¡Ah, mi atesorada niña!
Si llegases a ver mi entraña
vacía de felicidad, mi vida
por todos los suelos arrastrada…
Es que no encuentro un vacío
más pequeño al gigantesco mío.
Mis mayores anhelos románticos,
mis sueños más bellos y fantásticos,
el mayor encanto que me hechiza,
es tu ternura de niña, tu risa
madura de dama segura
que no remueve ningún viento ni brisa,
excepto el mundo incompasivo de prisa
. ¡Te amo, Vilma, hasta la locura!
Advertencia ofrezco
a novicia poesía:
no es la pedantería
ni en el febril métrico empeño
donde poesía
y vida hallan armonía...
¡Sino en humano zoco!
Ten cuidado que uno
de tus ojos
no sea un espía
bien acostumbrado
a tu rostro
esperando clavarte
el puñal ardiente
detrás de tu grito
con tu cabeza abajo
y tu otro ojo en el exilio.
En el principio, yo era un destello de agua
parpadeando en el pétalo,
cuyas alas dulcemente
se mecían en el aire.
Efímero como todos los destinos
acribillados despiadadamente por los vientos,
me declaré ojo en la punta de la piedra
guardando para mí el virgen dolor con voz muerta.
Así, aún lazarillo, me martirizó
el yugo antropófago del sol en vuelo.
“no perdono a la tierra ni a la nada”-Miguel Hernández
Lloro aún la mañana aquella,
cielo beatífico soñando
espléndidas nubes por sus ojos,
ausencia del gentío…
Pero de ti me nacieron
dos ojos dolorosos,
como la espina a la yema
de los dedos.
Fuiste miel en mis manos;
cicuta en mis labios.
Fuiste seda en mis mejillas;
sangre en mis encías.
Fuiste para mí
todo lo que una mariposa
anhela en primavera.
Fuiste.
Te fuiste.
Ahora el árbol, ante el otoño,
llora sus hojas secas en mis ojos.
Es tarde para hacer florecer
mis besos en tus mejillas, es tarde.
Si algún día te sorprendiese
el abismo, mis manos se extenderán
hacia las tuyas tan ausentes de fuego
como el corazón que de ti tengo.
Cuando se es flecha de Cupido
y se espera cumplir su destino,
¡qué el brazo diestro tenga buen pecho
para unir buenos amantes a fiel techo
y, si no, es preferible hacer algún amor
antes que caer sin ser presa ni depredador!