LOS RELATOS
DE JAVIER MARÍAS
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Las incursiones de Marías en el género del
relato guardan una gran relación con sus novelas
en cuanto a temática, estilo y personajes: se trata
de un mismo universo ficticio para dos géneros distintos
aunque complementarios. Precisamente el autor reflexionaba
sobre la relación entre los dos géneros narrativos
en un artículo publicado en El Urogallo en 1990 con
motivo de la aparición de su primera colección
de relatos, Mientras ellas duermen. Marías se refería
entonces a la invasión de la novela en el estricto
y antiquísimo territorio del cuento:
"Hace ya mucho tiempo que la novela, ese género
voraz e irrespetuoso para el que no hay fronteras ni nada
sagrado, invadió el territorio del cuento logrando
que la mayoría de los escritores que hoy lo practican
hagan en realidad, más que cuentos propiamente dichos,
fragmentos o episodios de novelas" .
Ciertamente el propio Marías esboza anécdotas
y personajes en sus cuentos que después desarrollará
en sus narraciones extensas. El autor lo reconoce en una
de sus habituales "autocríticas":
"En cuanto a mí, al reunir ahora la mayoría
de los cuentos que he escrito en el volumen titulado Mientras
ellas duermen, observo sin alarma que algunos de ellos son
contables y otros no tanto, algunos son "eterna e inquebrantablemente"
leales a la historia y otros no tanto; algunos de esos otros
son incluso estribaciones confesas de mis propias novelas,
con personajes que aparecieron o aparecerían en ellas".(ibid,
p. 68)
De hecho, en los relatos de Javier Marías se halla
el sello del peculiar estilo narrativo del autor: la infatigable
y omnipresente voz narradora, los atractivos comienzos y
los sorprendentes finales, el ritmo sopesado de la narración,
la intriga y el cuidado de la prosa. Hasta el momento Javier
Marías ha recogido sus relatos en dos volúmenes:
Mientras ellas duermen (1990) y Cuando fui mortal (1996).
El primero de ellos ha sido reeditado diez años después
por la editorial Alfaguara con alguna novedad añadida,
entre la que cabe destacar la inclusión del primer
relato impreso del autor, "La vida y la muerte de Marcelino
Iturriaga", escrito cuando sólo tenía
catorce años y publicado dos años después
en El Noticiero Universal.
En esta primera colección de relatos se adivinan
las buenas dotes narrativas del autor que, sin duda, serán
perfeccionadas en Cuando fui mortal. Estos relatos pertenecen
en su mayoría a la primera etapa creativa del autor
-década de los años setenta y primeros ochenta-
que se caracteriza por una ambientación "extranjerizante"
y culturalista, a la que se llega frecuentemente a través
de la parodia de otras ficciones y de la mezcla de géneros
literarios. La edición de 1990 de Mientras ellas
duermen recoge diez relatos fechados entre 1975 y 1990.
En opinión del crítico Fernando Valls se trata
de
"un volumen que refleja muy bien la evolución
temática y estilística de su narrativa, desde
1975 hasta hoy. Pero también podemos observar en
sus páginas cómo con el tiempo, con la madurez
y la experiencia de escritor su prosa ha ido ganando en
sencillez, contención y rigor, a la vez que soltaba
el lastre de ingenuos mimetismos"
De ellos, ocho habían sido ya publicados mientras
que los dos últimos "Mientras ellas duermen"
y "Lo que dijo el mayordomo", ambos escritos en
1990, permanecían inéditos hasta ese momento.
Marías incorpora a su primera colección "El
espejo del mártir" y "Portento, maldición",
dos de las partes integrantes de su miscelánea El
monarca del tiempo (1978), compuesta de cinco fragmentos
independientes entre sí.
Del primer relato "La dimisión de Santiesteban"
(1975) hay que señalar que formó parte del
volumen Tres cuentos didácticos (La Gaya Ciencia,
Barcelona, 1975) en el que colaboró junto a sus amigos
y colegas Félix de Azúa y Vicente Molina Foix.
Este relato pertenece a la primera época creativa
del autor en la que destaca su gusto por la ambientación
"extranjerizante" de sus obras. El distanciamiento
respecto a la realidad -la ficción remite siempre
a otra ficción- le lleva a crear narraciones fantásticas
o de misterio. "La dimisión de Santiesteban"
cuenta la llegada del meticuloso y azorado profesor Mr.
Lilburn al Instituto Británico de Madrid en donde
cada noche se producen extrañas apariciones nocturnas
de un airoso fantasma que presenta su dimisión en
la puerta de uno de los despachos. Mr. Lilburn concentrará
sus esfuerzos en descubrir la explicación del misterio
que sólo le llega al acabar él a su vez convertido
en fantasma. El tono irónico y el voluntario distanciamiento
del narrador del relato nos hacen pensar en una parodia
de los cuentos fantásticos del siglo XIX, de los
que el escritor, por su parte, se confiesa muy aficionado.
En resumen, el estilo recargado de la narración,
el distanciamiento irónico del narrador y el elemento
fantástico nos llevan a pensar en la intención
paródica del relato, en la misma línea de
las novelas de esta época creativa de Marías.
"El viaje de Isaac" (1978) es un breve relato
que nos devuelve de nuevo al ámbito de lo misterioso,
esta vez de la mano de una terrible maldición lanzada
por un mendigo al joven militar Isaac Custardoy en La Habana,
al negarle éste una limosna. La advertencia de su
muerte, de la de su hijo mayor y de la del hijo mayor de
éste antes de los cincuenta años se cumplirá
en los dos primeros casos, ya que su primer hijo muere sin
dejar herederos. El narrador de este relato es un mero transmisor
de los hechos: se trata de un narrador en tercera persona
que cuenta las tribulaciones del mejor amigo del hijo del
militar por no encontrar la solución a una maldición
que ha quedado inconclusa (no puede morir quien no ha nacido
o tal vez el que no es concebido siempre es un muerto).
Con "Gualta" (1986) nos adentramos en otra fase
creativa de Javier Marías. Es el año de la
publicación de El hombre sentimental, novela con
la que el autor comienza a definir su estilo narrativo.
El narrador homodiegético de "Gualta" cuenta
su azaroso encuentro con una persona idéntica a él.
Estamos ante el sempiterno motivo literario del "doble".
En este caso la visión del doble produce un auténtico
rechazo en Javier Santín, quien procurará
a partir de ahora el voluntario derrumbamiento de su brillante
carrera personal y profesional para no parecerse a Gualta:
este será el inicio de su autodestrucción.
Abandonado por su mujer y a punto de ser despedido de su
trabajo, el narrador se pregunta al final del relato por
qué se vio obligado a cambiar el rumbo de su biografía
ahora imposible de remontar.
"La canción de Lord Rendall" (1989) tiene
un curioso origen. Javier Marías inventó un
autor y un relato para su colección de piezas fantásticas
Cuentos únicos (Siruela, 1989) y lo entremezcló
con otras piezas de distintos autores desconocidos para
la mayoría de los lectores. El pretendido autor inglés
de "La canción de Lord Rendall" James Ryan
Denham (1911-1943) no es otro que un burlón Javier
Marías metido a "falsificador literario".
El relato, de hecho, pasa desapercibido entre las narraciones
de terror o fantásticas incluidas en esta colección
dedicada a autores desfavorecidos por la fama literaria:
un combatiente de la II Guerra Mundial llega a su hogar
y descubre que ha sido suplantado por un hombre igual a
él: de nuevo aparece el tema del doble. La sorpresa
por la usurpación se completa cuando el protagonista
Tom Booth observa cómo su doble asesina a su mujer
y a su hijo. Tras entonar la vieja "canción
de Lord Rendall" (¿Dónde has estado todo
el día, Rendall, hijo mío?) el narrador se
pregunta quién de los dos, su doble o él,
acabará en la horca.
El siguiente relato "Una noche de amor" (1989)
también contiene un elemento fantástico. En
esta ocasión el protagonista-narrador recibe extravagantes
cartas del espíritu de la amante de su padre, recién
fallecido, en las que le reclama que incinere el cuerpo
de su padre para que así puedan reunirse en la eternidad.
Estas cartas (misteriosamente selladas en Gijón)
van a influir en el ánimo del protagonista y del
mismo modo en la relación con su esposa Marta a la
que, siguiendo las costumbres paternas, le es con frecuencia
infiel al escaparse con prostitutas. El relato termina con
el habitual final abierto de las narraciones de Marías:
el narrador es incapaz de abrir la cuarta carta de Mercedes
por temor a saber la última voluntad del espíritu.
El tema del descubrimiento de un antiguo secreto relativo
a la anterior vida amorosa del padre es también el
asunto central de Corazón tan blanco (1992).
El protagonista de "Un epigrama de lealtad" (1989)
es el escritor John Gawsworth cuya vida se había
dedicado a investigar Marías durante su estancia
en Oxford. Aquí encontramos la "ficcionalización"
de unos datos verídicos recopilados por el escritor
madrileño: el que había sido nombrado rey
de Redonda y otrora afamado escritor John Gawsworth acaba
siendo un mendigo alcoholizado por oscuras razones o simplemente
por azar. En el relato el mendigo Gawsworth descubre en
una librería de viejo en Londres una antigua obra
suya pero no logra hacerse creer ni por sus desarrapados
amigos ni por el dueño de la librería que
tan sólo teme ser robado. El autor no desaprovecha
la ocasión para caricaturizar a los remilgados propietarios
de estas librerías, a los que tan bien conoce, al
poner de relieve en el personaje del señor Lawson
su avaricia de comerciante. Tal vez Marías no acertara
a prever en 1989 el juego literario que el malogrado Gawsworth
y su excéntrico Reino de Redonda le darían
en un futuro hasta el punto de convertirse él mismo
en heredero del escritor inglés y propietario de
la editorial Reino de Redonda, encargada de recuperar la
memoria y el honor de los escritores a los que perteneció
la isla caribeña. Debe destacarse también
la importancia de John Gawsworth en la trama de Todas las
almas en la que el narrador, como Javier Marías en
la vida "real", se dedica a investigar sobre la
figura del desconocido autor inglés. De hecho, un
párrafo de esta novela resume el argumento del relato
"Un epigrama de lealtad". Nos hallamos frente
a un caso más de intertextualidad interna en la producción
de Javier Marías:
"Pero con ese rostro postrero debió vagar por
las calles de Londres, con un abrigo o una chaqueta de las
que siempre saben procurarse los pordioseros. Esgrimiría
botellas y señalaría ante sus iguales sus
libros expuestos en los cajones de saldos de Charing Cross
Road, que no podría comprar, para incredulidad de
ellos."
Por fin, "Mientras ellas duermen" y "Lo
que dijo el mayordomo", ambos escritos en 1990, son
los únicos relatos inéditos de esta colección.
El protagonista narrador del extenso relato "Mientras
ellas duermen" relata por escrito el extraño
suceso que le aconteció estando de vacaciones con
su mujer, Luisa. En concreto, el narrador nos cuenta la
rara actitud de un hombre que graba en vídeo obsesivamente
a su acompañante en la playa. El narrador, que se
comporta de nuevo como un testigo de los hechos ocurridos,
logra conversar con el hombre una noche antes de que regresaran
a su ciudad. En la larga conversación que mantienen
mientras ellas duermen en el hotel, el desconocido le augura
que se acerca el día en que tendrá que acabar
con su bella acompañante pues no es capaz de soportar
la adoración que siente por ella: el amor y la muerte
se relacionan con mucha frecuencia en la narrativa de Marías.
Nos hallamos ya ante la narración tipo de esta fructífera
etapa literaria de Javier Marías: el relato de memorias,
el narrador homodiegético-transmisor de la historia,
el elemento trágico que conduce a lo amado a su aniquilación,
el escenario español, la morosidad de las descripciones,
en especial del aspecto físico de los personajes,
las divagaciones del narrador aparentemente al margen de
la historia, el control del tempo narrativo y el estilizado
empleo del lenguaje.
"Lo que dijo el mayordomo" cierra la edición
de 1990 de Mientras ellas duermen. Nos encontramos ante
una nueva ficción que tiene su correlato real en
la biografía del autor. Así, Marías
explica que la anécdota principal del relato (dos
personas quedan colgadas en el ascensor de un rascacielos
de Nueva York y comienzan a contarse algunas confesiones
sobre su vida) es la misma que daba comienzo a su artículo
"La venganza y el mayordomo", recogido en Pasiones
pasadas. Los deseos de venganza del acompañante de
Marías en tan apuradas circunstancias, un mayordomo
a la antigua usanza, hacia la nueva esposa de su señor
inspiran el relato de "Lo que dijo el mayordomo"
contado en primera persona por el interlocutor del misterioso
mayordomo. El mayordomo de ficción le cuenta que
acaba de incinerar el cuerpo de la primera hija de sus señores
nacida con un grave defecto que le condujo a la muerte dos
meses después de nacer. La absoluta frialdad de la
madre hacia la hija enferma, la frívola existencia
de estos empresarios multimillonarios y la rabia contenida
de la persona que tiene que satisfacer los caprichos de
otros para ganarse la vida son los principales contenidos
de la confesión de este singular y siniestro mayordomo.
Otra vez el narrador es testigo indirecto, conocedor privilegiado
de unos hechos extraños que merecen ser transmitidos
a otros tras ser depositados en su conciencia, como si al
narrarlos el relator descansara del peso de saber, de la
rígida condena del conocimiento, para participar
así de la interminable cadena de la narración.
Ya se ha señalado que "Lo que dijo el mayordomo"
fue el relato del autor seleccionado para la interesante
y necesaria Son cuentos. Antología del relato español,
1975-1993 en la que comparte páginas con veinticuatro
felices muestras del auge que el género lleva experimentando
en España en las dos últimas décadas.
La edición de Mientras ellas duermen del año
2000 recupera, además de los relatos insertados diez
años antes, cuatro narraciones más. La principal
novedad de esta publicación es la inclusión
del primer texto impreso de Javier Marías, "La
vida y la muerte de Marcelino Iturriaga", publicado
en el extinguido Noticiero Universal en 1968, aunque fue
escrito en 1965, cuando solamente tenía catorce años.
Es sorprendente notar que este tempranísimo trabajo
cuente ya con algunos elementos que serán definitorios
en la obra de Javier Marías. En primer lugar, es
una narración en primera persona de un hombre que
ha fallecido un año antes, es decir, asistimos al
relato de un fantasma sobre lo que fue su vida y lo que
es su muerte. Se trata de un relato ambientado en Madrid
de 1921, año del nacimiento de Marcelino, a 1957,
año de su muerte, si bien la narración se
sitúa un año después de tener lugar
su desaparición terrenal. Tras una vida anodina marcada
por la aceptación de lo que tiene que pasar (la guerra,
los estudios, el matrimonio, la rutina) el narrador contempla
su muerte con la misma pasividad con la que vivió:
Marcelino es un auténtico antihéroe.
La voz narradora que hace memoria de hechos pasados es
uno de los rasgos característicos de las ficciones
de Marías, y también lo es el motivo misterioso
que aniquila el tiempo para situarse en la otra esfera de
lo real. En este sentido, el relato que da título
a su colección Cuando fui mortal guarda grandes semejanzas
con esta precoz muestra de narración del autor: el
protagonista narrador cuenta desde la eternidad su situación
actual y rememora su vida en la tierra.
Además, la condena del fantasma es la de seguir "estando",
si no en presencia física sí mentalmente y
con la capacidad de recordar y de saber que viene a ser
lo mismo que seguir viviendo en la condena de la inmortalidad.
Por su originalidad y su resolución, sin duda en
el primer relato de Marías se vislumbraban las dotes
narrativas que el autor ha ido perfeccionando en estas décadas
de producción literaria.
No son tan destacables los otros tres relatos agregados
a la nueva edición de Mientras ellas duermen. "El
fin de la nobleza nacional" (1978) es una pieza teatral
en clave de humor sobre la pureza de los cristianos viejos
y la pretendida ignorancia de los conversos. En esta misma
línea se encuentran otras creaciones del autor, como
El monarca del tiempo. "En la corte del rey Jorges"
(1991) es un relato de situación también en
clave humorística sobre una descontrolada familia
real europea. El desmoronamiento de una importante saga
y el tono irónico de la narración traen inmediatamente
al recuerdo la primera novela de Marías Los dominios
del lobo (1971): en ambas narraciones se demuestra que la
verdadera corrupción está muy cerca del poder
económico y social aunque en el relato predomina
la intención burlesca que evita cualquier tipo de
moralina. Por último, "Serán nostalgias"
(1998) es una forzada variación de su relato "No
más amores", incluido en Cuando fui mortal,
pues sólo cambian los personajes y el lugar de la
acción (ahora mexicanos, antes ingleses) para cumplir
con una inesperada colaboración en una publicación
de este país hispanoamericano.
Por su parte, en el volumen Cuando fui mortal, publicado
en 1996, se hallan doce relatos escritos entre 1991 y 1995,
fechas en las que Marías también entrega al
público sus grandes éxitos literarios, Corazón
tan blanco (1992) y Mañana en la batalla piensa en
mí (1994). En la nota previa a este segundo volumen
Javier Marías señala que buena parte de estos
relatos han sido escritos por encargo, con la imposición
del tema, del espacio o de otros elementos constitutivos
y publicados con anterioridad en semanales, revistas literarias
o periódicos, aunque algunos de ellos finalmente
fueron modificados al constituir un libro independiente.
En general, los relatos de Cuando fui mortal perfeccionan
los mejores hallazgos de la anterior colección y
presentan cierta unidad temática y estilística
inexistente en Mientras ellas duermen, que también
debe relacionarse, como ya se ha apuntado, con las novelas
de esta época creativa de Marías. En primer
lugar, hay que destacar la presencia en varios relatos de
un narrador testigo que narra en primera persona unos hechos
a los que asiste casualmente, los cuales, por su parte,
siempre introducen un elemento extraordinario o irracional.
Pero es conveniente matizar que este espectador involuntario
narra, interpreta y manipula la información, su información,
en el desarrollo de un discurso en el que sólo él
tiene la voz. Esta voz narradora tiene la virtud de contar
desde dentro a la vez que se sitúa fuera: los hechos
le son cercanos sólo de pasada y el elemento perturbador
de la historia no pertenece realmente a su esfera personal.
La pasión por narrar es el resultado de la vocación
de observador de este narrador que todo lo interpreta. La
apariencia física de los personajes, los más
nimios detalles de la indumentaria, los gestos casi imperceptibles:
nada parece escaparse a su mirada escudriñadora.
Así, las escasas descripciones de los lugares en
los que se desarrolla la acción -siempre inmersa
en un tiempo pasado- se compensan con el minucioso repaso
de las características físicas y de los modales
de los personajes.
Los sucesos, por su lado, se manifiestan únicamente
cuando se tiene conocimiento de ellos, cuando se saben (no
cuando suceden), de aquí que se insista continuamente
en la idea de que el conocimiento entraña peligro,
por lo que muchas veces es preferible la ignorancia. De
este modo, buena parte de estas narraciones arrancan con
una frase en la que aparece el verbo saber, como la famosa
"No he querido saber, pero he sabido" con la que
da comienzo Corazón tan blanco. Sin ir más
lejos, el primer relato de Cuando fui mortal "El médico
nocturno" (1991) se inicia del siguiente modo:
"Ahora que sé que mi amiga Claudia ha enviudado
de muerte natural del marido, no he podido evitar acordarme
de una noche en París hace seis meses..." (Cuando
fui mortal, p.17)
En el relato se insinúa un hecho que el narrador
preferiría desconocer: se trata de la sospecha de
que ese hombre ha sido envenenado poco a poco con la colaboración
del "médico nocturno", también encargado
de eliminar al esposo de una amiga común.
Con las dudas propias del testigo por casualidad se muestra
el narrador del siguiente relato, "La herencia italiana"
(1991), un hombre que contempla cómo se entrecruzan
las vidas amorosas de dos amigas íntimas:
"Tengo dos amigas italianas que viven en París.
Hace un par de años no se conocían, no se
habían visto, yo las presenté un verano, yo
fui el vínculo y me temo que sigo siéndolo,
aunque ellas no se han vuelto a ver. Desde que se conocieron,
o mejor, desde que se vieron y ambas saben que conozco a
ambas, sus vidas han cambiado demasiado rápido y
no tanto paralelamente cuanto consecutivamente. Yo no sé
si debo cortar con la una para liberar a la otra o cambiar
el sesgo de mi relación con la otra para que la una
desaparezca de la vida de aquélla. No sé qué
hacer. No sé si hablar." (ibid., p.33)
Al peligro de saber se une la amenaza de las palabras,
en especial de las palabras que se escuchan y son capaces
de cambiar el rumbo de las vidas humanas. El arranque de
"Figuras inacabadas" (1992) es muy similar:
"No sé si contar lo que le ocurrió recientemente
a Custardoy. Es la única vez, que yo sepa, que ha
tenido escrúpulos, o quizá fue piedad. Venga,
voy a hacerlo." (p.69)
Un último ejemplo. El inicio de "Sangre de
lanza" (1995):
"Me despedí de mi mejor amigo sin saber que
lo estaba haciendo, porque a la noche siguiente, con demasiado
retraso, lo descubrieron tirado en la cama con una lanza
en el pecho..." (p.153)
Otro motivo común de los relatos en los que aparece
el testigo indirecto es la muerte repentina o accidental
de un personaje, siempre rodeada de misterio. El argumento
de "Sangre de lanza", por ejemplo, tiene en su
origen la aparición del cadáver de un amigo
del narrador junto a una prostituta. Éste, conocedor
de la homosexualidad de su amigo Dorta, actuará al
modo de un investigador privado hasta esclarecer su muerte.
La narración se introduce así en el mundo
de las prostitutas y de la corrupción, del que no
se escapa el inspector de policía, a la sazón
el culpable del enredo en el que se ve envuelta la trágica
muerte de su amigo. El narrador se identifica como Víctor
Francés, como el protagonista de Mañana en
la batalla piensa en mí, y también aparece
Ruibérriz de Torres, personaje de cierto peso en
la misma novela publicada un año antes. El interés
del relato va más allá de su trama detectivesca
para radicar en el propio discurso del narrador, un observador
nato, en el que abundan las profundas digresiones. El lugar
de la acción es, por su parte, un Madrid retratado
casi con la ayuda del mapa, muy lejos ya del ambiente extranjerizante
y caricaturesco de las primeras creaciones del autor.
Otro ejemplo de narrador-testigo es el del relato titulado
"Domingo de carne" (1992) en el que el protagonista
narra cómo presenció un asesinato mientras
miraba por la ventana de su hotel durante unas vacaciones
en San Sebastián junto a su esposa Luisa. La inevitable
curiosidad del narrador, vencido por el aburrimiento estival,
le hace seguir la dirección de los prismáticos
de su vecino de habitación, que después son
sustituidos por un arma de fuego. De este modo ve el cañón
y después la caída del hombre de la playa
que accidentalmente también observaba. El motivo
de los prismáticos, que tan bien complementa a la
imagen del observador o del espía, aparece igualmente
en "Prismáticos rotos" (1992), interesante
relato de un aficionado a las carreras de caballos que coincide
en el hipódromo con un escolta "obligado"
a matar a la persona a la que protege. Tras compartir unas
apuestas el escolta se aleja sabiendo que es él quien
debe acabar esa misma noche con su jefe. Una vez más,
se muestra a un personaje en peligro al que el narrador
trata sólo circunstancialmente quedando a salvo de
la tragedia que le rodea.
Este tipo de personaje indefenso ante una realidad inhóspita
lo encontramos también en "Menos escrúpulos"
(1994). La novedad de esta narración es que está
contada por una primera persona que sólo en este
caso no responde a una voz masculina. La narradora asiste
a una selección de protagonistas de cine pornográfico
acuciada por la necesidad de alimentar a su hija. En la
antesala del estudio de grabación conoce a su compañero
de reparto, un fracasado guardaespaldas que le cuenta sus
peripecias vitales. Con este relato nos introducimos en
el terreno de las relaciones sexuales entendidas como negocio,
aspecto comúnmente tratado en la narrativa del autor.
De hecho, los escarceos sexuales de los protagonistas se
realizan muchas veces a base de pagar los servicios de las
prostitutas mientras que las relaciones conyugales suelen
acarrear falta de pasión y aburrimiento .
Por su lado, la tragedia amorosa -la conexión entre
el amor y la muerte- es el nudo argumental de gran parte
de las ficciones de Javier Marías, tanto de los relatos
como de las novelas. Así ocurre en el relato titulado
"En el tiempo indeciso" (1995), incluido en la
antología Cuentos de fútbol, en el que un
jugador húngaro del Real Madrid, Szentkuthy, acaba
siendo asesinado por la novia a la que abandona tras lograr
éste la fama internacional. Otros personajes que
encuentran la muerte como resultado de una desafortunada
relación amorosa se encuentran en El hombre sentimental
(1986), Todas las almas (1989) o Mañana en la batalla
piensa en mí, por citar sólo algunas de sus
narraciones más importantes.
El relato "Todo mal vuelve" (1994) tiene su origen
impreso en el artículo "La muerte de Aliocha
Coll", publicado por primera vez en El País
en diciembre de 1990 y recogido más tarde en Pasiones
pasadas. Una vez más Marías mezcla realidad
y ficción para demostrar que la realidad puede acabar
contaminándose de ficción y que la ficción
se nutre inevitablemente de realidad: ambas esferas permanecen
en continuo trasiego en la obra del autor hasta fundirse
definitivamente en su trabajo Negra espalda del tiempo (1998).
Este artículo escrito semanas después de la
muerte de Aliocha Coll trata sobre la azarosa existencia
de este médico y escritor al que Marías conoció
cuando formaba parte del comité asesor de las Ediciones
Alfaguara en 1977. Hasta allí llegan unas obras de
Aliocha sobre las que el joven Javier Marías debe
informar a la editorial. De este modo entra en contacto
con el peculiar escritor que acaba suicidándose tras
experimentar el dolor en su propio cuerpo . Algunas realidades
son novelables, y sin duda lo es la de este médico
erudito. En "Todo mal vuelve"se repiten anécdotas
y se reconoce perfectamente en el ficticio Xavier Comella
al "real" Aliocha Coll que trabó amistad
durante varios años con Javier Marías. De
nuevo una voz en primera persona narra una historia de la
que quiere dar testimonio. El comienzo de "Todo mal
vuelve", además, presenta una intriga que no
se nos desvelará en el resto del relato:
"Hoy he recibido una carta que me ha hecho acordarme
de un amigo. La escribía una desconocida, de mí
y del amigo". (p.105)
El final del relato repite el mismo fragmento, sólo
cambia el indefinido por el demostrativo, "este amigo",
algo lógico tras ofrecernos la historia de Xavier
Comella -que también nos pertenece, al ser sus depositarios-
con ese tono de sinceridad y confesión que caracteriza
a las narraciones en primera persona de Marías. No
sabremos la identidad de la desconocida ni la razón
que le lleva a escribir esa carta al narrador del relato.
Tampoco importa. Lo necesario es el relato de esta voz incansable
que necesita contar hechos del pasado que se agolpan en
su mente.
Según Javier Marías, el relato "Todo
mal vuelve" es la ficción más "autobiográfica"
que recuerda haber escrito. Así lo afirma en el Prólogo
a Cuando fui mortal y en el artículo "Nueve
años" (2000) en el que el autor comenta su sorpresa
al recibir un ejemplar de las Imaginarias de su amigo nueve
años después de su muerte:
"Hay está la cubierta, su nombre, Aliocha Coll;
y el título que creo haber mencionado en algún
texto mío de ficción o no, pues escribí
acerca de él en los dos territorios, un artículo
de prensa cuando murió, un cuento más tarde,
alterando detalles y cambiándole el nombre, pero
trataba de él, quizá sea lo más "real"
que he inventado, si es que tiene sentido semejante frase"
Por último, los relatos "Cuando fui mortal"
(1993) y "No más amores" (1995) son dos
piezas unidas por la temática del "fantasma",
una figura literaria a la que Marías es muy aficionado.
El narrador de "Cuando fui mortal", tal vez el
relato mejor construido de la colección, se presenta
como un fantasma dispuesto a narrar las circunstancias de
su muerte y la de su anterior vida con uno de los sugestivos
comienzos a los que nos tiene acostumbrados el autor:
"A menudo creí fingir en fantasmas y fingí
creerlo festivamente, y ahora que soy uno de ellos comprendo
por qué las tradiciones los representan dolientes
e insistiendo en volver a los sitios que conocieron cuando
fueron mortales". (ibid. p.85)
El fantasma, cuya "maldición consiste en recordarlo
todo", contempla con nitidez los secretos que se le
ocultaron de niño y los muchos que se le escaparon
ya de adulto: quizá el mayor alivio del humano es
la limitación de sus conocimientos, pues el conocimiento
se torna, al fin, en insoportable dolor. En su plena conciencia
sabrá que el doctor Arranz, el mismo que alivió
sus miedos de la infancia, fue el culpable de acabar con
la paz de su hogar paterno, tras el chantaje de raigambre
política por el que le obligó a su padre a
"prestarle" a su mujer. Las infidelidades se repiten
en el resto del relato, pues tanto el narrador como su esposa
mantienen relaciones adúlteras. Precisamente será
el amante de su mujer quien planee su asesinato y contrate
a un sicario para que ponga fin a su vida mientras cenaba
tranquilamente en su casa a la vuelta de un viaje de trabajo.
El narrador fantasma asiste así a la eterna rememoración
de su vida y descubre el perjudicial poder de las palabras
y también el extremado riesgo del conocimiento. Hablamos
de los dos pilares temáticos de la narrativa de Javier
Marías, espléndidamente sintetizados en la
figura del fantasma que es nada más consciencia:
"Cuantos han especulado con la ultratumba o la perduración
de la conciencia más allá de la muerte no
han tenido en cuenta el peligro o más bien el horror
de recordarlo todo, hasta lo que no sabíamos: de
saberlo todo, cuanto nos atañe o nos tuvo en medio,
o tan sólo cerca". (ibid., p.93)
En concreto, lo más temible es el conocimiento absoluto
de la propia existencia, de la que paradójicamente
tan poco sabemos. Como ha visto Juan Antonio Rivera:
"El problema de Cuando fui mortal se encuadra en realidad
en un asunto más general, que preocupa especialmente
a Marías: la imposibilidad de quedar en claro acerca
de nuestras propias vidas, de obtener una autobiografía
transparente de nosotros mismos."
El último relato de la recopilación, "No
más amores" (1995), permanecía inédito
hasta la publicación del volumen, si bien la historia
del fantasma de la casa en la que leía Molly Morgan
Muir ya aparecía en el artículo "Fantasmas
leídos" escrito en 1992 y recogido después
en Literatura y fantasma. En este escrito Javier Marías
diserta sobre fantasmas y apariciones. ¿Quién
nos asegura que los antiguos inquilinos de las casas no
deseen volver a su hogar una vez convertidos en fantasmas?
Marías recoge distintos casos de apariciones de fantasmas
y se detiene especialmente en el de Molly Morgan Muir. Según
unos documentos datados en los años treinta, hacia
1910 se constata la presencia de un fantasma que acudía
a escuchar las lecturas de Molly Morgan Muir, la dama de
compañía de una anciana aficionada a la literatura.
Tras morir la anciana y envejecer Molly, el fantasma deja
de visitarla ante el consiguiente enfado de la mujer, que
ya no puede vivir sin su espectral presencia. El fantasma,
que le había mostrado su rechazo mediante una señal
en un libro de Dickens -"Y ella envejeció y
se llenó de arrugas, y su voz cascada ya no le resultaba
grata"-, se da cuenta de su error y continúa
acompañándola una vez por semana hasta el
día de su muerte.
En "No más amores" se transcribe la misma
historia aunque ahora bajo la forma de relato. Por su parte,
en el prólogo a Cuando fui mortal el autor señala
que el historiador Lord Rymer no existe realmente, -es un
personaje secundario de Todas las almas (1989), el warden
que protagoniza la divertida escena de la high table- y
facilita las fuentes cinematográfica y literaria
de la historia de Polly Morgan. En concreto, se trata de
la película The Gosth and Mrs Muir de Josep L. Mankiewicz
y el relato "Polly Morgan", de Alfred Edgar Coppard.
Ambos ya habían sido tratados en otros lugares de
la bibliografía de Marías. El primero mereció
un artículo suyo recogido en Vida del fantasma titulado
"El fantasma y la señora Muir" (1995),
en el que confiesa que se trata de su película favorita
mientras que el relato de Coppard fue incluido en la selección
de Marías Cuentos únicos (1989).
Debe destacarse que el relato está escrito al modo
de los relatos ingleses del XIX. El narrador es un cronista
del a su vez cronista Lord Rymer. Este relator se aleja
así de la historia contada forjándose en traductor
o erudito recopilador de una narración fantástica
que poco tiene que ver con el tono confesional e íntimo
que preside los demás relatos que componen este volumen,
narrados en primera persona.
Como comenté más arriba, la intertextualidad
interna es una de las características definitorias
de la obra literaria mariasiana. Es el momento de analizar
el ejemplo más evidente de toda su narrativa: se
trata del relato "En el viaje de novios" (1991),
narración que se convertirá con alguna modificación
en un episodio de Corazón tan blanco. El narrador
de este relato y su esposa se encuentran de viaje de novios
en Sevilla cuando ella comienza a sentirse enferma y tiene
que acostarse. El protagonista sale al balcón y observa
a una mujer que espera impaciente a una cita que no llega.
Pero la mujer le reconoce desde la calle y le reprocha que
no baje a buscarla: es a él al que espera y no duda
en subir a buscarlo a la habitación del hotel. Aquí
los lectores compartimos la perplejidad del narrador que
dice no saber quién es ella, pero además nos
quedamos con las ganas de conocer el desenlace de la escena
con la aparición de la mujer desconocida en la habitación
de la pareja. El narrador da por terminado su relato sin
dar más explicaciones al respecto. La anécdota
se repetirá en Corazón tan blanco con algunas
variaciones: el escenario del viaje de novios es La Habana
y el protagonista es confundido con un hombre que se encuentra
en el balcón de al lado.
Merece también un comentario el extenso relato "Mala
índole" (1996) incluido en la selección
Cuentos de cine preparada por José Luis Borau. El
volumen cuenta con la aportación de treinta y ocho
escritores, entre los que se encuentran, por citar sólo
algunos, Bernando Atxaga, Francisco Ayala, Bryce Echenique,
Juan Marsé, Juan José Millás, Manuel
Vicent, José María Merino o Vicente Molina
Foix. El propósito de la colección es conmemorar
el primer siglo de cine y, de paso, resaltar la unión
entre dos artes, la literatura y el cine, que tanto se complementan
en la actualidad. Ciertamente, los escritores del 68 se
ven muy influenciados por el cine, hecho que se plasma en
las páginas de muchas obras en las que es fácil
distinguir referentes y técnicas, conscientes o no,
del mundo de la cinematografía.
"Mala índole" se había publicado
en agosto de 1996 en el diario El País. El tema,
como no podía ser de otro modo, tiene que ver con
el cine, aunque hay otros ingredientes de interés.
Marías se mueve como pez en el agua en el terreno
de la filmografía, que tan bien conoce, y ofrece
una divertida historia que a su vez podría convertirse
en un corto de cine. El protagonista narrador Ruibérriz,
más conocido como Roy Berry, relata la increíble
aventura en la que se ve envuelto cuando viaja a Acapulco
para trabajar en una película con Elvis Presley.
Así comienza la narración del personaje:
"Nadie sabe lo que es ser perseguido si no ha pasado
por ello y la persecución no ha sido constante y
activa, llevada a cabo con deliberación y determinación
y ahínco y sin pausa, con perseverancia o con fanatismo,
como si los perseguidores no tuvieran otra cosa que hacer
en la vida que darle a uno alcance y antes buscarlo, acosarlo,
seguirle la pista, localizarlo y a lo sumo aguardar la ocasión
mejor para ajustarle las cuentas" .
Las divagaciones del narrador sobre la persecución
a la que está sometido, el tono grave de las primeras
páginas, son sustituidos más adelante por
la narración "en directo" de sus días
con el rey del rock en el transcurso del rodaje de Holiday
in Acapulco. El discurso del protagonista es lento y ramificado,
cada circunstancia y cada hecho merecen una explicación:
los hechos narrados acaecieron hace muchos años y
el peso de las meditaciones se superpone sin remedio. Otra
vez planea el fantasma de las palabras para las que no hay
defensa posible:
"O quizá es más simple, quizá
es que nunca hay manera de borrar lo dicho: las acusaciones
y las invenciones, las calumnias y los cuentos y las fabulaciones,
desmentir no es bastante, no borra sino que se añade,
antes habrá mil versiones contradictorias e imposibles
de un hecho que la anulación de ese hecho una vez
relatado; los mentís y las discrepancias conviven
con lo que refutan o niegan, se acumulan, se agregan y jamás
lo cancelan, en el fondo lo sancionan mientras se siga hablando,
lo único que borra es callar, y callar prolongadamente".
(ibid., p.273)
No en vano el narrador se ve condenado por unas palabras
que ni siquiera dijo, sólo tradujo, en una disparatada
escena que tiene lugar en una discoteca de Acapulco entre
el equipo de Elvis y unos mafiosos mexicanos. Al salir de
su boca esas palabras que los otros entendieron -no las
de los americanos cuyos sonidos no tenían significado
para los mafiosos- es retenido y castigado mientras a los
demás les dejan irse. En el transcurso de una pelea
mata a uno de ellos y por esta razón se ve obligado
a huir el resto de su vida. El absurdo de las cosas también
tiene su punto de dramatismo: así se explica el contenido
discurso del narrador que asiste al horror sólo por
casualidad y sin tener voluntad de ello, pues se trata de
un hombre injustamente obligado a huir desde los veintidós
años sólo por haber pronunciado un puñado
de insultos sin sentido en medio de una alcoholizada disputa.
Este narrador tan similar al resto de los narradores de
las ficciones de Javier Marías (si no es uno solo
y el mismo) insiste en el peligro de las palabras a la vez
que construye un discurso extenso y digresivo, repleto de
incisos y salpicado de divagaciones.
En fin, un estudio detenido de la obra literaria de Javier
Marías indica que la evolución de la narrativa
del autor se plasma de similar manera en sus relatos y en
sus novelas. Los primeros años de escritura se caracterizan
por la ambientación extranjera y los referentes ficcionales
de sus narraciones breves, a los que se imita hasta llegar
a la parodia, y así aparecen recogidos en la primera
colección de cuentos Mientras ellas duermen. A partir
de 1986 van surgiendo nuevos intereses en sus creaciones.
De un lado, se perfecciona el empleo de la voz narradora
en primera persona cuya característica principal
es su necesidad de contar para esclarecer hechos del pasado.
Curiosamente en su primer relato "La vida y la muerte
de Marcelino Iturriaga" (1968) ya aparece el que será
su más peculiar rasgo narrativo. Por su parte, la
intertextualidad será una característica relevante
en la narrativa de Marías: personajes de artículos
periodísticos, relatos y novelas se perfilan en unas
narraciones para desarrollarse o perfeccionarse en otras:
Víctor Francés, Ruibérriz de Torres,
Custardoy, Luisa o ese incansable narrador que una y otra
vez nos atrapa con su cadenciosa voz aparecen indistintamente
en los relatos y en las novelas del autor.
También los grandes temas de la narrativa de Marías
se repiten con insistencia en las ficciones largas y en
las breves: el poder de las palabras, el peligro del conocimiento,
el pasado como elemento turbador del presente, el misterio
que rodea a lo cotidiano, y la tragedia de la pasión
que desemboca irremediablemente en muerte. Sin apenas notarlo,
sus narraciones se van haciendo, incluso, "castizas",
el escenario madrileño, especialmente, se precisa
con el fin de hacer más creíbles y cercanas
las historias relatadas. Nuestro narrador y protagonista
parece un hombre palpable, podría ser un amigo nuestro,
pertenece a nuestro tiempo y comparte un mismo mundo: por
eso al atenderle escuchamos a veces nuestra propia voz.
OBRAS CITADAS
Antología del relato breve español. 1975-1993.
Ed. Fernando Valls. Madrid: Espasa-Calpe, 1993.
Cuentos de cine. Ed. José Luis Borau. Madrid: Alfaguara,
1996.
Javier Marías. "La historia inmortal".
El Urogallo, nº52-53, septiembre-octubre 1990, p.68.
- Pasiones pasadas. Barcelona: Anagrama, 1991.
- Mientras ellas duermen. Madrid: Alfaguara, 2000.1990
- Todas las almas. Barcelona: Círculo de Lectores,
1996.1989
- Cuando fui mortal. Madrid: Alfaguara, 1996.
- Negra espalda del tiempo.Madrid: Alfaguara, 1998.
- A veces un caballero. Madrid: Alfaguara, 2001.
Juan Antonio Rivera. "La negra espalda de Javier Marías".
Claves de Razón Práctica, nº111, abril
2001, pp. 68-76.
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