales en todo el país. Y, en algunas comunidades, también elecciones autonómicas. Pues bien, como probablemente recordarás, en una de mis cartas políticamente incorrectas, te decía que no tenía ninguna duda que el Partido Popular llegaría a gobernar en nuestro país. De momento, en estas elecciones ha arrasado. Vamos, que, como se dice ahora, ¡están que se salen! Eufóricos, exultantes y, cómo no, descaradamente arrogantes. Y digo esto, amigo mío, porque, aprovechando el tirón, ya le están exigiendo al Gobierno que convoque elecciones generales. Y se comprende. Los votos de una aplastante mayoría, han propiciado que el Partido Popular le arrebatara el poder, municipal y autonómico, al Partido Socialista. Ahora bien, no nos engañemos, esa exigencia se debe, única y exclusivamente, a una desmesurada ambición de poder. Y no para salvar al país, como pretende hacernos creer.

El sensacionalismo, en la mayoría de los titulares de los periódicos, no se hizo esperar: “Seísmo electoral en el Partido Socialista”. “Terremoto de magnitud japonesa: devastador”. “Debacle del partido Socialista”. “Resultado histórico del Partido Popular”. “El Partido Socialista se desploma y el Partido Popular arrasa”. Y, hasta cierto punto, es comprensible.

Sin embargo, lo que yo no puedo comprender -entre otras muchas cuestiones que mi conocimiento no alcanza- es que, en lugar de condenar y castigar la corrupción y las imputaciones en asuntos turbios, los ciudadanos hayan votado masivamente a favor en aquellas autonomías y municipios que, como mínimo, están bajo sospecha. Esto me hace pensar (¡mal!) que la corrupción alcanza proporciones monumentales. Y, ante la evidencia, tengo que reconocer -dicho de una forma meramente coloquial-, que falta ”pan” para tanto “chorizo”. Por todo ello, si razonamos de una forma, digamos ¿irracional?, podemos concluir, sin temor a equivocarnos, que ese resultado favorable al PP, se debe, sorprendentemente, a que nos va la marcha. Quiero decir, la marcha atrás.

Bueno, querido amigo, pongámonos serios. El resultado de las elecciones celebradas ayer, en las que el Partido Popular ha sido el vencedor incuestionable, me induce a realizar un análisis y una reflexión.

El análisis, como parece lógico, se centra en la decepción y la desconfianza que los ciudadanos de este país sienten hacia el actual Gobierno. Decepción, porque, cada vez más, nos encontramos en una situación de desamparo. En materia jurídica: leyes que no condenan con la necesaria rotundidad, la prevaricación y la corrupción política. Leyes que dejan en total desamparo a los trabajadores frente a la Patronal. Retroceso en la consecución de derechos, sobre todo en el ámbito laboral -abaratamiento del despido, jubilación a los 67 años,…-, en lugar de seguir avanzando progresivamente. Desconfianza, porque, en lugar de aceptar que la crisis económica era un hecho irrefutable, aunque global, se negó categóricamente. Y se disfrazó con calificativos que no se correspondían con la realidad. Y cuando se quiso reaccionar, ya no quedaba ningún margen de maniobra. Del mismo modo, se consintió la escandalosa “burbuja inmobiliaria”, que, inevitablemente, nos estalló en la cara, contribuyendo a potenciar la puñetera crisis. Y el rescate de la Banca , con dinero público, que fue una vergonzosa tomadura de pelo. Tampoco podemos olvidar el paro, que ha ido creciendo día a día, mes a mes y año tras año. Y, para terminar este análisis “sui géneris”, hay que añadir la desconfianza de tantas familias, en las que alguno de sus miembros, tal vez todos, se ha quedado sin trabajo, cuya situación económica es tan preocupante, que de tanto apretarse el cinturón, ya tienen la hebilla en la espalda. Lamentablemente, nada parece indicar que la situación vaya a mejorar. Estos son, en líneas generales, algunos de los motivos por los que muchos ciudadanos, desesperados y desencantados, han cambiado el signo de su voto.

La reflexión, paciente amigo, como consecuencia del análisis expuesto, me lleva a considerar que la desesperación, ante una situación de inestabilidad económica y laboral como la que estamos viviendo en nuestro país, obliga a la ciudadanía a buscar, con los medios que tiene a su alcance, una posible solución a sus problemas. Y no le importa que se hayan destapado presuntos casos de corrupción -ampliamente difundidos por todos los medios de comunicación-,como ocurrió en la Comunidad Valenciana , feudo del Partido Popular, en los que, también presuntamente, están implicados conocidos cargos políticos. Como tampoco le importa a la ciudadanía, presa de la impotencia, que esa comunidad, a pesar de estar gobernada por dicho partido político, tenga uno de los mayores índices de paro del país. Ya todo le da igual. En el cambio de color político fundamenta su esperanza de mejorar. Sin embargo, lamentablemente, es evidente que la crisis económica continuará estando ahí, atenazándonos y vaciando nuestros agujereados bolsillos, por mucho que el Partido Popular vaya a gobernar en la mayoría de los municipios y en las principales comunidades del país. Y lo mismo ocurrirá con el paro. Y con los derechos de los trabajadores. Y con los casos de corrupción. Y…

Hubo elecciones, sí. Hay un partido político ganador, también. Pero, ni unas ni otro, harán que la situación de los sufridos ciudadanos vaya a mejorar ostensiblemente de la noche a la mañana. Y, pasada la euforia de los vítores y los aplausos, tendremos que enfrentarnos, de nuevo, a la cruda realidad.

Y esta es, amigo mío, mi particular visión de esa realidad que, por mucho que intentemos abstraernos, seguirá estando ahí.

Que tengas un buen día, y no te dejes influir por mis análisis y reflexiones. O, quizá, desvaríos. Pues, como tú sabes, para bien o para mal, yo soy así.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (13 octubre 2011)

Amigo imaginario:

Tengo la impresión, o la sospecha; la certeza, tal vez, de que mi forma de pensar y mi comportamiento intelectual están experimentando una particular transformación. No se trata, al menos eso espero, de nada preocupante. Lo que ocurre es que, con la crisis financiera que nos está asfixiando, la escasa credibilidad que ofrecen los candidatos a instalarse en la Moncloa, así como la manifiesta y comprensible indignación ciudadana (léase: cabreo generalizado), mis indicadores neuronales están enviando mensajes tan contradictorios y confusos que, me temo, van a influir muy negativamente en mi intención de voto, como ciudadano de a pie, ante las inminentes elecciones generales.

Nunca tuve inquietudes políticas. Tampoco recuerdo haber tenido nunca, ni en mi época de estudiante, ni en los primeros años de mi vida profesional, lo que se ha dado en llamar: conciencia política. Ni mucho menos. Cierto es, sin embargo, que la situación política no era la más propicia para tal menester. Pero, como no podía ser de otra forma, llegó la transición: pasamos de un régimen dictatorial, a la tan deseada democracia. Este cambio de sistema político, largamente esperado, despertó las conciencias de los ciudadanos más escépticos. Y yo lo era, en grado superlativo.

En aquel momento, amigo mío, nuestra recién estrenada democracia quedó íntimamente unida, pese a quién pese, al nombre de Adolfo Suárez González, primer presidente democrático del Gobierno de España desde julio de 1976 hasta su dimisión en enero de 1981.

Ignoro por qué la figura de Adolfo Suárez, del que no tenía ninguna referencia, se convirtió, por decirlo de algún modo, en mi norte político. Tal vez influyó, o fue determinante, su carácter tolerante y conciliador. Pues, como te dije antes, yo desconocía totalmente -además de no preocuparme, en absoluto- lo que se consideraba tener conciencia política. Y hoy, a pesar del tiempo transcurrido, al comprobar -y, sobre todo, padecer- la inoperancia e incompetencia de la fauna política que pulula por nuestro país, así como el negro horizonte que se divisa, su recuerdo me conforta sobremanera.

Bueno, paciente amigo, volviendo a la exposición que hice al principio de esta carta -teniendo en cuenta, necesariamente, las argumentaciones subsiguientes-, soy consciente de que ejercer el sufragio universal -es decir, votar- es un derecho incuestionable en todo sistema democrático. Pero, es eso: un derecho. No una obligación. En todo caso, afinando mucho, podría considerarse, tal vez, una obligación moral. Nada más. Sin embargo, al observar los múltiples casos de corrupción en los que se han visto implicados políticos de los partidos más representativos, con una clara intencionalidad de enriquecerse, haciendo uso indebido, abusivo e indecente de su cargo, en lugar de velar por los intereses de los ciudadanos que les han votado, estoy pensando muy seriamente, siguiendo los mensajes neuronales a los que hice referencia al principio, en no acudir a las urnas. Soy consciente de que, por mi parte, puede suponer un comportamiento irresponsable. Sé, también, que, como ciudadano, si no voto, no aportaré ese granito de arena que contribuya a mejorar las cosas y nada podré exigir. Y, finalmente, sospecho que, llegado el momento, me sentiré mal por no haber ido a votar. Pero, aun así, pensaré que he sido consecuente con mi actual apreciación de la cuestión política. Y no seré responsable directo de aupar al poder a unos oportunistas. Por ello, querido amigo, a los que utilizan la política para enriquecerse, caiga quién caiga, que no cuenten conmigo. Y, además, les digo a voz en grito ¡qué os den!  

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (30 noviembre 2011)

Amigo imaginario:

Nací un 30 de noviembre, a las seis de la mañana. Hoy, por tanto, estoy de cumpleaños. Cumplo 68  años ¡Qué ya son años! Como puedes ver, llegué a este puñetero mundo madrugando. Y los últimos veinte años de mi vida profesional, todavía madrugaba más: me levantaba a las cinco y media de la mañana para que me diera tiempo a ducharme, desayunar y desplazarme hasta la parada del autobús que me trasladaba a la empresa en la que trabajaba, cuya jornada laboral comenzaba a las siete. Antes, aplicaba el refrán: “Al que madruga, Dios le ayuda”. Luego, me decanté por el que dice: “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Más tarde, por aquello de tergiversar conceptos, utilizaba: “No por mucho tempranear, amanece más madruga”. Ahora, ya no madrugo ¿Para qué? Ya lo dice otro refrán, de dudoso origen: “No se debe madrugar, ni en invierno ni en verano”. Y en eso estoy. Al llegar a cierta edad, como es mi caso, te das cuenta de que lo realmente importante es que amanezca todos los días. Y, sobre todo, que tú sigas estando ahí cuando ocurre.  La hora, querido amigo, es lo de menos.

Cambiando de asunto, te informo que ya somos siete mil millones los habitantes de este planeta llamado Tierra. ¡Muchas bocas que alimentar! Y existen zonas muy deprimidas, en las que no tienen agua, ni alimentos, ni medicinas… Sólo sed, hambre, enfermedad y muerte. En otras, sin embargo, hay recursos suficientes para poder equilibrar la balanza. Para calmar la sed y el hambre de los más desfavorecidos. Y para curar sus enfermedades. Y para evitar tantas muertes. Pero, con la precaria colaboración de los poderosos: países, magnates, multinacionales…, únicamente se consigue, amigo mío, pan para hoy y hambre para mañana. ¡Y no es suficiente, coño! El mundo está muy mal repartido. Y así nos va.

Al hilo de lo que te he comentado, quiero que leas con detenimiento las cartas que dos lectores enviaron a la sección ‘Cartas al Director’, del periódico ‘La Voz de Galicia’. La primera, muy escueta, es razonablemente ingeniosa. Eso es todo. La segunda, sin embargo, es un triste lamento. Un grito desesperado. La dura y amarga realidad de una situación asfixiante, demoledora e insoportable.

Primera: “Una ducha, dos litros de agua embotellada, cinco comidas al día, dos coches por familia, ropa con etiquetas en los armarios… Lo multiplicamos todo por siete mil millones y nos da error. Hay  que reiniciar el sistema”. (02 / 11 / 2011) 

Segunda: “Sistema, lo has logrado. Me has vencido. Tú ganas no sé qué perverso premio, y entretanto yo mastico la derrota. Has conseguido no sólo que yo me sienta como un despojo, sino también que adivine en los míos, en aquellos a los que más quiero, la certeza de que soy un fracasado. Si les pregunto dirán que no, que estoy equivocado, pero yo sé que es así.

Empezaste por dejarme sin trabajo y yo dije: no pasa nada, en pocos días encontraré otro, como siempre. Después te llevaste mi coche y aún quedaban en mí razones para reír. Luego fue mi casa la que me quitaste, y a pesar de ello demostré ser capaz de contener las lágrimas. Ahora, cuando ya han pasado años, ni ganas de llorar me quedan.

Fui precipitándome a un agujero en el que cada vez la luz era más débil, y la negrura, más densa. Transité de la calma a la extrañeza, de ahí a la preocupación, más tarde vinieron la incredulidad, la rabia, el desasosiego, la desesperanza, la angustia y la claudicación. Ahora sólo me queda un  peldaño más por bajar: el de la locura. Y escribo esto antes de que mis pies se posen allí donde ya no se distingue la realidad de la fantasía, el bien del mal y las palabras de los gritos rotos e inarticulados. Quizá ese lugar represente la otra puerta de este túnel, la contraria a aquella por la que entré”.

Después de haber leído estas cartas, espero que convengas conmigo, querido amigo imaginario, en que huelga cualquier comentario. Aunque sí podemos añadir  -y debemos hacerlo-, que cada día son más los que, habiendo quedado sin empleo y sin prestaciones económicas (5 millones de parados, en un país como el nuestro, son muchos parados), acuden a las entidades benéficas en demanda de ayuda: ropa y comida, colapsando los comedores y los ‘Bancos de Alimentos’. Tal vez, pienso yo, no estaría de más apuntillar aquello que hemos repetido hasta la saciedad: ¡Este país se va a hacer puñetas! Y nosotros, también.

Que tengas un buen día, estimado amigo, a pesar de las circunstancias adversas en las que estamos inmersos.

Un fuerte abrazo.

CARTA A UN AMIGO IMAGINARIO (31 diciembre 2011)

Amigo imaginario:

En esta última carta del año que hoy acaba, quiero darte las gracias por la atención que le has dispensado a todas las que te he escrito: unas, con más acierto que otras; algunas, políticamente incorrectas; muchas, rebosantes de indignación. Pero todas ellas, puedes estar seguro, escritas con honestidad y consecuentes con mi forma de ser y de pensar. Comprendo, como no podía ser de otra forma, que tú no estuvieras de acuerdo con muchas de mis aseveraciones, opiniones o sentencias. Y lo respeto, naturalmente. Pero, como tú sabes, en la diversidad de opiniones está la grandeza de la libertad de expresión. Y esperemos que podamos continuar así por mucho tiempo.

Estimado amigo, ha sido el 2011 un año diferente, conflictivo, convulso, crispado… Un año, política y económicamente hablando, para olvidar. La crisis económica global que ha sacudido a todos los países -a unos más que a otros, naturalmente-, se ha dejado sentir en el nuestro de manera especial, crítica y rotunda. Muchas empresas se han visto forzadas a tramitar expedientes de regulación de empleo, despidiendo a gran parte de sus empleados. Del mismo modo, miles de comercios de todo el país han tenido que cerrar sus puertas al público. Unas y otros -empresas y comercios con antigüedad de dos o más generaciones-, han visto como se desvanecía el trabajo, los desvelos, la dedicación y, en muchos casos, el esfuerzo económico personal de muchos años. Y, también, las ilusiones. Todo ello, amigo mío, ha generado que más de cinco millones de ciudadanos estén desempleados. Que muchas familias se encuentren por debajo del umbral de la pobreza. Una situación, crítica y desesperada, que no se puede soportar por mucho tiempo. Por eso te digo, imaginario amigo, que este año 2011 es un año para olvidar. Pero, sobre todo, también  para sacar conclusiones y aprender.

Otro acontecimiento de gran relevancia se ha producido este año en nuestro país: unas elecciones generales que han dado como resultado un cambio de Gobierno. Y este cambio, para bien o para mal, empiezo a considerarlo necesario. Aunque he de confesar que el partido político (Partido Popular) que se ha alzado con la victoria -y que ha obtenido una mayoría aplastante-, sabes que no goza de mi simpatía. Sin embargo, al menos de momento, considero que he de otorgarle el debido y razonable margen de confianza.

Nos esperan duras medidas restrictivas que, aunque las suponemos necesarias, no creo que las asumamos con agrado. Y no sólo porque repercuta negativamente en nuestros bolsillos -que también, claro está-, sino porque desconfiamos que, como suele ocurrir casi siempre, los más perjudicados serán (seremos) los económicamente más débiles. Y eso es motivo más que suficiente para preocuparse. Y mucho. Porque, reconozcámoslo, la equidad nunca ha sido una constante en los  ajustes económicos que hayan tenido que asumir los ciudadanos. Pues, incomprensiblemente, en estas cuestiones siempre ha existido un clamoroso y sangrante desequilibrio. Por ello, querido amigo, ahora más que nunca, es necesario que permanezcamos vigilantes.

Un fuerte abrazo y Feliz Año Nuevo.

 

NAVEGANDO

Aquel domingo del verano de 1955, como tenían por costumbre cuando el tiempo lo permitía, Oscar y Alejandro salieron a navegar en el velero de su amigo Alberto. El día era espléndido; lucía el sol, y la suave brisa apenas alteraba la superficie de aquel mar de aguas tranquilas, corrientes ligeras y mareas suaves de la Ría de Arosa, en la costa atlántica gallega.

Navegaban en acompasado vaivén sobre el inestable elemento de ondas plateadas. El velero, patroneado por su propietario, aprovechaba la fuerza dinámica que el viento ejercía sobre las velas; y se abría camino con aquella proa que se hundía y volvía a emerger, una y otra vez. Avanzaba alegre, con la autoridad que le otorgaba su experiencia marinera.

Llegaron a las Islas Malveiras cuando ya era mediodía. Aseguraron el rizón en el fondo, entre largas y abundantes algas, y arriaron las velas aferrándolas provisionalmente. El sol estaba alto, casi vertical, y calentaba tanto la cubierta, que tenían que baldearla continuamente. Pusieron las bebidas en un cubo, anudado en el extremo de un rebenque, y lo sumergieron en el mar para mantenerlas frescas. Ante tan caluroso panorama, decidieron darse un chapuzón -bueno, varios chapuzones-, entre aquellas algas que se mecían sin cesar. Aquel fondo marino, cercano a las islas, era asombroso; el mar semejaba un inmenso prisma descomponiendo la luz en los colores del iris; las algas, las rocas, algunos moluscos y crustáceos… Todo era una explosión de color.

Después de varias inmersiones, decidieron que ya era hora de comerse los apetitosos bocadillos que con tanto esmero habían preparado antes de salir de casa. Sacaron del agua el cubo que contenía las bebidas, ya suficientemente frescas, y sentados en la borda, con los pies dentro del agua, dieron cuenta de aquel frugal, pero delicioso almuerzo.

Pasaron parte de la tarde intentando pescar algún pez despistado, contemplando los veleros que en formación, participaban en una regata. El cielo estaba limpio y azul, sin una nube. Soplaba una suave brisa que acariciaba sus cuerpos agradablemente. Sólo se oía el chapoteo del agua golpeando el casco, y parecía que el tiempo se había detenido. ¡Qué bien se estaba allí!

Ya al atardecer, decidieron darse un último chapuzón antes de emprender el regreso. Izaron las velas, levaron el rizón y pusieron rumbo al puerto.

La brisa continuaba siendo suave, pero el sol ya no calentaba. Alberto, el patrón, invitó a Oscar a llevar el timón. Él, emocionado, cogió fuertemente la caña de aquel gobernable de recia madera, y se estremeció. Una sacudida recorrió todo su cuerpo al percibir en su brazo el movimiento del mar; y, lentamente, empezó a sentir que ya formaba parte de aquella embarcación; y el temor y la emoción del primer momento, se fueron transformando, poco a poco, en una sensación de bienestar y paz interior que no alcanzaba a comprender. El barco, meciéndose lenta y suavemente, seguía avanzando con soberanía.

Fondearon en la dársena del puerto, cuando el sol escondía su rubia cabellera por la sierra del Barbanza. Arriaron las velas, aferrándolas a la botavara; izaron el timón, depositándolo en el interior; y recogieron todo aquello que no debía de permanecer a bordo.

Regresaron al muelle en una pequeña embarcación de remos; pero antes, como en un ritual, se despidieron de aquel velero que les había permitido disfrutar de una jornada marinera inolvidable. Y ¡hasta el próximo domingo!

 

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