- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus

Agenda: destacados

Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009


Publicar en Liceus
Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

 Ir al artículo...

 

  Guías culturales

RELATOS


Por Sonia Martínez Beloso


ENSAYO 1

Tengo una pregunta para vosotras, chicas. ¿Por qué nos empeñamos tanto en buscar cosas malas en los hombres? Sí, sí, cambiarlos. Me explico. Conoces a un hombre, es encantador, te cuida, te mima, te hace reír, y aún por encima, ¡es guapísimo! o sea, que es perfecto, deberías estar como unas castañuelas. Pues no, nada de eso. En lugar de disfrutar del momento, y de él, te dedicas a buscarle las cosquillas (en sentido figurado, claro). Y empiezas a pensar cosas como: sí, me gusta, pero es que el otro día queríamos ir al cine, yo le dije que película quería ver, y el dijo que le daba igual, la que yo quisiera. ¡Yo un hombre que no toma sus decisiones no lo quiero! A ver, el chico te está diciendo que no le importa ver la que tú quieras, que ya le va bien, lo cual no quiere decir que sea un hombre sin decisión, no, simplemente es que en ese momento le parece bien lo que tú digas. ¿Qué es lo que quieres? ¿qué te discuta por el color de las palomitas, que a él le gustan las verdes y a ti las rosas? Seamos sensatas, chicas, no podemos juzgar a alguien por una frase, y menos si es una persona que nos gusta. ¿O la cuestión es que no nos gusta tanto como pensábamos y estamos tratando de encontrar una excusa para dejarlo? Yo creo que es eso, simplemente. Otro ejemplo que me ha contado una amiga sobre un chico que en teoría le gusta. Me ha dicho que si quiero conocerlo tomando un café los dos, y le he dicho que no había problema. Entonces me salta con que el chico en cuestión cuando la ve, le da un beso. Y yo pienso, vale, ¿cuál es el problema? Y le digo que por mí no pasa nada, que lo veo normal, y me suelta que es que a ella le incomoda…. Y entonces a mí me da la sensación de que me he perdido un capítulo del culebrón. Amiga mía, si el chico te gusta, ¿por qué te incomoda que te dé un beso cuando te ve? Se lo pregunto, y ella me responde que es que sólo son amigos, que ahora ella no está para relaciones. Siguiente pregunta mía: ¿él sabe que sólo sois amigos? Respuesta de ella: no lo hemos hablado, pero supongo que lo sabe. ¡Error garrafal! ¿Acaso él te ha dicho que es adivino? No, seguro que no, entonces, ¿cómo va a saber el pobre hombre que sus besos te incomodan porque sois solo amigos?

No hay que buscarle tres pies al gato, porque seguro que se encuentran (tienen cuatro), así que creo que es mejor reaccionar a tiempo, y darnos cuenta de que, si le estamos buscando defectos, sólo puede ser por dos motivos: o que no nos gusta nada, o que nos gusta demasiado. Sí, sí, también puede ser lo segundo. Cuando llevas mucho tiempo sola, y de repente aparece alguien en tu vida que te enseña cosas que no habías visto, que te trata de manera diferente a como te han tratado, y que tiene puntos de vista y carácter diferente al que estamos acostumbradas, nos entra el pánico y la vena criticona. Por eso hay que tener muy claro cual de las dos opciones es la que escogemos, porque si no, podríamos hacer mucho daño a alguien, o lo que es más grave, aunque suene egoísta, hacernos daños nosotras mismas si dejamos escapar a alguien importante sólo por el miedo a volver a querer. Así que antes de criticar algo de ese chico, en principio encantador, deberíamos pensar porque lo estamos haciendo.

¿Qué nos pasa a las mujeres con treinta ya cumplidos, que tenemos días en los que no nos liaríamos ni con Brad Pitt, y otros en los que nos gustaría estar con cualquiera? Al final van a tener razón los hombres en eso de que somos muy raritas. Y chicas, no me gustaría nada dársela, así que analicemos la situación.

Yo creo que es porque la sociedad nos impone que a ciertas edades, más de treinta años, tendríamos que estar ya felizmente casadas, ser madres, y estar, probablemente, separadas… con niños. Si no te unes a esa clase de mujeres, ellas mismas se encargan de amargarte el día. Sí, y lo sabéis. Todas, o casi todas, tenéis una compañera de trabajo de vuestra edad a la que todo le va de maravilla, es decir, que es felicísima con su marido, su hijito es el más inteligente del mundo, y ella es la esposa y mamá más maravillosa que hay sobre la faz de la tierra. Todo eso te lo explica a las siete y media de la mañana, cuanto tú todavía no has abandonado la cama (mentalmente, claro), y ni siquiera has abierto de todo los ojos. Así que delante de la primera taza de café del día, tienes que escuchar que su maridito ayer llegó a casita, y ella le tenía la cena echa, que el niño estaba perfectamente acostado a las nueve, y que toda la ropa de su casa está debidamente planchada y colocada en su armario. Y tú piensas: “joder, yo ni siquiera sé donde tengo la camiseta que me puse el otro día, y ella me puede decir por orden cronológico, cuando le compró los calzoncillos a su marido”

El caso es que si pienso bien en la situación, no creo que sea tan feliz, ni que su marido sea tan perfecto, ni que su niño sea un bebé superdotado, lo que pasa es que quiere que tú te jodas al oírlo, como una venganza por no compartir su “feliz” forma de vida. No quiero decir que alguna de ellas no sean realmente felices, para nada, pero tienen que empezar a comprender que algunas no nos sentimos nada cómodas oyendo hablar sobre el parto de su hijito comiéndonos el bocadillo de la mañana. Y si te lo adornan con toda clase de detalles, pues entonces eres tú la que seguramente acabas en urgencias, porque se te corta la digestión.

¿Seré yo la que últimamente se está volviendo paranoica, o será que en realidad no hay hombres normales? Bueno, tal vez sea que me he vuelto tan exigente que ya nada consigue satisfacerme, ¿o será que no se lo que quiero? Uffff, vaya descontrol mental que tengo. Lo único que tengo claro es que no soporto según que cosas, y cada vez menos. No soporto la prepotencia en un hombre, que sea grosero, e intente ser gracioso cuando realmente no tiene nada de gracia, que coma haciendo ruido, que no sepa que es Tiffany’s, que se ponga mis gafas de sol cuando hace un rato le he dicho que me hace daño la luz, que regatee en tiendas caras como si fuera el Rastro de Madrid, que no sepa que es “Desayuno con diamantes”, y no tenga ni idea de que hace Vicente Ferrer. ¿Y sabéis que es lo que más me revienta? Que me llame “caramelito” ¡pero bueno! es para quedarse sin palabras, ¡este tío ha visto mucha telenovela! En ese momento le hubiese dado yo “caramelito”, pero de ese que se vende en Zaragoza, que si te lo tiran a la cabeza, en urgencias tienen trabajo. Bueno, se arregla a medias si le dices que eres un “after eight”, que tienes chocolate por fuera, pero menta por dentro. De todas formas, supongo que en parte la culpa es mía, por buscar donde no debo, pero que queréis, me puede la curiosidad, la preguntita que ronda por mi mente cuando conozco a alguien: ¿y si es él? Joder, pues no me ha traído problemas la preguntita, y eso que me la hago yo, que si me la hiciera mi madre, todavía le estaría echando la bronca.

Tengo una de esas preguntas mías que supongo que algún día recibirán respuesta, espero, es mi esperanza, porque si pienso que se van a quedar sin resolver me da algo. En fin, la cuestión es: ¿por qué las personas (TODOS) evitamos tomar decisiones que sabemos que debemos tomar? Sí, esas decisiones que hacen que le des mis vueltas a la cabecita, en busca de una solución, cuando realmente ya la sabes. ¿Por qué perder el tiempo? ¡Sí ya sabes lo que hay que hacer! Pues nada, a estirar de la cuerda un poco más, que como no tenemos ya bastantes problemas, pues añadimos uno más. Yo la verdad es que procuro que me pase poco, o sea, que cuando decido algo, no le doy más vueltas, pero aún así sigo cayendo a veces en la trampa de dedicar tiempo a pensar posibles salidas a cosas que no tienen por donde salir. Bueno, sí, pero sólo un lugar donde ir, y además lo veo muy claro, allí, al final del camino, y para llegar doy tres mil vueltas al mismo sitio, todo por no caminar recto. ¿Por qué nos hacemos más complicado el camino? Ya de por sí es difícil, y nosotros vamos, y lo enredamos más. O si no, lo peor de lo peor, esperamos que alguien tome ese camino por nosotros, es decir, nos sentamos en una banquetita, esperando que la otra persona tome la decisión, y así nosotros nos quedamos satisfechos, y con cara de víctima, claro, que si no, no queda bien la foto. ¡Vaya panda de cobardes! (que conste que me incluyo), no me gustan los toros, pero hay que tomarlos por los cuernos, si no, nos pasaremos la vida en el chiquero, viendo como los demás salen a torear por nosotros. ¿Es eso lo que queremos? Yo por lo menos no, quiero torear mis morlacos, aunque me salgan morados por todo el cuerpo, al fin y al cabo, podré sonreír diciendo que son marcas de guerra. Y, reconocerlo, unas cuantas marcas misteriosas quedarán genial en nuestro currículum.

 

 

 

 



Volver al Relatos Cortos...


        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online