EL PODER
EN MANOS DEL PODER*
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Y evitar La guerra del fin del mundo
Sobre Ficciones de palabras nuevas que hablan
De otras palabras antiguas como ruinas circulares
En Macondo para el hombre adulto y niño
A cómo de lugar la palabra es sin duda pacífica
Que a la palta le dice chátal
Que a la granadilla le dice quiero esa fruta que parece
vidrio
-De Repasando el secreto del vidrio
¿En dónde está enraizado ese famoso
principio del poder? Dónde se depositan las cimientes
del que puede o no puede; ¡será en los genes!
El poder se inscribe o circunscribe como toda palabra, suprimida
a consenso, en escaparate literal, metafórico y,
por supuesto, transliteral. Según el Diccionario
de la RAE (Real Academia de la Lengua Española),
poder significa: tener expedita la facultad o potencia de
hacer algo; dominio, imperio, facultad y jurisdicción
que alguien tiene para mandar o ejecutar algo; además
de otras, bien, acordadas acepciones. Pero, qué verdadera
o falaz importancia representa el, tener, poder. Será
porque todos, de una u otra manera, recordamos, en algún
momento de nuestras valiosas y muy exiguas vidas, ese afán
del hombre que vivió y lo manejó todo o, al
menos, un resquicio de ese todo humano. Y así lo
vemos, hasta en los animales, que en un principio científico
y filosófico manejan otros códigos, o acuerdos,
entre ellos: el contexto de los leones, los elefantes marinos,
los perros salvajes y hasta el escarabajo hércules.
Claro; ¿quién recuerda al que nada tuvo?
Al que nada controló o destruyó. Nuestras,
frágiles, vidas están llenas de inocencia
compartida y asumida verdadera, desde los puentes invisibles,
porque sirvió para la Historia de la Humanidad. A
Qin Shi Huangdi, primer emperador de la dinastía
Ch'in (Qin), flamante constructor, de la mayor porción,
de la Gran Muralla China como defensa contra los ataques
de los pueblos nómadas de las estepas del norte;
Adolfo Hitler que en su deseo, o alucinación, maquiavélico
o infernal trato de desbaratar el mundo y ordenarlo de acuerdo
a su no-ser en volumen y masa; Ricardo Corazón de
León que maquinó, igual que otros, invadir
Jerusalén o salvarla de los musulmanes; Ulises, el
ingeniero del caballo, o yegua, que sirvió para exterminar
Troya y luego poder ir al, sempiterno, reencuentro con Penélope;
Francisco Pizarro que se encargó de destruir todo
aquello que no le servía a la Corona, o coronilla,
de su supina ignorancia o, mejor dicho, flamante defensor
de la palabra, de ser verdadero para apócrifo Dios.
Parapetado entre lo que entendemos como realidad o ficción,
los conceptos, el concepto que engloba el poder, también,
está contextualizado en el arte y en todo el quehacer
humano. Entonces, quién recuerda al que colocó
el ladrillo número 1000 o 2005 de la Gran Muralla
China, del bizarro y ordinario, primer, soldado que murió
protegiendo, el 1 de septiembre de 1939, a Polonia; quién
recuerda al hijo que heredó el trono a Ricardo I,
al tercer cargador del gran Inca Atahualpa en la Toma de
Cajamarca. Parecerá absurdo o hasta platonismo, pero,
eso es lo que no cuestionamos del poder.
Qué pasa cuando uno mata a la cucaracha que irrumpió
en la cocina, ¡nada! Claro, alguien dirá: todas
son iguales y asquerosas. Pero según la ciencia:
son como inmortales. Además, qué pasa si la
cucaracha que fallece es el rey o el presidente de los coleópteros;
será que tramarían, de alguna u otra manera,
invadirnos o matarnos con olores y patologías de
cepas vírgenes. Creo, que ya, estoy tangencial al
humor, a la locura, a afirmar que lo que Franz Kafka propone
en La Metamorfosis, o La Transformación, tiene que
ver con el poder, o puentes invisibles, de necesitar desarrollar
nuevos instrumentos para vivir y matar, para matar y vivir
hasta cuando el hombre sea, ese mismo, transformado (trastornado)
o metamorfoseado. Fernando Savater, autor de Ética
para Amador, ha escrito: En la sociedad laica de garantías
y libertades que es la democracia occidental (los que prefieran
un modelo más piadoso pueden acogerse a la ortodoxia
de Arabia Saudí), la cuestión de la vida buena,
moralmente deseable, siempre permanece abierta al libre
debate y nunca alcanzará la unanimidad del eterno
acuerdo sino, en el mejor de los casos, la habitable transitoriedad
del desacuerdo razonable. Se entiende, a la sazón,
que el poder de decidir o comandar el rumbo de las nuevas
sociedades humanas y sus futuros biotopos, tiene que ver,
sencillamente, con la capacidad de conciliar los límites
o cercos de determinado entendimiento o forma de poder.
¡Le imploro a Dios que así suceda! (Teorema
Polimórfico). Para no tener, que ver, el yugo bíblico
del Apocalipsis. Que también evidencia, como toda
creación humana, el abuso y el no-abuso de poder.
¿Quién se ha puesto a debatir la cuestión
divina de la ofrenda que debe hacerse a Dios, la disyuntiva
de la ley draconiana que ejecuta Dios entre Caín
y Abel? ¿Qué diferencia, real o simbólica,
hay entre el fruto que da la tierra y el cordero? Acaso
el-dios bíblico no cierne en el embudo, invertido,
al que porta y transmite su palabra. Todo está contenido
en la misma bolsa azarosa de Tristan Tzara o no, es así.
En todo caso, qué nos cuesta tomar el lúcido
antibiótico del olvido o la catarsis humana absoluta:
que ya nadie necesite ir a una escuela o academia, porque
allí se inicia el patrón de querer desarrollarse
y cambiarlo todo; que universalmente el hombre sea como
la mosca (comer, nacer, comer, reproducirse, comer, ¡morir
o ser para comer!), para que no tenga que estar por ahí
inventando nombres y cosas, cosas y nombres. O será
que las moscas, también, están planeando aniquilarnos.
Será que también nombran. ¿Cómo
saber en el lapso, invisible, de sus vidas o las nuestras?
De sus códigos y nuestros códigos, si ni siquiera
podemos o intentamos comprender el simple e imaginario asunto
de nuestras fronteras de ley, ética y moral.
Pero no, el objetivo de la vida del hombre es controlar
(con ciencia o religión) todo lo que pueda, y de
poder, todo. Será, ya no, teoría geocéntrica
o heliocéntrica sino Antropocéntrica sobre
todas las cosas. Si, yo, pregunto a un niño de cualquier
parte del mundo: ¿qué quieres ser o hacer
cuando seas grande o adulto? Estoy seguro que me responderá
con lo que puede ver o siente en su entorno. La capacidad
o influencia de decidir y ser considerado por sus semejantes
como ejemplar (ejemplar como algún tipo de poder,
no como bueno ni malo). Es así o nada es verdad.
Y existen hombres a los que no les importa el poder, hombres
que no deciden nada, ¿serán hombres que no
viven? Y qué pasa con el que escribió un libro
o anotó su filosofía en la pared de su casa
o frisos Mayas. Acaso él, en el supuesto de ser tomado
en cuenta, no ejerce un tipo de poder. Claro, porque hay
alguien que le cree y actúa de acuerdo a lo que él
a escrito o pintado. ¿Qué es, realmente, lo
que tratamos o sustentamos en el poder? Como dije, anteriormente,
el poder está inmerso o copulado a toda creación
o ámbito existencial humano.
La lógica, o algoritmo del poder, sería:
¿quién ha leído El ingenioso hidalgo
don Quijote de la Mancha y no recuerda al personaje principal
de la novela? ¿quién ha visto El último
tango en París de Bernardo Bertolucci y no recuerda
que ella (Jeanne) lo mata a él (Paul)? ¿quién
ha viajado por la costa peruana y no recuerda el inmenso
océano pacífico? ¿quién ha estudiado
historia universal y no recuerda a Napoleón Bonaparte?
Es una cuestión de totalidad y prioridad (algo muy
personal, pero, semejante en el hombre). Sino qué
esperan los millonarios del mundo, para qué seguir
acumulando riqueza si ellos igual se van a morir, y además,
si bien el dinero se hereda ¡la capacidad de manejarlo
no! y esto hace que todos los días un millonario
se arruine y un pobre diablo, o ángel, se enriquezca.
Por toda ésta, para muchos, malhadada reflexión,
y como al final parece ser todo un cabal absurdo: que cada
uno ilumine su roca para que se vuelva menos pesada, que
el que tenga dé al que no tiene, que el que más
tenga dé a más, y que el que no tiene no dé
sino reciba. así terminaré esta mediática
metáfora, con lo que sigue, ya que en la más
certera ficción de la idea, ella misma sigue siendo
falsa y sólo vive de acordada existencia. Por lo
que digo: ojala alguien me crea y el mundo mejore, porque
para eso es el arte o para eso debería de ser. Para
todo caso: ¿cómo puede ser el hombre responsable
si su vida no depende de su propia elección? dice
S. Kierkegaard. Claro. ¿Quién se ha dado cuenta?
¡O es que el hombre elige en dónde nace y cómo
nace! Un aparecer, al parecer, fortuito en San Gerónimo
en el Cusco, o en una de las cunas de los nuevos dueños
del Banco de Crédito del Perú o en el seno
de los herederos del Reino Unido. ¿Qué fuerzas
adversas e inefables actuarán?
Se ha dicho que no es el hombre el que trata de destruir
al hombre sino que es la propia naturaleza la que trata
de controlar al hombre, su propia creación. Cuestión
paradójica y a más vacía, ya que el
hombre, al hombre, le cuesta más de un planeta Tierra
aceptar que él jamás controla o inventa nada
sino que es, solamente, lo que se le permite. A pesar de
ser, siempre, utopía del hombreciego: el que entiende
su imaginaria y sopesada realidad objetiva, su propia justificación
o banalidad que explica, ordena o gobierna su mundo. Lo
que asimila, traduce y difunde en sus más imaginarios
códigos. La línea arqueológica, antropológica
y evolutiva (transformación = cambio = deferencia)
que entiende de su propia y voraz existencia. Parámetro
religioso: todas las religiones que existen, han existido
y, todavía, existirán como verdaderas y todas,
iguales, como falsas. De principio y de fin, teoremas que
rellenan la propia hiperactividad del hombre.
Para Arthur Schopenhauer el mundo no es sino la representación
de una inmensa, permanente y ciega voluntad. Pero si esto
es verdad por qué todo se presenta, a nuestros sentidos,
con orden y leyes que inclusive, parece que, llegamos a
controlar: a sugestión extirpamos el gen que le permite
al pez soportar bajas, muy bajas, temperaturas y se lo insertamos
a una verdura para que, obstinadamente, se desarrolle donde
antes no pudo. Igualmente, se habla de que el hombre está
destruyendo el medio ambiente, a su propio medio ambiente
(biotopo); sin embargo, un poco como jugando, o ya en serio
les digo: que la naturaleza (Universo = ambiente = biotopo)
permite, controla y permite todo lo que el hombre ejecuta,
ya que el hombre es la misma naturaleza (Universo = ambiente
= biotopo = hombre = cerdo = virus.) Entonces se asume:
si el hombre está destruyendo el medio ambiente es
porque el hombre destruye al hombre, es porque la naturaleza
se destruye a sí misma. Se redefine, en lo que llamamos
sus leyes, por ciclos atemporales. Creo que a algo, en demasía,
extraño estoy llegando. Ya que el principio de caos,
negación y de absurdo no sería más
que una cuestión de cíclica, repetida e indefectible
realidad.
El hombre está condenado a ser libre, sentencia
Jean Paul Sartre. ¿Qué denota esto? Acaso
que todo lo anterior es cierto. Que no importa, o que es
en realidad intrascendente, qué hace o no hace el
hombre, porque al final inevitablemente es un ser que va
a morir (La muerte es esencial y es exclusivamente su posibilidad
más personal e intransferible. Martin Heidegger).
Que el hombre es el único ser que conocemos, hasta
ahora, capaz de pensar que todo lo que vive es en realidad
un engaño, una farsa. Para cambiarlo todo, a sus
ojos, la realidad, la posible y nueva realidad (un nuevo
estilo arquitectónico, una nueva técnica pictórica,
un motor que funcione con saliva-genética humana,
un canal de televisión que muestre en las 24 horas
de su programación diaria la vida no tan imaginaria
de los hipocampos.)
Palabras, juego de palabras que no dicen nada, palabras
que lo dicen todo, el Estructuralismo: una palabra que dice
y dirá en el presentefuturo. Palabra que vive y muere
en la memoria: comprensión de uno solo. Suciedad
(sociedad) Humana. En todo caso, también, llegó
Ludwig Wittgenstein a salvarnos: el significado de una palabra
es su uso en el lenguaje. Así confirmamos cómo
es que hay teorías que mueren (que se refutan y anulan),
también hay filosofías como palabras que se
dejan de usar, por ser muy viejas, por ser muy feas, por
ser muy ordinarias y simples representaciones que ya nadie
o muy pocos piensan. A cómo de lugar la palabra es
sin duda pacífica.
Salomón Valderrama Cruz
*Continuación de La función o transformación
de los poetas.
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