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LOS RELATOS DE JAVIER MARÍAS


Por Sandra Navarro Gil
sandranavarro@mixmail.com

 
LOS RELATOS DE JAVIER MARÍAS

Las incursiones de Marías en el género del relato guardan una gran relación con sus novelas en cuanto a temática, estilo y personajes: se trata de un mismo universo ficticio para dos géneros distintos aunque complementarios. Precisamente el autor reflexionaba sobre la relación entre los dos géneros narrativos en un artículo publicado en El Urogallo en 1990 con motivo de la aparición de su primera colección de relatos, Mientras ellas duermen. Marías se refería entonces a la invasión de la novela en el estricto y antiquísimo territorio del cuento:

"Hace ya mucho tiempo que la novela, ese género voraz e irrespetuoso para el que no hay fronteras ni nada sagrado, invadió el territorio del cuento logrando que la mayoría de los escritores que hoy lo practican hagan en realidad, más que cuentos propiamente dichos, fragmentos o episodios de novelas" .

Ciertamente el propio Marías esboza anécdotas y personajes en sus cuentos que después desarrollará en sus narraciones extensas. El autor lo reconoce en una de sus habituales "autocríticas":

"En cuanto a mí, al reunir ahora la mayoría de los cuentos que he escrito en el volumen titulado Mientras ellas duermen, observo sin alarma que algunos de ellos son contables y otros no tanto, algunos son "eterna e inquebrantablemente" leales a la historia y otros no tanto; algunos de esos otros son incluso estribaciones confesas de mis propias novelas, con personajes que aparecieron o aparecerían en ellas".(ibid, p. 68)

De hecho, en los relatos de Javier Marías se halla el sello del peculiar estilo narrativo del autor: la infatigable y omnipresente voz narradora, los atractivos comienzos y los sorprendentes finales, el ritmo sopesado de la narración, la intriga y el cuidado de la prosa. Hasta el momento Javier Marías ha recogido sus relatos en dos volúmenes: Mientras ellas duermen (1990) y Cuando fui mortal (1996). El primero de ellos ha sido reeditado diez años después por la editorial Alfaguara con alguna novedad añadida, entre la que cabe destacar la inclusión del primer relato impreso del autor, "La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga", escrito cuando sólo tenía catorce años y publicado dos años después en El Noticiero Universal.

En esta primera colección de relatos se adivinan las buenas dotes narrativas del autor que, sin duda, serán perfeccionadas en Cuando fui mortal. Estos relatos pertenecen en su mayoría a la primera etapa creativa del autor -década de los años setenta y primeros ochenta- que se caracteriza por una ambientación "extranjerizante" y culturalista, a la que se llega frecuentemente a través de la parodia de otras ficciones y de la mezcla de géneros literarios. La edición de 1990 de Mientras ellas duermen recoge diez relatos fechados entre 1975 y 1990. En opinión del crítico Fernando Valls se trata de

"un volumen que refleja muy bien la evolución temática y estilística de su narrativa, desde 1975 hasta hoy. Pero también podemos observar en sus páginas cómo con el tiempo, con la madurez y la experiencia de escritor su prosa ha ido ganando en sencillez, contención y rigor, a la vez que soltaba el lastre de ingenuos mimetismos"

De ellos, ocho habían sido ya publicados mientras que los dos últimos "Mientras ellas duermen" y "Lo que dijo el mayordomo", ambos escritos en 1990, permanecían inéditos hasta ese momento. Marías incorpora a su primera colección "El espejo del mártir" y "Portento, maldición", dos de las partes integrantes de su miscelánea El monarca del tiempo (1978), compuesta de cinco fragmentos independientes entre sí.
Del primer relato "La dimisión de Santiesteban" (1975) hay que señalar que formó parte del volumen Tres cuentos didácticos (La Gaya Ciencia, Barcelona, 1975) en el que colaboró junto a sus amigos y colegas Félix de Azúa y Vicente Molina Foix. Este relato pertenece a la primera época creativa del autor en la que destaca su gusto por la ambientación "extranjerizante" de sus obras. El distanciamiento respecto a la realidad -la ficción remite siempre a otra ficción- le lleva a crear narraciones fantásticas o de misterio. "La dimisión de Santiesteban" cuenta la llegada del meticuloso y azorado profesor Mr. Lilburn al Instituto Británico de Madrid en donde cada noche se producen extrañas apariciones nocturnas de un airoso fantasma que presenta su dimisión en la puerta de uno de los despachos. Mr. Lilburn concentrará sus esfuerzos en descubrir la explicación del misterio que sólo le llega al acabar él a su vez convertido en fantasma. El tono irónico y el voluntario distanciamiento del narrador del relato nos hacen pensar en una parodia de los cuentos fantásticos del siglo XIX, de los que el escritor, por su parte, se confiesa muy aficionado.

En resumen, el estilo recargado de la narración, el distanciamiento irónico del narrador y el elemento fantástico nos llevan a pensar en la intención paródica del relato, en la misma línea de las novelas de esta época creativa de Marías.

"El viaje de Isaac" (1978) es un breve relato que nos devuelve de nuevo al ámbito de lo misterioso, esta vez de la mano de una terrible maldición lanzada por un mendigo al joven militar Isaac Custardoy en La Habana, al negarle éste una limosna. La advertencia de su muerte, de la de su hijo mayor y de la del hijo mayor de éste antes de los cincuenta años se cumplirá en los dos primeros casos, ya que su primer hijo muere sin dejar herederos. El narrador de este relato es un mero transmisor de los hechos: se trata de un narrador en tercera persona que cuenta las tribulaciones del mejor amigo del hijo del militar por no encontrar la solución a una maldición que ha quedado inconclusa (no puede morir quien no ha nacido o tal vez el que no es concebido siempre es un muerto).

Con "Gualta" (1986) nos adentramos en otra fase creativa de Javier Marías. Es el año de la publicación de El hombre sentimental, novela con la que el autor comienza a definir su estilo narrativo. El narrador homodiegético de "Gualta" cuenta su azaroso encuentro con una persona idéntica a él. Estamos ante el sempiterno motivo literario del "doble". En este caso la visión del doble produce un auténtico rechazo en Javier Santín, quien procurará a partir de ahora el voluntario derrumbamiento de su brillante carrera personal y profesional para no parecerse a Gualta: este será el inicio de su autodestrucción. Abandonado por su mujer y a punto de ser despedido de su trabajo, el narrador se pregunta al final del relato por qué se vio obligado a cambiar el rumbo de su biografía ahora imposible de remontar.

"La canción de Lord Rendall" (1989) tiene un curioso origen. Javier Marías inventó un autor y un relato para su colección de piezas fantásticas Cuentos únicos (Siruela, 1989) y lo entremezcló con otras piezas de distintos autores desconocidos para la mayoría de los lectores. El pretendido autor inglés de "La canción de Lord Rendall" James Ryan Denham (1911-1943) no es otro que un burlón Javier Marías metido a "falsificador literario". El relato, de hecho, pasa desapercibido entre las narraciones de terror o fantásticas incluidas en esta colección dedicada a autores desfavorecidos por la fama literaria: un combatiente de la II Guerra Mundial llega a su hogar y descubre que ha sido suplantado por un hombre igual a él: de nuevo aparece el tema del doble. La sorpresa por la usurpación se completa cuando el protagonista Tom Booth observa cómo su doble asesina a su mujer y a su hijo. Tras entonar la vieja "canción de Lord Rendall" (¿Dónde has estado todo el día, Rendall, hijo mío?) el narrador se pregunta quién de los dos, su doble o él, acabará en la horca.

El siguiente relato "Una noche de amor" (1989) también contiene un elemento fantástico. En esta ocasión el protagonista-narrador recibe extravagantes cartas del espíritu de la amante de su padre, recién fallecido, en las que le reclama que incinere el cuerpo de su padre para que así puedan reunirse en la eternidad. Estas cartas (misteriosamente selladas en Gijón) van a influir en el ánimo del protagonista y del mismo modo en la relación con su esposa Marta a la que, siguiendo las costumbres paternas, le es con frecuencia infiel al escaparse con prostitutas. El relato termina con el habitual final abierto de las narraciones de Marías: el narrador es incapaz de abrir la cuarta carta de Mercedes por temor a saber la última voluntad del espíritu. El tema del descubrimiento de un antiguo secreto relativo a la anterior vida amorosa del padre es también el asunto central de Corazón tan blanco (1992).

El protagonista de "Un epigrama de lealtad" (1989) es el escritor John Gawsworth cuya vida se había dedicado a investigar Marías durante su estancia en Oxford. Aquí encontramos la "ficcionalización" de unos datos verídicos recopilados por el escritor madrileño: el que había sido nombrado rey de Redonda y otrora afamado escritor John Gawsworth acaba siendo un mendigo alcoholizado por oscuras razones o simplemente por azar. En el relato el mendigo Gawsworth descubre en una librería de viejo en Londres una antigua obra suya pero no logra hacerse creer ni por sus desarrapados amigos ni por el dueño de la librería que tan sólo teme ser robado. El autor no desaprovecha la ocasión para caricaturizar a los remilgados propietarios de estas librerías, a los que tan bien conoce, al poner de relieve en el personaje del señor Lawson su avaricia de comerciante. Tal vez Marías no acertara a prever en 1989 el juego literario que el malogrado Gawsworth y su excéntrico Reino de Redonda le darían en un futuro hasta el punto de convertirse él mismo en heredero del escritor inglés y propietario de la editorial Reino de Redonda, encargada de recuperar la memoria y el honor de los escritores a los que perteneció la isla caribeña. Debe destacarse también la importancia de John Gawsworth en la trama de Todas las almas en la que el narrador, como Javier Marías en la vida "real", se dedica a investigar sobre la figura del desconocido autor inglés. De hecho, un párrafo de esta novela resume el argumento del relato "Un epigrama de lealtad". Nos hallamos frente a un caso más de intertextualidad interna en la producción de Javier Marías:

"Pero con ese rostro postrero debió vagar por las calles de Londres, con un abrigo o una chaqueta de las que siempre saben procurarse los pordioseros. Esgrimiría botellas y señalaría ante sus iguales sus libros expuestos en los cajones de saldos de Charing Cross Road, que no podría comprar, para incredulidad de ellos."

Por fin, "Mientras ellas duermen" y "Lo que dijo el mayordomo", ambos escritos en 1990, son los únicos relatos inéditos de esta colección. El protagonista narrador del extenso relato "Mientras ellas duermen" relata por escrito el extraño suceso que le aconteció estando de vacaciones con su mujer, Luisa. En concreto, el narrador nos cuenta la rara actitud de un hombre que graba en vídeo obsesivamente a su acompañante en la playa. El narrador, que se comporta de nuevo como un testigo de los hechos ocurridos, logra conversar con el hombre una noche antes de que regresaran a su ciudad. En la larga conversación que mantienen mientras ellas duermen en el hotel, el desconocido le augura que se acerca el día en que tendrá que acabar con su bella acompañante pues no es capaz de soportar la adoración que siente por ella: el amor y la muerte se relacionan con mucha frecuencia en la narrativa de Marías. Nos hallamos ya ante la narración tipo de esta fructífera etapa literaria de Javier Marías: el relato de memorias, el narrador homodiegético-transmisor de la historia, el elemento trágico que conduce a lo amado a su aniquilación, el escenario español, la morosidad de las descripciones, en especial del aspecto físico de los personajes, las divagaciones del narrador aparentemente al margen de la historia, el control del tempo narrativo y el estilizado empleo del lenguaje.

"Lo que dijo el mayordomo" cierra la edición de 1990 de Mientras ellas duermen. Nos encontramos ante una nueva ficción que tiene su correlato real en la biografía del autor. Así, Marías explica que la anécdota principal del relato (dos personas quedan colgadas en el ascensor de un rascacielos de Nueva York y comienzan a contarse algunas confesiones sobre su vida) es la misma que daba comienzo a su artículo "La venganza y el mayordomo", recogido en Pasiones pasadas. Los deseos de venganza del acompañante de Marías en tan apuradas circunstancias, un mayordomo a la antigua usanza, hacia la nueva esposa de su señor inspiran el relato de "Lo que dijo el mayordomo" contado en primera persona por el interlocutor del misterioso mayordomo. El mayordomo de ficción le cuenta que acaba de incinerar el cuerpo de la primera hija de sus señores nacida con un grave defecto que le condujo a la muerte dos meses después de nacer. La absoluta frialdad de la madre hacia la hija enferma, la frívola existencia de estos empresarios multimillonarios y la rabia contenida de la persona que tiene que satisfacer los caprichos de otros para ganarse la vida son los principales contenidos de la confesión de este singular y siniestro mayordomo. Otra vez el narrador es testigo indirecto, conocedor privilegiado de unos hechos extraños que merecen ser transmitidos a otros tras ser depositados en su conciencia, como si al narrarlos el relator descansara del peso de saber, de la rígida condena del conocimiento, para participar así de la interminable cadena de la narración.

Ya se ha señalado que "Lo que dijo el mayordomo" fue el relato del autor seleccionado para la interesante y necesaria Son cuentos. Antología del relato español, 1975-1993 en la que comparte páginas con veinticuatro felices muestras del auge que el género lleva experimentando en España en las dos últimas décadas.

La edición de Mientras ellas duermen del año 2000 recupera, además de los relatos insertados diez años antes, cuatro narraciones más. La principal novedad de esta publicación es la inclusión del primer texto impreso de Javier Marías, "La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga", publicado en el extinguido Noticiero Universal en 1968, aunque fue escrito en 1965, cuando solamente tenía catorce años. Es sorprendente notar que este tempranísimo trabajo cuente ya con algunos elementos que serán definitorios en la obra de Javier Marías. En primer lugar, es una narración en primera persona de un hombre que ha fallecido un año antes, es decir, asistimos al relato de un fantasma sobre lo que fue su vida y lo que es su muerte. Se trata de un relato ambientado en Madrid de 1921, año del nacimiento de Marcelino, a 1957, año de su muerte, si bien la narración se sitúa un año después de tener lugar su desaparición terrenal. Tras una vida anodina marcada por la aceptación de lo que tiene que pasar (la guerra, los estudios, el matrimonio, la rutina) el narrador contempla su muerte con la misma pasividad con la que vivió: Marcelino es un auténtico antihéroe.

La voz narradora que hace memoria de hechos pasados es uno de los rasgos característicos de las ficciones de Marías, y también lo es el motivo misterioso que aniquila el tiempo para situarse en la otra esfera de lo real. En este sentido, el relato que da título a su colección Cuando fui mortal guarda grandes semejanzas con esta precoz muestra de narración del autor: el protagonista narrador cuenta desde la eternidad su situación actual y rememora su vida en la tierra.
Además, la condena del fantasma es la de seguir "estando", si no en presencia física sí mentalmente y con la capacidad de recordar y de saber que viene a ser lo mismo que seguir viviendo en la condena de la inmortalidad. Por su originalidad y su resolución, sin duda en el primer relato de Marías se vislumbraban las dotes narrativas que el autor ha ido perfeccionando en estas décadas de producción literaria.

No son tan destacables los otros tres relatos agregados a la nueva edición de Mientras ellas duermen. "El fin de la nobleza nacional" (1978) es una pieza teatral en clave de humor sobre la pureza de los cristianos viejos y la pretendida ignorancia de los conversos. En esta misma línea se encuentran otras creaciones del autor, como El monarca del tiempo. "En la corte del rey Jorges" (1991) es un relato de situación también en clave humorística sobre una descontrolada familia real europea. El desmoronamiento de una importante saga y el tono irónico de la narración traen inmediatamente al recuerdo la primera novela de Marías Los dominios del lobo (1971): en ambas narraciones se demuestra que la verdadera corrupción está muy cerca del poder económico y social aunque en el relato predomina la intención burlesca que evita cualquier tipo de moralina. Por último, "Serán nostalgias" (1998) es una forzada variación de su relato "No más amores", incluido en Cuando fui mortal, pues sólo cambian los personajes y el lugar de la acción (ahora mexicanos, antes ingleses) para cumplir con una inesperada colaboración en una publicación de este país hispanoamericano.

Por su parte, en el volumen Cuando fui mortal, publicado en 1996, se hallan doce relatos escritos entre 1991 y 1995, fechas en las que Marías también entrega al público sus grandes éxitos literarios, Corazón tan blanco (1992) y Mañana en la batalla piensa en mí (1994). En la nota previa a este segundo volumen Javier Marías señala que buena parte de estos relatos han sido escritos por encargo, con la imposición del tema, del espacio o de otros elementos constitutivos y publicados con anterioridad en semanales, revistas literarias o periódicos, aunque algunos de ellos finalmente fueron modificados al constituir un libro independiente.

En general, los relatos de Cuando fui mortal perfeccionan los mejores hallazgos de la anterior colección y presentan cierta unidad temática y estilística inexistente en Mientras ellas duermen, que también debe relacionarse, como ya se ha apuntado, con las novelas de esta época creativa de Marías. En primer lugar, hay que destacar la presencia en varios relatos de un narrador testigo que narra en primera persona unos hechos a los que asiste casualmente, los cuales, por su parte, siempre introducen un elemento extraordinario o irracional. Pero es conveniente matizar que este espectador involuntario narra, interpreta y manipula la información, su información, en el desarrollo de un discurso en el que sólo él tiene la voz. Esta voz narradora tiene la virtud de contar desde dentro a la vez que se sitúa fuera: los hechos le son cercanos sólo de pasada y el elemento perturbador de la historia no pertenece realmente a su esfera personal. La pasión por narrar es el resultado de la vocación de observador de este narrador que todo lo interpreta. La apariencia física de los personajes, los más nimios detalles de la indumentaria, los gestos casi imperceptibles: nada parece escaparse a su mirada escudriñadora. Así, las escasas descripciones de los lugares en los que se desarrolla la acción -siempre inmersa en un tiempo pasado- se compensan con el minucioso repaso de las características físicas y de los modales de los personajes.

Los sucesos, por su lado, se manifiestan únicamente cuando se tiene conocimiento de ellos, cuando se saben (no cuando suceden), de aquí que se insista continuamente en la idea de que el conocimiento entraña peligro, por lo que muchas veces es preferible la ignorancia. De este modo, buena parte de estas narraciones arrancan con una frase en la que aparece el verbo saber, como la famosa "No he querido saber, pero he sabido" con la que da comienzo Corazón tan blanco. Sin ir más lejos, el primer relato de Cuando fui mortal "El médico nocturno" (1991) se inicia del siguiente modo:

"Ahora que sé que mi amiga Claudia ha enviudado de muerte natural del marido, no he podido evitar acordarme de una noche en París hace seis meses..." (Cuando fui mortal, p.17)

En el relato se insinúa un hecho que el narrador preferiría desconocer: se trata de la sospecha de que ese hombre ha sido envenenado poco a poco con la colaboración del "médico nocturno", también encargado de eliminar al esposo de una amiga común.
Con las dudas propias del testigo por casualidad se muestra el narrador del siguiente relato, "La herencia italiana" (1991), un hombre que contempla cómo se entrecruzan las vidas amorosas de dos amigas íntimas:

"Tengo dos amigas italianas que viven en París. Hace un par de años no se conocían, no se habían visto, yo las presenté un verano, yo fui el vínculo y me temo que sigo siéndolo, aunque ellas no se han vuelto a ver. Desde que se conocieron, o mejor, desde que se vieron y ambas saben que conozco a ambas, sus vidas han cambiado demasiado rápido y no tanto paralelamente cuanto consecutivamente. Yo no sé si debo cortar con la una para liberar a la otra o cambiar el sesgo de mi relación con la otra para que la una desaparezca de la vida de aquélla. No sé qué hacer. No sé si hablar." (ibid., p.33)

Al peligro de saber se une la amenaza de las palabras, en especial de las palabras que se escuchan y son capaces de cambiar el rumbo de las vidas humanas. El arranque de "Figuras inacabadas" (1992) es muy similar:

"No sé si contar lo que le ocurrió recientemente a Custardoy. Es la única vez, que yo sepa, que ha tenido escrúpulos, o quizá fue piedad. Venga, voy a hacerlo." (p.69)

Un último ejemplo. El inicio de "Sangre de lanza" (1995):

"Me despedí de mi mejor amigo sin saber que lo estaba haciendo, porque a la noche siguiente, con demasiado retraso, lo descubrieron tirado en la cama con una lanza en el pecho..." (p.153)

Otro motivo común de los relatos en los que aparece el testigo indirecto es la muerte repentina o accidental de un personaje, siempre rodeada de misterio. El argumento de "Sangre de lanza", por ejemplo, tiene en su origen la aparición del cadáver de un amigo del narrador junto a una prostituta. Éste, conocedor de la homosexualidad de su amigo Dorta, actuará al modo de un investigador privado hasta esclarecer su muerte. La narración se introduce así en el mundo de las prostitutas y de la corrupción, del que no se escapa el inspector de policía, a la sazón el culpable del enredo en el que se ve envuelta la trágica muerte de su amigo. El narrador se identifica como Víctor Francés, como el protagonista de Mañana en la batalla piensa en mí, y también aparece Ruibérriz de Torres, personaje de cierto peso en la misma novela publicada un año antes. El interés del relato va más allá de su trama detectivesca para radicar en el propio discurso del narrador, un observador nato, en el que abundan las profundas digresiones. El lugar de la acción es, por su parte, un Madrid retratado casi con la ayuda del mapa, muy lejos ya del ambiente extranjerizante y caricaturesco de las primeras creaciones del autor.

Otro ejemplo de narrador-testigo es el del relato titulado "Domingo de carne" (1992) en el que el protagonista narra cómo presenció un asesinato mientras miraba por la ventana de su hotel durante unas vacaciones en San Sebastián junto a su esposa Luisa. La inevitable curiosidad del narrador, vencido por el aburrimiento estival, le hace seguir la dirección de los prismáticos de su vecino de habitación, que después son sustituidos por un arma de fuego. De este modo ve el cañón y después la caída del hombre de la playa que accidentalmente también observaba. El motivo de los prismáticos, que tan bien complementa a la imagen del observador o del espía, aparece igualmente en "Prismáticos rotos" (1992), interesante relato de un aficionado a las carreras de caballos que coincide en el hipódromo con un escolta "obligado" a matar a la persona a la que protege. Tras compartir unas apuestas el escolta se aleja sabiendo que es él quien debe acabar esa misma noche con su jefe. Una vez más, se muestra a un personaje en peligro al que el narrador trata sólo circunstancialmente quedando a salvo de la tragedia que le rodea.
Este tipo de personaje indefenso ante una realidad inhóspita lo encontramos también en "Menos escrúpulos" (1994). La novedad de esta narración es que está contada por una primera persona que sólo en este caso no responde a una voz masculina. La narradora asiste a una selección de protagonistas de cine pornográfico acuciada por la necesidad de alimentar a su hija. En la antesala del estudio de grabación conoce a su compañero de reparto, un fracasado guardaespaldas que le cuenta sus peripecias vitales. Con este relato nos introducimos en el terreno de las relaciones sexuales entendidas como negocio, aspecto comúnmente tratado en la narrativa del autor. De hecho, los escarceos sexuales de los protagonistas se realizan muchas veces a base de pagar los servicios de las prostitutas mientras que las relaciones conyugales suelen acarrear falta de pasión y aburrimiento .

Por su lado, la tragedia amorosa -la conexión entre el amor y la muerte- es el nudo argumental de gran parte de las ficciones de Javier Marías, tanto de los relatos como de las novelas. Así ocurre en el relato titulado "En el tiempo indeciso" (1995), incluido en la antología Cuentos de fútbol, en el que un jugador húngaro del Real Madrid, Szentkuthy, acaba siendo asesinado por la novia a la que abandona tras lograr éste la fama internacional. Otros personajes que encuentran la muerte como resultado de una desafortunada relación amorosa se encuentran en El hombre sentimental (1986), Todas las almas (1989) o Mañana en la batalla piensa en mí, por citar sólo algunas de sus narraciones más importantes.
El relato "Todo mal vuelve" (1994) tiene su origen impreso en el artículo "La muerte de Aliocha Coll", publicado por primera vez en El País en diciembre de 1990 y recogido más tarde en Pasiones pasadas. Una vez más Marías mezcla realidad y ficción para demostrar que la realidad puede acabar contaminándose de ficción y que la ficción se nutre inevitablemente de realidad: ambas esferas permanecen en continuo trasiego en la obra del autor hasta fundirse definitivamente en su trabajo Negra espalda del tiempo (1998). Este artículo escrito semanas después de la muerte de Aliocha Coll trata sobre la azarosa existencia de este médico y escritor al que Marías conoció cuando formaba parte del comité asesor de las Ediciones Alfaguara en 1977. Hasta allí llegan unas obras de Aliocha sobre las que el joven Javier Marías debe informar a la editorial. De este modo entra en contacto con el peculiar escritor que acaba suicidándose tras experimentar el dolor en su propio cuerpo . Algunas realidades son novelables, y sin duda lo es la de este médico erudito. En "Todo mal vuelve"se repiten anécdotas y se reconoce perfectamente en el ficticio Xavier Comella al "real" Aliocha Coll que trabó amistad durante varios años con Javier Marías. De nuevo una voz en primera persona narra una historia de la que quiere dar testimonio. El comienzo de "Todo mal vuelve", además, presenta una intriga que no se nos desvelará en el resto del relato:

"Hoy he recibido una carta que me ha hecho acordarme de un amigo. La escribía una desconocida, de mí y del amigo". (p.105)

El final del relato repite el mismo fragmento, sólo cambia el indefinido por el demostrativo, "este amigo", algo lógico tras ofrecernos la historia de Xavier Comella -que también nos pertenece, al ser sus depositarios- con ese tono de sinceridad y confesión que caracteriza a las narraciones en primera persona de Marías. No sabremos la identidad de la desconocida ni la razón que le lleva a escribir esa carta al narrador del relato. Tampoco importa. Lo necesario es el relato de esta voz incansable que necesita contar hechos del pasado que se agolpan en su mente.
Según Javier Marías, el relato "Todo mal vuelve" es la ficción más "autobiográfica" que recuerda haber escrito. Así lo afirma en el Prólogo a Cuando fui mortal y en el artículo "Nueve años" (2000) en el que el autor comenta su sorpresa al recibir un ejemplar de las Imaginarias de su amigo nueve años después de su muerte:

"Hay está la cubierta, su nombre, Aliocha Coll; y el título que creo haber mencionado en algún texto mío de ficción o no, pues escribí acerca de él en los dos territorios, un artículo de prensa cuando murió, un cuento más tarde, alterando detalles y cambiándole el nombre, pero trataba de él, quizá sea lo más "real" que he inventado, si es que tiene sentido semejante frase"

Por último, los relatos "Cuando fui mortal" (1993) y "No más amores" (1995) son dos piezas unidas por la temática del "fantasma", una figura literaria a la que Marías es muy aficionado. El narrador de "Cuando fui mortal", tal vez el relato mejor construido de la colección, se presenta como un fantasma dispuesto a narrar las circunstancias de su muerte y la de su anterior vida con uno de los sugestivos comienzos a los que nos tiene acostumbrados el autor:

"A menudo creí fingir en fantasmas y fingí creerlo festivamente, y ahora que soy uno de ellos comprendo por qué las tradiciones los representan dolientes e insistiendo en volver a los sitios que conocieron cuando fueron mortales". (ibid. p.85)

El fantasma, cuya "maldición consiste en recordarlo todo", contempla con nitidez los secretos que se le ocultaron de niño y los muchos que se le escaparon ya de adulto: quizá el mayor alivio del humano es la limitación de sus conocimientos, pues el conocimiento se torna, al fin, en insoportable dolor. En su plena conciencia sabrá que el doctor Arranz, el mismo que alivió sus miedos de la infancia, fue el culpable de acabar con la paz de su hogar paterno, tras el chantaje de raigambre política por el que le obligó a su padre a "prestarle" a su mujer. Las infidelidades se repiten en el resto del relato, pues tanto el narrador como su esposa mantienen relaciones adúlteras. Precisamente será el amante de su mujer quien planee su asesinato y contrate a un sicario para que ponga fin a su vida mientras cenaba tranquilamente en su casa a la vuelta de un viaje de trabajo.
El narrador fantasma asiste así a la eterna rememoración de su vida y descubre el perjudicial poder de las palabras y también el extremado riesgo del conocimiento. Hablamos de los dos pilares temáticos de la narrativa de Javier Marías, espléndidamente sintetizados en la figura del fantasma que es nada más consciencia:

"Cuantos han especulado con la ultratumba o la perduración de la conciencia más allá de la muerte no han tenido en cuenta el peligro o más bien el horror de recordarlo todo, hasta lo que no sabíamos: de saberlo todo, cuanto nos atañe o nos tuvo en medio, o tan sólo cerca". (ibid., p.93)

En concreto, lo más temible es el conocimiento absoluto de la propia existencia, de la que paradójicamente tan poco sabemos. Como ha visto Juan Antonio Rivera:

"El problema de Cuando fui mortal se encuadra en realidad en un asunto más general, que preocupa especialmente a Marías: la imposibilidad de quedar en claro acerca de nuestras propias vidas, de obtener una autobiografía transparente de nosotros mismos."

El último relato de la recopilación, "No más amores" (1995), permanecía inédito hasta la publicación del volumen, si bien la historia del fantasma de la casa en la que leía Molly Morgan Muir ya aparecía en el artículo "Fantasmas leídos" escrito en 1992 y recogido después en Literatura y fantasma. En este escrito Javier Marías diserta sobre fantasmas y apariciones. ¿Quién nos asegura que los antiguos inquilinos de las casas no deseen volver a su hogar una vez convertidos en fantasmas? Marías recoge distintos casos de apariciones de fantasmas y se detiene especialmente en el de Molly Morgan Muir. Según unos documentos datados en los años treinta, hacia 1910 se constata la presencia de un fantasma que acudía a escuchar las lecturas de Molly Morgan Muir, la dama de compañía de una anciana aficionada a la literatura. Tras morir la anciana y envejecer Molly, el fantasma deja de visitarla ante el consiguiente enfado de la mujer, que ya no puede vivir sin su espectral presencia. El fantasma, que le había mostrado su rechazo mediante una señal en un libro de Dickens -"Y ella envejeció y se llenó de arrugas, y su voz cascada ya no le resultaba grata"-, se da cuenta de su error y continúa acompañándola una vez por semana hasta el día de su muerte.
En "No más amores" se transcribe la misma historia aunque ahora bajo la forma de relato. Por su parte, en el prólogo a Cuando fui mortal el autor señala que el historiador Lord Rymer no existe realmente, -es un personaje secundario de Todas las almas (1989), el warden que protagoniza la divertida escena de la high table- y facilita las fuentes cinematográfica y literaria de la historia de Polly Morgan. En concreto, se trata de la película The Gosth and Mrs Muir de Josep L. Mankiewicz y el relato "Polly Morgan", de Alfred Edgar Coppard. Ambos ya habían sido tratados en otros lugares de la bibliografía de Marías. El primero mereció un artículo suyo recogido en Vida del fantasma titulado "El fantasma y la señora Muir" (1995), en el que confiesa que se trata de su película favorita mientras que el relato de Coppard fue incluido en la selección de Marías Cuentos únicos (1989).

Debe destacarse que el relato está escrito al modo de los relatos ingleses del XIX. El narrador es un cronista del a su vez cronista Lord Rymer. Este relator se aleja así de la historia contada forjándose en traductor o erudito recopilador de una narración fantástica que poco tiene que ver con el tono confesional e íntimo que preside los demás relatos que componen este volumen, narrados en primera persona.
Como comenté más arriba, la intertextualidad interna es una de las características definitorias de la obra literaria mariasiana. Es el momento de analizar el ejemplo más evidente de toda su narrativa: se trata del relato "En el viaje de novios" (1991), narración que se convertirá con alguna modificación en un episodio de Corazón tan blanco. El narrador de este relato y su esposa se encuentran de viaje de novios en Sevilla cuando ella comienza a sentirse enferma y tiene que acostarse. El protagonista sale al balcón y observa a una mujer que espera impaciente a una cita que no llega. Pero la mujer le reconoce desde la calle y le reprocha que no baje a buscarla: es a él al que espera y no duda en subir a buscarlo a la habitación del hotel. Aquí los lectores compartimos la perplejidad del narrador que dice no saber quién es ella, pero además nos quedamos con las ganas de conocer el desenlace de la escena con la aparición de la mujer desconocida en la habitación de la pareja. El narrador da por terminado su relato sin dar más explicaciones al respecto. La anécdota se repetirá en Corazón tan blanco con algunas variaciones: el escenario del viaje de novios es La Habana y el protagonista es confundido con un hombre que se encuentra en el balcón de al lado.
Merece también un comentario el extenso relato "Mala índole" (1996) incluido en la selección Cuentos de cine preparada por José Luis Borau. El volumen cuenta con la aportación de treinta y ocho escritores, entre los que se encuentran, por citar sólo algunos, Bernando Atxaga, Francisco Ayala, Bryce Echenique, Juan Marsé, Juan José Millás, Manuel Vicent, José María Merino o Vicente Molina Foix. El propósito de la colección es conmemorar el primer siglo de cine y, de paso, resaltar la unión entre dos artes, la literatura y el cine, que tanto se complementan en la actualidad. Ciertamente, los escritores del 68 se ven muy influenciados por el cine, hecho que se plasma en las páginas de muchas obras en las que es fácil distinguir referentes y técnicas, conscientes o no, del mundo de la cinematografía.

"Mala índole" se había publicado en agosto de 1996 en el diario El País. El tema, como no podía ser de otro modo, tiene que ver con el cine, aunque hay otros ingredientes de interés. Marías se mueve como pez en el agua en el terreno de la filmografía, que tan bien conoce, y ofrece una divertida historia que a su vez podría convertirse en un corto de cine. El protagonista narrador Ruibérriz, más conocido como Roy Berry, relata la increíble aventura en la que se ve envuelto cuando viaja a Acapulco para trabajar en una película con Elvis Presley. Así comienza la narración del personaje:

"Nadie sabe lo que es ser perseguido si no ha pasado por ello y la persecución no ha sido constante y activa, llevada a cabo con deliberación y determinación y ahínco y sin pausa, con perseverancia o con fanatismo, como si los perseguidores no tuvieran otra cosa que hacer en la vida que darle a uno alcance y antes buscarlo, acosarlo, seguirle la pista, localizarlo y a lo sumo aguardar la ocasión mejor para ajustarle las cuentas" .

Las divagaciones del narrador sobre la persecución a la que está sometido, el tono grave de las primeras páginas, son sustituidos más adelante por la narración "en directo" de sus días con el rey del rock en el transcurso del rodaje de Holiday in Acapulco. El discurso del protagonista es lento y ramificado, cada circunstancia y cada hecho merecen una explicación: los hechos narrados acaecieron hace muchos años y el peso de las meditaciones se superpone sin remedio. Otra vez planea el fantasma de las palabras para las que no hay defensa posible:

"O quizá es más simple, quizá es que nunca hay manera de borrar lo dicho: las acusaciones y las invenciones, las calumnias y los cuentos y las fabulaciones, desmentir no es bastante, no borra sino que se añade, antes habrá mil versiones contradictorias e imposibles de un hecho que la anulación de ese hecho una vez relatado; los mentís y las discrepancias conviven con lo que refutan o niegan, se acumulan, se agregan y jamás lo cancelan, en el fondo lo sancionan mientras se siga hablando, lo único que borra es callar, y callar prolongadamente". (ibid., p.273)

No en vano el narrador se ve condenado por unas palabras que ni siquiera dijo, sólo tradujo, en una disparatada escena que tiene lugar en una discoteca de Acapulco entre el equipo de Elvis y unos mafiosos mexicanos. Al salir de su boca esas palabras que los otros entendieron -no las de los americanos cuyos sonidos no tenían significado para los mafiosos- es retenido y castigado mientras a los demás les dejan irse. En el transcurso de una pelea mata a uno de ellos y por esta razón se ve obligado a huir el resto de su vida. El absurdo de las cosas también tiene su punto de dramatismo: así se explica el contenido discurso del narrador que asiste al horror sólo por casualidad y sin tener voluntad de ello, pues se trata de un hombre injustamente obligado a huir desde los veintidós años sólo por haber pronunciado un puñado de insultos sin sentido en medio de una alcoholizada disputa. Este narrador tan similar al resto de los narradores de las ficciones de Javier Marías (si no es uno solo y el mismo) insiste en el peligro de las palabras a la vez que construye un discurso extenso y digresivo, repleto de incisos y salpicado de divagaciones.

En fin, un estudio detenido de la obra literaria de Javier Marías indica que la evolución de la narrativa del autor se plasma de similar manera en sus relatos y en sus novelas. Los primeros años de escritura se caracterizan por la ambientación extranjera y los referentes ficcionales de sus narraciones breves, a los que se imita hasta llegar a la parodia, y así aparecen recogidos en la primera colección de cuentos Mientras ellas duermen. A partir de 1986 van surgiendo nuevos intereses en sus creaciones. De un lado, se perfecciona el empleo de la voz narradora en primera persona cuya característica principal es su necesidad de contar para esclarecer hechos del pasado. Curiosamente en su primer relato "La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga" (1968) ya aparece el que será su más peculiar rasgo narrativo. Por su parte, la intertextualidad será una característica relevante en la narrativa de Marías: personajes de artículos periodísticos, relatos y novelas se perfilan en unas narraciones para desarrollarse o perfeccionarse en otras: Víctor Francés, Ruibérriz de Torres, Custardoy, Luisa o ese incansable narrador que una y otra vez nos atrapa con su cadenciosa voz aparecen indistintamente en los relatos y en las novelas del autor.

También los grandes temas de la narrativa de Marías se repiten con insistencia en las ficciones largas y en las breves: el poder de las palabras, el peligro del conocimiento, el pasado como elemento turbador del presente, el misterio que rodea a lo cotidiano, y la tragedia de la pasión que desemboca irremediablemente en muerte. Sin apenas notarlo, sus narraciones se van haciendo, incluso, "castizas", el escenario madrileño, especialmente, se precisa con el fin de hacer más creíbles y cercanas las historias relatadas. Nuestro narrador y protagonista parece un hombre palpable, podría ser un amigo nuestro, pertenece a nuestro tiempo y comparte un mismo mundo: por eso al atenderle escuchamos a veces nuestra propia voz.


OBRAS CITADAS

Antología del relato breve español. 1975-1993. Ed. Fernando Valls. Madrid: Espasa-Calpe, 1993.
Cuentos de cine. Ed. José Luis Borau. Madrid: Alfaguara, 1996.
Javier Marías. "La historia inmortal". El Urogallo, nº52-53, septiembre-octubre 1990, p.68.
- Pasiones pasadas. Barcelona: Anagrama, 1991.
- Mientras ellas duermen. Madrid: Alfaguara, 2000.1990
- Todas las almas. Barcelona: Círculo de Lectores, 1996.1989
- Cuando fui mortal. Madrid: Alfaguara, 1996.
- Negra espalda del tiempo.Madrid: Alfaguara, 1998.
- A veces un caballero. Madrid: Alfaguara, 2001.
Juan Antonio Rivera. "La negra espalda de Javier Marías". Claves de Razón Práctica, nº111, abril 2001, pp. 68-76.


Sandra Navarro Gil
Doctora en Filología Hispánica
sandranavarro@mixmail.com

 

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