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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS

Por Sergio Presta
sergiopresta@arnet.com.ar
EN EL BAR DE LA MELANCOLÍA

Para Ella


Va llegando sola, simplemente aburrida o naufragando sin porques en una mar de dudas y complejos que dan señal de la inseguridad de su alma frente a las tempestades ocasionalmente emocionales que la atormentan.

Es otra cita con la soledad, esperando impaciente por cruzar la calle de la melancolía; queriendo encontrar en aquel bar algún príncipe vestido de solución que la saque del tedio, de la rutina que la agobia.

Va escuchando sonidos sordos de un corazón que pide a gritos un cambio de planes, una droga nueva que saque sentimientos y trasporte el alma a un nuevo espacio; uno en el que no este él.

Es casi imposible no pensar al cruzar el umbral de aquel bar, un desfile de sensaciones que se disputan la coronación de la atención atraviesan su calma. Es inconcevible no creer que podría ser cualquiera, que la vida consiste en buscar, en soñar, creer que la ingenuidad no es tan mala y que es posible ganar.

No lo duda un momento, pisa firme, altanera, dejando la marca por ese mosaico que le hace recordar cuando era niña y jugaba, soñaba en ese juego de La Rayuela. Y desfila por entre las mesas y las miradas de aquellos que estaban en el lugar como ciegos escuderos de un fuerte de alcohol, con esas caras de pertenencia, de propiedad inviolable...

Toma una mesa en el fondo, pide una cerveza, enciende un cigarrillo e inmediatamente la mente le confirma que no queda más. Ya es imposible vivir como colgada de un hilo de aquel recuerdo que la dejo en el medio de un desierto sin sed, sin calor y sin dolor.

Ya era imposible creer que algo volvería a repetirse, que sus ojos podrían volver a verlo y que sus oídos tendrían el placer de la dulce melodía de sus labios.

Volvió a buscar su bolso, revolvió por un momento entre puchos, unos tickets viejos y un rimel y sacó un papel escrito con birome quetenía como desdibujada o gastada simplemente por el tiempo la dirección de aquel bar. Aquel bar al que una vez él quiso llevarla.

Donde una noche le prometió que la llevaría al cielo y que las estrellas serían su cama.

Aquel bar donde el amor se avergonzaba ante sus miradas que pedían más y desafiaban la ley del "terminar".

Simplemente no quería recordar, pero a cada instante, a cada paso que daba, un recuerdo parecía copar el lugar por completo y la obligaba a retomar aquel viejo dolor que a cada paso dejaba más cicatrices sobre las viejas, carcomiendo vestigios de ilusión, llenando de una morfina una realidad pagana y desgreñada.

Esta vez no sería igual, era momento de cortar la soga, probar el dulce sabor del final, creer que luego del abismo algo habrá, caminar hasta el acantilado confiada en el continuar. Quería empezar de nuevo, pero donde, en cualquier parte, esperar una nueva oportunidad, un nuevo amigo, miles de opciones, la muerte es la solución, tira, para abajo, para abajo, los peces vendrán a morder, termina con todo. Pero aquel manojo de dudas confirmó que su vida vale la pena, que sus pensamientos de suicidio no servían, no le servirían para olvidar.
Simplemente tomó aquel papel y lo colocó sobre el cenicero. El encendedor había cubierto de llamas el pasado que no quería llevar consigo: el peso inconsciente sobre unos hombros cansados y lastimados de cargar frustraciones y desencantos que solo llevan a la locura ordinaria que transforma y desorbita la posibilidad de una noción más simple sobre lo simple que tendría que ser el vivir.

No es fácil dejar atrás lo que no quería olvidar, pero era lo suficientemente egoísta como para dejarse llevar por la corriente del fracaso de un amor y no volver a nacer de sus cenizas dispuesta a continuar. y buscar el placer para sí.

A esta altura, su mesa era casí una formación de soldados rubios y un cementerio de filtros; pero nada podía hacer ya. El volver atrás era imposible y significaría el miedo a avanzar. El correr hacia adelante implicaba una cuota de seguridad que aún no poseía.

Esperar... esperar pero no parar.

¿Cuán difícil es predecir el capricho del destino que sin pensar en las consecuencias trajo a su vida a aquel que no sería eterno, usando al azar de escudero, creyendo en el juego y no queriendo responsabilizarse por "daños causados"?

Sería perfecto acabar, pero tal vez aún no deseaba olvidar. Existía un vínculo impensado, casi incomprensible que la ataba a la necesidad del sufrimiento y el dolor que él le provocaba.

En aquel momento en que su autoestima estaba dispuesto a ponerse de pie, una figura se dibuja en el umbral de la puerta del lugar y al cruzarla, la imagen más perfecta que sus ojos pudieran mostrarle le confirman un segundo después, que era él. De repente, volvió a mirar como no creyendo ver aquello y vislumbró una prolongación que se extendía del brazo de aquella persona. Enseguida consigo ver que "aquello" era una persona, era casi un ángel y él la llevaba de la mano. Aquella mujer era la luz que deslumbró a todas las personas del lugar que quedaron contemplándola por un instante sin pensar en nada...

No habia más que decir, era su novia; y fue el ultimo puñal que contribuyó al lento, progresivo y turbulento asesinato de un corazón moribundo que esta vez no quería más.

Casi de un salto, ella se levanto de su mesa, fue hasta la barra y pagó su cuenta al dueño del lugar. Sin embargo tenía una segunda cuenta, esta vez por cobrar...

Fue hasta la mesa que ambos habían tomado, se acercó a la "novia feliz", la saludó con la mirada, se dio vuelta, lo miró a él y simplemente lo besó.

Sin importarle nada, se retiró y salió del bar rumbo a casa.

La noche estaba en pena, la lluvia de Buenos Aires era lenta, nostálgica, tanguera, melancólica, lavaba las calles de la ciudad llevándose pisadas perdidas por las veredas de la soledad que ella hoy debía transitar.

Levantó la cabeza, cerró sus ojos y dejó que las suaves gotas curaran sus heridas y el placer del agua llenara de paz su interior. Así como el agua en la naturaleza todo lo puede modificar, es así como en ella iba a sacar. Nada es demasiado difícil, nada es eterno y todo va a terminar.

Dejame volar!!!, dijo en voz alta, no quiero estar atada a este lugar...

Y es así como el traje de la gran ciudad la vio perderse entre los edificios que como celosos guardianes de sueños vigilaban sus pasos y el horizonte le pareció una nebulosa, un sueño sin sentido, éste se la llevó y el camino solo la acompaño.


ESTA NOCHE

Esa noche comprendí que todo había terminado, sentí cara a cara la brisa del fracaso cuando, sentados frente a frente, en esa añeja mesa que juntos elegimos aquel verano cuando nuestra situación era totalmente diferente, cuando proyectábamos en una misma dirección, decidimos olvidarlo todo.

Pero ahora las cosas ya no eran así, mas allá de todos los esfuerzos, la relación se me había ido de las manos, por querer aferrar su amor terminé introduciéndola en mi locura. Ahora cara a cara, buscábamos la solución mas elegante para la culminación del amor. Amor que mas allá de nuestros desacoples siempre fue puro, sincero y total. Dí todo, hasta la última gota, le dí las estrellas, traté de hacerle sentir que todo era tuyo, y de tanto que sentí, no sentí que la perdía.

Me sentía como muerto en vida, ya no era un hombre, solo era la mirada que me devolvían los demás, el desprecio, la resignación. Nunca pensé que una mujer iba a destruir mis sueños, mis alegrías, mis aventuras, todo.

Me quedé perplejo al ver como la humilde vidita que tenía se me escapaba de mis posibilidades, sin darme cuenta me había vuelto un erudito del pensamiento. Pensaba todo, calculaba todo. No era mas que un soñador. Todo lo hacía por volver el tiempo atrás para tener otra oportunidad. Mi casa se había convertido en un nido de ratas, nada me importaba ya: ni mis amigos, ni mi familia, bastaba con que la nombrarán para que retornarán esas tardes en la costanera. Las olas golpeando contra el muelle, mi mano apretada tan fuerte a la suya, esa remera de los Rolling Stone que compramos en la feria. Las palabras que delirabas cuando en aquel frenesí te entregabas a la mas absoluta libertad de tus sentidos. Los besos mordidos, la luna siendo visitante casual de nuestra locura, yo recorriéndote toda, explorándote, buscándote, dejándote mis huellas por tu piel, mis marcas en tu corazón. Si pudiera regresar un minuto a ese lugar, no lo dudaría, la película de nuestra relación pasa una y otra vez, por mi mente, en un slowly triste y provocativo.

Y ahora la mesa, en la que, con el cuchillo al que le faltaba el mango, rallamos las iniciales de nuestros nombres, C Y S, enmarcado con un corazón . Esa mesa que había sido testigo involuntario de la pasión, cuando jugamos al amor en ese lugar, burlándonos de todos, congelando las percepciones y los sentimientos, el largo salto hacia el extasiado clímax, el lánguido descenso hacia el sueño. Y ahí estaban, tus ojos, inquisidores, vengadores, juzgadores, mirándome ya sin ganas, sin amor, sólo con respeto. Como duele ver padecer al cariño en frente de uno, quizá por eso me miraba con respeto, porque es lo que la impotencia causa. Sino me hubiera mirado con lástima, como quien mira a un perro desolado en la calle. Como quien mira marchitarse una rosa. Era el final, lo presentí cuando se paró impaciente, altanera, encendió su último "rubio", buscó o hizo el juego que buscaba algo dentro de la cartera, y se sentó ya no enfrente, sino al lado mío. Lloró como una niña, intentó hacerse fuerte para tomar la palabra, como siempre, intentó iniciar las acciones. Pero ese disfraz de chica superada, no era mas que demostrar que su calidez, su ternura, esa mujer fuerte que parecía por fuera contrastaba perfectamente con el ser que llevaba dentro. Un ser llenó de inseguridades, de temores, de vaivenes emocionales. Mi imagen estaba plasmada en la otra vereda, una persona con perfil bajísimo, y con una personalidad "especial". Pero con una fuerza de voluntad enorme, quizá enmarcada por mis múltiples dificultades para conseguir algo en la vida. Por eso, haber conseguido estar con la mujer mas asombrosa, extremadamente bella y a la vez sencilla y sensible, ya era demasiado para una persona que estuvo signada por las desventuras, por el falta 5 pa´l peso, como me decían en el barrio.

Ella habló, habló sin parar, como lo hacen solo las almas indicadas, yo la escuché, la analicé, miré cada facción de su cara. Recorrí el mundo de las sensaciones, de los gestos, volé hasta dejarme anular por el mundo.

Poco tiempo después entendí que ese momento había quedado marcado a fuego en mi piel, que cada mujer que conocía tenía algún aroma suyo, alguna nanita, o simplemente esa mirada que me cautivaba. Pero a la vez fui comprendiendo que su amor me sirvió para crecer, y que su ida no fue mas que un escalón para seguir escalando en la vida. Su presencia me dejó de tal manera marcado, que sigue estando acá, en cada lugar de la casa, cada rincón conserva aún el sabor de esa boca, de sus cabellos mojados. Ya no puedo mas que agradecerte, mientras escribo esto, porque esta noche comprendí, mientras a mi lado se sienta otra mujer, que me enseñaste a querer la vida, a amar. Y, ahora, esa enseñanza yo la traduzco en coherencia y en amor. Por eso esta noche comprendí...

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