| A solas, vereda a pies descalzos,
camino de trigo y hiel soy del paso,
tormento y descanso.
A solas, mecedora a tez desnuda,
flor de cuna ausente de brazos,
amor y descaros.
A solas, ánfora de gruesa piel,
espuma de agua clara,
solicita y callada.
A solas, hangar de plumas,
maquillaje de miradas,
risas y habla.
A solas, llamas de fina tea,
al derecho y revés,
luz soy con mi espalda.
A los años que no ejerzo.
Al calor de lo posible,
Dejando tangible mi cuerpo.
A la luz que bajo el sol,
Mantiene inerte mis espinas.
Al tictac que no siento.
A la circunstancias que sostiene,
El duelo a grito de hielo.
Al camino que vigila con
Recelo el encanto de mi silencio.
A el dolor de mi color,
Que conserva mi palabra callada.
Al mar sin regazo que cubre
El largo y ancho del desamparo.
A las caricias que mecen mis manos
Guardando el sopor y fruto del AMOR.
Eterna sombra de pensar envenenada por el olvido. Perpetua es la belleza de la verdad sin palabras ante la pócima del sentido.
Hechizo claro de luna.
Savia de coral.
Crema de tabaiba.
Zumo de volcán.
Agua de caña.
Néctar de huracán.
Pétalos de recién nacido.
Cuan poca es realzada la belleza que nos abraza y nos embeleza, que no pelea, y, sin embargo, nos golpea. Muéstrese lo natural a favor de sí mismo, pues ante la cara del sentido, desnudo luce el vestido.
Trazos de tierra y agua.
Maná de pecho y lágrimas.
Fuente a por arroyo.
Mano sobre mano.
Verde curiosidad que calla.
Senos de fruto en flor, que despierta a la batalla.
Cuál verso de dos palabras perfilan,
El encanto del beso no consumado.
Heridas que a la par responden.
Balanceo de cometa al viento.
Labios que dibujan, las verdades, las mentiras.
Intemperie a por leña.
El quiero de querer, a ojos desierto.
Caricias vivas carentes de respuestas.
De parte alguna, y hacia ninguna parte,
Llegan y van las manecillas
Que los minutos departen,
… la imaginación imparte.
Adyacente o no a la pluma cual relato sostiene dentro de sí la autoría de un pinto e invitados. El curso de lo ya transcendido se emancipa y se adentra al juego de las obras. Obras que flirtean con este nuestro mundo que sólo gira con lo puesto. La absuelta y no fácil inquietud concursa con el instantáneo fruto a río revuelto; manso a piel de cordero, vivaracho a ojos de ciego. Al captar y separar se anda a dos orillas, a voz de vuelo y duelo.
El tiempo justifica las perdidas y llora la crecida.
… Y, al despojarse de su vestido mar,
el relente se hace añicos.
La faz de la luna desaparece con el azul matinal
apareciendo el solitario infinito.
A tirada de números se producen las páginas. A tirada nos seducen los sueños recostados y sin habla. El preludio es abastecer a los campos y persuadir a tiro de creyente. En vano se reflectan los infortunios de nuestras proezas, pues lo acontecido no dispone de un rasante y firme suelo donde afianzarse.
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