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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS

Por VDA


TIEMPOS DE UTOPÍAS

Cuando AQUELLA foto cayó en mis manos, foto que nunca vi en su momento, me di cuenta que jamás debería habérseme ocurrido mantener ante todo aquel que se hallase a mi alcance dialéctico, que la casualidad no existe y que la realidad es una deformación de nuestros recuerdos, los cuales terminan aumentando la aljaba de nuestras vidas.

Me había matriculado en una clase de Narrativa, y el primer día la profesora nos entregó una foto, con el objeto de que dijésemos en una sola palabra la impresión que nos causaba, y posteriormente debíamos hacer un relato sobre lo que veíamos en la “resucitada” foto. Mi sorpresa al verla fue indescriptible, mi estupor era tal que solo se me ocurrió decir Celebración y que me llamaba la atención un personaje que figuraba en la misma y parecía ausente, que miraba a otro lugar del objetivo, que no participaba de la alegría del resto de los componentes que ocupaban una barcaza y eran el objetivo de la cámara de mi amigo Bernard.

Jugaba con ventaja, el personaje ausente era yo. Para despistar dije que me parecía que estaban en el mar, cuando estábamos en el Sena y por ende en Paris.

Nos habiamos reunido una serie de camaradas para celebrar nuestro pirrico, insuficiente y efímero triunfo sobre los flics, a los que habiamos hecho huir esa tarde en las algaradas del exageradamente alabado Mayo del 68 francés. Quedamos en alquilar una barcaza para celebrarlo, ya que como buenos revolucionarios pagaba papá.

Claudine, principal protagonista de la foto, demostraba exageradamente su alegría con los brazos en alto. No se acordaba seguramente que después de la carrera con los antidisturbios detrás, me había comunicado que estaba embarazada. Quizás de ahí mi aislamiento del resto y mi mirada ausente; aunque en aquellos momentos de euforia preveía la inutilidad de la lucha que habíamos empezado y que nunca acabaríamos con lo establecido, de ahí la verdadera causa de mi ensimismamiento. Como buen estudiante de Económicas era lógicamente pesimista, yo no veía el vaso medio vacío era de los que veía el vaso medio lleno, pero de cicuta.

¿Qué quedó de aquel idealizado mayo del 68?Unas frases mas o menos ingeniosas, tales como:
La imaginación al poder. Sed reales, pedid lo imposible. Debajo de los adoquines está la playa. La anarquía soy yo. Exagerar es comenzar a inventar. El derecho a vivir no se mendiga, se coge. Tengo algo que decir, pero no sé que es (esta era de mi cosecha propia).Inventad nuevas perversiones sexuales ¡Yo ya no puedo!. Solo la verdad es revolucionaria. Y amaos los unos a los otros (yo propuse en la Asamblea cambiar la preposición a por con). Y esta ultima, con la que no estaba de acuerdo, pues viví de la práctica de una profesión que entonces denostaba: La economía esta herida, ¡que reviente!.
¿Cómo íbamos a saber en aquellos años que esas utopías que pedíamos, serian trocadas por guerras preventivas; globalización de la pobreza; unilateralismo de la riqueza; destrucción de la naturaleza; nos imaginábamos que el Séptimo de Caballeria volveria a cabalgar por las llanuras de la biblica Mesopotamia?
¿Sabíamos entonces los componentes de la barcaza, que con el tiempo serviriamos al capitalismo que queriamos arrasar?.En la Universidad me decían marxista sector Groucho. Todos nuestros idolos fueron desapareciendo, unos se hicieron dictadores, otros murieron simplemente. Yo mismo acabé trabajando en una multinacional norteamericana, fui también, lo que en aquellos tiempos decíamos despectivamente un mercenario del capital. Claudine con toda su vitalidad física y revolucionaria, después de nuestro divorcio- pues terminamos casándonos como buenos burgueses- volvió a caer en el mismo error, casándose con un terrateniente de la Borgoña donde además de ser la copropietaria de un supercapitalista chateau, era la Directora de Enología de una cantidad de viñedos que en los tiempos de la barcaza hubiésemos definido como vergonzantes.

Escribí que nos casamos, efectivamente lo hicimos, y fuimos felices el tiempo que duró el amor, o sea dos años mas o menos, que es la media admitida sociologicamente que suelen durar estos excesos, el resto es convivencia, costumbre y/o lastima. Según las clases magistrales que el gran maestro de la sociología urbana, Woody Allen, nos da en cada una de sus películas, no hay matrimonio más duradero que el que se lleva a cabo por conveniencias económicas, pues hay algo mas fuerte que une a la pareja, que ese irracional sentimiento llamado amor. ¡Cuánto mal ha hecho a la humanidad!. El amor, por supuesto.

Bernard Auteil, autor de la foto murió en Beirut en los 80 de un bombazo cuando trabajaba para France Press, y era un reputado fotógrafo con múltiples exposiciones en todo el mundo. Tenia, creo recordar, el premio Pulitzer de fotografía, no sería por la foto de la barcaza, pero ahora que al cabo de 38 años la veo, yo se lo hubiese otorgado por esa foto. Del resto de los componentes, no recuerdo nada, supongo que como Claudine, Bernard y yo mismo, acabarían sucumbiendo a las excelencias del sistema que queríamos destruir.

NOTA PARA RECORDAR.- Creo seria conveniente sacar una copia de la foto, y llevársela a Claudine al sanatorio donde esta recluida por un maldito infarto cerebral, quizás aunque sea momentáneamente, le haga salir de la celda en que su mente se ha encerrado. Paso las tardes de dos domingos al mes haciéndole compañía, le relato historias y cuentos que me invento para ella, pero su mirada fija a un punto ignorado del horizonte, me hace pensar que pierdo el tiempo, pero después de todo es la única persona en el mundo que escucha mis fantasías, mis relatos que nada más que ella conoce, mi verdadero pensamiento, mi aparentada ironía, mi imitado humor ingles, todo lo que podría haberle dicho sino hubiésemos sido tan apresurados, si no hubiésemos sido tan jóvenes. Quizás debimos darle tiempo al amor. ¡La verdad es que no lo sé! También debo recordar, no preguntar a la enfermera si su marido ha ido a verla, pues la ultima vez que fui, me dijo que solo yo la visitaba. Me llevé un disgusto enorme, no se lo merece Claudine. ¡Tal vital y tan ignorada!

 

 

 



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