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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

RELATOS

Por Sergio Duran y Julio César
co.torrente@auna.com
 
MEDIO LIMÓN

Annubis se concentraba en las páginas de un viejo libro desgastado. Quizás era demasiado viejo para sus torpes manos, ya que no lograba que las hojas sueltas no se dispersaran por el suelo de la habitación. El capitulo siguiente estaría en algún lugar del suelo, en fin. Tendría que volver a buscar las páginas como le paso con el capitulo anterior. El libro que se titulaba “Mensajes subliminales del subconsciente”, no despertaba demasiado interés en él y se quedo dormido en el sofá, una buena siesta no le hacía mal a nadie.

- ¡Eduardo! - El grito de su abuela hizo que aquel maravilloso sueño se esfumara. Ella estaba en el piso de abajo pero el grito se escucho perfectamente en la segunda planta - ¡Te ha llegado correo!

- Sí, ahora mismo bajo - respondió, a la vez que pensaba ¿cartas para mí?

Bajó por las escaleras en medio de la confusión entre el consciente y el subconsciente después de despertarse abruptamente de la placentera siesta que estaba durmiendo hacia un instante. La señora Esperanza, que no tenía ninguna gracia, volvió a gritar sabiendo que estaba a su lado. Y lo hizo aun más fuerte.

Annubis identificó una de las cartas. Llevaba un sello rojo con un emblema dibujado en relieve. Eran dos espadas cruzadas con una serpiente entrelazándolas. Aquel símbolo que solo distinguían las personas de la organización “Hijos de la Noche”. Una organización de lo más parecida a una secta. Solo la gente elegida con un propósito entraba en ella, y actuaban en coordinación unos con otros desarrollando actividades inusuales, que tendrían consecuencias en el destino de la humanidad y de la tierra. Era una secta secreta que no rezaba a ningún dios, ellos mismos se consideraban dioses. De ahí venía el nombre de Annubis, este formaba parte del encabezamiento de la carta.

Annubis, nos dirigimos a ti nuevamente desde los Hijos de la Noche. Se ha investigado a una persona y necesitamos tus servicios para conseguir nuestro objetivo. Hemos manipulado un encuentro para que entres en contacto con esta persona. La señal que te permitirá reconocerla está relaciona con las manos, tendrás que observar y estar atento. Tu misión es manipular su destino. Tendrás quegolpear con tu pie la rodilla de esta persona, haciendo que pierda el equilibrio. Del resto nos encargamos nosotros.

Un saludo de tu amiga Fauna.

Annubis memorizó la carta lo más rápido posible, pero su mente era torpe y tuvo que repetir su lectura tres veces. Después, quemo la carta como hacía siempre. Era una de las habituales tareas que le enseñaron respecto a cartas recibidas por la organización. Se aseguro que la ceniza se convirtiera en polvo, y el polvo en tierra del jardín de su casa.

Una señal en las manos, ¿sería algún tatuaje?, este tipo de preguntas rondaron al día siguiente por la cabeza de Annubis. Tendría que investigar, y observar en busca de la señal.

- ¡Que demonios!, tendré que tener alguna idea - pensó.

- ¡Eduardo ven inmediatamente! - una vez más, su abuela volvió a despertarle.- deja de dormir y haz algo en la vida. - Bajo por las escaleras medio dormido dándose un golpe con el bajo techo de estas. Se llevo las manos a la cabeza. -¡Dios! que dolor-, y puso mas atención al bajar las escaleras.

- Dime abuela, ¿que quieres? - pregunto quejándose.

- Dame esta crema en la espalda, que no llego sola-, ¡¡pero quieres venir ya!!- la paciencia no era una virtud de su abuela, que era astuta. Y no le importaba gritar un poco más fuerte, incluso aunque estuviera a su lado, cosa que sacaba de quicio a Annubis.

- Sí, ¿esta? - dijo cogiendo la crema que se encontraba encima de la mesa.

- ¡Claro! ¡¡¡Cual va a ser si no!!! - grito su abuela - ¿¡Por que serás tan torpe!?

Depositó una pequeña porción de crema en sus manos, y con un pequeño masaje la esparció por la espalda de su abuela. Y pensó que así podría llegar más lejos, continuo el recorrido por los hombros hasta llegar a las manos. Repitió este proceso hasta que la crema se dispersó completamente. Algunas ideas le acudieron a la cabeza, podría seguir evolucionando esta técnica. Pensó, que quizá con el paso el tiempo daría con una crema o loción que le ayudara a quitar los dolores del cuerpo, y poder utilizar la técnica cada vez que quisiera.

Su abuela se quedo dormida, parece ser que el masaje había echo su efecto. Annubis se sentía orgulloso. Pensó en gritarla para despertarla, como ella hacia con él. Pero recordó que una vez que lo intento, recibió una sonora bofetada de su abuela y como venganza ese no preparó la cena. Sería mejor que las cosas continuaran como estaban, y dejar que el sueño siguiera su curso.

Ya tenía una idea sobre la señal de las manos. Intentar quitar el dolor acariciando con sus manos, y llego a la conclusión que tendría que seguir con el tratamiento de su abuela, pero antes de eso buscaría una forma de reforzar la técnica. Busco en cuarto de aseo alguna crema, o ideas que atrajeran a otras ideas. Tendría que buscar algo básico, alguna forma de evolucionar la técnica. Como siempre la respuesta no vendría de inmediato, podrían pasar meses e incluso un año para seguir evolucionando la técnica. Llegó a la conclusión de que tendría que memorizar una señal para activar la técnica, e inconscientemente toco su hombro derecho con la mano. Se dijo así mismo que esa sería la señal. Era sencillo, a veces las cosas ocurren por arte de magia. ¿Magia? Una sonrisa maquiavélica apareció en su rostro. La manipulación del subconsciente, pensó.

- ¡¡Eduardo!! - grito su abuela desde la cocina. Eduardo se encontraba en el salón viendo la televisión - Tráeme un limón del limonero del jardín.

- Pero si todavía están verdes - respondió Annubis con tono desinteresado.

- ¡¡Mira que eres vago!! - grito su abuela.

Annubis dio un salto del sillón. Su abuela estaba detrás del él. Esta vez le había pillado desprevenido. Y salio corriendo al jardín antes de su abuela le maldijera chillando. Llegó al jardín que estaba detrás de la casa, cogió el limón mas maduro que pudo encontrar, ósea ninguno. Y fijo su vista hacia abajo. ¿Y esto?, se dijo. Había un limón pequeñito justo debajo del limonero. Se debió caer con el viento. Era muy pequeño, le hizo gracia, pero no a la señora Esperanza que gritó maldiciendo a Annubis. Con un cuchillo dividió el pequeño limón por la mitad, estaba completamente verde, no encontró ninguna sorpresa en él. Pero el olor le atraía. Pensó en si existiría alguna crema o colonia con aroma a limón. Habría montones se corrigió a si mismo. Pero le fascinaba aquel olor fresco e intenso. Y tuvo la gran idea de tocar la mano con su hombro derecho, como si quisiera activar la técnica que se le había ocurrido. Y acto seguido froto la mitad del limón por los hombros, brazos, hasta llegar a las manos. El aroma era gratificante. Pensó que si las culturas antiguas aromatizaban su cuerpo con el aroma de las más diversas frutas. Era una buena idea, y una idea antiquísima. Esto podría dar como resultado una buena técnica con el tiempo. Desde luego aquel día había resultaría interansante.

En aquella misma tarde en ese sofocante verano que dejaba el asfalto de la carretera apunto de derretirse. Tres cochescon las ventanas opacas, salidos de alguna película de gansters frenaron con un chirrido delante de la casa de Annubis. Se bajaron dos hombres de cada coche. Llevaban puesto un traje negro bien planchado, a conjunto con unos negros pasamontañas. Menos mal que era verano, y disimulaban un poco. Bueno, un poquito nada más. Sacaron sus armas, y se dividieron alrededor de la casa. Uno de ellos propino una patada a la puerta principal. Y claro, se hizo daño. Pensaría que la puerta se abriría o algo parecido, pero la puerta solo tembló en su marco. Menos mal que otro de ellos extrajo un moderno ariete mecánico del maletero de uno de los coches con el que consiguió en poco tiempo tirar la puerta abajo.

- ¡¡Al suelo!! No se muevan - entraron en tropel con las armas en la mano apuntando en varias direcciones, hasta que encontraron a Annubis en el sillón del salón.

- ¡¡Eduardo!! Han venido a buscarte tus amigos - grito la abuela. Annubis de despertó con un arma apuntando entre ceja y ceja.

- Eduardo Montoya, queda detenido por pertenecer a una célula terrorista - dijo el hombre mientras esposaba a Annubis - tiene derecho a un abogado, si no tiene ninguno se le asignará uno de oficio…

- ¿Pero que yo no...? - recibió un golpe en la cabeza. Annubis quedo aturdido.

Lo sacaron a rastras de la casa. Abrieron la puerta trasera del primer coche y lo introdujeron dentro. Había un hombre sentado a su lado. Otros dos coches llegaron, salieron más agentes, esta vez ya vestidos de policías, y se introdujeron en la casa. El agente que estaba sentado a su derecha indicó al conductor con una señal que arrancara el coche. Otro coloco la sirena en techo desde su ventana, y salieron a toda velocidad calle arriba con las sirenas interrumpiendo la siesta de los vecinos. Todo fue muy rápido, Annubis aturdido comenzó a darse cuenta de la situación. Seguramente habían descubierto su pertenencia a la organización. Tendría que ser cauteloso y no delatarse, por que su vida podía corría serio peligro.

-¿Pero que saben? - Pensó en un primer instante - Nosotros nos dedicamos a manipular el subconsciente de las personas, pero no cometemos actos terroristas. Solo manipulamos las acciones de políticos, científicos, personas famosas o de la gente mundana. Son solo conjeturas, pero ninguna acción terrorista física. No colocamos bombas, y ni asesinamos a nadie. O al menos eso creo.

La habitación pintadas sus paredes de color claro con un gran espejo empotrado en una de ellas estaba vacía, excepto por dos sillas, una enfrente de otra y en medio de ellas una mesa de cristal. Forzaron a Annubis a sentarse en una silla. En ese instante un hombre con camisa blanca y expresión pétrea entraba en la estancia y tomaba asiento en la silla que quedaba libre

- ¡Escúcheme atentamente! - Dijo el hombre dejando una carpeta encima de la mesa, y sonriendo placidamente.- si usted colabora con nosotros, también nosotros colaboraremos con usted - dijo tranquilamente. Su tono de voz era pausado y a la vez reconfortante. Annubis pensó mejor en escuchar, en vez de hablar por los codos.

- ¿Es usted Eduardo Montoya? - hizo una pausa, mirando directamente a los ojos -¿conocido como Annubis?.

- Sí, soy yo - ¡Dios! que va ser de mi, ¿seria mejor pedir un abogado? Pensó. Pero aquel hombre le transmitía tranquilidad.

- ¿Es usted miembro de la organización terroristaEDSLA? - dijo el interrogador, que no apartaba la mirada de él.

- ¿EDS… que? - Annubis quedo confundido.

- ¿Es usted miembro de la organización terroristaEDSLA? - repitió el agente sin mover ni una pestaña.

- Hijos de la Noche querrá decir - Annubis ya no sabia que hacer. Nunca había oído ese nombre.

- ¿No estuvo usted en china el mes pasado?- pregunto el agente.

- No, ¿yo?, pero si nunca he salido del país - Annubis estaba totalmente confundido por la situación.

- ¿Conoce a estas personas? - el agente bajo la mirada a la carpeta, abriéndola y mostrando dos fotografías.

- No, no - las miro fijamente. No conocía a esas personas, ni siquiera sabia cuantos miembros formaban parte de los Hijos de la Noche.

El agente, hizo una pausa, y volvió a mirar fijamente a Annubis.

- Entonces, ¿Niega pertenecer a esta organización?.

- Sí, nunca he oído hablar de esa ESDLA o como se llame.

- ¿Que quería decir con, Hijos de la Noche?, esa organización que usted a mencionado ¿que objetivos tiene?

- Nosotros manipulamos el subconsciente de las personas con unas técnicas secretas que solo nosotros conocemos - dijo Annubis con el tono más convincente que pudo poner.

- ¿Manipular el subconsciente? - al agente se le escapo una leve sonrisa, pero se corrigió inmediatamente, elevando el tono de voz continuó - ¿estas en tratamiento psiquiátrico actualmente? Sabemos por tu historial medico que has estado en tratamiento anteriormente.

- Aunque no estuviera cuerdo, no me daría cuenta - Las palabras salían de la boca de Annubis de manera automática.

- Bien, esto ha sido todo, gracias por su tiempo señor Montoya - cerro la carpeta, y salio de la habitación.

Dos hombres entraron y cogieron a Annubis por la espalda, ayudándole a levantarse de la silla ya que Annubis seguía con las manos esposadas a la espalda. Le condujeron escaleras hacia abajo, hacia el sótano la zona de las celdas se detuvieron delante de la más cercana y vio a un hombre encerrado en ella. Le quitaron las esposas, y le dejaron en aquella celda con aquel hombre que no era muy alto, llevaba un traje ajado y roto que dejaba entrever unos fornidos brazos, en su cara una nariz con un tabique torcido terminaba de darle un aspecto de malo de película barata.

- ¿Y tu que has hecho? - el hombre de la celda se dirigió a Annubis sonriendo.

- Soy terrorista - afirmo Annubis con la cara totalmente seria. El hombre dejo de sonreír, y se puso algo nervioso. El miedo se reflejo en su cara.

- Yo solo... - titubeo y no consiguió terminar la frase.

Al fijarse más Annubis se dio cuenta de que las manos de aquel hombre estaban llenas de moratones. Una luz se encendió en el fondo de su cabeza seguramente esa era la señal que esperaba. Todo empezaba a tener cierta lógica. Los Hijos de la Noche le habían delatado como terrorista, para que coincidiera con ese extraño personaje. Dios, ¿todo este lío solo para darle un golpe en la rodilla a este hombre? Pero Annubis buscaba más respuestas. No estaba conforme con la situación. ¿Como saldría de allí?

- ¿Que le ha ocurrido en las manos? - Preguntó. Quería llegar al fondo del asunto.

- Me han golpeado con un martillo - el hombre se relajo un poco - Pero no han sido los policías, han sido los vigilantes del casino.

- ¿Te han cogido haciendo trampas? - creyó que la pregunta era tonta. Segurísimo que le descubrieron, y le propinaron esos golpes en las manos. Annubis toco su hombro derecho con la mano, en un movimiento sin levantar sospecha. Y se acerco al hombre

- ¿Me las puedes enseñar?, por favor

- Todavía me duelen - el hombre se acerco a él, y se las enseño.

- Déjame a mí, que tengo una crema… - y acaricio las manos del hombre con suavidad, como había practicado con su abuela.

- ¿Pero que dices, donde está la crema? - el hombre vio que Annubis tenía las manos desnudas.

- Tranquilo - y siguió mentalizando a su subconsciente para que quitara el dolor de las manos, llego a los brazos y acabo con los hombros. - ¡Ya esta!

- ¿Que has echo?- el hombre quedo confuso, y aparto las manos desconfiando - ¿estas loco o que?

- Soy un brujo terrorista - no se le ocurría otra cosa más coherente que decir.

- ¡¡¡¡Joder!!!! El que me ha tocado - el hombre se acerco a la puerta - ¡guardia, guardia, cámbieme de celda que este tío está loco!

Annubis recordó que tenía que golpear la rodilla para que perdiera el equilibrio según las instrucciones de la carta, se acerco a él. El hombre desconfió y se retiro, pero demasiado tarde, Annubis golpeó con su pie la rodilla del hombre y este respondió propinándole un fuerte puñetazo, que dejo Annubis con inmenso dolor en la mandíbula. El hombre no había perdido el equilibrio, ¿que habría echo mal?

- ¿Pero que hacéis? - pregunto el guardia bajando por la escalera.

- ¡Este tío esta loco, me esta pegando patadas!- se quejo el hombre fornido.- dios!!!! que dolor.

- Ahhhhh, que dolor, este hombre me ha pegado un puñetazo - Annubis respondió balbuceando.

Vinieron dos guardias más. Abrieron la puerta, y cogieron al hombre fornido para llevarlo a la celda contigua. Annubis se levanto y le propino otro golpe en la rodilla. El hombre perdió el equilibrio y cayo encima del primer guardia. Su peso no permitió que el guardia le sujetara, dandose un fuerte golpe con el suelo dejandole totalmente inconsciente Otro de los guardias entro en la celda y le propino a Annubis una serie de porrazos que le dejaron la espalda como nueva. Pero había conseguido lo que le había pedido la organización. Annubis se sintió orgulloso. Los guardias intentaban saber el estado del hombre fornido. Cuando el jefe de policia entro en escena, se decidio transportar al hombre a un hospital. Amenzaba con quitarles la paga del mes.

¡¡ Eso no!! - penso annubis, que ya tenia bastante con su espalda dolorida, otra visita del ultimo guardia y quizas tendria que acompañar al hospital al hombre fornido. Annubis se escondio en la celda, quedo mudo como una estutua en un museo.

Al día siguiente. Se despertó en medio de una celda. - ¿En una celda? ¡Ah claro!, soy un terrorista - asintió en sus pensamientos. Un guardia bajo por las escaleras, acompañado del hombre que le interrogó el día anterior.

- Señor Montoya, hemos corroborado su historia. - El guardia abrió la celda - usted pertenece a otra banda terrorista que desconocemos - ironizo sonriendo.

Annubis salio con una sonrisa de oreja a oreja. Nadie le esperaba en la puerta de la comisaría, pero le daba igual. Un agente le dio un par de billetes para que cogiera un taxi, y con unas palmaditas en su dolorida espalda trataron de borrar lo que había sucedido. Mejor callarse, pensó Annubis. Cuando Llegaba a su casa vio aparcado un coche deportivo que ya conocía. Era el coche de Fauna, su contacto en la organización de los Hijos de la Noche, una rubia bastante imponente.

- Encantada de volverte a ver Annubis - sonrió - Me acaban de informar que has salido del apuro, no pensarías que íbamos a dejarte ahí encerrado. Tu abuela ha sabido defenderte, debes darle las gracias.

-¿Y todo esto para que ha servido? - pregunto dudoso.

- Todas tus respuestas están en este sobre - extendiendo un sobre hacia él. Llevaba el sello de la organización. Acto seguido Fauna se despidió con un beso, haciendo que Annubis se sonrojara.

Bueno, después de todo me lo merezco, pensó Annubis. Y vio el deportivo rojo con la preciosa chica rubia alejarse.

Fijo su atención en el sobre, pensó en una compensación económica, demasiado fino, quizás un cheque al portador, ¡que ilusión! Su abuela le grito de inmediato nada más verle, pero Annubis solo quería abrir el sobre, tenia curiosidad. Paso por delante de ella sin siquiera mirarla y se sento en el sillón del salón como un dios, abrió el sobre sacando la solitaria hoja que contenía y leyó su contenido:

Annubis enciende la televisión

Se desilusiono, al fin y al cabo no sería una compensación económica, cogió el mando del televisor y lo encendió.

En ese instante apareció en la pantalla el encabezado del avance informativo de la mañana.

“Noticias de esta mañana a primera hora.”

 “En la carretera nacional cuatro, a las afueras de la ciudad se ha producido un accidente entre un coche y una furgoneta de la prisión que transportaba a un preso. El preso está siendo buscado por la policía que consiguió escapar tras el accidente ya que dejo inconscientes a los guardias. Debido a que utilizó un producto para deslizar la esposas de sus manos. Pero la noticia más destacada del suceso, es que el conductor del otro vehiculo ha sido reconocido como el cabecilla de la célula española de la banda terrorista EDSLA, que murió en el acto tras fallar el airbag del coche. Afganistan, su país de origen, pide el cuerpo del terrorista muerto, el ministerio de asuntos exteriores..... “

EL ACUARIUM

Como explicar que todo esta relacionado, hasta la mosca que hay en el cristal de este vagón tiene que tener alguna relación con todo lo que sucede a mi alrededor. Estoy seguro que ha llegado volando desde la ventana del hombre que hay a mi izquierda, sentado en los asientos del tren. Atravesó su recorrido volando hasta a mí para que yo me diera cuenta de que aquella persona me estaba mirando- pensó Annubis mientras se acomodaba con la música de fondo que llevaba el tren. Era la sinfonía del nuevo mundo. La verdad es que a Annubis le gustaba mucho, y ¿a quien no? Había 6 personas en el vagón contando con él, dispersados por todo el vagón. No debía haber mucha gente en la ciudad. Era a principios de julio, mucha gente habría cogido ya sus vacaciones. Todos los andenes de las estaciones por la que pasaba el tren estaban medio vacíos. Solo a veces se veían los limpiadores pasar la alfombrilla despacio como si el tiempo no transcurriera.

Annubis empezó a divagar con el bote de Acuarium que había dando vueltas por el suelo del vagónsin dirección. Llego hasta a los pies de uno de los hombres que había sentado más al fondo. Al fin dejo de rodar, ceso el ruido de la lata de refresco. Un refresco revitalizarte de la marca Acuarium, que tenia como eslogan “Deporte es igual a salud”. ¡¡A su salud!! Y la de aquel hombre que tosía al final del vagón. Una tos seca que se escuchaba en todo el vagón. Annubis no lograba verle desde su asiento, pero sentía como el hombre cada vez tosía con más fuerza y hacia esfuerzos por suavizar la garganta.

Al salir del tren bajo por la escalera mecánica. Había hecho este recorrido muchísimas veces. La estación de tren estaba a diez minutos exactos por las diversas calles hasta llegar a casa de sus padres. Durante el transcurso del camino encontró a la gente muy agitada. Ni que aquello fuera la gran vía. Demasiada agitación, pero había un silencio inusual. Al llegar a casa su madre estaba nerviosa.

  • Por fin has llegado Eduardo – le copio de la mano – ¿Es que no has visto las noticias?
  • No, he salido temprano – se acerco a la televisión. Y se quedo asombrado.

... “todavía no sabemos con exactitud el numero de muertos. Pero según las informaciones pueden llegar a decenas. Repetimos que Londres ha sufrido un atentado terrorista a primera hora de la mañana. Se han inmolado en el ataque terrorista más sanguinario que ha sufrido Londres en su vida. Las autoridades todavía no quieren revelar información de los terroristas. Pero todo da a suponer que han sido...”

  • ¿¡Dios, pero cuando ha sucedido!? – Annubis se puso nervioso al ver una serie de imágenes que sacudían inconscientemente a su cerebro, los cadáveres, la sangre, la gente llorando y maldiciendo el acto cruel de aquel atentado.
  • Por eso estaba preocupada, como no has dicho que venias – cogió el teléfono y llamo al padre diciendo que había llegado a casa. Ahora estaba mas tranquila.

Annubis empezó a ver la televisión dolorido, no dejaba de ver las imágenes sorprendido, y se dio cuenta que repetían las mismas imágenes una y otra vez, aun así no las asimilaba bien, eran demasiado violentas y desesperantes. Se empezó a imaginar el atentado como si le hubiera sucedido a él. Se puso en el papel de las victimas, y se le puso la piel de gallina. El escalofrío recorrió su cuerpo rápidamente cuando se imagino la violenta explosión esparciendo sus sesos por el vagón descuartizado. Uffff, una vez más demuestran los humanos que solo saben destruir, pensó. Se fijo en la pantalla, tenia que observar bien las imágenes. Y por sorpresa descubrió en una de la imágenes un bote de Acuarium, ¡¡¡¡dios!!!! Esta mañana cuando viajaba en el tren también había un bote de esa marca. Una coincidencia que tendría que ser investigada. ¿Pero que demonios hacia con un simple bote?, siguió meditando dándole vueltas a su cabeza. Su única opción era buscar una relación entre el Acuarium y el atentado. ¿Pero como?

Estaban llegando a finales de julio, la gente recorría el aeropuerto agitadamente, desorganizada en las largas filas de espera. Algunos se abanicaban con folletos de las compañías de viaje desesperados por el bochorno de aquel día. El Stansted, uno de los aeropuertos de que estaba a ochenta kilómetros de la ciudad, estaba colapsado de viajeros de que querían disfrutar del relax de las vacaciones. El personal intentaba calmar las quejas de algunos viajeros insatisfechos.

Como en todos los aeropuertos había retrasos en la salida y llegada de los aviones. Fauna todavía estaba esperando a su maleta en la sala de llegada de viajeros. Había llegado hacía media hora, y todavía estaba esperando que la maldita maquina escupiera las maletas correspondientes de su vuelo. No tardo mucho, las cintas rodadoras empezaron a moverse y en un panel electrónico apareció el número de su vuelo. Fauna sonrió, y cogió lasdos maletas que traía con ella. Era una mujer de rasgos nórdicos, pequeños y hermosos, que harían que cualquier empleado de los que estaban allí le indicaría el camino a un sueño erótico. Su cabello rubio claro, y su alta estatura se había descrito en los relatos de los elfos que habitaban en el mundo Tolkein. Era preciosa, pensó ella. No cabía la duda que ella era un poco creída y con razón. Pero esta mujer joven ocultaba un secreto. Era una de los manipuladores de la organización de los Hijos de la Noche. Una secta secreta que manipulaba las circunstancias y el destino de la humanidad. Un escorpión que con su picadura envenena el subconsciente de las personas, manipulándolas. ¿Con que fin?

  • Please, one moment – la mujer agente de seguridad le indico con señas que tenia que pasar por la maquina de metales. Sabia hablar perfectamente ingles, pero era mejor ser la turista tonta que no conocía su idioma. Tonta, pero a la vez hermosa. Si el demonio tuviera apariencia, seria como ella, pensó en si misma, dejando una sonrisa al otro agente que acompañaba a la mujer, que a la vez con un gesto elegante con la mano de un lord ingles dejo pasar inmediatamente a la rubia. ¡¡Dios!! pero que hermosa soy. Y que engreída era aquella joven.

En el momento que le pidieron el pasaporte para sellarlo. Se echo la mano al bolso y empezó a sacar cosas como una loca ¿donde estará? Después varios de minutos y de vaciar el bolso sobre la mesa, empezó a desesperarse tanto Fauna como la agente que estaba enfrente de ella. ¿Se lo habrían robado? ¿O que? Un agente se acerco a ella, y le hizo una señal para que le acompañara. Sonrió, pero aquel agente debería ser gay, por que estaba bastante serio. Y volvió repetir la señal. Los dos entraron en una habitación donde había más agentes. La indicaron que se sentase en una silla.

  • You speake… ¿habla nuestro idioma? – dejo sorprendida a Fauna. Un acento extraño, pero reconocía su propio idioma.- Es igual, nosotros sí hablamos el suyo. Veo que viene desde Madrid. ¿Como ha conseguido pasar por la aduana sin pasaporte?
  • ¡¡NO!!, yo tenía el pasaporte – dijo algo nerviosa. - Lo tendré en algún sitio.
  • Le debemos comunicar que sin el pasaporte tendremos que obligarla a pertenecer aquí hasta que hablemos con el aeropuerto de Madrid.- el agente dejo claras sus intenciones. Y dijo a su compañero en ingles, que se pusiera en contacto con Madrid. - ¿Con que motivo ha viajado a Londres?
  • Soy turista – sabia que de poco iba a servir hablar de su amiga Laura.
  • ¿Cuanto tiempo... espera quedarse en nuestro país?- el agente intento repetir la pregunta, dudando si había pronunciado bien el español. Pero Fauna le entendió perfectamente. Estaba algo nerviosa y lustrada. No sabía como solucionar aquello.

En ese momento un teléfono a las espaldas del agente empezó a sonar. El agente se levantó, indicando a Fauna que esperara y fue con paso precipitado en dirección a la mesa del teléfono.

  • Hello!, Departament aduane airport of Stansted – pregunto el agente intentando oír algo con el bullicio que había en la otra habitación. Los guardas se encontraban algunos en su descanso. Fauna también inclino la cabeza en ademán de intentar concertarse en la conversión.
  • ¡Atentado terrorista en londres!, four man and bote Acuarium and enfermo man- el agente intento descifrar algo de lo que estaba escuchando- What?, Spanish?. Fauna inclino más la cabeza para prestar más atención.
  • Yes, soy español, ¿Can you understand me? - la persona que hablaba al teléfono, conocía poco el idioma ingles – ¡Atentado terrorista!, dentro de poco va a suceder.
  • Desde donde nos esta hablando – el agente se empezó a preocupar, no sabia si era una broma, y si a si fuera, no le haría mucha gracia. Un compañero fue herido de gravedad hace dos semanas en atentado que Londres sufrió. Y quedo en silla de ruedas.- Please, ¿de donde nos esta llamando?. Le entiendo perfectamente, pero...
  • ¡los terroristas llevan un bote Acuarium y uno de ellos esta enfermo!- intento explicarse, pero el agente no entendió esta ultima frase - se dirigió a Fauna, y le pidió que cogiera el teléfono.
  • Please, no entiendo lo que dice this man, what? Repeat please – el agente se puso algo nervioso.

Fauna cogió el teléfono y escucho la frase que repetía una y otra vez en español - Thanks, ¿le entiende?

Fauna entendió perfectamente lo que decía, y se pregunto si esto no formaba parte de algún plan de la organización de los Hijos de la Noche. La persona en cuestión estaba dando pistas sobre un atentado terrorista. Y aquellos datos solo los podría entender un manipulador experimentado. Miro el número de teléfono que estaba en la pantalla del receptor, y lo memorizo. El agente no se fijo en ella., estaba pensando en llamar a su superior, pero antes tenia que saber lo que no lograba entender en el otro idioma. Por un momento desconfió de ella, y si estaban engañándolo o poniendo a prueba ya que llevaba poco en el servicio. ¡No! Es demasiado extraño. Podría jugarse el puesto si llegaban a descubrir que había dejado un teléfono a un viajero sin pasaporte. Y le quitó de las manos el teléfono a Fauna y lo colgó fríamente.

  • Sorry, he cometido un error en dejarla el teléfono – la indicó que cogiera otra vez siento. Su rostro cambio seriamente y maldijo aquella situación. - ¿Podría traducirme la frase del teléfono?
  • Agente, la persona explicaba cosas incoherentes – dijo Fauna - creo que era una persona obsesionada con el terrorismo. Podría localizar ese número de teléfono, y avisar a las autoridades para abrir una investigación, u olvidar lo sucedido.
  • Sí, debería – el agente desconfiaba. Pero en ese momento entro otro agente comunicándole que los datos de la señorita eran correctos- Good, la dejaremos marchar, pero tendrá que ir a su embajada y pedir un pasaporte o un visado especial para su estancia en Londres. Le pido que acepte mis más sinceras disculpas señorita García, puede irse tranquilamente.

Fauna no tardo mucho coger uno de los taxis que se encontraban en la salida del aeropuerto. La casa de su amiga Laura estaba a dos horas de la estación. No era la primera vez que iba a Londres, donde conoció a su amiga, de padre ingles y madre española se habían conocido accidentalmente en una cervecería de Londres. Y habían seguido siendo amigas, a pesar de la distancia. Laura había decidido independizarse hacía poco y vivía en un piso pequeño de alquiler cerca de la estación de metro de Warren Street. Una calle muy transitada por los londinenses en pleno pulmón de la ciudad. Fauna pregunto las señas de la embajada española al taxista. Se acercaría por la mañana temprano, después de aquel viaje, quería asegurarse de no tener otro percance con las autoridades locales, se había asustado en el aeropuerto. ¡Y claro! Debo llamar por teléfono - pensó.

Laura la recibió con los brazos abiertos, también era guapa. Quizás más irlandesa que londinense. Su pelo rojo anaranjado la delataba. Pero aquello era normal en Londres, una mezcla de razas que habitaban en Warren street, y en Londres en general. Era un antiguo edifico sin ascensor, Fauna sin aliento después de subir tres plantas cargada con las maletas, se dejo caer rendida en el único sofá que había en la casa, estaba en el salón. Relató la historia a Laura, quedando esta sorprendida, escuchando y tranquilizó a Fauna con una cerveza tibia, no le dio tiempo recordar que no estaba en España, ¡pero que demonios!, una cerveza nunca se rechaza.

Annubis bajo a la calle, había decidido comprar un bote de Acuarium. No sabía por que, pero tenía que comprarlo. Era algo extraño, llamémoslo intuición, simplemente. Esperaba encontrar alguna respuesta a sus preguntas. De camino hacia la tienda, había una comisaría con bastante gente esperando a las puertas. Desconocía la razón, pero acaba de ocurrir un atentado en Londres, y la gente en estos momentos tediosos es impredecible. ¿Cuatro hombres? ¿Un bote? ¿Un hombre enfermo? ¿Serian cinco hombres en total?, pensaba. Eran datos que recordaba de su viaje en el tren, pero no sabia si guardaban relación alguna. Lo único que tenia en mente era aquel bote naranja y azul de Acuarium. Llego a la tienda, un chino bajito le atendió por encima del mostrador. Y compró el dichoso bote. ¿Y ahora que? Recordó que también tenia comprar tabaco, y el dependiente de la tienda le recordó que el no podía vendérselo. Medidas drásticas que había tomado el ministerio de sanidad y consumo. Había decido ir a un bar, sitio en que sí estaba permitida la venta del matarratas. Intento meter las monedas por la ranura de la maquina de tabaco, pero las máquina las vomitaba constantemente. Hasta que el camarero le dijo que tenía que dar al dispositivo que se encontraba arriba de la pared. ¿Dispositivo? Pensó Annubis. Otra medida del ministerio. Era un dispositivo que el camarero tenía para activar la máquina de tabaco, medida optima para conseguir que los menores de edad no comprasen tabaco. Pero como el camarero estaba cansado de pulsar el botón cada vez que querían comprar en la máquina, decidió pegarlo con cinta adhesiva en la pared. ¿Que curioso? ¿Un dispositivo? Annubis seguía obsesionado con sus preguntas. Podría ser un dispositivo para detonar una bomba, ¿que tontería se me acaba de ocurrir? Y siguió pensando de camino a su casa sobre el atentado. 

Al día siguiente Laura despertó a Fauna con alegría y un buen desayuno con zumo de naranja y tostadas con mermelada. Fauna tenía sueño, no se acordaba que en Inglaterra eran muy madrugadores. Miro el reloj ¡ufff! Al cabo de cuarto de hora Laura volvió a despertarla, la cogió de los brazos y la arrastro hacia el salón. Las tostadas y el café se habían quedado fríos. Todavía no había amanecido y Fauna termino de desayunar. ¿Que haría? ¿Volverse otra vez a la cama? Pero recordó el teléfono del chico que había llamado al aeropuerto, y decidió despertarle a él también. Había memorizado su número. Y lo llamó desde su móvil.

  • Si, ¿quien? Son las 5 de la mañana… – había despertado casi a toda la familia. Una llamada a estas horas o era un gracioso o una mala noticia, pensó Annubis - ¿quien es?
  • Ayer llamaste a la oficina de aduana del aeropuerto, ¿lo recuerdas? -Laura estaba peinándose en el cuarto de baño, ocasión perfecta para una Hija de la Noche.
  • ¡Sí! Soy yo – Annubis cerro la puerta de su habitación - Gracias por avisar a la policía, yo solo quería advertir a las autoridades de Londres.
  • Tú también ves esas señales. ¿sabes a lo que me refiero? - Fauna hizo una pausa, aquel era un tema delicado que tenia que construir bien - Yo desde muy pequeña las veía, son como señales que se relacionan unan con otras, y de esa manera puedes descubrir cualquier cosa, incluso el futuro o el próximo movimiento de la luna. Es el universo entero a tu disposición, solo hay que descifrar dichas señales y combinarlas.
  • Si, pero creía que era el único que las veía – Annubis se quedo sorprendido, aquella persona sabía muy bien lo que estaba sucediéndole a él – no soy vidente ni nada parecido, es un conocimiento diferente. Ni siquiera encuentro libros o narraciones que hablen sobre lo que percibo. Todo el mundo lo atañe a una enfermedad mental.
  • No estás solo, hay más gente como nosotros, quizá las circunstancias hayan hecho que nos encontremos en el camino – Fauna sonreía de alegría, había encontrado a un Hijo de la Noche.
  • Hace dos semanas pensaba que podría hacer algo para atrapar a los terroristas, pero ayer repetí las mismas cosas que hice cuando ocurrió el anterior atentado en Londres- intento explicar Annubis.
  • ¿Las circunstancias se repitieron? - Fauna comprendió de inmediato, pero el tiempo siempre era un problema para este tipo técnicas, ¿cuando sucedería? ¿Como resolverían aquella encrucijada?
  • Se lo que significa. Tu tranquilo me comunicaré contigo después, ahora mismo no puedo hablar
  • Fauna se despidió con un beso mudo. Laura entraba en el salón, vestida completamente. ¡Dios! Si todavía no ha amanecido.

Las dos chicas bajaron por las escaleras aquel jueves 21 julio en un Londres. Las dos juntas iban de la mano como dos colegialas, a una cafetería famosa por sus cruasanes de fresa y nata. Aunque ya habían pasado más de la siete de la mañana, el sol abría sus puertas al nuevo día por la calle Warren. Tendrían que recorrer en metro para comerse ese fantástico cruasán. Pero las dos sabían que los chicos que almorzaban allí, eran complemente un almuerzo más apetecible para la vista. Laura indicó la entrada a la estación de metro Warren. Fauna andaba algo perdida, supuestamente no había estado nunca en aquella zona, quizás de paso en algún transporte publico. Pero no recordaba Warren es su recorrido turista de hace tres años. Había bastante gente a esas horas, faltaría poco para encontrarse en hora punta. La gente en dirección a su trabajo entraba con toda tranquilidad en el metro, un día más en sus agitadas agendas.

Las dos bajaron hasta el andén en dirección Baker street, apenas dos paradas de metro. Fauna no había convencido a Laura de no utilizar el transporte público. ¿Cuatro personas? ¿Un bote?¿Un enfermo? Aquella persona que estaba esperando el tren, llevaba un bote sin abrir, pero no de la marca Acuarium ¿todo le parecía sospechoso? Esa persona estaba sentada unos metros más lejos de ella. Fauna se acerco a un hombre sentado sobre unas hojas de periódico. Y decidió preguntarle en ingles.

  • Disculpe donde ha conseguido el refresco-. Fauna le sonrió tímidamente. Laura se echo las manos a la cabeza. ¿no le da vergüenza nada a esta chica? El hombre le miro, pero inclino la cabeza mirando levemente a otro que había al lado de Laura. Si creía que una manipuladora no se iba a dar cuenta de que había una mirada cómplice, ese hombre estaba loco. ¡Si no sabes observar, menos aun manipular!
  • En aquella maquina de allí – señalo el hombre, a unos metros se encontraba una maquina expendedora.
  • Gracias, perdone usted señor – ¡que tonta!, había una maquina en el anden, no la había visto por que dos hombres la tapaban con el volumen de su cuerpo y unas mochilas. Laura se quedo extrañada, preguntándose que demonios quería hacer Fauna.

El tren se acercaba, los raíles chirriaban con una vibración que estremecía a cualquier persona. Los viajeros salieron cuando las puertas viejas del vagón se abrieron. Una gran masa de viajeros impedía que ellas entraran en el vagón.

  • ¡Espera! Laura no entres – la cogió de la mano retrocediendo hacia la pared. Fauna estaba asustada, había algo extraño en aquella situación.
  • ¿Pero, que ocurre?- pregunto Laura confusa.
  • Tengo una sensación extraña, de que algo va ha ocurrir. - no supo decir el que, incluso ella se preguntaba que la retenía en ese anden. En ese instante, se dio cuenta que había cuatro hombres en el anden con inmensas mochilas. El resto de la gente había subido al tren. ¡Dios! ¿que hago?

Aquel hombre del refresco tampoco había subido al tren. También se quedo pensativo y volvió hacer la mirada cómplice. Fauna tenia que reaccionar, y fue directa a la maquina de refrescos.

  • Espera, voy a coger un refresco, tengo mucha sed – le dijo en voz baja a Laura. Y camino por el andén sonriendo con la estupidez reflejada en la cara de una chica guapa. Abrió el monedero, cogió dos libras y las introdujo en la maquina. ¿Pero que? Aquella maquina no vendía refrescos, era de barritas de chocolote. Y por su mente vago la conversación con el hombre que estaba sentado cerca de ella. “En aquella maquina de allí”. Su cara cambio completamente. Pero cuando miro hacia Laura, ya no estaba en el andén. ¡¿Lauraaaa?!.
  • ¡policeman! ¡policeman! - grito Fauna mientras corría por el anden. El hombre del refresco se interpuso delante de ella, y saco un cuchillo empuñándolo.
  • ¡No se mueva! - Fauna noto el acento extranjero de aquel hombre y vio el cuchillo, poniéndose más nerviosa aun.- ¡No hable o la matare!

Los otros dos hombres hablaban en otro idioma, pero era obvio que estaban maldiciendo aquella situación. El más oscuro de piel intento tranquilizar a su compañero. Hizo una señal al hombre del abrigo negro que estaba impidiendo la huida a Fauna, señalando a los raíles del tren. Fauna lo entendió, la querían secuestrar. No la iban a arrojar a las vías, el conductor del tren se daría cuenta, y sus planes acabarían en un atentado fallido. ¿Donde estaba Laura y el otro hombre? Tenia que pensar algo rápido antes de subir al vagón. Esta gente se inmolaría en la explosión sacrificando sus vidas. No seria ella quien acabaría bajo techo. Al bote, y Fauna le propino una patada en la mano que lo soltó hacia las vías. El hombre no supo reaccionar, miro a las vías buscado el bote mientras la rubia, salio corriendo hacia las escaleras. En ese momento empezaron a vibrar los raíles, el tren llegaría en cualquier momento. Los hombres de las mochilas gritaban señalando a las vías. Saltó cuando localizo el bote ¿que tendría de especial? ¿Los hombres no la seguían?, pensó ella. Cuando se dispuso a subir por las escaleras vio a Laura inconsciente en el suelo, Y un hombre subiendo rápidamente. Se acerco a ella, pero lo único que se le ocurrió era gritar a la cámara de seguridad que había instalada al final de las escaleras. Laura tenía un pequeño chichón en la cabeza, miro a Fauna tratando de ver alguna herida que no encontró. ¿Que debía hacer en esa situación? Ella era una manipuladora, y se le había ido todo de las manos. Solo tenia las conjeturas de un chiflado que había hablado con ella por teléfono hacía escasas horas. ¡Soy una manipuladora, tengo que creer!, aunque las circunstancias estén en contra mía, se reafirmo a si misma. Y retrocedió mientras escuchaba tiros desde arriba de las escaleras. ¿Quizás atraparían al terrorista? Solo quedaba una cosa por hacer. ¡El detonador!

Fauna miro por rabillo del ojo como subían los hombres al tren. Y se camuflo con la gente que salía del un vagón. Las puertas se cerraron tras ella en un vagón posterior al de los terroristas. La gente que estaba dentro del vagón la miro de arriba a abajo. Alguno solo vio un cuerpo que hierve la sangre, y otros la belleza interior del sujetador. ¡Claro! Ella conservaba su belleza, pensó. ¡Que arma puede tener una mujer mejor que esa!

  • Por favor, disculpe- sonrió como una autentica seductora a un hombre joven y a puesto que estaba sentado – ¿este tren donde acaba su recorrido? Un hombre mayor se levanto y le dejo su asiento con un gesto cortes y una sonrisa de pervertido. Ella se negó, miro por el cristal al vagón anterior donde vio a los terroristas sentados, con toda la tranquilidad del mundo, en asientos diferentes con sus mochilas en el regazo. El hombre del abrigo negro todavía llevaba el refresco en la mano.
  •  
  • Aaahhh – el joven hizo un gesto intentando recordar.- ¿pero a donde quiere ir? En la siguiente estación hay varias líneas de tren-. Fauna se quedo pensativa, ¿tendrían que dividirse? Debería fijar su atención en el hombre del detonador.

No se preocupe, - y se sentó en el asiento que el viejo pervertido le había dejado libre – tendría que estar atenta en la siguiente pajarada. Era una lastima que no pudiera utilizar el móvil, suponiendo que no había cobertura en el subsuelo. Pero recordó que los trenes tenían un dispositivo de apertura de puertas en caso de emergencia, y un freno independiente en cada vagón. ¿Podría utilizarlo? Pero en ese caso los terroristas podrían detonarse en ese mismo vagón. Sabían que uno de ellos había huido en la estación de Warren, pero estaban totalmente tranquilos. Como si todo estuviera planeado.

En un acto inconsciente se fijo en la búsqueda de señales, dejando que la intuición decidiera su destino. Era una técnica cuyas respuestas eran rápidas, poniendo sus cinco sentidos en alerta a cualquier señal e interpretando las respuestas. Fijo su mirada en el pequeño mapa de metro. Vio una línea naranja y otra azul del recorrido del tren. ¿Que significaría? Busco mas señales. En ese momento un hombre tosió y maldijo a los dioses. ¿Toser? ¿Dioses? Que más....

Algunos católicos le devolvieron el gesto con mirada de desprecio. El hombre seguía tosiendo, pero esta vez maldijo en voz baja. Fauna miro hacia la freno de emergencia. ¿Una manivela naranja? Y después se fijo en la puerta auxiliar azul que comunicaba con vagón anterior. ¿Naranja y azul? Ya sabía lo que iba suceder. El tren entro en la siguiente estación. Los pasajeros empezaron a levantarse del asiento colocándose en la puerta, para salir del vagón. Fauna, miro al hombre enfermo pero este seguía maldiciendo en voz baja, mientras aclaraba su garganta. No tenía intención de levantarse.

¿Cuando seria la señal? Las puertas se abrieron y aquel hombre de piel mas oscura bajo del vagón con su mochila al hombro, mezclándose con lo demás viajeros. Ya solo quedaban dos en el vagón anterior. ¿Ahora que? Y el tren reanudo la marcha entrando en el túnel subterráneo.

El hombre enfermo esta vez tosió con más fuerza. Y volvió a maldecir en voz alta. ¡Era ahora o nunca! Fauna rápidamente tiro de la manivela naranja. Y el vagón del tren emitió un sonido espeluznante, frenando de golpe. A los demás pasajeros no les dio tiempo actuar, y empezaron a perder el equilibrio.

  • ¿Que ocurre? ¿quien ha tirado del freno manual? - sonó una voz por el altavoz. Era el maquinista.
  • ¡Aquel hombre tiene una bomba! – y Fauna señalo al hombre enfermo.
  • ¡Me cago en Dios! - y empezó a toser compulsivamente.

Fauna miro a través del cristal. Y los terroristas se arrodillaron en el suelo rezando. Esto no pintaba nada bien. Busco una señal precipitadamente, sin saber que hacer. Vio un bote tirado en el suelo, de la marca Acuarium. Abrió la puerta azul auxiliar que comunicaba el vagón y se lo tiro a la cabeza de uno de los terroristas. Acto seguido se escucho un disparo detrás de ella. El chico apuesto había acertado plenamente al terrorista del refresco con una única bala en la cabeza. Desplazo con la mano apartando a Fauna.

  • ¡¿Hay más?! - pregunto a Fauna nervioso, pero muy seguro de si mismo.
  • ¡El bote, dispara al bote! - grito Fauna.
  • ¡¡¡¿Que?!!!- Fauna le dio un golpe en la mano y sin querer el agente de la INTERPOL disparo.

Una explosión brusca dejo conmocionada a Fauna y el resto de pasajeros. El hombre enfermo abrió la palanca de auxilio de puertas del vagón. Y la gente amontonada empezó salir. Fauna no escuchaba bien por uno de los oídos. Nadie había resultado herido. Los terroristas salieron huyendo del vagón, mientras el chico apuesto les seguía a punta de pistola. Fauna logro levantarse, y se dirigió al vagón anterior. Estaba vació, había un hombre con un abrigo negro tumbado en el suelo, encima de un charco de sangre y agarrando con la mano un bote. Aquel bote destrozado en cuyo interior había un pequeño dispositivo destrozado. ¿El detonador? ¿Como había conseguido acertar el chico al bote? ¿Acaso lo había manipulado con una sonrisa?, ¿seria tan guapa?, otra vez volvió a sonreír crédulamente.

Annubis estaba tumbado en la cama recordando aquella dulce voz de esa madrugada. No paraba de imaginarse como sería aquella chica. ¿Será morena? ¿Bajita? ¿Como será? Su madre interrumpió su sueño erótico, colocando su ropa en el armario. Y borro de su mente la imagen, y decidió mirar al monitor por si había alguien conectado en el Chat personal del ordenador. Solo había algunos usuarios que ni siquiera conocía. Y en ese momento una ventana emergente del navegador apareció. Annubis maldijo, ese maldito virus siempre le atormentaba. Pero esta vez había en la pantalla algo escrito.

 “Bienvenido Eduardo a la organización de Hijos de la Noche. Nosotros te ayudaremos a descubrir el secreto del universo. Todo esta relacionado entre si. Incluso aquella mosca que cruza su vuelodelante de tu monitor. Nosotros protegemos a nuestros hijos, y nuestros hijos protegen a la tierra de una gran destrucción. Serás llamado Annubis, dios egipcio que cruza los muertos a la siguiente vida... ”

Annubis aparto una mosca que no dejaba de molestar mientras leía en la pantalla ¡Que incordio de bicho! ....

 

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