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Ideas pedagógicas en Venezuela durante el siglo XIX

Valmore Muñoz Arteaga
vajomar@cantv.net

El siglo XIX venezolano lo podemos denominar sin remilgo alguno el siglo de los fundadores, ya que en él se van a fundamentar las ideas que venían construyéndose desde finales del siglo XVIII y que marcarán las pautas cardinales para los conceptos y reflexiones que se fomentarán en el siglo XX. Sí en algún sector de la vida venezolana la cuestión ideológica ha marcado y dejado huellas, es en el de la educación. Y si observamos de hoy hacia atrás los dos últimos siglos, se notará que la cuestión ideológica en la educación fue más acentuada y permanente durante el siglo XIX que en el siglo XX, y que las polémicas que surgen en el siglo XX no son sino consecuentes coletazos de planeamientos formulados en el siglo XIX. El tema de la escuela laica que comparte con otros de análoga naturaleza como la dirección y orientación única de la enseñanza o monopolio estatal, la formación docente, etc., está en el fondo de la llamada tesis del Estado Docente, quizás la más polemizada durante el siglo XX, y tiene sus antecedentes en la tendencia de secularización de la enseñanza, primeramente tan enfatizada ya a partir de 1820, más acentuadas luego en las definiciones y acciones del gobierno de Guzmán Blanco y por los positivistas y librepensadores, que se apoderan de las tribunas, particularmente durante la última década del siglo XIX. El primer congreso pedagógico venezolano reunido en 1895 se fracturó a consecuencia del debate allí planteado sobre escuela laica y escuela confesional y el Código de Instrucción Pública aprobado en 1897 tiene como idea aspiradora de su articulado las ideas de la pedagogía positivista (Rafael Fernández Heres).

Grandes pensadores se concentran para fijar el norte de la Venezuela que pretende levantarse desde las arenas de las luchas por la independencia y definirse como república ante el concierto de las naciones. Entre los pensadores que destacarán en ese momento podemos mencionar a Miguel José Sanz, Simón Rodríguezy Andrés Bello. Muchos son los conceptos e ideas que van a abordar con profundidad, pero quizás el que más desvelos pudo haberles originado era el de la educación, ya que entendieron desde un principio que en ella se podía labrar las bases del hombre republicano que se encargaría de llevar las riendas del país.

Miguel José Sanz (1754 – 1814) Hombre profundamente crítico, hizo severas observaciones al sistema educativo de la época (1800-1802), lo cual le colocó en conflicto con el cabildo caraqueño. Ataca con dureza a la sociedad de su momento al denunciar que la ignorancia manifestada en el desconocimiento de nuestra geografía y de las costumbres del pueblo, así como el simplismo en las nociones del mundo; anulaban a esa sociedad para gobernar y para dirigir los destinos de las masas. Plantea en primer lugar que primera educación debe instituir un régimen de formación que construya en cada niño un espíritu de autenticidad basado en el amor, el respeto, la buena fe, "la justa emulación por las virtudes de los buenos compatriotas y el horror de los vicios y delitos de los malos" y ajeno a la vanidad, al orgullo y a la ostentación; y luego en los días de la revolución, en 1810, un régimen de formación ciudadana para la construcción del ser republicano que se basa en el amor a la ley. Algo que debe destacarse en las preocupaciones de este ilustre venezolano es que es uno de los primero que plantear la necesidad de que la mujer reciba una sólida educación equiparada a la que, eventualmente, recibe el hombre.

Plantea demás, la urgencia de una escuela activa y conciente de los problemas del entorno social inmediato. Una escuela vinculada estrechamente con la enseñanza de los oficios mecánicos y de la agricultura práctica. Sanz se opuso severamente al control que ejercía la iglesia en el proceso educativo. Aboga por una escuela completamente abierta, apunta a la obligatoriedad educativa para todos, sin distingo alguno de raza o posición social.

Simón Rodríguez (1771 – 1854) Quizás sea el más revolucionario de los maestros venezolanos. Intentará establecer las bases programáticas de una educación popular, capaz de promover conocimientos y virtudes sociales.

Con sólo 23 años presenta al Ayuntamiento sus Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento. En estas reflexiones fluyen sus ideas pedagógicas. Reflexiones en las cuales no tuvo cabida la discriminación de ningún tipo muy frecuente en ese momento de la historia nacional. Su carácter de educador lo forma enfrentándose apasionado contra el racismo imperante y contra los dogmasimpuestos por la iglesia católica a la educación. Denunció las prerrogativas políticas y sociales que se resistían a los cambios de la situación colonial, engendradora de los desencajes presentes en el seno de la sociedad venezolana. Para enfrentar estos desmanes pensó y reflexionó sobre la idea de ver a la educación como una potencialidad creadora capaz de revertir el orden establecido: “Para tener República hay que comenzar por hacerlos republicanos, por formar pueblo, por crear una mentalidad, vamos a formar ciudadanos de un país en crecimiento, vamos a convertirlos en la gente capaz de realizar esa República, en la escuela” (Simón Rodríguez).

Probablemente haya sido Rodríguez quien habló por primera vez de la profunda vinculación existente entre la escuela y la sociedad, o lo que es igual, la escuela en función social. La escuela que establece Rodríguez es aquella que ayude a la gente a mitigar sus dificultades y mejorar sus condiciones de vida. Una escuela que permita que el pueblo comience a valerse por si mismo y en la misma medida, serle útiles a los otros para que la realización particular vaya de la mano con el desarrollo del país. Creyó con poderosa virulencia en la escuela en donde los maestros tuviesen una mística profesional y ayudasen a sus discípulos a reconciliarse con el trabajo de su propia experiencia.

Apuntaba que la educación debe tomar en cuenta que vale más saber que tener. “El gobierno debe instruir. Debe obligar a adquirir la educación. Es fundamental que se conceda el tiempo para ir a un plantel. Que cada quien piense en todos para que todos piensen en él. Era intervencionista de estado en educación” (J. F. Reyes Baena).

Andrés Bello (1781 – 1854) Al igual que Simón Rodríguez, Bello era un convencido de la necesidad de que la educación debía tener una fuerte vinculación con el trabajo. Afirmaba que la mejor instrucción es aquella que desde temprano pone en ejercicio todas las facultades del niño. “Opuesto a transformar al alumno en un receptáculo de ideas ajenas, sino, que debe ser considerado como un activo colaborador del maestro, en su proceso de aprendizaje”. (César Guzmán)

La educación para Bello es un proceso holista y totalizador en la formación de la personalidad humana, afirmaba “Todas las facultades humanas forman un sistema, en el que no puede haber regularidad y armonía sin el concurso de cada una. No se puede paralizar una fibra del alma, sin que todas las otras se enfermen” (Andrés Bello). Por ello la educación se transforma en el pensamiento de Bello en toda una amalgama creativa y creadora, así como un instrumento para explotar las posibilidades de acción del ser humano. En este sentido, deja suelta una idea contundente: El hombre libre es aquel que se redime a través del trabajo.

Sanz, Rodríguez y Bello pueden ser asumidos como la fuente de la cual emanarán las reflexiones que posteriormente irán moldeando el ideario educativo venezolano con vista a la modernidad. Hay algo muy importante y digno de resaltar en cuanto a la fundamentación teórica del ideario educacionista venezolano y es que, al igual que el concepto que sobre generación apuntó José Ortega y Gasset, "nacen unas de otras, de suerte que la nueva se encuentra ya con las formas que a la existencia ha dado la anterior". Por tal razón, la educación venezolana del siglo XIX recibe corrientes vitales del siglo XVIII y a su vez determina en buena parte el curso del movimiento educativo venezolano del siglo XX.

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