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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Txabi Olaya


EL VACÍO

Al despertarse Jerome por la mañana, el dolor en la frente le recordó al instante que había prometido cientos de veces que sería la última vez que bebiera. Otra promesa rota ... una más. Eso le hizo recordar a Erika, su última compañera. Ella también le dejó un dolor en la frente, pero de otra manera: la encontró en la cama junto con su mejor ex-amigo. No les reprochó nada, pero bueno, las formas son las formas, así que no volvió a hablarles a ninguno de los dos.

Se levanta, se afeita, se ducha, se viste y sale a la calle en busca de su coche. Lo encuentra con dificultad, pues la fiesta de anoche duró hasta largo y no recordaba incluso si había sido él el que conducía. Llegar al trabajo son solo 10 minutos. Cuatro saludos de rigor, soportar las típicas bromas de los compañeros a la hora de cambiarse de ropa y listo para la gran puesta en escena. Entra en la sala, enorme, repleta de estanterías con un universo de regalos listos para ser cazados por los turistas ansiosos por gastar sus dineros. El resto de los empleados ya estan en sus puestos: los reponedores reponen, los ordenanzas ordenan, los cajeros hacen cajan; mira hacia las cajas ... y al instante vuelve el recuerdo que le atormenta.

El vacío. Una de las cajas permanece vacía. Esta perfectamente habilitada, todo en orden como si fuera a arrancar al instante a facturar a cientos de clientes, pero no. Esa caja permanecerá vacía todo el día. Lleva vacía todo el año, desde el primer día que llegó él. Cuando pidíó explicaciones a sus superiores, le dieron una palmadita en la espalda y un "déjalo estar, eres nuevo:ya lo entenderás". Cuando interrogó al personal más antiguo a su cargo, no recibió sino enigmáticas sonrisas, algun que otro suspiro y un"ya, que pena, ¿verdad?" que no hizo sino incrementar su curiosidad. Un día impidió que la persona encargada de ello pusiera en orden de marcha a aquella caja, e inmediatamente fue llamado por sus superiores. Desde entonces, cada mañana, observaba entre temeroso e intrigado el vacío que ocupaba aquella caja.

Otro más. Otro despistado. Un cliente que se ponía frente a la caja, esperando vanamente ser atendido. Se dirigió hacia él, para acompañarle hasta otra caja donde pudiera pagar.

- "Disculpe, caballero, esta caja esta cerrada."
- "Ya lo sé. Simplemente espero. Hoy es el día"

La contestación le dejó paralizado. ¿Qué día? ¿Acaso ese anciano que tenía frente a él tenía las respuestas a sus preguntas?

- "Perdone...¿de que día me habla? ¿Sabe Vd. porque esta caja está vacía?"
- "La caja no está vacía ... ¿no la ve, joven?"

Efectivamente. Frente a él, surgida de la nada, se encontraba la criatura más hermosa que jamás había visto. Su sonrisa llenaba de luz toda la sala y sus ojos inmensos, profundos, te hechizaban de tal forma que era imposible dejar de observarlos...

- " Hola, pitxin" le habló la cajera ... " te veo un poco perdido...toma mi mano y déjame que te guíe".

Una mano nacarada se extendía hacia él. La tomó entre las suyas y al instante una onda de calor recorrió su cuerpo. Sus dolores desaparecieron. Sus penas se olvidaron. El vacío de su alma se sintió lleno de vida y de ilusión. Dió un paso al frente, hacia el interior de la caja. No había nada. Solo amor. Desde allí vió como el anciano se alejaba, lanzándole un saludo cómplice.

La desaparición de Jerome fue muy comentada en la tienda. Fueron comentarios discretos. Todos y cada uno de ellos sabían que tarde o temprano Jerome volvería a aparecer, totalmente cambiado, para lanzar suspiros y un "ya, que pena ¿verdad?" al próximo que preguntara por el vació de la caja.

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